Si Trunks Brief alguna vez había imaginado que estaba usando cada gramo de energía que era capaz de gastar en impresionar al zar Piccolo, pronto se dio cuenta de que tratar de mantener su mente concentrada en algo que no fuera Pan cuando se encontraba lejos de ella le exigía mucho más esfuerzo y determinación que nunca había pensado dedicar al cumplimiento de su primer objetivo.
Su preocupación por Pan parecía mucho más intensa ahora que estaban casados y asentados, no sólo en el mismo cuarto durante la noche, sino, lo que lo perturbaba aún más, en la misma cama. Mientras estuviera en una proximidad tan estrecha con ella, se sentiría constantemente asaltado por oportunidades que en otro momento, había soñado tener. Cuando tenía todas las posibilidades de observar a su joven esposa en diversos grados de desnudez, estaba forzado a apartar la vista para refrenar la creciente excitación y el júbilo pleno y sin adulteraciones que derivaban de esa contemplación. Tan grande era la batalla que mantenía para vencer el bombardeo de tentaciones que lo asediaban, que hasta había considerado la idea de regresar a su antigua casa para recuperar algo del descanso que necesitaba, porque estaba casi al borde de sus fuerzas en su afán por encontrar un escape eficaz a los provocaciones que tenía que soportar en su dormitorio. Si su espalda ya hubiera estado curada y su agilidad restablecida al nivel de sentirse confiado en su poder para soportar un combate mortal, habría salido de inmediato en busca de Black sólo para alejarse del sufrimiento de la derrota en su propia cama, en especial después que, en un instante de estupidez, le había rogado a Piccolo que le concediera su petición.
Sin querer provocar ningún daño a Pan distanciándose públicamente de ella, decidió empeñarse y empeñar a su regimiento en interminables horas de difícil entrenamiento para que su fuerza y su vitalidad atravesaran el umbral del agotamiento. Sólo acabando con la energía para funcionar de un modo normal por la noche, pudo mantener una esperanza de resistir los dulces atractivos de la presencia de Pan e impedir la siempre amenazante posibilidad de ceder a sus deseos. Le causaba cierta perturbación recordar la rapidez con que había respondido a las caricias de Angela al creer que se trataba de Pan, y no necesitó de un gran ejercicio de lógica para darse cuenta de que no sería capaz de soportar una seducción similar si viniera de su esposa.
Se convirtió en parte de la rutina diaria compartir el desayuno con N°18, que tenía el hábito de levantarse al alba. Luego salía de la casa y no regresaba hasta bastante después de que la cena hubiera terminado, en total estado de agotamiento. Entonces pasaba una hora en el establo, donde alimentaba y limpiaba el caballo negro que Black había dejado y el hermoso castaño que reservaba principalmente para las demostraciones de su habilidad como jinete con las que aspiraba alentar a sus hombres y para los desfiles que realizaban en presencia del zar Piccolo. El semental era uno de los dos que había traído de Inglaterra y que regresaría con él, si vivía hasta ese momento.
Por último, después de dejar el establo, entraba en la casa, y aunque necesitaba un baño, primero comía los alimentos que estaban sobre la mesa de la cocina donde lo esperaban Pan y Pares. Estaba seguro de que hubiera prestado mucho menos atención a quien lo servía y más a la comida si sólo Pares hubiera estado allí, pues aunque estaba muerto de cansancio no podía ignorar la deliciosa vista y fragancia de Pan cuando se inclinaba junto a él o pasaba cerca.
Después de la cena, hundía su cuerpo dolorido en un baño vaporoso antes de subir las escaleras hacia su dormitorio. Una vez allí, se desplomaba en la cama, agradecido de estar tan cansado que ni tenía ganas de hablar. La única concesión que hacía a los afanes conyugales de Pan era permitirle que le frotara la espalda con un bálsamo calmante con el propósito de terminar de cerrar las cicatrices. Para esto, se ponía su bata y se reclinaba boca abajo sobre el colchón después de que Pan hubiera doblado con prolijidad las mantas y el cubrecama. No pasaba mucho tiempo antes de que el gentil masaje lo relajara, y mientras ella continuaba acariciando sus músculos cansados, su respiración se hacía cada vez más profunda hasta quedarse dormido.
