Hammer desperto en la madrugada, casi olvidando que estaba en un tren. Se levantó y se dio cuenta de que había sido arropado con una manta mientras dormía, y también de que, en el otro asiento al frente suyo, dormía una pegaso celeste de pelo castaño, quien tenía sus lentes en el suelo. Hammer guardó la manta, le colocó los lentes de la pegaso al lado de ella y salió del compartimiento para ir al baño, el cual fue encontrado fácilmente por la señalización del lugar.

Tras hacer sus necesidades y lavarse, salió del baño y entró de nuevo al compartimiento. Lo primero que notó fue que la pegaso aún dormía, pero luego se dio cuenta de que en su asiento una alforja estaba abierta. La revisó rápidamente y descubrió que dentro faltaban dos panes y la mitad del jugo. Enseguida miró con furia a su compañera de viaje. "No le habría tomado mucho pedir", pensó, y empezó a comer. Mientras comía buscó en su otra alforja los hechizos del cuerno oscuro; cuando los encontró, se preguntó por un momento quien llevaría el cuerno blanco. Inmediatamente pensó en Amber, pues ella era la única quien valía la pena para él, además, el prometió darle lo mejor. Luego de esta pequeña reflexión, tomó un pergamino y comenzó a leer.

Dando una mirada más elaborada al pergamino, se habían descubierto varios hechizos en ese cuerno, los cuales fueron descubiertos con el paso de los siglos por las diversas generaciones de chamanes: Armadura maldita, Sed de Sangre, Torbellino, Ralentización, Runas, Transportación en la Sombra, Mirada Oscura, entre otros. Tras practicar todos los días los diversos hechizos, había logrado conjurar un par de ellos, aunque el precio lo pagaron varias manzanas podridas. Ahora, ¿Cómo lograr que los demás hechizos surtieran efecto? Esperaba llegar rápidamente a Ponyville, pues estaba impaciente por practicar; además tuvo la idea de plasmar en papel la historia de su pueblo, para que así todos lo recordaran, y así tener un buen reconocimiento de ellos, los que defendían Ecuestria…

-Oye, ¿sabes qué hora es?

Hammer miró al otro asiento. Su compañera de compartimiento estaba ahora despierta, y mostraba unos ojos café claro…

- Perdón, ¿qué me dijo?

- Dije que qué hora es.

- Lo siento… no se dé qué está hablando.

Ella puso cara de enfado.

- ¿Serás ignorante? ¿Tanta edad y no saber ver la hora…? – y luego miró el reloj colocado arriba de la ventana, para después decir:

- Son las once y media, buena hora para despertar, aunque con esa extraña niebla no se podrá dibujar.

Hammer miró el reloj por un momento, Se le hacía difícil comprender "la hora" en ese aparato… en su vieja aldea, el tiempo se guiaba por las diversas posiciones. Finalmente no pudo entender ese reloj, y decidió comenzar a hablarle.

- Ok. Y... ¿cómo te llamas?

- Dream Hunters - respondió ella-. ¿Y tu?

- Hammer Barbaric-dijo-. Bueno, al parecer será un largo viaje. ¿De donde vienes?

- De BadLands. Quería hacer una reseña sobre los Changelings y retratarlos. Pero el lugar era distinto a cómo lo decían. El lugar estaba lleno de tierra infestada y arboles grises, así que me fui casi de inmediato. ¿Y tu, de donde vienes?

- Bueno, digamos que vengo de Appleloosa. Pero antes de ese pueblo, vivía en una aldea del desierto, al sur de Ecuestria.

- ¿Una aldea al sur de Ecuestria? Eso me recuerda... ¿Has leído ese reportaje de hace poco más de un mes?

- Así es. Hablaba de las investigaciones sobre una tribu gitana, ¡y éramos nosotros!

- ¿En serio? ¿Como lo sabes?

- Bueno, en nuestra aldea no nacían unicornios y... -a Hammer por poco se le sale lo de los cuernos mágicos -, ¿suficiente?

- Ahm... si. Entonces eres el último de aquella aldea, ¿verdad?

- No. También sobrevivió mi pequeña hermana. Lamentablemente no la tengo aquí, porque...-Hammer intentó no usar una palabra fea- me pusieron a prueba.

- Una lástma. ¿Como era ella?

- Color café y cabello negro. Muy cariñosa, no se quejaba mucho- ahi comenzó a entristecerse-, aunque aún habia que enseñarle las gracias.

-¡Ja, ja!- se veía cada vez más interesada en el tema-. ¿Y ambos tienen los ojos grises?

- No. Era algo perteneciente a toda nuestra aldea. Creo que por toda la arena presente en el desierto, y no ver muchos colores...

