¡Sorpresa! Aquí estoy yo unas horitas antes de que llegue el domingo, espero que disfruten de la lectura de este capi ;)

Capítulo revisado innúmeras veces, pero soy humana, así que, de antemano, disculpen cualquier error que se me haya escapado.


Disclaimer: La saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer, yo solamente me divierto con sus personajes, ya que me enamoré de ellos. Esta historia es una idea mía y ahora la comparto con ustedes.


Capítulo 13 — Empezando a arreglar la vida

POV Edward

El domingo lo pasé junto a Maddie y a Bella, mi madre la invitó para el almuerzo en familia, así que tuve un día muy agradable, Bella literalmente era una Cullen, se sentía a gusto con todos y mi hija, aunque la tuve la mayor parte del tiempo en mis brazos, fue el centro de la atención de todos, yendo de brazos en brazos sin reclamar.

Ya se aproximaba el final de la tarde, estaba en el cobertizo con mis hermanos y mi padre, las mujeres estaban en la sala, y desde donde estaba situado podía ver a Bella, que llevaba a nuestra hija en brazos, sentada en el sofá de dos plaza, Ethan estaba sentado a su lado, y acariciaba con extremo cuidado la cabecita de su prima, lo vi inclinarse y dejar un beso sobre su pelo, y después mirar a Bella regalándole una sonrisa dulce que marcaba los adorables hoyuelos de su rostro, ella le devolvió la sonrisa y después se inclinó para besar la mejilla regordeta de mi sobrino.

— Tierra llamando a Edward — oí decir la voz de Emmett, mientras pasaba su mano delante de mis ojos.

— ¿Qué? — Dije apartando su mano de mi rostro.

— Estás hechizado, hermano — respondió él, riéndose con ganas —, pensé que este día jamás llegaría — siguió él, pero después cambió a un tono serio —, no estropees las cosas con Bella, Edward, ella merece tener a su lado un hombre que la ame y que la valore por todo lo que ella es.

— No quiero estropear nada, Emmett, recién me doy cuenta de que me enamoré de ella — admití y vi a mis hermanos y mi padre intercambiaren miradas entre ellos.

— Esto ya era obvio para todos, hijo — puso de manifiesto mi padre —, bueno, casi todos, dudo que Bella se haya dado cuenta — completó cuando lo miré alarmado.

— No sé qué hacer, la quiero cómo jamás pensé que podría querer a una mujer — suspiré, llevando mis manos a mi pelo —, pero no sé bien cómo actuar ahora, jamás tuve que preocuparme por la manera cómo me aproximaría de una mujer, pero con ella es distinto, tengo que ser cuidadoso para no asustarla, no sé si creerá en mis sentimientos o si pensará que estoy intentado conquistarla por lo de Maddie.

— La perspectivas de las cosas cambian cuando estamos enamorados — señaló Jasper y enseguida se puso a analizarme como si yo fuera un paciente suyo —, es normal que sientas recelo, porque antes cuando te aproximabas a una mujer solamente la querías para pasar un buen rato, en realidad ella no te importaba para nada más que eso, y por eso ser rechazado o no te daba igual, sin embargo, ahora que deseas algo más que pasar buenos ratos sientes recelo en ser rechazado.

— ¿Cuánto te debo por la consulta? — Le pregunté cuando él finalizó su análisis.

— Lo siento, hermano, es un hábito — se excusó él.

— En general, cuando estamos enamorados deseamos poder estar con la persona de la manera romántica que ansiamos lo más pronto posible, pero en tu caso, hijo, te sugiero que seas paciente, tienes que demostrar a Bella que la quieres a ella no solamente por ser la madre de tu hija, sino porque es una hermosa mujer en todo el sentido de la palabra, tienes que enamorarla poquito a poco.

— Papá está en lo cierto, tienes que ir ganado espacio en su vida, en su corazón, ella tiene que conocerte, ustedes tienen que conocerse, en este sentido mi sobrina, aunque si saber, será el cupido, pues puedes utilizarla como disculpa, para salidas, para aparecer en su apartamento — dijo Emmett.

