Pan cerró la puerta detrás de ella y corrió detrás de Trunks con los dientes apretados.
-¿No sabes cómo comportarte?- le preguntó.
Trunks la enfrentó con las manos en la cadera.
-No voy a envolverme en los hábitos de un monje para satisfacer tu naturaleza delicada, si eso es lo que quieres. Tampoco podrás hacerme creer que N°18 nunca ha visto a un hombre desnudo. En ese aspecto, no estoy avergonzado por el hecho de ser uno.
-¡No, por supuesto! ¡Te paseas como un orgulloso pavo real y muestras tus posesiones a todas las mujeres que están cerca!
-¿Y a ti qué te molesta? ¡Puedo hacer con mis tesoros lo que a ti no te importaría! Prefieres reservar ese envase para la espada de otro galán que darme consuelo y solaz.
Pan contuvo el aliento ante semejante acusación.
-¡Eso no es verdad!
-¿Oh? -Trunks hizo un gesto elocuente con el brazo mientras menospreciaba su negativa. -Entonces si no es para mí ni para otros, dime, por favor, ¿para quién lo reservas? ¿Para ti? ¿Cómo trofeo a tu pureza?
-¡Por supuesto que no!- Pan pasó delante de él ofendida. Se dio la vuelta y empezó a acosarlo verbalmente.- ¡Al menos no me pavoneo como un halcón hambriento, ansioso de conseguir un picotazo o dos!
-Si parezco ansioso -enfatizó la palabra que ella había usado- es sólo porque estoy muriendo por el dulce licor que escondes debajo de ese fino cinturón de castidad. Aunque estuviera muriendo, mantendrías la llave bien oculta en el cofre de tu mente.
-¿Qué? ¿Querrías que te sirviera como una vulgar mujerzuela?- Pan se acercó a él, resulta y provocativa. Con un pequeño movimiento de los hombros alentó la caída de la bata de uno de ellos -¿Así es como me querías desde el principio, no es cierto? ¿Sin casarnos, pero en tu cama? ¿Tu amante? Mi querido Trunks, ¿no estás molesto porque has tenido que pronunciar los votos matrimoniales conmigo? ¡Sí que lo estás! He escuchado rumores de que en tres años pretendes negar que alguna vez asumiste ese compromiso y sin duda nombrarías a cualquier vástago que engendraras como tu bastardo.
-¡No pienso hacer eso, Pan! -declaró Trunks envolviendo una toalla alrededor de la cadera. Si te niegas a aceptar lo que te aseguro, entonces pondré en tus manos documentos que garantice mi nombre a todos mis herederos. ¿Eso será suficiente para aplacar tu enfado?
Pan pesó la pregunta antes de responderla.
-En parte, podría.
-¿Qué más quieres de mí?
-Sólo el tiempo mostrará cómo son las cosas -respondió.- Nada puede ligarte más que los votos que pronunciamos y todavía hay que ver si te mantienes fiel a ellos o no.
-¿Considerarías, entonces, ir conmigo ante el zar y escuchar cómo me retracto de mi petición? Ya lo he hecho, pero si insistes, iré a verlo de nuevo.
Pan levantó la vista para encontrar la de él.
-¿Estarías dispuesto a hacer algo así?
-No lo habría ofrecido si no estuviera dispuesto.
-¡Ver para creer, Trunks!- sacudió la cabeza como un niño en un juego.-Tal vez pueda estar segura cuando suceda.
-Entonces, ¿podemos estar en paz hasta que me marche a buscar a Black? Tal vez te veas libre de mí antes de fin de mes y esta discusión no servirá de nada.
Pan buscó el rostro de su marido con una súbita preocupación.
-Espero que vuelvas intacto, coronel Brief.
-Haré todo lo que pueda -Tomó su bata y se la echó a los hombros mientras le ordenaba: -Permíteme que pase un tiempo contigo antes de que me vaya. Después de esta semana no me verás por un tiempo.
Los ojos de Pan recorrieron su largo cuerpo preocupados.
-¿Irás arriba así?
-Sí-dijo Trunks descartando toda posibilidad de que ella lo persuadiera de otra cosa.
En lugar de molestarlo más, Pan accedió a su descuido de la propiedad y, liderando el ascenso por las escaleras, cruzó la antecámara hacia sus habitaciones mientras él cerraba la puerta detrás de ellos. Trunks pasó un momento en el vestidor, de donde regresó con un par de tijeras en la mano.
