La celebración comenzó con gran cantidad de comida y bebida. La pareja se sentó uno al lado del otro en el banquete matinal. Exhortados por los invitados que seguían las costumbres del país, se besaron para endulzar la comida al grito cada vez más fuerte de ¡Gorko! ¡Gorko!, «¡Amargo! ¡Amargo!».

Poco después los deleitó una pequeña banda de skomorokhi y unos pintorescos mimos actuaron vestidos con trajes típicos, y todo el mundo se divirtió participando en juegos y danzas. Hasta Trunks comenzó a reír cuando el vino calmó el dolor de su espalda lacerada, y empezó a recorrer la casa y los jardines con su esposa cazando a otros invitados y siendo cazado, escondiéndose y luego buscando.

El bufón cumplió su papel con entusiasmo gruñendo y aullando, olfateando y refunfuñando con una piel de lobo gris sobre los hombros en busca de cualquier damisela que fuera la oropéndola. Todavía estaba recorriendo los jardines cuando Trunks invitó a Pan fuera y eligió esconderse entre dos troncos de árboles que crecían juntos detrás de un enorme arbusto.

Deliberadamente unidos en la formación de las parejas, esperaron en silencio a que el lobo se aproximara, pero les resultó muy difícil ignorar la presencia del otro cuando estaban tan juntos en un espacio tan pequeño. Aun a través del denso satén del sarafan de Pan, ella era consciente de la creciente presión del vientre de él y del violento palpitar del corazón. Pequeños temblores de placer despertaron sus pasiones dormidas y, esperanzada por la respuesta, se apoyó en Trunks y levantó los ojos para encontrar las brasas azules con un ardor inequívoco.

Concentrados el uno en el otro, ninguno de los dos notó el avance del bufón hasta que éste hubo espiado el abultado borde del vestido de Pan detrás del árbol. El «lobo gris» gruñó victorioso, logrando que la pareja se separara al sujetar la muñeca de su cautiva. La arrastró hacia la mansión entre risas mientras miraba hacia atrás para descubrir a Trunks protestando detrás de ellos, molesto. Eso era lo que el bufón esperaba de un esposo que acababa de casarse. Sin embargo, no dio alivio al marido, sino que escondió a la novia en un lugar no muy accesible.

Trunks apareció unos momentos después haciendo un esfuerzo por parecer de buen humor. A su entrada, el «lobo gris» saltó sobre él y le ordenó que buscara a su «oropéndola cautiva» en la jaula dorada antes de que los «hermanos malvados» lo mataran y reclamaran a su esposa como premio. Trunks tuvo que esquivar los ataques y estratagemas de sus amigos y corrió hacia la casa con la idea de encontrar a Pan antes que los demás. Fue la pequeña Sofí la que le indicó desde la puerta de la cocina que buscara en la despensa. Allí, con un grito de triunfo, tomó a Pan en sus brazos y corrió delante de la «familia diabólica» para entregar a la «oropéndola» a la «zarina» N°18 que, riendo, lo coronó con una guirnalda de flores. Trunks llevó el premio a la cocina, se arrodilló delante de la pequeña Sofí, se lo pasó por la cabeza y consiguió una radiante sonrisa de la pequeña y un rápido y tímido beso en la mejilla. Cuando Trunks regresó al portal donde había dejado a Pan, descubrió en los ojos de ella una extraña calidez que nada tenía que ver con la pasión.

-Pareces tener un encanto especial con los niños, Trunks. ¿Has pensado alguna vez en ser padre?

-Muchas veces.

-¿Entonces no estás en contra de tener hijos? -preguntó directamente Pan.

-Eso, esposa mía, no es ningún problema -respondió Trunks con el mismo candor. Le tomó el codo mientras la acompañaba por el corredor que salía de la cocina-. Es el engaño lo que no puedo soportar. ¿Cómo puedo saber qué pasa de verdad en tu corazón cuando has sido capaz de idear semejante estratagema?

-¿Cómo puedo saber yo qué pasa en tu corazón cuando me miras un momento con deseo y luego pareces desdeñarme al siguiente? -le contestó ella con frustración- . ¿Eres inconstante, Trunks? Tus labios hablan de odio, pero cuando miro en tus ojos, veo algo completamente diferente.

