Capítulo revisado innúmeras veces, pero soy humana, así que, de antemano, disculpen cualquier error que se me haya escapado.


Disclaimer: La saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer, yo solamente me divierto con sus personajes, ya que me enamoré de ellos. Esta historia es una idea mía y ahora la comparto con ustedes.


Capítulo 15 — Empezando algo nuevo

POV Edward

Tras oír mi pregunta Bella se quedó en silencio, mirándome como quien busca las palabras adecuadas para contestar a una difícil reflexión, pero tras ella tomar una gran bocanada de aire, la oír decir:

— Es lo que más deseo, Edward. Pero tengo miedo de actuar de manera precipitada…

— Bella — la interrumpí —, te amo, este sentimiento que nació por ti es tan intenso, que sé se trata de algo irrevocable, pero sé también que estoy actuado como un adolescente con su primer amor, porque eres mi primer amor; jamás le dije a ninguna otra mujer que la amaba, porque no lo hice hasta conocerte. Tú ya tuviste una larga relación y debiste de amar… — esta vez fue ella quien me interrumpió, silenciando mis labios con sus dedos.

— Lo que viví en el pasado no se compara a lo que siento por ti, pensé que sabía en aquel entonces lo que era amar, pero hoy me doy cuenta de lo cuán equivocada estaba. Era una chica que vivía para mis estudios, llevaba cuatro años sin estar con nadie y cuando alguien que de verdad parecía ser interesante, alguien que quería algo más que un revolcón, me miró, le di una oportunidad, y creo que más por costumbre que por amor fue que mantuvimos nuestra relación por largos cinco años. Lo que siento por ti no se puede comparar con lo que yo sentí por él, porque es tan superior que llega a borrar su recuerdo. — Me explicó. — Pero debo admitir que existe algo que jamás podré olvidar — añadió —, es algo relacionado con él, pero no con lo que yo sentía por él… un día cuando esté preparada te lo voy a contar… no me gusta hablar sobre eso… — suspiró, y por su hesitación y lo pálida que se volvió su piel, supe que era algo que le causaba un gran dolor.

— Eh, tranquila — pedí acunando su rostro entre mis manos —, el pasado no importa, yo no fui ningún santo, los dos tenemos un pasado, pero de cierto modo es un pasado que nos trajo hasta aquí, hasta donde estamos ahora. Vamos vivir el presente, y si existe algo tan importante para ti que deseas contarme, cuando estés lista lo harás. No me estás ocultando nada, Bella, solamente no estás lista para contármelo.

Ella asintió y se acurrucó en mi pecho, su cabeza encajada bajo mi barbilla.

— Gracias por comprenderme — musitó y sentí un beso ser plantado debajo de mi barbilla.

— Si no lo hiciera sería un hipócrita, Bella — ella despegó su rostro de mi pecho para verme al hablar —, puedo no tener algo en mi pasado que me duela tanto como parece dolerte todavía, pero cometí muchos errores en mi manera de relacionarme con las mujeres, ni todas con las que me relacioné merecieron ser descartadas de la forma como yo lo hice cuando ellas empezaron a intentar algo más que una relación sin compromiso — le confesé, porque quería que ella supiera todo acerca de mí, para evitarnos malentendidos en el futuro.

— Que hoy lo reconozcas y te arrepientas es señal de que maduraste y aprendiste de tus propios errores — me confortó ella.

— ¿Qué hice para merecerte? — Cuestioné, mientras acariciaba su rostro y la vi disfrutar de mi toque cerrando los ojos y una sonrisa de contentamiento se dibujó en sus labios.

— Podría hacerte la misma pregunta — contestó ella, volviendo su rostro y dejando un beso en mi mano.

— Ya que estamos hablando de preguntas, todavía no me diste tu respuesta — ella abrió los ojos de pronto, mirándome intensamente — ¿aceptas ser mi novia, Bella? — Volví a preguntarle mientras acariciaba su mejilla.

— Sí, Edward, lo aceptó.

Sonreí y atraje su rostro hacia el mío.

— Tenemos que sellar este acuerdo — musité contra sus labios.

— Ummm… sin duda lo tenemos… — dijo rozando nuestros labios, a lo que aproveché para unirlos, sellando oficialmente el inicio de nuestra relación con un beso dulce, sin prisas, donde disfrutamos del sabor del otro, de las sensaciones que despertaba cada roce de mano, cada caricia intercambiada.

