¡Hola! Capítulo extra, espero que lo disfruten.
Capítulo sin beteo, así que, de antemano, disculpen cualquier error que se me haya escapado.
Disclaimer: La saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer, yo solamente me divierto con sus personajes, ya que me enamoré de ellos. Esta historia es una idea mía y ahora la comparto con ustedes.
Capítulo 4 — Decisiones y conversas importantes
Era la hora del crepúsculo, de un raro día soleado en esta ciudad de tiempo lluvioso, mi cabeza estaba literalmente hirviendo, decidí salir de casa para relajarme un poco, por la mañana había escuchado la opinión de mi familia y desde entonces estaba encerrado en mi habitación con mi cabeza hecha un lío, sin conseguir decidir lo que haría acerca de lo de mi hija.
Salí de casa sin que nadie me viera; para despejar mi cabeza decidí ir caminando; no conocía bien a la ciudad, ya que las pocas veces que había ido a visitar a mi familia, lo había hecho de forma tan rápida que no me sobró tiempo para recorrer la pequeña y pintoresca Forks. Ya llevaba cerca de cuarenta minutos de caminata cuando encontré a un parque enmarcado por el bosque, sí, el parque estaba situado en el medio de una de las entradas para el bosque de la reserva forestal, no había mucha gente en el lugar, así que decidí sentarme en uno de sus bancos y observar a las personas con sus hijos y perros.
Los niños que allí jugaban me hicieron acordarme de mi hija, vi como un padre enseñaba a su hija de aproximadamente cinco años a andar en bici; el padre sostenía la parte trasera de la bici, mientras la niña pedaleaba pidiendo al hombre que la siguiera sosteniendo, él la tranquilizaba y le decía para mirar siempre hacia delante, a su mamá que la esperaba al final del camino. La mujer llamaba a la niña con palabras cariñosas y motivadoras. Este proceso se repitió algunas veces más, padre e hija partían desde el inicio del camino y luego iban de encuentro a la madre, por fin cuando el hombre pareció seguro de que su hija ya podría conseguir llegar sin su ayuda, fingió seguir sosteniendo el sillín de la bici, mientras le repetía a la niña que solamente mirase hacia su madre. En un momento dado, la niña pareció sospechar que su padre la había dejado sola y volvió su mirada hacia atrás, cuando vio que su padre estaba lejos de ella la niña se asustó y terminó por caer al suelo; la pareja corrió de encuentro a su hija, la caída no fue grande, así que la niña estaba bien y reprochaba a su padre por haberla abandonado.
— Me soltaste, papi — decía la pequeña con las mejillas infladas, una mirada llorosa y los brazos cruzados sobre el pecho.
— Cariño, tienes que seguir sola, ya te lo he enseñado y sé que estas listas, lo estabas haciendo de maravilla hasta que miraste hacia atrás y no me viste cerca de ti — le dijo el hombre, en cuclillas delante de su llorosa niña. — Vamos a intentar nuevamente, me quedaré cerca de ti — le prometió —, quiero que mires solamente hacia mamá y sigas pedaleando.
A regañadientes la niña aceptó y volvieron a intentar, por algún tiempo el padre la guió sosteniendo la bici por el sillín, después volvió a dejarla guiar sola, de esta vez la pequeña no se dio cuenta y logró llegar hasta donde la esperaba su madre.
— Felicitaciones, corazón, lo lograste, aprendiste a andar en bici — le halagó la madre. La niña volviéndose hacia atrás vio que su padre estaba a algunos metros lejos de ella.
— Lo hiciste sola — le dijo el hombre todo orgulloso del éxito de su hija —, ahora tienes que volver hacia mí, ya lo sabes, tienes que mirar siempre adelante, no mires a las ruedas, siempre hacia delante, vamos cariño, te estoy esperando — le instó el hombre abriendo sus brazos para recibirla. Y la niña lo hizo con más confianza esta vez, y mirando siempre hacia su padre, en segundos estuvo junto a él.
— Lo conseguí, papi, lo conseguí — decía una y otra vez, dando brincos todavía sobre la pequeña bici rosa, sus coletas en ambos lados de su cabeza rebotaban por sus movimientos.