Era en esos momentos cuando Pan comenzaba a experimentar los placenteros sentimientos asociados con ser una esposa. No había palabras duras o reproches que perturbaran la armonía silenciosa entre ellos cuando ella se ocupaba de las necesidades de su marido y, si bien todavía no se había convertido en su esposa, al menos al permitirle que lo cuidara, Trunks le estaba concediendo los privilegios y la familiaridad reservados a una esposa.
Fue al final de la siguiente semana cuando Trunks la sorprendió regresando a la casa relativamente temprano. Ella estaba en su cuarto cuando lo vio entrar por el camino que conducía a la mansión y después de controlar con rapidez en el espejo de plata qué aspecto tenía, se apresuró a bajar las escaleras y llegar a la puerta de atrás. Allí hizo una pausa, se acomodó el pañuelo, el delantal y las faldas de campesina que se había puesto esa mañana para ayudar a N°18 a buscar algunos objetos que tenía guardados, y luego, con paso tranquilo caminó por el sendero que llevaba de la casa a las puertas abiertas del establo.
Trunks no se dio cuenta de inmediato de su entrada, ya que estaba absorto en la tarea de enjabonar la larga cola del alazán. Estaba de espaldas a ella y, en cuanto Pan dio la vuelta hacia el lugar donde él estaba trabajando, notó un movimiento por el rabillo del ojo y levantó la vista. Como hacían siempre que ella estaba cerca, sus ojos azules se deslizaron en una rápida evaluación de su apariencia. Durante un largo rato, Trunks continuó quitando la espuma de la cola del animal mientras se complacía en observar a su mujer. Aunque la sonrisa de ella era dubitativa, parecía hacer un esfuerzo por mantenerse serena, pero un profundo rubor causado por la meticulosa mirada le cubría las mejillas.
-Volviste temprano –comentó Pan, incapaz de pensar en algo mejor que decir. Sus propios ojos no podían alejarse de la camisa que colgaba de su torso y admirar lo que dejaba al descubierto.
Trunks inclinó la cabeza hacia el fondo de la caballeriza donde había dejado un cubo de madera que antes había llenado hasta el borde.
-¿Puedes traerme ese cubo que está allí y vaciar el agua sobre la cola para que pueda enjuagarla?
Contenta de tener una excusa para estar cerca de él, Pan levantó el cubo pesado y, mordiéndose el labio inferior en señal de concentración, lo llevó. Separó los pies mientras levantaba el cubo más alto y obedecía las directivas de su marido. Concentrada más en la mirada del hombre que el agua que caía por la cola, no se dio cuenta de que sus zapatos se mojaban hasta que sintió la humedad que ya le penetraba hasta las medias oscuras. Entonces miró hacia abajo con una mueca y consideró el estado de sus zapatillas negras completamente empapadas.
-Ven, dame el cubo –le ordenó Trunks extendiendo una mano-. Te estás mojando.
-¡No, espera! Deja que me quite los zapatos –le rogó Pan poniendo el cubo a un lado. Se apuró hacia el fondo de la caballeriza y allí se quitó sus zapatillas mojadas, levantó las faldas, se quitó las medias y luego tomó el dobladillo de la parte de atrás del vestido y las enaguas, lo colocó entre los muslos, y lo sujetó a la cintura, dejando al descubierto sus tentadoras piernas de seda.
Ahora era el turno de que Trunks se preocupara con lo que exhibía su esposa.
-Encontrarás tu muerte –le advirtió, al ver sus pequeños pies descalzos en medio de un charco de agua-. Luego me echarán la culpa por haberte pedido ayuda.
-Oh, pero yo quiero ayudarte –replicó Pan, y arrugó su hermosa nariz al echar una mirada cauta al piso de piedra de la caballeriza-. Además, me preocupa más meter mi pie en algo desagradable.
Una risa suave salió de la garganta de Trunks, mientras separaba la cola del caballo bajo el flujo de agua fresca que ella le suministraba.
-No sabía que eras tan remilgada.
