…..-¿No puedes entender, Pan, que después de desearte con desesperación y quererte para mí, mi temperamento se inflamó al saber que sólo querías usarme por un tiempo antes de abandonarme? No tengo forma de saber si debo confiar en mis sentimientos cuando estoy contigo.
-Lo único que deseo Trunks, es que las cosas mejoren entre nosotros.
Trunks pensativo se sintió como un hombre al que le sacudieran la tierra bajo sus pies. Esa no era la declaración de una mujer egoísta y despreocupada, como la que él estaba convencido de conocer. Sin embargo, aunque tenía la esperanza y la determinación de dejar de lado la abstinencia, no se atrevía a ventilar sus sentimientos todavía, por temor a que ella usara sus encantos para tentarlo más allá de su capacidad de resistir.
-Dentro de muy poco tiempo, iré tras Black –le informó-. Tengo toda la intención de traerlo a él y a otros miembros de su banda ante la justicia. No sé cuánto tiempo estaré lejos.
-Te extrañaré –dijo Pan entristecida en voz muy baja.
-N°18 te hará compañía durante mi ausencia y hará que los días parezcan más cortos.
Temerosa de que se le quebrara la voz, Pan hizo un gesto con los hombros. Amaba a N°18, pero prefería tenerlo cerca a él.
-Voy a estar libre pasado mañana –murmuró Trunks-. Si no tienes nada mejor que hacer, ¿me enseñarías tu idioma?
Ansiosa por tener una oportunidad de pasar un tiempo a solas con él, Pan asintió contra su hombro. Mientras Trunks volvió a extender las mantas sobre sus cuerpos y la acercaba con el brazo, ella se hundió bajo las mantas y se estiró, sin preocuparse de que su camisa dejara los muslos al descubierto. Apoyó una mejilla contra el pecho de Trunks y, con los dedos, comenzó a juguetear con el vello enrulado que crecía alrededor de la tetilla. Frotó la cara contra su pecho y apenas rozó con los labios la protuberancia rosada antes de llevar la cabeza hacia abajo para ocultar una sonrisa. Una vez más apoyó la mejilla contra el pecho de Trunks consciente de su excitación, pero satisfecha de dejarlo en lucha con sus emociones. Al menos podía estar segura de que todavía tenía la habilidad de encender sus pasiones.
Trunks rugió mentalmente y buscó alguna defensa contra su coquetería. Levantó el brazo que la rodeaba y rodó hacia su lado interponiendo entre ellos la barrera de su espalda. Los propósitos de Pan sólo se vieron interrumpidos por un momento. Una vez más se acercó a él, esta vez, colocando sus muslos contra los glúteos desnudos y presionando sus pechos sin ataduras contra la espalda de su esposo.
Con sólo la delgada tela de la camisa entre los dos y todas y cada una de las curvas remarcadas con el propósito de atormentarlo, Trunks quedó privado de todo pensamiento cuerdo excepto uno, y ese era la comprobación de que había sido un perfecto estúpido al imaginar que podía negarse al tesoro que había deseado con tanta ansia.
…..
Era claro que Pan estaba muy entusiasmada con la idea de ver a Trunks en un desfile, estaba a la vez excitada y nerviosa ante la perspectiva de verlo a él y a sus hombres haciendo su demostración delante del zar Piccolo. Deseaba con todas sus fuerzas que cumpliera con sus metas de una exhibición sin fallos, en especial porque había otras tropas de húsares que querían que sus unidades ganaran la distinción de ser las mejores y las más impactantes.
Para placer de su marido, Pan lucía un vestido verde oscuro de tafetán de diseño europeo. Había seguido la costumbre impuesta a las mujeres casadas de su país y se había cubierto el cabello con un gorro envolvente de rico terciopelo que le cubría la cabeza. El efecto era similar a un enorme turbante de sultán adornado con plumas negras y el broche que una vez Trunks le había devuelto. Pan no tenía forma de saber que en unas pocas semanas su creación se convertiría en moda entre las esposas europeas que habían estado allí presentes para admirar el acontecimiento.
