El primer mes de Hammer fue muy bueno, aunque cansador. Trabajando de sol a sol dentro de un caluroso molino, aplastando manzanas podridas y llenando grandes contenedores, las cuales eran llevadas a carretas escondidas, tenía sus horas fijas de trabajo y descanso, junto con una paga más o menos buena. Además, lo alegraba el hecho de poder cuidar a su hermanita, quien ya sabía hablar, pues ella era lo único que le quedaba de la antigua aldea (aparte de sus armas), por lo que no sabría que hacer sin ella. Además, sus alas ya habían sanado, por lo que de vez en cuando volaba encima del pueblo, a escondidas de los habitantes.

Un día domingo (día de descanso), Hammer salió junto con Amber montado en él, pues Hamer había decidido que ese día debía ser el cumpleaños de ella, ya que nunca supo cuando nació. Pasearon juntos por el pueblo, pues Hammer buscaba algo para comprarle mientras miraban el pueblo, cuyos habitantes, en día de descanso también, caminaban también en los alrededores.

Al fin, tras salir de una tienda de artículos deportivos, regresaron a casa. Pero en el camino, observaron a lo lejos a un unicornio joven, el cual levantaba piedras con magia, para luego arrojarlas a lo lejos. Hammer, tras verlo, se volvió indiferente y continuó su camino, pero Amber preguntó:

- ¿Que está haciendo aquel pony de allá?

Hammer siguió caminando, pero Amber comenzó a golpearlo, enojada. Y viendo lo desesperada que estaba, no le quedó otra opción a Hammer que decir:

- ¡Muy bien, no se, pero iremos a preguntarle! - y así Amber se tranquilizó.

Llegaron juntos donde el unicornio, a quien Hammer tuvo que llamar un par de veces para poder detenerlo, y así preguntarle:

- Disculpe que lo moleste, pero mi hermanita quería preguntarle que está haciendo.

El unicornio los miró a ambos, y respondió tranquilamente:

- Practico mi magia. Es una buena forma para relajarse y desquitar la magia que no necesitas.

Hammer se mostró conforme con la respuesta, pero Amber quiso saber más.

- ¿Y yo puedo hacer magia?

El unicornio, tras ver más de cerca a Amber, respondió un poco apenado:

- La verdad es que no puedes, niñita, lo siento. Pero igual supone una ventaja. Los unicornios necesitamos muchos conocimientos para saber sobre magia, y eso sin considerar que solo los mejores están en la cima.

Hammer tuvo que actuar rápidamente, pues sintió que Amber se apenaba.

- Bueno... gracias señor por la ayuda -y se fue, con el señor viéndolos un poco apenado.

Hammer sintió pena por Amber cuando le empezaron a salir lágrimas.

- ¿Qué te sucede? ¿Por qué estás llorando?- le preguntó.

- Quiero hacer magia... como ese señor. ¿Por qué no puedo hacerla?

- Bueno, Amber, la verdad es que de donde venimos no nacen unicornios. Así que habrá que conformarse con...

Hammer se detuvo, pues Amber empezó a gritar deseperada y llorando con fuerza:

- ¡Quiero hacer magia! ¡Dame magiaaaa...!

Hammer tuvo que dejarla en el suelo y tranquilizarla con cariños y dulces. Después de cierto rato, cuando Amber se tranquilizó al fin, Hammer recordó lo que le había comprado a su hermana, y entonces le dijo con dulzura:

- Sabes, hermanita, sé que no puedes hacer magia, pero tienes algo que siempre te animará.

Mientras él metía su casco en la alforja, Amber preguntó:

- ¿Que puede ser? ¡No me engañes!

Hammer ya había sacado lo que había comprado de su alforja y se los colocó a su hermana: un gorro y lentes de vuelo. Ya puestos, Hammer exclamó con orgullo:

- Un hermano mayor pegaso con mucha energía y dispuesto a ayudarte en lo que necesites.

Enseguida la montó de nuevo en el y empezó a galopar, para despues saltar y empezar a volar. Los primeros minutos en el aire fueron tranquilos, con Hammer volando lentamente, dando vueltas y con cuidado. Pero Amber se aburrió rapidamente y comenzó a reclamar.

- ¿Eso es todo lo que haces? ¡Eres aburrido! Haz algo más.

Hammer se enfadó ante la insolencia de su hermana, y se lo hizo saber de inmediato.

- Muy bien hermanita, si tu quieres, ya que estás de cumpleaños... ¡Agarrate con firmeza!

