-Ten cuidado, escuerzo –rugió Trunks-. Alguien puede verse tentado a quebrar ese delgado cuello y hacerle un gran favor al mundo. En otras palabras, pequeñín, si no puedes mantener tu lengua dentro de los límites de la cortesía cuando hablas con mi esposa, me veré obligado a hacerlo yo mismo.

Trunks soltó a Yamcha que tenía los ojos extraviados y le tomó la mano a Pan.

-Su Majestad me ha pedido que te lleve a su pabellón antes de que nos dediquemos a las celebraciones que se realizarán después de la exhibición. –Miró por un instante a Maron y le hizo un gesto cortante con la cabeza-. Si nos disculpa, princesa. El zar se estará preguntando dónde estamos.

-Voy con vosotros –anunció N°18 -. El príncipe Krilin quería que me uniera a él y como el aire se ha vuelto bastante denso aquí, he decidido buscar un lugar más agradable. –N°18 sonrió mientras encontraba la mirada de Maron, luego, con un elegante movimiento de cabeza, siguió a sus amigos que se dirigían al pabellón real.

El zar Piccolo estaba con el mariscal de campo cuando llegaron los tres, pero se apresuró a dejar al hombre para concentrar su atención en Trunks y Pan.

-¡Estoy feliz de ver lo bien que están los dos! ¡De verdad! ¡El matrimonio parece sentarles de maravilla! –Sus ojos oscuros brillaron mientras hacía una breve pausa para contemplar a Pan. –Parece bastante feliz, Son Pan, ¿Todo está bien?

-Muy bien, Majestad –afirmó con una sonrisa tímida.

Piccolo giró la cara un poco hacia donde se encontraba Trunks.

-Debo decir que nunca he visto una exhibición mejor de tu parte, Trunks. De hecho, parecías de muy buen ánimo mientras estabas allí en el terreno. –Una sonrisa amenazadora torció las esquinas de sus labios. – En realidad, aunque he estado asombrado por anteriores muestras de su tropa, me preguntaba qué te habría motivado tanto hoy a superar tus exhibiciones pasadas. Pero tuve oportunidad de ver cómo mirabas al otro pabellón, y entonces comencé a comprender la razón...

Las facciones bronceadas de Trunks se oscurecieron aún más mientras luchaba por someter un profundo rubor.

-Mis más humildes disculpas, Su Majestad, si parecía distraído...

Piccolo se apresuró a levantar una mano para detener la disculpa.

-Agradezco con todo mi aprecio la razón que haya alentado esa incomparable perfección en su desempeño, coronel Trunks. Usted ha logrado el absoluto deleite de mi persona y de mis invitados más allá de lo que esperaba, que ya era mucho. –Pensativo se llevó un dedo a los labios mientras trataba de frenar su buen humor-. No me molestaría si en el futuro permite que esa particular inspiración lo siga alentando. Su animación redunda en mi beneficio.

Trunks respondió con una reverencia.

-Agradezco su gentil indulgencia, Su Majestad Piccolo.

-Tal vez otro día debamos discutir su última petición. Estoy seguro de que querrá reconsiderarla.

Los ojos de Trunks bajaron por un momento mientras atravesaba un momento de dolor. Después, respiró profundamente, cuadró los hombros y confesó:

-Usted me entiende mejor que nadie, Su Majestad. Me sentiría muy complacido si perdonara mi impertinencia y permitiera que me retractara de mi petición.

-¡Por supuesto! –Piccolo presentó una ancha sonrisa.- Estaba seguro de que con el tiempo querría volver a considerarla.
…..…

A la mañana siguiente Pan dejó a Trunks dormido mientras ella y Milk hacían uso de la sala de baños en la planta baja para su aseo matinal. Era evidente que Trunks necesitaba mucho descanso, considerando las largas horas que había dedicado al entrenamiento de sus hombres y la preparación de la campaña que se llevaría a cabo fuera de la ciudad. La mansión había estado llena de visitantes la noche anterior y, en medio del festín, Pan no había podido encontrar un momento a solas con su marido, pues los invitados se habían negado a que los abandonara hasta la madrugada, y por una vez ella había sido la que se quedó dormida esperándolo en la alcoba.