-Ya khachú pastrichsa- dijo pronunciando cada sílaba con cuidado mientras le entregaba el instrumento. -Mozhna pakaroche Zadi.
Pan empujó su cabello hacia la espalda y le sonrió.
-¿Sólo en la parte de atrás? ¿No necesitarás un corte en los lados también?
-Mozhna padaroche pa bakam... pazhalusta.
-Estás progresando mucho, Trunks.
-Balshoye spasiba.
Pan se echó a reír y se ajustó el cinturón de la bata.
-De nada -señaló con las tijeras una silla con respaldo recto que estaba cerca de la ventana. -Siéntate allí -le ordenó- donde tenga mejor luz.
Trunks hizo lo que ella le indicaba y, una vez más, tomó nota de la bata cuando ella se acercó a él. Le resultaba difícil pensar en sentarse rígido para un corte de pelo cuando habría preferido llevarla a la cama.
Pan se embarcó en su tarea, paseando un peine por el pelo tupido.
-Tu pelo es tan grueso que necesita un entresacado adecuado.
-¿Has hecho eso antes?
-Una o dos veces para mi padre, pero él siempre prefería que su mayordomo le cortara el cabello.
Trunks arqueó las cejas, como dudando, cuando se encontró con su mirada.
-¿Había alguna razón para esa preferencia?
Los labios de Pan se torcieron mientras intentaban reprimir una sonrisa.
-Nada digno de mencionar, pero sospecho que la pérdida de una oreja o dos podría haberlo persuadido de dejar que otro lo hiciera.
Trunks hizo una mueca de miedo fingido y torció la cabeza, arrancando una risa a Pan que acercaba peligrosamente las tijeras a su oreja.
-Ten cuidado, necesitaré de mis orejas para oír a esa escoria de Black.
-Por supuesto, mi señor- Pan se movió entre sus muslos y, jugando con los dedos entre el cabello, levantó un mechón para cortarlo y continuó de ese modo, tratando de cortar lo más parejo que podía.
-Necesitaré otro baño después de esto-observó Trunks, sacudiéndose el cabello de sus hombros desnudos.
Con la punta de la lengua entre los dientes, Pan se inclinó hacia delante y con cuidado le recortó el cabello que bordeaba la frente. Finalmente se enderezó y quitó los mechones sueltos lejos de su rostro.
-Esto es lo que consigues por entrometerte en mis asuntos, Trunks.
-La sala de baños es lo suficientemente espaciosa para los dos- insinuó Trunks.
-Conozco tus inclinaciones y no quiero que me vean jugueteando contigo en la sala de baños.
-¿Jugarías conmigo aquí? -preguntó, extendiendo una mano hacia la cadera de Pan para tomarla de los glúteos y acercarla a sus piernas separadas.
Pan se escapó de la mano con una sacudida de su cadera, un movimiento que hizo saltar las cejas de Trunks hasta un punto increíble, pues los pechos libres de ella casi saltaron fuera de la bata, justo delante de su rostro.
-¡Ten cuidado!- le advirtió Pan.-Estás a mi merced y no tengo problemas en afeitarte la cabeza para impedir que alguna joven doncella te desee.
-¿Puedes hacer de nuevo ese pequeño movimiento?- bromeó Trunks, tomándole el lazo de la bata. Su intento se vio desalentado de inmediato por una fuerte palmada en los nudillos.
-Compórtate o lo lamentarás- le aconsejó Pan y, apretando uno de sus pezones, se lo jaloneo hasta que lo hizo pestañear de dolor.
-¡Basta malvada!-Trunks volvió a pestañear mientras Pan quitaba la mano. Él se frotó el pecho. -Conoces el modo de quitarle el corazón a un hombre -se quejó.
Una elegante ceja se alzó desafiante con la respuesta.
-Y tú mi lord coronel, conoces el modo de destrozarme el corazón. Me tienes entre la espada y la pared, sin saber si tenemos un matrimonio que durará o morirá en unos pocos meses, hasta que te canses de mí.
-¡Maldición, Pan!-gritó Trunks, tratando de ponerse en pie. ¡No comiences con eso de nuevo! ¡Ya te ofrecí seguridades!
-¡Siéntate!- le ordenó y lo empujó de nuevo hacia la silla.- ¡Aún no he terminado con tu corte de pelo!
-¿Por qué no lo cortas de raíz y terminas de una buena vez? -murmuró.
Ella miró hacia su regazo donde la toalla se había corrido.