-Sí, señora, hay una cierta duplicidad que he descubierto hace muy poco y que me devora por dentro -admitió sin tapujos-. Con tus sonrisas coquetas y tu aspecto atractivo, tienes el poder de penetrar dentro de un hombre y enamorarle con una o dos miradas. Aunque resistiera con valentía los desafíos de miles de otros feroces enemigos, sería incapaz de protegerme contra tus tretas. -Trunks hizo una pausa y la miró a los ojos-. No puedo negar, Pan, que eres capaz de tentarme más allá de mi capacidad de resistir, pero me temo que sería un tonto si no tratara de construir una fortaleza para protegerme del dolor que pudieras causarme.

-Por favor, no seas tan severo conmigo. No pretendo herirte. Sólo busco un terreno común donde podamos estar unidos y satisfechos con nuestro matrimonio. Veo que luchas por mantenerte lejos de mí y me pregunto si siempre serás tan reticente con tus atenciones, igual que con tu hijo.

Enarcó una ceja, sorprendido por semejante pregunta. - ¿Siempre? Quién sabe qué nos deparará el mañana, pero debes saber que para concebir un hijo se precisa otro tipo de relación...

-¿Acaso objetas otro tipo de relación? -preguntó Pan sin tapujos.

-En este momento, debo confesar que temo entregarme al tipo de intimidad que se requiere para tener un hijo. Es como el canto de la sirena que escucha un hombre y queda luego preso para siempre en sus cadenas de seda…

-No es el canto de la sirena lo que yo entono, sino la esperanza conyugal de que no me dejes sin tus atenciones. Si no fuera por ti, no sabría qué hay más allá de la mera unión de dos cuerpos. Eres tú el que incita y después niega, y yo, como un gorrión indefenso, debo esperar a que el halcón capture su presa para poder comer.

Trunks la miró con cierta sorpresa. Sabía que la había elevado al pináculo del placer al que había aspirado llegar él también, pero estaba asombrado de que llegara a expresar sus deseos con tanta franqueza y tranquilidad. Descubrió que esa sinceridad resultaba seductora, le impulsaba a hacer sus propias confesiones.

-Sí, hermosa Pan, yo estoy muy nervioso por saciar esta hambre desesperada que me arrastra como si fuera un animal en celo. Tu belleza no ha disminuido desde el día en que te llevé a mi casa. Tentarías a cualquier hombre, y quizá yo sea más susceptible que los demás.

-Se trataría sólo de algo físico que me hicieras el amor. Los hombres son así, según me dijeron -declaró Pan, frustrada por la falta de coherencia entre las palabras y las acciones de su marido. Si era tan vulnerable a sus encantos femeninos como afirmaba, ¿por qué era entonces tan reticente a la idea de hacerle el amor? -. ¿Por qué no a mí? Tú mismo dijiste que habías estado sin compañía femenina bastante tiempo, de modo que supongo que cualquier mujer satisfaría tus deseos.

-No necesariamente.

Pan arqueó las cejas asombrada.

-He oído decir que hay muchas prostitutas en el distrito alemán. ¿Nunca consideraste la posibilidad de buscar su compañía?

-Nunca - respondió con brusquedad-. Aprenderás con el tiempo que soy bastante particular en lo que se refiere a las mujeres que meto en mi cama.

-Lo que en realidad ya no me incluye a mí.-La voz de Pan se había quebrado un poco, pues luchaba contra las lágrimas que se acumulaban en sus ojos.

Sin considerar la angustia de su esposa, Trunks contestó con rapidez:

-Yo no he dicho eso, Pan, de modo que no hables por mí.

Con la cara semioculta para evitar que advirtiera las lágrimas en sus mejillas, se atrevió a preguntarle:

-¿Estás tan ofendido que no soportas la idea de hacerme el amor y darme un hijo tuyo?

Trunks miró hacia otra parte, pues no quería dar una respuesta que lo comprometiera a sucumbir a sus deseos sin importar cuánto disfrutaría plantando la semilla y recogiendo después la cosecha. Bien consciente de que pisaba terreno resbaladizo debido a sus incipientes pasiones, fingió cierta impaciencia por unirse a sus amigos y dejó a Pan desalentada y angustiada porque había evitado sus preguntas comprometedoras.

