Hammer despertó asustado en la mañana. Mientras dormía, había soñado que caminaba de día por la aldea destruída, y había llegado al Altar de los Cuernos, cuando una columna de humo, parecida a la cual había desaparecido aquél muerto viviente, apareció frente a él, y sin tomar otra forma, le murmuró:
- ¿Por qué quieres seguir perdiendo el tiempo? Tu pueblo ya despareció y nunca volverá a ser lo de antes. Lo mejor será que mueras y dejes de hacer el tonto...
Y antes de que Hammer pudiera responder, el humo negro, el cual comenzaba a emitir gritos hacia todos lados, comenzó a rodearlo, solidificándose y asfixiándolo. Antes de que ocurriera algo horrible, despertó.
Miró a su alrededor. Ya había amanecido, los cactus se veían algo cafés, y no le había pasado nada a nadie, todo estaba seguro. Se levantó y revisó su equipaje para ver si quedaba algo para comer. Quedaba agua para otro día más, aunque tendría que compartirla con Luisa. También quedaban algunas nueces y hojas de lechuga; aunque fuera poco, podría alcanzar. Volvió a la manta para ver a su hermanita, pero cuando levantó la manta para verla, ¡No estaba!
Sus primeras sospechas recayeron en Luisa; fue rápidamente donde ella a despertarla. En cuanto la despertó y le preguntó, ella al principio solo dijo que no, pero tras darse cuenta del problema, se despertó bruscamente y empezó a buscar, llegando a asustar a Hammer. Cuando la vio buscando en los alrededores, miró hacia abajo y vio que se movía algo en la manta donde había dormido Luisa. La levantó, y cuál fue su sorpresa cuando vio a su hermanita durmiendo con restos de leche en su boca. En la noche tenía hambre, lo intentó despertar, pero al ver que él no respondía, gateó tranquilamente donde Luisa y había bebido de sus ubres. Cuando Hammer se dio cuenta de aquello, se avergonzó de su hermana, y se limitó a gritarle a Luisa que ya la había encontrado.
Ya reunidos y limpios, desayunaron lo poco que quedaba. Luego, ordenaron todo y dispusieron a llevarse todo, tal como lo planearon el día anterior. Hammer ya no se sentía ta incomodo con el bulto, pero tardaron un rato en poder colocar los objetos, de tal forma de que pudiera llevar todos los objetos en ambos lados.
Cuando empezaron a caminar, Luisa empezó a hablar con él, o mejor dicho, Hammer respondía cada pregunta, y contaba una historia cada cierto tiempo, mientras la niñita tarareaba cada canción que él había cantado antes. A medida que se acercaban, el pueblo se estaba haciendo mas notorio a la vista de todos. Cuando Hammer se fijó en las cada vez mas detalladas casas, lo invadió la impaciencia, y empezó a caminar disimuladamente lo más rápido posible. Luisa pronto se había dado cuenta de eso, por lo que le dijo:
- Hammer, cálmate; yo voy incluso más rápido que ayer. Y me demoré un día en llegar allá, para que sepas.
La niña hizo un gesto de enojo y un gruñido, como estando de acuerdo con Luisa. Hammer, dándose cuenta de lo que había hecho, caminó mas lentamente, pidiendo disculpas y prometiendo no hacerlo más.
Ya más tranquilos, siguieron caminando y hablando...
- ...Y así era el Ejercito Gris. Nos derrotaron.
- ¿Como? ¿Sin armas?
- Así es, dispuestos a matar a golpes.
- ¿Por qué no los derrotaron?
- Eran demasiados. Atacamos a muchos, pero ellos eran más y más. Perdimos a casi todo el pueblo. Digo casi porque solo sobrevivimos mi hermana y yo.
- ¿Harás algo al respecto?
- Sí. Lo primero es ir donde Celestia. Y luego buscar un lugar donde podamos vivir nosotros -dijo mirando a su hermanita, quien dormía debajo de la capa de Hammer-. Y finalmente averiguaré quién fué ese tipo al que salvé.
