Gracias por los reviews, alertas y favoritos :D Nos leemos en la nota al final del capi.

Capítulo sin beteo, así que, de antemano, disculpen cualquier error que se me haya escapado.


Disclaimer: La saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer, yo solamente me divierto con sus personajes, ya que me enamoré de ellos. Esta historia es una idea mía y ahora la comparto con ustedes.


Capítulo 2 — Encontrando mi tesoro

Edward POV

— ¿La encontraste? — Indagué a Jenks así que él traspasó la puerta de mi oficina. Él era el mejor investigador privado de Seattle y estaba trabajando para mí en los últimos diez meses.

— Sí, pero las noticias no son tal y cual como usted las esperaba, señor Cullen. — Dijo sentándose en la silla delante de mi escritorio.

— Cuéntame de una vez, Jenks, estoy esperando eso a meses.

Él se ajustó en su silla y me miró seriamente.

— Tanya Denali ha muerto — Dijo el investigador sin preámbulos.

La noticia me cayó igual que un petardo inesperado que devasta todo a su alrededor.

— ¿Cómo...?

— Un accidente de coches. Y estaba embarazada como lo creía usted.

— ¿El bebé...?

— La bebé — corrigió —, ella ha sobrevivido.

Oh, por Dios, tenía una hija, sentí mi vista ser empañada por lágrimas ante la emoción que me generaba dicha noticia. Siempre soñé con ser padre, pero esperaba que esto sucediera cuando ya estuviera casado, con una vida estable y no a causa de una relación sin lazos sentimentales.

— ¿Y cómo se encuentra mi hija? — Indagué.

— Bien, está sana, pese al alumbramiento traumático.

— Necesito verla, dime dónde se encuentra ahora — solicité ansioso.

— Las cosas no son así de fácil, señor Cullen, la señorita Denali no tenía parientes vivos y tampoco quiso nombrarle como el padre de la niña, así que una pediatra del hospital la adoptó de forma legal, antes de morir ella firmó todos los papeles necesarios, por ley usted no tiene ningún vínculo con la niña.

— Pero es mi hija, Jenks, debe de haber alguna manera para reverter la adopción. La quiero junto a mí y a mi familia. — Dije poniéndome de pié.

— Será algo complejo, señor Cullen, primero tendría que explicar cómo logró obtener esta información, y lo que hice para descubrir lo de la adopción es ilegal. Tuve que entrar en el sistema del hospital, hablar con personas del lugar que a cambio de algo de dinero soltaron la lengua. Si usted va a juicio por la custodia de su hija, su madre adoptiva podrá utilizar está información en contra de usted, basta que tenga un buen abogado que la oriente. — Explicó.

— ¿Y qué hago? ¿Olvidarme de que tengo una hija? — Dije exasperado, caminando de un lado al otro de mi oficina. — No me interesa cómo, pero la tendré conmigo, moveré cielo y tierra para eso, todo el dinero que tengo me debe de ser de alguna utilidad.

— Lo primero que usted debe hacer es tranquilizarse, luego debe hablar con sus abogados, ellos le dirán cómo proceder ahora.

Asentí.

— Gracias, Jenks, usted ha hecho un buen trabajo.

— Por nada, Señor Cullen. Soy bien recompensado para hacer lo mío. Bueno, tengo que irme, antes le dejo un informe completo con todos los detalles desde la muerte de la señorita Denali hasta la adopción de la niña, y hay otro informe sobre la madre adoptiva, ahí encontrará todas las informaciones de que necesita. — Cogí el sobre que él me tendía y nos despedimos.

Por el intercomunicador hablé con Bree, mi secretaria, y le pedí que convocara una reunión con mis abogados para dos horas después.

Mientras esperaba la reunión decidí estudiar el informe que me hizo Jenks.

