¡Hola! Les traigo más un capi, espero que lo disfruten ;)
Capítulo revisado innúmeras veces, pero soy humana, así que, de antemano, disculpen cualquier error que se me haya escapado.
Disclaimer: La saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer, yo solamente me divierto con sus personajes, ya que me enamoré de ellos. Esta historia es una idea mía y ahora la comparto con ustedes.
Capítulo 6 — Volviendo a respirar
POV Edward
Cuando Bella salió de mi casa, llevando a mi hija en sus brazos, junto a Alice y Jasper que las siguió, sentí una sensación rara en el pecho, era como si estuviera en el sitio equivocado, quería ser yo quien las llevara a casa, pero ella sin duda me hubiera rechazado.
Pasé lo que me quedaba del día, lo que fue muchas horas, ya que eran cerca de las diez y algo cuando Bella se marchó, sentado delante de mi computadora portátil, intentando concentrarme en mi investigación sobre la planificación de una sucursal de la empresa en Port Ángeles, pero por más que lo intentase siempre me venía a la mente la misma indagación: ¿lo que podría estar pasando por la cabeza de Bella en aquel momento? ¿Estaría asustada? ¿Creía que yo fuera intentar quitarle a nuestra hija? En un primer momento esta pérfida idea se pasó por mi cabeza, y ahora me avergüenzo de siquiera haberla conjeturado alguna vez, mi hija necesitaba una madre y ya la había encontrado.
Conforme las horas se pasaban mi ansiedad sólo fue en aumento, Tanya había huido llevando a mi hija todavía en su vientre, será que Bella por miedo no podría hacer lo mismo, me preguntaba yo, y enseguida deshacía estos pensamientos negativos, todos de mi familia fueron muy categóricos al asegurarme que Isabella Swan era una persona de serios principios morales, una hija dedicada, una amiga leal, una profesional intachable y una madre amorosa y extremamente cuidadosa del bienestar de su hija. En mis adentros hice mis plegarias a Dios, pidiendo que Bella actuase conforme la persona responsable y bondadosa que todos me hacían cuestión de subrayar a cada instante que ella era.
Entre pensamientos optimistas y algunos no tan optimistas, me pasé el día, cuando estuve cansado demás para seguir intentando trabajar, me bajé y encontré a mis padres abrazados en el sofá de la sala. Si todavía no había mantenido una relación con vistas al futuro, era porque tenía el listón muy alto, mis padres eran mi ejemplo de amor verdadero y de un matrimonio real, matrimonio ese que, por supuesto, tenía sus problemas, pero que con base en el amor, en la confianza y dosis saludable de conversación, todo al fin se quedaba resuelto; mientras no encontrase alguien que me hiciera desear vivir lo mismo que mis padres tenían no estaría dispuesto a intentar algo con vistas al matrimonio.
— Hijo, ya te iba a llamar para la cena — dijo mi madre al verme bajar las escaleras.
— ¿Es tan tarde así? — Cuestioné
— Son casi las ocho.
— Lo siento, intenté distraerme con el trabajo y ni siquiera miré la hora en la pantalla de la computadora — me disculpé.
— Estamos todos tan ansiosos como tú, hijo — empezó a decir mi padre —, pero tú estás ansioso por dos motivos, el primero, es saber cuándo Bella nos dará una respuesta y lo segundo, es si la respuesta será buena o mala. Sin embargo nosotros tenemos la seguridad de que Bella, aunque lleve algún tiempo, actuará bien, tú no la conoces, pero en cuanto la conozca sé que te quedarás encantado por ella como nosotros.
— Estoy intentando confiar en el juicio de carácter de todos, pero es difícil cuando la buena relación con la madre de mi hija está en juego, y no me ayuda para nada mi antecedente con Tanya.
— No te preocupes, tendrás tiempo para conocer a Bella y para juzgarla por ti mismo — dijo mi madre dándome su expresión de mujer sabia.
Cenamos solamente nosotros tres, ya que mis hermanos y sus esposas prefirieron quedarse en sus casas para darme algo de tranquilidad. Tras la cena me quedé junto a mamá y a papá en la sala hablando sobre los datos que pude recolectar sobre las posibilidades de una empresa de construcción en Port Ángeles, eran las nueve cuando el celular de mi madre que estaba sobre la mesita de centro empezó a sonar, ella lo cogió y tras mirar la pantalla musitó un "Bella". Ella se levantó y caminó hasta la salida del cobertizo que llevaba hacia el jardín cerrando la puerta de vidrio que separaba la sala del lugar. Hice el ademán de levantarme para seguirla, aquella conversa representaba mi futuro, pero mi padre me detuvo al poner una mano sobre mi hombro.