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Bella y yo decidimos contar lo nuestro después de que volviera de mi viaje a Seattle, y los siguientes dos días que anticiparon el viaje se pasaron volando; cada momento libre que tenía estaba junto a Bella y a mi hija, o yo estaba en su apartamento o ellas en el mío. Era un miércoles por la mañana cuando me despedí de las dos en el aeropuerto, Bella había insistido en llevarme hasta Port Ángeles de esa manera estaríamos más tiempo juntos.

— Las extrañaré, estos dos días serán interminables — le dije acunando su rostro en mis manos para un último beso, mi vuelo había sido llamado en los altavoces segundos antes.

— Para nosotras también serán interminables — respondió desanimada. — Cuídate, ¿vale? — Pidió.

— Lo mismo digo para las dos, cualquier cosa llámame, Bella.

— No te preocupes, estaremos bien — resaltó ella. — O.K. Cualquier cosa que suceda te llamo — aceptó, tras ver que la contemplaba con una cierra alzada esperando oír su confirmación.

Sonreí.

— Gracias, preciosa — dije dejando un breve beso en sus labios, tenía que aprovechar los pocos minutos que nos restaban para llevar su sabor conmigo.

Me aparté y la vi rodar los ojos, riéndose.

— No te olvides llamarme así que llegues en Seattle — pidió ella.

— No te preocupes, será lo primero que haga.

Por el altavoz sonó el segundo aviso de mi vuelo.

— Tengo irme… — ella asintió, yo me incliné sobre Maddie y besé sus mejillas sonrosadas haciéndola proferir un par de sus chillidos felices, inspiré su tranquilizador y maravilloso olor a bebé. Sus manitas regordetas habían aferrado algunos dedos de mi mano derecha y ella intentaba llevarlos más cerca de su boca. — Sé buena con mamá, pequeña preciosura — ella me regaló una sonrisa dulce, desdentada y babosa, que al mismo tiempo me llenó de alegría hizo que fuera más difícil el tener que dejarlas. Besé su mejilla una última vez, quitando mis dedos de entre sus manitas con cuidado para no enojarla por estar apartándola de su juguete improvisado, su mirada dulce, tan igual a la mía, me miraba ilusionada, la sonrisa babosa todavía presente en sus labios rosadas, suspiré y me enderecé para dejar un último beso en los labios de mi novia.

— Te amo… — musité, pegando su frente a la mía —, las amo.

— Tanto como nosotras a ti. Ahora ve, Edward, antes de que pierda el vuelo — dijo besando rápidamente mis labios.

Con el corazón encogido me aparté de las dos mujeres de vida.

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Como prometí a Bella, la llamé nada más bajar del avión y encender mi celular, tras recoger mi equipaje tomé un taxi y fue directo a mi apartamento. Sentí una sensación de extrañeza al estar nuevamente entre las paredes del lugar que hasta pocos días antes había sido mi hogar. El espacio físico era inmenso, todo hecho para dar comodidad y practicidad a su morador, sin embargo, faltaba calidez, la sensación hogareña que sentía cada vez que entraba en casa de mis padres, hermanos y principalmente en la de Bella; incluso mi nuevo apartamento era bien más cálido, en él casi me sentía como si estuviera viviendo en un verdadero hogar, principalmente cuando Bella y Maddie estaban conmigo.

Mis días en Seattle tuvieron que extenderse por algunas cuestiones de la empresa, solamente el sábado por la mañana logré dejar a mi ciudad natal en dirección a Forks. Esta vez tuve que enfrentar tres horas de tráfico, ya que estaba llevando mi Mercedes C450 AMG gris, sentí falta de poder manejar mi coche y ya había dejado a mi madre sin poder utilizar el suyo por muchos días, aunque ella ni una sola vez se quejó de prestármelo.

Las tres largas horas de viaje fueron de pura ansiedad, quería ver a mis chicas, tenerlas entre mis brazos. Cuando por fin llegué al edificio, dejé mi coche en el garaje y a cada segundo que estuve dentro del ascensor deseé que el fuese más rápido; no le había dicho a Bella que llegaría todavía por la mañana, quería hacerle una sorpresa, estaba loco por ver su reacción. Llamé a la puerta y tras un rato ella la abrió para echarse directo a mis brazos, ya que probablemente había mirado por la mirilla, ya que nadie había llamado por el interfono.