-Hay ciertas cosas que trato de evitar –reconoció Pan-. Pisar heces de caballo es una.
Trunks se echó a reír con su respuesta. Nunca antes se había dado cuenta de que lavar la cola de un caballo fuera tan placentero. Ella parecía dispuesta a presentarle toda la asistencia que pudiera mientras él limpiaba y alimentaba a los dos caballos, y durante ese lapso de tiempo fueron capaces de relajarse el uno con el otro y de saborear la armonía que en realidad existía entre ellos.
Después de apagar la última lámpara que colgaba cerca de las caballerizas, Trunks vio que Pan echaba una mirada de repugnancia al camino sembrado de paja que llevaba a la puerta. Con una sonrisa divertida, se compadeció de ella y le ordenó que colocara sus medias y sus zapatos en el bolsillo del delantal y luego se subiera a un banco bajo desde donde la levantó en sus espaldas, para delicia de Pan.
-No he cabalgado así desde que era una niña –le informó en medio de risas. Tan encantadora como una pequeña jugando con su padre, deslizó los brazos alrededor del cuello de su marido y le susurró al oído-Pero no dejes que nadie nos vea, Trunks. Podrían no entender mi falta de modestia.
-Será nuestro secreto –respondió con una sonrisa ladeada sobre el hombro.
-¡Bien! –Ella también sonrió de placer por la intimidad del momento, y, con cuidado para no lastimar su espalda mientras se inclinaba contra él, dobló los brazos alrededor de su cuello. Su mano derecha se deslizó dentro de la camisa y con los dedos jugueteó y acarició su pecho con la misma familiaridad con que cantaba una canción infantil en ruso, casi como un susurro en su oído.
Luego su ánimo cambió y se echó a reír. Moviendo sus pantorrillas desnudas a ambos lados de su marido, disfrutó del momento hasta lo máximo. Volvió a acercarse a su oído y le susurró, burlona:
-¿Es divertido para el hombre montar a caballo como para mí cabalgar en tu espalda?
En algún momento, Trunks había perdido sus prudentes inhibiciones y no tuvo problemas en pellizcarla en el glúteo, lo que extrajo una risa chillona de la pequeña traviesa que estaba a sus espaldas.
-Cálmate –le imploró entre risas-. Estamos cerca de la casa y con tus carcajadas vas a hacer que todos salgan a las ventanas a mirarnos.
-Qué lástima que haga tanto frío en el jardín –le dijo al oído mientras recordaba su primera aventura allí-. Me gustaría ver dónde me abrías llevado si nos hubiéramos quedado y hubiéramos hecho el amor.
La tímida invitación no pasó inadvertida y aunque Trunks de pronto tuvo la idea de buscar un lugar donde llevar a cabo la unión, vio que N°18 les sonreía desde la puerta. Una breve oleada de resentimiento hacia la mujer le hizo darse cuenta de cuán cerca había estado de olvidar su resolución y satisfacerse con su esposa. Sabía que sólo había sido la inoportuna intervención de N°18 lo que había despertado su ira, no la mujer. Refrenó todo sentimiento de irritación y atrajo la atención de Pan hacia quien los estaba esperando.
-Nos han descubierto, Pan.
-¡Qué pena! –suspiró Pan decepcionada-. Una vez estuvimos tan cerca de llegar a la unión... y ahora me temo que nunca terminarás lo que empezaste.
Trunks dejó pasar estas palabras sin comentarios mientras N°18 se acercaba a ellos, pero su mente a menudo se había preguntado cuáles habrían sido los resultados si hubiera tenido tiempo de violar su virginidad por completo y consumar su pasión.
Esa noche, cuando estaban preparándose para ir a la cama, le informó al pasar que al día siguiente habría un desfile y una demostración militar que se llevaría a cabo en el Kremlin y que varias compañías de húsares se presentarían ante el zar y sus invitados extranjeros. Como él había sido el encargado de montar las exhibiciones, que se estaban convirtiendo en un hecho regular, estaría con sus hombres al frente de la presentación. Se esperaba que ella asistiera, junto con otras esposas de oficiales, y en vista de que se trataba de un acto abierto, podía invitar a N°18 o a cualquier otra persona que se le ocurriese.
