Toda va a estar bien - proclamó N°18 -, y la novia va a dejarlos sin aliento...

…..

¡Es impresionante! - susurró el comandante Ten Shin Han para sí mismo un par de días después cuando fue testigo de la entrada de la condesa Pan en el palacio. Llevaba un sarafan de satén rosa pálido; las amplias mangas y la camisa que usaba debajo estaban bordadas con delicados hilos de oro y grupos de enormes perlas rosadas. Más perlas de variados tamaños se intercalaban en el resto del atuendo y se incrustaban en un elaborado kokoshniki que había sido colocado en su oscura cabeza. Una delicada diadema de perlas, casi tan pequeñas como semillas, colgaba del adorno y le cubría la frente, acentuando la apabullante belleza de su rostro. En verdad se veía en ella la magnificencia de la realeza unida a una cierta fragilidad que resultaba muy atractiva.

Trunks estaba hablando con Goten de espaldas a la puerta en el momento en que Pan entró, pero cuando N°18 corrió de su lado y cruzó la habitación para hablar con Ten Shin Han, él giró la cabeza ligeramente para observar sin ser visto a su prometida. Nadie excepto Goten y Ten Shin Han fueron conscientes de su cuidadosa inspección, era evidente que sus ojos estaban mucho más excitados que lo que su ánimo de enfadada reticencia parecía aceptar.

Pan terminó de arreglarse el vestido y miró a su alrededor, pero cuando sus ojos se detuvieron en aquel que la observaba y las órbitas azules subieron con lentitud por las gráciles formas hasta que se encontraron con los de ella, Trunks se dio la vuelta con sólo un pequeño movimiento de cabeza, como si negara su exhaustiva observación. Su fría lejanía secó la calidez del corazón de Pan que, mientras buscaba su apuesto perfil, no pudo tener la más mínima esperanza de que su enfado se hubiera aplacado.

Pronto recibieron una directiva de la capilla donde Piccolo estaba esperando con un sacerdote y el corazón de Pan dio un salto en el pecho cuando Trunks se acercó a ella para ofrecerle su brazo en cumplimentó de los requerimientos que acababa de transmitirle un sirviente. Con la mano temblorosa apenas apoyada en la manga de su chaqueta azul oscura, reunió el aplomo necesario y caminó al lado de él mientras los demás los seguían.

Pan se sentía desvinculada de la ceremonia, como si vagara sin meta. De lo único que tenía conciencia era de Trunks, de pie a veces, otras de rodillas a su lado, de su mano sobre los dedos delgados y pálidos y de sus labios descendiendo sobre los de ella para cumplir con el deber de sellar el vínculo. Bastante abrumada por su presencia masculina y luego por su partida abrupta, Pan cerró la boca al darse cuenta de que se había abierto debajo de la de él. Sus mejillas se encendieron ante lo que pareció ser un crudo rechazo de su respuesta. Al ver que se alejaba, bajó la vista, temerosa de encontrar en su mirada cierta repugnancia.

Pareció que pasaron sólo unos pocos momentos después de que, se intercambiaran los votos cuando comenzaron a recibir los buenos deseos del zar y fueron escoltados hasta el carruaje de Pan. Viajaron en taciturno silencio hasta la mansión de N°18, en una travesía interminable, ya que N°18 había tomado la iniciativa de aconsejar a Roshi que siguiera el camino más largo para que los invitados pudieran llegar antes que los novios. Trunks se sentó en el extremo del asiento que estaba frente a Pan, como si quisiera evitar todo contacto. Una mirada tentativa en esa dirección convenció a Pan de que sus hermosas facciones no se habían suavizado. Su mandíbula evidenciaba la tensión del enfado y los ojos azules estaban parcialmente enmascarados por los párpados bajos y el mentón apoyado en una mano mientras observaba lo que había al otro lado de la ventana.

La gente todavía estaba descendiendo de los carruajes delante de la casa cuando Roshi detuvo el coche en las cercanías del camino que llevaba a la mansión y esperó una oportunidad para llevarlos hasta la misma escalinata de entrada. El ambiente se había tornado frío después de la copiosa lluvia caída el día anterior, y no había transcurrido suficiente tiempo para que el barro se secara por completo y se convirtiera en un piso sólido bajo las ruedas del vehículo. Las dos de atrás se habían atascado con tanta firmeza que no pudieron ser liberadas por el grupo de caballos para consternación de Roshi.

