¡Hola! Este capítulo fue todo un reto para mí, espero que les guste. ¡LEAN LA NOTA AL FINAL, POR FAVOR!
Capítulo revisado innúmeras veces, pero soy humana, así que, de antemano, disculpen cualquier error que se me haya escapado.
Disclaimer: La saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer, yo solamente me divierto con sus personajes, ya que me enamoré de ellos. Esta historia es una idea mía y ahora la comparto con ustedes.
Capítulo 17 — El dolor de recordar
"[…] Dios es justo, y nos da a cada uno según su voluntad, aunque nadie más que Él conoce la amargura de nuestras almas."
(Norte y Sur, Elizabeth Gaskell)
POV Edward
Cuando finalmente llegamos a casa Maddie estaba totalmente dormida por el balance del coche, sin embargo sabía que su siesta no iba a ser larga, ya que Bella todavía no le había dado el pecho. Cuando adentramos en su apartamento, Bella sin decir palabra se encaminó directamente a la habitación de nuestra hija, la seguí respetando su silencio. La vi, desde el umbral de la puerta, dejar un beso demorado en la cabeza de nuestro bebé para enseguida dejarla en su cuna.
Cuando ella se volvió hacia la puerta se dio cuenta de mi presencia, despacio caminó hasta mí y me abrazó, la envolví con mis brazos, deseando poder con eso mitigar su dolor.
Nos quedamos algunos minutos abrazados, las palabras no eran necesarias, yo quería tan sólo infundirle valor y apoyarla, mientras ella necesitaba sentir que yo estaba allí para ella. Fue ella quien terminó con nuestro abrazo.
— Vamos a la sala — dijo tomando mi mano.
Nos sentamos en el sofá, ella con su cuerpo volteado hacia el mío. La vi cerrar los ojos e inspirar, era como si estuviera buscando fuerzas para empezar.
— Como ya te dije antes, empecé una relación cuando estaba en mi cuarto año de universidad con Demetri, con quien nos encontramos hoy. Estuvimos juntos por cinco años, más por comodidad que por sentimientos fuertes — puso de manifiesto. — Cuando uno está en la carrera de medicina es difícil encontrar tiempo para salir y a alguien que no se quejé de nuestra dedicación a los estudios, así que siendo yo una estudiante y el un médico residente, el arreglo fue perfecto, ambos comprendíamos la vida ajetreada del otro. — Ella se detuvo a tomar aire y enseguida continuó con su narración. — Cuando cumplimos cuatro años de relación decidimos ir a vivir juntos, yo me trasladé al piso de Demetri, las cosas fueron bien al inicio, no sé si bien es la palabra correcta, pero ya estábamos acostumbrados el uno con el otro. Sin embargo, todo cambió algunos meses después, cuando por un accidente con mis pastillas anticonceptivas, descubrí que estaba embarazada — contó viéndose tan frágil y tuve ganas de envolverla en mis brazos, de protegerla de aquél dolor, porque ya imaginaba lo que había sucedido con su embarazo. — Demetri reaccionó mal a la noticia, me culpó por haberme quedado embarazada en aquel momento de su carrera, dijo que fui descuidada con mis anticonceptivos, pero yo había tenido una semana difícil en el hospital, había perdido a un pequeño paciente tras luchar por horas para estabilizarlo, estaba emocionalmente agotada y no me acordé de tomar mis pastillas por dos días — me explicó. — Sabía que aquel bebé estaba llegando en un mal momento, Demetri estaba empezando su doctorado y yo terminando mi maestría, pensábamos en algún momento hacer un intercambio a París, pero un bebé en camino echaba a perder todos los planes anteriores. Él me preguntó si estaba segura de seguir con el embarazo, cuando logré asimilar sus palabras las sentí como si hubiera recibido un fuerte golpe contra todo mi cuerpo; con el corazón y el respeto que tenía por él roto tras oír sus palabras, le dije que sí, estaba segura de tener a mi hijo — dijo ella enfatizando el pronombre posesivo — y él no dijo nada más, no necesitaba decir nada más, la sugestión implícita en su pregunta revelaba lo que él deseaba que yo hiciera con mi embarazo — suspiró dolida.