Esa misma tarde, el general Shapner y su hermosa y joven mujer, Angela, fueron a la mansión a saludarlos. Aunque ninguno de los dos parecía demasiado entusiasmado con la idea de felicitar a los recién casados, hicieron algunos comentarios superficiales mientras había otros invitados como testigos, pero Shapner estaba ansioso por demostrar el poder de su autoridad. Por esa razón llamó aparte a Trunks y lo llevó con él al jardín, donde pudieron hablar en privado.

-Debo recordarle, coronel Brief que un general tiene derecho a ser directamente informado de la intención de un oficial de casarse. Es obvio que su romance clandestino con esta mujer le ha costado su soltería, sino un informe negativo de mi parte. Debo comunicarle que será castigado por su negligencia al no haber mostrado el respeto adecuado a un superior.

-Perdone, mi general -interrumpió Trunks, molesto por la pomposidad de ese hombre. Nunca se había comprometido a pedir permiso a un extranjero en asuntos referentes a su vida personal. Había sido bastante difícil aceptar la mediación del zar Piccolo, y aunque estaba tentado de decirle al general que ese matrimonio no era asunto suyo, controló el impulso de discutir con su superior. -Fue expreso deseo de su majestad, el zar Piccolo, que me casara con la condesa Pan.

-¡¿Qué diablos ha hecho, Brief? ¿Dejar a la muchacha embarazada antes de pronunciar los votos?! – vociferó Shapner -. ¡Maldito sea! ¡No ha tenido en cuenta que está en suelo extranjero!

Los músculos se endurecieron en las mejillas de Trunks mientras sus ojos se volvían fríos como el hielo. Temeroso de que su explosivo temperamento se encendiera, no se atrevió a enfrentar la mirada del general, sino que mantuvo estoicamente la mirada por encima de la cabeza de su bajo oponente mientras le respondía.

-¡No, mi general! -repuso, subrayando sus palabras con un marcado tono irónico-. ¡La condesa Pan era virgen cuando me casé con ella! ¡Si es que todo esto es de su incumbencia, señor!

La boca del general se torció de furia mal contenida mientras trataba de encontrar una amenaza que fuera eficaz para reducir al coronel al tamaño de una hormiga. Como no lo logró, gruñó enfadado y regresó a la mansión dejando a Trunks enfurecido. Estaba seguro de que todo el mundo había escuchado la airada discusión y, aunque podía estar seguro de que sus amigos mostrarían discreción y mantendrían un respetuoso silencio, no estaba convencido de que los demás actuaran del mismo modo.

Profiriendo una maldición, Trunks también se marchó del jardín, pero evitó la zona de la casa adonde se había dirigido el general. En ese momento, ardía en deseos de ahorcarlo por haberlo reprendido a causa de su matrimonio con Pan y por haberse mostrado tan audaz en asuntos que eran demasiado personales e íntimos como para ser discutidos a gritos. En su estado de ánimo, atacaría a puñetazos al general si volviera a encontrarlo antes de calmarse. Por lo tanto, pensó que lo mejor sería buscar la intimidad de las habitaciones que compartía con Pan en lugar de ofrecer semejante espectáculo ante sus invitados.

Voló por las escaleras y suspiró aliviado una vez que se encontró en la seguridad de su dormitorio. Allí, la marea de rabia comenzó a ceder poco a poco mientras caminaba por la habitación. Se quitó la chaqueta y la tiró sobre una silla, luego se sacó la camisa de los pantalones antes de arrojarla por encima de la cabeza. La prenda cayó sobre la chaqueta antes de que entrara en el vestidor para mojarse con agua fría la cabeza y el pecho, lo que le ayudó hasta cierto punto a suavizar su resentimiento contra el general.

Se había envuelto en una toalla sobre la cabeza mojada y comenzaba a secarse la cara cuando se dirigió hacia la puerta que conducía a la habitación de al lado. Hizo una pausa para terminar la tarea cuando fue tomado por sorpresa: una pequeña mano se deslizó con lentitud por su vientre plano y musculoso. Ignoraba que Pan hubiera entrado y casi se apartó en un intento de continuar con su continencia, pero de pronto recordó su decepción cuando ella se había retirado ante su exigente beso la noche anterior. A pesar de sus intenciones de reflexionar mejor sobre las consecuencias de sus acciones antes de proceder, sonrió detrás de la toalla mientras la mano lo acariciaba con fruición.

