Título: Begging
Palabras: 653
Summary: —Ya te he pedido disculpas, pero si estás aquí para que te ruegue, no pienso hacerlo.
Disclaimer: Digimon y sus personajes no me pertenecen, lo que es una pena.


Continuación de Déjà Vu


Sora camina hacia el salón de castigos para ver a Yamato, sabe que no le está permitido visitarlo, pero le rogó al director que la dejara verlo porque tenían un proyecto y necesitaban acordar algunas cosas… vaya mentira. Ya no está enojada con él, aunque debería de estarlo, los rumores que surgieron a raíz del incidente fueron ridículos; desde que Sora estaba engañando a Yamato con Takaondo, hasta la casi muerte de éste último a manos del primero. Ridículos.

Fue a ver a Takaondo a la enfermería para disculparse por el poco tacto de su novio y de paso pedirle, cortésmente, que no la vuelva a invitar a salir —también para ver qué tan grave había sido el golpe—. Él dijo que no pasaba nada, y se disculpó por si en un dado caso había complicado las cosas con Yamato y también por si la había ofendido, ella respondió que no a ambas preguntas. Luego entablaron una conversación trivial, y ella se despidió de él en buenos términos.

Llega al salón y respira profundamente antes de entrar, Yamato está sentado en uno de los escritorios cerca de la ventana, haciendo tarea, levanta la vista con el ruido de la puerta al cerrarse; está sorprendido de verla ahí. Sora camina a pasos vacilantes y se sienta junto a él. Unos minutos de silencio en los que ambos se observan, y entonces decide hablar.

—Ya te he pedido disculpas, pero si estás aquí para que te ruegue, no pienso hacerlo.

Pero él se le adelanta.

Sora tiene ganas de levantarse e irse, pero sabe que Yamato tiene un poco de razón; él se disculpó varias veces con ella en el transcurso del día, y ella se portó de una forma obstinada, escuchándolo pero siempre enojada. Era su forma de decirle cuan en desacuerdo está con su actitud.

Así que ante su rudo comentario, ella sólo suspira.

—Y yo no vine a escucharte rogar —le dice—. Vine a que hablemos de lo mal que está que golpees a las demás personas sólo porque osan invitarme a salir.

—Por Dios, Sora, ¡lo dices como si lo hiciera todo el tiempo! —reprocha él.

—¡Lo haces todo el tiempo!

Tras eso, ambos se quedan en silencio, sopesando la realidad de las palabras de Sora. Ella sabe por qué lo hace, y no es porque sea un celoso posesivo, es por miedo; miedo a perder lo que ama, cómo pasó con sus padres, cómo teme que pase con ella. Y aunque es jodidamente halagador, él tiene que entender que esa no es la forma de arreglar las cosas.

Él toma su mano, y ella la aprieta para demostrarle que están bien, que es sólo una pelea absurda que solucionarán.

—Lo siento, de verdad —dice él, pero Sora niega con la cabeza.

—No te disculpes más —se levanta de su lugar y se sienta en la mesa del escritorio de Yamato, rogando para que no entre ni un maestro y los encuentre—. Sólo promete que no lo volverás a hacer.

—Lo prometo —ella inclina la cabeza a modo de que sus frentes se toquen, ambos respiran profundamente.

—Le creo, señor Ishida —dice Sora para aligerar el ambiente.

—Más te vale —le responde él y la besa.

Es un beso lento, de esos para sellar promesas; Yamato tiene ambas manos en el rostro de Sora y le acaricia la mejilla con el pulgar. Ella se acerca más a él para sentir más su calor corporal, la lengua de Yamato es tan cálida, que Sora pega pequeños suspiros cada vez que entra en su boca. Se separan lentamente, pero sus frentes siguen tocándose.

—¿Quieres que te espere? —pregunta ella.

—No, está bien. Ya iré yo a tu casa después.

Sora se levanta y se arregla la falda que no notó tenía bastante subida. Se despide de él con un beso en la mejilla y con la promesa de verse después.

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¡Hola! Espero les guste esta continuación del segundo drabble de la serie, creo que con esto acabo con las continuaciones; aunque no estoy segura. ¡Gracias por leer!