Capítulo 2
El primer día del viaje resultó ser una verdadera batahola. El inmenso calor, una tormenta de arena y los lloriqueos del bebé, casi obligaron a Hammer a realizar varias locuras, entre ellas, la de quedarse quieto y esperar la muerte. Pero en todos aquellos momentos supo desistir, y siguió caminando, llevando a cuestas la carreta, hacia las montañas. Sabía que el viaje iba a durar mucho tiempo, así que tuvo paciencia, y durmió su primera noche del viaje, con frio pero bastante abrigado, al igual que su hermanita.
Al despertar al día siguiente, notó algo muy extraño: Había sido arrastrado, durante la noche, hacia las montañas. Ahora estaba mucho más cerca de ellas, él y su carreta. Siguió caminado, mientras trataba de aclararse esas dudas. ¿Quién habría querido ayudarlo? Las posibilidades y las personas eran muchas. Pero la segunda era… ¿Cómo lo hizo, haciéndolo pasar desapercibido, y dejando solo las huellas de la carreta…?
Seguía pensando en eso cuando llegó al fin a las montañas. Eran enormes, probablemente marcarían el límite de Ecuestria. Detrás de ellas se encontraría el primer pueblo.
Estaba poniéndose ya el sol, y Hammer aún buscaba un camino para entrar. Peor aún, se le estaba acabando la leche para su hermanita. Tras un par de horas, buscando un lugar para entrar, encontró una caverna que parecía segura. Entró con su hermanita montando en él, y, mientras caminaba ahí, pronto empezó la oscuridad, por lo que tuvo que sacar la antorcha y su martillo. Tras encender la antorcha, se asustó de improviso. Habían muchos huesos desparramados en el suelo, siendo la mayoría de animales pequeños, aunque también algunos pertenecientes a ponies. ¿Serán de los que habrían querido irse de la aldea, sin alcanzar su objetivo?
Siguió su camino por la cueva. A medida que seguía su camino, comenzó a notar un olor extraño. pero también sintió que estaba bajando levemente. Trató de calmarse un poco ante esa loca idea del inframundo, no iría a despertar a su hermanita...
El olor se iba haciendo demasiado intenso. Hammer decidió colocar a su hermanita de nuevo en la carreta, pues el olor le haría mucho daño.
Finalmente, tras varios minutos de andar y andar, pudo ver el origen del olor. Un oso muerto, el cual fue atacado y golpeado en la cabeza. Hammer miro por un momento al animal sin vida, y se dio cuenta de que el animal no tenía sangre alrededor, y de que había sido golpeado en la cabeza, prueba de eso, había una roca con sangre seca al lado de su cabeza.
Hammer tuvo que irse rapidamente, ya que el olor se hacía insoportable. Tras dar una mirada rápida a su alrededor mientras corría, vió varios otros cadáveres, pertenecientes esta vez a muertos vivientes, quienes al parecer lucharon desarmados contra el oso, pereciendo rápidamente. Lástima que no los haya matado a todos, pensó.
Tras un trote para pasar rápido ese olor, llegó a lo que parecía la salida. La cueva había terminado y había una gran pared lisa que daba término a la cueva, pero mirando hacia arriba estaba la salida, a través de un gran agujero. Hammer se alegró de ver la salida y oler un poco el aire fresco, ya necesario entre tanto olor horrible.
Pero tras ese pequeño momento de alegría, pronto le llegó la preocupación. Ya había encontrado la salida, ¿ahora que? No podía arrojar la carreta hacia el agujero, como tampoco volar con ella hacia afuera. Tras mucho pensarlo, al fin encontró una solución. Guardó todas sus armas y enseres en las mantas, formando un gran bulto que después arrojó al agujero, logrando echarlo afuera al primer intento. Ahora debía arriesgarse con sus alas. Tomó a su hermana, se quitó las vendas, las cuales guardó, y emprendió el vuelo lento, rogando que no le pasara nada a sus alas.
Cuando dejó a su hermanita en el suelo arriba, se le dislocó un ala. Pero logró tomarse a tiempo de los bordes, y subir a la superficie. Ya más seguro en tierra, pudo recobrarse, volver a colocarse las vendas, llevar el bulto a un sitio más seguro, llevar a su hermanita al lado de él, y finalmente descansar.
Mientras descansaba un momento, pudo darse cuenta de que al frente de él, se veìa muy a lo lejos, hacia abajo, una buena cantidad de manzanos (sin saber él que eran). Y mirando hacia atrás, habían varias subidas hacia la montaña que estaba detrás de el. Colocó a su hermanita, quien estaba despierta, delante de él, y le empezó a hablar suavemente de que por fin habían conseguido salir de aquella cueva putrefacta, y de preguntarse como hicieron ellos para matar al oso... a lo que ella respondió:
- Ni oni si... - y empezó a dormirse de nuevo.