El mundo sin duda es un pañuelo, Tanya buscó refugio justamente en la ciudad donde viven mis padres y mis hermanos. Desde cuando mis padres se vieron solos en la gran casa Cullen decidieron cambiar de estilo de vida, tardaron años solamente conjeturando la idea, hasta que un año y medio atrás, ellos nos comunicaron, a mis hermanos y a mí, que iban a dejar la tumultuosa Seattle para vivir en la pequeña Forks. Seis meses después, mis hermanos, ya graduados y aunque con buenos trabajos en Seattle, optaron por tener una vida tranquila, y junto con sus respectivas esposas, que les dieron total apoyo, les siguieron el rastro a nuestros padres y así que les surgió una oportunidad de trabajo para todos, ellos no dudaron y se fueron a vivir en Forks. Yo me quedé en nuestra ciudad natal, donde tras seis años después de mi graduación, años de mucho trabajo, logré ver mi sueño hecho realidad, hoy soy socio de una de las mayores constructoras del estado de Washington. Mi hermano mayor, Emmett es médico como nuestro padre, pero no actúa en la misma área, mi padre es obstetra y mi hermano ortopedista, Jasper, el hermano del medio, es psicólogo, todos trabajan en el mismo hospital de la pequeña Forks. Con mi familia siempre nos reunimos en las fechas especiales, los cumpleaños, la navidad y año nuevo, intentó ser presente en la vida de ellos, pero a veces el trabajo me pone difícil las cosas, Tanya, en el poco tiempo que estuvimos juntos, también ponía obstáculos a nuestra relación, pero de alguna manera yo iría a remediar eso, ya había llegado a donde anhelaba en mi carrera, ahora debía estar más presente para mi familia, si era necesario delegar funciones a mis empleados de confianza para así estar más cerca de ellos, así lo haría.

Seguí con mi lectura y casi me caigo de la silla cuando leo que mi padre fue el médico que le hizo el parto a Tanya, decir que el mundo es un pañuelo es quedarse corto. La pediatra que adoptó a mi hija es la misma que la atendió al nacer. Pasé las páginas y encontré el informe sobre la vida de la tal mujer.

Isabella Marie Swan, 27 años, soltera, médico pediatra, con título en la universidad de Seattle, respetada por los compañeros de trabajo y por los familiares de sus pequeños pacientes.

Hija: Madeleine Sofía Swan — Madeleine, mi hija se llamaba Madeleine… era un nombre hermoso, femenino y dulce, cómo deseaba estar con ella en aquel momento, poder sostenerla en mis brazos.

Suspiré y seguí con la lectura.

Familia: Padre: Charlie Swan, jefe de policía de la ciudad de Forks;

Madre: Renée Swan, fallecida en un accidente de tráfico cuando Isabella tenía dos años. Su padre se hizo cargo de su única hija, y ella vivió con él hasta que se fue a la universidad en la ciudad de Seattle, donde vivió por nueve años. Hace un año, volvió a su ciudad natal y asumió el cargo de pediatra que estaba vacante en el único hospital del lugar; ella vive sola con su hija en un piso propio a las afueras de Forks.

Giré la página y me encontré con dos mares en tono de chocolate mirándome, una melena caoba le adornaba el rostro blanco, unos labios rojos natural sonreían de forma avergonzada. Ella era hermosa, pero no era una belleza espectacular, era natural y simple, con un aire de inocencia y todo eso junto la convertía en una mujer bella, muy bella.

— Bree — por el intercomunicador y sin dejar de mirar la foto en mis manos, volví a llamar a mi secretaria —, quiero que me canceles toda mis reuniones de mañana y todas las que quedan en la semana, las que sean urgentes Benjamín — mi socio y amigo desde la universidad — se hará cargo, hablaré con él. — Y Bree, me reservas un vuelo para Port Ángeles hoy para el final de la tarde. — Si fuera en coche llevaría tres horas para llegar, pero en avión algo alrededor de una hora.

— Sí, Edward, cuando todo esté listo te aviso.

— Gracias.

Colgué y llamé a Emmett.

