N/A: El domingo hubo una actualización extra, así que si no la viste, vuelve al capítulo anterior para leerlo.

Capítulo revisado innúmeras veces, pero soy humana, así que, de antemano, disculpen cualquier error que se me haya escapado.


Disclaimer: La saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer, yo solamente me divierto con sus personajes, ya que me enamoré de ellos. Esta historia es una idea mía y ahora la comparto con ustedes.


Capítulo 5 — Cayendo de las nubes

POV Bella

Acababa de recibir una de las noticias más inquietantes de toda mi vida, la niña que creía ser sólo mía tenía un padre, un padre que quería estar presente en su vida. Giré mi cuerpo desde el asiento del pasajero, ya que Alice estaba conduciendo mi coche, para ver a mi hija dormida en su silla de seguridad, ajena a toda la confusión que su preciosa vida había generado en la vida de su padre y en la mía.

Alice condujo en silencio hasta mi edificio, cuando nos detuvimos en el garaje ella por fin habló.

— ¿Estás bien? — Preguntó ella, viéndome con el semblante de preocupación.

— Creo que sí, todavía no asimilo la noticia, pero vamos a estar bien — le garantí, mientras todavía miraba a Maddie en su silla en el asiento trasero.

— Sí, todo estará bien — confirmó ella —, Edward no piensa apartarte de Maddie, él sabe el vínculo que hay entre las dos, él sólo desea la oportunidad de verla crecer, convivir con ella, era lo mismo que pensaba hacer con su madre biológica, pero ella actuó de la manera que actuó.

— Él vive en Seattle, ¿no? Está a tres horas de distancia de Forks.

— Él piensa trasladarse hacia aquí.

Asentí y abrí mi puerta para bajar, ella hizo lo mismo.

— Gracias por traerme — dije mientras sacaba a Maddie de su silla.

— Por nada, ¿quieres que suba contigo? — Preguntó ella.

— No, Alice, gracias, pero necesito estar sola por ahora.

— Claro, lo comprendo, — ella me pasó el bolso de la bebé, que apoyé en mi hombro —, entonces hablamos cuando estés preparada — dijo ella dándome un abrazo a modo de despedida, con cuidado para no apretar a Maddie que estaba en mis brazos.

— Sí, gracias nuevamente, Alice — ella me sonrió y se inclinó para dejar un beso en la frente de mi muñequita.

— Cuídate — aconsejó ella —, Maddie necesita tanto a su madre como a su padre.

Asentí.

— Ali, ¿cómo vas volver a casa? — Sólo allí me percaté de este detalle.

— Jasper nos siguió en su coche, debe estar esperándome afuera, estabas tan metida en tus pensamientos que no te diste cuenta.

— Y creo que voy a seguir así por algún tiempo.

Ella me sonrió, nos despedimos y yo tomé el ascensor para subir hasta el sexto piso, donde estaba mi apartamento.

— Ya estamos en casa, cariño — le susurré a Maddie que seguía dormida, fue imposible no sonreír al ver la sonrisa dibujada en sus pequeños labios, en aquel momento me gustaría estar como ella, dormida y teniendo lindos sueños.

Dejé el bolso sobre el sofá, caminé hasta su habitación y la dejé en su cuna, me senté en la mecedora enfrente de ella y velando su sueño me puse a reflexionar sobre todo lo que me vino encima cerca de una hora atrás.

