"Si no fuera por él que advirtió al zar Piccolo de las intenciones de N°17, no estarías hoy aquí, al menos no como hombre entero".

-Parece de lo más dispuesto –Trunks volvió a declarar con énfasis, siguiéndola detrás.- Como estaba yo. –Rió secamente. –Me mostré tan dispuesto que pensaste que estaba bien usarme para tu pequeño juego. No tuviste ningún problema en dejarme tocar tus suaves pechos. ¿Lo usarías a él para tus propósitos... y lo dejarías deseando lo que ahora me estás negando?

Pan giró para enfrentarlo y por primera vez Trunks pudo observar una furia de la cual no la creía capaz. Cuando miró esos enardecidos ojos oscuros, se dio cuenta con asombro de que hasta ese momento había controlado muy bien sus emociones o no había tenido razón para desplegar su temperamento. Siempre había sido tan agradable en sus modos, inclusive cuando él la había provocado con deliberación, que nunca había esperado que reaccionara así.

-¡Yo no te he negado nada! –le gritó-. ¡Tú pusiste las barreras entre los dos para así poder reclamar tu libertad al regresar a Inglaterra! Después de establecer los límites ¿ahora quieres que te reciba con los brazos abiertos? Si tu intención es irte de aquí sin vínculos, ¿cómo puedes echarme la culpa por negarme esta noche? ¿Cómo puedes esperar otra cosa? Nunca me quisiste, ni quisiste la carga de este matrimonio. Aunque pronunciaste los votos no asumiste un compromiso honesto conmigo, ¡al menos no en tu corazón y en tu cabeza! Así que no tienes ningún derecho a cuestionarme. ¡No tienes derecho a jugar al marido celoso! Y en ese aspecto, no veo nada de malo en aceptar la compañía del comandante Ten Shin Han cuando has mostrado no tener interés en tenerme como esposa. El escuchó tu galante petición de liberarte de este matrimonio cuando estuviste delante del zar Piccolo, así que vino a pedirme que me case con él cuando tú te marches.

-¡¿Eso hizo?! –la demostración de furia de Trunks era algo que Pan nunca había visto antes, y esta vez fue ella la que se quedó atónita. El avanzó hacia ella con el rostro distorsionado por la rabia, y ante la ira descomunal de él, Pan no pudo hacer nada sino trastabillar temblando de miedo-. ¿También probaría tus dones antes de pronunciar los votos y me engañarías mientras yazgo de deseo por ti en nuestra cama? – rugió-. ¡Maldición! ¡Eso no sucederá! ¡No permitiré que ningún hombre derrame su semilla en mi mujer a mis espaldas!

Pan se quedó sin aliento de la indignación y su mano se estrelló en un furioso golpe contra la mejilla de Trunks.

La cabeza de Trunks salió despedida hacia un lado por el impacto y, cuando volvió a mirar a Pan, sus ojos, tenían un fuego nuevo bajo las cejas. Los orificios nasales se separaron y los músculos de sus mejillas se tensionaron.

-El comandante no podrá reclamar sangre virgen entre tus muslos-vociferó Trunks. Extendió la mano y tomó la parte superior de su camisa, y con un solo tirón la desgarró por completo.

Pan contuvo el aliento y trastabilló de sorpresa. Por un breve instante se miró los pechos pálidos que brillaban a la luz de la vela, luego trató de huir, pero Trunks le sujetó un brazo detrás de la cintura para impedirle el escape y la obligó a mirarlo acercándola contra su cuerpo. Sus ojos ardieron en los de ella por un segundo, y de inmediato su boca se hundió en la de ella en un beso exigente que la conmovió hasta lo más íntimo de su ser. Aunque ella intentó liberarse, no pudo moverse dentro de su feroz abrazo. Tampoco pudo apartarse de la invasión que sufría su boca por una lengua que exigía una respuesta. El beso se hizo más profundo, partiéndola en un brutal ataque que anunciaba su verdadero propósito. Ninguna protesta serviría contra esa pasión que lo consumía, pero cuando su cabeza bajó y sus besos bajaron, el fuego comenzó a salirse de control. El mundo de Pan empezó a dar vueltas a medida que la boca ávida se acercaba a sus pechos. Trunks le quitaba el aire de los pulmones con cada caricia de la lengua hasta que ella se retorció en su abrazo, sin saber si buscar su libertad o acercarse al rostro de su amado.