— Creo que me extrañaste — dije aspirando el olor de su cuello, y con mis brazos alrededor de su cintura aproveché para atraerla más hacia mí, irguiéndola del suelo.

— Tonto… — dijo riéndose, apartando el rostro de mi cuello para mirarme, sus ojos brillaban por la emoción del reencuentro y su sonrisa era radiante.

Dios como la había extrañado, su mirada, su sonrisa, su olor… toda ella.

La dejé sobre sus propios pies, todavía con uno de mis brazos alrededor de su cintura, el otro utilicé para atraer su rostro hacia el mío.

— Cómo te eché de menos, nena… — suspiré antes de tomar sus labios con los míos. El beso empezó lento y dulce, pero luego la necesidad de ambos habló más alto y de pronto estábamos besándonos ferozmente, con necesidad y deseo, ella aferró el agarre de sus brazos que estaban alrededor de mi cuello, pegando nuestros labios todavía más. Traspasé la puerta, todavía sujetándola por la cintura y la cerré con mi pie. No sé cómo, pero logré llegar hasta el sofá donde nos tumbé, quedándome por encima de ella, dejé su boca y empecé a besar su mentón, su cuello, mientras tanto, sentía sus manos adentrándose en mi camisa para acariciar mi espalda baja con sus uñas, lo que me hizo gemir sobre su piel.

— Bella… — la alerté.

— Lo sé… — susurró con frustración.

La deseaba, la quería de una manera que jamás había deseado mujer alguna, pero ambos merecíamos que nuestra primera vez fuera especial. Haciendo acopio de todo mi autocontrol, aparté mi rostro de su piel y la miré a los ojos.

— Pronto, preciosa, muy pronto, y será inolvidable… — le prometí dejando un beso breve en sus labios, antes de levantarme y tenderle mi mano para que hiciera lo mismo. Ella me miró intensamente, sus ojos nublados por la pasión, tras dejar escapar un largo suspiró tomó mi mano y se levantó.

— Lo siento — se disculpó, poniéndose roja —, me abalancé sobre ti…

Oh, la mujer atrevida se volvía niña delante de mis ojos, no sabría decir cuáles de sus facetas me encantaban más.

— Creo que los más correcto a decir es que ambos nos abalanzamos sobre el otro, Bella, no hay por qué disculparse, nos amamos, nos deseamos.

— Lo sé… — musitó y se abrazó a mí, hundiendo su rostro en mi pecho, aproveché para hundir mi nariz en su pelo, aspirando su aroma a fresas, lo que me tranquilizó.

— ¿Y Maddie? — Indagué.

— En su siesta mañanera, vamos a verla — me sonrió y tomando mi mano me llevó hasta la habitación de nuestra hija.

Mi pequeña dormía tranquilamente boca arriba, tenía una manita hecha puño cerca de su rostro que estaba volteado hacia un lado, la otra estaba estirada junta a su costado; su respiración era acompasada y en algunos momentos sus labios se fruncían en un tierno puchero y segundos después se dibujaba una breve sonrisa. Vestía un mameluco rojo con gotitas blancas dibujadas sobre su tronco y sobre el cuello de la pieza había un tejido verde que imitaba un follaje y en la extremidad del mismo había una pequeña flor de tejido estilo margarita; sus piececitos estaban cubiertos por medias rojas. Ella era una pequeña y adorable fresa. Dejé un beso en su frente y junto a Bella volvimos a la sala.

— ¿Lista para revelar lo nuestro? — Le pregunté cuando estuvimos sentados en el sofá y ella acurrucada junto a mi costado; por la noche cenaríamos con mi familia, incluso Charlie estaba invitado, y habíamos acordado por teléfono que aprovecharíamos la oportunidad para contar a todos que oficialmente éramos novios.

— Un poco nerviosa, un poco ansiosa, pero, sí, estoy lista, estoy segura de nosotros — respondió irguiendo su rostro para mirarme.

Sonreí.

— Yo también, nena, yo también… — le confirmé y luego la besé, un beso dulce que nos dejó anhelantes por mucho más.