La primera pregunta que me hice fue si estaba dispuesta a compartir con alguien más la crianza de mi hija, anteriormente tenía la conciencia que ella sería solamente mía por mucho tiempo, ya que no veía a ningún hombre en mi vida por un par de años más; por el momento ella sería mi prioridad, pero ahora el destino me sorprendía con un padre ávido por participar de la vida de su hija. ¿Puedo yo manejar esta situación? Pues, tendré que aprender a hacerlo, porque no puedo hacer lo que hizo su madre biológica, que por egoísmo y despecho decidió separar padre e hija, no podría hacer esto a mi niña, antes ella era un ser desamparado en el mundo, yo era su única esperanza de tener un hogar estable, pero ahora ella tenía la posibilidad de tener una familia completa, padre, abuelos, tíos y tías, primos, todos ansiando amarla y protegerla, ella estaría siempre protegida; y en el caso que me sucediese algo Charlie ya no sería la primera opción, no que no confiara en mi padre, él me crió muy bien, pese a las dificultades de estarnos solos, pero él se está haciendo viejo, no sería justo para él tener a su espalda la responsabilidad de cuidar a otra niña a esta altura de su vida en el caso de que me pasara algo. De cierta manera, saber que había más personas pendientes del bienestar de mi hija me tranquilizaba, no obstante, saber que ella ya no era solamente mía me dejaba algo aprensiva, por más que las palabras de los Cullen y del propio Edward no tuvieron un tono amenazador, mucho por el contrario, en mis adentros tendría miedo que él intentara luchar por ella judicialmente para tenerla sola para él, que me apartara de su vida, aunque Alice, amiga mía desde mi adolescencia, me haya garantizado que esa no era su intención, no puedo dejar de temer a los cambios que esa revelación traerá a nuestras vidas.

Sé que el vínculo madre e hija que tenemos Maddie y yo es fuerte, pero ella tiene solamente dos meses, sería fácil para ella olvidarme, aunque al principio me extrañaría, pero tras algunos días se acostumbraría a vivir sin mi presencia, éste sería un buen argumento frente a un juez, una separación ahora sería menos traumática.

Mi mente daba vueltas, el miedo me estaba haciendo conjeturar situaciones para nada agradables, intenté ser racional, conocía a la familia Cullen a poco más de un año, sabía que eran personas honradas que no harían algo así a su nieta y tampoco a mí, el único que no conocía era a Edward, pero si Esme y Carlisle criaron a dos hijos maravillosos como Jasper y Emmett, lo más probable era que Edward saliera igual que a sus hermanos. Tras mucho pensar y ganar un tremendo dolor de cabeza, decidí llamar a mí padre, lo invité a cenar en mi apartamento, no le dije el motivo, pues no deseaba preocuparlo.

Enseguida tomé una baño demorado para intentar relajarme, no quería tomar medicinas para el dolor de cabeza por Maddie ya que la estaba dando el pecho, justo cuando salía del baño, oí los pequeños quejidos de mi niña, debía de tener hambre, entré a su habitación y la encontré con sus hermosos ojos verdes, verdes como los de su padre, muy abiertos; en los labios se formaban un pequeño puchero, sonreí y la tomé en brazos.

— Tranquila, corazón, mamá ya está aquí — ella se acurrucó en mi pecho e inmediatamente empezó a buscar mi seno. Me senté en la mecedora y abrí la bata que había puesto tras mi baño, ella encontró mi pezón y empezó a succionar con ganas, y fue en este momento que logré realmente relajarme, poder sentir a mi hija alimentándose de mí, con su mirada prendida a la mía; una de sus regordetas manos apoyada sobre la piel de mi seno; nada se comparaba a este momento, éramos solamente nosotras dos en plena conexión.

— Nadie nos va a separar, cariño — le prometí, acariciando su mejilla, ella pareció comprenderme, porque sin despegar su boquita de mi seno me sonrió, haciendo que un poco de leche se escurriera por su barbilla y mi seno. — Tu papá parece ser un buen hombre, me aseguró que no desea apartarnos, espero que sea verdad, porque lucharé por ti con uñas y dientes caso él me esté mintiendo. Vamos a encontrar una manera de hacer esto funcionar, la gente divorciada lo encuentra, nosotros también encontraremos, lo importante es que siempre vas a estar rodeada de gente que te ama. Mamá te ama mucho, cariño mío, y tu papá también, sino no habría estado buscándote por tanto tiempo.

Maddie terminó de tomar su leche y yo la puse sobre mi hombro para sacarle los gases.