Trunks se incorporó y, abriéndose la bata con una mano, se deshizo de ella con un movimiento de hombros. Empujó la camisa que descansaba en los hombros de Pan hasta que cayó al piso, luego sus ojos siguieron la guía de sus manos que recorrían el cuerpo de ella, reclamando cada curva, cada colina, cada depresión, el pico más alto, el valle más profundo, encendiendo sus sentidos aunque ella seguía negándose a esa posibilidad.

Sus orificios nasales se ensancharon cuando se inclinó y la tomó entre sus brazos. En dos largos pasos estaba en la cama. La apoyó entre las almohadas y cubrió su cuerpo delgado con besos fervientes. Un temblor se apoderó de Pan provocado por el frío de las sábanas y la corriente de aire que se formaba en la habitación. Al percibir el frío, Trunks se incorporó sobre una rodilla en el borde de la cama y, estirándose, alcanzó las pesadas cortinas que colgaban alrededor y las corrió para impedir que el aire helado perturbara los cuerpos desnudos. Los largos tendones de sus brazos y sus piernas se flexionaron en el movimiento traicionando sus fuerzas. En ese momento, Pan lo percibió en toda su magnificencia como el amante de las fábulas, ese que ansiaban todas las mujeres. Nadie que lo mirara podría negar sus hermosas facciones o la forma en que su cuerpo alto y musculoso complementaba su uniforme, sin embargo sólo una mujer que tuviera una relación íntima con él podría apreciar por completo la forma en que su ancho pecho se reducía a una delgada y musculosa cintura y sus caderas, estrechas terminaban audazmente en sus partes masculinas. Aunque lo miraba con cierto asombro, Pan se dio cuenta de que estaba ansiosa y temerosa de lo que estaba a punto de pasar. Sin embargo, una extraña excitación la hacía temblar ante la idea de convertirse en su esposa de hecho además de derecho.

En el siguiente instante, todo el peso de su cuerpo estaba sobre ella, y esta vez Trunks no tuvo paciencia para esperar. Una mano ancha se deslizó por debajo de ella y le levantó las caderas contra la plenitud que él presentaba, encendiéndole los muslos con el calor de su pasión. Sus ojos duros se hundieron en los de ella como si le estuviera viendo el alma en el momento en que lanzó la embestida. De pronto un agudo dolor explotó en Pan, arrancándole un pequeño grito desgarrador mientras él presionaba más profundamente en su calidez.

A Trunks le parecía que habían pasado siglos desde que había conocido el alivio que había buscado, y comprendió que era aquello lo que tanto había necesitado, hacerla suya en su totalidad. Estaba mucho más allá de toda lógica, y había abandonado todos sus planes de una cariñosa iniciación. Se decidió a conseguir su placer con audacia y rapidez, sin conciencia de que era rudo, incapaz de detener la intensa pasión que estaba a punto de explotar. Sus embestidas eran lentas y poco a poco fueron adquiriendo mayor velocidad. Sus caderas endurecidas no tenían descanso, eran testigos del impulso de su búsqueda y su cuerpo musculoso se movía con vigor contra el de ella cada vez con más intensidad; su respiración entrecortada le llenaba los oídos y le transmitía a su mente todavía virginal una clara conciencia de la necesidad que sentía y que había retenido por bastante tiempo.

Pan sentía a Trunks moverse dentro de ella de una manera maravillosa y todo su cuerpo se arqueo ante las abrasadoras caricias. Oleadas de placer recorrían todo su cuerpo, sus caricias eran imparables; sus besos, su lengua, los mordiscos sobre piel. Todo parecía abrasarla por completo como el mismo fuego, haciéndola gemir de placer una y otra vez.

