Título: My happy ending
Palabras: 1237
Summary: A veces es normal deprimirse cuando las cosas no salen como quieres; pero no lo es cuando recibes consejos de alguien inesperado.
Disclaimer: Digimon no me pertenece *cries for 20 years.*


Ubicado en el universo de Fortune.


Sora pasa de página mientras mete y saca la bolsita de té de su taza, lleva aproximadamente quince minutos haciendo lo mismo; el agua seguramente está fría y el té cargadísimo, pero no puede evitarlo, no cuando siente tantas ganas de llorar. Está viendo la publicación mensual de Elle magazine y hay, para variar, otro artículo dedicado a los nuevos —frescos, maravillosos— rostros de la moda japonesa. Siente la presencia de Mimi y voltea a verla rápidamente, le está dedicando una sonrisa cargada de comprensión y disculpa, como si ella fuera la culpable de su fracaso.

Cuando decidió estudiar modas, ella tenía demasiadas ideas y sueños, algunos los desechó, pero otros siguieron con ella; como esa loca idea de diseñar diferentes estilos de kimonos. Su maestra la aplaudió, las casas de modas le cerraron la puerta en las narices.

Ella debió luchar más, pero no podía cuando se había independizado y necesitaba dinero para comer, pagar el alquiler de su modesto apartamento —compartido con Mimi— y como no, para poder crear sus prendas y usarlas como portafolio. Por eso acudió a la cafetería, y por eso está triste, porque ella pudo haber estado en la revista del mes, ella pudo haber recibido los halagos, alabanzas y las posibilidades.

Suspira y ve a Mimi alejarse para posarse atrás del mostrador y peinarle la cabellera al pequeño Iori. Mimi también está luchando, es alguien con demasiadas ideas no aptas para la exigente sociedad japonesa; se graduó de chef y nadie aprecia sus alimentos con diferentes condimentos que, para sorpresa de todos, saben bien pero «no es lo que estamos buscando».

La conoció en la universidad mientras daba degustaciones de sus platillos y se hicieron rápidamente amigas; al graduarse, ambas con demasiados sueños e ilusione, se dedicaron a tratar de cumplirlos, pero se estrellaron fácilmente contra la pared. Nadie dio dos centavos por ellas. Por eso decidieron trabajar en la modesta cafetería, mientras se prometían que sólo sería temporal y que, más pronto de lo que pensaban, iban a encontrar su «final feliz»... y vaya que fue todo mentira. Están a punto de cumplir dos año ahí.

Cierra la revista con fuerza y trata de levantarse, pero una voz la detiene.

—Así que esto es lo que haces para entretenerte —ve a Ishida señalar la revista con la mirada y luego verla a ella—. Pensé que te iba a encontrar en el mostrador como siempre pero, ¿quién lo diría? ¡Descansas! —el termina con una sonrisa que ella simplemente no puede no devolver.

—Sí, a veces pasa —responde ella con el mismo tono irónico. Lo ve sentarse sin haber sido invitado y honestamente no la sorprende, han hablado prácticamente todos los días desde aquella vez que se presentó salvándola de la bruja del café descafeinado y entablaron una especie de amistad—. Puede que no lo parezcamos, pero somos todos seres humanos aquí.

Él ríe ante la tonta broma y ella ríe con él, porque es inevitable no seguirlo.

—Y por eso es que disfruto venir aquí... —coloca ambos brazos en la mesa y se recuesta para hacer más íntima la conversación, ella no tarda en seguirlo—; acá entre nos, el servicio es bueno.

—Me han dicho que a veces sirven café fuerte cuando lo piden descafeinado, pero tú sabes... la gente especula —sigue ella en tono juguetón.

—Y errar es de humanos, y tú hace un momento me dijiste que lo eras y bueno… — hace una pausa—. Yo te creí —ella ríe tontamente.

Siempre hablan de esa manera tonta, juguetona y, ¿por qué no? Coqueta. Hay algo en él que la hace actuar de la forma en que actúa; o sea sin ningún tipo de restricción. También tiene la capacidad que se le olvide que él es su cliente y no debería de tomarle tanta confianza pero, no puede evitarlo.