— Tranquilo, Edward, déjales hablar, tu madre quiere mucho a Bella, debe de tener algunas cosas que decirle, ya que no tuvo oportunidad de hacerlo hoy por la mañana.
Seguí sentado en mi sitio, pero sin despegar los ojos de mi madre que estaba de pie dando la espalda a nosotros, con las manos apoyadas sobre la barandilla del cobertizo, en un dado momento ella se giró quedándose de frente a nosotros, nos dio una sonrisa tranquila y siguió hablando, intentaba acompañar el movimiento de sus labios para tener una idea de lo que ellas estaban hablando, pero yo realmente no había nacido con este talento; tras unos minutos más de charla mi madre irguió sus ojos hacia los míos y me sonrió nuevamente, una sonrisa divertida, como si estuviera compartiendo algo sobre mí a Bella. Cerca de dos minutos después ella colgó y volvió hacia la sala.
— ¿Entonces? — Indagué así que ella hubo entrado.
— Ella desea conversar con nosotros mañana, después del desayuno. No te preocupes, Edward, ella estaba tranquila y sólo desea aclarar todo de la mejor manera para nosotros y principalmente para Maddie. — Sabes — siguió ella sentándose a mi lado en el sofá —, siempre pensé que Maddie me recordaba a alguien, principalmente sus ojos, ahora los percibo claramente, son iguales a los tuyos, hijo.
— ¿Verdad? — Quise confirmar ilusionado — Todavía no la he visto de cerca con los ojos abiertos.
— Sí — confirmó ella, sonriéndome dulcemente —, ella es toda una Cullen, el pelo lo tiene del mismo tono que el tuyo cuando naciste, con el tiempo el tuyo se oscureció un poco.
— Pues yo creo que su pelo tiene casi el mismo tono que el tuyo, mamá.
Ella sonrió encantada.
— De bebé tu pelo tenía el mismo tono de castaño que tiene mi pelo.
— Yo diría que el formato del rostro y la nariz — contribuyó mi padre, me volví hacía él — los sacó de su abuela.
— Verdad, cariño, ¿te acuerdas de que le dije a Bella que encontraba alguna semejanza entre ella y Maddie? Es por eso, Bella y yo tenemos el formato del rostro y la nariz muy parecidos — estuvo de acuerdo mi madre.
— Bueno, yo todavía no puedo afirmar nada, cuando la vi el lunes fue algo muy rápido, estaba dormida y toda arropada y hoy por la mañana no me acerqué lo suficiente para poder disfrutar de sus rasgos.
— Luego la tomaras en tus brazos, hijo — ella me sonrió y agregó —, Bella desea resolver todo pronto, porque cree que tú debes estar muy ansioso para sostener a tu hija en brazos.
Sonreí al oír sus palabras, sintiéndome un poco aliviado al saber que Bella no pensaba negarme acceso a mi hija. Algún tiempo después les di las buenas noches a mis padres para pasar más una noche insomne, entre ansioso y temeroso de lo que iba hablar la madre de mi hija, ella podía acceder a que yo fuera un padre presente en la vida de Maddie, pero, ¿impondría ella alguna condición?
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— Edward, vas a hacer un hueco en el suelo de tanto ir y volver a la ventana — dijo mi madre, sacándome de mi inquietud.
— Lo siento, ¿qué hora es?
— Hace dos minutos me hiciste la misma pregunta, hijo, así que añade dos minutos a mi última respuesta — contestó mi padre desde su sillón.
— Los siento — suspiré dejando mi cuerpo caer contra el sofá —, estoy demasiado ansioso, si creía que ayer fue difícil esta mañana está ganando el puesto con creces.
— Es comprensible, cariño — empezó a decir mi madre, sentándose a mi lado en el sofá —, estoy segura de que tú y Bella llegarán a un acuerdo ideal para ambos y para mi nieta.
— Ojalá, mamá, porque no deseo que eso llegue a los tribunales.
— No llegará — afirmó mi padre —, tu plan inicial era dividir la crianza de mi nieta con su madre, sin ataduras de compromiso de por medio, la única cosa diferente en la situación es la madre, y Bella es una persona muy equilibrada para intentar apartar una hija de su padre. La prueba de eso fue la rapidez con que reflexionó sobre todo lo que le revelamos ayer, y pese a que estaba todavía abrumada por la nueva perspectiva, se puso en contacto para llegarnos a un acuerdo.