- Ajám -dijo Luisa algo cansada.-Ahora que lo pienso, ¿como se llama tu hermana?
Hammer se asustó.
- Bueno... -respondió Hammer, algo nervioso, buscando una excusa-. La verdad es que nunca alcancé a conocer su nombre... ¿Me ayudaría a buscarle un nombre?
- Por supuesto -dijo Luisa algo emocionada.- A ver... ¿Cual es tu color favorito?
- El Ámbar.
- ¿Y cuál era tu apellido?
- Barbaric..
- Muy bien, ¿Que te parece si la llamamos Amber Barbaric?
Hammer pensó un momento, luego dijo alegremente:
- Amber Barbaric... me encantó.
Y acercándose a su hermana le preguntó:
- ¿Que te parece el nombre Amber Barbaric? ¿Te gusta?
Ella siguió durmiendo, sin hacerle caso.
Un par de horas más tarde entraron finalmente a Appleloosa, ya escondiéndose el sol. Como ya se sabe, el pueblo se ubica en medio del desierto. Con gente de trabajo y una población estable, este pueblo vive de las manzanas, las cuales en ese momento empezaban ya a madurar, y estaban siendo cosechados.
- Bueno, ya llegamos -dijo Luisa algo jadeante-.
Se colocaron en medio de una calle para descansar un momento. Hammer contempló por un momento aquellas casas hechas de madera, las cuales se diferenciaban bastante de las carpas donde él vivía antes; contempló también a los pocos habitantes que habían en ese momento, vestidos de esa forma, mientras él llevaba solo ese cinturón con una daga y esas vendas en las alas. Finalmente, contempló el cielo, el cual era tan distinto a su aldea, sin ese color amarillo que hizo sus ojos grises, pero aún con arena alrededor.
Luisa tuvo que llamar varias veces a su compañero para que reaccionara.
- Ah, perdón. Lo que pasó fue que me gustó ver lo que es ahora nuevo -dijo Hammer-. ¿Y donde iremos?
- Iremos con mi dueño, uno de los señores de los manzanos de acá. Quizá los ayude y te dé un trabajo.
Hammer pensó un momento en esa idea. ¿Un trabajo? Era lo que en realidad necesitaba. Sabía varias cosas; se sentía capaz de hacer cualquier cosa.
- Genial-respondió-. Pero, ¿Crees que me lo pueda dar?
- Con que le presentes a Amber es suficiente -dijo Luisa, sonriente y comenzando a caminar.
Hammer sonrió también, mirando a Amber. Una niña así convencería a cualquiera de que él estaría en líos.
Cuando llegaron a donde vivía su dueño, Hammer se impresionó por la casa. Era grande, hecha de madera y con un tejado grueso, con lo que parecía tener dos o tres pisos. A su izquierda estaban los establos, con varias vacas y ovejas, las cuales estaban juntas, en silencio. Y a la derecha, un pequeño sembradío de trigo y otro de heno, donde se alimentaría el ganado.
Entraron tras la cerca, y se acercaron a la puerta. Hammer se sentía cada vez más nervioso mientras ella se acercaba a la puerta. Aprovechó el descuido de Luisa para sacarle a Amber, quien aún dormía, de encima y ponerla encima de su propio lomo, teniendo así un pequeño apoyo moral.
Cuando Luisa tocó la puerta, Hammer sintió el impulso de irse, pero el peso de Amber y del costal se lo impedía.
Tras un rato de espera, se abrió la puerta y salió una pony con traje de sirvienta, quien sin fijarse en ellos, dijo:
- Bienvenidos a la residencia de los Echavarren, dueños de una de las pequñas procesadoras de cidra caliente de Appleloosa. Pero como estamos estamos ya en la noche, os pedimos que se retir...
Una sola mirada de ella hacia Luisa bastó para que corriera cerrando la puerta, oyéndose ruidos incomprensibles dentro de la casa. Hammer, algo confundido preguntó:
- ¿Ellos son así en realidad?
- Por supuesto que no -respondío Luisa, sin dejar de mirar la puerta-, pero supongo que porque regresé, hacen eso.