—Está usted en lo cierto, profesor Ishida —dice ella mientras se recuesta en la silla y se cruza de brazos—. Sus alumnos seguro lo respetan mucho.

—Lo hacen, pero no por mi sabiduría, si no por mi estricta forma de ser —ella enarca una ceja invitándolo a que continué—. Soy un profesor exigente, sólo enseño a alumnos de dieces.

Sora lo ve sorprendida, eso no se lo esperaba... se ve tan relajado con ella, que pareciera que así es con todos, pero al parecer se equivocó; y la verdad es que es una agradable sorpresa.

—Entonces eso no es respeto, ¡si no miedo! —alega ella—. Pobres criaturas —termina negando con la cabeza.

—No hay que tenerles lástima, sólo les enseño la verdad de la vida; es dura, ácida y con mediocridad no van a llegar a nada.

—Sí, pero es muy pronto... —Sora ve hacia la ventana—. No necesitan saberlo todavía.

—¿Entonces cuándo? —pregunta él—. ¿Cuándo estén saliendo al mundo y se den cuenta que nada es cómo esperaban? La desilusión será peor.

El buen humor que había aparecido al verlo, está desapareciendo poco a poco del cuerpo de Sora; de pronto se recuerda de la revista, de sus años de estudiante y cómo es que veía que sus sueños podían ser alcanzados. Él tiene razón, la realidad es dura y la vida es todo, menos cómo se esperaba. Tiene ganas de llorar otra vez.

—Supongo que tienes razón, y es mejor enseñarles que no todo será como esperan —dice ella después de un rato.

—Exacto, pero con esfuerzo, se pueden abrir puertas —ella voltea a verlo rápidamente, ¿no estaban quedando en que la vida es triste, miserable y no como quieren?

—¿Así qué después de todo la vida puede sonreírte? —pregunta Sora—. ¡Valla! Eso no me lo esperaba.

—Sí bueno... si no es de una forma, es de otra.

—¿Cómo por ejemplo?

—Que si alguien te cierra las puertas, ¿no se supone que tú tienes que construirte las propias? —dice él—. Quería ser astronauta, pero no se pudo... lo siguiente en la lista era rockstar, pero no quería venderle mi alma a las disqueras así que, ¿por qué no profesor de música? Trabajo en algo que amo y puedo hacer prácticamente lo que quiero —ella lo ve con incredulidad.

—¿Así que lo que tú dices es tener más de alguna opción? —Sora no puede creer nada de lo que están hablando.

—Básicamente, ¿no triunfé de ésta manera? Bueno, trataré de ésta otra —responde él—; lo importante es barajear las opciones —ella quiere preguntar algo más, pero él la interrumpe—. Tengo que irme, la clase empieza en diez minutos.

Sora asiente y se levanta con él, seguramente Ishida no tiene idea de lo que hizo hoy por ella, pero tiene que agradecerle. Así que lo hace:

—Gracias — dice. Yamato la ve con incredulidad—. Muchas gracias.

—¿Por nada? —responde él en tono inseguro.

Se quedan unos segundos en silencio viéndose y sonriéndose; le gusta hacer eso con Yamato Ishida, él tiene una mirada demasiado dulce. Luego de eso, él reacciona y se despide formalmente, ella hace lo mismo.

Lo ve irse y rápidamente voltea hacia el mostrador; encuentra a Mimi que le está sonriendo. Acaba de tener una de las conversaciones más surrealistas pero, aleccionadoras de alguna manera. Recoge su revista y su taza llena del té que jamás tomó, camina hacia donde está su amiga y le devuelve la sonrisa.

Tienen que hablar y re hacer planes, quizá sea la hora de encontrar su final feliz.

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¡Hola! Como dije, algunos de las viñetas tienen continuación de alguna forma y esta es la de Fortune. Me gusta este universo, ojalá pueda ampliarlo mucho, pero mucho más. Ya saben, lo que quieran decir... los reviews son geniales para eso. ¡Gracias por leer!