— Carlisle está en lo cierto — lo secundó mi madre —, cuando terminemos la conversación estarás convencido de eso.
Apenas terminaba mi madre su frase cuando oímos el motor de un coche se aproximando a la entrada, me levanté del sofá y en una exhalación llegué hasta la ventana para ver como una Mini Suv Toyota gris azulada, se detenía delante de la entrada, vi a Isabella en el asiento del pasajero y en el lado del conductor estaba un hombre de cabellos y bigotes negros, debía ser su padre que según me había dicho mi madre acompañaría a su hija hoy.
— Son ellos — dije a mis padres, en cuanto caminaba hacia la puerta para abrirla, cuando la abrí vi a Bella bajándose del coche, ella al oír el ruido de la puerta levantó su rostro y nuestras miradas se conectaron dejándonos pegados en el mismo sitio y permanecimos así hasta que mi madre seguida de mi padre pasaron directo por mí para recibirla. Vi como mi madre la abrazaba con cariño y le decía algo al oído, enseguida fue mi padre quien la abrazó, ella parecía bien a gusto con mis padres, era muy bueno ver que nuestra conversa de ayer no había provocado daños a la relación de ellos.
Mi padre se apartó de Bella y se unió a mi madre que ya estaba hablando con el abuelo materno de su nieta. Vi a Bella girarse y abrir la puerta trasera para sacar a mi hija de su silla, conseguí salir de mi estopor y caminé hacia ella, en el camino, pasé al lado de mis padres y del de Bella.
— Haremos las presentaciones adentro — me dijo mi madre al pasar a mi lado, asentí y saludé el hombre con un gesto de cabeza que él retribuyó.
Llegué junto a Bella justo en el momento que ella ya tenía a mi hija en sus brazos e intentaba coger el bolso de mi niña del asiento.
— Deja que te ayude, Bella. — Hablé, intentando que mi voz sonase segura, pese a lo nervioso que me sentía.
Ella se giró y me encontró a pocos centímetros de su cuerpo, la vi inspirar hondo antes de hablar y dejarme totalmente sorprendido.
— ¿Primero no te gustaría ver de cerca a tu hija, cogerla en tus brazos?
Tal fue mi sorpresa ante su propuesta que me quedé pegado a mi sitio, sintiéndome dividido entre dos sentimientos, ansioso y esperanzado al mismo tiempo. La vi acortar la poca distancia que había entre nosotros, hasta que sentí algo entre nosotros, desvié mi mirada de su rostro para mirar el hermoso bulto que ella llevaba en sus brazos. Era la tercera vez que veía a mi hija y la primera en que la veía despierta, su mirada, verde como la mía, encontró mis ojos y en este momento todo se encajó en mi mundo, fue inevitable que una sonrisa se dibujara en mis labios, una sonrisa de felicidad y orgullo, sentí mi garganta se apretujar y mis ojos escocieren por las lágrimas que intentaban dar evasión a la emoción de aquel momento.
— Tiene… tiene mis ojos, mamá me lo había dicho, pero poder verlo hace todo más real — logré decir, todavía anonadado.
En un impulso alcé mi mano y con cuidado acaricié la mejilla de mi hija, ella seguía con su mirada conectada a la mía, parecía estar tan prendada de mí, cuanto lo estaba yo de ella. Al sentir el tacto de mi piel sobre la suya ella soltó un ruidito, que yo no sabía identificar si era de gusto o disgusto.
— Le gustas — oí decirme Bella.
— ¿Tú crees? — Pregunté ilusionado, apartando mi mirada de la de mi hija para mirar el bello rostro de su madre.
— Sí, es muy selectiva con respecto a quien le regala sus chillidos felices — me informó ella.
— ¿Chillidos felices? — Cuestioné alzando una ceja.
— Así los llamó yo — empezó a explicarme ella —, y dentro de poco conocerás a los chillidos de hambre, de dolor, de carencia.
Mi niña justo después que su madre dejara de hablar soltó otro chillido, pero éste era diferente del primero, parecía un sonido de queja y lo arremataba con un tierno puchero en sus pequeños labios.
Bella se rió.
— Este es él chillido de carencia, hace cuando quiere atención — me explicó ella al ver que contemplaba el pequeño rostro de mi hija con extrema ansiedad, mi niña parecía sufrir y yo haría cualquier cosa para evitarle cualquier sufrimiento — ¿Quieres sostenerla? — Preguntó Bella entonces.