— Bella también siente algo por ti, es algo obvio para todos también — volvió a hablar Jasper, y sus palabras me causaron una extraña, pero buena sensación en mi estómago y en mi pecho —, pero probablemente desconfiará de ella misma y de tus intensiones, Maddie es su prioridad, sentirá miedo de poner en riesgo la buena relación que empieza a tener contigo si ustedes deciden intentar ser algo más que amigos, así que tendrás que tener paciencia, como te sugirió papá, y a través de pequeños detalles demostrar lo importante que ella es para ti.

— Ah, los detalles, los detalles son todo, hermano — dijo entonces Emmett, palmeando mi espalda —, las mujeres son seres detallistas. Ellas perciben cositas pequeñitas que a ti te da igual, de las que jamás podrías pensar algo bueno o malo de tal actitud, sin embargo ellas… — hizo una pausa dramática — ellas son capaces de encontrar grandes verdades desde pequeños gestos.

— Por lo visto hablas con conocimiento de causa — apunté, él miró a través de la puerta de vidrio que divide el cobertizo de la sala y clavó su mirada en Rosalie que sonreía con las demás mujeres.

— Digamos que aprendí de la manera difícil — fue su respuesta sencilla y su semblante era el de quién estaba recordando algo nada agradable, lo que causó la risa a mi padre, a Jasper y a mí. Mi cuñada era una mujer de mucho carácter, así que Emmett debe de haber aprendido algunas cosas más por las malas que por las buenas.

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Al final de la tarde acompañé a Bella a su casa, ella manejando su coche y yo el de mamá que también me acompañó, pues quería tomar algunas medidas de mi nuevo hogar. Ya en el edificio mi madre nos echó a Bella ya mí, diciendo que precisaba estar sola para planificar sus ideas y poder sacar medidas tranquilamente, así que la dejamos y fuimos para el piso de Bella. Como ya era casi las seis, la ahora en que nuestra hija suele dormir, ayudé a Bella a bañar a Maddie y a vestirla, cerré las persianas dejando la habitación de mi niña en penumbra y en silencio me senté en el sillón al otro lado de la habitación para observar a Bella amantarla mientras las mecía en la mecedora. Me gustaría poder estar sentado a su lado, observándolas de cerca, pero no podía quejarme, estar en la misma habitación y poder obsérvalas en su momento más íntimo, dónde ambas estrechaban los lazos madre e hija ya era un regalo, quién sabe muy pronto no podría estar envolviendo a Bella con mis brazos, mientras ella con su espalda recargada en pecho amamantaba a nuestra hija. Sonreí imaginando la escena, y Bella en este mismo instante, por alguna extraña razón, despegó su mirada de Maddie para mirarme directamente a mí, al ver la sonrisa en mi rostro, ella me sonrío de vuelta una sincera y hermosa sonrisa, nos quedamos algunos segundos atrapados en la mirada del otro hasta que el sonido intensificado de la succión de Maddie hizo con que Bella desviara su mirada de la mía, ella sonrío, una sonrisa dulce y enamorada al mirar a nuestra hija que succionaba de su seno con ganas. Ella tomó la pequeña mano que estaba apoyada sobre su seno y le plantó un beso en su dorso. Era un privilegio mirarlas, un regalo que Dios me había concedido y que yo daría todo de mí para ser merecedor de él a cada día.

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Cuando Maddie terminó de tomar su leche, Bella me la entregó, mi niña ya estaba casi dormida, la puse sobre mi hombro, masajeando su espaldita para sacarle los gases, en pocos minutos lo hizo y yo me dediqué a mecerla en mis brazos hasta que estuvo totalmente dormida. Tras plantar un beso en su frente la dejé en su cuna, cuando me volví me encontré con Bella mirándome desde el mismo sillón donde minutos antes yo la contemplaba con mi hija.

— ¿Qué? — Cuestioné, pues ella tenía una pequeña sonrisa en sus labios.

— Es hermoso ver a los dos juntos — respondió.

Le sonreí.

— Lo mismo puedo decir yo de verlas — acerté decirle.

Ella me sonrió y nuevamente nos quedamos con las miradas atrapadas, hasta que el sonido del timbre de la puerta nos sacó de nuestra burbuja, Bella apartó su mirada de la mía, y pese a la penumbra de la habitación iluminada tan sólo por una lámpara de mesa cuya base era una flor rosa, podría jurar que sus mejillas se tiñeron de un hermoso tono de rojo.

