Capítulo revisado innúmeras veces, pero soy humana, así que, de antemano, disculpen cualquier error que se me haya escapado.


Disclaimer: La saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer, yo solamente me divierto con sus personajes, ya que me enamoré de ellos. Esta historia es una idea mía y ahora la comparto con ustedes.


Capítulo 7 — Disfrutando de la paternidad

POV Edward

Me quedé contemplando a mi hija dormir en mis brazos hasta que Bella me llamó para que almorzáramos. La comida en familia fue tranquila, y al terminarla Bella fue por Maddie en la habitación de Ethan, mi niña ya estaba despierta pero todavía soñolienta; tras algunos minutos más de conversación Bella y Charlie se despidieron de mis padres y yo les seguí con el coche de mi madre, para así poder ver la cuestión del apartamento.

Cuando llegamos al edificio, Charlie se bajó del coche de su hija para ir por el suyo que estaba aparcado en la calle, Bella entró y aparcó su coche en el garaje, mientras yo dejé el mío donde antes estaba el de Charlie.

— Edward — me llamó él antes de irse —, mis años como policía me hicieron un buenísimo lector de personas, vi sinceridad en tus palabras y en tus actos hoy, por eso te estoy confiando lo más preciado que tengo en mi vida, mi hija y mi nieta, cuídalas.

— Agradezco la confianza, Charlie. Haré todo que lo esté a mi alcance para estar a la altura de mi hija y de Bella.

Él asintió.

— Sé que lo harás, muchacho. Bella, se hace la fuerte, pero sé que hay momentos en que le gustaría tener a alguien para compartir los momentos alegres y los difíciles de la maternidad, me tranquilizará saber que hay alguien más pendiente de ella, por mi trabajo no puedo estar para ella como me gustaría. Y, Edward, no te olvides, ella parece ser muy fuerte, y en cierto sentido lo es, pero existe un lado muy frágil en ella.

Fue mi vez de asentir y guardar sus palabras para una reflexión posterior. Nos despedimos y yo caminé hacía la entrada del edificio, Bella ya me esperaba en la portería con Maddie en brazos y el gran bolso lleno de cosas de mi niña colgado de su hombro, me aproximé y se lo quité.

— Gracias… — musitó ella. — ¿Vamos?

Asentí y tras caminar algunos pocos pasos encontramos la recepción, él conserje, un hombre de aproximadamente mi misma edad, sonrió muy efusivamente al ver a Bella caminando hasta él.

— Señorita Bella…

— Hola, Diego, ¿puedes informarme si el apartamento que está en mi mismo piso ya fue alquilado?

El tal Diego me echó una mirada y cuando vio que yo cargaba el bolso de bebé su mirada pasó de ser especulativa a claramente desaprobadora.

— Sigue todavía sin alquilar, señorita, ¿conoce a alguien que esté interesado? — Cuestionó lanzándome una mirada furtiva.

— Ummm… sí, el señor Cullen — dijo Bella, volviéndose hacia mí —, se está trasladando a la ciudad y está en busca de un sitio para vivir.

— Los dueños son muy exigentes — empezó a explicar el hombre, volviéndose hacia mí, con el claro intuito de desanimarme —, piden por lo menos contracto de un año, tres meses de alquiler por adelantado y un fiador.

Contracto de un año, perfecto, solo me iría de este sitio si Bella y mi hija se trasladaran a otro lugar, entonces yo buscaría una manera de estar cerca de ellas.

— Si es posible me gustaría ver el apartamento.

— Sí, aquí están las llaves — dijo abriendo un cajón del escritorio tras el cual estaba sentado.

— ¿Quiere que lo acompañe? — Preguntó sosteniendo las llaves todavía en su mano.

— No es necesario — dije tendiendo mi mano para que me pasara las llaves —, Bella, se encargará de mostrarme todo, ya que el apartamento es igual al suyo.

Él asintió de mala gana y me pasó las llaves.

Me volví hacía Bella y puse mi mano tras su espalda baja mientras caminábamos hasta el ascensor, ella me miró y yo le di mi sonrisa marca registrada Edward Cullen, ella parpadeó y enseguida desvió su mirada, pensé haber visto algo de rubor en sus mejillas antes que ella apartara sus ojos de los míos. Estaba siendo irracional y lo sabía, estaba marcando mi territorio, un territorio que no era mío, pero la hija era, y ningún hombre se aproximaría de su madre sin que yo estuviera muy seguro de su carácter, el bienestar de Bella era el bienestar de Maddie, me justifiqué.