— Y ahora vamos a ponerte un pañal limpio — le dije tras oír un pequeño eructo; ella hizo un par de chillidos felices que siempre me calentaba el corazón

La dejé sobre el cambiador y mientras le habría el mameluco ella empezó a gimotear, pues no le gustaba ser cambiada, le incomodaba ser manoseando. La miré por primera vez buscando los rasgos de alguien que no fuera su madre, de quien ella no había heredado ningún rasgo. Su pelo espeso era casi del mismo tono de castaño que el de su abuela, los ojos eran lo más evidente, el mismo color, el mismo formato que los de su padre; el rostro tenía un formato de corazón, como el de su abuela y la nariz era respingona como la de ella, por eso mucha gente le encontraba un parecido entre ella y yo, pues yo tengo el formato de rostro y la nariz muy parecidos a Esme, ella misma me dijo eso una vez. Cuando en algunos de los raros días de sol en Forks empecé a llevar a Maddie para pasear al final de la tarde en el parque, donde otras madres estaban con sus niños, muchas se detenían a ver a mi bebé y algunas comentaban que ella había heredado mi formato de rostro y mi nariz, yo sonreía y no decía nada más, ella era mía, Dios la puso en mi camino, porque nos necesitábamos mutuamente, la sangre era lo de menos, si teníamos la suerte de tener algún parecido, pues mejor, eso evitaría que de mayor ella sufriera por ser muy diferente a su madre, los niños a veces pueden ser muy crueles cuando encuentran algo muy diferente en el otro.

— Eres toda una Cullen, Maddie, una mini Edward en versión niña, sin duda.

Ella me sonrió, pues ya la había terminado de cambiar y ella ya se encontraba muy contenta acurrucada en mis brazos.

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Pasé el restante del día dedicada a las necesidades de mi pequeña y aprovechando cada minuto a su lado, sabía que estaba siendo algo irracional, ya que no podría tenerla sola para mí para siempre, cuando yo volviera al trabajo ella iba a quedarse en la guardería del hospital, pero desde que me la traje a casa jamás me separé de ella, salíamos algunas veces y yo evitaba a los lugares en donde no la podía llevar y ahora iba a tener que compartir sus cuidados y atención con alguien más. Los Cullen ya eran como mi segunda familia, Carlisle y Esme ya trataban a Maddie como su nieta sin tener idea de los lazos de sangre que en realidad los unía, eso debería hacer las cosas más fáciles, no obstante no lo hacía.

Charlie llegó a las siete de la noche, Maddie ya estaba dormida en su cuna y probablemente me desvelaría por la madrugada como hacía todas las noches, él fue a su habitación y tras mirarla nos sentamos a la mesa para cenar, pasamos la comida hablando de su día, del mío y de cada cosa nueva que mi hija hacia a cada día. Cuando terminamos la cena lo llevé a la sala y allí le conté todo lo que descubrí por la mañana, mi padre escuchó todo atentamente, al final de mi relato su semblante era de preocupación.

— ¿Estás segura que el padre no intentará demandarte para recuperar la custodia completa de mi nieta?

— Conoces a los Cullen, papá, sabes que son buena gente y personas de confianza — él asintió —, por lo que escuché hoy el plan original de Edward era criar a su hija de una manera más moderna, no quiso casarse con la madre biológica de Maddie porque no la amaba, pero iba a ser partícipe de su crianza, pero Tanya le negó este derecho cuando huyó, así que él ahora seguirá con su plan, lo único que cambió fue la madre, y yo no puedo negarle a mi niña la oportunidad de crecer junto con su padre y la familia de él.

— Estas en lo cierto, hija, es que la noticia asusta en un primer momento, pero te aconsejo que le pidas un teste de ADN para estar seguros de su paternidad.

— Maddie se parece mucho a su padre e a Esme, papá.

— Con semejanzas físicas o sin ellas, ustedes tendrán que hacer el teste para que él pueda reconocer a mi nieta, darle su nombre; los trámites legales lo exigen así en estos casos.

— Ah…

— Si quieres puedo recomendarte un buen abogado, un conocido mío de Port Ángeles.

— Probablemente vamos a necesitar de uno para resolver la cuestión de la nueva partida de nacimiento.

— Sí, y tal vez sea prudente recibir algo de orientación por si el padre cambia de idea — razonó Charlie.

— Espero no tener que llegar a eso, papá, me angustia tan sólo pensar en esta hipótesis. Hablaré con Edward, probablemente mañana, creo que lo mejor es que vayamos juntos a ver el abogado, si percibo algún cambio con respecto a su proposición inicial sobre la custodia de Maddie, entonces buscaré a mis derechos.