Seguimos disfrutando de la compañía del otro por aproximadamente una hora, le conté como había sido mis días en Seattle, todo lo que tuve que resolver para poder estar definitivamente en Forks, junto a ellas. Bella me narró sus días con Maddie y me reveló que pudo percibir que ella me extrañó, pues se había puesto toda gruñona en los horarios que estaba acostumbrada a que yo estuviera con ella, lo que me hizo sentir una gran emoción, mi pequeña ya me reconocía y me extrañaba, pese al poco tiempo que llevábamos juntos.

Algún tiempo después me despedí de Bella para poder ducharme y arreglar mi equipaje y algunas cosas que había llevado de mi apartamento de Seattle. A la hora del almuerzo volví a su casa, como habíamos combinado, ella me abrió la puerta cargando una ya muy despierta Maddie que sonrió al verme.

— Muñequita, papá llegó — le dije y ella al oír mi voz empezó a agitarse en los brazos de su madre, moviendo sus piernas regordetas llenas de adorables pliegues en los muslos. Bella me la pasó, mientras ella profería sus característicos chillidos felices. La acurruqué contra mi pecho, disfrutando de su calor y olor a bebé. — Te extrañé, mi preciosura — susurré dejando un beso sobre su sien.

Almorzamos tranquilamente y aprovechamos nuestra tarde en familia, también cuidé a Maddie mientras Bella preparaba una tarta de manzana para llevar a casa de mis padres, después entre los dos la bañamos y la vestimos para la cena.

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Eran casi las ocho cuando llegamos a casa de mis padres, Maddie pudo estrenar su nueva silla de coche ya que fuimos en mi auto, ella estuvo dormida desde que la sacamos de su cuna y durante todo el camino, pero ya estaba despierta cuando Bella la sacó de la silla para adentrarnos en la casa. Charlie llegó justo junto a nosotros y nos robó a nuestra hija nada más vernos.

— ¿Ya percibiste que nos tornamos invisibles cuando tenemos un bebé? — Me preguntó Bella, que miraba a su padre subir la escalinata del porche con mucho cuidado, y hablando de manera empalagosa a su nieta.

Me reí.

— ¿Podemos culparlo? — Cuestioné retóricamente, ella se rió y juntos empezamos a seguir a Charlie. Tuve que controlarme para no tomar su mano en la mía, primero debíamos decir a todos lo nuestro, después iba a poder disfrutar a cualquier momento de poder tocarla.

Toda mi familia ya estaba reunida en la sala cuando llegamos, Ethan corrió hacia Bella y hacia mí así que nos vio.

— Tita Bea… tito Eddie — repetía él con una gran sonrisa en sus labios, mientras corría con pasos torpes hasta nosotros, sus grandes y hermosos ojos azules brillaban de alegría. Iba a matar a Emmett, él le había enseñado a decirme Eddie, apodo que siempre odié. Lo miré y él me sonreía como si supiera lo que había hecho.

— Hola, cariño — dijo mi novia, agachándose para tomar a mi sobrino en brazos.

— Hola tita — dijo con una sonrisa feliz pero algo avergonzado, gracias a Dios que él no había salido a mi hermano, mi sobrino parecía ser la mezcla perfecta tanto físicamente como de los caracteres de mi hermano y Rosalie.

Bella le plantó un gran beso en su mejilla regordeta, haciéndole reí.

— Tito Eddie — dijo volviéndose hacia mí.

— Hola, campeón — lo saludé, alborotando su pelo, lo que le hizo carcajearse.

Vi como Charlie saludaba a mis padres y como mi madre prontamente se lo quitó a mi hija de sus brazos, dejándolo con un semblante de abandono. Oí a Bella reírse a mi lado, me volví hacia ella, que miraba la misma escena con evidente divertimiento.

Saludamos a todos y nos reunimos alrededor de la sala.

— ¿Todo resuelto, Edward? — Me preguntó Jasper, a lo que los demás inmediatamente fijaron su atención en mí.

— Sí, definitivamente soy el más nuevo morador de Forks — le respondí, sintiéndome finalmente relajado por haber logrado solucionar todo dentro de poco tiempo.

Bella estaba al otro lado de sala, conversando con Alice y Rosalie, intercambiamos una mirada y una breve sonrisa.