— ¿Puedo? — Quise certificarme de su buena voluntad.
— Por supuesto.
Asentí, en el momento siguiente tenía a Bella pasándola a mis brazos, la tomé con extremo cuidado y la atraje contra mi pecho, Maddie suspiró y yo miré a Bella para comprender el porqué.
— Éste fue el suspiro de contentamiento, está feliz en tus brazos — aclaró.
— Y yo estoy feliz por finalmente tenerte en mis brazos, mi niña preciosa, no sabes cuánto ansié por este momento — dije mirando el hermoso rostro de mi bebé, sintiéndome embargado de emoción. Enseguida la aproximé a mi rostro e inhalé el olor de su pelo, era un olor maravilloso; olía a bebé, y a todo lo bueno que rodea a estas pequeñas criaturas que nos llenan la vida de alegría. Planté un demorado beso en su sien, y volví a mirar a su madre, allí comprendí la gran entrega que aquella mujer hizo de sí misma al acoger una bebé, hasta entonces huérfana, siendo tan sólo una chica joven, soltera y con una carrera exitosa.
— Gracias — le susurré, fijando mi mirada a la suya, ella parecía asombrada por esta simple palabra, entonces le aclaré: — Gracias por amarla, por cuidarla, por ser una verdadera madre.
— Soy su madre, no hice nada que no se espere de una buena madre — restó importancia ella.
— Sí, eres su madre y una buenísima madre — le confirmé y ella asintió. — Vamos entrar, los demás nos están esperando — le acordé, ella volvió a asentir y tomó el bolso de sobre el asiento trasero. — ¿Quieres llevarla? — Le pregunté con recelo, no quería apartarme de mi hija.
— Ella está bien en los brazos de su papá — me dijo ella y yo le sonreí, ella parpadeó varias veces, poniéndose algo colorada, lo que la hacía verse encantadora.
— Entonces vamos adentro — la insté, ella volvió a asentir y emprendemos camino lado a lado, y en aquel momento me percaté de que parecíamos una familia adentrando en su hogar, y no sé por qué pensar en nosotros en este rol no me asustó como me sucedió con Tanya.
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Entramos a la casa de mis padres y los encontramos junto al padre de Bella, hablando muy tranquilamente en la sala.
— Hijo… — musitó mi madre al verme con mi hija en brazos y de la nada la vi con su móvil en manos sacándome una foto —, era necesario registrar el momento, mi nieta me lo agradecerá algún día — se justificó ella ante su explosión de entusiasmo. A veces me preguntaba como ella y Alice podrían ser solamente nuera y suegra, en algunos momentos se parecían tanto.
— Edward — me llamó mi padre —, déjame presentarte a Charlie Swan, padre de Bella y jefe de la comisaría de Forks.
Él señor Swan se levantó y me tendió su mano, sujeté a mi hija más firmemente con un brazo y le ofrecí mi mano libre.
— Mucho gusto, señor Swan.
— El gusto es mío, muchacho, puedes decirme Charlie, estamos entre amigos, y además eres el padre de mi nieta — su aprieto de mano fue firme, y él me miraba como si pudiera leer mi mente, creo que el tiempo que llevaba trabajando en la policía le había dotado con la capacidad de conocer el carácter de una persona con tan sólo mirarla; me pareció haber aprobado en su evaluación.
— Vamos a sentarnos — instó mi madre —, Bella, ven, siéntate aquí junto a tu padre — le dijo señalando el sofá de plaza doble al lado del sofá de tres plazas —, y tú, hijo, siéntate aquí, a mi lado, quiero mirar a mi nieta — me senté al lado de Esme en el sofá de tres plaza y Carlisle se sentó al otro lado de ella. — Ves, te dije que tenía tus ojos — me dijo ella al inclinarse para dejar un beso en los piececitos de mi hija que estaban cubiertos por un zapatito blanco que tenía un lazo de cinta justo sobre el empeine de su pie, era adorable. — Cierta vez le dije a Bella — agregó mirando a la chica —, que los ojos de Maddie eran del mismo tono de verde que el tuyo, pero además del tono también el formato es el mismo — siguió volviendo a mirar a su nieta —, ahora que ella ya está un poco mayor sus rasgos se van quedando más fáciles de leer.
— Cuando llegué a casa ayer también lo percibí — añadió Bella.
— Bueno, ya que estamos hablando de ayer — empecé a decir con cautela.