— Por supuesto que lo conseguiste — le contestó él, tomándola en brazos y abrazándola. La niña sonreía feliz mientras su padre le llenaba las mejillas de besos, la madre llegó hasta ambos con una sonrisa de admiración dibujada en los labios, ella tenía una hermosa familia, sin duda este era el mejor motivo para sonreír.
Me levanté de mi banco y me fui de allí, era un momento especial y ellos no necesitaban público. La escena que presencié fue todo lo que necesitaba para auxiliarme en mi decisión, ya no tenía dudas, sabía muy bien lo que tenía que hacer. Y como que para reforzar mi decisión, mientras caminaba por el otro lado del parque, avisté a Isabella sentada en una banca, con mi hija en sus brazos, al lado de ella estaba un coche de bebé lila, no tuve valor de acercarme, no todavía, así que me quedé mirándolas desde la protección de un gran árbol. Bella miraba a mi hija con adoración, con una sonrisa feliz dibujada en sus hermosos labios, ella jugaba con Maddie mostrándole un pequeño muñeco de goma, mi hija intentaba atraparlo con sus pequeñas manitos; Bella aproximaba el juguete de su cuerpo y hacia como si el muñeco le hiciera cosquillas en la pancita, infelizmente de donde estaba no podía oír lo que ella le decía, pero parecían ser las palabras cariñosas y empalagosas que las madres suelen utilizar con sus bebés. Las observé por cerca de diez minutos, después de eso Bella plantó un beso en las mejillas de Maddie y con cuidado la acomodó en su cochecito, entonces la vi empezar a caminar guiando el coche y alejarse de mí poco a poco, hasta que no la vi más. El parque estaba situado en un área cerca de las afueras de Forks, Bella probablemente vivía cerca de allí.
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Cuando regresé a casa de mis padres fui recibido por una ansiosa Esme.
— ¿Dónde estabas? — Cuestionó ella, así que adentré en casa.
— Salí a pensar — contesté.
— ¿Y decidiste algo? — Preguntó ansiosa.
Caminé hasta el sofá de plaza doble y me senté a su lado.
— Sí, no fue fácil, pero llegué a una resolución.
— ¿Y? — Me instó a hablar.
— Y, el bienestar y la felicidad de mi hija está en primero lugar, si alguien tiene que hacer algún cambio de vida este alguien soy yo.
— Ay, cariño, cómo me alegra oírte decir eso, sabías que ibas a tomar la mejor decisión. Tal vez nuestra conversación por la mañana te haya dejado con la impresión que tus hermanos, tu padre y yo no estamos de tu parte — empezó a decir ella — y que solamente defendimos a los derechos de Bella. Siento mucho si en algún momento de nuestra charla te hicimos sentir menospreciado, pero la noticia que nos diste nos sorprendió a todos y tal vez en el calor del momento, no nos expresarnos de la mejor manera, aunque, tu padre y yo no cambiaríamos el sentido general de nuestra charla, pues jamás vamos a apoyar a ningún de nuestros hijos cuando sabemos que estar por seguir por un camino equivocado, es función de los padres señalar los caminos correctos, y hacer a los hijos reflexionaren con respecto a sus actitudes. Y tus hermanos, Emmett por ya ser padre y Jasper por ser psicólogo tienen una perspectiva acertada de lo que es correcto en tu situación, espero que no te resientas con ellos o con tus cuñadas, todos solamente desean el mejor para Maddie y para ti.
— Ahora que estoy más calmado, comprendo el habla de todos, y agradezco sus palabras porque me hicieron reflexionar y entrar en razón — le dije, ella me sonrió y me abrazó.
— Te quiero, cariño.
— Yo también, mamá, mucho — le musité junto a su oído.