Trunks se despertó de su sueño un par de horas después y, al darse cuenta de que el lugar a su lado estaba vacío, se levantó de la cama antes de darse cuenta de que Pan estaba sentada en una silla cerca de la ventana. Por un momento la observó, deleitándose con la visión. Estaba vestida con una bata de tonos suaves y estaba ocupada remendando un par de pantalones que se habían desgarrado durante uno de los ataques de práctica que había realizado en esos días.

-Buenos días –murmuró.

Pan admiró su largo torso desnudo mientras su mirada subía para encontrar su atractiva sonrisa.

-Buenos días.

Trunks se pasó los dedos por el cabello, en cierto modo avergonzado por levantarse tan tarde.

-No sabía que podía dormir tanto.

Pan hizo a un lado los pantalones remendados, se levantó, y con una sonrisa fue hasta la puerta.

-Le dije a Milk que le haría saber cuándo despertaras para que Pares pudiera enviarte algunos alimentos.

Abrió la puerta y llamó a su querida ama de llaves, que vino con suma rapidez. Mientras ella se ocupaba de estas cosas, Trunks entró en el vestidor, donde envolvió una toalla alrededor de las caderas y lavó su rostro en preparación para afeitarse los pequeños puntos de la barba que se asomaban.

-Creo que es el momento de dedicarme a enseñarte un poco de ruso – le dijo Pan desde el dormitorio-. ¿Estás de acuerdo?

Trunks se asomó a la puerta y apoyó la mano en el marco mientras sus labios se estiraban en una sonrisa ladeada.

-Me estaba preguntando cuándo lo harías. He estado esperando.

-No has estado mucho tiempo aquí como para que hablemos, mucho menos para que pueda darte algunas lecciones.

-Aquí estoy ahora –declaró, observando con suma atención su cuerpo apenas cubierto que se movía por la habitación-. Y prometo solemnemente ser el más voluntarioso de los alumnos.

Pan se preguntaba si había, por fin, causa para tener sospechas acerca del verdadero significado de la sonrisa que le torcía los labios. Se acercó a él y le quitó la cuchilla de la mano.

-Ya khachu pabritsa –dijo, pronunciando las sílabas con cuidado, obligándolo a repetir mientras lo hacía sentar en una silla. Apoyó el borde afilado contra la mejilla, quitando el jabón que había aplicado mientras él la miraba de reojo tratando de seguir todos sus movimientos. Ella volvió a decir la frase mientras se acercaba a él y quitaba el jabón que quedaba en la mandíbula-. Ya khachú pabritsa. Quiero afeitarme. Ahora repite.

-Ya khacha pabritsa

-¡Chú! –Le tomó el mentón con firmeza en la mano y, levantándoselo, lo forzó a mirarla de lleno en la cara. –Ya khachú pabritsa. Dilo bien esta vez.

-Ya khachú pabritsa.

Pan sonrió, limpiando el resto del jabón.

-¡Excelente!

Trunks observó cómo dejaba a un lado la navaja y luego levantó una ceja dudosa al verla tomar unas tijeras, que llevó amenazadoramente cerca de su cabeza. Sus ojos pestañearon cuando ella cortó el aire y él alejó la cabeza.

-Ya khachú pastrischsa. Quiero un corte de pelo.

-¿Cómo se dice no quiero un corte de pelo? –preguntó con sequedad.

Una risita puntualizó la respuesta de Pan.

-Nie nada pastrichsa.

-Nie nada pastrichsa.

-¡Cobarde! –lo acusó en medio de risas mientras deslizaba los dedos a través de los bucles y los sacudió con vigor. Con un gruñido juguetón, se levantó de la silla empujándola con las manos mientras se ponía de pie.