Con la cabeza fuera de la ventana, Trunks consideró la situación por sí mismo y llegó a la conclusión de que no estaba con ánimos como para esperar que trajeran otro par de caballos que uniera su fuerza a los otros cuatro. Se bajó e hizo un gesto duro a Pan para que se deslizara hacia adelante, a la puerta, y allí la tomó en sus brazos. Considerando la aparente aversión que sentía por ella, Pan quedó aturdida por semejante galantería y no pudo determinar si debía rodearle el cuello con los brazos y apoyarle una mano en el pecho o en el hombro. Cuando un momento después, sintió que los pies de su esposo se resbalaban en el lodo, alarmada y temerosa de terminar en el barro, se aferró sin pensarlo dos veces con los dos brazos al cuello de Trunks.

N°18 los estaba esperando en la puerta principal cuando llegaron, y mientras ella escoltaba a Pan para que saludara a los invitados, Trunks se quitó las botas embarradas y, en medias, se dirigió hacia la cocina, donde un sirviente se las llevó para limpiarlas. Mientras Trunks esperaba el regreso del hombre, una niñita de unos tres años lo espiaba desde detrás del delantal de su madre buscando llamar su atención. Trunks no pudo descifrar la razón, pero cuando la miró, captó algo en sus modales o en su apariencia que le hizo recordar de inmediato a Pan. Aunque la causa podría haber sido los enormes ojos oscuros o el oscuro cabello, se inclinaba más a pensar que la asociación provenía de la aprensión y la timidez que era tan evidente en el pequeño rostro y que acababa de percibir en los modos y los gestos de su mujer. En los últimos días había visto poca evidencia de la doncella altanera que había conocido en la sala de baños y bien podía imaginarse que Pan estaba tan atemorizada ante su figura como ese pequeño duende que se ocultaba de él en ese mismo instante.

Trunks sonrió a la niña, se arrodilló, junto a varias piezas de madera que estaban esparcidas en el piso y comenzó a construir una estructura. La niña lo miraba con creciente fascinación. Poco a poco, con cautela, se aproximó para admirar su trabajo y rió cuando un difícil agregado al edificio hizo que su creación se desmoronara. Pares observaba la gestación de esta amistad con una sonrisa cálida aunque le era imposible entender al hombre que hablaba con su hija.

Pan fue a buscar a Trunks para que saludara a los invitados que esperaban su presencia, y como le habían informado dónde se encontraba, se detuvo junto a la puerta abierta mientras juntaba el coraje para interrumpir a la pareja. El reía y hablaba con la pequeña, pero la niña sólo se encogía de hombros, confundida, incapaz de entender el significado de sus oraciones. Sin embargo, la sonrisa que iluminaba sus pequeños labios evidenciaba el atractivo y la eficacia de su encantamiento. Pan descubrió que su corazón se entibiaba al ver la ternura con que trataba a la niña, y una suave sonrisa le curvó los labios al recordar la ternura que había empleado con ella en el clímax de la pasión. Si no fuera por la animosidad que sentía en ese momento por ella, podría haberse sentido complacida de tener a Trunks por marido.

Por fin el sirviente trajo las botas de Trunks y se las entregó limpias y brillantes. Después de ponérselas, se incorporó y tomó la mano de la pequeña en la suya.

- Ahora debo irme - le informó - , pero como voy a estar viviendo aquí, me gustaría venir frecuentemente a la cocina para visitarte. ¿Te parece bien? La niña lo miró, extrañada por su aparente pregunta. Cuando Pan entró en la cocina, la cara se le iluminó y corrió a tomar la mano de la condesa, pues se había encariñado mucho con ella en el poco tiempo que había vivido en la misma casa que ella. Trunks se enderezó hasta alcanzar su altura completa y con reticencia observó a su esposa que hablaba a la pequeña en ruso. La cara de la niña se tornó radiante y, girando hacia Trunks, hizo una profunda cortesía y murmuró una respuesta.

