¡Hola, lectoras! Este capítulo es algo corto, pero el domingo haré una actualización extra ;) ¡Buena lectura!

Capítulo revisado innúmeras veces, pero soy humana, así que, de antemano, disculpen cualquier error que se me haya escapado.


Disclaimer: La saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer, yo solamente me divierto con sus personajes, ya que me enamoré de ellos. Esta historia es una idea mía y ahora la comparto con ustedes.


Capítulo 12 — Dándose cuenta

No es el tiempo ni la ocasión los que determinan la intimidad: es sólo el carácter, la disposición de las personas. Siete años podrían no bastar para que dos seres se conocieran bien, y siete días son más que suficientes para otros.

(Sentido y Sensibilidad, Jane Austen)

POV Edward

Tras una tarde llena de momentos felices dejé el apartamento de Bella, sintiendo que dejaba parte de mi en aquel lugar, quería poder quedarme allí con ellas, bañar a Maddie, ver a Bella amamantarla, luego sacarle los gases y déjale en su cuna para luego acurrucarme con Bella en el sofá y ver una película; o hacerle el amor en nuestra habitación, o simplemente dormir de cucharita hasta que nuestra hija nos despertara horas después requiriendo nuestros cuidados. Dios, ¿cómo era posible que me hubiera enamorado de Isabella Swan si la conocía desde apenas cinco días? Yo que a mis veintiocho años jamás habría estado enamorado, me había encariñado con algunas de las mujeres con las que me relacioné, pero jamás había sentido esta necesidad imperiosa de estar cerca de alguien, de verla sonreír, de abrazarla, de sentirla protegida entre mis brazos, que el simple hecho de verla sonreír me calentara el corazón. Quería el paquete completo, no solamente quería a mí hija en mi vida, quería a Bella, y no solamente como la madre de Maddie, sino que, como mi novia, mi esposa, mi mujer…

— ¿Te das cuenta del tamaño del lio en que te metiste, Edward? — Medité en voz alta cuando estuve sentado en el coche de mi madre. Encendí el motor y dejé el garaje del edificio, intenté no pensar en el asunto mientras manejaba hasta la casa de mis padres.

— Edward, ¿todo bien hijo? — Cuestionó mi madre, que estaba al otro lado del jardín, al verme bajar del coche a toda prisa sin siquiera percatarme de su presencia.

— Sí… lo siento, mamá — respondí, bajando la escalinata del porche para acercarme a ella.

— Edward, pasaste nueves meses en mi vientre, te crié por más de dieciocho años, no me vengas con el cuento de que "estoy bien, mamá," te conozco, hijo.

Suspiré y me encaminé hasta donde ella estaba, la vi quitarse los guantes de jardinería y sentarse en un banco de jardín que había cerca de ella.

— ¿Qué pasó? — Cuestionó cuando me senté a su lado.

— ¿Es posible enamorarse en cinco días? — Fui directo al grano.

Vi una ligera sonrisa dibujarse en sus labios y ella me regaló una mirada dulce.

— Ah, cariño, a veces son necesarios segundos, una única mirada y te quedas prendado irrevocablemente — dijo con la mirada perdida recordando el pasado —, así fue como me enamoré de tu padre, estaba yo caminando en dirección a la biblioteca universitaria, iba distraída, hurgando dentro de mi bolso en busca del dinero que por la mañana había soltado de cualquier manera dentro de él, de pronto choqué contra alguien y si él no me sostiene me voy al suelo, cuando alzo mi rostro para disculparme, me quedo muda, prendida en su mirada azul, él me sonríe y me pregunta si estoy bien — me cuenta ella sonriendo —, a lo que yo simplemente asiento positivamente. Mi corazón latía a toda prisa, logré tartamudear un lo siento y cada cual siguió su camino. Pasé los siguientes dos meses pensando en aquel chico, hasta que una amiga me invitó a una fiesta y allí estaba él, nuestras miradas se encontraron y Carlisle se aproximó, pasamos toda la fiesta juntos, conversamos, bailamos, así empezó todo, lo demás es historia — finalizó. — El amor es impredecible, Edward, a veces está delante de nuestros ojos y no nos damos cuenta, pues se esconde por tras de una amistad antigua, otras veces llega de la nada, y ni siempre él elige el mejor momento de nuestras vidas para asomarse desde nuestros adentros.