— ¿Y cuando empiezas a trabajar oficialmente en la sucursal? — Me preguntó Emmett.

— El lunes — le contesté —, tenemos muchas cosas que planificar para esta nueva etapa, debía de haber empezado esta semana, pero tenía que arreglar mi vida en Seattle primero.

— Tú y Bella ya saben cómo van a manejar los horarios de mi nieta — cuestionó Charlie.

— Saldré de la oficina a las tres, de esa manera podré llegar a tiempo de estar con Maddie antes de su siesta al final de la tarde.

Él asintió.

— ¿Cómo les va lo de vivir tan cerca? — Siguió preguntando, quien en mi mente ya se había transformado en mi suegro.

— Muy bien, papá — su hija le respondió —, Edward me ayuda mucho con Maddie, él aprendió muy rápido los cuidados básicos y nuestra hija ya está tan acostumbrada a sus momentos con su papá que en estos días que él estuvo en Seattle ella se puso toda gruñona en los horarios que solía estar con él — reveló Bella, lo que generó que las mujeres presentes musitaran un "awww" al unísono.

Maddie de tanto pasar de brazos en brazos se terminó durmiendo antes de empezar la cena, Ethan fue otro que no tardó en dormirse, Bella y Rosalie los dejaron en la habitación que ahora ya era no solamente la habitación de Ethan, sino que la habitación de los niños, pues mi madre la redecoró, haciendo de ella una habitación de decoración unisex, con una cuna para Maddie, una camita para Ethan.

— Vamos, chicas, dejemos estos pequeños en la nueva habitación que la abuela les preparó, y todavía hay espacio por si nos llega más algunos bebés — dijo mi madre, mientras apuraba a las chicas a subir las escaleras, sonriendo a Alice como el gato que se comió el canario.

— Ya estás bajo la mirada de mamá, Jasper — dijo Emmett, riéndose del semblante asustado de mi hermano del medio.

— Cuando las suegras empiezan a pedir nietos… — suspiró papá, sin duda recordando sus primeros años de casado con mi madre.

— Ellas saben hacer presión — corroboró Charlie, y él y mi padre empezaron a reírse tras compartir una mirada de comprensión. — Buena suerte, chico, no se le olvidará — siguió él, mientras controlaba la risa —, encontrará maneras sutiles de recordarles que espera recibir un nuevo nieto y otras no tan sutiles algunas veces. Mi madre, que en paz descanse, empezó a reclamarme nietos cuando apenas llevaba tres meses de casado; le volvía loca a mi esposa, hablando de ropas de bebés, de los bebés de las vecinas y que sus amigas ya tenían un nieto para acunar… — terminó fingiendo un escalofrío — lo que nos hizo reír, excepto a Jasper que se veía asustado por lo le estaba por suceder.

— Alice y yo no planeamos un bebé en este momento, acordamos que dentro de dos años sería un buen plazo para empezar a pensar sobre el tema — informó mi hermano.

— Pues, serán dos años de muchas indirectas — comentó Emmett, palmeándole la espalda, lo que le hizo ganarse una mirada para nada amistosa de parte de nuestro hermano.

— Tranquilo, hijo, todos nosotros pasamos por eso, bueno, excepto Edward, pero es normal que la gente empiece a preguntar por los hijos cuando uno se casa, y la familia a veces es la que más hace presión, acostúmbrate, porque en tu caso se tardó hasta demasiado tiempo.

Las mujeres volvieron y enseguida nos reunimos en la mesa del comedor. La cena pasó tranquilamente entre conversas triviales de nuestros día a día. Mi madre muy disimuladamente logró que Bella y yo sentáramos lado a lado, y mientras los demás estaban distraídos con su comida y charla, aproveché para por debajo del mantel tomar la mano de mi novia. Ella apretó sus dedos alrededor de los míos, y con una ligera inclinación de cabeza la vi sonreír.

Cuando terminamos la cena y mi madre y las chicas nos sirvieron el postre a todos nosotros, decidí que había llegado el momento de compartir nuestra noticia, todos estaban relajados tras la comida y disfrutan de la deliciosa tarta que Bella había preparado.

— Familia — empecé a decir para llamar la atención de todos —, Bella y yo queremos compartir una noticia con ustedes — avisé cuando todas las miradas estuvieron sobre mí.

