Hola, chicas, ya es media noche aquí en Brasil, así que es jueves, estoy subiendo el capi algunas horas antes de la que suelo hacer, espero que lo disfruten :D
LEAN LA NOTA AL FINAL, LES TENGO UNA SORPRESA ;)
Capítulo revisado innúmeras veces, pero soy humana, así que, de antemano, disculpen cualquier error que se me haya escapado.
Disclaimer: La saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer, yo solamente me divierto con sus personajes, ya que me enamoré de ellos. Esta historia es una idea mía y ahora la comparto con ustedes.
Capítulo 8 — Solucionando cuestiones
POV Edward
Al día siguiente desperté sintiéndome mucho más aliviado, ya teníamos todo aclarado, ahora debíamos solamente resolver las cuestiones legales, pero ambos teníamos buena voluntad para hacerlo. Desayuné con mi madre, ya que mi padre se había ido temprano al hospital, luego me dediqué a mis investigaciones sobre el mercado de construcciones en Port Ángeles, buscando en internet encontré una oferta de venta de la acciones de una constructora, era tan sólo la mitad, pero me pareció algo interesante, así que los llamé y nos citamos para el día siguiente, miré el sitio de web de la empresa y por lo que vi de sus trabajos se trataba de un equipo muy competente y además ya tenían el reconocimiento del público, lo que nos ayudaría a comenzar en una nueva ciudad. Llamé a Benjamín y charlamos sobre las posibilidades, él me dijo que si el precio de las acciones estuviera a un buen valor y si la situación financiera de la empresa estuviera bien, sería una excelente inversión para Cullen y Meyer proyectos. Con esta perspectiva bajé a almorzar con mi madre en un estado de ánimo bastante entusiasmado.
— Qué bueno es verte sonreír así, Edward — Me dijo mi madre al verme, ni siquiera me había dado cuenta de que estaba sonriendo. Le conté las novedades mientras comíamos y ella se puso tan entusiasmada como lo estaba yo.
— Lo verás, hijo, las cosas se encaminaran para su debido cauce. Los planes de Dios tienen su debido tiempo y nada se nos sucede por un acaso, algún propósito Él nos tiene reservado.
— Lo sé, mamá. El problema es que somos solamente humanos y ni siempre tenemos esta conciencia o nos falta paciencia para esperar la respuesta de los cielos.
— Si ya llegaste a esta conclusión a tu edad, entonces estás yendo por un buen camino, debo decirte que me llevó algunos años más que tú para aprender esta lección.
— Si hoy mis hermanos y yo somos los hombres que somos, se lo debemos todo a ti y a mi padre, a la educación moral que ustedes nos inculcaron desde chiquitos. No sé si ya te lo agradecí, si lo hice te lo repito, gracias, mamá — dije tomando su mano y dejando un beso en sus nudillos.
— Tus palabras son el reconocimiento del amor y del tiempo que tu padre y yo se lo dedicamos a ustedes, para nosotros lo más gratificante es saber que todo eso dio muy buen resultado, ustedes son hombres buenos, honrados. Dentro de unos cuantos años más sabrás lo que es sentir eso, sentir la sensación del deber cumplido — terminó ella, levantándose y dejando un beso sobre mi pelo.
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Puntualmente a las dos y media de la tarde oí el motor de un coche deteniéndose delante de la casa, sin dar tiempo a Bella a llamar al timbre salí a recibirlas.
— ¡Hola, Bella! — La saludé aproximándome, ella todavía se estaba bajando del coche.