Ambos se quedaron mirando un momento el paisaje que pasaba frente a sus ojos. Ahora que la supuesta niebla había pasado ya frente a sus ojos, ella sacó su libreta de dibujo. Hammer notó la cutie mark de ella mientras se movía, así que le preguntó:

- ¿Por qué tu cutie mark es un lápiz?

- ¿Que? ¡Ah! Porque mi talento especial es dibujar, como lo voy a hacer ahora. Y tu eres un guerrero, supongo.

- ¿Guerrero? ¡Ah, cierto!-recién se había fijado en su cutie mark-, el martillo y la lanza, mis armas favoritas.

- ¿Toda su tribu era guerrera? -mientras decía esto sacaba un lápiz y dibujaba en su libreta.

- Así es, pero aparte de ser guerreros también ayudaban en la casa.

Hammer se quedó mirando el suelo. Extrañaba su vida anterior, y quiso disimularlo, sin éxito. Su amiga decidió que era momento de cambiar de tema, pero primero debía hacer una última pregunta.

- Y... ¿como desapareció tu aldea?

Hammer la miró con seriedad. Preguntarle algo así parecía atrevido, incluso sin saber sobre sentimientos.

- ¿De verdad quieres saberlo?

- Bueno, si tu quieres.

- Muy bien, debo confiar en tí.

Y le contó acerca del Ejército Gris. y todo lo que ya se ha contado acá.

- ... y aunque sabíamos luchar, ellos eran demasiados, y debo dar las gracias por salir vivo de ésta. Pero aún así, extraño a mi familia y a mi aldea, pero hice lo posible por no pensar en ellos, pues tengo que encontrar un nuevo hogar y cuidar a mi hermana, pues sé que hay esperanza.

Luego se quedó en silencio y miró a otro lado. Descubrió que había hablado demasiado a alguien que apenas conocía, pero también pensó en que tenía ganas de desquitar todo eso que había dicho, así que habrá valido la pena, al menos para él. Miró hacia el otro asiento y vio que ella ya no estaba. "Debió aburrirse", pensó,"de cosas así nadie quiere hablar".

Siguió leyendo el pergamino, pues solo así podía pasar el tiempo, no importaba si lo había leído ya una vez. Pero por curiosidad decidió mirar al otro asiento, el cual estaba vacío. Sin saber en que pensar, Hammer decidió esperar un momento a que regresara, pues sus cosas estaban ahí. Ya pasado el tiempo, y ya no encontrando distracción en la lectura, decidió ir a buscarla. Salió del compartimiento y dio varias vueltas por el vagón, visitando los compartimientos y preguntando a quien pasara, sin éxito. Entonces volvió preocupado a su compartimiento, y cuando pensó en visitar otro, vio en su asiento un mensaje hecho en un pedazo del pergamino que contenia los hechizos, lo revisó (el cual por suerte estaba sin informacion), y vio un mensaje no muy entendible, que decia:
"VEN DONDE SE GUARDAN LAS MALETAS GRANDES Y ESAS OTRAS COSAS". Pensando que el que lo escribió parecía tramar algo serio (y también que parecía ignorante), sacó del baúl su martillo, y escondíendolo, preguntó a uno de los vigilantes el lugar donde se guardaban los equipajes.

- Allá, en el último vagón -respondió el guardia seriamente y un poco cansado-. Pero no podrás pasar de vagón en vagón mientras estemos viajando. Está estrictamente prohibido.

Viendo Hammer lo tonto que se veía insistir, decidió entrar de nuevo al compartimiento, aferrar bien el martillo a su boca y salir volando por la ventana. Sin que nadie lo viera desde el vagón donde salió, escaló y se subió al techo, donde de a poco, dada la alta velocidad del tren, retrocedió de vagón en vagón sin cambiar su posición mirando hacia adelante hasta dar con el último. Ya allí, mientras pensaba en cómo entrar, dada la falta de ventanas y puertas, aparecieron de repente, desde detrás aparecieron un par de ponies zombies, los cuales gruñeron a Hammer. Éste, tras mirar atras, los miró y éstos le respondieron con una seña para que viniera por detrás del vagón. Tuvo que seguirlos, pero, tras intentar entrar desde arriba a la entrada trasera del vagón, al caer casi no llega a la barra trasera, la cual no sin esfuerzo pudo sostenerse y subir. Ya dentro del vagón, se cerró la puerta de detrás y unas llamas grises en el aire iluminaron el interior, las cuales mostraban la razón de las angustias de Hammer.

Seis ponies zombies, de los cuales cinco estaban en el suelo y otra sobre una gran pila de maletas, se encontraban frente a el, todos con una mirada de furia, al igual que él. Tras un momento de tensión, finalmente la que se encontraba en la pila de maletas comenzó a hablar.

