Black salió de la casa y Trunks dejó un beso ferviente en los labios de Pan antes de cruzar la galería siguiendo los pasos del bandido. Hubo una cierta confusión cuando los dos se detuvieron al lado del mismo caballo.

-¡Este es mi caballo! -declaró enfáticamente Trunks sujetando las riendas-. ¡El suyo está muerto! ¿No se acuerda?

-Pero hicimos un cambio -trató de argumentar Black-. El mío por el suyo; el suyo por el mío.

-¡El suyo está muerto! -Trunks se colocó entre el hombre y el caballo y saltó a la silla. Desde allí, le sonrió a Black que continuaba protestando. -A partir de ahora, Black, tendrá que limitarse a sus posesiones. Tengo una cierta aversión a compartir mis tesoros con otros, y en especial con gente como usted.

Trunks hizo girar al caballo lo suficientemente cerca del hombre como para que el animal le golpeara la cara con la cola, lo que provocó un gruñido de disgusto a Black. Le aceptó el casco al sonriente Goten, que se subió a su caballo, se lo colocó en la cabeza e hizo un gesto con el brazo para que todos lo siguieran. Broly, entre carcajadas, ofreció un caballo bastante destartalado a Black que seguía musitando improperios contra el coronel Brief.

-Olvidaste, quizá, que era tu caballo el que ordenaste matar. -Broly inclinó su cabeza brillante hacia el animal que había traído y sonrió.- Tal vez este no sea tan fino como el que murió, pero es mejor que ir caminando, creo.

...

El regimiento extranjero cabalgaba por las colinas y estaba a mitad de camino por el valle cuando una súbita alarma quebró el silencio. Los hombres se sorprendieron al ver una sólida línea de hombres montados con el uniforme de los húsares, que aparecieron como de la nada, y detuvieron sus caballos en la colina que estaba delante de ellos. Algunos cañones habían sido colocados en la parte más alta del monte, en medio de la unidad de caballería. Un oficial al mando levantó lentamente su espada.

Las órdenes enviadas en una marea de confusión atravesaron las filas extranjeras, convirtiendo su prisa en una enloquecida carrera en busca de la artillería y de una mejor formación que la que hasta el momento presentaban. Con una fuerza superior esperaban poder contrarrestar el ataque y hacer rodar a los estúpidos que se oponían. Varios mosquetes dispararon desde las filas, y un par de húsares cayeron al suelo. Pero, en un instante, los cañones rusos comenzaron a ladrar con explosiones ensordecedoras. En medio de enormes nubes de humo, enviaban sus bolas de hierro al aire para bombardear a aquellos que se atrevieron a entrometerse en su tierra. Los disparos aterrizaron, arrancando gritos a los hombres y las bestias mientras fuentes de polvo lanzaban su elemento delante de ellos. La masacre fue más seria cuando se produjo una segunda descarga, castigándolos severamente por la muerte de esos dos húsares. Un noble vestido con elegancia gritó al comandante, que en medio de la furia y la frustración trató de emitir rápidas órdenes a sus hombres. Con obediencia, esos robustos mercenarios sacaron sus espadas y azuzaron a sus caballos en busca de venganza en el preciso instante en que una tercera bala de cañón bajaba al personaje principesco de su montura.

Los húsares parecían estar esperando en la colina con inusual paciencia mientras sus oponentes se lanzaban en desesperada cacería. Las fuerzas de los mercenarios pronto ganaron la primera ladera, pero al llegar allí, por el rabillo del ojo, percibieron rápidos movimientos a derecha e izquierda. Alarmados, volvieron a mirar y sus corazones casi se detuvieron de terror al ver a otros hombres, vestidos de cualquier modo, que caían sobre ellos. Los húsares parecieron cobrar vida cuando su comandante hizo un gesto hacia delante con su espada para que cargaran sobre el enemigo. Los condujo a un ritmo enloquecido, con el sable en alto y dejando en el aire un gemido colectivo que ponía la piel de gallina a amigos y enemigos por igual. Los intrusos consideraron que su misión había sido desbaratada y llegaron a la inmediata determinación que era estúpido quedarse y pelear. Expeditivamente, hicieron dar la vuelta a sus caballos con la intención de regresar al lugar de donde habían venido, pero se encontraron encerrados en una caja de la cual no había escape posible.

Dos figuras envueltas en oscuras capas se movían sigilosas entre los árboles que crecían cerca de la pared del Kremlin hasta que vieron una carreta que traía alimento para caballos y que se dirigía hacia la torre Borovitskaia.

