Hola a todos!, bueno, lo se, ha sido excesiva la demora, pero bueno, para compensar esto, he alargado más el capítulo de hoy, la demora fue a causa de que la tecnología no deja de odiarme y he tenido que reparar mi pc u.u
Pero ya me encuentro aquí, dejándoles esta nueva entrega, espero que les guste.
Bueno, les comento que también, para hacer valer la pena la espera de todo, estoy creando un one shot, no quiero dar muchos detalles, pero bueno, para cuando esté los invito a leerlo, poco a poco y mientras el tiempo me lo permita, seguiré creando historias cortas entre las dos extensas que llevo hasta ahora. Por cierto, los lectores de "Quiero recordarte por siempre" también pueden contar con la actualización.
Bueno, como siempre, gracias a quienes me dejan sus reviews, los respondo todos =) así que pueden dejarme sus dudas, las cuales serán respondidas y para los que comentan de forma anónima, no olviden que dejo un review dedicado para ustedes.
Sin más que contarles por ahora, me despido, nos leemos, sayo!
Todo el grupo conocido como "los guerreros del bien" se encuentran caminando hacia el parque número diez, Artemis y Luna se han quedado en el departamento de Darién para no causar molestias.
Serena piensa para si todo lo que puede ocurrir solo en algunos momentos más, el nerviosismo y la incertidumbre se apoderan de ella hasta el punto que la hacen sentir débil, Darién percibe esto, así que toma la cintura de ella con fuerza y la hace caminar a su lado, mientras intenta de traspasarle las energías y el vigor que serán necesarios en ella.
Ya son pocas las cuadras que los separan de aquel parque, a pesar de que Darién ha procurado mantener a Serena con fuerza, ella sufre de una leve fatiga, escurriéndose del abrazo de Darién, casi cayendo desmayada.
- ¡Serena! – exclama inmediatamente Darién, al verla tan débil.
- ¡Cabeza de bombón! – grita Haruka, devolviéndose unos pasos para ir en su ayuda.
- ¡Serena! – gritan las demás al unísono, preocupándose de lo ocurrido.
- Disculpen… solo estoy algo cansada – argumenta Serena, intentando ponerse de pie bajo sus propios medios, sin tener mucho éxito.
- Quizás no sea lo mejor que vayas hasta allá – comenta Amy, acercándose a ella para tomar su presión.
- No se preocupen, no es nada – dice Serena, apaciguando el momento.
- ¿Estás segura? – pregunta muy preocupada, Rei, acercándose a ella lo más posible.
- Si, lo estoy, gracias – le responde Serena, mirándola con agradecimiento.
- Vayan ustedes primero – propone Rei a las demás, quedándose ella unos minutos con Serena y Darién, hasta que la rubia se sienta mejor.
- Será lo mejor – dice Lita, mirando a sus pares.
- Vamos – responde Michiru, caminando junto a Setsuna y Hotaru, con gran seguridad.
Así, el restante grupo sigue su camino hasta el parque número diez, no son muchos los pasos que las separan de Darién, Serena y Rei, los cuales ya han iniciado su camino hasta el lugar de encuentro, procurando llevar a Serena lo mejor posible.
La fría noche se asemeja a la sensación que Serena lleva consigo en su corazón, mientras intenta caminar lo más decidida posible, para mostrar fortaleza.
Las calles están desiertas, algunos perros lanzan sus aullidos dándole toque más solitario a la oscuridad del anochecer, la Luna es cubierta por las rebeldes nubes sombrías que disminuyen su resplandor, ya allí, en el centro del parque número diez, se encuentra el Sr. Urogataya y sus demás pares, esperando de pié al grupo de guerreros que va a su encuentro.
- ¿El Sr. y la Sra. Chiba? – pregunta Urogataya, al grupo, percatándose de las analíticas miradas que ofrecen sus pares hacia los demás.
- Ya vienen hacia acá – responde cortante, Haruka, mirando de igual forma al grupo de políticos que están ahí.
- ¿Así que ustedes son "el grupo que pelea por el bien"?, apúrense en mostrar su show decadente, no tengo ánimos de quedarme acá por mucho tiempo – pregunta sarcástica, aquella molesta mujer, que también se comportó así con Serena, en la reunión pasada.
- Para ser una persona con un alto rango de responsabilidad y deber, veo que eres alguien que carece completamente de inteligencia y humildad – dice Amy, sacando la voz, produciéndole sorpresa a sus amigos, ya que esta no suele ser la forma de la cual ella se comunica.
- ¡Eres una insolente! – responde indignada, la mujer burlona, recibiendo una grave herida a su ego.
- Te mostraré que estás profundamente equivocada – aclara Amy, sacando su artefacto de transformación, ante los ojos de todos.
¡Por el poder del cristal del planeta Mercurio, Transformación!
Amy da los movimientos característicos para asumir nuevamente su rol de sailor scout, dejando boquiabierta, de entrada, a todo el grupo de políticos, que miran con asombro, este hecho.