— Hola… Edward ¿Cómo estás? — Preguntó ya fuera del coche y yo pude por primera vez verla en otro tipo de ropa que no la del estilo premamá. Hoy ella vestía una falda negra, muy justa que llegaba hasta la altura de sus rodillas, una camisa azul oscuro que ni siquiera llevando el escote todo abotonado lograba disfrazar el volumen de sus senos; también llevaba unos bonitos y sensuales tacones negros de tamaño medio; el pelo lo llevaba suelto y sus ondulaciones caían por los lados de su rostro, estaba muy hermosa, con muy poco maquillaje en su rostro, pues podía ver algo de cansancio en sus rasgos. Ella también me observó, vi como su mirada me recorrió rápidamente antes que la apartara de mi cuerpo, yo llevaba una camisa de traje blanca y pantalones de traje azul oscuro y zapatos negros.
— Bien… — logré decir tras el impacto que me causó su figura y el sentimiento placentero que me invadió tras ver la apreciación en su mirada cuando me miró. — ¿y tú cómo pasaste la noche? ¿Maddie te dio mucha guerra? — Le pregunté, recuperándome de la impresión.
— Algo — contestó sucinta. — Ven, ayúdame a sacarla de su silla, tienes que aprender a hacerlo.
Prontamente estuve a su lado y ella me mostró como deshacer las amarras de la silla. Maddie me miraba atentamente mientras lo hacía.
— Hola, princesa — le dije —, ¿fuiste mala con mamá por la noche? — Una sonrisa suave se dibujó en sus labios, me reí y le planté un beso en su frente, aspirando el delicioso aroma de mi bebé, la tomé en brazos y me volví hacia Bella.
— Ella se despierta casi todas las noches por vuelta de las tres o cuatro de la mañana, la amamanto pero después no quiere volver a dormirse, quiere que le dé atención, es por vuelta de las siete cuando vuelve a tener sueño, para entonces yo tengo miles de cosas para hacer y ya no puedo volver dormir — reveló Bella con cansancio, mientras entrábamos en casa.
Hice una nota mental para estar pendiente de Bella cuando ya estuviera viviendo en el mismo piso, me encargaría de ayudarla para que pudiera descansar algo durante el día.
— ¿Dónde está la muñeca de la abuela? — Apareció mi madre y Maddie le regaló algunos de sus chillidos felices, como los llamaba Bella.
— ¿Qué tal, Bella? — La saludó mi madre abrazándola.
— Algo soñolienta, pero estamos bien — le contestó.
— Mala noche, ¿no? — Bella asintió suspirando.
Comencé a preguntarme si un viaje que lleva una hora para ir y otra para volver no la agotaría todavía más.
— Bella, si no te sientes en condiciones para acudirnos a la cita puedo llamar a la oficina y pedir otro horario en otro día — le dije.
— Mis días casi siempre son iguales, Edward, anteayer, como adivinando todo lo que sucedió, ella se durmió toda la noche, pero eso es una excepción. Así que no hay porque aplazar la cita, si es mañana o después va da igual. En el primer mes fue peor, ahora casi me estoy acostumbrando — ella sonrió, una sonrisa cansada, pero bella.
— Vale.
Ella se volvió hacia mi madre y empezó a explicarle algunas cosas sobre Maddie.
— Esme, la amamanté antes de salirnos de casa, así que más o menos dentro de tres horas tendrás que calentar en baño maría el biberón de leche que está en la nevera portátil, es bueno que lo pongas en el refrigerador, mientras tanto. Ah, en su bolso hay pañales, toallas higiénicas, crema antirozaduras, y dos cambios de ropa, por si sucede algo. Hay otra manta también…
— Bella, respira, cariño — le dijo mi madre, deteniendo su verborrea poniendo una mano sobre su brazo.
— Lo siento — suspiró ella cerrando los ojos unos segundos para luego volver a abrirlos —, es la primera vez que la dejo con alguien, nos es que no confíe en ti, mucho por el contrario — aclaró —, es solo que, no sé explicarte muy bien, pero me aflige muchísimo estar apartada de ella.
Esme esbozó una sonrisa comprensiva.