Por fin, la tempestad comenzó a apaciguarse cuando el celo de la pasión empezó a ceder en el cuerpo de Trunks. En ese pequeño espacio de tiempo, Pan entendió toda la frustración que él había soportado durante los momentos más íntimos que habían pasado juntos. Al principio, todos los sentimientos de placer habían retrocedido ante el dolor de su intrusión, pero todas las sensaciones que él había excitado con sus caricias revivieron a pesar de la urgencia. Ahora, cuando él no tenía nada más en reserva que darle para llevarla a la culminación del éxtasis que le había revelado antes, ella reclamaba el alivio del hambre que hervía en sus entrañas. No tenía modo de saber que pasaría gran parte de la siguiente hora tratando de enfriar las llamaradas que él había encendido en su interior, y sin embargo, no se había tomado el tiempo de apagar.

Avergonzada de decirle que sólo quería lo que él le había dado antes, Pan ocultó el rostro y se negó a mirarlo mientras él trataba de besarla y de hablarle.

-No soy un ogro, Pan –le susurró mientras sus labios, se detenían en las sienes de ella-. Y estamos casados, sin importar lo que te haya dicho el comandante.

Después de un silencio increíblemente largo, Trunks abandonó el intento de lograr que lo mirara y, con un suspiro de resignación, se levantó de encima de ella.

Liberada de su peso, Pan se refugió una vez más en el borde de la cama, donde se acurrucó formando un nudo y se negó a mirar en dirección a Trunks.

Toda disculpa en ese momento habría parecido poco sincera, pensó Trunks mientras se levantaba y recorría sin descanso la habitación. Se detuvo al lado de la cama, consideró las pequeñas manchas de sangre en la sábana y lo que esa espalda curva significaba. Aunque estaba indignado por haber sido utilizado de ese modo, él no podía negar, a pesar de la pesada carga en su corazón, que el dolor contra el que había batallado tanto tiempo, había desaparecido, y por primera vez desde el encuentro en la sala de baños sintió que podría dormir toda la noche sin despertarse con los sueños lujuriosos que tantas veces lo habían perturbado. En realidad, no podía creer que se hubiera contenido tanto tiempo.

…..

Trunks no podía siquiera pensar en hacer preparativos para dejar a Pan la mañana siguiente, pues sabía que ella no estaba con ánimos de perdonarlo. Cuando las primeras luces del día entraron por la ventana, bañando todo con un suave matiz rosado, se ubicó al lado de la cama para verla dormida, incapaz de recordar un momento que hubo pasado a solas con ella que no fuera considerado placentero. Aunque podría haber sido adverso a admitirlo a cualquiera excepto a sí mismo, a pesar de los azotes, la seducción planeada, había sido el momento más provocativo en su memoria hasta la noche anterior en que los dos se habían convertido por fin en uno solo. Era difícil imaginar que pudiera haber experimentado algo semejante a esa excitación. Sin duda, ella se había adueñado por completo de su mente y, tal vez ahora, también de su corazón.

Había vuelto a soñar con ella, y luego se había despertado con la suave y tentadora presión del cuerpo de Pan contra su espalda desnuda. Ella había buscado su calor en sueños, y su pasión se había intensificado al ver esas suaves curvas desprovistas de ropas y completamente vulnerables a sus mínimos caprichos. Enfrentado una vez más con semejante tentación, había resuelto darle tiempo para que se adaptara a los cambios en la relación conyugal y aceptara sus atenciones de esposo. De otro modo su prolongada y sufriente abstinencia habría llegado al fin. Ella era su esposa, y él quería tratarla como si todo su mundo girara en torno de hacerla feliz.

Cuando miraba hacia atrás, hacia el momento en que había conocido a Pan, Trunks comprendió que había surgido algo entre ellos desde un principio. Y ahora estaba allí, luchando con el abrumador deseo de despertarla. Sin embargo se controló al saber que ella no estaría con voluntad de escucharlo después de haberla forzado a darle placer. Aun así, cuando se vistió y bajó para unirse con N°18 en el comedor, estaba perturbado y era incapaz de ocultar su inquietud.