Pan chilló de alegría y se aferró con las manos en su espalda, mientras trataba de enderezarse, pero Trunks la hizo girar por la habitación hasta que todo empezó a dar vueltas a su alrededor. Se detuvo entonces y la levantó por encima de su cabeza antes de dejar que se deslizara despacio por su cuerpo. La toalla se aflojó y antes que los pies de Pan llegaran al piso, los lazos de su bata se desataron permitiendo que la prenda se abriera. Las caderas de Pan descansaron sobre las de él con resultados asombrosos, y de repente, ella se encontró mirando a las facciones cinceladas de Trunks mientras él se detenía en los pechos desnudos de su esposa. Ella esperó sin respirar por la anticipación, pues quería que él la tocara, quería sentir su cálida boca contra su piel. No podía leer los pensamientos de Trunks y se preguntaba si una vez más terminaría paralizado por la guerra que se llevaba a cabo dentro de él. Con la esperanza de arrastrarlo lejos de ese conflicto, se deslizó fuera de la bata con languidez y movió su cuerpo en una ondulación hipnótica, contra su cuerpo de él. Al sentir la excitación palpitante de Trunks, le rodeó el cuello con los brazos, y, como jugando, frotó sus senos de manera sensual contra el pecho desnudo mientras se estiraba para rozar los labios en los de él.

-¿Cuándo me harás el amor, Trunks? –susurró con suavidad contra su boca-. ¿Cuándo me tocarás... o dejarás que te toque? No podemos seguir así... soy una mujer y tú eres mi marido...

Un ligero golpe en la puerta interrumpió el instante, y, sorprendido, Trunks levantó la vista y frunció el entrecejo a la ofensiva puerta.

-¿Quién es? –rugió, tenso.

-Soy yo, Milk –prosiguió-. He venido con sus alimentos, pero hay un mensajero esperándolo abajo. Dice que su explorador ha regresado con la noticia de que ha encontrado el campamento de Black y quiere hablar con usted de eso. Quiere saber si su explorador debe venir aquí o si usted pasará por los cuarteles hoy.

Trunks sopesó sus posibilidades: odiaba partir en ese momento en que todo estaba madura para consumar el matrimonio, pero sabía que Shu estaría agotado después de su regreso a Moscú. Demoraría la unión nupcial por lo que parecía poco tiempo más.

-Dile al mensajero que iré para allá a hablar con el explorador.

Tomó a Pan y la hizo dar otra vuelta en círculo. Luego la miró y le dio un exuberante abrazo antes de apoyarla en el piso. Le sonrió, se inclinó para acariciarle la boca con un beso ardiente y se dirigió al vestidor para vestirse como correspondía. Cuando regresó al dormitorio, recogió su espada y la puso en su cinturón. Casi sentía pena al ver que Pan, decepcionada, se había vuelto a colocar su bata. Esta vez, sin dudar, le acercó la espalda contra el cuerpo de él y deslizó una mano dentro de la bata para atrapar un seno redondo, deteniendo el aliento de Pan en el éxtasis de esa caricia.

-Regresaré esta tarde tan pronto como pueda –le susurró al oído, enviándole escalofríos a sus sentidos excitados-. ¿Me esperarás?

Pan asintió y apoyó una mano sobre la de él mientras se recostaba contra su cuerpo.

-Por favor Trunks, apúrate.

Trunks la hizo dar la vuelta y la apretó entre sus brazos. La besó con pasión sin retener nada. La dejó desfallecida por la febril intensidad de su beso, pero con la esperanza palpitando en su corazón, Pan sonrió, y unos pocos momentos después, lo saludó desde la ventana desde donde observaba su partida.

El júbilo de Pan parecía demasiado grande para guardárselo para ella misma y hasta las primeras horas de la tarde pasó su tiempo levantando el ánimo a casi todos los habitantes de la casa. Tarareaba una melodía, corría por los pasillos, y cada tanto se detenía para hacer intrincados pasos de una danza folclórica. Era una delicia verla y escucharla. N°18 se sonreía e intercambiaba señas con Milk, pues estaba segura de que todo iba sobre ruedas en la familia Brief Son.