— Cariño, se me pasó lo mismo con Emmett, eres madre primeriza, es normal que te sientas así, cuando tengas más hijos verás que, aunque te cueste dejarlos al cuidado de alguien, la sensación no será tan abrumadora como es ahora. Ve tranquila, la cuidaré y cualquier cosa los llamo — la tranquilizó mi madre. Ella parecía muy angustiada ante la idea de apartarse de nuestra hija por algunas horas. Nuestra hija, me gustaba cada vez más poder llamarla así.
Bella asintió y mi madre me robó a mi niña de mis brazos.
— Compórtate con la abuela, muñeca — le dijo Bella aproximándose de las dos, llenando de besos a la carita y tripa de nuestra hija, haciendo que ella soltara varios de sus chillidos felices. También me aproximé de ellas y dejé un beso en su frente y otro en la mejilla de mamá.
— La cuidaré, chicos, váyanse y que Dios los acompañe.
— Amén — dijimos Bella y yo al unísono, lo que nos hizo mirarnos e intercambiar una sonrisa.
— Bella — la llamé cuando estuvimos fuera de casa —, si no te importa podemos ir en el coche de mi madre, estoy con las llaves.
— Sí, no hay problema, además no estoy en condición de manejar por tanto tiempo — razonó ella.
Estaba algunos pasos a su frente así que aproveché para abrirle la puerta.
— Gracias — musitó ella, pasando a mí lado para ocupar el asiento, y nuevamente la fragancia de su olor inundó mis sentidos, haciendo que la quisiera tomar entre mis brazos y oler de cerca esta bendita esencia que me volvía loco, hasta saciarme de ella, si es que lograría saciarme alguna vez. — ¿Edward? — La oí decir mi nombre en un tono interrogativo, ya que yo me había quedado plantado en el mismo sitio con la puerta todavía abierta.
— Lo siento, por un momento me distraje con lo que nos espera en Port Ángeles — me disculpé con la primera explicación que me vino a la mente.
— Sí, te comprendo, espero que las cosas legales no sean difíciles de arreglar, una vez que estamos de acuerdo con todo — me dijo ella mientras yo finalmente cerraba la puerta.
— Ojalá estés en lo cierto — suspiré.
Entré en el coche y tras poner el cinturón de seguridad, lo encendí, haciendo plegarias a Dios para que el abogado nos pudiera ayudar a resolver todo de manera tranquila.
Manejé en silencio por algún tiempo, Bella miraba el paisaje desde su ventana, sin decir palabra.
— ¿Quieres oír algo de música? — Le pregunté cuando llegamos a la salida de Forks.
— Sí… — oí escapar de entre sus labios. Ella volvió su rostro hacia mí y nos quedamos prendados de la mirada del otro, hasta que el motorista del coche que estaba detrás del nuestro, esperando a entrar en la autopista igual que nosotros, tocó el claxon, haciendo que apartara nuestras miradas y yo pude ver que ya podía seguir adelante.
— Puedes encender la radio, entonces — le dije concentrándome en manejar, sin volver a mirarla. Con mi visión periférica la vi estirar el brazo y empezar a buscar entre las estaciones disponibles.
— Me gusta la música clásica ¿si no te importa? — Dijo cuando hubo encontrado lo que buscaba y le ponía a un volumen bajo, lo que dejaba el ambiente dentro del coche más tranquilo y relajado.
— No, a mí también me gusta — contesté —, una de mis aficiones es tocar el piano — añadí, sin saber por qué, ya que poquísimas personas sabían de eso.
— Ahora me acuerdo, una vez Esme me llevó al salón y allí vi un piano, le pregunté quién tocaba en la casa y ella me dijo que su hijo menor. Podrás tocar para Maddie, siempre le pongo algo de música mientras le doy el baño de la noche, la tranquiliza y me ayuda hacerla dormir, le encanta.
— Y a ti, ¿también te gustaría oírme tocar? — Quise saber.
— Ummm… por… supuesto — tartamudeó ella.
— Entonces veré como está la afinación del piano y luego tocaré para las dos.