— Sabes, como padres si nos omitimos delante de las malas decisiones o actos de nuestros hijos, principalmente si son niños, pues la corrección en la niñez es imprescindible para que cuando adultos estos niños sean buenas personas, estamos siendo culpables de los posibles errores de nuestros hijos, errores que pueden afectar a toda la gente que está alrededor de esta persona, es nuestro papel por lo menos intentar corregir y señalar el camino correcto, así nos quedamos con la conciencia tranquila si algo sale mal, por lo menos hicimos todo lo que podía ser hecho. — Ella pausó para respirar un segundo antes de retomar su línea de raciocinio. — Dentro de algunos cuantos meses más vas a tener que hacer lo mismo con Maddie, los niños son unos manipuladores natos y hay que saber la manera cierta de actuar para que ellos no nos transformen en sus rehenes, hay bebés que simplemente con llorar saben que van a conseguir todo de sus padres, sea un juguete, sea dormir en la cama con sus papás, y si la madre o el padre, le concede todo lo que desea para que deje de llorar estará criando a un pequeño ser egocéntrico, que se transformará en un adulto egocéntrico, que no comprenderá cuando alguien le niegue algo, pues cree que tiene derecho a tener todo lo que desea, sea eso un objeto, un trabajo, una mujer o un hombre, tenemos que preparar a los hijos para las negativas que se presentan en el transcurrir de la vida y esto es un trabajo que empieza con la crianza de los pequeños.
— Voy a tomar tus consejos en cuenta cuando llegue el momento, papá y tú hicieron un gran trabajo educando a nosotros, así que tengo un buen ejemplo de cómo educar a Maddie.
Ella me sonrió y asintió.
— ¿Y ahora que ya tomaste la decisión que piensas hacer? — Preguntó ella.
— Primeramente quiero hablar con Benjamín y resolver todo con relación a la empresa y luego hablar con Bella. Ella ya es una madre para Madeleine, eso ya está claro para mí; espero que ella esté dispuesta a compartir el tiempo de nuestra hija.
— Dijiste nuestra hija, ¿te diste cuenta? — Cuestionó mi madre, negué con la cabeza.
— Es lo que ella es, es la madre que Maddie conoce y ama, no puedo separarlas, sería doloroso demás para las dos, sólo quiero poder disfrutar de algún tiempo con mi niña, espero que logremos llegar a un acuerdo de visitas y horas a las cuales pueda estar con mi hija.
— Bella es una mujer sensata, en un primer momento se llevará un gran susto y puede que tarde algunos días para entrar en razón, pero lo hará, es una chica maravillosa, pensará en el bienestar de mi nieta por sobre todo lo demás, y tener a su padre cerca es lo mejor para la Maddie.
— Ojalá así sea, mamá. Iré a llamar a Benjamín, tengo que explicarle todo y hablarle de una idea de expansión, tal vez le interese invertir en una sucursal de Cullen y Meyer proyectos en Port Ángeles, si no, sé que el pose capital suficiente para comprar mi parte de la sociedad, y yo si es necesario volveré a empezar, tengo dinero suficiente para hacerlo sin dificultad.
— Ve hablar con él, hijo, presiento que todo saldrá bien — me apoyó ella.
— Gracias, mamá, por todo — le dije dejando un beso en su frente, para enseguida levantarme y descubrir lo que el destino me deparaba, si iba a empezar nuevamente o si iría dar continuidad a un trabajo de años con la ejecución de una expansión.
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Hablé con Benjamín por casi dos horas al teléfono, le expliqué la situación en que me encontraba y la prioridad que había elegido para mi vida en este momento. Como padre de tres hijos, mi amigo me felicitó por mi decisión, me dijo que los negocios no son nada si no tenemos a una familia para compartir y disfrutar de nuestras conquistas; como hombre de negocios, él me pidió algunos días para estudiar la cuestión de la expansión, pero me dijo que estaría dispuesto a hacerlo, pero antes tendríamos que hacer algunos estudios sobre el mercado de proyectos arquitectónicos en la región, si todo al fin demostraba que había mercado para nosotros, entonces yo me haría cargo de la primera sucursal de nuestra empresa, caso nuestras investigaciones no demostrasen que la inversión era algo viable, él estaría dispuesto a comprar mi parte de la sociedad.
— Espero, sinceramente que tu idea de la sucursal pueda sacarse adelante, Edward — me dijo él —, somos un buen equipo, harás falta por aquí, amigo, y no hablo sólo por la empresa, sino por nuestra amistad de tanto tiempo.
— También les voy a echar de menos, Benjamín, tú, Tia y los niños son mi segunda familia, pero ahora tengo que luchar por mi propia familia.
— Lo sé, amigo, y me orgullo de la decisión que tomaste, no muchos hombres serían capaces de renunciar a la comodidad de una vida establecida. Bueno, mi secretaria me llama, tengo una reunión ahora, nos hablamos dentro de algunos días, haz las investigaciones necesarias y luego estudiamos nuestras posibilidades.