Pero en ese instante de ligera alegría, pronto aparecieron las brumas oscuras de la tristeza para alejar la excitación de Pan y su aspiración de un futuro brillante. El temido mensajero asumió la forma del comandante Ten Shin Han, que después de ver pasar a Trunks en la plaza y, después de haber considerado el asunto durante varias horas, decidió que el tiempo estaba maduro para informar a Pan de las intenciones de su marido. Por lo tanto, Ten se presentó en la mansión y pidió con cortesía un momento de intimidad en el cual pudiera hablar con Pan. Se le permitió la entrada y luego fue conducido por un sirviente para que esperara en un área abierta del vestíbulo principal hasta que ella estuviera disponible. Un momento después, Pan entró en la habitación y se acercó con gracia a extender la mano en señal de bienvenida al comandante, que la tomó con ansiedad y depositó un beso en su piel pálida.

-Qué gusto volver a verlo –murmuró con una sonrisa. Luego señaló un mirador desde donde podían ser observados pero no escuchados, y lo condujo hacia allí- Confío en que esté bien.

-Bastante bien –replicó Ten Shin Han, saboreando su belleza acentuada por los delicados rayos de luz que atravesaban los paneles traslúcidos de mica-. Últimamente he estado muy perturbado por su matrimonio y no he tenido el ánimo para buscar solaz en la compañía de otra mujer.

-¡Oh, pero debió intentarlo, Ten Shin Han! –lo alentó Pan-. Nunca podrá haber nada entre nosotros y lamentaría mucho verlo tan entristecido por mi matrimonio con el coronel Trunks Brief.

-¿Cómo puede ser feliz con él?

La pregunta tomó a Pan de sorpresa. Aunque algo dentro de ella le advertía que no debía pedirle que se explicara, lo miró, confusa, alentando a Ten Shin Han a continuar.

-¿El la trata como un esposo debe tratar a su mujer?

Escogió las palabras con cuidado para fingir una respuesta casual.

-¿Y por qué no? Yo soy su esposa.

Ten se apresuró, temeroso de que Trunks hubiera cedido a la irresistible tentación de su belleza.

-Su esposo dijo al zar Piccolo que se mantendría lejos de usted hasta el momento en que regresara a Inglaterra y luego cometería la afrenta de pedir a Su Majestad Imperial que le otorgara la anulación del matrimonio.

-Usted debe de estar equivocado... –comento Pan, sintiendo que la inundaba una profunda frialdad.

-¡Lo escuché yo mismo! –insistió él.

-¿Por qué ha venido a decirme esto ahora? –le preguntó Pan con el corazón retorcido de dolor-. ¿Cuál es su propósito?

El comandante Ten Shin Han detectó el tono de irritación en su voz y se apresuró a calmar su desconfianza.

-Vine aquí a asegurarle mi lealtad en caso de que eso ocurriera. Si usted me aceptara, estaría muy honrado de intercambiar los votos con usted cuando su actual matrimonio se disuelva. Quiero valorarla como una esposa debe ser valorada.

Pan giró para enfrentar la ventana mientras luchaba por contener una violenta erupción de lágrimas. Las razones de la contención de Trunks ahora estaban dolorosa, horriblemente claras. Había tratado de deshacerse de ella y de su matrimonio antes de regresar a Inglaterra. Ella iba a ser desechada como esposa y sería olvidada tan pronto estuviera en las islas de su patria.

- ¿Cuánto tiempo piensa él quedarse aquí? –le preguntó con acidez por encima del hombro.

-Poco más de tres años... hasta que termine con sus obligaciones.

-Gracias por advertirme, Ten Shin Han–dijo Pan con una voz apenas audible-, pero como todavía falta mucho tiempo no puedo prometerle mi mano, pues no sé qué va a pasar hasta entonces. Los dos debemos esperar y ver qué nos depararán los años. Tal vez usted se enamore de otra y lamente el día en que me hizo esta promesa.

-¡Jamás! –gritó Ten enfáticamente.

-Sin embargo, lo mejor es esperar hasta el día en que el coronel Brief se vaya. No quiero que él piense que soy infiel a los votos que intercambiamos hasta que estos sean sometidos a dura prueba.

-¿Se mantendrá fiel a esos juramentos cuando sabe que no significan nada para él? –preguntó asombrado Ten.

Pan lo miró con toda dignidad que pudo conseguir.