— Estaremos ansiosas por oírte — en este momento se terminó la canción que estaba tocando y empezó a tocar una que me gustaba muchísimo.
— Clair de Lune — musitamos al unísono.
De esta vez la miré y ella me estaba mirando también.
— ¿Te gusta? — Le pregunté.
— Sí, es una de mis favoritas.
— Lo mismo digo.
Nos quedamos en silencio disfrutando de las hermosas notas que constituían la pieza de la música. Por el espejo retrovisor pude ver que Bella había cerrado los ojos, tenía una pequeña sonrisa en sus labios, era tan hermosa y sencilla a la vez, lo que la hacía más irresistible. Desvié mis ojos de la imagen que el espejo me daba y volví a concentrarme en la carretera, todavía teníamos más o menos una hora hasta Port Ángeles. La próxima vez que miré a Bella, cerca de veinte minutos después, percibí que ella se había quedado dormida, no era para menos, venía de una rutina muy agotadora por las noches. No pude evitar la sonrisa que se dibujó en mis labios viéndola allí, con la cabeza recostada contra el vidrio de la ventana, los ojos cerrados, los labios ligeramente entreabiertos. Aquella mujer se me estaba volviendo una distracción, una distracción que empezaba a gustarme demasiado.
Cuando por fin llegamos a Port Ángeles, Bella seguía dormida, encontré un sitio para aparcar cerca de la oficina del abogado y cuando por fin desligué el motor me propuse a despertar a la hermosa y soñolienta mujer a mi lado.
— Bella… ya llegamos — le dije, ella profirió un murmullo bajo ininteligible, pero no se inmutó. — Bella… — volví a intentar, esta vez me atreví a hacer algo que llevaba algún tiempo con ganas de hacer, alcé una mano y con los nudillos le acaricié una mejilla, al sentir el toque de mi piel, ella parpadeó y abrió los ojos, encontrando mi rostro muy cerca del suyo.
— Hola, te dormiste casi todo el viaje — empecé a explicarle —, siento despertarte, pero ya hemos llegado.
— Lo siento — se disculpó, enderezándose en el asiento, poniendo distancia entre nuestros rostros.
— No lo sientas, estabas cansada. Bueno, tenemos como treinta minutos hasta las cuatro, por qué no vamos a tomar un café, para que te despiertes por completo — le sugerí.
— Me parece bien — concedió, pasándose las manos por el rostro, como que para ahuyentar los vestigios del sueño.
Me bajé y di la vuelta al coche para abrir su puerta.
— Gracias ¿Sabes dónde podemos encontrar una cafetería por aquí?
— Hay una a unos metros atrás, pasé por ella antes de encontrar un lugar para aparcar.
Ella asintió, yo cerré su puerta y activé la alarma del coche. Teníamos que atravesar una calle, pues tanto la cafetería como la oficina del abogado estaban al otro lado de donde yo aparqué. Le puse mi mano sobre su espalda baja para guiarla, ella como en la vez del ascensor buscó mi mirada al sentirme tan cerca, pero no dijo nada y tampoco rehuyó mi contacto, lo que me hizo sonreír internamente.
Caminamos un poco hasta llegar a la cafetería, el lugar estaba lleno pero encontramos una mesa al fondo, una camarera nos vino atender.
— Buenas tardes, desean hacer su pedido o prefieren mirar el menú — nos saludó la chica.
Miré hacia Bella y ella negó con la cabeza.
— Pediremos ahora — avisé —, ¿Bella?
— Un café expreso con azúcar.
— Lo mismo para mí.
— Ya les traigo — dijo ella, dejándonos a solas.
— Entonces, ¿cómo quedó lo del apartamento? — Me preguntó Bella al momento de estarnos a solas.
— Bien, ayer mismo firmé el contrato.
— Me alegra saberlo, Edward ¿Cuándo planeas trasladarte?