— Emmett, necesito que tú o Jasper me recojan en el aeropuerto de Port Ángeles hoy por la noche — dije así que él atendió el teléfono.

— Hola a ti también, Edward — contestó él.

— Hola, Emm, lo siento, estoy algo liado hoy.

— Y qué te hace venir a Forks si no tenemos ninguna fecha importante, ¿tienes algún problema?

— Tengo algo a resolver y descubrí que una persona a quien buscaba se encuentra en Forks.

— ¿Qué te traes, Edward?

— Lo explicaré todo cuando la familia esté toda reunida, Emm.

— Vale, entonces después me informa los datos de tu vuelo, yo mismo te voy a recoger, hoy es mi día libre — explicó.

— Gracias, hermano, le avisas a mamá, por favor. Nos vemos pronto y te envío un mensaje con las informaciones del vuelo.

Después fui a la oficina de Benjamín y le expliqué la situación, él la comprendió y dijo que no me preocupara y que quedara en Forks el tiempo que fuera necesario.

Volví a mi oficina y no resistí, tuve que mirar nuevamente el rostro de Isabella Swan, minutos después Bree anunció que mis abogados habían llegado. La reunión no fue muy buena, los abogados me dijeron que la madre adoptiva tenía derechos iguales a los míos, ya que la madre de mi hija los concedió, así que si yo pidiera una prueba de paternidad y el resultado fuera positivo, yo lograría que un juez analizará el caso, para así decidir si la niña se quedaba con uno de los dos o si compartiríamos su custodia. Según ellos sería un proceso demorado, pero si estaba dispuesto a contratar a los mejores abogados, había posibilidades de conseguir la custodia completa de mi hija. Al finalizar la reunión, salí de la empresa para ir a mi apartamento hacer mi equipaje, mientras manejaba las palabras de los abogados se repetían en mi mente, y en aquel momento yo sólo tenía una certeza, la de que necesitaba hablar con mi familia, después de eso decidiría lo que iba a hacer.

Llegué a Port Ángeles al inicio de la noche, Emmett ya me esperaba.

— ¡Hola, hermano! — Me saludó.

— Hola, Emm ¿Cómo van todos? — Pregunté mientras lo abrazaba.

— Todos están bien, pero preocupados por ti.

— Estoy bien, sólo necesito de la familia para ayudarme a resolver algo, tengo que tomar decisiones importantes y quería consultarlos.

— Vale, puedes esperar hasta que sea más tarde, ¿no? Hoy tenemos una invitada para la cena y no la podíamos desconcertar, es alguien muy especial para todos nosotros.

— Sí, por supuesto, será bueno disfrutar de una cena en familia, antes del consejo familiar, y además podemos hablarlo mañana en el desayuno, así tengo tiempo para aclarar mis pensamientos. Debo admitir que estaba algo ansioso por llegar, pero ahora que ya estoy aquí me siento más tranquilo — le dije, y era verdad, la casi una hora de vuelo me ayudó a calmar mis nervios, y percibí que no debía actuar de manera precipitada, el futuro de mi hija estaba en juego.

— Vale, hablaremos mañana entonces, por coincidencia todos tenemos la mañana de los martes libres.

— ¿Incluso Rosalie y Alice? — Pregunté, pues quería a todos presentes para discutir mi situación y mis cuñadas eran una adquisición importante en nuestra familia.

— Ellas son las propietarias de sus negocios, así que pueden manejar el horario.

Asentí.

— Y dime, ¿quién es está invitada que trae a todos ustedes de la mano? — Pregunté mientras él empezaba a conducir su todoterreno.

— Es Bella, una compañera de trabajo en el hospital, la conocimos el año pasado cuando entró a trabajar allí. Es una chica muy tranquila y muy comprometida con su trabajo, hasta Rosalie la quiere.

— Pues que debe de ser una gran chica para lograr el cariño de mi cuñada — Rosalie es una mujer maravillosa, pero le cuesta confiar a la gente por traumas del pasado, todos en mi familia, incluso su marido tuvieron dificultades en acercarse a ella.