Mi planeta guardián es Mercurio, templo de sabiduría e inteligencia, soy la sailor del conocimiento, ¡Sailor Mercury! – dice Amy, mostrándole su identidad a todos.
- Increíble – susurran algunos de los políticos, entre ellos.
- Esto recién comienza – dice Lita, la cual se prepara: ¡Por el poder del cristal del planeta Jupiter, transformación!
Mi planeta guardián es Júpiter, hogar del poder y de los truenos, haciendo resonar los sonidos que harán temblar el mal, Soy la sailor de la fuerza, ¡Sailor Jupiter! – les demuestra Lita, con fuerza en sus palabras.
Así, las demás siguen la presentación.
¡Por el poder del cristal del planeta Venus, transformación!
Mi planeta guardián es Venus, la pasión y la belleza son las armas que tengo en mi poder para vencer al enemigo, soy la Sailor del amor, ¡Sailor Venus!
Ahora, es el turno de las sailors del sistema solar exterior.
¡Por el poder de Urano, transformación!
¡Por el poder de Neptuno, transformación!
¡Por el poder de Plutón, transformación!
¡Por el poder de Saturno, transformación!
- Mi planeta guardián es Urano, el planeta del viento, soy la sailor del aire, Sailor Uranus.
- Mi planeta guardián es Neptuno, el planeta de las profundidades marinas, soy la sailor del agua, sailor Neptune.
- Mi planeta guardián es Plutón, el planeta del tiempo, soy la sailor del cambio, Sailor Plut.
- Mi planeta guardián es Saturno, el planeta del silencio, soy la sailor del nacimiento y la destrucción, Sailor Saturn.
- Esto debe ser una broma – dice aquella molesta mujer, aún teniendo las pruebas ante sus ojos.
- ¡Les dije!, la existencia de las sailors scouts es real – dice contento, el Sr. Urogataya, restregándoles en la cara, la verdad de sus palabras.
- ¡Aún no termina! – se escucha a distancia, es la voz de Rei, la cual hace esta declaración.
- Esa voz… - susurra el Sr. Hino, sintiendo como su corazón se detiene.
¡Por el poder del cristal del planeta Marte, transformación!
Por otra parte, a pocos pasos de distancia, Serena y Darién se transforman en silencio, no es necesario que ellos se presenten de otra forma ante el grupo de políticos ahí presentes, ya que conocen su identidad desde esa reunión, así que ambos permanecen un poco más lejos, dándoles protagonismos a las chicas, que han dejado sin palabras y totalmente impresionados a todos los presentes, los cuales han comenzado a asumir que la historia de las sailors scouts, es verídica.
- ¿Necesitan más pruebas? – pregunta el Sr. Urogataya, especialmente al Sr. Hino, el cual permanece con la cabeza baja, siendo incapaz de pronunciar palabra alguna, después de algunos segundos, con su mirada clavada en el piso, pide a las sailors que se identifiquen por su nombre real, la primera en hacerlo es la pelinegra, la cual se hace parte del grupo, entrando en este.
- Mi nombre es Rei Hino, soy doncella del templo Hikawa donde vivo con mi abuelo – aclara ella, con prepotencia en sus palabras.
- Si… es ella… - susurra el Sr. Hino, al borde de las lágrimas.
- ¡Con esos disfraces no me harán creer en sus palabras, muestren sus poderes! – pide altaneramente la política, dejándose sorprender por lo que ocurrirá.
- Con mucho gusto – dice Rei, respondiendo a la altanería de esa mujer, pronunciando las palabras: ¡Saeta llameante de Marte! – en ese minuto, Rei se detiene, la oscuridad de la noche la obliga a abrir de par en par sus ojos para ver con claridad, una silueta le es conocida, pero aunque sea así, no se convence.
- ¡Rei! – dice con fuerza, el Sr. Hino, levantando su cabeza, mirándola directamente.
- ¿Tú? – pregunta Rei, destrozándose en pocos segundos al ver a su padre, sintiendo como se estruja su corazón, dejándola incluso con una nerviosa respiración pausada y algunos escalofríos.
- ¿Qué ocurre? – pregunta confusa, Sailor Venus, acercándose a Mars.
- No… no puedo creerlo – es todo lo que dice Rei, con sus ojos perdidos en la silueta de aquel político.
- Sr. Hino, ¿Se encuentra bien? – pregunta el Sr. Urogataya, percatándose de la incómoda postura que tiene el hombre.
- Rei… - susurra Serena, dándole una mirada a Darién, recordando rápidamente:
- Por cierto Darién, ¿Escuchaste el apellido de aquel hombre?, era Hino, ¿Tendrá algo que ver con Rei?, ser algún tío o familiar – le pregunta Serena, buscando acomodo en el hombro de su esposo.
- No sabría decirlo, es decir, nosotros solo sabemos que Rei vive con su abuelo y su madre falleció hace muchos años, ella no nos ha contado nada más sobre su pasado – responde Darién.
- Tienes razón, es ahora cuando recién me doy cuenta de que conocemos a Rei por mucho tiempo, sin embargo, es poco lo que sabemos de ella – comenta en uso de raciocino, Serena.