Los dos se apuraron por el sendero mientras el carro pasaba y luego se pusieron a la par hasta que un granjero detuvo al vehículo en la puerta donde saludó al centinela con la cálida alegría de un buen amigo y conversó y rió con él permitiendo que la pareja espectral se deslizara dentro de las puertas sin ser vista.

Los dos siguieron, uno delante del otro, como de memoria, a través de los árboles hasta llegar a un punto cerca del borde de la colina del Kremlin donde les habían dicho que tenían que esperar hasta que faltara un cuarto para la hora. Era el momento señalado en que otra sombra envuelta en una capa, esta mucho más pequeña que las otras dos, se apartara de la Blagoveshchenski Sobor y, con cautela, se aproximara a ellos.

-¿Qué hacen ustedes dos esta noche? -preguntó una voz contenida cuando un hombre se acercó a la pareja.

- Hemos venido a buscar ese plato sofisticado que persiguen los zares -fue la respuesta en un tono áspero.

El hombre hundió la cabeza al reconocer la declaración y pronunció la réplica esperada.

-¿Y qué es, sino un asiento real en el trono? -Los tres se reunieron y el hombre bajó aún más el tono.- ¿Sus hombres les han dado instrucciones?

El que tenía la voz áspera dio la información mientras su compañero se mantenía en absoluto mutismo.

-A la hora señalada harán algo para distraer la atención como comenzar a disparar en diversos lugares de Moscú, y los soldados serán despachados hacia esos lugares. El zar Piccolo y el patriarca Dende estarán para entonces en la Blagoveshchenski Sobor. Nosotros vamos a unirnos al resto de nuestros hombres y mataremos a los guardias del castillo que realizan la vigilancia y luego nos encargaremos del zar y del patriarca en la capilla. Tomaremos el Kremlím hasta que el zar apropiado suba al trono y mate a esos boyardos que lo rechazan.

-¡Bien! Supongo que sus hombres están esperando dentro del Kremlin para ayudarlos con la tarea.

-Todo está dispuesto, mi señor.

-¿También está arreglado el otro asunto?

-¿Qué otro asunto?

-Ciertamente deben haberse ocupado de la seguridad del nuevo zar y encontrado un lugar aquí en el Kremlin donde pueda esconderse hasta que esté listo para hacer su aparición, ¿verdad? -La pregunta encontró un tenso silencio que pareció demostrar la confusión de los dos. El hombre pequeño se enfureció. Fuera de sí por la simplicidad de esos tontos, se quitó la capucha en una muestra de ira y avanzó hacia el par con una mueca. La palma de la mano golpeó el ancho pecho del más alto, que era el que se encontraba más cerca de él.- ¡Idiotas! ¡EI es la parte más importante de todo el plan! ¿Dónde está?

-Donde cualquier pretendiente que se precie debe estar, Yamcha-respondió finalmente el más alto.

La mente de Yamcha se detuvo en súbita conmoción. Aunque el hombre había hablado en ruso, las palabras tenían un acento inglés, lo que lo llenó de miedo. Recordó precisamente dónde y cuándo había oído esa voz por última vez, y recordó que había sido algunas semanas atrás en un desfile militar en el Kremlin.

El hombre alto se aproximó a él quitándose la capucha de la capa.

-Sí, Yamcha, soy yo, el coronel Brief, a su servicio. - Trunks hizo un gesto con la mano hacia su compañero como si fuera una presentación casual.- Y el buen hombre es el capitán Goten para ayudarlo en lo que necesite. Sus amigos polacos fueron encontrados antes de llegar a Moscú, y me temo que su pretendido zar voló por los aires gracias a la puntería de mis artilleros. Una tragedia, en verdad. Estoy seguro de que el zar Piccolo hubiera preferido verlo decapitado junto con usted.

Yamcha sacó una daga con la intención de hundirla en el pecho de ese bribón que lo trataba con tanto desprecio, pero cuando levantó el arma, su muñeca encontró la firmeza de una mano de hierro. En el instante siguiente, su arma se encontraba en la espalda, con la punta hacia arriba, arrancando un grito de pánico. Como por casualidad, Trunks quitó el cuchillo de la mano del clérigo con otro grito indignado. Ese sonido atrajo un confuso burbujeo de voces en el Palacio de las Facetas, que pronto se convirtieron en órdenes de los guardias para que se buscara la causa de ese grito.

El corazón comenzó a palpitar con prisa en el pecho del clérigo, pues se dio cuenta de que no iba a escapar de la trampa que le habían tendido. Todo el dinero que los invasores habían separado para él parecía una suma despreciable si se comparaba con el precio que debería pagar por su traición al zar.