Pan esperaba continuar con la curación de su espalda. Para tal fin había traído los frascos y varias toallas limpias en una bandeja que ahora estaba en la cama al lado de ella. Sólo esperaba que él se estirara a su lado, pero Trunks se sentía inclinado a demorarse un poco. Hizo una pausa al lado de la mesa de noche para beber un poco del vino caliente que ella le había servido y para saborear la encantadora imagen que ella le regalaba. Su cabello oscuro estaba suelto y caía sobre los hombros y los pechos para ocultar de la vista aquello que la camisa de encaje dejaba entrever. Con la luz de las velas detrás de ella penetrando la delicada batista y definiendo el resto del cuerpo, Trunks hizo todo lo que pudo para reprimir el impulso de arrojarla en la cama y satisfacerse en ella.
Esa tarde había sido la gota que colmó el vaso de la tolerancia de Trunks. Estaba harto del tonto juego de la abstinencia que él mismo había creado y estaba decidido a buscar una forma de ponerle final. Tal vez lo más honorable fuera, antes de hacer el amor con Pan, enfrentar al zar Piccolo y confesar que su corazón había sufrido un cambio y quería retractarse de su petición, de ese modo en los años venideros no se sentiría inclinado a verse como un hombre cuya voluntad había sido esclavizada por los poderes irresistibles de la seducción femeninas. Sin embargo, le parecía bastante dudoso poder obtener una audiencia con el monarca antes de que los límites de su continencia se derribaran, pues esa posibilidad parecía apremiante después de lo que había sucedido por la tarde.
-Tal vez debiera preocuparme por esos encuentros al alba entre N°18 y tú. –A pesar de su estrecha amistad con la condesa, Pan estaba molesta porque Trunks había rechazado su oferta de acompañarle durante el desayuno, pero disfrutaba de la compañía de su amiga.
-¿Por qué? -Trunks la miró sin poder creer lo que escuchaba.
Pan se encogió de hombros.
-Cuando una mujer es tan hermosa como N°18, la edad no importa. Es obvio que te gusta más su compañía que la mía.
-Esa idea es completamente absurda, Pan –le advirtió Trunks con una risa incrédula. ¿Cómo podría pensar que algo así fuera verdad cuando nunca en su vida él había experimentado el tumulto emocional en el que ella lo sumía? Desde el matrimonio, la frustración, la animosidad, el resentimiento y a veces la furia había convivido con las poderosas fuerzas de la pasión, el amor, la compasión, la suavidad, así como el creciente deseo de cuidarla y protegerla como cualquier marido amante haría con su mujer, siempre teniendo presente que Pan era su esposa.-aunque estuvieras preocupada por lo que N°18 y yo hablamos, Pan, no tienes nada que temer. Parecemos tan inclinados como Milk a limitar nuestra elección de temas a uno en particular. De lo único que hablamos es de ti. –Con la copa en la mano hizo un gesto hacia ella para enfatizar el punto-. Entre Milk y N°18, probablemente conozco más de ti. Por lo que me ha contado N°18, parece que has sido capaz de frustrar a unos cuantos seguidores, para no mencionar a varios diplomáticos franceses que cometieron la torpeza de pensar que eras una tonta sin instrucción que venía de las estepas de Rusia.
Pan levantó su delicado mentón un tanto molesta.
-Entonces debes entenderme bastante bien ahora –observó con petulancia, ofendida por la aparente voluntad de N°18 de discutir enfrentamientos pasados que todavía le causaban resentimiento.
- La forma en que funciona tu mente es demasiado complicada para que un hombre simple como yo pueda entenderla –replicó Trunks a su conjetura-. Sin embargo, tal vez yo no sea el único intrigado por tu comportamiento. Creo que hay veces que confundes por completo a N°18 y me atrevo a pensar que a ti misma también.
Pan hizo una larga pausa de reflexión antes de admitir que tenía ese defecto.