-Creo que no estás bien sentado para eso.
-¡Maldición!- Trunks dejó caer los brazos. -¡Me castrarías también!
-¡No maldigas delante de mí!- lo reprendió.- ¡No soy uno de los hombres de tu regimiento! ¡Soy tu esposa!
-¡Eso lo sé muy bien, Pan!
-No sé-tiró la cabeza hacia atrás.
-Si esta es la forma en que vamos a pasar el día, ¡me voy a los cuarteles!- Trunks trató de levantarse de nuevo, pero con una mano en el pecho, Pan lo presionó hacia abajo para que volviera a sentarse.
-¡Dije que no había terminado! ¡Ahora siéntate hasta que lo haya hecho!
Con los dientes apretados, Trunks se obligó a resistir el corte, que se había vuelto un tanto amargo por los reproches, pero Pan seguía trabajando con las tijeras cerca de su oreja ignorando su gesto adusto. La irritación pronto cedió y se vio reemplazada por el interés más ardiente en las imágenes irresistibles que tenía al alcance de su mano. Ella giró un poco para juzgar los resultados de su trabajo sin darse cuenta de que su bata se abría para revelar una buena porción de un pecho redondo. Insatisfecha pasó por encima de la pierna de su marido para emparejar la curva por encima de la oreja. Se movió hacia atrás para cortar a la altura de la nuca, luego regresó para mirarlo de nuevo y pasó por encima del otro muslo para igualar las patillas.
-¡Listo!- dijo por fin, sujetándose la bata y subiéndose al muslo de Trunks para considerar el trabajo terminado. El hecho de que su rodilla desnuda se apoyara levemente contra la ingle de su marido parecía no afectarla, aunque a él le ocurría algo totalmente diferente. No podía imaginar cómo ella podía distraerse con otras cosas cuando él estaba a punto de perder todo el control. Si su intención era castigarlo, había elegido la forma más eficaz de alcanzar su propósito.
Pan acomodó con la mano el cabello corto y elogió la tarea realizada.
-¡Está muy bien!
-¿Puedo moverme ahora?- le preguntó Trunks, recorriendo con su mano el muslo de su esposa.
Pan lo miró fijamente, como si saliera de en medio de la bruma. Reconoció la pasión que ardía en sus ojos y sintió que su propio pulso respondía con ansias. Con claridad, surgió el pensamiento en la mente: ella quería que él le hiciera el amor.
Trunks percibió que no había reticencia en su rostro distendido y desató los lazos para que se abriera la bata y la alentó a que cayera al piso. Sus manos comenzaron un lento viaje ascendente desde las caderas, recorrieron las costillas y acariciaron los suaves pechos mientras sus ojos descubrían los labios separados y la mirada cargada de deseo.
Más allá del marco de las ventanas del lado este, el sol aparecía por detrás de una delgada capa de nubes, y en la luz enmudecida de los pálidos pechos brillaban con un tinte suave y lustroso, tentándolo a saborear la vista embriagante. Ella apoyó las manos en sus anchos hombros y arqueó la espalda cuando su boca y su lengua le encendieron los sentidos. Cuando por fin él levantó la cabeza, ella encontró sus labios anhelantes con un feroz ardor que igualaba al de él. Con una osadía que asombró inclusive a ella misma, bajó una mano hacia el pecho de él, recorrió el vientre chato y musculoso para reclamar sus derechos en él. La sorpresa de Trunks era lo que ella había esperado, una respiración intensa a través de los dientes apretados, pero la conmoción no fue exclusiva de él. Su pasión pareció salirse de control, volverse más ardiente, más dura, más audaz, hasta que ella se apartó asombrada. Avergonzada de su propia temeridad, se habría alejado por completo, pero el brazo de su esposo ya estaba allí, tomándola de la cintura, atrayéndola hacia él.
-No, amor, no te vayas. Tienes derecho.