Adentramos en el ascensor y Bella apretó el botón del sexto piso, esperamos en silencio hasta que llegamos en el piso, la puerta se abrió y Bella salió, ya la seguí por un pequeño pasillo, hasta estarnos delante de dos puertas.

— Este es mi apartamento — dijo ella, señalando la puerta a la derecha, asentí y me dirigí a la puerta de la izquierda, puse la llave en la cerradura y la abrí. Busqué el interruptor en la pared, ya que el lugar estaba en penumbra, lo encontré y lo encendí. Cuando la claridad alumbró el ambiente, señalé a Bella para que adentrara, ella pasó por mí, casi rozándome, dejando en el aire un delicioso olor, era algo muy suave, femenino y seductor, no sabía especificar cuál era la fragancia que la envolvía, pero era algo tentador; cerré la puerta todavía anonadado por los sentimientos que aquella mujer despertaba en mi ser.

— ¿Qué te parece? — Indagó Bella, caminando por el salón, que era amplio y tenía un bar en un rincón de la pared, las persianas estaban cerradas, así que me dirigí a la puerta de vidrio que daba a una barandilla y las abrí. El espacio se iluminó inmediatamente dando vida nueva al lugar.

— Me parece un buen espacio, aquí cabe un buen sofá y una mesa de cuatro sillas, allí en el extremo — señalé.

— Sí, en mi apartamento hice más o menos este tipo de arreglo — me dijo ella, aproximándose de la barandilla, Maddie ya se encontraba de todo despierta y desde los brazos de su madre seguía a todo con sus ojos. — Vamos a la cocina — propuso Bella, asentí y la seguí, ya que ella ya conocía la estructura de los apartamentos. La cocina era de tamaño medio, hecha al estilo tradicional, sin compartir el mismo ambiente que la sala. Abrí los armarios, el grifo, encendí las luces, todo estaba en perfecto estado. Al final de la cocina había un área para hacer la colada.

— Y las habitaciones, ¿Cuántas son? — Le pregunté.

— Son tres habitaciones, te las mostraré — dijo volviéndose hacía la sala para después adentrar en un pasillo, donde se encontraban cuatro puertas.

— Este es el baño — dijo delante de una puerta a nuestra derecha, la abrí y le eché un vistazo.

— Tiene un buen tamaño, algunas constructoras diseñan unos baños muy pequeños, que hasta para movernos adentro se torna una tarea difícil — comenté y ella se rió, era la primera vez que la veía reír, una risa tranquila y verdadera, una risa que la dejó todavía más bella.

— Sí, es verdad — estuvo de acuerdo, sacándome de mi ensoñación sobre su risa y lo bella que ella se veía sonriendo. — Mientras buscaba un sitio para comprar visité algunos apartamentos con unas divisiones de espacio muy poco alentadoras, los apartamentos de este edificio fue, de los que visité el año pasado, el que mejor se encajó en mi presupuesto y también en mi idea de tamaño — me explicó ella.

— También tuve que buscar mucho hasta dar con mi apartamento en Seattle — seguí con el tema, sin revelarle que mi piso era tres veces mayor que aquel, sabía que era un exagero siendo yo un hombre soltero, pero me gusta tener espacio y después de mi coche fue mi mayor adquisición, fue algo que adquirí con el dinero de mi propio trabajo, así que me sentí muy orgulloso cuando lo pude comprar.

— La busca de una casa siempre requiere este tipo de cuidado — dijo Bella, ya abriendo la puerta de la habitación al lado. — Esta es una habitación para huéspedes, o para lo que desees, en mi caso la transformé en mi despacho y sala de lectura.

La habitación también tenía un buen tamaño, aunque no llegaba ni cerca al tamaño de la mía en Seattle.

— Esta habitación es igual a aquella — siguió Bella, abriendo la primera puerta a su izquierda, mostrándome una habitación exactamente del mismo tamaño que la que acababa de ver. — Ahora vamos al cuarto principal — dijo volviéndose hacia la segunda puerta a la izquierda.

— Esta habitación es relativamente mayor que las demás — apunté yo, adentrando tras Bella en el lugar.

— Sí, y cuenta con un baño propio — reveló ella, sonriéndome, y por mi mente se pasó la idea de que siempre quería verla así, sonriendo, sonriendo para mí. Moví mi cabeza en un intento de aparta estos nuevos pensamientos que se colaban en mi mente con bastante facilidad.

— ¿Todo bien? — Cuestión Bella, mirándome expectante, tras ver mi gesto.