De repente se abrió de nuevo la puerta, apareciendo esta vez un pony alto, de pelaje cafe oscuro, ojos verdes y crin castaña. Al ver a Luisa, la abrazó, murmurándole palabras a su oído. Hammer pensó que ese hombre amaba de verdad a Luisa.
- Me fuí porque no quería trabajar más acá -le dijo Luisa, sin cambiar su actitud seria-, quería ir detrás de las montañas, a buscar otro lugar para vivir. Pero a mitad de camino, fui atacado por grifos, pero vino este joven, quien me rescató y me convenció de que debía regresar. Y lo traje acá para ver si lo podías ayudar.
Luego se hizo a un lado para mostrarle a Hammer. Éste último y el señor Echavarren se miraron frente a frente por un momento. Finalmente, Hammer tomó la palabra.
- Bueno... Mi nombre es Hammer Barbaric. Fui uno de los habitantes de la aldea que estaba al otro lado de las montañas. Pero cuando mi aldea se destruyó, me vi obligado a venir a este pueblo. Y afortunadamente, me encontré con Luisa a mitad de camino, con quien vinimos juntos, trayéndome a su casa. Y ahora vine a pedirle, si pudiera darme un trabajo y un lugar donde dormir, para así ayudarnos a mí y...
- Muy bien, suficiente -lo interrumpió el señ que eres educado y sabes expresarte como se debe. Pero eso es sólo lo básico. Dime, ¿que puedes hacer?
- A ver... puedo hacer varias cosas... cargar grandes pesos, derribar arboles, volar rapidamente (aunque ahora no)...
- Con eso bastará. Ahora, ¿sabes leer y escribir?
- Leer y escribir... ¿que son?
- Muy bien -dijo en tono tajante el señor Echavarren- con no saber leer y escribir no llegarás nunca lejos, menos aquí. Buenas noches.
Estaba retrocediendo y casi cerrando la puerta, cuando el casco de Hammer apareció súbitamente entre la puerta y el borde, y éste, con la mirada triste e implorante, dijo:
- ¡Por favor, señor! ¡Necesito ese trabajo! ¿Acaso no ha visto lo que hemos...
- ¡No me importa, chico! -dijo furioso Echavarren, al punto de intimidar a Hammer-. ¿No ves a toda la gente que viene a cada una de estos lugares? Este sitio no es para tí. Realmente lo...
- ¡Po favo seño!
Echavarren se detuvo tras ese grito, y miró detrás del cuello de Hammer. Amber había despertado con los gritos y había imitado el grito de Hammer, con lagrimas en los ojos. Echavarren quedo pasmado, redujéndose a preguntarle a Hammer:
- Ella... ¿Es tu hermana?
- Asi es -dijo Hammer secándose las lágrimas, pues había llorado también-. Sólo ella y yo sobrevivimos al ataque.
Echavarren se quedó pensativo un momento. La compasión había entrado en él y era momento de echarla a andar.
- Creo... que tendré que darte una oportunidad. Realmente has sufrido mucho al caminar hasta aquí. Quédate aquí, y descansa mañana. Pasado mañana te llevaré a trabajar a donde soy dueño, la licorería secreta Echavarren. Vamos a ver que tanto puedes soportar.
- ¿De verdad...?
- Claro. No digas nada y entra. No debí ser duro contigo... menos cuando tienes una hermanita pequeña a quien cuidar. Y usted -dijo dirigiéndose a Luisa-, vuelva al establo. ¡Pero antes! Deberá usted enseñarle a leer a Hammer. Nos vemos.
Entraron juntos a la casa, la cual tenía un estilo campirano, el cual como ya sabemos, es igual en casi todas las casas de ese estilo.
Hammer trataba todo el tiempo de mantenerse callado, sin éxito.
- Bueno señor, gracias de nuevo, aunque quería saber... ¿Que es una licorería secreta?
- Creo que es mejor aprender las cosas de a poco. Por ahora deberás aprender sobre las manzanas... ya está lista la mesa.