— No, él no elige el mejor momento… estoy enamorado de Bella, justo de ella, no podría complicar más mi vida ¿verdad?

— ¿Será que se trata de una complicación? — Repuso mi madre. —Cuando estamos viviendo momentos difíciles no solemos ver las cosas desde la perspectiva cierta, a veces son necesarios meses, años, para que uno pueda percibir el lado bueno de aquello que la vida le ofreció en aquel entonces.

— ¿Estás diciéndome que es algo bueno que esté enamorado de la madre de mi hija? — Indagué, necesitando oír su respuesta.

— No veo nada malo en ello, hijo. Desde cuando la viste por primera vez, en mi sala, supe que había algo más, después nos revelaste lo de Maddie, pero, aún así, seguí creyendo que la manera como la miraste no fue solamente porque estabas conociendo a la madre adoptiva de tu hija, había algo más en tu mirada.

— No puedo negarte, ella me traía intrigado desde cuando vi su foto en el informe que el investigador privado me entregó en aquel mismo día, pasé algunas horas de mi día contemplando su rostro — admití. — No sé cómo proceder ahora…

— Dale tiempo al tiempo, se conozcan, al final el bienestar de mi nieta está en juego, y sé que ninguno de los dos desea hacerle daño.

— ¿Crees que ella siente algo por mí? — Pregunté ansioso.

— ¿Tú que crees? — Me preguntó ella a su vez, evadiendo mi pregunta.

— Hay algo en el aire.

— Sí, hay algo en el aire, así como vi tu interés por ella cuando la viste, también vi el interés de ella por ti, y nada me haría más feliz que verlos juntos, solo te aconsejo que vayas despacio, no sé si Bella ya está lista para una relación, aunque sienta algo por ti.

— Le pasó algo en su última relación ¿no? Estuvo con el mismo hombre por cinco años, probablemente hizo planes de noviazgo, boda, debe ser difícil empezar a relacionarse con alguien más después de una relación tan larga — comenté. — Ayer ella me habló por encima sobre el tema, y por lo poco que me dijo, deduzco que debe haber ocurrido algo muy grave que la llevó a terminar la relación.

— No te puedo decir nada, hijo, no concierne a mí revelarte algo que Bella me contó en confianza, sólo ten paciencia y conquístala, ella vale la pena.

Sí, por lo poco que conocía de Isabella Swan sabía que ella merecía la pena y mucho más, era la primera mujer que despertaba en mi el deseo de construir una familia, era la mujer que yo estuve esperando todos estos años y no la iba a dejar escapar.

x-x-x-x-x

El sábado me presenté a la casa de Bella a las tres y media de la tarde como habíamos acordado que podía hacer todos los días.

— Hola, Edward — me recibió ella con una gran sonrisa cuando abrió la puerta, llevaba el pelo suelto y algo revuelto, se veía natural y sencillamente hermosa. Maddie estaba en sus brazos, vestía un conjunto amarillo lleno de rayas negras, lo que la hacía parecerse a una abejita, fue imposible no sonreír ante la ternura que ella emanaba —, mira muñequita, papá llegó — le dijo Bella a nuestra hija, y yo deseé ser recibido todos los días de aquella misma manera, pero no en su casa, sino en un hogar nuestro.

— Hola, Bella — me aproximé y planté un beso en su mejilla, casi demasiado cerca de las comisuras de sus labios. — ¿Cómo estás?

— Bien… gracias… — ella tenía los hermosos ojos chocolates abiertos como platos, le di una sonrisa torcida, y la vi parpadear un par de veces.

— Y tú, mi princesa, ¿cómo estás? — Le dije a mi pequeña, que me regaló una linda sonrisa además de su ya característico chillido feliz, Bella sonriendo la pasó a mis brazos.

Adentré en su sala y me senté en el sofá.

— ¿Qué tal la noche? — Le pregunté.

— Se durmió a las seis de la tarde, se despertó a las nueve, volvió a dormirse a las once y se despertó a las tres de la madrugada y solamente volvió a dormirse a las siete de la mañana, lo de siempre — resumió ella.