N°18 se había sumado al entusiasmo de la audiencia y estaba sumamente vivaz en ánimo y espíritu cuando abandonó el carruaje y se apresuró entre amigos y conocidos que la saludaban. El príncipe Krilin le hizo un gesto con la mano desde lejos y se apresuró a alcanzarla mientas ella, a su vez, trataba de mantenerle el paso a Pan. Al llegar al pabellón donde estaban reunidas las otras esposas y sus familias, la condesa hizo una pausa para respirar profundamente, con gran alivio de las dos mujeres que la seguían sin descanso. Las mejillas rosadas de las tres eran el testimonio de su precipitada caminata por el terreno en el fresco aire de la mañana.
-Debes agradecer que Trunks no estaba aquí para ver tu llegada, querida –exclamó N°18 sin aliento mientras se llevaba un pañuelo de encaje a la mejilla. Aunque el día estaba frío, su rostro estaba teñido de rosado a causa de la prisa.
-Como tú no corrías, N°18 –la reprendió Pan con una risa ligera-. Supongo que sólo me seguías para molestarme y que no tienes un real interés en ver el desfile. Si eso es todo por lo que has venido, tal vez el príncipe Krilin puede entretenerte mientras yo observo la exhibición. –Inclinó la cabeza imperceptiblemente para indicar que él se estaba aproximando hacia ellas.- Allí viene para salvarte de este terrible aburrimiento en que nos hemos metido...
N°18 no pudo más que sonreír ante las ocurrencias de Pan.
-Ni un par de los mejores caballos del príncipe Krilin podría arrastrarme de este acontecimiento, querida. Sabe eso tan bien como yo.
-Por supuesto –respondió Pan con una hermosa sonrisa-. Sólo quería escucharlo de tus labios.
Las dos mujeres se hundieron en una profunda reverencia cuando el príncipe Krilin se unió a ellas. Aun después de varios rechazos gentiles, él no había perdido la esperanza de que algún día la condesa N°18 cediera y aceptara su propuesta de matrimonio. Después de todo, era lo que todos esperaban desde hacía unos años.
-Tantos amigos suyos están allí en el pabellón del zar, N°18. –Las esquinas de su boca se torcieron en una sonrisa mientras le confiaba: -Hasta la princesa Maron se ha cuidado de venir hoy. Creo que está tratando de congraciarse de nuevo con el zar Piccolo. Y a usted le encantaría ver a ese clérigo de Yamcha al que está tratando de vincular con el patriarca Dende. Suceda lo que suceda, será interesante.
-Iré más tarde, Krilin –le prometió N°18 con una cálida sonrisa-. Tal vez después del desfile, cuando no esté tan ocupado presentando a Su Majestad diplomáticos y enviados extranjeros. ¿Podrá esta noche acompañarnos a cenar o debe asistir al banquete para los dignatarios?
-Ay, necesitarán de mis servicios en el banquete. –La miró con esperanzas.- ¿En otro momento, quizás?
-Por supuesto, pero hablaremos más tarde.
Sus ojos oscuros brillaron hacia donde estaba ella.
-¿Después del desfile? –Como ella asintió con un leve movimiento de la cabeza, le tomó la mano y le besó los delgados dedos. –Regresaré a buscarla.
Las dos mujeres sonrieron al observar su partida en medio de gran cantidad de gente. Pan echó una mirada curiosa a N°18, que seguía con los ojos fijos en el príncipe Krilin.
-¿Piensas casarte alguna vez con él?
N°18 suspiró satisfecha.
-Con el tiempo, quizá. Sólo quiero estar segura de que los recuerdos de mi difunto esposo no se interpondrán entre nosotros.
-Por lo que he logrado entrever, dudo que te decepciones con el príncipe Krilin o de su amor por ti.