— ¿Quieres saber lo que yo pienso de todo? — Indagó Isabella, yendo directo al grano, taladrándome con sus hermosos ojos chocolates.
— Sí — afirmé.
— Ayer, desde el momento en que llegué a mi casa, estuve pensando en todo lo que ustedes me dijeron, si mi hija tiene un padre es justo que ella pueda compartir sus momentos con él, yo sé lo importante que es un padre en la vida de una chica — explicó e intercambió una mirada cariñosa con su padre —, sé la falta que puede hacer en la vida de un niño que él crezca sin uno de sus padres — me acordé de que ella había perdido a su madre de niña y que su padre la había criado solo —, no quiero que mi hija sufra lo mismo, quiero que ella tenga todo lo que pueda tener. Me dijiste que no planeas quitármela o intentar luchar para que eso suceda — en sus palabras estaba implícito que si yo intentara quitar a mi hija de su lado, nuestra hija, ella lucharía con todas sus fuerzas, y debo decir que eso me hizo admirarla todavía más, ella era como una linda gatita protegiendo a sus cachorros.
— Te lo dije ayer, y te lo aseguro hoy, no deseo apartar a Maddie de tu lado, eres su madre, sólo deseo hacer parte de su vida, estar para ella tanto emocionalmente, como financieramente — le garanticé.
— Podrás verla siempre que quieras, y a partir de este momento tomaremos las decisiones con respecto a ella en conjunto — me concedió ella.
— Gracias, Bella.
— Gracias a ti por no intentar quitármela — me agradeció ella.
— No lo haría, no después de ver la hermosa unión que hay entre ustedes — le dije.
— Bueno, ayer le dije a mi hija — se interpuso Charlie —, que lo primero que tienen que hacer ustedes es una prueba de ADN, pues será necesario para que puedas agregar tu nombre a la partida de nacimiento de tu hija. Y creo que deben buscar un abogado que los oriente, conozco un excelente abogado en Port Ángeles, que trabaja con asuntos como ese — dijo sacando del bolsillo de su camisa una tarjeta, se la pasó a Carlisle, quien estaba más próximo a él y mi padre me la entregó.
— Creo que deberíamos intentar una reunión para lo más pronto posible — me dijo Bella mirándome.
— Estoy de acuerdo — hablé sin lograr despegar mis ojos de los suyos, nos quedamos en silencio por algunos segundos entonces la voz de Charlie nos sacó de nuestra burbuja, haciendo que su hija se pusiera roja y apartara su mirada de la mía.
— Bella me ha dicho que vives en Seattle, Edward ¿Cómo piensas hacer para estar cerca de mi nieta?
— Estoy arreglando todo para que lo más pronto posible pueda trasladarme definitivamente a Forks, también empezaré a buscar un piso para mí en la ciudad, esta semana todavía.
— Ummm… — murmuró él pensativo — Bells — dijo volviéndose hacia su hija —, si no me equivoco el piso delante del tuyo está sin inquilino.
— Ummm… sí… papá — la sugerencia implícita en la pregunta de Charlie me sorprendió tanto a mí como a su propia hija, que pareció anonadada por sus palabras.
— Eso sería perfecto — conseguí recuperarme antes de Bella y decir lo que de verdad sentí ante la sugerencia, Charlie me sonrió y asintió. — Nos facilitará mucho la vida si vivo en tu mismo edificio, estaré cerca de Maddie a cualquier hora que ella y/o tú me necesiten.
— Sí… — aceptó ella, todavía sin asimilar que de la nada su hija ganaba un padre y que este se iría a vivir prácticamente con ellas, a la distancia de una puerta —, tenemos que ver si sigue en alquiler — razonó ella.
— Edward puede acompañarnos a tu casa y hablar con el conserje o el síndico del edificio — propuso Charlie y su hija lo miró extrañada. — No me mires así, Isabella, sabes que no me gusta que vivas sola en un piso con una niña, estaré más tranquilo sabiendo que Edward estará cerca de las dos.
— Papá, vivo sola desde la universidad — le acordó su hija.
— Sé que eres toda una mujer independiente, pero no me gusta que vivas sola, y ahora tienes a una niña, y si te sucede algo y no logras llamar a alguien, ¿Qué pasará con mi nieta? — Charlie Swan sabía como ganarse una disputa. — Además no hace tanto que vives sola, compartiste dormitorio en la universidad y después viviste con…
— ¡Papá! — Exclamó Bella, haciéndole callar.