— ¿Ya son novios? — Cuestionó mi madre con ansiedad.

Bella y yo intercambiamos una mirada sin saber cómo seguir.

— Vamos, hijos — nos instó Charlie —, estamos esperando esta noticia desde algún tiempo.

Por fin reaccioné y sencillamente les dije:

— Es imposible sorprender a esta familia.

Lo que sucedió a seguir fue una confusión de abrazos y deseos de felicidad.

— Por supuesto que es imposible que nos sorprenda, Edward — se manifestó Alice —, cuando en la mirada y en los gestos de ustedes está claro lo que sienten.

— Desde que vi la manera como la mirabas, supe que eras el hombre para mi hija — me susurró Charlie al oído, mientras nos abrazábamos —, tu mirada te delató, y en aquel entonces, ni siquiera tú sabías definir tus sentimientos, y me hija te miraba de la misma manera, sabía que era una cuestión de tiempo.

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Mis días y los de Bella se transformaron en una dulce y agradable rutina, yo salía para trabajar a las siete y llegaba por vuelta de las cuatro, subía para mí apartamento, tomaba una ducha rápida y luego me unía con ella y mi hija; a veces, cuando el tiempo se nos permitía, llevábamos a Maddie para un paseo en el mismo parque en que vi las dos a la distancia en mis primeros días de estar en Forks. Poder caminar lado a lado con Bella, tener mi mano en su espalda baja mientras ella empujaba el coche de bebé y ver a nuestra hija sonriéndonos desde su asiento en el cochecito era algo que me llenaba de felicidad y orgullo. No sabía que las necesitaba hasta tenerlas en mi vida.

Mi rutina en el trabajo estaba tranquila, pues Garrett todavía tenía que terminar algunos contractos que había firmado antes de nuestra asociación, mientras tanto, yo aprovechaba para ver la manera como el pequeño, pero eficiente equipo de Construyendo sueños trabajaba, y también para conseguir nuevos contractos para dar inicio a la nueva fase de la empresa. Uno de nuestros clientes en Seattle era una red de hoteles y por coincidencia diez días después que yo empezara a trabajar, Benjamín me llama para decirme que había recibido una llamada de ellos, preguntándonos si trabajábamos en otras ciudades, y cuál no fue su sorpresa cuando le dijo que ellos iban a construir un nuevo hotel en Port Ángeles y les gustaría seguir trabajando con nuestra constructora. En ese mismo día el presidente de la red me llamó y acordamos que Construyendo sueños & Cullen y Meyer proyectos Company haría un pre-proyecto; por correo él me envió los datos y la localización del terreno donde sería construido el hotel; inmediatamente me reuní con mi nuevo equipo, y les dije que teníamos algo grande, sería el mayor proyecto hecho hasta entonces por Construyendo sueños, y sería nuestra oportunidad de marcar nuestro nombre en el mercado de aquella ciudad. Los siguientes días fueron de mucho trabajo, teníamos quince días para elaborar el proyecto, el presidente y los directores de la red iban a venir a Port Ángeles para ver y juzgar la aprobación del proyecto.

Durante los siguientes quince días de trabajo, Bella y Maddie me ayudaron a desconectarme del mundo y a relajarme; llegar en casa y ser recibido con alegría por mis dos chicas, esa era, sin duda, la parte más exitosa de mi día. Dada nuestra rutina con los cuidados de Maddie y mi trabajo, Bella y yo apenas teníamos tiempo para compartir algunos momentos a solas, momentos que nos dejaban deseando poder llegar a mucho más, sin embargo, pese a estar volviéndome loco de deseo, también disfrutaba de nuestros besos calientes y manoseos sobre su sofá, el sexo, como nuestro primer beso, sucedería de una forma natural e inesperada.


¡Y Bella aceptó ser su novia! Jejeje Por supuesto, si no lo hiciera estoy segura de tener una cola de lectoras listas para asumir el puesto y robarme a Maddie también ;) Este capi fue tranquilo, disfrutamos de nuestra pareja viéndoles actuar en el plan de novios oficiales, su interacción con la familia y con Maddie, pero en el próximo capi empezaremos a descubrir lo que le sucedió a Bella en su anterior relación, ummmm… ¿teorías?

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