Los ojos de N°18 danzaron, contentos, al encontrar la mirada de Pan.
-¿Qué dirán los chismosos de mí si eso sucede? ¡Esa terrible N°18! ¡Se casó por tercera vez! ¡Qué vergüenza!
-No hay ninguna mujer de tu edad que no tenga celos.
-Ciertamente le dará a Maron algo de qué hablar. Después de todos estos años, nunca me perdonó haber sido la primera elección de N°17 para esposa.
Pan miró a N°18 con asombro.
-No lo sabía.
N°18 levantó los hombros en un gesto casual.
-No es nada que merezca la pena comentar, Pan. N°17 y yo apenas nos conocíamos, él juró que sería suya. Ofreció a mis padres un contrato de matrimonio, pero ellos lo rechazaron por ser mi medio hermano. Fue así de simple. Nunca ocurrió nada más, y un par de años después Maron y él se casaron.
-Siempre sentí que había una razón intrínseca para que Maron te odiara. Ahora lo entiendo con más claridad.
-¡Buenos días! –El saludo provino de detrás de ellas, y las dos mujeres se dieron la vuelta para encontrar a Angela que les sonreía. De inmediato la vista de la mujer descendió para considerar la elegancia de las otras dos, en especial el estilo tan especial de Pan. Luego con la voz impregnada de desprecio dijo:
-¡Bueno, bueno! Ustedes dos sí que tratan de robarnos la atención de todos los hombres, ¿verdad? No sé por qué no están directamente en el terreno con ellos.
Con toda la gracia que pudo lograr, Pan se volvió a N°18 mientras señalaba con una mano a la mujer de cabellos rojizos.
-Te acuerdas de la señora de Shapner, ¿no es cierto? Fue a tu casa después de la boda.
N°18 inclinó la cabeza como respuesta mientras recordaba los gritos del general Shapner que llenaron la mansión.
-¡Por supuesto! ¿Cómo podría olvidarla? Su marido me hizo buscarla por toda la casa para apresurar la partida. Casi me desmayé del agotamiento al hacerlo y di gracias cuando usted hizo su aparición.
Angela declinó hacer comentarios mientras miraba a Pan con una sonrisa frágil.
-Qué bueno que haya venido a ver a su marido desfilar, Son Pan. ¿O en realidad ha venido a ver a los otros hombres?
-¿Por qué razón lo haría cuando mi marido es el más apuesto de todos? –respondió Pan con una sonrisa rígida mientras juraba en silencio que prefería ser colgada y descuartizada antes de permitir a Angela el privilegio de verla mal en su presencia-. Aunque puedo entender muy bien que sus ojos busquen en otra parte, no hay razón para que yo haga lo mismo.
N°18 tosió con delicadeza detrás de un pañuelo mientras hacía un galante esfuerzo por mantener su compostura. Necesitó un acato de increíble perseverancia para mantener su dignidad, en especial cuando enfrentó la imagen de la mandíbula de Angela cayendo de asombro. La mujer miraba a Pan sin poder creer lo que estaba oyendo.
Transcurrió un momento de incómodo silencio antes de que Angela mirara más allá de las dos mujeres y sonriera de pronto. Se excusó y se retiró con la intención de abandonar el pabellón.
Pan la siguió con la mirada mientras N°18 se acercaba a susurrarle:
-Presiento que Angela te ha dado una justa causa para que actuaras así.
Pan sacudió la cabeza al recordar lo que la mujer había hecho.
-¡Esa mujerzuela sinvergüenza tuvo el coraje de acosar a mi marido en nuestro dormitorio!
-¡Qué mujer más osada! –Los labios de N°18 se torcieron en una sonrisa amenazante-. ¿Y puedo preguntar cómo respondió Trunks a ese avance?
Al detectar el espíritu de la pregunta de la mujer mayor, Pan se relajó considerablemente hasta que sus ojos danzaron de deleite.