Pan tradujo, levantando por fin la vista hasta encontrar los ojos de su marido.

- Sofí dice que estará encantada de que vengas a visitarla tan seguido como quieras.

Trunks se dio cuenta de que Pan se sonrojaba mientras él continuaba mirándola. Le pareció evidente que bajaba la vista porque había malinterpretado su exhaustiva atención con disgusto por su presencia y su intervención. No se sentía con ánimo para explicarle que, a pesar de su enfado y de la hostilidad que sentía hacia ella, no podía dejar de admirar su belleza y sus seductores modales.

- No quise entrometerme - se disculpó Pan con timidez, apoyando la mano sobre la cabeza de la pequeña mientras ella jugueteaba con las perlas que adornaban su sarafan-. Sólo pensé que querías que tus palabras fueran traducidas, eso es todo.

-Tendrás que enseñarme la lengua ahora que estaremos viviendo bajo el mismo techo - dijo Trunks con fría reserva - . Tendremos que pasar el tiempo de algún modo.

La cabeza de Pan se sacudió ante su sarcasmo, pero no tuvo tiempo de analizar su significado pues escuchó pasos apurados que se aproximaban a la cocina. Poco después N°18 irrumpió en la habitación.

- iPan! – N°18 se llevó una mano al pecho agitado mientras trataba de lograr la compostura necesaria para hablar.-¡El príncipe Nappa y sus hijos están aquí!, y por el ánimo que traen, es posible que necesitemos refuerzos.

Trunks interrogó a su mujer burlonamente. - ¿Supongo que es tu prometido rechazado?

- ¿Qué vamos a hacer? - La pregunta no fue más que un susurro frenético, pues Pan temía al conflicto que podía gestarse. No podría soportar otro ataque a Trunks.

Cálmate, querida - le aconsejó Trunks - . No es la primera vez que me enfrento a uno de tus perseguidores. Sólo espero que este príncipe en particular no sea tan irascible como el último.

Es mejor que tengas cuidado - le aconsejó N°18 - . Los hijos del príncipe Nappa tienen una gran disposición para pelear y nada les gusta más que arreglar sus diferencias con los puños.

Trunks levantó una ceja mientras inclinaba la mirada hacia Pan y le ofrecía una mano.

-¿Los enfrentamos juntos, querida? Después de todo, no sucede todos los días que un hombre rechazado conozca al marido de su prometida.

Pan sintió el aguijón del sarcasmo y respondió con un signo de reprobación.

- No tienes la menor idea de lo que esta gente es capaz de hacer cuando se la incita. Además, no estás en condiciones de tomar las cosas a la ligera.

- Tal vez no, pero las presentaciones pueden resultar muy interesantes.

-¡Si sobrevives a ellas! - acotó Pan y, finalmente, se dignó a darle la mano mientras caminaban hacia el vestíbulo.

Trunks respondió con una leve contracción en su sonrisa sarcástica.

- Supongo que debería prepararme para enfrentar no sólo a estos sino a toda una legión de perseguidores desdeñados que has dejado en el camino.

Pan se atrevió a poner en palabras lo que esta declaración parecía insinuar.

-Tal vez hasta podrías haber reconsiderado mi rescate si hubieras sabido lo que sucedería en el futuro.

Tal vez - replicó Trunks, que no tenía ánimos de contradecirla. Sin embargo, cuando Pan trató de retirar la mano, él sostuvo los dedos delgados con firmeza - . Chsss, querida. Debemos obedecer a Su Majestad y cuidar las apariencias delante de nuestros invitados.

Con una caballerosidad exagerada, Trunks la escoltó al gran vestíbulo como si fuera una novia apreciada y valorada.

- Señoras y señores, mi esposa y yo les damos la bienvenida a esta hermosa casa - anunció, haciendo una pausa justo al entrar a la sala llena de gente. En respuesta a los aplausos y las felicitaciones de los invitados, la pareja logró transmitir su aprecio con una reverencia y una graciosa cortesía.