Concentrado en saborear la deliciosa excitación de su caricia, no hizo más que un esfuerzo reflejo por secar su cabello. Con un suspiro de placer, cedió por completo a las sensaciones abrumadoras que lo asaltaban. Escuchó un suspiro de admiración y se le cortó el aliento cuando las caricias se hicieron más provocativas, admirándose del conocimiento instintivo que había alcanzado Pan en tan poco tiempo. Introdujo aire en sus pulmones con inhalaciones entrecortadas, consciente de que su orgullo estaba siendo sometido a una dura prueba con esa demostración de seducción. Los dedos comenzaron a buscar la apertura de los pantalones y, en un intento por ayudarla, retiró la toalla de su cabeza, dejando que le cayera alrededor del cuello. Su reacción al reconocer a la mujer que estaba frente a él fue similar a la de quien se sumerge repentinamente en un arroyo helado.

-¡Angela!

-¡Ay, malandrín! -la peliroja mujer lo reprendió con afectación. Le sonrió y le rodeó el cuello con los brazos-. ¡Te casaste con tantas prisas! ¡Hum, hum! Me has tenido sumida en la desesperación desde que se anunció tu matrimonio con la condesa. Shapner me dijo que te habías enemistado con el zar Piccolo por haber causado problemas a la hija de su difunto embajador, y tenías que pagar por eso. ¿No sientes pena ahora de no haber recurrido nunca a mí para que me ocupara de tus necesidades?

Trunks había sufrido una gran decepción. Necesitó de todo su control para no descargar su resentimiento contra la mujer por no tratarse de la que él esperaba y por haber causado semejante alteración en su cuerpo. Se enderezó y le quitó los brazos de alrededor del cuello, apartándola.

-Perdón, Angela, pero siempre he tenido a bien no acostarme con la esposa de mi oficial superior. Debes saber que esas aventuras son peligrosas y representan una seria amenaza para la carrera de un militar.

-Oh, Trunks, tú sabes que no le temes a nadie, excepto a una mujer como yo.

-Se acercó una vez más a él, sonriendo y con los ojos cargados de deseo-. Deberías venir a verme cuando quieras divertirte de verdad. Haré todo lo que te plazca. Puedo hacerte olvidar a esa tonta con quien te casaste. Ella no sabe nada de cómo se complace a un hombre, especialmente a uno tan ardiente como tú.

-Sí, tiene mucho que aprender, pero me entusiasma el proyecto de enseñarle cómo complacerme. -Una vez más Trunks alejó a la mujer y caminó hacia la puerta que comunicaba con el pasillo-. Creo que será mejor que te vayas, Angela. Ni mi esposa ni tu marido se alegrarían de encontrarte aquí.

-Vamos, Trunks, nunca estarás satisfecho con una ignorante como tu esposa. Necesitas una mujer ardiente y con más experiencia que se ocupe de tus necesidades.

Sonriéndole con sus ojos lascivos, se acercó de nuevo y apretó todo su cuerpo contra el de él mientras intentaba desatarle los pantalones. Trunks la tomó de los hombros y la empujó irritado.

-¡Angela! ¡No me apetece! ¿No puedes entender eso?

-¡Yo conozco más, Trunks! -replicó, volviendo a él frotándose contra su cuerpo. Deslizó las manos por la espalda de Trunks y lo agarró de los glúteos.- ¡Bien te apetecía cuando llegué aquí a la habitación!

-¡Creí que eras mi esposa, Pan! -le replicó.

-Ay, Trunks, no le molestará compartirte un poco. ¡No seas tan noble! Tienes suficiente para las dos.

Trunks tomó a la mujer del mentón y la forzó a mirar sus ojos encendidos.

-Veo que tengo que ser crudo contigo, Angela, así que ya no retendré mis palabras. No me interesa nada de lo que puedas ofrecerme. Así que... ¡vete de una vez!

-¡Temes a mi marido! -lo acusó Angela, pues le resultaba difícil aceptar que no la deseara.

-¡No quiero problemas con él, es cierto! -aceptó Trunks-. Pero tampoco quiero nada de ti. ¡Haz un esfuerzo por entenderme! Nunca habrá nada entre nosotros, por eso, por favor, déjame en paz. Y a partir de ahora ¡aléjate de mí!