— Pediré a mi madre que me ayude a amueblarlo, ya que pienso en dejar mi apartamento de Seattle como está, será útil cuando yo vaya allí por negocios, así tendré un sitio donde quedarme, algo mucho mejor que quedarme en un hotel. — Ella asintió. — Espero para la próxima semana tener todo arreglado sobre mis negocios, después tendré que ir a Seattle a tratar todo con mi socio y luego volveré para quedarme. Creo que como mucho dentro de un mes lograré estar viviendo en Forks definitivamente.
— Es un enorme cambio — observó ella.
— A decir verdad, creo que necesitaba de algo así, volver a estar cerca de la familia. Viviendo en Seattle solamente veía a los míos en los momentos festivos para todos y echaba de menos estar cerca de ellos, siempre fuimos muy unidos, no es por acaso que así que se les presentó la oportunidad Emmett y Jasper vinieron a estar cerca de nuestros padres.
— Sus cafés — anunció la camarera, nos sorprendiendo con su proximidad.
— Gracias — dijimos Bella y yo a la vez.
Primeramente ella dejó sobre la mesa la taza de Bella y cuando se volvió hacia mí agregó, guiñándome el ojo:
— Si desea algo más estoy a su disposición — se me insinuó la chica descaradamente.
Asentí sin darle mucha atención; miré a Bella, que la contemplaba con una mezcla de choque y enojo en la mirada.
— ¿Es siempre así? — Cuestionó mi acompañante cuando volvimos a estar solos.
— ¿Siempre así qué?
— ¿Las mujeres siempre se echan a tus pies como lo hizo la chica esa? — Aclaró su pregunta, sorprendiéndome, me encantaba esa faceta suya, a veces tímida, a veces directa.
— Ummm… debo admitir que jamás fui el tipo de hombre que encontró dificultades para conquistar a una mujer — le contesté con sinceridad.
— Por supuesto, si ni siquiera tienes que ir a por ellas, ellas solitas se lazan a tus brazos.
— Eso sucede a menudo, sin embargo soy muy selectivo, y hay un detalle importante, prefiero cazar a ser yo la caza — le dije guiñándole un ojo.
Ella se rió, una sonrisa relajada y divertida.
— Por Dios, eres terrible.
— Y ¿qué hay de ti? Toda una profesional de suceso, joven y bella, los hombres deben de hacer cola para intentar algo contigo.
Ella se rió nuevamente y pude ver algo de rubor en sus mejillas antes que bajara su rostro hacia la taza de café entre sus manos.
— Algo así — contestó simplemente y yo la miré achicando mis ojos, ella como que sintiendo mi mirada, volvió su rostro hacia mí.
— Bueno, se puede decir que hay una cola — confirmó sonriéndome con picardía —, siempre hubo desde mi adolescencia a decir verdad, sin embargo, igual que tú, soy muy selectiva. En mi adolescencia tuve un novio durante toda la secundaria, pero íbamos a universidades distintas y la relación ya no era la misma, así que decidimos cortar, y en mi cuarto año de universidad, me enamoré de un colega de carrera que estaba ya en su época de residencia, estuvimos juntos por cinco años, hace un año y medio terminé con él.
— Y ahora tienes a todos los médicos del hospital de Forks intentando conquistarte.
Ella se rió nuevamente.
— Eso era el escenario a dos meses atrás, pero desde que soy oficialmente madre soltera, percibí que de un momento a otro pasé de ser súper interesante a ser olvidada — contó divertida.
— ¿Lo siento…? — Dije sin saber lo que ella de verdad sentía al respecto.
— ¡No! — Dijo poniendo los ojos en blanco —, yo estoy muy feliz con mi hija, nuestra hija — se corrigió — sonriéndome dulcemente —, fue un gran alivio no tener que seguir inventado excusas para evadirme de las propuestas de cita. A veces creo que entre los médicos y enfermeros se hicieron una apuesta para saber quién conseguiría una cita conmigo, todas las semanas tenía a alguien asediándome con una invitación.