- Bueno, no debemos alertarnos, probablemente aquel político y ella no tengan relación alguna y solo sea que comparten un apellido – dice Darién, quitándole importancia al tema.
- Hija… - dice el Sr. Hino, intentando acercarse a Rei.
- No des… un solo paso – responde Rei, haciendo rechinar sus dientes de rabia, empuñando su mano, sin poder esconder las lágrimas que se asoman por sus ojos.
- Déjame explicar lo que pasó, todos los años de mi ausencia, si solo me dieras la oportunidad de… - intenta decir de forma conciliadora pero arrepentida, el Sr. Hino.
- ¿Explicarme que?, ¿No crees que el tiempo que ha pasado tiene algún costo?, ¿Piensas que me lanzaré a tus brazos y me alegraré por tenerte en frente mío? – Pregunta Rei, siendo totalmente dominada por la furia que ha acumulado por años en su corazón.
- No sabes cuanto lamento todo lo que… - sigue diciendo el Sr. Hino, antes de ser interrumpido por la pelinegra.
- ¡Cállate!, ¡Cállate! – dice Rei, tapando sus oídos con ambas manos, mientras se sacude rápidamente.
- Sea lo que sea y pase lo que pase, yo siempre seré tu Padre – dice el Sr. Hino, poniendo de lado su sentimentalismo, dándole esta frase a Rei, como un llamado a su atención.
- ¿Dijiste Padre?, ¿Crees que eres parte de mi familia?, las personas que tu ves acá… ¡Ellos son mi familia!, cada vez que he caído, ellos me han dado su mano para poder levantarme y seguir adelante – responde Rei con rabia, apuntando a su grupo de amigos, mientras añade – Tú no eres nadie para mi, ¿Entendiste?, ¡Absolutamente nadie! – dice, demostrando cuan dolida está, pero sin dejarse caer ante el dolor que asfixia su pecho hasta el punto de la agonía.
- Es igual de escandalosa que su madre, por eso la dejaste, ¿No? – pregunta sarcásticamente aquella mujer tan odiosa, acercándose demasiado al Sr. Hino, como si hubiese algo más entre ellos, algo más que una relación laboral.
- Kasumi… ¡Guarda silencio! – reclama el Sr. Hino, mirándola con rabia, muy parecido al temperamento de Rei, en estos casos.
- ¿Qué demonios has dicho? – pregunta la pelinegra, con expresión aparentemente calma, sin que se note la real rabia que siente por haber escuchado eso, agrediendo la memoria de su madre.
- Así es… si tu eres Rei Hino, lamento informarte que tu padre dejó a su esposa por fastidiosa y veo que tu, eres su viva copia – responde sarcástica, Kasumi, mirándola con prepotencia.
- Esto… esto… ¡Jamás te lo perdonaré! – responde Rei, lanzándose agresivamente ante esta mujer.
- ¡Rei! – gritan las demás, Sailor Jupiter y Uranus han ido a detenerla, ya que son las sailors con más fuerza, mientras intentan explicarle que bajo el rol de Sailor Mars, no puede atacar a un civil con sus poderes.
- Si me tocas, te llevo a la cárcel, ¿Sabias eso? – pregunta Kasumi, muy segura de si misma, demostrando esto, al no haberse dejado impresionar por la actitud de ella.
- ¡Es suficiente! – reclama a lo lejos, Serena, la cual pide a Jupiter y Uranus, que suelten a Rei, no es "fuerza" lo que la detendrá, sino comprensión, la que Serena le da, al acercarse a ella y abrazarla, levantándola del piso, donde cayó después de que sus compañeras la soltaran.
- No puedes hacer uso de su autoridad para humillar a la gente – añade Darién, bajo su rol de Tuxedo Mask, mientras le habla a Kasumi, poniéndose delante de Sailor Moon y Sailor Mars, dándoles protección y sirviendo de escudo.
- ¿Cómo puede existir tanta maldad en tu corazón? – pregunta decidida Serena, mirando también a Kasumi.
- ¿Maldad?, no acusen "sinceridad", como si fuera maldad – responde irónicamente, Kasumi, ladeando su cabeza de forma cínica.
- Herir a otras personas a conciencia no es sinceridad, solo habla de cuan oscuro es tu ser – responde Serena, sosteniendo a Rei con fuerza, defendiéndola ante aquella mujer que le ha hecho daño.
- Cerrarás tu boca y no le dirás nada más a Rei – reclama seguro, el Sr. Hino, mirando con prepotencia a Kasumi, imponiéndose ante ella.
- Tú no tienes por que defenderme, eres la misma basura que aquella mujer – añade Rei, aún dominada por su cólera, pero sin embargo, se encuentra segura al lado de Serena, dejándose apoyar por ella.
- Esto se acabó, nos vamos de aquí – dice Sailor Uranus, mirando al grupo de políticos por debajo de su hombro, sin importarle más allá lo que dirán.
- Es verdad, no hemos venido a ser humillados – añade Sailor Mercury, de acuerdo con la postura de Uranus.