— Debe ser tu madre — dijo mientras se levantaba del sillón y pasaba cerca de mí para dejar la habitación.

Asentí y la seguí. Jasper tenía razón, ella también sentía algo por mí.

Mi madre dijo que ya había terminado con sus planificaciones y medidas, ella se despidió de Bella, tras echar un vistazo a su nieta dormida.

— Nos vemos mañana por la tarde, Bella — le dije en la puerta de su apartamento, mientras mi madre ya aguardaba el ascensor —, si me necesitas me llamas, ¿vale?

— Estaremos bien, Edward, no te preocupes.

— Es difícil no hacerlo cuando no estoy cerca lo suficiente de las dos para asegurarme que ambas están bien — le confesé.

Ella contuvo la respiración por un instante antes de contestarme.

— Gracias, gracias, por cuidarnos.

— No tienes por qué agradecerme, y no te olvides, no es solamente por Maddie que las cuido.

Ella inspiró hondo asintiendo.

— ¿Edward? El ascensor llegó — avisó mi madre.

— Hasta mañana, Bella — le dije entonces.

— Hasta mañana, Edward — suspiró.

Me incliné y dejé un demorado beso en su frente, aprovechando para aspirar el olor de su pelo.

— Cuídate — dije al apartarme, y, sin poder resistir, le puse un mechón de su pelo que caía en la lateral de su rostro tras su oreja.

— Tú también.

Asentí y le di la espalda para encontrarme con mi madre, que desde la distancia del ascensor nos miraba con una mirada ilusionada y una sonrisa dulce en los labios. Adentramos en el espacio y ella todavía sonriendo me dijo: — Ustedes fueron hechos el uno para el otro.

— Espero que Bella piense lo mismo.

— Yo creo que sí, pero ella tiene que reflexionar sobre un par de cosas antes de darles una oportunidad.

— ¿Estoy siendo demasiado impulsivo? — Le pregunté. — A veces no logro controlarme cuando la tengo cerca.

— No hiciste nada malo, cariño, es preferible hacer algo para que ella se dé cuenta de lo que sientes, a que ocultes tus sentimientos generando dudas en ella caso decida acercarse a ti.

— Gracias, mamá — le agradecí abrazándola.

— Para eso están las madres — contestó restando importancia a sus buenos consejos, mientras salíamos del ascensor para el garaje.

— ¿Cuánto tiempo crees que llevará para que la decoración del apartamento esté lista? — Le pregunté cambiando de asunto.

— Como plazo mínimo ocho días, como máximo quince días, pero intentaré tener todo listo lo más pronto posible, sé que estás ansioso por estar cerca de tus chicas.

— Sí, gracias mamá, si necesitas contratar personal no en dudes hacerlo, cubriré todos los costos.

Le abrí la puerta de su coche y la ayudé a entrar.

— Lo sé, Edward, no te preocupes, compraré a todos los muebles por internet en una tienda en Port Ángeles que es de mi confianza y si añadimos una cuota extra ellos también hacen el montaje de los muebles en el mismo día de la entrega.

— Suena perfecto — estuve de acuerdo, ya poniendo el coche en marcha, dejando el garaje.

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El lunes Garrett me llamó cerca de las nueve y me dijo que su hermana y él aceptaban la propuesta que les había hecho, le dije que los abogados de Cullen y Meyer proyectos pronto entrarían en contacto con sus abogados para poder hacer el contrato de venta y sociedad, en seguida llamé a Benjamín y le conté las buenas nuevas, mi amigo estuvo muy feliz por la noticia, no tendríamos que terminar nuestra sociedad, por el contrario, nuestra empresa empezaba a crecer fuera de Seattle. Fue con el espíritu relajado con respecto a mi futuro laboral que me presenté al apartamento de Bella, y ella al verme inmediatamente cuestionó se había sucedido algo.

— ¿Por qué lo preguntas? — Le cuestioné.

— Tienes el mismo semblante del gato que se comió al canario.

Me reí, no pude evitarme, enseguida le conté la buena noticia.