-Por suerte respondió de un modo que cualquier esposa aprobaría, y como ninguno de los dos sabía que yo estaba allí, el rechazo me pareció espontáneo.
-Me alegra que Trunks no te haya decepcionado, Pan, pero nunca pensé que fuera a hacerlo. Está bastante enamorado de ti.
Pan replicó encogiéndose de hombros.
-No puedo estar segura de eso por la forma en que las cosas están todavía entre nosotros, pero lo mismo puede decirse de mí. –Observó la mirada asombrada de N°18.- Tenías razón respecto a él, N°18. Todo lo que dijiste era verdad.
N°18 sonrió suavemente.
-Me alegra que estés empezando a creerme.
Una vez más se dieron la vuelta para observar a Angela, que se había logrado abrir camino entre la multitud. Su primera meta pareció ser un boyardo ruso concentrado en mirar a las jóvenes damas que pasaban delante de él. Cuando Angela lo alcanzó y apoyó una mano en su hombro, se dio la vuelta para mirarla.
-¡N°17! –Pan se llevó una mano temblorosa a la garganta mientras recordaba su último enfrentamiento con él. Una imagen de Trunks colgando de sus muñecas le vino a la mente y por un momento fue sacudida por el recuerdo del temor que la había asaltado esa noche.
N°18 levantó sus ojos preocupados hacia el rostro de Pan y vio cómo luchaba su joven amiga por dominar un violento temblor.
-Pan, ¿qué pasa? Parece que acabas de ver un fantasma.
Temblando de un modo incontrolable, como si estuviera desprotegida en medio de un ventarrón helado, Pan continuó mirando al lascivo príncipe, transfigurada por el estupor.
-N°17 habría matado a Trunks por lo que hice, N°18. En mi intento por ganar la libertad del matrimonio con el príncipe Nappa, casi vi la vida de Trunks truncada... todo por mis deseos egoístas.
- Tranquila, Pan –la tranquilizó N°18-. Todo eso pertenece al pasado ahora. Las cosas han salido bien. Debes olvidarte de lo que N°17 trató de hacer a los dos.
Los temores de Pan no podían ser desechados con facilidad.
-No veo ninguna razón para que N°17 esté aquí, excepto para causar daño a Trunks.
-Pero, ¿qué puede hacer, Pan, cuando el zar Piccolo está aquí como testigo de sus maliciosas tretas? –Razonó N°18-. N°17 no sería tan tonto.
-N°17, Tu medio hermano, es tremendamente malvado, N°18. Es perverso y rencoroso, y uno de estos días buscará vengarse de nosotros. No confío en él.
-Tampoco yo, pero eso no significa que vaya a permitir que me robe la alegría. –N°18 la abrazó con afecto y la hizo dar la vuelta hasta que quedó mirando en otra dirección. –No me preocuparía en lo más mínimo de lo que N°17 pueda hacer aquí, donde sería superado por Trunks. No se atrevería a ofender a tu marido cuando hay una posibilidad de que se levante todo un ejército contra él, con el mismo zar Piccolo de comandante.
Pan trató de abandonar sus preocupaciones, pues comprendió la lógica que había tras las palabras de N°18.
-¡Mi niña, mira! –Milk casi saltaba de júbilo mientras señalaba hacia la tropa de jinetes que se acercaban al terreno. Al frente cabalgaba Trunks, resplandeciente con una chaqueta roja con los puños y el cuello verde oscuro y engalanada con galones y cordones dorados. Los pantalones oscuros se metían dentro de un par de botas altas de un negro brillante. Un casco plateado, con una visera corta que le cubría la frente, llevaba una pluma roja que significaba que él era el oficial al mando de esa tropa en particular. La pluma jugueteaba en la ligera brisa matinal y era bien visible, lo que permitía que Pan lo localizara con rapidez cuando cabalgaba a lo ancho del terreno para ir a rendir homenaje al zar.