Hammer enseguida comenzó a tomar vuelo en el aire, y en pocos segundos voló lo mas rápido que pudo. Pronto comenzó a hacer volteretas y acrobacias, despreocupado casi por Amber. Después de varios minutos, tras una voltereta vertical doble, y ya aterrizando, se fijo al fin en Amber, quien estaba asustada y le había gritado mientras volaba, sin respuesta. Mientras Hammer entraba al patio de su jefe, ella le gritó al fin:

- ¡No te dije que lo volaras tan rápido ni que hicieras esas... vueltas y cosas tan geniales! ¡Solo dije que hicieras algo más!

Hammer sonrió por lo que gritó ella, pues le habían gustado las acrobacias, y además parecía conocer bastantes palabras. Realmente era bien educada.

Entraron finalmente a la casa, ambos exhaustos por el viaje de regreso. Hammer dejó a su hermanita en su cuna, quitándole el gorro y las gafas. Luego se dirigió al comedor, donde la mesa estaba servida, con el señor Echavarren y la sirvienta comiendo juntos pan y tarta. Él, tras saludarlos a ambos, enseguida tomó asiento y se dispuso a comer, mientras tomaba el diario y se ponía a leer.

A Hammer le gustaba leer el diario los domingos, salvo la parte de Economía, ya que no entendía nada de lo que ocurría en esa sección; en cambio, prefería leer la sección de cultura o nacional, pero la que más le gustaba era de Arte. Aunque en ese momento, se había interesado en la sección de reportajes, debido a una noticia, la cual iba acompañada junto con una foto de una columna de humo que surcaba los aires en una puesta de sol, muy parecida a la que se había convertido ese muerto viviente al cual había salvado. Tras ver la foto, comenzó a leer muy concentrado:

Extraños avistamientos al sur de Equestria: ¿Debe haber preocupación por los sucesos ocurridos?

- Ciertos eventos ocurridos recientemente dan cuenta de extraños sucesos y paradigmas que ocurrirían en Ecuestria.

- Princesa Celestia niega hablar del asunto.

Hace solo un mes, el pueblo de Appleloosa, se vio interrumpido por un extraño suceso: La ida hacia las montañas de cientos de caballos, guiados por lo que parecía ser un unicornio oscuro, quien iluminaba el camino. Según fuentes locales, había ocurrido cerca medianoche, pero la caravana duro diez minutos. Dos días después, apareció el mismo grupo, pero esta vez, iba de regreso, y en menor cantidad, casi a la misma hora. Un día despues, en puesta de sol, una columna de humo coló por encima del pueblo, a vista de todos los habitantes. Tras diversas investigaciones, y relacionando estos hechos con otros que ocurrieron posteriormente, se han derivado tres interrogantes: ¿Que hay detrás de las montañas? ¿Quienes son aquellos que corrían de un lado a otro? ¿Hay que preocuparse por estos hechos?

Según últimas investigaciones, se ha descubierto la existencia de una tribu gitana, en la cual no nacían unicornios, la cual, tras sobrevivir lejos de Ecuestria, al intentar unirse a las ciudades, fueron marginados, tras lo cual no se supo más de ellos.

También se ha rumoreado sobre otro extraño caso, donde se han visto seres oscuros cerca de Filadelphia y Ponyhattan, aunque ese caso ha sido descartado.

Respecto a las autoridades, se ha intentado conseguir información con la princesa Celestia, sin éxito. Fue su hermana, la Princesa Luna, quien se refirió al caso. "Es solo un problema minúsculo y efímero, el cual será resuelto de la mejor forma posible, alejándolo de toda preocupación de los ciudadanos" afirmó sin responder más preguntas.

Tras esta declaración, no queda otra por el momento que dejarlo todo en manos de los líderes y seguir tranquilos. Al menos el pueblo de Appleloosa ya lo está haciendo.


Hammer miró el diario con procupación. Le pareció bueno que la gente se empezara a preocupar, especialmente debido a su rencor contra Celestia, pues no seguiría órdenes de ella. También miró esa foto de la columna de humo, y así recordó a quien salvó alguna vez, a John Leight. ¿Como estará entre los muertos vivientes? ¿Estaría pensando en él? Y, mientras se despedía de su jefe e iba al establo a dormir, recordó a ese unicornio, pues si quería pelear contra los muertos vivientes, debía sacarles ventaja, por lo que recordó enseguida aquel par de cuernos.

Rápidamente fue a su costal, sacó ambos cuernos y los pergaminos, los cuales los segundos eran las investigaciones y hechizos en torno a los primeros. Pero de repente volvió a tener dudas. ¿Cual de los dos cuernos llevaría? Tras leer los pergaminos finalmente se decidió por el oscuro, ya que era fácil de quitar, y no quería ser visto con alas y cuerno, como las princesas. Pero en cuanto iba a practicar, el sueño lo obligó a dejarlo, por lo que se vió obligado a dormir; pero eso no le importó, pues podía ocupar el tiempo de descanso del trabajo.