-Es verdad que no siempre puedo discernir el verdadero sentido de mis emociones. A veces, mi respeto por una persona se reviste de sentimientos de afecto hasta que quien ha ganado mi estima trata de besarme o de sacar alguna respuesta tierna de mí y entonces siento que todo se da la vuelta y tengo que esconder mi repulsión porque la confianza y las esperanzas que tenía se han hecho trizas. Algunos fueron capaces de darse cuenta de que mi entusiasmo se desvanecía y me catalogaron con desprecio como la doncella de hielo. –Levantó las manos con el gesto de quien protesta por una herida inflingida.- "¡Es una doncella de nieve sin corazón!" se quejaban, tratando de satisfacer a su orgullo herido.
Trunks nunca habría hecho semejantes comentarios, pues había descubierto que lo opuesto era verdad. Pan era demasiado cálida, viva y atractiva para él. Ni se lo ocurriría pensar en reprenderla por esas faltas específicas.
-Dime Pan. Esa repulsión que mencionas... –La miró de cerca mientras presentaba la pregunta con sumo cuidado. -¿La experimentas conmigo, también?
El rostro de Pan se suavizó con una sonrisa divertida que le curvó los labios.
-No, Trunks, y esa es la verdad. Estaba segura de que eras un sinvergüenza después de nuestro primer encuentro en la sala de baños, pero para mi gran desesperación, no podía alejarte de mi mente. Aunque hubiera preferido otra cosa, te convertiste en el salvador con el que alimenté mis fantasías. Aun ahora, comparo a otros contigo y los encuentro deficientes.
Trunks se sorprendió por el extraño efecto que esa respuesta tuvo en su corazón. Desde el centro mismo de su ser se irradió una creciente calidez que le suavizó el ánimo y le cambió su opinión. Sin embargo, siguió con cautela pues temía ser engañado.
-Es un agradable cumplido el que me haces, Pan. Si considero los muchos perseguidores que han tratado de conseguirte, podría sentirme alentado, pero es evidente que no te importó en absoluto las heridas que me causaste con tus maquinaciones.
Pan levantó los ojos para encontrar los de él en una súplica silenciosa, reticente a terminar la noche con otra discusión.
Con un suspiro de sometimiento, Trunks se abstuvo de más comentarios y dejó la copa en la mesa. Se quitó la bata y dio media vuelta para dejarla en una silla cercana sin notar la mirada apreciativa de Pan.
En los últimos días, Pan había conseguido la libertad de curar su espalda hasta el límite que había deseado y, al hacerlo, se había fascinado con la idea de ganarse el derecho de tocar y de mirar todo su cuerpo. Después de todo, era su esposo y le había otorgado ese particular privilegio aun antes de haber pronunciado los votos. Ahora deseaba ese derecho con su más ferviente ardor.
Cuando Trunks se dirigió de nuevo hacia la cama se dio cuenta de inmediato de qué estaba mirando su esposa. Hizo un esfuerzo por respirar con normalidad mientras le gastaba una broma.
-Si la vista de mi desnudez te perturba, Pan, tal vez pueda adquirir el hábito de usar una camisa de noche.
Pan levantó el mentón y encontró la mirada que esperaba su reacción.
-Si te molestas en recordar la ocasión, Trunks, encontrarás que una vez me diste permiso para que te mirara siempre que quisiera. ¿Te sientes mal si lo hago? –Sus ojos bajaron por un instante y con un sentimiento de satisfacción, respondió a su propia pregunta.- Sí, ya veo que sí, pareces muy susceptible. Tal vez, debas usar una camisa para dormir si te excitas tan fácilmente con mi mirada.
Con una sonrisa ladeada, Trunks contestó a su sugerencia. La audacia de Pan sólo aumentó el apetito que sentía y que debía contener sólo por un breve lapso más.
-No usaré una prenda de mujeres para ocultar esta evidente muestra de pasión insatisfecha. Que te sirva de recordatorio por tus sucios planes para privarme de mi masculinidad.
Molesta de que él volviera a recordar sus planes de seducción, Pan lo reprendió:
-Sin duda, sin duda no puedes apartar tus pensamientos de allí...