La boca de Pan se abrió, sorprendida, cuando encontró los ardientes ojos azules. Sus propios ojos estaban abiertos, maravillados, ansiosos, mientras sus suaves labios se movían con palabras sin sentido que ninguno de los dos escuchaba. La mirada de él tentó la de ella mientras su mano se movía hacia abajo para recorrer el muslo. Pan hizo un valiente esfuerzo para apartarse del hipnótico poder que la mantenía hechizada, atemorizada a medida de perderse, pero cuando la boca de él cubrió la de ella, su beso abrasador la atravesó, adormeciendo su conciencia a todo lo que no fuera ellos dos. Lo único que pudo hacer fue responder a Trunks que la levantó y la sentó con las piernas abiertas sobre su ingle desnuda. Pequeños impulsos de excitación la recorrieron en el momento de su intromisión y, por un largo rato, saborearon la unión, abrazándose y besándose con pasión, tocándose y dejándose tocar como sólo los amantes enamorados pueden hacerlo. Luego las caderas de ella empezaron a responder a las de él, con languidez al principio, con un ritmo cada vez más enloquecedor después. El fuego líquido penetró en ella, como una gigantesca ola de pasión derretida hasta que el esplendor de su ardor los quemó en su cegadora brillantez. Sin aliento, se aferraron el uno al otro mientras los labios se confundían en un beso impaciente y frenético que confirmaba el estático deleite de la unión.
Era ya media tarde cuando bajaron para visitar a N°18 en la sala principal. N°18 notó de inmediato el cambio en la actitud, pues los dos parecían reticentes a estar separados el uno del otro, incluso un breve espacio de tiempo. Se tomaban las manos como amantes hechizados y se intercambiaban cálidas miradas que comunicaban cosas que estaban más allá del discernimiento de los otros, excepto para ella que sabía y entendía, pues había experimentado ella también un gran amor.
Las suaves miradas de Pan revelaban la preocupación por su marido, lo que alentó que N°18 creyera que la devoción de ella era mucho más profunda que un simple enamoramiento. En lo que concernía a Trunks, se le veía muy pendiente de su joven esposa. Devoraba cada uno de sus movimientos, cada sonrisa, cada mirada interrogante. Le respondía, le pedía opinión, la escuchaba con interés mientras entrelazaba sus largos dedos con los de ella o le pasaba un brazo por los hombros para acercarla a su lado. Ninguno de los dos parecía avergonzado por sus ardientes muestras de afecto. Por el contrario, se echaron a reír cuando descubrieron que los observaba con una sonrisa en los labios.
Cuando se retiraron temprano esa noche, N°18 no se sorprendió en lo más mínimo. No fue hasta la media mañana del día siguiente cuando Pan y Milk se reunieron en la sala de baños. Por primera vez en su vida, Pan se sintió un poco avergonzada por su desnudez delante de una mujer, pero cuando entró Trunks unos momentos después, no quiso ninguna toalla que la ocultara de su vista. Por el contrario, Milk fue enviada arriba, mientras tarareaba una feliz melodía.
N°18 declinó la invitación de Trunks a unirse a ellos en una salida, pues había aceptado la petición del príncipe Krilin de pasar el día con él y con su hija Marrón. En el carruaje, a solas con Pan, Trunks estaba lejos de sentirse decepcionado. Mientras Roshi los llevaba de paseo por la ciudad, discutían una gran cantidad de asuntos, a veces sensualmente explícitos y excitantes cuando Pan trataba de poner a prueba sus conocimientos y experiencia masculinos, otras tan inocentes como la historia de la infancia de ella o los regalos que debían comprar a Sofí, Milk y N°18, en caso de que él no estuviera durante un largo período de tiempo y no pudiera compartir con ella la alegría de Sviatki, o la época de Navidad.
Trunks se había descubierto pensando en sus asuntos como alguien que tenía los días contados y, a medida que pasaba el tiempo y la partida se acercaba, sus pensamientos se habían vuelto más introspectivos. Siempre había tenido que vérselas con la amenaza de no volver con vida de una expedición, pero ahora agonizaba con la perspectiva de tener que dejar a Pan. Sentía un fuerte deseo de asegurarle que, si algo le sucedía, siempre sería bienvenida en su casa en Inglaterra, si alguna vez tenía la necesidad o el deseo de visitar a sus padres. Había una posibilidad de que ella tuviera en su vientre un hijo de él y, en ese caso, no era correcto que sus padres sólo recibieran la noticia de su muerte y nunca supieran de su esposa Pan y el hijo que habían estado gestando. Por eso, mientras estaban solos en el carruaje, tuvo la oportunidad de afirmarle a Pan el deseo de que su familia supiera de la existencia de ella si es que él no regresaba, pero la idea de que algo ominoso pudiera pasarle la lleno a ella de temor.
-No podría soportar tu pérdida- lloró apoyada en su pecho.-Debes cuidarte, y volver a mí sano y salvo.