El príncipe Nappa no estaba en un estado de ánimo tan cortés. Sus hijos rodearon a la pareja, como para demostrar su voluntad de pelear con el novio.

Pan se aferró al brazo de Trunks y se acercó a él lo más que pudo. Con temor miró a su alrededor preguntándose cómo acabaría todo. Le perturbaba pensar que su marido tuviera que volver a pagar el castigo por su plan perverso.

Pocos pasos detrás del belicoso clan, Goten y varios oficiales ingleses bajaron sus copas y observaron con cuidado lo que sucedía, pues parecía que los príncipes estaban dispuestos a caer sobre el novio en cualquier momento.

¡Muy bien! Así que usted es el maldito bribón que me robó mi muchacha - farfulló Nappa -. ¡Patán entrometido! La amenaza parecía inminente, pues sus hijos murmuraron algunas maldiciones y se acercaron peligrosamente. La intimidación era demasiado obvia para ignorarla. Pan comenzó a adelantarse para hacer una súplica con la esperanza de aplacar a su ex prometido, pero fue detenida por Trunks que la tomó del brazo y la acercó a su lado.

Quédate fuera de esto, Pan - le ordenó - . Soy capaz de manejar este asunto solo.

Pero el príncipe Nappa me escuchará - susurró Pan, implorante, mirando por encima del hombro de Trunks al hombre mayor. Con atrevimiento, levantó una mano temblorosa para apoyarla contra el pecho de su marido.

El príncipe Nappa se disgustó ante semejante muestra de preocupación por el extranjero y, con un paso hacia adelante, tomó la manga del coronel para sacudirlo.

¿Va a aceptar el consejo de una mujer?

¡Sí¡ ¡Si es un consejo sabio! - replicó Trunks, soltándose de la mano del príncipe - . ¡Ningún hombre me dice a quién le tengo que prestar atención!

El zar puede haberle pedido que viniera aquí y que instruyera a nuestro ejército, pero va a descubrir que la mayoría de los boyardos están ofendidos por la presencia de extranjeros en este país. ¡No sólo se entrometen en nuestra forma de hacer la guerra, sino que molestan a nuestras mujeres también!

¿Quién habla de intromisión? - le preguntó Trunks con agudeza - . Yo conocí a la muchacha antes que usted y le pedí a Su Majestad que me autorizara a cortejarla. Usted llegó después y arregló todo con el príncipe N°17 antes de considerar los deseos del zar. ¿Va a pelear contra un decreto real cuando ya fueron pronunciados los votos en presencia del zar Piccolo?

- Yo cumplí con mis obligaciones de caballero y seguí el rito formal de conducta al conseguir a la condesa Pan como mi prometida. ¿Dónde estaba usted cuando se firmaron y se sellaron los contratos?

Trunks no pudo contenerse ante la endeble excusa.

- Tenía la entrada prohibida a la casa de los tutores y no podía ver a la muchacha a causa de esa misma gente perversa que selló los documentos con usted. Por tanto, yo tengo más derecho a reclamarla. Si no fuera por mí, nunca habría llegado a Moscú.

- ¿Piensa que porque la salvó una vez de una banda de ladrones ahora le pertenece? - se burló Nappa con un gesto de incredulidad.

- ¡No! - replicó Trunks - . ¡Ella es mía porque pronunciamos los votos con el zar por testigo! Por eso le ruego que no me moleste más con sus frívolos argumentos pues no estoy dispuesto a soportar a nadie que trate de arrebatármela.- miró brevemente a su joven esposa para recibir una expresión de conmovida gratitud, aparentemente por su vehemente reclamo. Lo asombró que ella no entendiera todavía su carácter. ¿Qué pensaba que iba a hacer? ¿Descartarla como si fuera comida para los cerdos?- Las órdenes del zar tienen precedencia sobre todo lo demás, ¿no es cierto, mi señora? - dijo en tono burlón, pero lo lamentó de inmediato al comprobar el dolor que le había infligido. Había una parte oscura en su persona haber sido usado sin el menor reparo. Su orgullo le impedía mostrar compasión por ella, pero su sentido del honor se negaba a herirla. En verdad, era una guerra de emociones en la cual él era el prisionero y no tenía idea de cómo iba a terminar.