— Umm… sí, un dolor en el cuello — me excusé, llevando un mano tras mi nuca para masajearla —, no dormí muy bien estos últimos días.

— Lo siento… — dijo algo apenada.

— No lo sientas, tú no eres la culpable de lo que me sucedió, eres la solución de todo — le dije con sinceridad, porque de verdad lo sentía de esa manera.

Ella me concedió una sonrisa tímida y cambió el tema.

— ¿No te gustaría mirar el baño de aquí? — Preguntó.

— Sí, por supuesto.

Abrí la puerta del baño y me sorprendí al ver que era mayor que él del pasillo y que además contaba con una bañera rectangular.

— Owww… Eso sí me sorprendió — dije volviéndome hacia Bella.

— Fue este detalle lo que me hizo decidirme por este sitio — reveló ella, refiriéndose a la presencia de la bañera, sonriendo igual una niña que recién ganaba una nueva muñeca.

Por Dios, estaba volviéndome adicto a sus sonrisas, pensé.

— Está perfecto para mí, hablaré con el conserje para entrar en contacto con los dueños.

— Creo que una inmobiliaria está a cargo del alquiler.

— Todavía mejor, por veces es mejor tratar con los agentes inmobiliarios que con los propios dueños.

Salimos del apartamento y yo cerré la puerta con llave.

— Ummm… ¿Te gustaría entrar? — Preguntó Bella, que había abierto la puerta de su piso mientras yo cerraba la del enfrente.

— Si no es mucha molestia.

— Si me fueras a causar alguna molestia, puedes estar seguro que no te hubiera invitado — contestó ella.

Achiqué los ojos y le dije:

— Parece que no eres siempre tan dócil cuanto aparentas ser.

— Nadie es cien por ciento algo, soy tímida con la gente que no conozco bien; tengo un temple tranquilo, pero soy directa, y sé cuidarme cuando necesario — puso de manifiesto — ¿Entras? — Cuestionó irguiendo una ceja, reprimir las ganas de reír, pues ella parecía una hermosa gatita llena de altivez.

— Sí — acepté.

Su apartamento era acogedor, las paredes eran de un color amarillo suave, en la sala había un mesa caoba de cuatro sillas, que estaba situada junto a la pared que daba a la barandilla y sobre ella había un jarrón blanco con algunas flores naturales, que, si no me equivoco, se trataban de gerberas en distintos tonos de color; del otro lado había un sofá marrón y sobre él cojines lilas y en la pared delante de él estaba una gran estantería color caoba con una televisión de 52 pulgadas en el hueco mayor, los demás huecos estaban llenos por películas, libros y muchos marcos, y en todos estaban mi hija, ella era el centro de las fotos, aunque cuando salía con alguien sosteniéndola. Había muchas fotos con Bella, otras de ella solita, en su cuna, en su silla, en su cochecito y fotos con Charlie, y todos los miembros de mi familia, incluso había una foto de Ethan recostado en un sillón con una almohada sobre su regazo y mi hija totalmente dormida sobre él, mi sobrino la miraba muy concentrado, mientras que con cuidado sostenía la almohada. Era una foto enternecedora.

— Esta es una de mis preferidas también — me dijo Bella al verme tan entretenido mirando los marcos expuestos allí, sin siquiera percatarme había caminado hasta la estantería para ver de cerca las fotos.

— Es muy tierna, será un hermoso recuerdo para los dos — observé volviéndome hacía ella. Ella me sonrió, y acercando a Maddie a su rostro le acarició con la nariz la piel suave de la mejilla de nuestra hija. En aquel momento yo daría cualquier cosa por tener una camera, me acordé entonces de mi celular, lo saqué rápidamente de mi bolsillo, Bella ahora había apartado un poco su rostro del de Maddie, pero seguía concentrada en ella, mirándola con una hermosa sonrisa estampada en sus labios y mi hija la miraba de vuelta, era como si las dos estuvieran compartiendo un gran secreto, el secreto del amor.

Saqué la foto y el ruido que hizo mi celular al capturarla hizo que Bella volviera su rostro hacía mí.

— Era un momento digno de una foto — le dije simplemente.

Ella sonrió nuevamente.

— Tengo que cambiar el pañal a Maddie, ¿no te gustaría intentar hacerlo? — Preguntó ella atenta a mi reacción.

— ¿Esto es un reto, Swan? — Le devolví — Porque sí lo es, lo acepto.

Ella se rió entre dientes, claramente divertida por la situación.