-¡Tengo dinero! ¡Se lo daré todo si me dejan ir! -suplicó Yamcha mientras miraba por encima del hombro. Tenía que irse antes de que los guardias del Palacio lo alcanzaran o sería demasiado tarde para escapar-. ¡Es más de lo que ustedes dos pueden ganar en toda su vida! ¡Por favor! ¡Deben dejarme ir!

-¿Qué porción le corresponde a la princesa Maron de lo que nos está prometiendo? Ella es su cómplice, ¿no es cierto? -preguntó Trunks.

-¿La princesa Maron? ¡No! Ella fue sólo un peón que usé para conseguir la ayuda de los ricos boyardos.

Goten se aferró con los dedos del cabello lacio del hombre y le levantó la cabeza para que lo mirara a los ojos.

-¿Los boyardos también te prometieron oro como recompensa?

-¡No! ¡No! ¡Pero les digo que hay suficiente para llenar los cofres hasta los bordes! Esos tontos no querían escuchar hablar de otro Dmitri que reclamara el trono. ¡De verdad! Parecían contentos de que un títere gobernara esta tierra.

-Dos veces fue suficiente, Yamcha -respondió Trunks en tono de burla-. ¿Qué tonto consideraría seriamente un tercer Dmitri que regresara de la muerte? Pero pienso que puedo hablar por los dos y darle una respuesta. Ve, estamos bastante satisfechos con lo que tenemos y muy agradecidos por el hecho de que nuestras cabezas seguirán unidas a nuestros hombros.

Yamcha comenzó a temblar y a sollozar como si todos los males del mundo le cayeran encima. Su llanto se tornó un gemido de angustia y frustración, hasta que pareció que no tenía más fuerzas para nada. Se desplomó contra el hombre que lo sostenía. Por encima de sus sollozos se podían escuchar las pisadas que se aproximaban, veloces, hacia ellos.

-¿Qué está pasando aquí? -preguntó un oficial que salió de las sombras. Desenvainando la espada, pidió refuerzos por encima del hombro antes de disminuir el paso para acercarse de un modo más cauto. Observó a las tres figuras vestidas con capas y se detuvo para interrogarlas-. ¿Qué están haciendo aquí?

-Esperándolo, parece -replicó Trunks con solemnidad mientras levantaba la cabeza para encontrar la mirada sorprendida del comandante Ten Shin Han.

-¡Coronel Brief! ¡Pensé que no estaba en Moscú!

-No estaba -respondió Trunks con sencillez, e inclinó la cabeza para señalar al sufriente clérigo que tenía entre las manos-. Nos encontramos con una fuerza de mercenarios polacos que habían sido contratados para ayudar a este hombre a asesinar al zar y al patriarca. Acampamos en las afueras de la ciudad de modo que nadie se enteró de nuestra presencia, por si había más espías implicados de los que nos habían hecho creer. Llegamos aquí en busca del que los mercenarios dijeron que debían encontrar. Los polacos no pudieron darnos el nombre del traidor, por eso tuvimos que descubrirlo nosotros. Creo que ya conoce a este hombre. Es quien escoltó a lady Son Pan a Moscú. Ahora es su prisionero.

Ten Shin Han miró al clérigo Yamcha, que no podía impedir que le castañetearan los dientes haciendo un ruido similar al de una pequeña serpiente venenosa capturada por la cola. El comandante quedó convencido de que la conducta del hombre era más una manifestación de su verdadero carácter que lo que había exhibido hasta el momento. Ten Shin Han hizo gestos a los guardias que habían respondido a sus órdenes de acercarse y llevarse al prisionero a la torre Konstantin. Luego, con estoica reserva, los miró alejarse con el hombre que se resistía con la ferocidad de un lobo rabioso.

Demorándose un momento en observar la partida del prisionero, Ten Shin Han se dio la vuelta casi con reticencia para enfrentar a su rival.

-Coronel Brief, hay un asunto de gran importancia del que necesita enterarse de inmediato. Poco después de que usted abandonara la ciudad, su esposa, lady Pan, fue secuestrada por una banda de hombres que se ajustaba a la descripción de Black y sus secuaces. La condesa N°18 dijo que la desaparición de su mujer no fue descubierta hasta la mañana siguiente, después de que los guardias que había contratado para custodiarla fueron encontrados amordazados y atados en el jardín. Para ese entonces, era demasiado tarde para rastrear el campo con la esperanza de detener la huida. Lo siento.

-Tranquilícese, comandante -le replicó Trunks -. En este momento mi esposa está segura y protegida en mi campamento en las afueras de la ciudad.

Ten no podía creer lo que estaba escuchando, y tardó un momento antes de articular una respuesta.

-Estaba seguro de que ninguno de nosotros la volvería a ver, considerando lo ansioso que estaba Black por quedarse con ella. ¿Cómo logró recuperarla?