— Vale, nos hablamos, recuerdos a Tia y a los niños.
— Se los daré, creo que mi mujer te llamará pronto, se pondrá como loca cuando le cuente tu historia, se la puedo contar, ¿no?
— Sí, por supuesto, ustedes son como mi familia, ya te lo dije, ve a tu reunión, te doy noticias.
— Vale, hermano, dale recuerdos a tus padres de mi parte.
Colgamos y yo respiré un poco más aliviado, ahora tenía por lo menos una esperanza de poder seguir con la empresa, con esta situación a medio camino, ahora tenía por delante algo mucho más complejo a ser hecho, hablar con la madre de mi hija.
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Cuando bajé las escaleras, tras hablar con Benjamín, me encontré con todos los miembros de la familia Cullen reunidos en la sala, ya era entrada la noche e íbamos a cenar en familia nuevamente.
— Ya les comuniqué tu decisión, hijo — dijo mi madre así que bajé el último escalón.
— Gracias, mamá.
— Todos estamos muy contentos por tu elección — habló Jasper, a lo que los demás asintieron con la cabeza.
— Yo estoy contento con mi elección, parece que me quité un gran peso de encima.
— Lo sientes así porque tomaste la decisión acertada — dijo mi padre aproximándose de mí para envolver un brazo alrededor de mis hombros —, estoy orgulloso de ti, todos estamos.
Asentí.
— Sus palabras de hoy por la mañana, aunque me hicieron sentirme bajo demasiada presión en el momento, luego me hicieron reflexionar sobre lo mejor para Maddie, para Bella y para mí. Quiero disfrutar de la niñez de mi hija, jamás podría hacerlo si la llevo a Seattle, como bien apuntó Jasper anteriormente, no iba a tener tiempo para estar con ella. Y sobre todo no la puedo apartar de su madre, mi hija merece estar con la madre que el destino, que Dios le reservó, no soy yo el que irá apartarlas.
Todos me sonrieron felices y alividados.
— Hablé con Benjamín — empecé a contarles —, si el mercado en Port Ángeles presentar un buen hueco para nuestra empresa, él está dispuesto a invertir en una expansión, si no, comprará mi parte. Y ahora que ya tengo lo de la empresa sobre la marcha, necesito hablar con Bella y contarle todo. ¿Puedo contar con la ayuda de ustedes? — Indagué recorriendo a todos los rostros que me miraban.
— Por supuesto, hermano — afirmó Emmett a lo que los demás asintieron.
— Creo que es mejor si todos están presentes en la reunión que debo tener con ella, así ella se sentirá más tranquila, ya que posee una relación estrecha con todos — observé.
— Sí, me parece lo mejor — empezó a razonar Jasper —, ella necesitará de apoyo, de la nada va a descubrir que la niña que hasta poco era solamente de ella, tiene un padre y que a partir de este día en delante tendrá que compartir su niña con él.
— Será algo difícil para ella asimilar — comentó Rosalie.
— Pero Bella tiene un gran corazón, aunque sea algo difícil pensará en lo mejor para Madeleine — afirmó Alice con seguridad.
— Mamá me dijo lo mismo algunas horas atrás, Ali.
Mi cuñada me sonrió.
— Si todos tienen tiempo libre mañana por la mañana, llamaré a Bella y la invitaré para venir después del desayuno — propuso mi madre —, cuanto antes Edward hablé con ella será mejor.
Tanto mi padre como mis hermanos tenían la mañana libre nuevamente; Alice y Rosalie podían estar algunas horas lejos de sus trabajos, ya que ellas eran dueñas de sus propios negocios, Rosalie tenía funcionarias de confianza en el taller que podían encargarse de todo y Alice, decidió abrir su tienda tras la hora del almuerzo. Con todos libres, mi madre tomó el teléfono y se alejó para llamarle a Bella. Para calmarme tomé a Ethan que estaba en los brazos de mi hermano y me senté con en el suelo con él para jugar con sus bloques de construcción. Mi precioso sobrino me sonrió ilusionado ante la perspectiva de empezar a jugar, sus grandes ojos azules brillaban mientras él me entregaba una pieza del bloque. Conseguí distraerme, pues Ethan acaparó mi atención, pero seguía con mis sentidos atentos a la vuelta de mi madre.