Hammer acurrucó a su hermanita junto al costal, pensando en lo resistente que era y en que más haría, siendo más capaz. Ya un momento después, ya pensando con claridad, descubrió otro problema: Ya que no tenía su carreta, ¿como llevaría a su hermana y el bulto, al mismo tiempo? No podía llevarlos juntos, debido a que ella podria hacerse daño. No bien comenzó a pensar en una idea, cuando de una de las subidas a la montaña, se oyó un grito femenino que lo asustó bastante. Inmediatamente después, apareció frente a él una vaca, quien en cosa de segundos, corrió rapidamente por la bajada de la montaña, siguiéndola dos grandes grifos, quienes gruñían mientras volaban.
Inmediatamente, Hammer optó por salvarla, pues cuando vivía en la aldea, las vacas eran un buen sustento de leche, pero no se las comían. Corrió, tomó su martillo de guerra, y se lanzó al ataque contra esas dos bestias. Galopando, cuando llegó a la distancia que él consideró suficiente, le arrojó el martillo a uno de los grifos, quien, tras llegarle a la cabeza, terminó inconciente, cayendo al suelo. El otro grifo, dándose cuenta de la ausencia de su compañero, miró atras, y viendo al agresor, voló hacia él en picada.
Hammer esquivó el primer ataque, pero el grifo, recobrandose rápidamente, tomó por detrás a Hammer, manteniéndolo sujeto al suelo con una garra, y preparando la otra para atacar. Hammer ya se había rendido, viendo lo incapaz de poder escapar. Cuando creyó terminada su vida, de repente se sintió libre.
Tras estó, miro hacia su captor, quien había sido embestido por la vaca, y finalmente, cuando vio al grifo escapar a lo lejos, se levantó y se acercó a su salvadora, dirigiéndose a ella algo nervioso.
- ...Gracias por... salvarme - dijo Hammer.
- Gracias a tí - respondió con su voz algo cansada e igualmente nerviosa la vaca -. Sin tí no hubiera sobrevivido.
- Bueno... si es que usted no estaba ahí -dijo Hammer, queriendo responder rápido - nos hubieran atacado a nosotros...
La vaca se sintió un poco ofendida por lo último dicho.
- Y bueno... -continuó Hammer, dándose cuenta de lo que había dicho-. ¿A quien tengo el honor de salvar?
- Me llamo Luisa -respondió mas tranquila- y vivo en el pueblo de Appleloosa. La verdad es que quería irme de allá y buscar otro lugar donde vivir, tras las montañas.
- La verdad es que ha llegado un poco tarde - dijo Hammer un poco apenado-, lo único que vivía tras las montañas ha desparecido, y ahora solo hay arena.
- ¿De verdad? Entonces... ¿Como te llamas?
- Me llamo Hammer Barbaric -respondió con orgullo y serenidad- era uno de los soldados de la destruída aldea del desierto al otro lado de las montañas. Tras el ataque, solo sobrevivimos yo y...
De repente Hammer se acordó, y fue corriendo rapidamente por donde vino. Cuando llegó finalmente, vio a su hermanita, con lágrimas en sus ojos, gateando hacia el agujero. Salto con fuerza, la tomó en brazos y la lleno de besos, pidéndole perdón, respondiéndole ella con golpes. La vaca apareció tras ellos, y dándose cuenta Hammer de que lo estaba viendo, se detuvo. La vaca se sentía algo incómoda, por lo tuvo que comenzar a hablar.
- Ella... ¿es tu hermana?
- Así es - respondió Hammer, limpiándose las lágrimas -. Solo nosotros dos sobrevivimos al ataque.
- ¿Al ataque de...?
- Perdone que la interrumpa, pronto hablaremos de eso - dijo bruscamente, mirando a los lados-, pero ahora tengo otro problema.
- ¿Que pasa ahora?
- Verá, no sólo vamos yo y mi hermana. También llevo mi equipaje -dijo, señalando el bulto recién encontrado-, el cual llevaba en una carreta, hasta que llegué a la cueva que esta en ese agujero.
- ¿Y eso que tiene de malo?
- Ahora que ya no tengo la carreta, no puedo llevar a mi hermanita y mi equipaje al mismo tiempo. ¿Como resolvería este problema?
- A ver... yo llevaré el saco, y tu a la bebé.
- No, mejor al revés. Yo puedo llevar ese saco, es muy pesado.
- Muy bien, como tú digas.
Tras esta conversación, Hammer miró al cielo para ver en qué momento debían partir. Lo sorprendió el hecho de que ya se estaba escondiendo el sol; el segundo día de viaje fue bastante largo, y no pensó en que terminaría. Tuvo que decírselo a su amiga, quién aceptó, y, tras hacer una fogata hecha con los palos de la carreta (Hammer se arriesgó una vez más), durmieron a la interperie; Hammer y su hermanita en una manta, y Luisa en la otra.
Debían prepararse para el día siguiente, el pueblo no se veía todavía, pero podían acercarse; al menos, ya no estaban solos.