— Ya lo dirás tú cuando la conozca.

Cambiamos de tema y hablamos sobre su hijo, mi precioso sobrino de dos años de edad, Ethan, él es la alegría de toda la familia. Hablamos de Jasper, casado desde hace dos años con Alice, un verdadero torbellino de energía. Mis hermanos tuvieron mucha suerte en encontrar a dos chicas como mis cuñadas, les tocó la lotería literalmente.

Aparcamos delante de la casa de mis padres a las siete y media de la noche, mis padres salieron a recibirme con gran alegría, pero noté algo de preocupación en sus miradas.

— ¡Edward! — Chilló mi madre envolviéndome en un abrazo afectuoso.

— Hola, mamá, también te eché de menos — sonreí.

— Edward, hijo. — Me separé de mi madre y fui hasta mi padre.

— Papá, ¿cómo estás? — Dije abrazándolo.

— Bien, hijo, contento en verte, aunque sea de esta forma tan intempestiva, ¿está todo bien?

— Sí, no hay motivos para preocupase — por ahora, añadí en mis adentros —, hablamos mañana tras el desayuno. — Contesté mirando de mi madre, que esperaba con ansiedad la respuesta, a él. Gracias a Dios había logrado controlarme más temprano, si ellos me viesen a algunas horas atrás no me iban a creer.

— Ven, hijo, vamos a entrar — instó Esme, tomándome por el codo.

En la sala de nuestra casa se encontraban Jasper y Alice, sentados abrazados en el sofá.

— Cuñadito — gritó Alice, desvencijándose de los brazos de mi hermano para abrazarme.

— Hola, enana. Es bueno saber que sigues tan imperativa como siempre.

— Aguafiestas — ella se separó de mí y volvió al lado de su esposo que sonreía tranquilamente ante la escena.

— Edward, es bueno verte, hermano — me saludó Jasper, abrazándome.

— Es bueno estar en casa, Jas.

— ¿Y dónde están mi Rose y Bella? — Indagó Emmett, adentrado con mi equipaje, que por la manera efusiva que me recibió mi madre había dejado olvidado en su coche, dejándolo en un rincón de la sala, le di una mirada de disculpa y él rodó los ojos.

— Ethan se quedó dormido y Rosalie lo fue a acostar y Bella aprovechó para ir amamantar a Maddie, que se estaba poniendo impaciente — explicó Alice.

Maddie… este sobrenombre me hizo acordar a mi hija, pues en general, es la manera cariñosa utilizada para nombrar a las niñas que se llaman Madeleine.

— Entonces las esperamos bajar y luego empezamos a cenar porque me muero de hambre — dijo Emmett.

— ¡Qué novedad, Emm, tú con hambre! — Bromeó Jasper.

— Es claro que tengo hambre, hermano, yo sí quemo muchas calorías por la noche y las preciso reponer durante el día.

Jasper rodó los ojos.

— Niños, no empiecen, hoy tenemos visita — los acortó mamá.

— Bella es de casa, mamá, ya está acostumbrada con nuestras bromas, ella prefiere escuchar mis bromas con Jas y que la olvide a ella.

Pobre chica, ser el blanco de las bromas de Emmett es algo insufrible.

— Permiso, pero necesito ir al baño — avisé, levantándome del sofá y encaminándome al baño que había cerca de la oficina de mi padre.

— Edward, cariño, tienes que utilizar el baño del piso de arriba, estoy haciendo algunas modificaciones en este y todavía no está listo para ser utilizado — explicó Esme sonriendo a modo de disculpa. Mi madre y sus reformas, modificar algo en la casa era una adicción suya desde que dejó de trabajar como decoradora.