El corazón de Pan saltó en medio de su pecho cuando las trompetas comenzaron una fanfarria. En el siguiente instante los instrumentos se quedaron en silencio y el ronroneo sordo de los tambores empezó con suavidad. Luego el volumen creció a niveles increíbles para después apagarse hasta convertirse en vibraciones que se adaptaban a la perfección al avance repentino de la primera unidad de caballería sobre el terreno. Los húsares montados cabalgaban, no como individuos separados, sino al unísono, como si fueran un solo cuerpo en perfecta armonía con sus caballos. Seguros sobre sus sillas, realizaban un laberinto de maniobras que capturaron por completo la atención de Pan que observaba cautivada cómo la tropa se separaba para rodear el terreno en direcciones opuestas, luego cabalgaban a través del campo, cruzándose con los de la línea opuesta antes de volver a unirse en una muestra asombrosa de habilidad. Un momento después los jinetes volvían a dividirse, esta vez en columnas. Después de otro recorrido circular por el campo, se fundían en una sola línea. Y seguían cabalgando para fascinación de todos los que estaban viéndolos, arrancando aplausos y suspiros de admiración hasta de los más reticentes.
El estremecimiento de Pan se intensificó poco después de que la tropa comenzó a realizar sus maniobras cerca del pabellón donde estaban las esposas.
-¡Magnífico! –comentó N°18, poniendo en palabras los
pensamientos de su amiga más joven.
-Sí, lo es, ¿no es cierto? –murmuró Pan completamente abstraída en la imagen de su apuesto marido que lideraba la procesión. Con una certeza repentina, supo que ninguno de los otros regimientos serían capaces de atrapar el corazón del zar más que la tropa de Trunks.
Las esquinas de los labios de N°18 se torcieron hacia arriba al ver a su acompañante.
-Estaba hablando de la exhibición en general, Pan, no de tu marido en particular. Pero debo reconocer que él también es magnífico.
Las mejillas de Pan se cubrieron de un profundo rubor al mirar con cierta vergüenza a su amiga, pero la risa de N°18 era cálida y contagiosa. La felicidad de Pan ya no podía ser contenida por más tiempo y las dos mujeres se dejaron llevar por ella hasta lo máximo.
La princesa Marron se apresuró a unirse a ellas cuando la unidad de Trunks abandonó el terreno y otra tropa de caballería hizo su entrada para hacer su exhibición ante el zar.
-¿Qué te dije, Pan? ¿No es magnífico tu marido?
N°18 y Pan volvieron a disolverse en risas que Marron no pudo comprender hasta que su amiga se tomó un momento para explicarle que justamente había estado hablando de ese mismo tema.
-Hay muchas mujeres aquí que tienen la misma opinión –confió Marron-. Verás un buen ejemplo cuando esto termine. ¡Ellas adoran al coronel Brief!
Pan se sintió en cierto modo perturbada por la predicción de la princesa.
-¿Más del tipo de Angela?
Marron colocó un par de dedos atravesando sus labios sonrientes y, mientras miraba a su alrededor de reojo, se acercó a su amiga para susurrarle:
-¡Más sutiles, espero!
-¿Qué piensas que debo hacer para dejar claro mis derechos? – preguntó Pan, respondiendo con humor a la animación de su amiga.
-Oh, ¿tu marido no te dijo? –preguntó Marron con amigable entusiasmo-. Le presentarás algún distintivo. Se ha convertido en una tradición privada entre las esposas, de ese modo decepcionarás a todas las otras mujeres que quieren a tu marido para ellas. Muchas son conscientes de que en el pasado no llevaba los distintivos de una dama. Tal vez no estén enteradas de su matrimonio y traten de ofrecer los suyos como consuelo.
Los ojos de Pan se nublaron con una repentina preocupación.
-Pero Trunks no me lo dijo y no tengo ningún distintivo que darle.