— A ver cómo te sales.

— Mujer, puede que te sorprenda — le avisé.

— Oh…— contestó, intentado no reírse. — Bien, antes debes lavarte las manos en el baño, su habitación es la puerta de enfrente — me dijo mientras nos dirigíamos por el pasillo.

Lavé mis manos y entré en la habitación, que era decorada con un papel de pared blanco con pequeños ramilletes de flores silvestres dibujados de manera esparcida sobre la pared, la cuna era blanca y de formato ovalado, en un rincón cerca de la cuna estaba situada una mecedora de color caoba, al otro lado de la habitación estaban una cómoda y un pequeño ropero blancos — era una habitación sencilla, pero muy dulce y acogedora.

— Tu madre hizo la decoración, le expliqué lo que quería y ella lo hizo tal y cual lo imaginé — me explicó Bella al verme admirar el entorno.

— Es perfecto, Bella.

— Gracias — musitó poniéndose roja.

Qué ganas sentí de besarla allí mismo. Edward, en qué diablos estás pensando, me reprendí por mis locos pensamientos.

— Anda, ven aquí — me llamó ella.

Me aproximé de ellas, Bella había dejado a Maddie sobre la parte superior de la cómoda que servía también como cambiador y empezaba a quitarle la ropa.

— A ella no le gusta mucho quitarse la ropa — me avisó, mientras le quitaba los zapatitos a mi pequeña, luego empezó a quitarle el pequeño pantalón —, no le gusta todo el manoseo que es necesario para dejarle sin ropa; en mi consultorio ya había oído las quejas de algunas madres con respecto a eso y también lidié con algunos bebés que ponían el grito en el cielo mientras la madre les quitaba la ropa para que yo los revisara, pero vivirlo es algo diferente, sé que algunos bebés se sienten inseguros mientras son cambiados, pero lidiar con el llanto cuando el bebé es tuyo no es fácil — añadió.

Maddie empezó a fruncir su pequeño rostro y mientras Bella le quitaba el pantalón vi que en sus labios se formó un puchero lastimero y en cuestión de segundos se puso a lloriquear con evidente disgusto.

— Te lo avisé — me dijo ella al percibir mi ansiedad al ver a mi pequeña llorar —, es siempre así, tendrás que acostumbrarte, casi me vuelvo loca en los primeros días, pensé que le pasaba algo, intentaba calmarla, pero siempre que empezaba a cambiarla volvía a llorar, la revisé y no encontré nada; tu madre fue quien me calmó, ser pediatra no me hace una experta en niños tanto como yo creía ser. Esme me dijo que su hijo menor — me echó una mirada de soslayo — hacía lo mismo de bebé y que con el tiempo percibió que a él no le gustaba ser cambiado, pues le molestaba todo el jaleo, pero que con el tiempo dejó de llorar.

— De tal palo, tal astilla — le dije, a cada minuto encontraba más cosas en común entre mi hija y yo.

— Engreído… — la oí musitar.

— Te oí.

Ella volvió su rostro hacía mí y me sonrió.

— Anda, empecemos antes que esa muñeca se ponga hecha una furia — me instó ella.

Rápidamente Bella me mostró como quitarle el pañal, lo que disgustó mucho más a mi hija, por suerte sólo había pis, luego ella me mostró como limpiarla y poner la crema antirozaduras y por último cómo ponerle un pañal limpio, llevé algún tiempo pero al final Maddie estuvo limpia y con un pañal nuevo. Bella también me mostró como ponerle la camisa y el pantalón y como ya estaba en casa solamente la dejó con los calcetines puestos sin los zapatitos. Así que terminé la tomé en brazos, ella tenía un tierno puchero en los labios, de sus hermosos ojos se escapaban algunas lágrimas mientras ella todavía lloriqueaba bajito.

— Ya pasó, princesa, nadie te molestará por ahora, ella al oír mi voz se calló y suspirando fijó su mirada en mi rostro mientras yo la mecía de un lado a otro.

Tras Maddie tranquilizarse la dejé con cuidado dentro de su cuna, viendo como ella se entretenía con el móvil de pequeños ositos voladores sobre su cabeza; enseguida acompañé a Bella a la sala.

— ¿Quieres tomar algo? — Me preguntó ella ya en la otra habitación.

— Mejor no, quiero todavía hoy hablar con los responsables por el alquiler del apartamento — ella asintió. — Creo que deberíamos intercambiar nuestros números de teléfono — añadí.

— Sí, por supuesto — concordó ella y yo le pasé mi móvil para que agregara su número.