Me dirigí al piso de arriba, y cuando pasaba delante de la habitación que mis padres les habían hecho a Ethan, oí por la puerta que estaba entreabierta:

— Es increíble, Bella, que Maddie no sea tu hija de sangre y que aún así la puedas amamantar — era Rosalie la que hablaba, y lo que oí de sus labios me dejó congelado en el mismo lugar donde estaba.

— El amor es que es algo increíble, Rose, ya había oído casos de madres adoptivas que lograron amamantar, pero no pensé que eso me fuera pasar; me siento muy feliz de poder hacerlo, es algo único, me siento tan conectada a ella en estos momentos — contestó una voz dulce y suave.

— Te comprendo, sentía lo mismo con Ethan, sólo una madre lo puede comprender.

La mujer invitada de mis padres tenía una niña que era adoptada, no, eso no podía ser posible, sacudí la cabeza, pero la curiosidad me venció y miré por la rendija de la puerta, y vi al fondo de la habitación una mujer con un largo pelo caoba sentada en un sillón, un pelo muy semejante al de la mujer de la foto, el pelo le tapaba el rostro, pero no cubría a la niña que ella arrullaba con cariño, la bebé debía de tener unos dos meses, igual que mi hija, era blanca, igual que su madre adoptiva, y tenía mucho pelo en un tono castaño claro, me acordaba el pelo de mi madre.

— Se durmió — dijo la tal Bella.

— Déjala en la cuna de Ethan, él se quedará bien un su pequeña cama, solamente a mi suegra se le ocurre comprar la cuna y la cama al mismo tiempo — oí decir Rosalie y ambas rieron bajitos. — Encendemos la niñera electrónica, así cenamos tranquilas — recomendó mi cuñada.

— Vale — aceptó la otra.

Despacio me moví para no hacer ruido y entré en el cuarto de baño.

No podía creer, pero todo indicaba que esta niña que dormía tranquilamente en mi casa era mi hija. Me figuraba que mi padre y hermanos conocieran a su madre adoptiva por el trabajo, pero no imaginaba que ella fuera una amiga de la familia, no sabía si eso complicaría o facilitaría las cosas. Dios, ayúdame.

Cuando salí del baño contuve mis ganas de mirar a la bebé, ya me tardaba demasiado, conociendo a Emmett pronto vendría a buscarme ya que quería cenar. Bajé las escaleras y me preparé mentalmente para confirmar mis sospechas.

— ¡Por Dios, Edward! Hasta que bajas, ya iba por ti. Vamos a la mesa que tengo hambre — dijo Emmett levantándose del sofá, con el ímpetu de un niño hambriento.

Los demás se levantaron de sus asientos. Mi mirada voló a la mujer de grandes ojos chocolates que estaba entre Alice y Esme. ¡Era ella! La misma mujer de la foto. Vi cómo sus mejillas se pusieron rojas por mi intensa mirada, ella era simplemente dulce, más bella personalmente que en la foto. Llevaba un vestido azul oscuro sin mangas, suelto hasta las rodillas y sin escote, decorado con una hilera de botones dorados que empezaba a la altura de sus senos y seguía hasta a su abdomen, claro, estaba amamantando.

— Emmett, no seas maleducado — lo reprochó mi cuñada, sacándome de mi evaluación. — Hola, Edward, ¿cómo estás?

— Hola, Rosalie, voy bien, gracias — nos abrazamos, y rápidamente mi madre trató de presentarme a su invitada.

— Edward, deja que te presente a Bella Swan, una gran amiga de tus hermanos y cuñadas y una hija para tu padre y yo — dijo mi madre arrastrando a la chica por la cintura hacia delante.

— Hola, Edward — dijo tendiéndome su mano y mirándome tímidamente.

— Hola, ¿Bella? — Le tomé la mano, que estaba un poco fría y sentí una descarga eléctrica atingir mi cuerpo cuando nos tocamos y ella sintió lo mismo porque rápidamente separó su mano de la mía, su piel era tan suave.

— Err... En realidad es Isabella, pero prefiero que me llamen Bella.

— Entonces será Bella.

