Título: Fake it 'til you make it
Palabras: 1096
Summary: Porque no hay nada mejor que fingir una relación a que tus padres se enteren que ya no tienes una.
Disclaimer: Digimon no me pertenece.
Basado en el prompt: 7. Rompiste tu compromiso con tu novio/a de hace mucho tiempo que se suponía debías llevar a tu casa para presentar a tu familia así que ahora necesitas que pretenda ser él/ella.
Sora observa desde la puerta del comedor a sus padres acomodados en la mesa, esperando que ella haga su entrada triunfal con su «prometido» y así puedan conocerlo de una buena vez. Una pena que él aún no se haya dignado en aparecer. Respira profundo, recordándose de su promesa, del «por supuesto que estaré ahí» y luego del más que alentador «Sora, yo no soy él... así que confía en mí».
Y pues con palabras así, no hubo modo en que no lo creyera.
Observa a su padre ver su reloj de pulsera, seguramente preguntándose dónde diablos están. Ve como él hace amago de querer levantarse y entonces decide entrar.
—Acabo de hablar con él —dice y su padre vuelve a sentarse. —Tuvo un par de inconvenientes pero no tardará en llegar —y por su bien espera que su mentira sea cierta.
—¿No crees que ya se atrasó demasiado? —ésta vez es su madre la que habla.
—¡Es sólo una hora! —responde ella en modo conciliador—. Como dije, acabo de hablar con él y... —siente su celular vibrando, seguramente por fin se ha dignado en comunicarse. Lo saca de su bolsillo y ve su número, ¡aleluya es él! —. Vuelvo en seguida.
Sale corriendo del comedor hacia su habitación, no puede permitirse que nadie escuche esa conversación. No saluda al contestar, simplemente va al grano.
—Espero tengas una buena excusa para no estar aquí, Yamato Ishida —dice entre dientes.
—Hola a ti también —saluda él—. Y no te preocupes, llego en cinco minutos. —Ella suspira en alivio.
—¿Me vas a contar por qué te retrasaste tanto? —se atreve a preguntar con un poco de molestia en su voz. Pueda que esté más tranquila porque él no tardará en estar ahí, pero eso no quiere decir que su enojo haya desaparecido.
—Si te soy honesto... me estaba arrepintiendo.
A Sora le sudan las manos.
—¿Cómo? —pregunta no sabiendo qué más decir.
—Sora... —él suspira—, tus padres me conocen, saben que soy el mejor amigo de tu mejor amigo. Que de pronto aparezca como tu prometido… es loco, ¿no?
—Más bien tiene todo el sentido —responde ella, él bufa—. Sí porque con eso entenderán el por qué jamás les había presentado a mi ex.
Y aunque eso sonaba mucho mejor en su cabeza, ella lo cree. Terminó con su prometido en un acuerdo mutuo, al enterarse de que lo que los unía era la mera nostalgia de estar juntos. Cuando se lo dijo a él, no hubieron lágrimas ni platos rotos, mucho menos corazones destrozados... sólo sonrisas sinceras, de dos personas que se habían amado pero ya no.
El problema fue que nunca encontró el modo de decírselo a sus padres y mucho menos de cancelar esa reunión. Para cuando Sora sintió, su madre llamaba para decirle que no se olvidara lo del domingo y que «se morían por conocer a su novio y por ver el anillo». No tuvo corazón para decir que ya no había novio ni anillo, así que el plan siguió en pie.
Esa misma noche, pensó en la idea de llevar a alguien sólo para que pretendiera ser su novio durante ese día, y luego de varios meses de no volverse a ver con sus padres, ella diría que las cosas no habían funcionado o que la había engañado; total, en teoría, no iban a volver a ver al sujeto. No encontró a nadie, incluso pensó por dos segundos en llevar a su mejor amiga y decir que el retraso de sus presentaciones era porque tenía novia y no novio y no sabía cómo iban a reaccionar. Pero desechó la idea rápidamente.
Más desesperada, acudió a su amigo Taichi Yagami, para que juntos dijeran «¡estamos comprometidos!», pero él le hizo ver que no era una buena idea; habían compartido tanto, que sus conocidos los veían más como hermanos, y seguramente los acusarían de incesto. Ella estuvo más que de acuerdo en todo.
Al verla en ese estado, fue que Taichi recomendó a su mejor amigo, del cual ella tenía pocos recuerdos porque hacía mucho que no veía, pero que su familia había tenido el placer de conocer en más de una ocasión cuando eran adolescentes. Al pensarlo mejor, Sora llegó a la conclusión que era una buena idea; así tenía sentido que ella se haya retrasado tanto en presentarlos, ya que ellos lo conocían y podían acusarla de pena o temor a que lo rechazaran.
Con esa nueva resolución, ella esperó que Taichi le dijera primero a Yamato para ver si aceptaba, y si lo hacía, ella lo llamaría después. Pasaron dos días para que su amigo le mandara el mensaje aprobatorio y cuatro horas para que ella se atreviera a llamarlo. Al hacerlo, le sorprendió lo madura que se escuchaba su voz y el tono agradable que empleó en ella. Quedaron de acuerdo para que él llegara a casa de sus padres ya que él estaría ocupado todos esos días, así que arreglaron todo con llamadas telefónicas y mensajes de texto.
—Como sea —dice él sacándola de sus pensamientos—, te veo entonces. —Se despide y cuelga.
Sora sale de su habitación más esperanzada, es al terminar de bajar las escaleras que oye el timbre de la puerta, duda que sea él, pero entonces recuerda que tardaron hablando y él dijo que estaría allí en cinco minutos. Corre a abrir antes de que alguien más lo haga; se alisa el vestido un poco y entonces abre la puerta.
Mentiría si dijera que no está sorprendida... él se ve mucho mejor que cuando lo frecuentaba. Maldice sus buenos genes y el hecho de que, en lugar de afearse —como el resto de seres humanos normales con la edad— se puso más guapo, ¡demonios!
—Yamato —es lo único que dice, él sonríe.
—El mismo —responde—, ¿me dejarás pasar o...? —no logra terminar la frase, porque entonces sus padres aparecen detrás de ella. —¡Señores Takenouchi! Tanto tiempo sin verlos —saluda de forma respetuosa.
Sora reacciona luego del shock inicial y se hace a un lado para que pueda pasar, a eso siguen algunas reverencias y saludos corteses por parte de sus padres, él sigue sonriendo todo encanto, acomodado estratégicamente al lado suyo.
—Pasemos al comedor, que la comida se está enfriando —invita su madre—. Ya luego nos explicará su retraso y cómo es que, de todas las personas en el mundo, justo usted es el prometido de nuestra hija.
Él no dice nada y Sora agradece, al fin y al cabo, la velada sólo está a punto de comenzar.