— Vale, estoy de acuerdo. Mañana es mi día libre, si te parece bien me gustaría acompañarte cuando vayas a hablar con los Cullen.

— Te lo agradezco, papá, quiero que conozcas al padre de Maddie y me digas tus impresiones.

— Estaré atento, Bells, ningún hombre se acercará a mis chicas sin haber pasado por la criteriosa evaluación del Jefe Swan.

— No sé qué haría sin ti, papi, te quiero mucho — le dije acurrucándome a su costado, igual hacia cuando era niña.

— Tú eres mi vida, Bells, si tuve ganas de vivir después de lo de tu madre fue por ti, y también me diste a Maddie, otra razón por la que vivir. Yo también te quiero, hija, ahora que tienes a tu propia hija sabes cuán inmenso es el amor de un padre por su hijo.

— Lo sé, papá, por eso valoro todavía más tu dedicación hacia mí.

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Cuando mi padre se machó hacia su casa llamé a Esme.

— Bella… — suspiró ella al contestar.

— Hola, Esme.

— Hola, hija ¿Cómo estás? — Indagó con interés.

— Bien… asimilando todo.

— Bella, sé que soy la madre de Edward y que en este momento puedes sentir recelo con respecto a nuestra actitud, pero, cariño, quiero que sepas, que te quiero como la hija que no pude generar desde mi vientre, y deseo el bienestar de mi propio hijo como el tuyo, y principalmente el de Maddie que es la parte indefensa de todo esto, por eso te pido que no te alejes de mí, me dolería demasiado, quiero estar para ti, apoyarte, oír tus miedos, poder aconsejarte como una madre.

Escuchar el cariño que las palabras de Esme me profesaban hizo con que un nudo se formara en mi garganta. Ella era el más próximo al cariño de una madre que yo había tenido en mi vida, Charlie nunca tuvo novias, por lo menos ninguna que se llevara a casa para presentarme, tía Sue, la mujer del su mejor amigo, hizo lo que pudo para darme algo de atención, pero ella propia tenía a dos hijos pequeños para educar y además trabajaba, así que siempre fuimos Charlie y yo, y desde un año atrás cuando conocí a Esme y ella me adoptó inmediatamente, como hizo también los demás Cullen, sabía lo que era tener a una figura materna que se preocupara por mí; cuando estaba con los Cullen me sentía parte de la familia, era tratada como una hija por Esme y Carlisle y como la hermana menor por Emmett y Jasper.

— Sólo necesito algo de tiempo, Esme, pero tampoco deseo apartarme de ti y además del cariño que siento por ti y tu familia, cariño ése que sé que es recíproco, eres la abuela de mi niña, la vida parece estar dispuesta a unirnos de alguna manera.

— Y me alegro de eso, no sabes lo feliz que soy porque tú eres la madre de mi nieta — sonreí al oír sus palabras, de algún modo encontraríamos una manera de arreglarnos para que todo saliera bien.

— Gracias, Esme, no sabes lo importante que es para mí oír tus palabras. Ahora quiero hablarte del motivo de mi llamada.

— Sí, hija, dime.

— Si posible me gustaría hablar con ustedes mañana, tenemos que conversar, y aplazar esta conversación sólo provocará más dolor en todos, principalmente en Edward, él debe estar ansioso por poder sostener a su hija.

— Sí, no te imaginas cuánto, ahora mismo me está mirando desde lejos, probablemente intentando hacer una lectura labial para saber lo que estamos hablando.

La oí sonreír y no pude evitar unirme a ella.

— Bueno, pues si les parece bien me gustaría hablar con ustedes mañana, a las diez.

— Sí, hija, no hay problema, te esperamos. Y, Bella…

— Sí, Esme.

— Sería bueno que tu padre te acompañara, así él conocería a Edward y tú te sentirás más cómoda con su apoyo.

— Él va a acompañarme, no te preocupes.

— Por supuesto que me preocupo, cariño, te quiero.

—. También te quiero, Esme y gracias.

— Por nada, hasta mañana, Bella.

— Hasta.

Envié un mensaje a mi padre confirmando nuestra cita con los Cullen y tras echar un vistazo a Maddie que dormía en su cuna me acosté en mi cama y terminé dormida más rápidamente de lo creía posible, las emociones de las últimas doce horas me habían pasado factura. Me desperté tres horas después, al oír el llanto suave de mi hija, me levanté y fui con ella.