-Pareces preocupado esta mañana- comentó N°18- ¿Hay algo que te esté molestando?

Trunks se apoyó en la silla con un prolongado suspiro.

-Se acerca el día de mi partida, N°18, y no quiero dejar a Pan. Empiezo a preguntarme si las cosas van a ser un poco más fáciles en el futuro.

N°18 lo estudió un largo rato antes de darle una respuesta.

-Si no lo conociera mejor, coronel Trunks, estaría tentada a pensar que se ha enamorado de Pan.

Su conjetura no sorprendió a Trunks en lo más mínimo.

-¿Qué voy a hacer?- No intentó esconder su preocupación al confesar.-El comandante Ten Shin Han vino aquí ayer para informar a Pan que yo, en un momento de locura, había hecho un acuerdo con el zar Piccolo según el cual él me otorgaría la anulación del matrimonio al terminar mi contrato militar... si yo, para esa fecha, podía presentar evidencia viable de mi vida célibe mientras estaba casado con Pan.

Las cejas de N°18 se levantaron por la sorpresa.

-¿Tiene alguna esperanza de cumplir esa hazaña?

-Si hubiera estado en plena posesión de mis facultades en ese momento, y no hubiera estado tan indignado por el plan de Pan, me habría dado cuenta antes de hacer la propuesta de que fracasaría muy pronto... y eso sucedió. Pero ahora, Pan no quiere tener nada conmigo.

-Yo no me preocuparía por su reticencia, Trunks, en la medida en que tengas intenciones de enmendar las cosas en el futuro cercano.

-Ese es el problema. No tengo mucho tiempo para persuadirla antes de partir. Estaré por aquí tal vez una semana más, luego me iré no sé por cuánto tiempo.

-Tal vez Pan considere lo que es prudente y te permita hacer las paces antes de que te vayas. Es verdad que a veces puede ser muy obstinada, pero en general cede cuando puede ver la verdad de un asunto-N°18 se inclinó hacia delante en la silla y apoyó una mano consoladora sobre la de él y le ofreció el único consejo que le parecía apropiado.- Haga su vida normal, pero busque una oportunidad de hablar con ella. Dile la verdad y no tengas reparos en asegurarle que la quieres como esposa, inclusive después de regresar a tu casa de Inglaterra- volvió a apoyarse en el respaldo de la silla y contempló el gesto adusto de Trunks un momento antes de preguntarle:-¿Sabes lo que vas a hacer cuando regreses a tu casa, Trunks?

-Tengo una casa en Londres. Está allí esperándonos para cuando llegue el momento de marcharme de aquí, estoy decidido a establecer allí mi hogar una vez que me vaya de Rusia- miró hacia arriba para encontrar los ojos azules que descansaban sobre él.- ¿Usted piensa que Pan será feliz allí... conmigo?

Una sonrisa gentil se posó en los labios de N°18.

-Creo que Pan será feliz en cualquier lugar, siempre que viva con el hombre al que ama. Por supuesto, yo la voy a extrañar terriblemente...

Esta vez fue Trunks quien apoyó una mano consoladora en la de N°18.

-Usted siempre será bienvenida en nuestra casa, N°18. Su visita nos daría a Pan y a mí la oportunidad de devolverle el favor que nos ha hecho al permitirnos vivir en su casa.

-¡Por favor! –N°18 se echó a reír desechando la idea de pagarle el favor con un movimiento de la mano.-He disfrutado de cada momento de su estancia aquí y continuaré disfrutando de su presencia hasta que se vayan. Sin los dos ¡no sería más que una vieja solitaria!

-¿Qué?-Trunks no pudo más que reírse ante semejante ocurrencia-¿Con todos sus amigos? Me parece difícil creerlo, N°18.

-Pan está tan cerca de mi corazón como si fuera mi hija-declaró N°18 con los ojos húmedos.-Vosotros dos sois como mi familia, y, aunque tengo muchos amigos y muy buenos, hay un lazo más fuerte que une mi corazón con Pan y que nunca nadie podrá reemplazar. Sus padres fueron mis mejores amigos y, por eso, mi querido coronel usted tendrá que saber disculpar todas las veces en que actúe como una mamá gallina.

