Admito que no es la mejor decisión que eh tomado en mi vida. ¿Por qué? Simple.
Nadie. Absolutamente nadie. Debía saber que soy gay.
¿Por qué? Porque, aunque me de igual mi popularidad, no quería que él fuera afectado. Ya que más que hacer que la gente viera que soy gay hice que vieran que él también es gay. Haciéndolo blanco de las burlas de los que se autodenominan mis "amigos".
Solo son unos hijos de puta.
La única chica del grupo de ineptos había declarado para el diario del instituto, simplemente porque no quería metérsela, que lastima. Ella me caía bien.
Puse la música a tope y me volví a esconder parte de la cara con una bufanda que él me había regalado. Era amarilla y tenía detalles en negro como si fueran bloques. Me la dio el día en que se me confesó.
Seguí caminando. Volví a mis pensamientos y recordé como había pasado todo.
Flash Back.
Tom me había retado a una competencia de tragos, lo típico. Perdió ante mí y quiso pelear, nunca me niego una pelea. Y él me tenía con los cojones hinchados de tanta estupidez. Fue triste que me separaran del.
Aun no estaba tan ebrio por lo que fui a la barra. Allí fue donde lo vi.
Tan lindo, tan sólo, tan violable, tan idiota... ¿Por qué idiota? Estaba tomando una de las sodas inyectadas. ¿Qué es eso? Eran para cuando las cosas se ponían difíciles y no querían acostarse con uno. Yo las había usado un par de veces con otros chicos, luego no recordaban nada... Aprovecharía esa gran oportunidad que las etiquetas me habían dado.
Noté como se había puesto más feliz, me acerco y lo invito a bailar, este acepta de inmediato. Estábamos demasiado apegados uno al otro que debería ser ilegal, el restregaba su espalda contra mi pecho y su gran trasero con mi entrepierna, eso me había encendido de sobremanera. Lo admito. En un momento se había volteado y no pude evitar reaccionar como lo hice.
Es que ¿Quién no lo haría si ves la siguiente escena?: Su pelo revuelto y hacía un lado mostrando su marca de nacimiento, su respiración agitada, sudor en su cuello y frente, camisa mal acomodada y más encima un sonrojo en sus mejillas que se extendía hasta sus orejas.
No aguanté. Lo besé.
Sin importarle toda la gente a su alrededor ni el silencio que se formó luego de eso, menos los flashes de los celulares.
Simplemente le tomé la mano y me lo llevé de allí.