- Nosotros ya les hemos mostrado lo que querían ver – adjunta Sailor Jupiter, sumándose a la postura de retirada.
- Si hieren a alguna de nosotras, nos hieren a todas – dice Sailor Venus, dejando ver que ella también se siente afectada ante los crueles comentarios de Kasumi, mirándola con desilusión, al ver que ha hecho mal gratuitamente.
- ¡Esperen! – alerta Sailor Moon, haciendo que todas le tomaran atención, después de esto, sigue – Ya les hemos mostrado nuestra identidad, no sabemos aún lo que pretenden con esto y exijo saberlo ahora – pide Serena con rudeza, poniéndose al lado de Tuxedo Mask.
- Ellos necesitaban ver con sus propios ojos si todo esto era real y necesitaban que fuera así, por que una vez dispuesto, cada palabra que sea pronunciada por ustedes se debe tomar como un hecho, no una posibilidad – responde Urogataya, a nombre de todos.
- Bueno, ya lo tienen, ahora nos iremos de aquí – dice Tuxedo Mask, tomando la mano de su esposa y dando la media vuelta.
- ¡Un momento! – pide el Sr. Hino, con fuerza.
- ¿Qué pasa? – pregunta Sailor Moon, dándose vuelta para mirarlo.
- Rei… escúchame por favor – pide el Sr. Hino, intentando captar la atención de su hija.
- ¿Recuerdas cuando dejaste morir a tu esposa?, pues bien, "tu hija", también murió con ella, no existo en tu vida, nunca más… - responde Rei, sin darse siquiera la vuelta para responderle.
- Por favor… - pide una vez más el Sr. Hino, mostrando su lado más sensible.
- Fueron años los que tuviste para enmendar tu error, ya es muy tarde… mi vida no se completa con tu presencia, ni con tus palabras, ¡con nada!, ya hiciste suficiente daño, si realmente algo se supone que me quieres… ¡No aparezcas nunca más en mi vida! – responde Rei, ahora dándose la vuelta para lanzar directamente estas palabras a la cara del hombre que la procreó.
- Entonces… antes de que jamás vuelvas a escuchar una de mis palabras… solo déjame decirte cuan orgulloso estoy de ti… me imagino que ser una sailor scout no fue fácil y aunque te cueste creerlo, de verdad, lamento mucho todo lo que ocurrió, lamento no haber estado para ti, para ayudarte en todo lo que necesitaras, no saber apreciar el mejor regalo que me pudo dejar tu Madre después de su fallecimiento… se que no me creerás y te entiendo, pero los años me han hecho darme cuenta del horrible error que cometí – dice el Sr. Hino, resignado ante la postura de su hija.
- ¿Eso es todo? – pregunta sarcástica Rei, volviendo a usar su dureza, ante las situaciones que puedan afectarla.
- Si quieres saber más, es solo cosa de que me digas cuando puedo verte, para que hablemos – pide a voz tímida, el Sr. Hino, aprovechándose de la instancia que le da la pregunta de Rei.
- ¿Sabes?, nada de lo que digas servirá para borrar todo el dolor que llevo en mí – responde igualmente dolida pero más calmada, Rei, añadiendo – una vez te fuiste y nos dejaste, creo que ahora solo deberías hacer lo mismo – termina la pelinegra, mirando a un lado, dándole una expresión de desprecio al que se hace llamar su padre.
Estas palabras marcan el silencio de los demás presentes, el grupo de amigos de Rei solo miran con algo de tristeza todo lo que está ocurriendo, incluso Haruka deja mostrar su disconformidad al ver que una de sus compañeras lo está pasando mal, Serena no puede dejar de sentir que de alguna forma, todo ha sido su culpa, llevando un silencioso cargo de conciencia en su cabeza.
- La mejor forma de mostrarte mi arrepentimiento, es cumpliendo tus deseos… - responde sumiso, el Sr. Hino, dejándose abatir por el gélido viento que recorre su largo abrigo de color café, guardando sus manos en los largos bolsillos que estos posee, resignándose al ser vencido por la bien justificada, acción de su hija.
- ¡Ey, tú!, si, no te hagas la imbécil – dice prepotentemente Rei, llamando la atención de Kasumi, diciendo – Algún día, te arrepentirás por cada una de tus palabras – añade, prometiendo venganza ante tal deshonra a la memoria de su querida madre.
- Estás cegada por la memoria inquebrantable de tu mamá, pero hay muchas cosas que tu no sabes – responde Kasumi, justificando su actuar bajo esta declaración, mostrándose aún muy segura de ser ella quién sabe la verdad.
- ¡No sigas rociando veneno, vieja bruja! – grita Sailor Saturn, dejando florecer la infantilidad que aún acarrea, moviendo la hoz del silencio sin cuidado alguno, obligando a las demás sailors a esquivar este con sorpresa y temor.
- Guarda silencio Hotaru, no es el momento para decir aquellas palabras – le dice Sailor Neptune, de forma calma pero convincente de creer que lo mejor, es que ella se mantenga al margen.