— Me parece algo perfectamente posible — le dije, mirándola fijamente, nuestras miradas se quedaron atrapadas por algunos segundos, ella se puso roja y nuevamente volvió su rostro hacia su taza de café. Cada vez más me encantaba su mezcla de mujer decida y tímida a la vez.
— ¿Qué hora es? — Me preguntó ella desviando el asunto — Creo que deberíamos ir caminando o llegaremos tarde.
— Faltan diez minutos para la cita, pediré la cuenta, la pago yo — añadí al verla coger su cartera de dentro de su bolso.
— Vale.
La misma camera que nos atendió nos vino a traer la cuenta, pagué por nuestros cafés y le dejé algo de propina. Ella agradeció y me sonrió coquetamente, antes de apartarse meciendo las caderas, haciendo con que Bella bufara.
— Por Dios, podía intentar ser menos obvia — dijo mientras dejábamos la mesa.
No pude dejar de reírme ante su comentario.
— Te lo pasas bien, ¿no? — Agregó mirándome molesta.
— Ni siempre, pero tú lo haces ser algo entretenido.
Ella rodó los ojos y la oí musitar con cansancio: — Hombres…
Me reí nuevamente y de pronto me di cuenta que había pasado mucho tiempo desde que me reí en la compañía de una mujer que no estuviera relacionada a la familia, era algo muy refrescante poder hacerlo con Bella, podría hasta decir que era natural.
Cuando estuvimos fuera de la cafetería volví a poner mi mano sobre su espalda baja, para así caminarnos entre la gente. Bella me miró y de esta vez me concedió una tímida sonrisa. Rápidamente llegamos a la oficina, que estaba situada en un predio de negocios muy famoso en Port Ángeles. La secretaría, una mujer de aproximadamente treinta años, vistiendo un traje muy justo a su cuerpo nos recibió levantándose de su escritorio para recibirnos.
— Hola, soy Irina, la secretaria del doctor Volturi — se presentó ella después que le avisé que teníamos una cita con su jefe. — Ahora mismo él está en una llamada, en un momento les aviso para que entren, mientras esperan pueden sentarse allí — señaló un gran sofá en cuero marrón casi de frente a su escritorio —, ¿desean una agua, café o té? — Preguntó volviendo a sentarse en su silla tras su mesa.
— No, gracias — dijo Bella seriamente, ya caminando para junto del sofá. Le sonreí a la secretaria y me encaminé para sentarme a su lado.
— ¿Tienes siempre que deslumbrar a las mujeres? — Susurró ella junto a mí.
— ¿Qué? Sólo le agradecí con una sonrisa, fue muy atenta.
— Es su trabajo y además me pareció demasiado atenta.
— Tú misma lo has dicho, es su trabajo — le señalé.
— Sí, es su trabajo, pero hay una línea entre ser atenta y ser antiética, y coquetear con un cliente es la segunda opción — expuso en tono bajo.
— No percibí ningún coqueteo — respondí, porque era la verdad.
— Al vernos salir del ascensor ella rápidamente se levantó de su mesa y se acercó a recibirte, apenas me miró, y yo estaba a tu lado, tu mano en mi espalda; después caminó delante de ti y me pregunté si no le iba a romper la bacía por tanto contoneo, luego se sentó a la mesa y se inclinó para mostrarte los pechos — enumeró ella y me pregunté dónde estuve que no percibir todo eso, no percibí porque mi atención estaba volteada hacía la pequeña morena a mi lado. — Debes de estar muy preocupado con lo que dirá el abogado para no darte cuenta — añadió ella, asentí porque era la mejor salida de momento, no podía decirle que estaba distraído por la cercanía de su cuerpo junto al mío, por el olor que emanaba de su piel, por las vibraciones que recurrían desde mi mano apoyada en su espalda hasta mi brazo, y por el balance de sus caderas al caminar, cosa que podía percibir por mi tacto a su espalda.