-No son los pensamientos lo que tengo ahí –le informó Trunks con una carcajada. Si no se hubiese divertido tanto con esa conversación y con el obvio interés que su mujer manifestaba en el tema, habría terminado allí mismo el examen y el discurso, pero le estimulaba saber lo atraída que estaba Pan y no tenía intenciones de ocultarse de su mirada mientras se acomodaba al lado de ella en la cama-. Aunque debo reconocer que en los últimos tiempos mis pensamientos se han concentrado en eso.
Pan cerró los ojos por un momento, tratando en vano de recuperar su aplomo. Cuando los volvió a abrir, levantó el mentón para indicar el área que estaba en discusión y replicó con el mismo tono sarcástico.
-He visto lo suficiente como para saber, marido mío, que te dejas llevar por tus apetitos como si una dulce doncella te tuviera aferrado con un enorme anillo de la nariz. Lo comprendí desde el principio, cuando me mantuviste cautiva en la piscina de baño.
-¿Te mantuve cautiva? –La ceja saltó abruptamente en señal de desafío a su reclamo. –Sólo estaba tratando de salvarte para que no te ahogaras.
-Si no me hubieras estado espiando, esa amenaza nunca habría existido –argumentó Pan.
-Pero la vista era tan irresistible, no podía siquiera pensar en negarme la oportunidad de admirarte.
-Me molestaste desde el primer día con la autorización para cortejarme. Ahora te mantienes lejos de este matrimonio como si fuera algo terrible, pero por lo que he podido percibir, Trunks, es sólo tu orgullo lo que te retiene. Estás muy ofendido porque imaginas que has sido engañado, pero dime, mi querido compañero, ¿cuál es la diferencia entre nosotros? Tú te habías propuesto conseguirme para tu placer, mientras que yo tenía una verdadera necesidad y estaba dispuesta a entregarte lo que más querías para ver mi deseo cumplido.
-Una prostituta hace lo mismo –declaró Trunks, perdiendo todos los signos de buen humor ante la lógica de su mujer. Sus ojos se oscurecieron al encontrar la mirada atónica de ella-. ¿Acaso no preparaste este juego para tu beneficio?
Pan contuvo el aliento ante el insulto.
-¡Yo no soy una prostituta!
La réplica furiosa no se hizo esperar.
-¡No señora, sólo una virgen con el corazón de una!
-¡Me lastimas sin necesidad! –se quejó Pan, demasiado cerca de las lágrimas-. ¡Y no tienes motivo! ¡Sabes que no he estado con nadie más que contigo!
Trunks estuvo de acuerdo una vez más.
-¡Sí, pero tuve que pelear con tus perseguidores con un celo salvaje para que no me quitaran la vida! Son como una manada de perros salvajes que huelen a una perra en celo. ¿Debo creer que nunca alentaste a ninguno de ellos?
Durante un breve instante, Pan lo miró sin poder pronunciar palabra de la indignación. Luego recuperó la voz y con todas sus fuerzas negó las acusaciones.
-¡Jamás!
-¡Me alentaste a mí!
-¡Tú tratabas de conseguirme!
-¡Sí! ¡Eso hice! Pero dime la verdad, Pan, porque tengo la capacidad de leerte la mente. ¿Por qué me elegiste a mí entre todos los hombres que te deseaban? Cualquiera de ellos habría estado gustoso hacerte ese servicio, pero ¡me elegiste a mí para que lo hiciera! ¿Puedes explicarme tus razones? –Sacudió la cabeza en gesto burlón mientras continuaba.-El comandante Ten Shin Han te habría hecho el amor y habría estado más que dispuesto a casarse deprisa...
-Mientras que tú te inclinabas más a disfrutar del placer y huir antes de pagar lo que debías –replicó Pan con una muestra comparable de desdén.
-¡No me conoces en absoluto, Pan!
-¡Eso es verdad!
-¡Y estás cambiando de tema! ¿Acaso no puedes decirme por qué me elegiste a mí?
Pan sacudió la cabeza, frustrada y furiosa. Una vez más trató de defender su posición.