Los labios de Angela se torcieron en una mueca de desdén, y, con un breve movimiento de cabeza, Trunks aceptó su desprecio como si fuera la respuesta a su súplica. La mujer recompuso su aspecto y se encaminó hacia la puerta con paso firme para exhibir su rabia, pero se quedó boquiabierta cuando vio a la mujer que estaba cerca de la puerta desde hacía unos momentos. El gesto de Angela atrajo de inmediato la atención de Trunks. Él enfrentó a Pan, que lo miraba con una ceja elevada como interrogándolo.

-Espero no estar interrumpiendo nada -alegó, con una sonrisa que indicaba su falta de preocupación en ese aspecto.

-Pan... yo ... - Trunks tenía la esperanza de no parecer tan culpable como se sentía en ese momento-. Yo... sólo vine aquí para alejarme...

-No necesito explicaciones -le aseguró con una notable rigidez-. Escuché que discutías con el general y no pude soportar todas las miradas dirigidas hacia mí, pues todos oyeron lo mismo que yo. -Su mirada se dirigió a Angela, que parecía congelada por el poder de sus ojos oscuros -. De haber sabido que esta mujer estaba aquí, tratando de bajarte los pantalones, habría venido mejor preparada para interferir. En cambio, ella podría haber tenido más éxito si le hubieras dicho que tus pantalones estaban sujetos con botones en lugar de cordones.

Trunks tuvo que toser para refrenar un repentino deseo de reír. Era obvio que Pan se sentía muy molesta con la otra mujer y quería afirmar sus derechos como esposa. No dejó de apreciar la mirada de reprobación de Pan cuando Angela se marchó dejándolos solos.

-¿Una admiradora ansiosa, por casualidad? -lo azuzó Pan con una sonrisa perpleja-. Dime, Trunks, ¿ella es la razón por la que no te interesas en mí?

-¡No seas absurda, Pan! ¡Esa mujer no significa nada para mí! Ni siquiera sé cómo llegó a nuestra habitación, si no es que me ha seguido y ha entrado cuando estaba descuidado. Estaba secándome el cabello y creí que eras tú quien había entrado cuando la mujer me acosó.

Pan cruzó los brazos en actitud amanerada y, mirando hacia arriba, replicó:

-Bueno, si la confundiste conmigo, entonces supongo que no debo preocuparme por una escena de amor entre los dos, ¿no es cierto? -Volvió a mirarlo y agregó-: Sin embargo, parecía disfrutar con las caricias... como si la respuesta la hubiera alentado.

Trunks replicó con una sonrisa ladeada.

-No todas las mujeres son un paradigma de virtud como tú, Pan. Ella no necesitó que nadie la animara.

Sin prestar atención a ese comentario, Pan dio media vuelta conteniendo su furia y lo dejó observando el movimiento enérgico de sus faldas. Se le ocurrió a Trunks al ser testigo de su partida, que toda la belleza de Ángela no le llegaba a la suela de los zapatos a su esposa. No se le acercaba ni en la gracia, ni en el encanto, ni en la femenina pulcritud.

Era relativamente temprano cuando Trunks rogó compasión a sus amigos y acalló sus protestas con la explicación de las obligaciones que tenía al día siguiente y que requerían toda su atención. Con un brazo alrededor de los hombros de su esposa, se despidió de ellos y luego la siguió escaleras arriba.

Milk estaba ayudando a Pan a prepararse para la cama y, mientras las dos mujeres se retiraban al vestidor para llevar a cabo el aseo privado, Trunks preparó su uniforme y el equipo que necesitaría al día siguiente. Cuando fue a buscar sus armas y sus ropas militares no dudó en interrumpir a las dos mujeres hasta que captó la imagen de Pan completamente desnuda. Sus brazos estaban estirados hacia arriba para recibir el camisón que sostenía Milk, de inmediato, todos los conflictos con los que había batallado durante el día y la noche anterior volvieron a asaltarlo sin piedad. Farfulló una pregunta acerca de la ubicación de su equipo y apenas se dio cuenta cuando Milk le señaló el estante superior, pues estaba demasiado ocupado admirando la desnudez de su esposa. Por fin, apartó la vista de ella, recogió lo que había ido a buscar y, cuando volvió a mirarla, recibió como recompensa una imagen frontal antes de que el camisón descendiera para ocultar los suaves pechos, el vientre sedoso y las provocativas caderas.