— Gracias — contestó desviando su mirada.

— Presentaciones terminadas, ahora a comer, por favor — rogó mi hambriento hermano.

Todos se rieron y nos dirigimos a la mesa. Las mujeres nos hicieron sentar mientras ellas traían de la cocina los platos cocinados por mi madre.

Cuando todo estuvo listo ellas se sentaron, mi madre delante de mí y al lado derecho de mi padre que estaba en la cabecera de la mesa, Bella por insistencia de mi madre se sentó a su lado, con Rosalie y Emmett completando su lado de la mesa, a mi lado se sentó Jasper y después Alice.

— ¿Bella, cómo reaccionó tu padre a la adopción? — Indagó mi madre mientras empezábamos a comer.

— Se sorprendió, por supuesto, me vino a cantar la charla de la responsabilidad, pero no había ya nada que él pudiera decir o hacer, Madeleine ya era mía y desde que él la vio se quedó totalmente prendado de mi muñequita, creo que la va a consentir demasiado — sonrió.

— Para esto están los abuelos — dijo mi padre sonriendo —, Maddie tendrá dos abuelos y una abuela que la van consentir, y es mejor que te acostumbres a eso, Bella — le avisó él.

— Papá, no te olvides de sus tíos — completó Emmett.

— Y tías — dijo Rosalie tomando la mano de Bella que descansaba sobre la mesa, mirando de Alice a ella sonriendo.

Santo cielo, toda mi familia amaba a mi hija, y todavía ellos no tenían idea de los lazos que los unía, que iba más allá de la amistad por Bella.

— Gracias a todos, es bueno saber que mi hija tendrá lo que yo no tuve en mi niñez, me conforta inmensamente el amor que todos ustedes profesan a nosotras. Esme, tú sabes que eres la madre que yo no pude tener, Carlisle es mi según padre y los chicos son los hermanos que siempre deseé. Gracias por todo el apoyo.

— Oh, hija — mi madre envolvió a Bella en sus brazos —, no tienes nada a que agradecer, es tan fácil quererte.

— Bellita, así me entran ganas de llorar — dijo Emmett, fingiendo sorber por la nariz.

Todos se rieron.

— Vamos a cambiar de asunto, estoy acaparando la velada — dijo la aludida.

— Vale, sabemos que no te gusta ser el centro de las atenciones — comentó Jasper, y Bella le dio una mirada agradecida. — Entonces Edward, ¿cómo van las cosas en la empresa? — Preguntó mi hermano, direccionando la charla hacia mí.

Les conté de los proyectos que teníamos y luego la cena siguió con un relato de las travesuras de mi sobrino.

— Mamá, qué te sobresaliste con esta tarta — le dije mientras saboreaba la mejor tarta de chocolate que comí en toda mi vida.

— Me alegra de que te guste, Edward, pero la tarta la hizo Bella.

— Además de pediatra ¿te dedicas a la cocina, Bella? — Le pregunté.

— Tuve que aprender a cocinar desde niña, o mi padre y yo viviríamos de comida congelada. Pero es algo que me gusta hacer.

— Y lo haces muy bien — la halagué.

— Gracias — contestó con las mejillas levemente sonrojadas.

Disfrutamos del postre entre conversaciones amenas y yo aproveché para analizar a la madre adoptiva de mi hija, aunque sabía que ella tenía 27 años, me sorprendí porque ella no aparentaba ser una mujer de esa edad, más bien parecía una joven en sus recién cumplidos veinte años, era algo tímida, hablaba bajo, y cuando se dirigía a mí o yo a ella, no me miraba directamente. Hay gente que no nos mira a los ojos al hablarnos y eso dice mucho de la personalidad de la persona, pero en el caso de Bella, lo hacía por vergüenza, sus mejillas se tintaban de rosa cada vez que yo mencionaba su nombre y además interactuaba normalmente con todos que estaban allí, por supuesto, los conocía desde algún tiempo, pero creo que su timidez al hablar conmigo se debía a que la había mirado tan intensamente al verla por primera vez que probablemente la había abrumado.