— ¿Entonces? — Indagué al verla volver a la sala.
— Ella estará aquí a las nueve y media — nos comunicó.
Yo no sabía si respiraba aliviado por saber que pronto iba a poder llamar a Madeleine de hija o si respiraba en un intento de calmarme los nervios por lo difícil que iba a ser esa conversación.
— Tranquilo, hijo, estamos aquí para apoyarte — me recordó mi padre al ver mi aspecto.
— Esta será la conversa más importante de mi vida, papá, tengo que hacerlo bien, no quiero asustar a Bella, o que piense que puedo querer quitarle a Maddie.
— Tendrás toda una noche en vela para pensar en la mejor manera de comunicar la verdad a ella, así que, no te agobies, por la mañana ya sabrás como hacerlo — señaló Emmett.
— Gracias por la ayuda, hermano — ironicé.
— Para esto están los hermanos — me sonrió él y pese a toda la preocupación y tensión, fue imposible no reírnos de las ocurrencias de mi hermano mayor. Ethan al ver la risa colectiva empezó a carcajearse alegrando a todos con su pureza.
Y como había predicho Emmett, pasé la noche en vela, pensando en la mejor manera de decir a Bella que ahora ella ya no era la única responsable por bienestar físico y emocional de su hija, al mismo tiempo que mi cabeza conjeturaba ideas de cómo hacerlo, también conjeturaba las posibles reacciones de la madre de mi hija, y debido a mi ansiedad las escenas que me venían a la mente no eran para nada auspiciosas.
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Así que amaneció el día, me levanté de mi cama y me duché, al bajar al piso de abajo, encontré a mi madre cocinando montones de cosas.
— Buenos días, cariño — me saludó ella, dejando un beso en mi mejilla.
— Buenos días, mamá.
— Creo que estoy igual de ansiosa que tú — empezó a explicar ella al verme mirar la cantidad de comida hecha —, ya sabes que cuando estoy ansiosa cocino para intentar distraerme. Anda, no te quedes ahí mirando, empieza a comer para disminuir algo de toda esta comida.
Me senté delante de la encimera y miré la gran variedad de alimentos delante de mí.
— Mamá, ni siquiera Emmett es capaz de comer tanta comida.
— Lo sé, hay más en la mesa del comedor — admitió apenada.
Ella se acercó a mí y la abracé por la cintura, recargando mi cabeza en su pecho, como hacia cuando era niño y quería sentirme protegido en sus brazos, en aquel entonces apenas le alcanzaba a la altura de su estómago.
— Todo saldrá bien, Edward — suspiró ella, acariciando mi pelo.
Asentí y ella se separó de mí para intentar poner algo de orden en la cocina.
Pese a toda comida que mamá había preparado al fin apenas logré probar bocado, los nervios tenían a mi garganta cerrada. Poco después fue la vez de papá bajar las escalares y se espantar con la cuantidad de comida sobre la encimera.
— Buenos días, hijo — dijo él, palmeándome la espalda.
— Hola, papá, buenos días.
— Buenos días, mi amor — la saludó él, dejando un beso en su mejilla mientras la abrazaba por la espalda, ya que ella estaba delante del fregadero lavando algunos de los trastos que había utilizado para cocinar —, ¿nerviosa?
— Tenemos motivos para estarlo, pero tal vez la palabra correcta sea ansiosa.
— Sí, la ansiedad nos describe bien en estos momentos — estuvo de acuerdo él.
Papá tomó su desayuno y algún tiempo después llegaron Jasper y Alice. Todos los hijos teníamos copias de la llave de la entrada, así que jamás utilizábamos el timbre.
— Familia, llegamos — oí anunciar mi hiperactiva cuñada.
— En la cocina, cariño — avisó mi madre.
— ¡Buenos días a todos! — Nos saludó una muy feliz Alice, mi hermano venía justo detrás de ella.
— Hola a todos — nos saludó en un tono mucho más comedido Jasper.
— Por Dios, parece que esperan a una mala noticia — comentó Alice al sentir la tensión en el ambiente.