En el dormitorio, Trunks comenzó a respirar lentamente mientras se quitaba los pantalones. En un intento por calmar su cerebro y su cuerpo de todos los acalorados conflictos que había soportado durante el día, se sentó en un banco, al pie de la cama, y se entretuvo revisando su equipo de soldado. Necesitó de un esfuerzo de su voluntad de hierro para volver a dirigir sus pensamientos hacia algo menos frustrante que la imagen que acababa de dejar en el cuarto contiguo, pero cuando Milk se marchó y su esposa entró en el dormitorio con el camisón marcándole el cuerpo de un modo tan delicioso y con su larga cabellera flotando sobre los hombros y la espalda, el control en que había mantenido sus deseos comenzó a debilitarse.

Pan mostraba un estado de ánimo singular después de haber sido castigada con un crudo recuerdo de la visita de Angela a su cuarto y con la breve visita de Trunks al vestidor. Después de sentir el calor de su mirada, tuvo que luchar para serenar el ansia que crecía dentro de su propio cuerpo, pero no iba a lograr un gran éxito. Ahora necesitaba de sus atenciones más que antes y no estaba dispuesta a aceptar otra noche de taciturnas reticencias.

-¿A qué hora partirás mañana? -le preguntó, haciendo una pausa al lado de Trunks, que pulía su espada.

-Poco después de la madrugada, pero no es necesario que te levantes, Pan. Estoy acostumbrado a arreglármelas solo. Dudo que esté de regreso hasta muy tarde, de modo que no necesitas esperarme despierta.

-No me molesta esperarte levantada -murmuró Pan con suavidad, preguntándose si esperar respuesta a su cercanía había sido una idea estúpida.

Trunks se concentraba deliberadamente en sus preparativos tratando de no mirarla. Sin embargo, Pan no era incapaz de conseguir su mirada cuando lo quisiera y estaba más que ansiosa por atraerla en ese momento.

Con fingido desinterés, deslizó sus delgados dedos por los cortos mechones de la nuca haciendo que su cabeza girara abruptamente.

-Tienes el cabello muy largo -susurró las palabras como si fueran una caricia-. ¿No quieres que te lo corte?

-No esta noche -respondió, apenas consciente de lo que había dicho, con los ojos perdidos en sus profundos ojos oscuros.

-No tardaría demasiado -insistió Pan, levantando los mechones de las sienes y la coronilla-. Sólo un poco aquí y allí, para igualarlo.

-Se está haciendo tarde; necesito descansar. -Trunks inventó la excusa aunque sus ojos seguían recorriendo la belleza apenas oculta por el delgado camisón. A la luz de las velas que brillaban detrás de ella, la tela era un velo vaporoso que le cubría el cuerpo y su mirada parecía impulsada a probar la textura al pasear por la tentadora voluptuosidad de sus pechos, las costillas estrechas y a lo largo de sus ágiles muslos.

Un dolor repentino y agudo reclamó toda su atención. En busca de la causa, miró hacia abajo y se dio cuenta de que se había cortado el pulgar con la hoja afilada mientras la miraba absorto.

-¡Maldición! -vociferó-. ¡Ni siquiera puedo pulir mi espada sin sufrir ningún daño cuando estoy cerca de ti! -La miró sin prestar atención a su aspecto herido y angustiado y le ordenó con sequedad -: Métete en la cama antes de que me corte una parte vital y cumpla con los deseos de N°17.

Pan se retiró molesta a su lado de la cama y se sentó en el borde. Lanzó varias miradas a la espalda de su marido mientras trenzaba su cabello. Trunks busco refugio en el vestidor después de disculparse por su rudeza y consolarla con una mirada tierna.

Cuando regresó por fin a la habitación después de lavarse y ponerse una bata, encontró que Pan se había refugiado bajo las mantas y las había subido hasta el mentón. Por su ofendido silencio, demostraba que estaba resentida por sus reproches. Aun cuando él se deslizó en la cama, supo por sus esfuerzos por aferrarse al borde que no tenía que preocuparse por verse tentado por sus coqueteos esa noche.

Era evidente que no quería tener nada que ver con él, al menos por el momento, y aunque debía sentirse contento de no ver su fuerza de voluntad sometida a una nueva dura prueba, no estaba complacido por la forma en que había hecho creer a Pan que no la quería tener cerca. Por el contrario, disfrutaba tanto de su compañía que quería saborearla mucho más, y la única forma en que aplacaría esas aspiraciones sería haciéndola su esposa en el sentido estricto de la palabra.