- Perdón, pero es que…- intenta justificarse, Hotaru, siendo su boca sellada por el dedo índice de Sailor Neptune, la cual le entrega una mirada cómplice, algo como "bien dicho, pero no lo digas ahora, para entorpecer las cosas".
- Rei… es mejor irnos – susurra Sailor Moon al oído de su amiga, mirando de reojo la impávida reacción de los demás miembros de esta reunión, es decir, aquellos políticos, que en silencio han sabido respetar la instancia.
Rei comienza a caminar a solas, las demás sailors la siguen, sea donde sea el lugar que ella ha elegido y más que eso, van a pasos, pendientes de ella ante cualquier circunstancia.
El Sr. Hino observa todo esto con resignación absoluta, el peso de su error ha recaído en el cuando menos lo pensó, los años de vida que se dio solo a si mismo, marcó un cruel episodio en la vida de su única hija, antes, a solas, había pensado en todo esto, pero su carácter y frialdad lo llevó a no querer buscar la instancia para volver a hablar con ella, creyó que así sería mejor hasta el día de hoy, día en el cual vio a ciencia cierta el real peso que lleva Rei en sus recuerdos, el desamparo y la desilusión de no haber tenido en quién apoyarse, aprendiendo a ser una chica de carácter fuerte y temperamental, entiende con perfección todo esto mientras ve como el viento hace danzar los oscuros cabellos de la joven, bellos y largos como los de su difunta madre, el nudo que aprieta su garganta no se compara al cargo de conciencia que exprime su cabeza, no le queda más que despojarse de una solitaria y silenciosa lágrima, es todo lo que el merece después de todo.
Por otra parte, el Sr. Urogataya detiene a Serena, a la cual ya le ha tomado más confianza, así que se atreve a tomar su brazo para detenerla y decirle:
- Sra. Serena, yo me pondré en contacto con usted dentro de los próximos días, todo esto ha tenido un motivo, pero se lo diré cuando sea el tiempo correcto – argumenta Urogataya, el cual es receptor de las miradas discretamente celosas que le da Darién, al ver con que soltura se acerca a ella y la toma.
- Está bien Sr. Urogataya, ya sabe usted donde viven mis padres, así que puede dejar algún recado – responde Serena, dándose cuenta de que a Darién no le ha causado mucha gracia el acercamiento de el, así que gentilmente se sacude el brazo para que la suelte.
- Mejor vaya a mi departamento, allí, mi esposa y yo nos quedaremos hasta que volvamos a nuestra casa – dice Darién, entrometiéndose en la conversación de alguna forma dominante pero cortés, mientras le da la dirección al Sr. Urogataya, el cual la escribe en una tarjeta que lleva consigo, toma la mano de su mujer con más fuerza.
- Bueno, creo que nos estaremos viendo dentro de unos días – añade el Sr. Urogataya, estrechando su mano con la de Darién, el cual recién se percata del grueso anillo de oro que este lleva en su mano izquierda, en la cual tiene sujeta la tarjeta donde escribió, inmediatamente sus celos se convierten en una leve advertencia de su sobre preocupación, ya que asume que el Sr. en cuestión se encuentra casado como el, aunque sigue pensando que nunca está demás "cuidar lo propio".
- Por cierto, lamento mucho el episodio entre su amiga y el Sr. Hino – dice Urogataya, disculpándose por las molestias.
- Nosotros también lo lamentamos, pero bueno, el destino así lo quiso, más tarde hablaré con ella, para tranquilizarla – le comenta Serena, mientras también estrecha su mano con la del Sr. Urogataya, marcando la despedida.
- Cuídenla, por favor – se escucha a lo lejos, sin duda, ha sido el Padre de Rei. Serena mantiene reacción fría al igual que Darién y lo reflejan en no haberle respondido nada al padre de Rei.
- Buenas noches a todos – dice Darién de forma general, recibiendo a distancia la reverencia de despedida por parte de los demás políticos, como era de esperar, menos de Kasumi, la cual aún mantiene su postura altanera y en extremo, segura.
- Adiós – termina Serena, siguiendo el paso de su marido, sin soltar su mano.
Así, Serena y Darién se alejan del lugar con una amarga sensación para si mismos, la reunión resultó ser más incómoda de lo que pudieron imaginar y paradójicamente, por algo que jamás pensarían que podría pasar, sin decirse muchas palabras al respecto, ambos concuerdan en que lo más correcto es ofrecerle una disculpa a Rei por lo ocurrido, a la cual logran divisar, acompañadas por las demás, indudablemente en dirección al templo Hikawa, en el transcurso, Serena y Darién abandonan sus respectivos roles como guerreros, para así caminar lo más discretamente que se pueda, por las calles de Tokio.
Algunos minutos han pasado desde que todos iniciaron la marcha, todos llegan a la entrada del templo Hikawa, momento en el cual, Rei decide romper el hermético silencio que llevaban hasta ahora.
- Gracias por haberme acompañado, pero ahora necesito descansar – dice cortantemente, Rei, a los demás.
- Si necesitas, me quedaré contigo – ofrece Lita, idea copiada por Amy y Mina, las cuales también se han ofrecido con energética postura.