— Todo puede suceder, Ali, incluso Bella puede reaccionar mal ante la noticia, y eso tal vez sea lo más probable — observé.
— Como también ella puede nos sorprender, yo diría que es mucho más probable que ella nos sorprenda — contestó ella, tocándose la frente con el dedo índice.
— Mi bella esposa y sus intuiciones — dijo Jasper, envolviendo su cintura con un brazo —, espero que estés en lo cierto, cariño.
— Lo comprobarás, ustedes lo comprobaron — afirmó muy segura de sí misma.
Alice y Jasper se dispusieron a desayunar, y media hora después llegaron Emmett y Rosalie, fueron los últimos porque tenían que dejar a Ethan en la guardería, él ya se encontraba mejor de su malestar del día anterior, ocasionado por los nuevos dientes que le estaban saliendo.
— Oh, mamá, me encanta cuando te pones ansiosa — dijo Emmett mirando con emoción la gran cantidad de comida.
— Hay más en el comedor, haré paquetes para que todos lleven una buena cantidad a sus casas — anunció ella.
— Gracias, mami — agradeció él, todo empalagoso, besándole su mejilla.
Puse los ojos en blanco, Emmett siempre sería una especie de niño grande.
Algunos minutos después, mientras veíamos a Emmett atacar de todo un poco que estaba sobre la encimera, oímos sonar el timbre de la puerta.
— La recibo yo — anunció mi madre, dirigiéndose hacia la entrada. — Hablaré con ella un instante y luego llamo a todos.
— Hola, hija — oímos decir mi madre desde la cocina.
— Buenos días, Esme — saludó alegremente la dulce voz de Bella.
— Y tú preciosura de la abuela, ¿le diste una buena noche a tu madre?
Me congelé en mi sitio al oír mi madre decirle abuela a mi hija, pero me acordé de que Bella estaba acostumbrada a que mis padres trataran así a Maddie.
— Ja, estamos empezando a crear un horario más fijo, pero sigue despertándose varias veces por la noche — le explicó Bella —, le gusta dormirse temprano para luego estar despierta por la madrugada.
— En unos cuantos meses eso se normalizara — le dijo mi madre —, ven vamos a sentarnos en el sofá — la invitó ella.
— Lo sé, sabes cuantas veces he dicho eso a las madres de mis pequeños pacientes — cuestionó Bella, retóricamente —, es muy fácil decir a las madres que los niños no tienen horarios fijos en sus primeros meses, pero vivirlo en el día a día no es para nada fácil. Bueno, estoy acaparando la charla con mis cosas, ayer me dijiste que necesitabas hablar conmigo sobre algo importante, ¿de lo que se trata, Esme? — La oímos preguntar.
— Ay, hija, tengo que comunicarte algo que nos sorprendió a todos, es una noticia que me alegró mucho, pero puede que tú te la tomes mal, por eso te pido que escuches todo con atención, que intentes no prejuzgar; nada de lo que vas a escuchar cambiará la vida que llevas hoy en día, no de manera negativa — agregó ella al fin. Internamente agradecí a mi madre por preparar a Bella para nuestra conversación. — Familia, pueden venir a la sala por favor — nos pidió mi madre, respiré hondo y fui el primero a entrar en la habitación, seguido por mi padre y mis hermanos y sus esposas.
— Hola, Bella — la saludé, su expresión era recelosa, la vi por instinto acercar más el cuerpo de mi hija al suyo, mi niña parecía soñolienta y se acurrucó contra el seno de su madre, mis brazos hormigueaban por poder sostenerla, por poder acunarla sobre mi pecho y velar su sueño.
— ¿Qué pasa? — Inquirió Bella, cada vez más recelosa, mirando a todos los rostros a su alrededor.
— Necesitas saber algo muy importante, hija — empezó a explicarle mi padre, sentándose a su lado en el sofá, mi madre ya estaba a su otro lado, me senté en un sillón delante de ella y mis hermanos en los muebles de las extremidades.
— ¿Algo tan importante que todos los Cullen se hace presentes? — Cuestionó ella.
— Es algo muy importante para toda la familia, hija, pero principalmente para tú y Edward, él te contará una historia y luego lo comprenderás — le aclaró mi padre, introduciendo mi habla.