La vi teclear rápidamente y después el tono de llamada suave de su propio móvil fue oído en el cómodo.

— Listo — dijo ella devolviéndome mi aparato.

— Entonces nos vemos mañana — empecé a decirle mientras me dirigía hacia la puerta — me pasaría por ti, pero como tienes que dejar a Maddie con mi madre…

— No te preocupes, a las dos y media estaré en tu casa — dijo abriéndome la puerta —, es mejor que salgamos temprano por si encontramos algún atasco en el camino.

— Sí. Hasta mañana entonces, Bella — y sin pensar mucho me incliné y le planté un beso casi en la comisura de sus labios. Mis labios hormiguearon al sentir la suavidad de su piel, me aparté y la miré a los ojos, ella parecía haber sentido la misma sensación porque sus ojos estaban abiertos como dos platos y sus labios entreabiertos. — Cualquier cosa que Maddie o tú necesiten, llámame, ¿vale?

Ella parpadeó un par de veces antes de asentir. Allí, de pie delante de ella, viendo sus hermosos ojos chocolates, fui acometido por unas ganas tremendas de acercarme a ella, envolver su cintura con mis brazos y probar el sabor de sus labios. Santo cielo, ¿qué me pasaba? Me forcé a darle la espalda y caminar hasta el ascensor, cuando llegué junto a él oír su puerta cerrarse. Dejé que el aliento que llevaba conteniendo en un intento de refrenar mis acciones, saliera de mis pulmones. ¿Dónde estaba con la cabeza? Ella pensaría que era un hombre sin control o que intentaba conquistarle para que las cosas con respecto a Maddie fueran más fáciles de manejar, reflexioné mientras bajaba el ascensor, ya en la recepción le devolví la llave a Diego y le pedí el número de los responsables por el alquiler, y Bella estaba correcta, era una agencia inmobiliaria. Así que entré en mi coche, saqué mi móvil y llamé a la agencia. Le dije al agente inmobiliario que me atendió que ya había visitado el apartamento y que me gustaría alquilarlo, él me informó la lista de documentos que debía de llevar y el valor de la fianza, le pregunté a qué horas cerraba la agencia, me dijo que a las seis, miré el reloj de la radio del coche y marcaba las tres y media, tenía tiempo de irme a casa de mis padres, recoger los documentos y hablar con mi padre para que fuera mi fiador. A las cinco y media salía de la agencia con la copia del contrato de alquiler en mis manos, las llaves recogería con el conserje del edificio, ya que la habían dejado allí para facilitar la visitación de los interesados en el piso.

Por la noche toda la familia Cullen se reunió para la cena, les conté a mis hermanos y cuñadas, lo tranquilo que fue mi charla con Bella y lo razonable que fue ella delante de una situación tan rara.

— Te lo dije, Edward — me recordó Alice, al fin de mi narración, tocándose la cabeza con su dedo índice —, ella te sorprendió.

— Sí, Alice, ella me sorprendió — en más de un sentido, admití para mis adentros.

Cuando finalmente estuve sólo en mi habitación, me di una ducha y vestí un pantalón de pijama y una camiseta, intenté leer algo antes de irme a dormir, pero no lograba concentrarme, la imagen del rostro de Bella venía a mi mente una y otra vez, tomé mi celular de sobre mi mesita de noche y busqué la foto que le saqué por la tarde, contemplé la imagen sintiendo una sensación muy calorosa en mi pecho al verla tan amorosa con mi hija. Me levanté de la cama y abrí la tapa de mi ordenador y le pasé la imagen, que se veía mucho más hermosa en la pantalla mayor, en un impulso la puse como mi protector de pantalla y me acordé de salvarla como la foto de contacto de Bella en mi celular.

Volví a mi cama y tras acostarme, me puse a reflexionar, estaba claramente obsesionado con Bella, y me preguntaba si la causa de este estado era que ella fuera la madre de mi hija o porque ella en realidad era una mujer hermosa y admirable, o la mezcla de ambas cosas. Adormecí sin encontrar una repuesta a mis cuestionamientos.


Ummm… Edward empieza a darse cuenta de lo cuánto Bella lo atrae y está lleno de dudas y Bella ya empieza a relajarse cerca de él, mostrándole algo de su personalidad. Con respecto al pasado de Bella, ella pronto explicará algo sobre él. Papi Edward es una monada cambiado el pañal de Maddie, ¿no? n_n En el próximo capi vamos a seguir viendo como poquito a poco se van acercando estos dos.

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