Trunks sonrió y se burló de ella.

-Una madre por matrimonio, por así decir.

-¡Se lo ruego, coronel Trunks Brief! ¡Muestre un poco de respeto por sus mayores!- insistió N°18, y luego permitió que su risa se uniera a la de él.

Cuando el desayuno hubo concluido, Trunks siguió el consejo de N°18 en la medida que le fue posible y se dirigió al trabajo sin volver a subir al dormitorio. Para gran alivio de sus hombres, estaba con ánimo más tolerante que en los últimos tiempos. En los días siguientes discutió las dificultades de la campaña con Goten y con el explorador, Shu y diseñó con gran detalle la estrategia que usaría. Mientras trabajaba en los mapas, borradores y diagramas del área donde estaba ubicado el campamento de Black, los soldados de rango más bajo se aprovisionaban de alimentos, armas y equipos; los almacenaban, los reparaban, reemplazaban lo que era necesario y descartaban lo que no servía.

En anticipación a su partida, Trunks permitió a sus hombres un par de días libres. Como estarían lejos al menos por quince días, él también se tomó un tiempo libre junto con el resto, pero evitó avisarle a Pan, pues se dio cuenta de su estado de ánimo pensativo y su inescrutable reserva. Al principio había decidido hablar con ella acerca del permiso la noche antes de que comenzara, pero después de haber trabajado duramente con sus hombres durante el día, cuando Pan regresó del vestidor y se unió a él en la cama, ya estaba dormido. En los últimos días, había adquirido la costumbre de quedarse en el vestidor, lejos de la vista de él hasta que se durmiera, negándole la posibilidad de hablar o de hacer cualquier otra cosa.

Se acostó a su lado bien tarde, cuidándose de no despertar a Trunks, pues sabía que había ganado el derecho de descansar después de haberse sometido a un gran esfuerzo físico y mental durante el día. A pesar de su indiferencia, cada vez que él se encontraba cerca disfrutaba del momento en que podía observarlo mientras dormía. Tenía el cabello más largo de lo que nunca le hubiera visto. Unos mechones que caían sobre su frente y sus sienes, haciéndolo parecer un legendario dios griego de las historias de antaño.

Hacía poco tiempo se había hecho un largo rasguño en la mejilla con una lanza arrojada por un soldado joven e inexperto al que le estaban tratando de enseñar el arte de lanzar esa arma. La torpeza del muchacho casi le había costado un ojo y, aunque Trunks había tratado de minimizar el hecho diciendo que no era más que un pequeño rasguño y que carecía de toda seriedad, Pan había insistido hasta que, finalmente, con un profundo suspiro de resignación, él cedió y aceptó sentarse en una silla para que ella le limpiara y le curara la herida. Su falta de preocupación era justificada, pues no quedaría ninguna marca de la herida, pero Pan no estaba segura hasta que pudo comprobarlo por sí misma.

Heridas de ese tipo no eran nada nuevo para Trunks, pensó Pan inclinándose sobre él. Había pequeñas marcas y cicatrices en todo su cuerpo. Mentalmente contó dos en su pecho, otras en los brazos y una justo encima de la ingle donde una lanza le había desgarrado el muslo y parte del bajo vientre sin causar daños de gravedad, pero dejando una prueba de su paso.

Al notar el frío en la habitación, Pan subió las mantas hasta el hombro de Trunks que, yacía de costado con el rostro hacia ella. Sus ojos se abrieron poco a poco para mirarla, apenas conscientes. Aun así, una sonrisa ladeada le curvó los labios entibiándole el corazón de un modo más eficaz que el más inteligente de los argumentos. Una sensación extraña, de afecto, la inundó y la hizo casi quedarse sin aliento, pues una indescriptible alegría le inundaba el alma. Se acercó a él tanto como se atrevió y apoyó la cabeza en la misma almohada mientras sus ojos acariciaban el rostro de él. Un momento después, su brazo la rodeaba y la acercaba a su cuerpo. Pan, con una sonrisa satisfecha, cerró los ojos, feliz de estar atrapada en su abrazo.