— Edward, ¡esto es fantástico! — Exclamó y creo que sin siquiera darse cuenta ella me abrazó, yo aproveché el momento para sentirla en mis brazos, sentir el calor de su cuerpo junto al mío y respirar su olor que me parecía tan singular y atractivo.

— Gracias, Bella — le susurré al oído y sentí su cuerpo estremecerse entre mis brazos, no obstante, ella tardó algunos segundos a apartarse de mí.

— Por nada, Edward.

Tras conversar con ella por algunos minutos, seguimos con la misma rutina de los días anteriores, yo cuidaba a Maddie mientras ella hacía sus quehaceres y cerca de las seis empezamos a prepararla para su baño, mientras Bella preparaba las cosas en el cuarto de baño, yo me ocupé de sacarle la ropa y el pañal, y cuál no fue mi sorpresa cuando al quitarle el pañal me encontré con algo muy diferente a orina y que olía terrible, ¿sería normal que defecara con un olor tan apestoso?

— ¡Bella…! — La llamé, sin saber bien qué hacer.

— ¿Sucedió algo? — Preguntó ella, adentrando rápidamente a la habitación.

— ¡Ah! Es eso — Dijo al acercarse a nosotros y observar la escena, yo sostenía a Maddie por sus pequeños pies, alejando su culito del pañal que estaba muy, muy lleno de popó, como le decimos a los niños, no que su piel estuviera más limpia que el pañal.

— ¿Ella está bien? — Le pregunté. — Tal vez tenga algún problema en el intestino, un bebé no puede defecar tanto y algo tan apestoso como eso — le dije arrugando mi nariz, intentando no sentir el olor que desprendía de mi hija, que estaba enojadísima por haberla desnudado y por estar sosteniendo sus pequeños pies para que no se ensuciara más su piel.

Ella se rió antes de contestarme.

— Esta todo normal, papá primerizo — me tranquilizó ella —, tanto la cantidad, como el color y el olor están muy normales — terminó riéndose. — ¿Quieres que la limpie yo?

— Ummm… — pensé —, puedo hacerlo… sólo tengo que dejar de respirar mientras lo hago.

Bella se rió nuevamente.

— No seas dramático, ella defeca por lo menos dos veces al día — me informó — mientras yo literalmente acababa con su estoque de toallitas húmedas y procedía a limpiar la piel de mi niña. Sus heces eran blandas, pero algo grumosa y de un tono amarillo.

— Por lo menos dos veces… — murmuré entre dientes, lo que hizo que Bella se riera nuevamente.

— Y este el olor está muy suave, cuando ella empiece a comer alimentos sólidos se hará más intenso — añadió. Yo le di una mirada incrédula y ella se puso a reír, y escuchar el sonido de su risa fue todo lo que necesité para unirme a ella.

Mientras nos reíamos logré terminar de limpiar a mi enojada niña, y enseguida entre los dos la bañamos; vi a Bella amamantarla, después le saqué los gases y minutos después Maddie se rendía al sueño.

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— Mañana pasó por las dos a las nueve — le dije a Bella antes de dejar su apartamento.

— Estaremos listas, esperándote.

Sonreí y me aproximé de ella para plantar un beso en su frente.

— Hasta mañana entonces, cuídate y cualquier cosa que necesites llámame — me despedí con mi mirada conectada a la de ella.

Ella rodó los ojos y sonriendo dijo:

— Estaremos bien, señor preocupado.

— Lo sé, pero un hombre tiene que cuidar todo lo que le es precioso, es mejor pecar por exceso de cuidado que por la falta de él.

Ella asintió, desviando su rostro del mío para que yo no me percatara del rubor que tiñó sus mejillas, ah, mi niña-mujer…

— Hasta mañana, Edward — dijo al fin.

— Hasta, Bella.

Me fui a casa pensando que pronto íbamos a tener que hablar sobre lo que empezaba a pasar entre nosotros, creo que solamente lo estábamos postergando, porque ambos, sin lugar a dudas, éramos conscientes de que algo empieza a nacer entre nosotros, algo más allá de una amistad, y tal vez por recelo estábamos fingiendo que no nos dábamos cuenta.