— Vale… — dijo él, sin complementar lo que iba a decir anteriormente, dejándome con una gran mosca detrás de la oreja, ¿con quién había vivido Bella? ¿Un novio, un ex-esposo? El informe que Jenks me dio de ella no hablaba nada sobre el tema, tendría que descubrir, sonsacaría a mis padres y hermanos, pero lo descubría ¿Y por qué me importaba tanto saber si Bella ya había vivido con un hombre? Pues es la madre de mi hija, es justo que yo sepa con qué tipo de gente se relaciona ella — me justifiqué en mis adentros.
Fui sacado de mis cavilaciones por mi hija que se contorcía en mis brazos, frunciendo su ceño y lloriqueado bajito, la acuné intentando calmarla, pero no hubo manera de contentarla, lo que era un simple quejido se transformó en un llanto fuerte, incluso su barbilla empezó a temblar ante su llanto ¿cómo una cosita tan pequeña podía hacer tanto ruido?
— ¿Qué tiene? — Indagué preocupado.
— Hambre — dijo Bella levantándose de su sitio para acercarse a nosotros —, dámela, la voy amamantar, hace casi tres horas que tomó su leche.
Me levanté y le pasé a mi niña, que inmediatamente al sentir el olor de su madre se puso a buscar su seno por sobre la ropa.
— Shhh… cariño, mamá te dará de comer pronto — le musitó ella, arrullando nuestra hija.
— Vamos al cuarto de Ethan, Bella, allí podrás darle el pecho con tranquilidad. Te llevo el bolso — le dijo mi madre.
— Gracias, Esme. Creo que también necesitamos un cambio de pañal, ¿verdad, muñequita? — Habló ella dulcemente con nuestra hija.
Mi madre y Bella subieron las escaleras con una Maddie más calmada ante la posibilidad de tener su hambre satisfecha y yo las seguí con la mirada hasta que no pude verlas más.
— Te mueres por verla amamantar ¿no? — Me preguntó Charlie y si yo fuera un hombre que se avergonzara fácilmente me hubiera puesto rojo en aquel momento. ¿Es que aquel hombre leía pensamientos?
— ¿Cómo lo sabes? — Cuestioné.
— Por la manera como la miraste y porque ya estuve en tu lugar, me encantaba ver a mi mujer dando el pecho a mi hija.
— A mí también me encantaba mirar — reconoció mi padre —, no sé qué magia tiene el hecho de ver a tu mujer dar el pecho a tu hijo, pero es algo que nos llena de orgullo.
— Bella no es mi mujer — les señalé lo obvio.
— Pero es la madre de tu hija — repuso Charlie.
— Sí, pero no la concebimos juntos, no tenemos este tipo de unión.
— Da igual, ella es la fuente de alimento de tu bebé y quieres ver a tu bebé siendo alimentado — repuso él.
— ¿Cómo Bella logró darle el pecho? — Pregunté lo que estaba en mi mente desde que oí su conversación con Rosalie desde el pasillo, aprovechando para así quitar la atención de encima de mí.
— Es algo que les puede suceder a las madres adoptivas, algunas cuando saben que van a adoptar un bebé recién nacido hasta empiezan a tomar hormonas algún tiempo antes de que pueda buscar a su hijo, para así poder producir la leche, pero en casos especiales como el de Bella sucede que el amor hace todo el trabajo de preparar el cuerpo; fue simplemente el amor por mi nieta que disparó el gatillo del instinto maternal de Bella, haciendo con que sus hormonas interpretaran que había un bebé a que alimentar, apenas llevaba una semana con Maddie en casa cuando empezó a sentir los cambios en su cuerpo que indicaban la producción de la leche materna.
— Es increíble… — susurré.
— Las madres, biológicas o no, son increíbles, ellas son capaces de todo por sus hijos, ser madre va más allá que generar y cargar un niño en un vientre. La conexión afectiva de una madre adoptiva puede ser tan fuerte cuanto de una madre biológica; el hecho de que una mujer sea madre biológica no implica en que ella será una buena madre — observó mi padre, que en los años que llevaba ejerciendo su carrera en obstetricia había presenciado todo tipo de situación.
Más que nunca aprecié la sabiduría de sus palabras.
— Hijo, porque no llamas al abogado ahora — sugirió enseguida mi padre.
— Sí, él tiene una agenda muy concurrida, es mejor que intentes concertar una cita ahora mismo — corroboró Charlie.
Haciéndoles caso, tomé la tarjeta y llamé a la oficina.