-Desde el comienzo no mostraste ningún pudor en esconder tu deseo de disfrutar de mí, mientras que el comandante Ten Shin Han nunca hizo un avance en ese sentido. –Su respuesta era la verdad, pero sólo en parte. Las atenciones de Trunks la habían excitado desde el principio, aun antes que el hombre que las hacía. ¿Por qué no podía entender que lo que sentía por él había sido en gran parte lo que la había impulsado a elegirlo en lugar de a todos los otros?
Trunks la miró fijo, lejos de quedar satisfecho con la respuesta.
-Nunca hice ningún avance impropio hasta que fui engañado deliberadamente y creí que querías mis atenciones.
-No, pero me trasmitiste con claridad lo que tenías en mente. Me dijiste muchas veces que querías cortejarme.
-¿Fui el primer hombre en decirte eso?
-¡Fuiste el más persistente!
-¿Y? Me elegiste sólo porque fui el más persistente, y sin embargo creo recordar que te quejaste del príncipe N°17 y de las acciones de Black. Si ellos también estaban tan ansiosos por poseerte, entonces me inclino a pensar que hubo otros que tuvieron el mismo celo.
-¿Qué quieres de mí? ¿Mi sangre? –gritó Pan exasperada, y se arrojó sobre la almohada, negándose a pronunciar una palabra más.
Trunks la había acosado a propósito esperando escuchar algo bastante diferente de lo que ella le había dicho, pero sus respuestas lo habían dejado intranquilo. Furioso, tomó la bandeja donde estaba el ungüento y la arrojó sobre su mesa de noche. Se extendió hasta los pies de la cama y cubrió a los dos con las mantas.
Pan no pudo pasar por alto la irritación de su esposo, pues su respiración entrecortada le recordaba la rabia que estaba sintiendo. Con el mismo cuidado que hubiera tenido con una bestia salvaje que apoyara su largo y poderoso cuerpo cerca de ella en espera del momento oportuno para atacar, se apartó de él hasta el borde de la cama que se convirtió en su refugio. Pasó una hora y ninguno de los dos había encontrado alivio. El daba vueltas y vueltas, clara señal dela inquietud que sentía. Ella, finalmente, se incorporó apoyándose en los codos y lo miró.
-Ninguno de los dos puede dormir porque estamos enfadados el uno con el otro, y con todo lo que tienes que hacer mañana, necesitas descansar. ¿Te ayudaría si te paso el bálsamo por la espalda?
-¡No! –La respuesta de Trunks fue breve y dura, pues estaba verdaderamente molesto con ella por haber vuelto a despertar todas las emociones que había estado tratando de reprimir.
Con la dolorosa sensación de alejamiento de él, Pan rodó en sus espaldas y se cubrió la cara con el brazo, sin esforzarse por detener las lágrimas que corrían por sus mejillas. Si no hubiera temido que la reprendiera, le habría dado una respuesta que lo habría asombrado, pero parecía que no había posibilidad de zanjar la brecha que los separaba.
Al darse cuenta de que la negación a la oferta que ella le había hecho había sido demasiado cortante, Trunks se levantó por encima de ella para ofrecerle una disculpa por su mal humor. Pero cuando vio las lágrimas que corrían profusamente por las mejillas de Pan, comprendió que no se había comportado mejor que un temible ogro. Le dolía verla llorar y con un profundo suspiro se arrepintió de su ánimo oscuro, pues sabía que ella tenía razón. Nunca sería capaz de dormir hasta que la discusión quedara atrás.
Se deslizó cerca de ella, le apartó el brazo de la cara, a pesar de la lucha por dejarlo allí y luego la rodeó con el brazo mientras sus ojos dibujaban su perfil.
-Pan lo siento. No fue mi intención ser tan duro contigo. –Se incorporó y, con el pulgar, limpió los arroyuelos que corrían por su rostro con remordimiento por haberla tratado tan injustamente. Su aliento le rozaba la cara mientras la miraba fijamente, pero los párpados delicados temblaban con los esfuerzos de Pan por evitar los ojos de Trunks. -¿No puedes entender, Pan, que después de desearte con desesperación y quererte para mí, mi temperamento se inflamó al saber que sólo querías usarme por un tiempo antes de abandonarme? No tengo forma de saber si debo confiar en mis sentimientos cuando estoy contigo.