-Haré todo lo que pueda, Pan-murmuró Trunks contra su frente.-Ahora que te he encontrado, quiero volver con desesperación.
-¡Debes hacerlo! ¡Debes hacerlo!
-Seca tus lágrimas, Pan- le sugirió con suavidad.-Pronto bajaremos del carruaje y la gente se preguntará por qué has estado llorando.
Con reticencia, Pan se sentó derecha y se secó con un pañuelo los ojos enrojecidos y la nariz. Después levantó los ojos hacia Trunks y le preguntó con una sonrisa:
-¿Así está mejor?
Trunks en un impulso volvió a acercarla hacia él y atrapó sus labios en un ardiente beso mientras comprendía en toda su magnitud lo miserable que se sentiría lejos de ella.
-Ruego que el tiempo pase rápido. No puedo soportar la idea de dejarte y no volver a verte, a tocarte, a amarte.
Aferrada a él, Pan hizo un intento por parecer valiente.
-Dentro de un mes o dos, la angustia habrá pasado y te estaré recibiendo de nuevo en mis brazos. Debemos tener valor y rezar para que no te ocurra nada malo.
Trunks miró hacia fuera mientras Roshi detenía el carruaje en la Plaza Roja, luego volvió sus ojos a Pan con una súplica.
-Nos queda muy poco tiempo juntos. No lo perdamos todo aquí, donde no te puedo abrazar y besar como deseo. Me gustaría volver a casa lo más pronto posible.
Pan le sonrió y deslizó su mano en la de él.
-Nos apresuraremos.
Roshi quedó esperando en el coche mientras la pareja se apuraba hacia los mercados de Kitaigorod. Después de hacer la selección, regresaron con los regalos: un collar de oro para N°18, una camisa de noche con encajes y un cal de lana para Milk, un vestido para Pares, y una muñeca y una casa de madera decorada con colores brillantes para Sofí.
Trunks ayudó a Pan a subir al vehículo y estaba a punto de entrar detrás de ella cuando se dio cuenta de que su segundo en el mando lo saludaba desde lejos tratando de atraer su atención en medio de la multitud. Asegurándole que regresaría pronto, Trunks dejó a Pan y se dirigió hacia donde Goten lo estaba esperando.
-Pareces más feliz de lo que te he visto en mucho tiempo, amigo mío-remarcó Goten con una sonrisa.-Parece que finalmente el matrimonio te sienta bien.
-¿Por qué no te acercaste al coche para hablarme allí? -le preguntó Trunks, percibiendo que algo estaba molestando a su amigo.
El rostro de Goten se ensombreció.
-Pensé que era mejor que Pan no escuchara las noticias que traía, pero que tú debes conocer. Angela está embarazada y el general Shapner está que trina. Jura que no es de él.
-¿Cómo puede estar tan seguro a menos que no se acuesten juntos?
-Lo que parece ser cierto. Escuché que se rumorea que él sufre de una enfermedad infecciosa que le impide saciar sus apetitos con su esposa.
-¿Una enfermedad infecciosa? Trunks frunció el entrecejo, confundido. ¿Quieres decir...?
Goten levantó una mano para detener el flujo de preguntas que parecía estar en la punta de la lengua de su amigo.
-También escuché que se ha visto obligado a considerar qué mujer se lo contagió, pues él no ha sido precisamente fiel a Angela.
-Tal para cual - reflexionó Trunks en voz alta.
-De todos modos-continuó Goten-Angela ha diseminado el rumor
de que tú eres la causa de su estado...
-¡Esa perra! -gritó Trunks y casi gruñó al pensar en la reacción de Pan al escuchar semejante chisme. -¡No es verdad, por supuesto!
-Ya lo sé, ¡para el general Shapner no! Parece que te está buscando. Creo que es mejor si logramos partir antes de que te encuentre.
-¡Lo enfrentare! ¿Pero qué le digo a Pan? Ella va escuchar toda esta basura cuando no esté si no se lo cuento ahora.
-¡Así es! Es mejor que tú se lo cuentes en lugar de permitir que otra persona la lastime. ¿te creerá?
-¡Debe hacerlo!
Sentada en el coche, Pan inspeccionaba satisfecha los regalos que habían comprado. Cuando se dio cuenta de que un cuerpo oscurecía la puerta, levantó la vista con una sonrisa, esperando encontrar a Trunks al lado del vehículo, pero el saludo se le heló en los labios cuando se encontró con los abrasadores ojos azules del príncipe N°17.
...Continuara.