- No, quiero estar sola… disculpen – dice Rei, con algo de frialdad hacia sus amigas.
- Está bien… - responde cabizbaja, Mina, pero a la vez, le ofrece una cálida sonrisa de comprensión.
- Rei… - se escucha, es la voz de Serena, la cual tiene indudablemente algo de temor en su tono.
- Dime – dice Rei, manteniendo su cruda postura.
- Discúlpame, jamás te hubiera llevado a un lugar donde jamás hubieras querido ir y menos a ver a quién no querías – dice Serena arrepentida, bajando su cabeza después de la declaración.
- Siempre… tan tonta – es lo único que escucha Serena, pero levanta su cabeza al darse cuenta que es atrapada por los brazos de alguien y son los de Rei, la cual ha ido a darle un sentido abrazo a su amiga, produciendo la sorpresa de todos los presentes, al ver que sea como sea, una de las pocas personas que es capaz de romper este exterior tan impenetrable, es la amiga con la cual más ha discutido y peleado en todo el tiempo pasado.
- Se que jamás harías algo que me hiciera daño y que todo lo que pasó fue solo una mala jugada del destino – le dice Rei, posando sus manos en los hombros de Serena, manteniendo la distancia que le dan estos extendidos, mientras la mira directamente a los ojos, añadiendo – Serena… tu eres como una hermana para mí y bueno… gracias por estar conmigo cada vez que te necesito – dice Rei, mirándola con cariño.
- Rei… - susurra Serena emocionada, ante tan linda aclaración por parte de su amiga.
- Lo único que lamento, es que todos estén presentes para ver semejante acto de sinceridad – comenta Rei, soltando a Serena y dándole una mirada a todos sus acompañantes, los cuales se han atrevido a lucir algunas tenues sonrisas, por lo escuchado.
- ¡Qué no te importe! – le dice Serena, riéndose entre sus emotivas lágrimas.
- ¿Qué no me importe?, tengo una reputación que cuidar… así que todos ustedes, olviden lo aquí mencionado y no esperen que deje tranquila a Serena, mi misión es desagradarle la vida todo lo que pueda – dice cómicamente Rei, mirando con falsos ojos de regaño a todos sus amigos, los cuales han accedido a la petición de ella, de una forma graciosa, dando la oportunidad que tanto sus corazones como cabezas, se den un relajo ante el momento anteriormente vivido en el parque número diez.
- Ya es muy tarde, váyanse de aquí – dice Rei, usando falso tono de prepotencia, dando así su despedida, subiendo las escaleras del templo, para recibir el merecido descanso entre sus sábanas.
- ¡Adiós Rei! – dicen todas, moviendo sus manos en señal de despedida, aunque Rei no las mire, sabe perfectamente que cuenta con ellas, mientras sube los numerosos peldaños, la sensación que prefiere llevar consigo es la de compañía de sus amigos, ya vendrá el momento necesario para analizar todo lo ocurrido con su Padre, por ahora, solo intenta llevar consigo la cálida sensación en su pecho, al sentirse querida y protegida por todos.
- Bueno, ya no son horas para que nos quedemos por mucho tiempo más en la calle – comenta Haruka, mirando a Setsuna, Hotaru y Michiru.
- Es verdad, nos retiramos – añade Michiru, tomando la mano de Hotaru.
- Buenas noches – dice Setsuna, con su calma postura característica.
- ¡Nos vemos! – dice Hotaru, moviendo sus manos, despidiéndose de todo el grupo, siguiendo los pasos de Michiru.
- Cualquier cosa, nos informan por favor – pide Haruka a Serena, antes de alejarse de ella y de los demás.
- Claro que sí – responde Serena, despidiéndose también de ella y las demás.
- Chicas, ustedes viven un poco más lejos, por la hora preferiría que pasaran la noche con nosotros – comenta Darién a Lita, Mina y Amy, mientras ve su reloj, el cual marca las 3:45 AM.
- No queremos causarles molestias, no se preocupen – responde Amy, desestimando cortésmente la propuesta de Darién.
- Es verdad y ya que mi casa es la más cercana, las chicas se pueden quedar conmigo – dice Lita, ofreciendo otro tipo de ayuda a las demás.
- Yo debo ir a buscar a Artemis – añade Mina, preocupada por su gatuno amigo.
- Estará bien con Darién y Serena, el mañana puede volver a tu casa – le responde Lita, percatándose del cansancio de ellos dos, si aceptaran su oferta, estos se verían obligados a cumplir con rol anfitrión y solo les causaría más cansancio, así que con estas palabras, espera hacerle entender entre líneas a Mina que no debe insistir en la búsqueda de Artemis.
- Está bien, pero por favor Serena, abriga al pobre de Artemis, es muy friolento y más con este clima, necesita de una manta suave para descansar su pequeño cuerpecito y por las mañanas toma un tazón de leche tibia – dice Mina con espontaneidad, haciendo exigencias a sus amigos, por el bien de su mascota.