- Muy bien, es genial que hayas venido- dijo ella tranquilamente-, de otra forma habriamos matado a la mitad de los pasajeros.

- ¿Por qué no los estoy matando?- respondió Hammer con ira.

- Cálmate, quería mostrarte lo nuevo que trae este Ejército, a las órdenes del superior John Leight.

- ¿John Leight?

- ¿Qué preguntas? Ni lo conoces -dijo ella con furia-. Ahora, vamos al grano. Éste este nuestro símbolo - tras decir esto, todos mostraron sus flancos, los cuales todos tenían una estrella de ocho puntas, pero el de ella tenía marcado un ojo al lado de uno de las puntas-. Y ahora, deja mostrarte las nuevas armas. Y si vives, aunque no, pronto habrán más sorpresas desde los no muertos. Ahora, solo resta una última cosa: ¡Nuestras últimas armas! ¡A por él, señores!

Pronto en un abrir y cerrar de ojos, los zombies que estaban abajo se levantaron, y en sus dos patas delanteras, sacaron de sus cascos delanteros unas garras, largas y de aspecto puntiagudo, y luego corrieron rápidamente contra Hammer. Y él, viendo la superioridad en número, decidió volar, dejando abajo a los que intentaron atacarlo. Pero dos de ellos, quienes eran pegasos, abrieron sus alas y se elevaron para pelear contra Hammer. Pero Hammer, quien sabia más de pelea en el aire que sus contrincantes, logró echar atrás a uno de ellos para así luchar solo contra uno, quien tras intentar dar un fuerte arañaso, fue derribado de golpe y muerto por el martillo brutal de Hammer. Mientras veía cuando agarraban al cadáver, el otro pegaso se le acercó para atacarlo también. Pero fue descubierto en pleno acto de sigilo, por lo cual Hammer no dudó en darle el mismo final que al anterior. Ya con aquellos dos ponies muertos, decidió que era hora de decirle a ella que se rindiera. Pero, cuando se iba a dirigir hacia ella, las luces se apagaron de repente. Antes de que pudiera gritar algo, se abrió la puerta del vagón, y en cosa de segundos, fue tomado por detrás y sacado del vagón hacia fuera.

Tras caer a tierra, al lado de los rieles, echó atrás lo que lo tenía agarrado, para darse cuenta de que era la líder de la emboscada, habíendolos seguido la escolta zombie. Rápidamente retrocedió y se preparó de nuevo para otra pelea. Pero ella se tranquilizó y dijo:

- Espera, antes de que nos mates déjame decirte un par de cosas más. Primero, poseímos a tu amiga para que se alejara de tí, y nada malo le ocurrió. Y segundo, te aseguro de que si quieres hacernos algo, tu viaje será larguísimo para aquello - luego de esto suspiró- Ahora, quiero matarte yo. ¡Aléjense de mí!

En cuanto dijo eso, se colocó adelante de los otros tres zombies, y, sacando sus propias garras de su casco huesudo, dijo con valor:

-¡Ahora, chico! ¡Vas a ver lo que es pelear con alguien de verdad! ¡Así se usan las garras!

Corrió a toda velocidad hasta él para arañarlo; cuando intentó dar su primer golpe, fue esquivado por Hammer; pero éste no lo logró a tiempo, pues recibió un arañaso en la pierna delantera. Hammer intentó responderle con un martillaso, pero éste fue detenido por los cascos de ella, para después ser atacado por debajo en las piernas por su contrincante, quien tras el golpe retrocedió de un salto.

- Muy bien chico, has perdido contra mí. Una pena, pues te creía un enemigo fuerte. Bueno, será hora de que mueras sin dolor.

Mientras ella se le acercaba para matarlo, Hammer no tuvo otra que luchar desarmado. Para ello, se levantó e hizo rápidamente como que atacaba con un golpe más, cuando resultó en arrojarle el martillo a su enemiga, para así arremeter contra ella a golpes. Cuando su rival, en un golpe de locura, intentó atacar una vez con las alas, para así mantener alejado a Hammer. Pero él, sabiendo que iba a arremeter de esa forma, le tomó las alas, la arrojó hacia arriba y, ya en tierra y aturdida, le tomó uno de sus cascos con garras, y sin resistencia por parte de ella, le enterró las garras en su corazón y le abrió el pecho, para luego alejarse, tomar su martillo, y esperar una respuesta por parte de los otros. Pero ellos, en vez de atacarlo, decidieron tomar todos los cadáveres y huir. Ahí se dió cuenta Hammer de que llevaba en él el espíritu de la venganza: sin sentimientos y sin importar lo que haya alrededor, con tal de cumplir el cometido.