Pan se despertó tarde a la mañana siguiente y se sorprendió al ver que Trunks aún no había salido. Lo escuchó en el vestidor, y entonces ella se deslizó de la cama, se puso una bata y voló escaleras abajo. Llamó a Milk y se apresuró a ocupar la sala de baños para su aseo matinal. Un momento después Trunks entraba para entrometerse en su baño. Miró hacia arriba, alarmada, cuando la puerta se abrió de par en par y, al verlo dirigirse hacia ella con osadía, le pidió a Milk que le pasara una toalla.

-No tienes necesidad de apurarte, querida. Tengo un par de días libres antes de partir, así que no estoy muy apurado.

-Me estaba preguntando eso-respondió Pan desde el otro lado de una enorme toalla, que Milk sostenía para ocultar su salida de la tina.-En general, ya te has ido cuando me despierto.

-Los hombres necesitaban unos días para relajarse antes de que comencemos, y yo también necesitaba un buen descanso.

-Debiste habérmelo dicho-después de secarse con vigor con una pequeña toalla detrás del improvisado biombo, Pan pasó una loción por su piel antes de colocarse la bata.-Podríamos habernos preparado mejor.

Trunks rió burlón, pues había tenido éxito en pescarla en el tipo de desarreglo en que esperaba encontrarla. Una mejor planificación hubiera significado que ella habría estado levantada y vestida mucho antes de que él se despertara.

-No veo razón para perturbar la rutina de tu día, querida. Sólo quería bajar y compartir tu baño.

Trunks sonrió mientras Milk miraba asombrada.

-Querida Milk, serías tan amable de ir a buscar un cubo de agua caliente para el baño de mi esposa-le indicó con placer.-Será suficiente para mis necesidades de esta mañana.

Una chispa brillante en los ojos de ella acompañó a su risa mientras hacía una cortesía y salía a cumplir lo que le había ordenado, dejando a Pan sola delante de Trunks. La bata de seda se pegaba a su piel húmeda y presentaba un especial deleite a la mirada atenta de quien sentía que estaba perdiendo el juicio. Milk se lo hizo recuperar al volver y, haciendo un lado a Pan, vació el cubo en la tina.

-Mejor que me sumerja mientras esté caliente-reflexionó Trunks en voz alta mientras desataba los lazos de su bata.

-¡Querida Milk, déjanos solos!-le solicito Pan al ver que Trunks no dudaba en desnudarse delante de ella. La pequeña mujer se escurrió fuera de la sala en el preciso momento en que la prenda cayó delante de ella y, con una sonrisa, Trunks se introdujo en el baño tibio y perfumado y se frotó el pecho ante la vigilante mirada de Pan.

Pan se retiró con movimientos exagerados, reprendiéndolo con furia.

-¿Te has hecho tanto a las costumbres de este país, Trunks, que no te importa nada desvestirte delante de mi nana de la infancia y ama de llaves? ¡Bueno, tú la conmocionarías hasta lo más íntimo de su ser! ¡Dudo que haya visto un hombre desnudo en toda su vida!

-Tal vez sea ya tiempo de que conozca algo de los hombres- respondió Trunks, admirando la audacia de la bata que revelaba las curvas de Pan a la vez que escondía su desnudez hasta un grado en que ella podía creer, erróneamente, que era apropiado. En la aceptación casual de esta función, no prestó atención a su profundo escote y a la falda ondulante que frecuentemente se abría para dejar ver sus miembros largos y delgados.

-Milk ha pasado sesenta y dos años de su vida, y ¿tú dices ahora que debe aprender algo sobre hombres? -Pan no podía creerlo.- ¿Qué crees que debe hacer? ¿Ir a conseguirse un amante? Ella no tiene necesidad de ese tipo de conocimientos. ¡En verdad, nunca he escuchado nada tan ridículo!

Trunks se encogió de hombros en un gesto casual.

-Nunca se sabe cuándo se puede quedar atrapada en una sala de baños con un extraño. Sin la instrucción adecuada, podría ahogarse de la conmoción.