Pensativa, Marron revisó el atuendo de su amiga y notó la elegante bufanda verde bordada que llevaba bajo el cuello alto.
-Si no tienes nada mejor, estoy segura de que esto será suficiente. Es hermosa.
Una sonrisa iluminó el rostro de Pan, que se quitó la prenda de seda y se cerró el cuello con modestia para esconder la garganta. Marron asintió y pasó un tiempo antes de que Trunks cabalgara hacia el pabellón con los otros hombres. Varias mujeres jóvenes lo rodearon cuando desmontó y lo elogiaron con profusión por sus habilidades de jinete. Su adoración se extendió a palmadas de felicitación en su espalda o caricias en las mangas con la esperanza de demorarlo, y como Marron había predicho, algunas tenían bufandas en la mano y estaban ansiosas por ofrecerlas, pero Trunks sólo deseaba liberarse de su atención y, con cortesía, agradeció a las mujeres y siguió su camino. Se quitó el casco y se dirigió hacia donde Pan lo esperaba con una radiante sonrisa.
-Me han dicho que es costumbre entre las esposas entregarle a sus maridos sus distintivos –murmuró Pan con calidez-. ¿Me honrarías aceptando el mío?
Trunks le presentó el brazo para que atara allí la bufanda mientras le daba una pronta respuesta.
-El honor es mío, Pan.
Los ojos de Pan transmitían tal admiración que Trunks tuvo que recordarse que debía respirar.
-Fue emocionante saber que estabas aquí mirándome.
N°18 rozó el brazo de Pan y le susurró una advertencia.
-Maron viene con ese clérigo, Yamcha. Parece muy disgustada.
Molesta por la interrupción, Pan se dio la vuelta en el momento en que la mujer subía al pabellón. La delgada mandíbula de la princesa estaba rígida. Se detuvo delante de Pan con una mirada gris que pretendía penetrar con la misma eficiencia que dos punzones de acero.
-En el mismo minuto en que me marché, comenzó a jugar sus estúpidos juegos para avergonzarme delante del zar. No me habría alejado de Moscú si hubiera sabido lo que estaba tramando en mi ausencia.
Marrón la interrumpió con cautela.
-Esto en realidad no me concierne, de modo que mejor iré a buscar a mi marido Ubb que debe estar con mi padre. –Apretó la mano de Pan para darle aliento y, mientras la besaba en la mejilla, le susurró:
-Maron está furiosa porque lograste escapar de su plan de que te casaras con el príncipe Nappa.
Marrón dio un paso atrás y casi tropezó con Yamcha, que estaba parado muy cerca de ella con la intención de escuchar lo que estaba diciendo. El clérigo mostró su obvio disgusto cuando Marrón lo miró sorprendida, luego con una excusa apresurada la joven princesa se marchó.
-Otra de sus amigas sin cerebro, supongo –observó Yamcha con desprecio, mirando por encima de su hombro a Marrón que se alejaba. Al darse la vuelta, fijó su mirada en Pan que hacía su protesta.
-¡No se puede considerar que la princesa Marrón no tenga cerebro, señor! ¡Tampoco es usted quién para juzgar la sabiduría de otros cuando no tiene idea de lo que significa esa palabra!
-¿Y usted sí puede emitir ese juicio? –la desafió Yamcha, mientras Trunks lo observaba a punto de perder la paciencia-. ¡Yo sé lo que es! ¡Lo supe todo el tiempo! ¡No es más que una sucia perra!
El brazo de Yamcha quedó atrapado en una garra de hierro, lo que arrancó un grito repentino de él que miró hacia arriba para encontrar los ojos azules de Trunks.
-Ten cuidado, escuerzo –rugió Trunks-. Alguien puede verse tentado a quebrar ese delgado cuello y hacerle un gran favor al mundo. En otras palabras, pequeñín, si no puedes mantener tu lengua dentro de los límites de la cortesía cuando hablas con mi esposa, me veré obligado a hacerlo yo mismo.