Trunks volvió a enfrentar a Nappa y a sus hijos, y para su beneficio, trató de hacer el papel de cordial anfitrión.

Si usted y sus hijos quieren quedarse y unirse a nosotros en el festejo, muy bien, son bienvenidos a compartir nuestra fiesta. Hagan lo que les parezca, quédense o váyanse.

¡Cuánta generosidad de su parte, coronel! - se burló Serguéi, desdeñoso, y dio unas palmadas a Trunks en la espalda haciéndolo perder el aliento. A poca distancia, Pan vio los anchos hombros de su marido que se tensionaban de dolor y pestañeó como si le doliera en carne propia. Quería ayudarlo de algún modo, pero sabía que Trunks no era alguien que estuviera dispuesto a aceptar las atenciones de una mujer cuando se enfrentaba con oponentes. Los ojos azules se incendiaron con una súbita furia cuando giró para enfrentar al joven mientras su aliento pugnaba por salir entre los dientes apretados. La fingida amistad de Serguéi se hizo añicos ante las asombrosas dimensiones de la ira de Trunks. Tomó al joven de la parte delantera de su kaftan y lo llevó hacia adelante hasta que Serguéi pudo ver por sí mismo la furia devastadora que ardía en los ojos brillantes de Trunks. Se asustó y reaccionó de un modo instintivo: de una sacudida se liberó de la mano que lo sujetaba, pero en el instante siguiente, mientras trataba de escapar a tropezones, fue tomado de nuevo de la nuca y de su brazo izquierdo que fue retorcido dolorosamente detrás de su espalda. Su grito poderoso atrajo a sus hermanos deseosos de intervenir, pero otro gemido agonizante sirvió de desesperada súplica para que se mantuvieran en sus lugares.

- Ten cuidado cuando me tocas- le advirtió Trunks al oído - . O juro que te dejaré con un solo brazo. ¿Está claro?

Nappa y todos sus hijos tenían un perfecto dominio de la lengua inglesa, de modo que entendieron con claridad la advertencia. Fue el padre el que dio un paso hacia adelante y con voz poderosa exigió que soltara a Serguéi.

- Déjelo ir o enviaré a mis perros tras su cuerpo antes de que termine la noche.

- Entonces controle a estos perros que lo rodean ahora o tendrá una buena razón para buscarme después.

Nappa levantó sus cejas sorprendido. Era un hombre fuera de lo ordinario el que se atreviera a enfrentarlo a él y a sus hijos con semejante fortaleza. Elevó una mano en un gesto para que su familia se retirara. En respuesta, Trunks empujó a Serguéi hacia adelante, hacia donde se encontraban sus hermanos.

Con una risa repentina, Trunks acaparó su atención. Luego se llevó una mano al pecho e inclinó la cabeza y los hombros en un gesto de disculpa. - Debo pedirles humildemente que me perdonen por esta muestra in-tempestiva de mal carácter, caballeros. Estuve involucrado en un enfrentamiento con una banda de rufianes hace un día o dos, y ellos me abrieron la espalda. Todavía no está curada, por eso, mientras mantengan sus manos lejos de mí, tal vez pueda responder a su visita con la amabilidad propia de un anfitrión.

Serguéi se friccionó el brazo lastimado y farfulló una conjetura. - Usted se enoja con facilidad.-se quejó de dolor el hijo de Nappa.

-Un defecto que salta a la vista cuando alguien me lastima. - Trunks miró a los miembros de la familia y vio que sus miradas se dirigían a Pan. Se hizo a un lado y, con deliberación, la tomó del brazo y la hizo adelantar, como una forma de dejar en claro los derechos que tenía sobre ella.

- ¿Han venido a felicitarme por mi buena fortuna al tener una esposa tan dulce y tan hermosa?

Apoyó el brazo en los delgados hombros de su esposa mientras levantaba una copa que le había acercado un sirviente.

- Caballeros, ¿puedo proponer un brindis por lady Pan Brief, la esposa y dueña de mi futura casa? - Bebió un sorbo de vino y, con la cabeza cerca del oído de Pan, la alentó en un susurro mientras le pasaba la copa.-Bebe, dulzura. Recuerda que tenemos que hacer felices a nuestros invitados.