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A la mañana siguiente llegué al edificio de Bella cerca de las nueve, la prueba de ADN sería realizada un laboratorio en Port Ángeles a las diez y media.

— Buenos días, Edward — me saludó Bella tras abrir la puerta, se veía cansada.

— Buenos días, ¿mala noche? — Cuestioné tras observar sus ojeras.

Ella asintió con cansancio.

— Maddie se despertó una vez a las dos de la mañana, tardó una hora para volver a dormir, después se despertó a las cuatro y media y estuvo despierta hasta casi las siete, ahora está durmiendo igual un angelito — explicó negando con la cabeza, sin poder dar crédito a su agotadora rutina nocturna.

— Lo siento… Cuando volvamos me quedo con ella para que puedas descansar algo, ¿vale?

— Te lo agradezco — musitó cansada. — Ya estoy lista y ella también, la arreglé así que percibí que se estaba poniendo soñolienta, no quieras imaginar su disgusto al ser cambiada mientras quería dormir.

Por mi convivio con mi hija en los últimos días podía imaginar la tremenda pataleta que debe de haber protagonizado.

Seguí a Bella hasta la habitación de Maddie y ella sacó una muy dormida bebé de la cuna, ella ni siquiera se inmutó por el movimiento. Me aproximé y dejé un beso sobre su cabeza, ella olía tan bien, a sueño, leche y a colonia de bebé.

— Puedes llevar el bolso — me pidió Bella, señalando el bolso de bebé sobre el sillón de la habitación.

— Por supuesto, ¿dónde está el tuyo?

— Sobre la mesa en la sala.

— Lo recogeré también.

— Gracias.

Por comodidad, ya que la silla para bebés ya estaba instalada en el coche de Bella, dejé el de mi madre en el garaje del edificio y Bella muy tranquila me pasó las llaves de su SUV para que la manejara. El viaje hasta Port Ángeles fue hecho en silencio, Maddie siguió dormida en el asiento trasero durante todo el trayecto y Bella terminó por dormir algo en algún momento del viaje, pero cuando llegamos al laboratorio ella ya estaba despierta, mi hija se despertó casi al mismo tiempo que su madre y estaba muy gruñona.

— Tiene hambre — dijo Bella, mirándola apenada —, no puedo amamantarla, tiene que estar sin comer para que le puedan tomar la muestra de saliva.

— Entonces vamos, cuanto más rápido terminemos con eso, más rápido nuestra hija podrá tomar su leche — la insté.

Entramos en el laboratorio, yo rellené la ficha que la recepcionista nos dio, ya que Bella intentaba calmar a nuestra pequeña gruñona, me partía el corazón saber que ella estaba con hambre y que Bella no podía darle el pecho todavía porque antes teníamos que hacer la prueba. Entregué las fichas a la recepcionista y me senté al lado de Bella, ella miraba a Maddie con una mirada afligida, si en mí ya me estaba doliendo verla lloriquear por hambre no me imaginaba lo que estaba sintiendo ella.

— La recepcionista me dijo que pronto nos llamarán — le avisé.

— Espero que sea en menos de diez minutos, porque no puedo verla lloriquear por hambre, Edward… — susurró volviendo su rostro de Maddie hacia mí. Cuando nuestras miradas se encontraron pude ver, por la expresión de sus ojos, lo cuanto le estaba afectado no poder satisfacer el hambre de nuestra niña, ella tenía los ojos empañados por las lágrimas que intentaba retener.

— Bella… — suspiré. Al verla tan afligida no pude contener mis ganas de confortarla, erguí mi mano izquierda y con mi palma acuné su rostro, ella cerró sus ojos y recargó el rostro contra mi mano —, si no nos llaman dentro de poco la amamantas, no podemos dejar a nuestra pequeña así como está, la prueba puede ser hecha otro día — dije y con mi mano libre acaricié la mejilla de Maddie que lloriqueaba bajito refregando el rostro contra el seno de su madre.

— Señor Cullen, señorita Swan — nos llamó una enfermera.

— Gracias a Dios — musitó Bella con alivio, apartando el rostro de mi mano y regalándome una dulce sonrisa —, gracias… — me dijo ella.

Asentí.