Cuando terminamos de cenar, los hombres volvimos a la sala y las mujeres se fueron a la cocina ayudar a mi madre, hoy era día de las mujeres auxiliaren en la cocina, mi madre, desde que mis hermanos y yo tuvimos edad suficiente, intercambiaba las funciones de la casa entre todos nosotros, incluso con papá.

— ¿Bella siempre viene aquí? — Pregunté como quien no quiere la cosa.

Estábamos tomando vino, yo en el mismo sofá que mi padre, Emmett estaba sentado en una poltrona a la izquierda de nosotros y Jasper en otra a la derecha.

— Ay, Ed, que ya quieres añadir a nuestra Bella a tu lista de conquistas — empezó a decir Emmett y en un gesto negativo con la cabeza completó: — Ella no es para ti, quédate lejos de ella.

— Sólo hice una pregunta, Emmett, eso no significa que esté atraído por la chica, ¿será que no puedo interesarme por las personas con quien mi familia tiene amistad? — Indagué a la defensiva.

— No me engañas, hermanito, vi como la mirabas en la cena.

— Hablas como si fuera un depredador de niñas indefensas, Emmett.

— Esa es la cuestión, Edward, tú estás acostumbrado a lidiar con mujeres fuertes y que desean el mismo que tú de la relación, pero Bella en muchos sentidos es la niña indefensa de que hablaste y no una femme fatale* (N/A: Expresión de origen francesa que significa mujer fatal*).

— No creo que sea para tanto, Emmett — interrumpió nuestro padre —, Edward vive lejos de la familia, es natural que quiera conocer a las personas que nos son queridas.

— Gracias, papá — le agradecí.

— Yo solamente le aclaré la situación antes que las cosas se pasen a mayores — justificó mi hermano.

— Vale, hijo. Y contestando a tu pregunta, Edward, sí, Bella siempre está por aquí, es amiga de Alice desde que eran niñas, ambas habían dejado a Forks para estudiar, y habían perdido el contacto con el tiempo, pero ahora se reencontraron y Rosalie se les unió al grupo; tu madre la adora como a una hija y yo también; y además es nuestra compañera de trabajo.

— Y una hermana para Emmett y para mí — agregó Jasper, hablando por primera vez.

— Como ves, muchas cosas nos unen a Bella — terminó mi padre, yo asentí. Los unían más cosas que ellos pudieran siquiera soñar.

— ¿Cómo va todo en el hospital? — Indagué, cambiando el asunto, después tendría tiempo para sacarles información acerca de Bella.

— Muy bien, por Forks ser una ciudad pequeña permite que trabajemos en turnos no tan exhaustivos y que formemos una relación con los pacientes, en mi caso, es óptimo — explicó Jasper refiriéndose a su carrera como psicológico.

— A mí también me agrada mucho, como ortopedista en hospitales de las grandes ciudades vi cosas terribles a causa de accidentes en coche o en moto, no es que aquí no los hay, pero la frecuencia es bien inferior, lo más recurrente en mis consultas son huesos rotos por alguna travesura de niños.

— Por lo visto esta ciudad los tiene atrapados a todos, y tu papá, ¿qué dices de Forks? — Le pregunté.

— Es bueno poder tener algunos años más tranquilos en la carrera antes de finalmente dejarla, además la ciudad es muy tranquila, no hay atasco para ir al trabajo, se respira mejor, pues el aire no es tan contaminado, en resumen, se vive muy bien aquí.

Seguimos conversando amenidades hasta que las mujeres regresaron de la cocina, Bella dijo que ya se hacía tarde y tenía que marcharse, subió las escaleras acompañada de Rose para recoger a su hija, mi hija, y a mi sobrino, algunos minutos después la vi bajar cargando un bulto, arropado en una mantilla blanca y rosa.