Nos quedamos sentados por cerca de cinco minutos hasta que la secretaria nos autorizó a entrar en el despacho del abogado.
— Bienvenidos, señor Cullen, señorita Swan — nos recibió un hombre de cerca de 45 años, alto y flaco, con el pelo negrísimo y una piel blanquísima, era la viva imagen del Conde Drácula.
— Gracias, señor Volturi — dijimos a la vez.
— Siéntense, por favor — pidió mientras señalaba dos sillones delante de su escritorio. — ¿Desean tomar algo? — Agregó mientras volvía a sentarse tras su mesa.
— No, gracias — rechazó Bella la oferta.
— ¿Entonces que les trajo aquí? — Preguntó mirando de mí a Bella, pero su mirada se detuvo por demasiado tiempo en ella.
— Mi padre, Charlie Swan, el jefe de policía de Forks, nos indicó su nombre — le explicó Bella.
— Ah, se me estaba mismo sonando su apellido. Trabajé con Charlie a cinco años atrás, cuando tuve un caso en Forks, él me ayudó a colectar las pruebas sobre un padre que pleiteaba la custodia de sus dos hijos, tras su esposa conseguir huir de él llevándose a los niños, yo la defendí. El hombre tenía la manía de ponerse violento con su esposa, pero un día golpeó a uno de los niños y eso colmó el vaso, ella huyó sin dejarle rastro; él puso la policía tras ella. Con ayuda de tu padre logré recolectar todos los datos sobre el hombre, que tenía una extensa ficha en la policía por desórdenes en su adolescencia, abuso de alcohol y drogas; tu padre también habló en juicio sobre su temperamento agresivo desde siempre, él fue de gran ayuda para que yo pudiera vencer el caso.
— Eso suena a mi padre — dijo Bella con orgullo, esperaba que un día Maddie pudiera sentir lo mismo por mí.
Ella tenía una sonrisa orgullosa en sus labios, se veía hermosísima, el Drácula abogado la miraba anonadado, había algo de admiración y deseo en su mirada, sentí una emoción extraña en mi pecho, algo muy posesivo que me hacía desear poder apartar a Bella de aquella mirada de cazador experimentado.
En el intento de poner algo de cordura en mi ser, aclaré mi garganta para llamarle la atención, el rostro del clon del Drácula se volvió hacía mí.
— Bueno, como Isabella le dijo, el jefe Swan se nos indicó sus servicios, pues ella y yo tenemos una hija… — empecé a explicar, le conté toda la historia con algún que otro detalle añadido por Bella.
— ¿Cree que podemos resolver eso fácilmente, señor Volturi? — Indagó la madre de mi hija con visible ansiedad cuando yo terminé mi narración.
— Puedes llamarme Aro, Isabella, conozco a tu padre — sonrió él, Bella asintió tímidamente. Viejo verde, por conocer el padre de ella debería actuar con más respeto hacia ella, en vez de mirarla de la forma empalagosa con la que la estaba mirando en el aquel momento. — Bueno, como ambos están de acuerdo — siguió él —, creo que todo se puede arreglar dentro de un mes como máximo. Primeramente, tendré que adentrar con un pedido judicial para el reconocimiento de tu paternidad — me dijo el hombre —, el juez determinará que se haga una prueba de ADN, les será indicado un laboratorio y la prueba debe ser llevada a cabo allí o no se podrá dar validad legal de ella. Con el resultado de la prueba, que debe de salir entre tres y cinco días, será marcada una audiencia con el juez de la jurisdicción familiar; esta reunión debe ser llevada a cabo en el plazo máximo de quince días tras el resultado del examen. El juez te concederá el derecho de poner tu apellido en el registro de tu hija tras ver el resultado positivo de la prueba. Dada a la circunstancia que la niña fue adoptada, anexaré al pedido del reconocimiento de paternidad una petición en nombre de ambos, exponiendo el deseo de los dos de compartir la custodia de la niña. Debo preguntarles, ¿están seguros de esta decisión?