Nos levantamos rápidamente y acompañamos a la enfermera hasta una sala de colecta de muestras, en donde otra enfermera ya tenía el material necesario preparado, ella confirmó nuestros datos y rápidamente hizo la colecta de mi saliva utilizando una especie de gran hisopo, enseguida, tras guardar mi material, ella fue obtener la muestra de Maddie. Fue necesario apretar ambos lados de su mejilla para que ella formara un mohín y la enfermera pudiera introducir el hisopo, mi niña gimoteó y se agitó en brazos de su madre. Cuando la enfermera terminó con ella mi pequeña estaba bastante enojada y puso el grito en el cielo llorando a todo pulmón.

— Tranquila, muñequita, ya pasó… — la tranquilizaba Bella, que hoy llevaba otra de aquellas blusas premamás que facilitaban el momento de amamantar, y por eso ella rápidamente logró ofrecer su seno a nuestra pequeña, que dejó de llorar y se aferró al seno de su madre con ganas.

— Puedes seguir dándole el pecho aquí, querida — le dijo la enfermera mirando con cariño la escena delante de ella —, por ahora no habrá más colectas en esta sala. Voy entregar el material — nos avisó.

— Gracias — dijimos Bella y yo a la vez. Ella nos sonrió y nos dejó a solas.

Nos miramos y sonreímos, me aproximé al sillón de colecta de muestra donde Bella estaba sentada y poniéndome en cuclillas planté un beso sobre el suave pelo de Maddie, que seguía succionando con fuerza, podía ver la leche cayendo alrededor de su boca y del seno de Bella, me enderecé un poco y me encontré con Bella mirándonos con una sonrisa dulce en sus labios, acorté la distancia entre nuestros rostros y dejé un beso sobre su frente.

— Edward… — medio suspiró/susurró ella al sentir la presión de mis labios sobre su piel.

A regañadientes me aparté de ella y la miré a los ojos.

— Bella… Tenemos que hablar — le susurré, pues ya no podíamos seguir fingiendo que nada estaba aconteciendo entre nosotros.

— Lo sé… pero podemos esperar hasta que todo con relación a Maddie esté resuelto — me pidió ella, visiblemente preocupada.

— O.k. es lo mejor — acepté.

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Tras realizarnos la prueba de paternidad, con Bella continuamos siguiendo la misma rutina que ya habíamos establecido, mientras esperábamos el resultado del examen para que la audiencia con el juez fuera determinada. En el cuarto día de espera recibimos la llamada del abogado, el resultado había salido y el juez determinó la audiencia para dentro de cinco días; yo nuevamente estaba con Bella cuando el Drácula abogado llamó, de esta vez él la llamó primero, y tuve que disfrazar mi sonrisa cuando oí a Bella decirle: — No se moleste en comunicar a Edward, señor Vulturi, pues él está aquí y yo le pondré al tanto de todo lo que me dijo.

Cada día que pasaba junto a Bella y de mi hija sentía que nos aproximábamos más, conocía más a Bella y empezaba a crear un verdadero lazo con Maddie; mi hija cada vez que escuchaba mi voz me daba el gusto de ser el causante de unos cuantos chillidos felices. Las cosas entre Bella y yo seguían iguales, la atracción seguía allí, no obstante, después de nuestra declaración a medias en el día que hicimos la prueba de ADN, ya no luchábamos por ocultarla, pero tampoco nos dejábamos llevar por ella.

Los cinco días hasta la audiencia se pasaron volando, entre ayudar mi madre con las cosas de mi nuevo hogar, estar con Bella y mi hija, y a distancia estar al tanto de los negocios de Cullen y Meyer proyectos, además de estar siempre en contacto con Garrett para ver como evolucionaba la cuestión del contrato de compra y venta de las acciones de su hermana y otros detalles sobre la aportación y participación de mi empresa y la de Benjamín en Construyendo Sueños, no tuve demasiado tiempo para estar días antes de la fecha de nuestra audiencia con el juez, firmamos el contrato tornando Cullen y Meyer proyectos socia de Construyendo Sueños. Benjamín vino hasta Port Ángeles para traer y firmar los documentos junto con Garrett, su hermana y yo. Tia acompañó a su esposo, trayendo con ella mis sobrinos del corazón, Samuel, de cuatro años, y la pequeña Rebecca, de dos años, mis amigos se quedaron hospedados en un hotel en Port Ángeles. Hicimos una pequeña conmemoración en Construyendo Sueños para celebrar nuestra sociedad; Garrett nos presentó a los funcionarios de la empresa, eran casi todos jóvenes recién salidos de la universidad y todos tenían muchas ganas de dar el mejor de sí en cada proyecto y todos parecían muy contentos por la asociación, pues sabían de la importancia de Cullen y Meyer proyectos en el mercado de la construcción.