- Mina, yo tengo a Luna, se como cuidar a un gato – responde Serena, con ojos pequeños y reprendedores.
- Si, pero no sabes como consentirla, por eso la pobre siempre anda con tal mal humor – contesta Mina, tomando postura dramática, al asomar lágrimas de cocodrilo y agónica cara por el supuesto maltrato de Serena hacia su gata.
- ¿Tienes algo en mi contra? – pregunta Serena, acercándose prepotentemente hacia ella.
- Vaya, es solo una acotación, no lo tomes a mal Serena – responde como mosquita muerta, Mina, zafándose del mal entendido supuestamente creado por la rubia.
- No te preocupes, Artemis no morirá de frío ni de hambre – responde Darién a nombre de su esposa, a la cual de paso a aprovechado de tapar la boca con su mano y con la otra, acaricia y desordena sus cabellos, al darse cuenta que una inminente guerra de dimes y diretes estaba por comenzar.
- Confío en ti… Darién – responde Mina, mirándolo con ojos lastimeros de preocupación.
- ¿Qué acaso en mi no? – pregunta a alta voz Serena, pudiendo mover su boca hacia algún lado, quitando la censura que le había provocado Darién.
- Si, también confío, pero en otros aspectos – dice Mina, intentando acabar con la indignación de Serena.
- Como en cuales, a ver, ¡dime! – exige Serena, para poder quedar clara al respecto, mientras aletea con sus brazos en señal de rabia.
- Serena… hacen como mil grados bajo cero y quieres que Mina haga una lista detallada a esta hora – recalca Lita con seriedad y por cierto, frío.
- Pero es que… - dice Serena, haciendo chocar las puntas de sus dedos índices, haciendo una mueca infantil con su boca después del llamado de atención por parte de Lita.
- Ya mañana u otro día pueden hablar de esto, por ahora, vámonos por favor – pide Amy, tomando el brazo de Mina y susurrándole que no siga con sus capciosas frases, las cuales sacan de quicio a Serena
- Buenas noches chicos – dice Lita, apurada por la urgencia de Amy para acarrear a Mina lo más lejos posible.
- Adiós – responde algo contrariado Darién, dándose cuenta que la furia de su esposa lo seguirá hasta su casa, así que tendrá que inventar la forma de quitarla.
- Mina es injusta, ¿No crees? – pregunta Serena, convencida de su postura de victima, mientras toma la mano de su marido y camina a su lado.
- No se, Serena, ella solo pidió que cuidaras a Artemis, no creo que haya sido algo grave – responde Darién, dándose cuenta al segundo que si algo hay de grave, es la frase que dijo, ya que Serena, seguramente, algo dirá al respecto, pero decide caminar como si jamás se hubiera dado cuenta de esto, mientras suplica silenciosamente que Serena no comience con sus berrinches.
- ¡Darién!, no puede ser, mi propio esposo no confía en mis facultades para cuidar de alguien… ¿Qué pasa si sigues creyendo eso cuando tengamos hijos? – pregunta Serena, de forma ligera pero segura, queriendo sacar la respuesta de su marido.
- ¿Hijos? – pregunta Darién, transformando sus facciones en las de alguien totalmente tierno ante la idea.
- Si, recuerda que nosotros en el futuro, tendremos dos hijas y quizás más – responde Serena, sin percatarse de la peculiar expresión de Darién.
- Se que serás buena madre, Serena, pero este no es el mejor momento para hablar el tema – responde Darién, sacudiendo un poco su cabeza para dar fin a la cara de baboso que traía.
- Tienes razón… discúlpame – dice Serena, regañándose a si misma por hablar algo tan serio en un momento inadecuado.
- No te preocupes, es bueno saber que ya piensas en la idea – comenta en un ataque de sinceridad, Darién, el cual mira a su mujer con tierna dulzura.
- Hem… si, bueno, tu sabes, a ratos pienso en cuan lindo sería tener bebés – le responde tímidamente Serena, ya que esta es la primera vez que hablan del tema, de una forma más concreta.
- Si… sería lindo – contesta Darién, sin querer indagar más allá o decir algo más extenso, caminando calmo pero decidido en dirección a su departamento.
Así, por no mucho tiempo más, Darién y Serena caminan en dirección al departamento de Darién, una vez allí, el abre la puerta lo más despacio que pueda, una vez listo, el entra primero para prender una lámpara que tiene en un mueble cercano, mientras se descalza al mismo tiempo, Serena lo sigue y hace lo mismo, después entran juntos emitiendo el menor ruido posible, ven como Luna y Artemis duermen plácidamente en el sillón, Darién hace honor a su promesa y busca una manta con cual taparlos, mientras Serena va al baño a cepillar sus dientes antes de dormir.
- ¿Están dormidos? – pregunta Serena, desde el baño, con el cepillo dental en su boca.
- Si, pero si sigues hablando tan fuerte, despertarán – responde Darién a voz baja, alejándose de ellos para ir en dirección al baño.
- Darién, por cierto, ¿Cómo te fue en la universidad? – pregunta Serena, al darse cuenta de la presencia de el en la habitación, terminando de enjuagar su boca mientras espera la respuesta de este.