— Volturi Asociados, buenos días — contestó la voz de la secretaría.
— Buenos días, me gustaría concertar una cita con el abogado — miré la tarjeta en mi mano — Aro Volturi, para la fecha más próxima que usted pueda darme.
— Déjeme mirar la agenda del doctor Volturi, ¿señor…?
— Cullen.
La mujer, se quedó en silencio por algunos segundos.
— Hay una vacante para mañana a las cuatro de la tarde, tiene usted suerte, señor Cullen, la cita fue desconcertada ayer, quedándose libre el horario, ¿lo acepta?
— Sí.
— ¿En nombre de quién tomo nota de la cita? — Me solicitó ella.
— Isabella Swan y Edward Cullen.
— Sí, lo he apuntado, gracias, señor Cullen, que tenga un buen día.
— Gracias, igualmente.
— ¿Será que me precipité en aceptar la cita para mañana? Ni siquiera se lo consulté a Bella — Le dije a mi padre y a Charlie.
— No te preocupes, Bella desea resolver todo tan pronto como tú, estará de acuerdo, además Carlisle y yo te incitamos a llamar al bufete — me tranquilizó el padre de Bella, yo no quería tener problemas con ella por pequeñas cuestiones cuando recién empezaba a acercarme a ella y a mi hija.
Isabella y mi madre bajaron las escaleras cerca de veinte minutos después, sin Maddie.
— Se durmió — explicó Bella al ver mi mirada interrogante. — La dejé en la cuna de Ethan.
Asentí.
— Hija, mientras ustedes estaban arriba le dije a Edward que llamara a la oficina del abogado — empezó Charlie, claramente intentando evitar que Bella se enojase conmigo por haber concertado la cita sin consultarla, parecía que había ganado un aliado en la figura del Jefe Swan, debía de haber aprobado con buena nota a su evaluación de carácter.
Bella asintió y tras sentarse junto a él se volvió a mirarme.
— Se trata de un bufete muy concurrido, así que la secretaría me dijo que había un horario libre para mañana a las cuatro de la tarde, de alguien que había cancelado la cita, entonces lo acepté. ¿Si quieres puedo pedirle otro horario, uno que esté mejor para ti?
— Vale, está bien así — aceptó ella. — No podré llevar a Maddie — dijo apenada.
— Me la dejas — prontamente se ofreció mi madre a canguro.
— Gracias, Esme.
— No me agradezca, será todo un placer.
— Lo sé — le sonrió ella a mi madre.
— Bueno, ya que está todo aclarado, porque ustedes no se quedan a almorzar con nosotros — les invitó mi padre.
— Buenísima idea, Carlisle — le secundó mi madre.
— Por mí, no hay problema — contestó Charlie.
— ¿Bella? — Le preguntó mi madre, con el semblante esperanzado.
— Umm… Sí, gracias — aceptó ella.
Bella se fue con mi madre a ayudarla a terminar la comida, mi padre y Charlie se enfrascaron en una charla sobre algunos acontecimientos de Forks, yo me escapé y fui a ver a mi hija, entré con cuidado en la habitación y me aproximé de la cuna, la encontré dormida boca arriba, sus ojos estaban cerrados, la respiración tranquila, de sus labios escapaban suaves suspiros, era la cosa más tierna que mis ojos un día ya vieron, y era mía, mi hija. Allí junto a su cuna, viéndola segura y con la certeza de que la vería crecer, dejé que todo el miedo que estuvo dentro de mí durante todos los meses en que la estuve buscando, y luego él miedo de no ser aceptado por Bella saliera de dentro de mí. Caí de rodillas al suelo, dejando mi frente pegada a los barrotes de la cuna y mirando a mi hija agradecí a Dios por haberla encontrado y por haber puesto una buena mujer en su camino, una verdadera madre. Mi niña, mi joya más valiosa, mi preciosidad; ella sonrió, en sus pequeños y rojos labios se dibujó una sonrisa y luego de entre ellos salió un suspiro de contentamiento, debía de estar soñado algo muy bueno, tal vez en sus adentros sintiera que su familia ahora estaba completa, tenía una madre y un padre que harían todo por ella. Y allí me quedé, fascinado por cada pequeño detalle de mi hija, pendiente de cada suspiro y/o gesto.
Tras algunos minutos en que seguía contemplándola, la vi empezar a fruncir su pequeño ceño y agitar sus miembros, de pronto ella abrió los ojos y tras tomar una bocanada de aire empezó a llorar con ganas.