Por la noche del mismo día hicimos una cena conmemorativa en la casa de mis padres, con Benjamín, Tia y sus hijos, toda mi familia, y eso incluía a los nuevos miembros, mi hija, Bella e incluso Charlie estuvo presente.

— Por fin encontraste lo que estabas buscando, aunque no lo supieras, Edward — me comentó, sentándose a mi lado, mientras veíamos a su hijo y mi sobrino corriendo de un lado a otro del jardín, que era bien iluminado por varios focos de luces que mi madre había colocado allí. Yo me había apartado de todos porque Maddie se puso algo molesta al oír tantas voces a su alrededor, así que la había tomado de los brazos de Bella que ya estaba lista para salir y calmarla, pero ella merecía tener un momento de charla tranquila sin tener que estar preocupada por nuestra hija.

Le sonreí a mi amiga.

— Siempre tan perceptiva, Tia — le dije, inclinándome para besar la coronilla de la cabeza de Maddie que estaba con su espaldita recargada contra mi pecho, muy entretenida en su juego con mis dedos.

Ella dio de hombros.

— Tu Bella es un encanto de mujer — comentó, mirando a través de la puerta que separaba el cobertizo y la sala, Bella estaba allí sentada en el sofá con una Rebecca muy contenta sentada sobre sus rodillas y Benjamín estaba a su lado, él le estaba contado cosas de nuestra época de universidad, mis hermanos y sus esposas también oían y participaban de la conversa; mi madre, papá y Charlie conversaban en los bancos del jardín mientras vigilaban a Ethan y a Samuel, que ahora jugaban a la pelota.

— Sabes que Rebecca es muy tímida con la gente que no conoce, pero se coló a Bella igual que una lapa en el instante que ella le habló.

— Ella tiene un don para los niños, Ethan la adora y nuestra hija es completamente enamorada de ella, y es una pediatra de éxito — dije sin poder disimular la nota de orgullo en mi voz.

— Y está tan enamorada de ti cuanto tú de ella — añadió.

— Todavía no conversamos sobre nosotros, lo haremos después que toda la situación legal acerca de Maddie esté resuelta — le contesté.

— Esta conversa sólo aclarará algunos puntos que deben de estar preocupando a los dos, como el miedo de que la relación no funcione y esto después venga a perjudicar a la hija de ustedes — dio en el clavo Tia —, pero por la manera como ustedes se miran, yo no estaría preocupada de que la relación pueda fracasar. Hay una fuerte atracción física entre los dos, esto hasta un ciego es capaz de sentir por la electricidad en el ambiente cuando ambos están cercas, no obstante, hay algo más allá de la atracción, hay preocupación por el bienestar del otro, hay felicidad por estar cerca del otro, de ver la sonrisa y escuchar la risa, y principalmente veo admiración en la manera como ambos se miran, y gracias a Dios todas las parejas aquí presentes, son totalmente enamoradas de sus cónyuges y todas poseen las mismas características que acabo de señalarte, el mejor ejemplo son tus padres, tras treinta y cinco años de matrimonio ellos se miran con la misma intensidad y amor que hacemos todos nosotros con nuestras respectivas parejas, aunque Bella y tú todavía no sean una pareja, ustedes se miran de la misma manera.

— Lucharé por ella, Tia. Encontré lo que buscaba y no voy a dejar que mi felicidad se me escape, no estoy seguro, pero creo que ella tiene algún trauma de una relación anterior, ella no me dijo con todas las letras, pero estaba subentendido en sus palabras, por eso sé que tendré que conquistar su confianza y actuar con paciencia, por ella y principalmente por Maddie, pero al final de todo eso seremos una familia — le afirmé con seguridad.