-Fue mi buena fortuna de estar en el lugar correcto en el momento correcto. -Una sonrisa se dibujó en los labios de Trunks. - Debe de sentirse aliviado al escuchar que Black se ha arrepentido de sus métodos y ha venido a pedir perdón ante el zar Piccolo. En este momento, él también está en mi campamento, curándose de una herida que es más impresionante que seria, pero está disfrutando de su nuevo hijo. Sin la ayuda de él y de sus hombres, nunca habríamos sido capaces de capturar a los mercenarios.

-¿Black aquí? ¿En su campamento? ¿Puede ser posible?

La sonrisa ladeada hizo su aparición. El comandante sólo reflejaba su propio escepticismo cuando el ladrón le había hecho la propuesta.

-Sé que suena extraño, comandante, pero Goten puede confirmar la veracidad de lo que digo.

-Yo también tuve problemas para creerle -afirmó el capitán-, pero es verdad. Parece que Black se enamoró de la hermana de nuestro explorador, y ahora que es padre, siente que debe encontrar otra forma de vida para su hijo. El hombre ha sido educado por los mejores maestros, pero su padre... un príncipe polaco... no lo reconoció legalmente. Le ha pedido a la mujer que se case con él y, si es perdonado, tratará de conseguir una profesión honesta.

El comandante Ten sonrió ante la maravilla de semejantes milagros, luego se aclaró la garganta para hablar de un asunto completamente diferente.

-Coronel Brief, sabe que el general Shapner insistió en llevar el resto de su regimiento junto con las tropas de otros regimientos con la premisa de evaluar su aptitud...

Trunks y Goten intercambiaron miradas de confusión.

-¿Qué pasa, comandante?

-Bueno, por lo que he podido enterarme, el general Shapner no tenía idea de lo feroces que podían ser los cosacos cuando querían...

-¡Continúe, comandante! -Trunks apuró al hombre, que hizo una pausa para mirarlo.- ¿Qué pasó?

- Fue un completo tumulto, coronel Brief. Sus hombres querían quedarse y pelear, pero el general Shapner no quería asumir el riesgo de que molestaran a los cosacos más de lo que ya estaban. Ordenó a sus hombres que regresaran a Moscú y, enseguida, volvió a partir en un intento por someter a los cosacos que habían amenazado con prenderles fuego a sus talones si se aventuraban en su territorio. Una vez que el general pasó seguro las puertas exteriores de la ciudad, los cosacos se entretuvieron con todos los restos que su comandante había dejado atrás en su apuro, no sólo los mosquetes, sino también varios cañones que había mandado pedir. Los cosacos prendieron enormes fuegos, bebieron y se divirtieron acosando a los moscovitas de día y de noche con su nueva artillería. No hubo verdaderos daños que yo sepa, pero pasaron casi tres días antes de que terminaran con su bromas y se fueran a buscar nuevas diversiones. Desde entonces, el general ha estado oculto. Creo que tiene vergüenza de mostrar la cara.

Goten estalló en carcajadas y no hizo ningún esfuerzo por frenarse mientras el comandante Ten lo miraba de reojo. Pasó un rato antes de que Trunks fuera capaz de hablar sin la amenaza de seguir el ejemplo de su segundo en el mando.

-Todo parece haber andado muy bien en nuestra ausencia -le comentó divertido.

Ten contempló de cerca al inglés, que parecía tener problemas en ocultar una sonrisa mientras la luna se escondía detrás de una nube.

-Parece que ha tomado maravillosamente bien las noticias, coronel Brief. Tenía la impresión de que ustedes dos eran buenos amigos, como el general era extranjero y su comandante y...

-No necesito buscar mis amigos entre los extranjeros o los de mi clase, comandante. - Trunks apoyó un brazo en el hombro de Goten y lo acercó cerca de su lado.- Este es un verdadero amigo, comandante. Uno que busca mi bien, y en lo que respecta al general Shapner... bueno, lo valoro mucho menos que al más casual de mis amigos.

Trunks se llevó una mano a la frente a modo de despedida.

Estallidos ocasionales de risa sacudían a la pareja que partía. Con algo parecido a una sonrisa perpleja en el rostro, el comandante Ten Shin Han dio media vuelta y siguió su camino hacia el Palacio de las Facetas, donde relataría al zar Piccolo todo lo que el coronel Brief le había contado, luego lo escoltaría a la Blagoveschenski Sobor, donde se encontraría con el patriarca y el sacerdote.

… Continuara.

IMPORTANTE: Saludos a todas las lectoras, lamento no poder contestar sus comentarios, la página no me permite responderlos, pero los leo y los valoro a cada uno de ellos.