— Debes de estar agotada — y ahora que la miraba bien, aunque me hubiera recibido con una sonrisa en el rostro, ella tenía unas ligeras ojeras bajo los ojos y estaba algo pálida. — Por qué no aprovechas que estoy aquí y vete a descansar por algún tiempo — le sugerí, acordándome de que en el día en que fuimos a hablar con el abogado ella estaba tan cansada que se durmió en el coche. — Anda, Bella, ve, cualquier cosa te llamo — la insté al ver que ella estaba dudando en aceptar mi propuesta.

— Vale, a decir verdad, me muero de sueño y no pude dormir mientras ella lo hacía por la tarde, pues tenía mucha ropa de ella para planchar. Hace media hora que la amamanté y también le cambié el pañal — me avisó.

— No te preocupes, ve a dormir, antes que te duermas ahí en este sillón, soy su padre es mi papel ayudarte — puse de relieve.

— Gracias, si tienes hambre o sed, sólo busca algo en la cocina — asentí. Ella se levantó despacio, y con visible cansancio la vi caminar por el pasillo y entrar en su habitación.

— Ahora, somos tú y yo, pequeña — le dije a Maddie, que me sonrió.

Las horas al lado de mi hija se pasaron en un parpadear, cuando me di cuenta ya era las seis de la tarde y Maddie empezaba a ponerse gruñona.

— Quieres a mamá, ¿verdad, pequeña? — Le pregunté y como respuesta afirmativa recibí más un gruñido. — Vale, no me queda otra sino despertarla.

Caminé por el pasillo hasta la habitación de Bella, Maddie seguía gruñendo y revolviéndose incómoda en mis brazos. Toqué la puerta de Bella tres veces, pero como no oí respuesta decidí entrar, despacio abrí la puerta y entré a la única habitación de su apartamento que todavía no conocía.

La habitación era clara, decorada en tonos claros de azul y los muebles eran una mezcla de estilo vintage y madera envejecida en tonos de blanco y marrón. La cama estilo americana era grande y estaba cubierta por un cubre cama azul con flores blancas, Bella estaba acostada sobre su costado izquierdo y tenía una mano entre su rostro y la almohada, dormía profundamente, a su lado había una especie de mini cuna blanca acoplada a la lateral de la cama. No quería despertarla, pero el bebé en mis brazos empezaba a molestarse cada vez más. Me senté en la lateral opuesta de su cama, ya que la mini cuna no me permitía sentarme en el lado en que ella estaba dormida, y la llamé, pero ella pareció no oírme, ni los gruñidos de nuestra hija.

— Bella — la llamé más alto, me aproximé, sentándome casi en el medio de su cama y aparté un mechón de su pelo que caía sobre su mejilla, aprovechando para acariciar su piel suave, al sentir mi toque ella movió el rostro en dirección a mi mano, girando el rostro y el cuerpo en mi dirección, seguí tocando su rostro y volví a llamarla, de esta vez ella abrió los ojos despacio y parpadeó algunas veces antes de enfocar su visión en mi rostro. — Siento despertarte, pero Maddie se está poniendo impaciente y por el tiempo transcurrido creo que ya debe de estar con hambre — expliqué, mientras ella rápidamente se acomodaba sobre el colchón y estiraba los brazos para coger a Maddie.

— Shhh… muñequita — ella vestía otra de aquellas blusas premamá que facilitaban el momento de dar de mamar, y en cuestión de segundos Maddie estuvo pegada a su seno, succionando como si la vida le fuera en ello — ¿Qué hora es? — Preguntó Bella, pasando una mano por sobre sus ojos, todavía soñolienta.

— Las seis.

— Dormí demasiado, debía de haberme despertado por lo menos a una hora atrás, puse mi celular para despertar pero creo que no lo oí.

— Estabas demasiado cansada, necesitabas unos minutos de reposo para recuperar tus energías — le dije.

— Gracias por cuidarla — dijo, levantando sus ojos de nuestra hija para mirarme al rostro.

— No me agradezcas, ya no estás sola, vamos a dividir los momentos buenos y malos de lo que concierne ser padres.

Ella asintió y volvió a mirar a Maddie, acompañé su mirada, mi hija tenía su pequeña mano regordeta apoyada sobre el seno de su madre, ella abría y cerraba la mano como si estuviera acariciando la piel de Bella, sonreí.

— Ella casi siempre hace eso — explicó ella —, creo que la relaja el movimiento repetitivo.

— Pensé que Maddie durmiese en la habitación de ella — hablé mientras miraba la mini cuna.