— Shh… mi pequeña — le dije, poniéndome de pie y sobando su pequeña pancita en un intento de tranquilizarla, pero no resultó calmarla, así que me las arreglé para sacarla de su cuna, cosa que jamás había hecho, es fácil coger un bebé cuando te lo ponen en tus brazos, pero tomarlo desde una cuna es todo un reto, principalmente en el caso de Maddie que es un bebé de todavía dos meses y su cuerpecito es todavía muy flojo. Cuidando siempre a su cabeza, ya que mi madre se nos repitió mil veces cuando Ethan nació que siempre sostuviéramos la cabeza, logré sacarla de su cuna y la acurruqué en mis brazos, meciéndola con cariño. — Ya pasó, mi pequeña, sólo fue una pesadilla, papá ya te tiene y te espantará a todos los monstruos — le decía mientras caminaba con ella por la habitación. Su llanto se fue reduciendo de volumen hasta que ella se me quedó mirando muy atenta a lo que yo le hablaba. — Te espantaré a los monstruos, te enseñaré a montar en bici, te consolaré cuando te caigas y también te espantaré a los chicos cuando llegué su momento.
Ella hizo un ruidito como si intentara charlar conmigo.
— ¿No crees que todavía eres muy pequeña para estar en mi contra? — Le pregunté y ella se manifestó con otro ruidito.
— Nosotras siempre somos del contra, Edward — oír decir la voz de Bella tras de mí, mi giré y la encontré recostada en el umbral de la puerta, ella me sonrió y levantó su mano para mostrarme la niñera electrónica. — Serás un padre estupendo — me dijo sonriéndome nuevamente y yo le sonreí de vuelta.
— Intentaré ser todo lo que ella necesita — le contesté.
— Ves, por eso te digo que serás un padre estupendo, porque simplemente quieres serlo.
— Seremos unos padres estupendos, entonces — le dije, ella asintió regalándome una mirada ilusionada y una dulce sonrisa.
La vi caminar hasta nosotros e inclinarse delante de mí para dejar un beso en la pancita de Maddie que empezó a agitarse en mis brazos y a reírse, profiriendo muchos de sus adorables chillidos felices.
— Disfruta de tu tiempo padre e hija, si me necesitas estoy en la cocina con tu madre — dijo Bella levantándose para mirarme a los ojos —, y tu muñeca — habló sosteniendo un piececito de nuestra hija —, sé buena con tu papá — Maddie profirió un ruidito gutural, lo que nos hizo reír, parecía que intentaba hablar con su madre. Bella nos dejó y yo hice lo que ella me sugirió, disfruté de mi tiempo padre e hija. Me senté en la mecedora que había en la habitación de Ethan, le conté historias y le canté nanas mientras nos mecíamos, teniendo su dulce mirada prendida de la mía todo el tiempo, algún tiempo después la vi empezar a cerrar y abrir sus párpados repetidas veces, era algo muy divertido de ver, porque parecía estar intentando resistirse al sueño, pero no pudo luchar por mucho tiempo y se durmió en mis brazos. Yo me quedé en la misma posición, meciéndonos, sintiéndome el hombre más dichoso del mundo por poder estar finalmente vigilando el sueño de mi bebé, disfrutando de su cuerpecito caliente junto al mío, de ver su respiración bajar y subir en su pecho, de ver las pequeñas sonrisas que se dibujaban de sus pequeños labios, mientras dormía.
— Papá te ama demasiado, mi vida, e intentaré ser todo lo que necesites, aunque si me equivoco será intentando hacer lo mejor para ti, mi pequeña, mi más precioso tesoro — murmuré aproximando mi rostro a su frente, inspirando el olor a bebé de su pelo, llenándome de paz, de una paz que me había sido robada desde el día en que leí la nota que Tanya me había dejado, pero que ahora Bella me la había devuelto, al darme la oportunidad de estar cerca de las dos, sin poner inconvenientes a nuestra relación.
En este capítulo vimos el encuentro padre e hija desde la perspectiva de Edward, me pareció necesario escribirlo para poder observar las emociones de nuestro papá primerizo. Todo indica que Edward se irá a vivir en el mismo edificio que Bella y su hija, gracias a Charlie, que en esta historia será un poquito diferente, creo que en este capi ya se puede percibir eso. Poquito a poco Edward y Bella empezaran a aproximarse, a ver lo que sucede… Tenemos un Edward muy curioso sobre el pasado de Bella, ¿qué esconde ella? Espero sus teorías, me encantan leerlas.
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