Ella asintió y se volteó para mirarme con sus expresivos ojos chocolate, respiré hondo nuevamente y empecé a narrarle mi historia.
— Hace algo más de un año empecé a relacionarme con una mujer, no llegamos a tener una relación formal, ambos estábamos solteros y no deseábamos compromiso, tras tres meses que llevábamos saliendo ella me dijo que estaba embarazada y que nosotros deberíamos casarnos. Le dije que cuidaría de ella y de mi futuro hijo, pero que no iba a meterme en un matrimonio sin amor, un hijo no merece cargar con la culpa de la infelicidad de sus padres, sabía que no sería feliz con ella y que tampoco la podría hacer feliz. Ella entonces pasó a amenazarme, a decir que ella y el bebé estaban en un mismo paquete, si no la quería, tampoco tendría acceso a mi hijo, intenté hacerla razonar, reiteré que iba a estar para ella y mi hijo tanto financiera como emocionalmente, que sería un padre presente en la vida de mi hijo, ella pareció calmarse un poco y me dijo que necesitaba pensar, que hablaríamos por la noche del siguiente día, pero cuando llegué a su apartamento el conserje me dijo que ella había salido llevando su equipaje y me entregó una nota que ella pidió que fuera entregue a mí. La nota decía: "Si no quieres a la madre en tu vida, tampoco puedes tener a tu hijo en ella". La busqué incesantemente, contraté a un investigador, pero parecía que ella había sido tragada por la tierra, hace tres días el investigador que contraté me dijo que finalmente la había encontrado, que ella había muerto, pero que antes había dado a luz a mi hija.
Bella jadeó al oír mis últimas palabras, la vi aumentar su agarre sobre nuestra hija, su rostro estaba pálido cuando preguntó:
— ¿Crees que Maddie es tú hija?
— No lo creo, estoy seguro que ella es mi hija — afirmé —, Tanya Denali para vengarse de mí intentó apartarme de ella, y casi lo logra.
— Yo… — Ella miró al bebé en sus brazos, parecía tan perdida que sentí una imperiosa necesidad de envolverla en mis brazos y decirle que todo iba a estar bien, pero como no podía hacerlo me limite a decirle algo que sabía que la iría tranquilizar un poco.
— No quiero apartar a nuestra hija de tu lado — ella al oír mis palabras alzó la mirada del rostro de Maddie para mirarme —, sí, Bella, oíste bien ella es nuestra, tú la amas más que su propia madre, porque ella decidió apartar una hija de su padre sin ni siquiera pensar en lo mejor para Maddie, todo lo que quiero es poder ser un padre presente en la vida de mi niña, la única cosa que Tanya hizo bien fue elegirte para madre de Maddie, puedo ver en tu mirada lo cuanto la amas y como padre te agradezco por ser la madre que mi niña necesita.
Ella seguía mirándome sin decir palabra, tras unos segundos de silencio la oír decir: — Necesito estar sola y pensar en todo eso.
La vi levantarse casi como una autómata e intentar dirigirse hasta la puerta.
— Bella, te acompaño, no estás en condiciones para manejar — dijo Alice acercándose a ella con el bolso de mi niña en sus manos que ella había olvidado sobre el sofá.
— Te lo agradezco, Alice — musitó ella de espaldas a nosotros, enseguida la vi tomar una bocanada de aire y girar un poco el cuerpo y por sobre su hombro mirarnos. — Sólo necesito reflexionar un poco sobre todo eso, entraré en contacto pronto — dijo el último mirándome a mí, yo asentí y ella salió con Alice siguiendo sus talones.
— Parece que estoy viviendo lamisma situación nuevamente, la última vez que vi a Tanya sus palabras fueron que necesita pensar.
— No te alarmes, Edward. Bella es muy distinta a Tanya, de eso puedes estar seguro — dijo un muy convencido Jasper, poniéndose de pie para seguir a Bella y a Alice.
Y no me quedaba otra cosa sino esperar por la respuesta de Isabella…
Edward por fin tomó su decisión, pero ¿qué hará Bella ahora que ya sabe de la verdad? Todo ahora depende de ella. En el próximo capi vamos a saber cómo reaccionará Bella delante de todo lo que le fue revelado, ya que éste está narrado desde su punto de vista.
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Jane