— Mi muñequita está con hambre, mamá te dará de comer — le musité, mientras la tomaba en mis brazos, ella se calmó al sentir mi presencia y sobre la penumbra de una lámpara, en la tranquilidad de su habitación, la amamanté, sintiéndola más mía que nunca, las palabras de Esme habían calado hondo en mí y confiaba en ella, todo saldría bien, Maddie sería una niña feliz por tener un papá y una mamá, una familia completa.

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Por la mañana mi padre llegó a la hora del desayuno, le conté sobre mi conversa al teléfono con Esme y él, así como yo, estaba optimista, me dijo que reflexionó mucho cuando estuvo solo en su casa y llegó a la conclusión de que los Cullen no tendrían motivos para mentirme con respecto a sus intenciones con relación a la custodia de Maddie, pues si deseasen apartarme de mi hija, no me hubieran aclarado toda la situación, en cambio, yo habría sido notificada directamente por las autoridades. Saber que la mente racional de mi padre estaba en sintonía con mi instinto materno me dejó tranquila para la conversa que en pocos minutos íbamos a tener con el padre de mi niña y su familia. Vestí a Maddie con esmero, le puse un camisa de algodón manga larga blanca con pequeñas florecitas rosas dibujadas por toda la tela y un pantalocito rosa, zapatitos blancos, y como estábamos en un raro día de sol en Forks opté por no ponerle un gorro, poniéndole entonces un pequeño lazo blanco en su pelo castaño miel.

Al llegarnos a la casa Cullen me sorprendí por no encontrarme con los autos de todos los miembros de la familia aparcados frente a la gran casa, probablemente no quisieron intimidarme con tanta gente alrededor. La casa Cullen estaba algo apartada del centro de Forks, así como mi apartamento, pero nuestros hogares estaban situados en los extremos opuestos de la ciudad. Mi padre detuvo el coche y yo abrí la puerta para bajar, mientras lo hacía oí la puerta de entrada de la casa abrirse, levanté mi rostro hacía allá y me encontré con la mirada verde del padre de mi hija, nos miramos por algunos segundos sin decir palabra, pero luego, Esme salió desde atrás de su hijo y pasando por él, bajó la escalinata del porche para envolverme en un abrazo caloroso, tras ella en un paso más calmado venía Carlisle. Edward seguía paralizado junto al umbral de la puerta.

— Qué bueno verte, hija — me susurró ella al oído.

La abracé e inspiré su olor maternal.

— Es bueno verte también, Esme.

Ella me sonrió, la sonrisa complaciente de una madre, y entonces se dirigió a mi padre, y antes de que Carlisle se acercara a mí la oí decir:

— Hola, Charlie.

— Esme, ¿cómo estás? — La saludó él.

— Bien, mejor ahora con la familia toda reunida.

— Bella — dijo Carlisle con su voz grave.

— Carlisle — le devolví, él me sonrió, la sonrisa que hacía a todas las enfermeras suspiraren en el hospital.

Lo abracé y lo oí decir por sobre mi cabeza, pues sí, apenas le llegaba a la altura de su pecho, los chicos Cullen eran muy altos por algo: — Es bueno tenerte en casa, hija.

Me aparté de su abrazo y le sonreí en respuesta, él me dio otra sonrisa, ahora una con el mismo aspecto paternal que Esme me había dado segundos antes.

Mientras Carlisle se juntó a su esposa y a mi padre, empezando los tres a hablar en un tono más bajo, yo me encargué de sacar a Maddie de su silla, mi niña estaba muy despierta, parecía intuir lo importante que era aquel momento, ella iba oficialmente ser presentada a su padre. Tomé a Maddie y me incliné para coger su bolso, fue entonces que oír una voz fuerte hablar tras de mí y me congelé.

— Deja que te ayude, Bella. — Habló con seguridad el padre de mi niña.

Me giré y me encontré que él estaba a pocos centímetros de distancia de mí, y que mi padre, Esme y Carlisle se estaban adentrando en la casa.