— Sí, ella duerme en su cuna durante el día y en las primeras horas de la noche, pero por vuelta de las once, que es cuando ella vuelve a dormirse la traigo para estar aquí cerca de mí, me siento más tranquila para poder dormir sabiendo que ella está a mi lado y también es más fácil para atenderla durante la madrugada.

— Hiciste grandes cambios en tu rutina para poder estar con ella — comenté.

— Y los haría nuevamente — afirmó mientras que con su dedo indicador dibujaba la lateral del rostro de nuestra hija.

— ¿Cómo hiciste para tener una estructura tan buena para recibir un bebé en tu apartamento?

— En verdad, tu madre, Alice y Rosalie hicieron casi todo, así que ellas supieron que la había adoptado se pusieron mano a la obra, en cuatro días tenía una habitación de bebé y todo lo necesario para el cuidado de él, las acompañé al centro comercial solamente una vez, elegí los muebles y algunas ropas, lo demás fue regalo de ellas, tu papá y hermanos. Tu madre se encargó de la decoración de su habitación, le dije que me gustaría algo claro, dulce y sencillo y ella hizo la preciosa habitación que ya conoces.

— Mi madre era buenísima en su trabajo de decoradora, lo sigue siendo, pero lo dejó porque se aburrió de tratar con gente que no respetaba sus ideas y su tiempo de trabajo, a veces cuando la gente tiene mucho dinero se olvida de ser agradable, principalmente cuando está pagando por un servicio como el de decoración. Ella se volvía loca con clientes que aprobaban su idea y después cambiaban de opinión una y otra vez.

— Por eso cada vez que se presenta una oportunidad para decorar ella la toma tan a pecho — dijo Bella, haciendo que ambos rieran, mi madre podía llegar a ser demasiado convincente cuando se proponía a algo.

Cuando Maddie estuvo satisfecha, Bella nuevamente me la entregó para que la hiciera eructar, sin percibir estábamos creando una rutina con respecto a mi manera de ayudarla con los cuidados de nuestra hija.

— Voy a preparar su baño, dentro de poco se estará quedando dormida — me avisó, levantándose de la cama —, ¿quieres intentar bañarla hoy? — Me preguntó antes de atravesar la puerta.

— Puedo intentarlo.

Ella me sonrió y me dejó a solas con Maddie en su habitación. Tras su salida pude observar los detalles de su cuarto, delante de la cama, había una estantería de color blanco envejecido, que tenía de todo un poco, repisas de libros, cd's, DVD's e igual que en la sala había marcos en algunos huecos entre los materiales allí expuestos. Muchas fotos de Maddie, otras de Bella y su papá, otra con un chico moreno, él tenía un brazo por sobre el hombro de Bella y ambos reían el uno para el otro, ¿quién sería? Ella me dijo que no tenía a nadie en su vida… Seguí mirando y una foto me llamó la atención, era Bella y Maddie en su momento más íntimo, Bella llevaba una bata azul oscura que cubría solamente lo necesario y dejaba a muestra bastante piel, la piel de sus hombros, de su escote, la curva de sus senos, Maddie imitaba la escena que mis ojos vieron minutos antes, tenía una mano sobre el seno de su madre y la mirada pegada al rostro de ella. Bella la miraba con una sonrisa dulce en los labios, la imagen era tan linda, tan íntima. Allí, admirando aquella foto, sentí una emoción diferente a todo lo que ya sentí alguna vez, me sentí orgulloso, orgulloso de todo lo que Dios me regaló, una hija y una madre para ella, y yo quería a ambas en mi vida de una manera que sabía, era irrevocable; quería amarlas, quería poder protegerlas de todo, cuidarlas siempre, quería estar allí en aquellas fotos junto a ellas. Y lo haría, porque no iría detenerme hasta lograr conquistar el amor de aquella mujer, ya tenía a mi hija, pero quería a la familia completa y la conseguiría, sin importar el tiempo que llevara para eso, Isabella Swan un día sería oficialmente la señora Edward Cullen.


¡Yupi! Edward por fin reconoció sus sentimientos por Bella y él está muy decidido a conquistarla, les revelo que las cosas entre los dos empezaran a caminar un poquito más rápido ahora ;) Y todavía tenemos unas cositas por descubrir sobre lo que le sucedió a Bella en su anterior relación…

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Saludos llenos de cariño, ¡gracias por leerme! Hasta el domingo ;)