— Sigue dormida — explicó Bella sonriendo a mi madre que se le aproximaba para mirar a la bebé.

— Es un angelito — susurró mi madre, acariciando la cabecita de su nieta sin saberlo, luego se inclinó y dejó un beso suave sobre el lugar que antes acariciaba. — Me la tras la próxima semana nuevamente, ¿sí, hija?

— Por supuesto, Esme — le garantizó la chica.

— Nuestra nieta es preciosa, Esme — dijo mi padre rodeando a mi madre con un brazo alrededor de su cintura. Sus palabras hicieron que tanto mi madre como Bella sonrieran.

— Gracias por el cariño, Esme, Carlisle.

— Bella, eres como una hija para nosotros, por consecuencia Madeleine es nuestra nieta igual que Ethan, aunque ustedes no lleven nuestra sangre, ambas son parte de esta familia — le dijo mi madre.

— Gracias — musitó la madre adoptiva de mi hija, algo emocionada —, los quiero.

— Y nosotros a ti, hija — susurró mi madre separándose de mi padre para abrazar a la chica delicadamente. No podía entender qué era lo que tenía esta chica que tenía a toda mi familia comiendo de su mano.

— Déjame ver a mi princesita antes de que se vayan — dijo mi padre aproximándose de Bella, mi padre igual que mi madre se inclinó y dejó un beso sobre la pequeña cabeza cubierta de pelo castaño claro, que era lo más visible de mi hija.

No resistí.

— ¿Puedo verla? — Pedí desde el sofá. — Soy el único que no la conoce.

— Por supuesto — contestó Bella, sonriéndome tímidamente. Mientras me aproximaba vi como ella apartaba un poco la mantilla para mostrar más de la niña. Mis ojos jamás se olvidarían de aquella imagen mientras yo viviese, mi hija era un bebé regordete, el rostro era sonrosado, los labios rojos formaban un tierno puchero, la nariz era pequeñita, redonda y respingona, las largas pestañas hacían sombra sobre las mejillas, sus manitas estaban cerradas en puño, una apoyada al lado de su mejilla y la otra sobre su pecho.

— Es preciosa — musité conmocionado, alargando mi mano para acariciar con mis dedos la suave y caliente piel de la mejilla de mi niña.

— Gracias — contestó Bella, utilizando un tono de voz que demostraba la madre orgullosa que era ella de su bebé.

— Bueno, también nos vamos, mamá — habló Emmett, sacándome de mi burbuja — Bella, te acompañamos hasta tu piso y después seguimos para nuestra casa — explicó mi hermano tomando de los brazos de su esposa un soñoliento Ethan.

— Gracias, Emm.

Las despedidas se siguieron, Alice y Jasper que vivían más cerca se quedaron algún tiempo más, y antes de que Emmett se fuera acordamos lo del desayuno en familia. Al día siguiente debía de contar a todos lo que me llevó a Forks de manera tan intempestiva. Pensando en esto me fui a la cama para tener una noche intranquila en donde la imagen de mi hija y su madre adoptiva llenaron mis sueños.


¡Hola lectoras! Nuestro Edward entró en escena, y ya empezamos a aclarar algunas dudas, en el próximo capi vamos a comprender lo que se pasó entre Edward y Tanya. ¿Qué hará Edward con respecto a Bella y a su hija? ¿Conjeturas? Me encanta leer sus opiniones.

Aquí aprovecho para agradecer a todas las lectoras que me dejaron sus comentarios, muchas gracias, ustedes me dieron un hermoso regalo de estreno, sus palabras me llenaron de motivación e inspiración; jamás imaginé que está historia alcanzaría a tanta gente, también agradezco a las chicas que me agregaron en sus alertas y favoritos, a las lectoras fantasmas, sé que están ahí, chicas. Espero que todas sigan disfrutando de la historia, así como lo hago yo escribiéndola.

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Saludos llenos de cariño, ¡gracias por leerme! Hasta el próximo jueves ;)

Jane