Inspiré hondo y aprovechando que estábamos a solas, hice lo que mi corazón pedía a gritos que lo hiciera.

— ¿Primero no te gustaría ver de cerca a tu hija, cogerla en tus brazos?

Él me lanzó una mirada esperanzada y también llena de ansiedad, me acerqué a él, hasta que lo único que estuvo separando nuestros cuerpos fue el bulto rosa y blanco en mis brazos. Edward bajó su mirada y él verde de sus ojos conectó con el verde de los ojos de su hija, lo vi sonreír, una sonrisa de felicidad y orgullo, sus ojos se empañaron de lágrimas.

— Tiene… tiene mis ojos, mamá me lo había dicho, pero poder verlo hace todo más real.

Él alzó una mano y con extrema suavidad acarició su mejilla, Maddie prendada de él, soltó un chillido feliz, sorprendiendo a su papá, que la miraba maravillado.

— Le gustas — le dije.

— ¿Tú crees? — Preguntó ilusionado, alzando su mirada a mi rostro.

— Sí, es muy selectiva con respecto a quien le regala sus chillidos felices.

— ¿Chillidos felices? — Cuestionó alzando una ceja.

— Así los llamó yo, y dentro de poco conocerás a los chillidos de hambre, de dolor, de carencia.

Maddie pareció comprender mi última palabra porque soltó un chillido medio lastimero, dejando un mohín en sus pequeños labios.

Me reí.

— Este es él chillido de carencia, hace cuando quiere atención — expliqué a Edward que la miraba con el semblante afligido, creyendo que ella estaba sufriendo por algo, allí se acabaron mis dudas, él daría todo por su hija, la protegería y la amaría por sobre todo. — ¿Quieres sostenerla?

— ¿Puedo? — Parecía que él tenía miedo de ultrapasar mis límites, tal vez estuviera tan abrumado cuanto lo estaba yo por la situación. — Por supuesto.

Él asintió y yo me dispuse a acomodarla en sus brazos, él la tomó con extremo cuidado y la acunó contra su pecho, Maddie suspiró haciendo que él me mirara con aprensión.

— Éste fue el suspiro de contentamiento, está feliz en tus brazos.

— Y yo estoy feliz por finalmente tenerte en mis brazos, mi niña preciosa, no sabes cuánto ansié por este momento — dijo él, mirándola visiblemente emocionado, era una hermosa escena y no pude evitar sentirme emocionada también. Luego él la aproximó a su rostro e inspiró el olor de su pelo, sabía lo que él estaba sintiendo, ella olía a bebé, a inocencia y amor. Enseguida él plantó un largo beso en su sien, irguió su rostro y fijando sus ojos en los míos susurró: — Gracias — y al ver mi expresión de asombro aclaró: — Gracias por amarla, por cuidarla, por ser una verdadera madre.

— Soy su madre, no hice nada que no se espere de una buena madre.

— Sí, eres su madre y una buenísima madre. — Asentí, agradecida por el reconocimiento de mi amor y dedicación hacía nuestra hija, nuestra…— Vamos, los demás nos están esperando adentro — me acordó él, volví a asentir y tomé el bolso de sobre el banco trasero. — ¿Quieres llevarla? — Preguntó él receloso, pues no quería apartarse de ella.

— Ella está bien en los brazos de su papá — él sonrió ante mi respuesta, y yo tuve que parpadear varias veces para salir de mi deslumbramiento, al instante sentí como mi rostro se calentó.

— Entonces vamos adentro — instó él, asentí y caminando lado a lado hicimos el corto trayecto hasta la puerta de entrada, quien viera la escena pensaría que éramos una familia, de cierta manera íbamos a serlo, el amor hacia nuestra hija nos estaba uniendo de una manera que, lo sabía yo, era irrevocable.


Creo que muchas se sorprenderán con Bella, ella parece tímida, lo es en algunos sentidos, no obstante, cuando es necesario es una persona fuerte y decidida, es una mujer hecha y derecha, con una gran madurez, por eso no tardó en decidir lo mejor para Maddie, pues sabía que de nada serviría retrasar su decisión y la conversa con Edward, al final, Maddie merece tener todo el amor que ella tiene derecho. El próximo capi será desde el punto de vista de Edward ;)

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