— Lo serán, Edward, estoy segura de ello. Ten paciencia, en el momento cierto lo que tiene que suceder sucederá — dijo ella, y tras dejar un aprieto alentador en mi brazo, se puso de pie y caminó hasta el jardín para llamar a Samuel.

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— Tus amigos son increíbles — me comentó Bella, mientras yo manejaba por Forks para poder dejarlas en su apartamento, Charlie había pasado por Bella para llevarla a casa de mis padres, pero sabiendo que la casa de él era del otro lado de Forks me ofrecí para llevar a Bella y a mi hija a su casa después de la cena, Charlie me agradeció y se despidió de su hija y nieta con una sonrisa astuciosa en los labios. Cada día me gustaba más este hombre. — Y los niños son un encanto, la pequeña Rebecca es tan tímida y quieta, cuanto su hermano es alegre y revoltoso.

— Rebecca es una nena difícil de ser conquistada, no le gusta conocer a gente nueva, por lo general se le pega a su madre o a su padre para que nadie la coja en brazos, pero contigo actuó como si te conociera desde siempre — observé, sonreído al acodarme de la escena.

— Por eso es que se dice que el cariño de un niño es el más sincero que puede existir, lo es, por lo menos hasta cuando nuestra manera cínica de actuar en sociedad no lo contamine.

— Verdad — estuve de acuerdo. — Benjamín y Tia también tuvieron la misma buena impresión con respecto a ti — le conté.

Ella me sonrió.

Las dejé en su apartamento y como ya era tarde me despedí de ella y mi hija tras ayudar a Bella a cargar con el bolso de Maddie a hasta su piso. Dos días después Bella y yo acudimos a la audiencia con el juez, Aro nos acompañó y pese a su manera de ser algo coqueta con las mujeres a su alrededor, era un abogado serio y muy dedicado a su trabajo. En un primer momento el juez me concedió el derecho de modificar el registro de Maddie para que ella fuera legalmente una Cullen, y luego tras oírnos a Bella y a mí, estuvo de acuerdo a que nosotros compartiésemos la custodia de nuestra hija, se quedó establecido que Maddie viviría con Bella, cuando ella fuera mayor podríamos dividir el tiempo entre la casa de Bella y la mía, para entonces yo esperaba tener una casa que fuera ni de uno ni del otro, sino de los dos.

El juez también determinó que ayudara a Bella con el pago de una manutención, le sugerí un valor y él lo aceptó, aunque Bella quiso discutir, pues le parecía un valor demasiado alto, pero el juez dijo que yo tenía condiciones financieras para hacerlo y deseaba hacerlo, así que no habría problema. Con respecto a los horarios de visita a mi hija, él dejo eso a nuestra elección, lo único que estipuló fue que yo debería ver a Maddie por lo menos una vez a la semana.

En aquel mismo día tuvimos en nuestras manos la nueva partida de nacimiento de nuestra hija, ahora oficialmente: Madeleine Sofía Cullen Swan.

Todavía en el registro civil, llamamos a nuestra familia para avisarles que todo nos salió bien, y así felices de que todo nos saliera bien volvemos a Forks para ver a Maddie, que se había quedado con mi madre. Nuestra niña ya estaba lista para su siesta del final de la tarde cuando llegamos, así que entre Bella y yo la cuidamos y la hicimos dormir.

Con Bella a mi lado, admirando el sueño tranquilo de nuestra hija, le pregunté algo que me tenía ansioso desde varios días.

— ¿Podemos conversar ahora? — Musité a su lado, ella apartó su mirada del rostro tranquilo de Maddie para verme a los ojos, durante algunos segundos nos quedamos así, bebiendo de la mirada del otro, intentando encontrar respuestas, ella debe de haber encontrado lo que buscaba, porque para mi alivio la oí decir:

— Sí, Edward, ya podemos conversar.


Lo sé, lo sé, nenas, las dejé en el mejor momento jejeje. En el próximo capi descubriremos lo que piensa Bella, si le dará una oportunidad a Edward o no, ¿qué creen ustedes?

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