- Bien, tú sabes que no era mucho lo que me faltaba para terminar el post grado, así que si retomo las clases, dentro de unos meses podré finalizar la carrera como quiero – comenta Darién, con orgullo propio por este mérito.
- ¡Qué alegría! – responde Serena, lanzándose a los brazos de su estudioso marido.
- Si – responde entre risas, Darién, abrazando a Serena con fuerza.
- Ya que no querías comenzar a trabajar si este post grado, chico regodeón – comenta Serena, alejándose un poco de el, pero aún rodeándolo con sus brazos.
- Es verdad, pero bueno, ya estoy por terminar y comenzará una nueva etapa laboral para mi – le dice Darién contento, añadiendo – Por cierto Serena, tu debes ir a tu universidad y ver que hacer con tus estudios.
- Si, respecto a eso… estaba pensando en dejarlos… - le responde ella, soltándolo para comunicarle su idea.
- ¿Es eso lo que realmente quieres? – pregunta Darién, seriamente, mientras la mira analíticamente.
- No, pero resulta abrumador todo esto de ver que ocurre con aquellos políticos, lo demandantes que son y todo eso… no creo tener el tiempo para seguir con mis estudios – responde igualitariamente seria, Serena, dándoles sus motivos a Darién.
- Entiendo… pero aún así, creo que no deberías rendirte – le comenta el, poniendo una de sus manos en la mejilla de Serena.
- No es rendirme, bueno, quizás un poco – responde Serena, aceptando que el comentario de Darién es acertado.
- Se cuanto te gusta lo que estudias y vas bien, no lo dejes por favor – le pide Darién, sabiendo de que ella es capaz de seguir con sus estudios de fotografía, tema que le apasiona con fuerza.
- Bueno, que te parece si por la mañana discutimos el tema, ¿te parece? – propone Serena, sin poder disimular el cansancio que la consume, estirando sus brazos mientras bosteza.
- Está bien, anda a la cama y recuéstate, yo iré en unos minutos – responde Darién, tomando su cepillo de dientes.
- No te demores – le dice Serena, moviendo su dedo índice en señal negativa, mientras lo mira tiernamente, al pedirle esto.
- Bueno – responde Darién, mirándola con gracia, viendo como en un dos por tres, su esposa desaparece.
Darién cumple con su rutina nocturna de aseo antes de ir a la cama, mientras Serena se desviste, procurando vigilar al par de gatitos que descansan en el sofá, por mejor ha decidido solo sacar su falda y brasier, ya mañana irá a buscar ropa de cambio a la casa de sus padres, en eso va Darién y saca su atuendo nocturno, el cual se lo pone en la privacidad del baño, una vez terminado, vuelve al lugar y se recuesta al lado de su mujer, la cual ya se encontraba dormitando levemente.
- ¡No te muevas mucho!, tengo frío – reclama somnolientamente Serena, sintiendo como su marido se acomoda a su lado.
- No comiences con tus reclamos, ya han sido muchos por hoy – le responde Darién graciosamente, mientras se sacude de frío y busca el calor de su esposa, al abrazarla por la espalda.
- ¿Si? Y te esperan muchos más – aclara Serena, aún somnolienta.
- ¿Y por que? – pregunta Darién, sorprendido entre risas.
- No se, mañana buscaré la excusa – responde Serena, mientras se acomoda a la par con Darién, para quedar cómodos.
- Qué mala eres – susurra Darién al oído de Serena, acomodando su cabeza posteriormente, por sobre la de ella.
- Siempre puedo ser peor y no te sorprendas, ya no tienes salida, ya soy tu esposa y no puedes huir – dice Serena con gracia, ya quedando perfectamente cómoda entre los brazos de su amado.
- Ya mañana arreglaremos cuentas – dice Darién balbuceando, ante el cansancio que ya recae en el con fuerza, al sentir lo blando del colchón de la cama.
- Ya duérmete, tienes que reponer energías para soportarme – le responde Serena, dándole un inesperado golpe en una de las nalgas de Darién, como el castigo cruel que se le daría a un niño pequeño que no quiere dormir.
- ¡Eso dolió! – reclama Darién entre risas y lamentos, sobándose con algo de confusión.
- Eso te pasa por travieso y no dejarme dormir – responde Serena, mientras ladea un poco su cabeza para mirarlo.
- Perfecto… entonces mañana seré más travieso aún, para que veas que siempre puedo ser peor – responde infantilmente Darién, tomando con fuerza a Serena para volver a acomodarse a su lado.
- Buenas noches – le dice ella, estirando su boca para recibir un último beso del día.
- Qué descanses – le responde Darién, después de darle ese esperado y merecido beso.
Así, Tokio duerme entre las bajas temperaturas, el día ha tenido sus altos y bajos para todos, en especial Darién y Serena, también Rei y las demás, pero ya ha llegado el merecido descanso, que hará reponer las energías necesarias para enfrentar un nuevo día, lleno de nuestras barreras y aconteceres que superar.