El comandante Ten Shin Han había entrado en el vestíbulo principal a tiempo para escuchar el brindis de Trunks no se sintió demasiado complacido. Le parecía engañoso, considerando lo que Trunks había conseguido de parte del zar. Se prometió que advertiría a Pan cuáles eran los planes de su marido y le rogaría que se mantuviera alejada de él hasta que el coronel se marchara de regreso a Inglaterra.

Ansioso de que se le presentara la oportunidad, Ten Shin Han, observó de cerca a la pareja el resto de la tarde, pero hacia la noche su ánimo se había vuelta mucho más lúgubre. La pareja se mezclaba con sus invitados como si estuvieran muy enamorados el uno del otro. De la mano, se mantuvieron firmes y despidieron a Nappa y a sus hijos. Más tarde, cuando fueron llamados a disfrutar del banquete en su honor, compartiendo el sitial de honor en la cabecera de la mesa que N°18 se había esforzado en preparar, se sentaron tan juntos que Ten Shin Han pensó que estaban unidos por la carne. Se sintió muy perturbado ante semejante muestra de compatibilidad y temió que Pan estuviera por ceder lo peor ante ese hombre. Durante la celebración parecía tan tímida y dulce en presencia de su esposo, como si realmente lo apreciara. ¡Las caricias que le prodigaba eran demasiado para que él pudiera soportarlas! Los largos dedos recorrían las delgadas costillas o subían por el brazo, haciendo una pausa cerca de los pechos o las caderas para descansar en la cintura o atraerla a su lado... todo se acercaba tanto a las fantasías que él había alimentado de, algún día, poder reclamar a Pan para sí.

Sus peores angustias todavía estaban por delante, recapacitó Ten Shin han, pues la pareja pronto se retiraría a la cámara nupcial y no podía alentar ninguna esperanza de abstinencia después de lo que había presenciado durante la tarde.

Frente a la tendencia de Trunks de acariciar y tocar a su esposa con tanta libertad, Ten se negaba a creer que el hombre pudiera mantenerse fiel a lo que había negociado con el zar. Deseaba con todas sus fuerzas poder advertir a Pan la duplicidad de su marido, pues así podría impedir la unión, pero una y otra vez se vio frustrado en sus intentos, pues no encontró oportunidad de verse a solas con ella. Sus ojos la siguieron, entristecidos, cuando por fin abandonó el vestíbulo escoltada por N°18 y un puñado de mujeres que habían sido invitadas y a quienes Pan consideraba sus mejores amigas.

En los momentos que siguieron a su partida, algunos de los hombres comenzaron a reprender a Trunks por haberles robado la doncella más hermosa delante de sus narices. Aunque también hubo algunas preguntas acerca de la prisa para efectuar el matrimonio, se negó a dar razones y dejó de lado la cuestión con una sonrisa sugerente.

- Todos han escuchado los rumores de mi impaciencia por cortejar a la condesa Son Pan. ¿Pueden imaginarse mi ansiedad por llevarla a la cama? - Trunks bebió otro sorbo de vodka y se apoyó en el marco de la puerta mientras hacía un gesto con el brazo y declaraba: -El zar se apiadó de mi dolor y desbarató todos los otros planes de compromiso y arregló nuestro matrimonio él mismo. ¡Eso es todo!

TenShinHan sonrió con tristeza ante el sutil giro de la historia. Trunks no había mentido, pero había mostrado una imagen completamente diferente para los invitados de lo que en realidad había sucedido. Le dolía que Pan no hubiera estado allí para escuchar la declaración engañosa de su marido.

Poco después, N°18 regresó al salón principal para anunciar que la esposa estaba esperando a su esposo. Los hombres se echaron a reír y rodearon a Trunks, que bebió el contenido de su copa de un trago en lo que pareció ansiosa anticipación. Sólo él sabía de su intento de calmar algo más que las heridas de su espalda, pues la idea de estar a solas con Pan en un dormitorio durante toda la noche ya le había generado recuerdos que ponían en peligro su verdadero objetivo.