-Tiene mucho tiempo para cambiar de opinión. No querría poner en peligro esa posibilidad.

-¿Pero, por qué? –insistió Ten, incapaz de entender-. Estoy seguro de que otra mujer, después de escuchar lo que acabo de revelarle, se sentiría tremendamente ofendida.

Pan replicó encogiéndose de hombros.

-Tal vez Trunks habló guiado por el resentimiento que le causó la herida que le infligí. –Sus labios se curvaron en una triste sonrisa mientras agregaba:-Tal vez porque lo amo demasiado como para abandonar la lucha cuando apenas ha comenzado.

Los hombros de Ten cayeron en señal de derrota, e incapaz de encontrar un argumento eficaz para destruir sus esperanzas, se dirigió hacia la salida sin haber recibido el menor aliento de parte de ella para regresar a esa casa.

Ten salió y estaba en el proceso de partir cuando se dio cuenta de que se había demorado demasiado para tomar la decisión inicial de venir, pues ahora veía que Trunks estaba cabalgando por el camino que llevaba a la mansión. Aunque se apuró a montar y hacerse al sendero antes de que él lo alcanzara, su prisa incentivó a Trunks a acercarse con más rapidez

-¡Comandante Ten Shin Han! –Trunks apretó los dientes mientras lo saludaba con una sonrisa forzada.- ¿Qué lo trae por aquí? ¿Debo suponer que tiene algún recado del zar, o que se ha tomado la licencia de visitar a mi esposa durante mi ausencia? Estoy seguro de haberlo visto antes en la plaza y ahora se me ocurre que usted se detuvo y me vio pasar. ¿Qué debo pensar? ¿Ha venido a mis espaldas a reclamar el tiempo de mi esposa para usted?

Ten se puso rojo de una rabia mal reprimida, y después de la decepción sufrida con Pan, no estaba de ánimo para sentirse bien dispuesto hacia él.

-Vine a ver a su esposa, pero ¿qué le importa eso a usted? ¿No se sentiría aliviado si alguien la sacara de sus manos?

Trunks se lanzó del caballo y sujetó las riendas al poste, luego caminó alrededor del caballo y observó con detenimiento a su rival.

-Podemos arreglar este asunto aquí y ahora, comandante Ten, si su intención es tratar de sacármela de las manos. –Se burló con desprecio.- En el pasado se ha mostrado bastante ansioso y ha proclamado su objetivo cada vez que daba la espalda. Esta vez lo solucionaremos frente a frente.

-El asunto ya está arreglado –declaró Ten cortante-. La dama prefiere creer que usted no la abandonará antes de regresar a Inglaterra.

Las cejas de Trunks se elevaron por la sorpresa hasta que recordó que Ten Shin Han había estado en el palacio cuando él había manifestado su estúpida petición al zar Piccolo y era obvio que Pan ya sabía todo sobre el pacto también.

-Tal vez mi intención sea hacerle el amor en cada oportunidad que tenga y mantenerla tan gorda con niños en el vientre que usted no tenga oportunidad de volver a interferir. Ahora, váyase de aquí antes de que lo convierta en una masa sanguinolenta.

Ten Shin Han no se dejaba atemorizar con tanta facilidad.

-Sólo quiero advertirle, coronel Brief, si usted no la quiere, hay otros que sí, y si escucho un rumor de que usted la trata mal, lamentará el día en que vino a Rusia. ¿Le queda claro?

-Será un día helado en el infierno, amigo mío, el día que usted escuche esos rumores –vociferó Trunks.

-¡Mejor! –Asintió Ten-. Entonces tal vez usted viva para regresar a Inglaterra.

Con eso, Ten Shin Han tomó las riendas y espoleó al animal para que saliera al galope. Trunks lo miró irse y, con una maldición susurrada, giró sobre sus talones para dirigirse a la mansión. Como no encontró ninguna evidencia de la presencia de Pan en la planta baja, fue a buscarla a su dormitorio. Las puertas rebotaron contra la pared por la fuerza con la que las abrió y cerró, y con un gesto de sorpresa, Pan se apartó de la ventana limpiándose las lágrimas que corrían por sus mejillas antes de mirar a Trunks.