-¡Oh, sí! -al verlo sonreír provocativamente Pan miró a su alrededor en busca de un arma y escogió un cubo de agua helada con el cual lo bautizó como ningún sacerdote hubiera soñado hacer.

Trunks recibió todo el contenido del cubo en el rostro y, casi sin aliento por la sorpresa, se incorporó en la tina, desnudo y comenzó a buscar a la atractiva culpable. Sacó una larga pierna por encima del borde, y, pestañeando para recuperar la claridad de su visión borrosa, registró la sala en busca de su esposa. Pan ya estaba saliendo por la puerta, pues había decidido que era el momento de una partida rápida.

Abrió la puerta de par en par y salió corriendo, con las mojadas pisadas de Trunks detrás de ella. Echó una mirada nerviosa por encima del hombro y se alarmó al descubrir que él le seguía los talones. Dispuesta a escapar se dio la vuelta, pero tuvo que detenerse de golpe porque casi chocó con N°18. Su gemido de sorpresa fue seguido de inmediato de otro cuando al trastabillar varios pasos hacia atrás se topó con el sólido cuerpo de Trunks empapado. Como sabía muy bien que estaba tan desnudo como el día en que había nacido, Pan hizo un esfuerzo para mantenerse delante de él mientras trataba de sonreír a N°18.

-Buenos días, N°18. Hermosa mañana, ¿no es cierto?

-Vine a visitarte-comentó N°18 con humor mientras estiraba la cabeza hacia un lado para tener mejor imagen del cuerpo musculoso que Pan trataba de ocultar.-Pero veo que ya tienes compañía más que adecuada.

Pan se puso delante de la línea de visión de N°18 en su intento por preservar la vergüenza de su marido, algo que pensaba que le faltaba.

-Probablemente te estés preguntando por qué está Trunks aquí-declaró sin convicción.

-¿Es él?- bromeó N°18.- Es difícil reconocerlo sin su uniforme-dirigió su cabeza directamente hacia él.-Lo extrañé en el desayuno de esta mañana, coronel, pero veo que tenía mejores cosas que hacer.

-Tengo el día libre, N°18, de modo que pensé llevar a cabo su consejo. Tal vez sea la última oportunidad que tenga antes de partir.

-Que tenga suerte-le deseó, luego frunció el entrecejo al contemplar la forma en que su cabello colgaba, mojado por encima de las orejas. -¿Alguien trató de ahogarlo, coronel? Se le ve un poco destartalado.

Pan cerró fuertemente los ojos, avergonzada mientras Trunks se llevaba las manos a la cintura y asentía con un gestó rápido antes de fijar la vista en la cabeza de su esposa.

-Tal vez puedas considerar de nuevo tu partida, Pan, y regresar conmigo de modo que podamos discutir las cosas de un modo más civilizado- sugirió, dispuesto a quedarse allí a discutir ese punto con Pan. Y se había formado un charco alrededor de sus pies, pero si ella no cedía pronto existía la posibilidad de que se hiciera más grande, pues él parecía insensible a su desnudez.

Pan respondió con un gesto rápido y evitó mirar a su alrededor.

-¡Bien!-replicó Trunks y sonrió de satisfacción.-Te estaré esperando, de modo que te ruego que no tardes demasiado. Puedo destruir por completo la inocencia de Milk si tengo que ir a buscarte- con un saludo a N°18, dio media vuelta con sus pies descalzos y regresó a la sala de baños mientras Pan se apresuraba a retroceder en un esfuerzo por ocultar el cuerpo que se marchaba.

Las cejas de N°18 se alzaron divertidas al ver por un instante la parte posterior de Trunks que apenas tapaba el cuerpo delgado de Pan. Y no pudo resistir un comentario.

-Sabes, Pan, cuanto más veo al coronel Brief, más me gusta.

Con una rápida cortesía, Pan se excusó por su apuro y, mortificada, dio media vuelta y corrió hacia la puerta.

N°18 la saludó con la mano tratando de mantener la compostura, lo cual era muy difícil en medio de un ataque de risa.