— Completamente — contesté y miré a Bella sentada a mí lado.
— Estoy segura de nuestra decisión, señor Volturi — confirmó ella, sin hacerle caso al pedido de tuteo, continuando a utilizar el tratamiento formal.
— El juez probablemente irá entrevistarlos, ya que no son una pareja y apenas se conocen, él intentará asegurar que ambos pueden llevar bien la situación de compartir la custodia.
Asentimos.
Luego Drácula, digo, el doctor Volturi, nos informó sobre sus honorarios, el valor era alto, pero el hombre parecía tener suceso en lo que hacía.
— El dinero no es un problema, señor Volturi — le avisé, el hombre asintió, sin añadir nada más.
— Edward… — me llamó Bella, ella parecía querer hablarme algo al respecto, mirándola decididamente hice un ademán negativo con mi cabeza, ella rodó los ojos, no iba permitir que ella siquiera propusiera la idea de dividir el costo de los honorarios y del proceso legal.
— Entonces hoy mismo empiezo con los trámites legales, les aviso así que el local y la fecha para la prueba de ADN sea determinado, el costo de la prueba es de responsabilidad de la parte solicitante — dijo él mirándome, a lo que asentí — y debe ser pagado en el laboratorio en el día del examen.
— Gracias, señor Volturi, estaremos en contacto, fue un gusto conocerlo — dije tendiéndole mi mano.
— El gusto fue mío — el apretó mi mano y enseguida se volvió hacia Bella.
— Señorita Swan — Bella, igual que yo, le tendió su mano, pero en vez de tomársela solamente, él se la llevó hasta sus labios que eran tan rojos que parecía que acaba de beber sangre, plantando en la piel suave de Bella un beso galanteador — Fue un placer conocer a la hija de Charlie, envíale mis saludos.
— Se los daré, señor Volturi — contestó ella, sutilmente apartando su mano de la del hombre.
— Vámonos, Bella, nuestra hija nos espera — la insté y ella asintió.
Tras dejar nuestros datos personales con la secretaria, rápidamente nos marchamos del lugar.
— Esta oficina está llena de acosadores, primero la secretaria, luego el jefe — dije cuando ya estábamos caminando fuera del edificio. — Santo cielo, el hombre debe de estar más cerca de los 50 que de los 40 y todavía intentó flirtear contigo.
— Bueno, hizo justicia a su apariencia, ¿el conde Drácula no era un gran seductor? — Comentó Bella y no pude contener la carcajada.
— ¿De qué te ríes?
— Es que así que lo vi pensé en él como el conde Drácula — dije controlándome la risa.
Ella se rió.
— ¿Quién no? Si era la viva imagen. Por lo menos parece ser un buen abogado.
— Sí, tu padre no nos lo hubiera recomendado si no lo fuera.
Ella asintió.
— Anda, vamos a casa, nuestra hija nos espera — me instó ella, cuando ya estábamos llegando cerca del coche, repitiendo mis palabras dichas en la oficina.
A casa… dónde estaban las personas a quién amaba y donde había conocido la mujer que estaba sonriendo a mi lado, una mujer que a cada segundo iba ganando terreno en mis defensas.
Edward y Bella se están acercando poquito a poco, las chipas empiezan a saltar entre los dos, tengan un poquito de paciencia, chicas, ellos ni siquiera llevan una semana conociéndose, las cosas sucederán a su debido tiempo. Ah, Bella hoy habló un poquito sobre su pasado y en el próximo capi hablará un poquito más ;) Y ella sigue mostrándonos su personalidad…
Gracias por los alertas, favoritos y por los reviews :D Sus palabras me alegran y me llenan de inspiración y para agradecerles por sus comentarios, haré una actualización extra este domingo ;)
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