-El comandante Ten Shin Han estuvo aquí –dijo Trunks mientras la miraba como cuestionándola.

-Vino a ver cómo estaba –replicó Pan con sumo cuidado. Al ver que la intención de Trunks era discutir en profundidad la visita del otro hombre, se dirigió hacia la puerta abierta-. N°18 demoró la cena hasta que llegaras y está esperándonos abajo.

Trunks trató de refrenar su impaciencia, pues sabía que ese tema debía ser discutido en la intimidad de su alcoba y no ventilado delante de otros. Levantó su brazo y se lo ofreció a Pan que apoyó la mano en la manga.

- Pareces hermosa esta noche, Pan –murmuró en un esfuerzo por romper el silencio.

-¿Si?

-Casi tan hermosa como el día que fuiste al palacio a pronunciar los votos conmigo.

Pan le respondió distante.

-Ni siquiera me di cuenta de que hubieras notado que estaba allí. Parecías tan molesto por todo el asunto, hasta esperé que hicieras detener la ceremonia antes de que terminara.

-Estaba muy molesto.

-Supongo que todo hombre odia ser obligado a concretar un matrimonio que aborrece.

-Yo no aborrezco este matrimonio, sólo las circunstancias que lo produjeron.

-¿No te gustó que alentara tus apetitos, Trunks? Creo recordar que ya estaban excitados.

Su distancia no se disipó durante la cena, y sin saber cómo reparar el daño sin que sus palabras parecieran triviales, Trunks se encontró descendiendo en un oscuro estado de ánimo mientras observaba a Pan. Llenó su copa varias veces y no comió casi nada. La mayor parte del tiempo ignoró los intentos de N°18 de sacarle conversación y su mirada casi no se apartaba de Pan.

Aunque los otros hombres podrían haber mostrado ciertos signos de estar afectados, Trunks parecía frío y sobrio cuando se excusó ante N°18 por retirarse temprano a su dormitorio y escoltó a Pan escaleras arriba. Mientras Milk ayudaba a Pan a vestirse para dormir delante de la estufa de su habitación, él se quitó la ropa en el vestidor y regresó al cuarto principal con una pesada bata. Se acomodó en una silla y observó cómo Milk cepillaba la larga cabellera de Pan y supo que la hostilidad de ella no había disminuido ni un poco cuando le pidió a Milk que le trenzara el cabello.

-Lo prefiero suelto –declaró con sequedad, despidiendo a la mujer mayor.

Pan respondió a la mirada interrogante de Milk con un movimiento de cabeza y esta se marchó cerrando la puerta detrás de ella. Ahora que había logrado la intimidad que había estado buscando, Trunks se acercó a Pan y trató de tomarla entre sus brazos, pero ella lo esquivó y fue a ubicarse en el pequeño escritorio que estaba cerca de la ventana. De un cajón tomó un pequeño libro de sonetos encuadernados en cuero que pretendía leer antes de dormir.

-El comandante Ten Shin Han estuvo aquí. –Trunks retomó la conversación donde la había dejado sin encontrar ninguna señal alentadora de parte de Pan.- ¿Es tu costumbre entretener a otros hombres mientras estoy lejos?

-Nunca estuvimos en realidad a solas –explicó Pan sin siquiera mirarlo-Todo el mundo que pasara por la puerta podía vernos...

-Obviamente el comandante Ten considera que está enamorado de ti – interrumpió Trunks-. Si le dieras la oportunidad, no dudaría en llevarte a su cama. Parece de lo más dispuesto.

Pan sintió el filo de su sarcasmo y, con la esperanza de evitar otro enfrentamiento con él, se levantó descalza de puntillas para apagar la vela que ardía sobre el escritorio. La había herido y necesitaba un tiempo para adaptarse a las novedades antes de tomar una decisión.

-El comandante Ten Shin Han ha sido un buen amigo en el tiempo que hace que lo conozco, Trunks. Si no fuera por él que advirtió al zar Piccolo de las intenciones de N°17, no estarías hoy aquí, al menos no como hombre entero.