Nuestra relación cambió — siguió contándome —, apenas nos hablábamos cuando estábamos en casa, no obstante, manteníamos las apariencias delante de los amigos, decidí no revelar a nadie sobre mi embarazo, esperaba pasar por el período de riesgo para anunciarlo a mi padre y amigos, y mientras tanto también tenía esperanza a que Demetri se acostumbrara a la idea. Pero cuando estaba con dos meses y medio de gestación acudimos a una cena en la casa del asesor de tesis de Demetri, había mucha gente del área médica, mi ex novio estaba siendo bastante halagado por su asesor. En cierto momento estuvimos Demetri, su profesor, su esposa y yo en un rincón del gran salón, fue cuando su profesor nos reveló que le habían ofrecido una beca de posgrado para uno de sus alumnos, era una beca para estudiar dos semestres en París. El hombre le dijo a Demetri que de los tres alumnos asesorados que tenía en aquel momento él era su primera opción, en este instante sentí la mirada de mi ex novio detenerse sobre en mí.
"Creo que tu novia entenderá si al fin aceptas la propuesta, además la señorita Swan es una excelente alumna, es posible que logre un intercambio también, no totalmente gratis como será el tuyo, pero al menos con la mitad de los costos cubiertos." Dijo el hombre, interpretando equivocadamente la mirada que me había dado Demetri. "Tienes tres días para pensar y darme una respuesta, si no lo aceptas haré la propuesta a otro de mis alumnos."— Terminó Bella de recitar la escena, en un tono de voz monocorde.
Después de recibir esta noticia Demetri empezó a beber — siguió narrando ella —, cuando dejamos la cena él no estaba totalmente embriagado, pero tampoco estaba bien, se veía algo alterado. Él caminó directamente para el asiento del conductor, yo me senté a su lado y le pedí para que me dejara manejar, el me dio una mirada cargada de enojo y enseguida profirió palabras muy duras. — Ella dejó escapar un suspiró y volviendo a llenar sus pulmones con aire siguió con la historia. — Me dijo que por mi culpa él estaría atrapado a una familia que él todavía no estaba listo para tener, que odiaba al feto que cargaba en mi vientre, que él siempre lo haría recordar de las cosas que estaba dejando de hacer en nombre de las apariencias, del honor de su nombre y de su familia. Él ni siquiera lograba decir la palabra bebé o hijo — dijo ella mirándome, sus ojos llenos de lágrimas y dolor. Mi corazón dolió como si su dolor fuera el mío.
A continuación percibí que Bella empezaba a alterarse más, se puso más pálida y envolvió sus brazos alrededor de su cuerpo, era como si estuviera preparándose para enfrentar el dolor.
— Enseguida él arrancó el coche rápidamente y mientras yo le rogaba a que se detuviera él cruzó una señal roja, un coche nos atingió justo en mi lado del asiento, nuestro alto giró varias veces por la autopista antes de detenerse en una zanja. El golpe que recibí fue muy fuerte — me explicó y las lágrimas que momentos antes estaban retenidas en sus ojos empezaron a caer sobre su rostro —, el cinturón de seguridad impidió que me estrellara contra el parabrisas, pero golpeé la cabeza contra la ventana de mi asiento. Cuando finalmente el coche se detuvo estaba tan aturdida que apenas lograba enfocar mi visión, sin embargo, un fuerte dolor en mi vientre me hizo acordarme de la única cosa que me importaba, porque aquel bebé me importaba, Edward — dijo sollozando —, me daba igual si Demetri me apoyaría o no, yo ya lo amaba, lo amaba por los dos, hablaba con él todos los días, le decía que estaba feliz por su llegada… Estaba planeando dejar a Demetri y hacer cargo de mi bebé sola, pero lo perdí — sollozó nuevamente, su rostro bañado de lágrimas —, lo perdí por la irresponsabilidad de mi ex novio, y lo quería tanto — otro sollozo escapó de su garganta —, era un pedacito mío, soñaba con ver mi barriga hinchándose con su crecimiento, con poder sentir sus pataditas — suspiró, tomando aire. — En ningún momento deseé no estar embarazada, Edward, pero mismo así, me lo quitaron, me quitaron la oportunidad de ser su madre, de verlo crecer, de amarlo y cuidarlo, ni siquiera pudieron intentar salvarlo, lo perdí todavía allí en aquel maldito coche, lo sentí, sentí como se iba de mi cuerpo — sollozó, su rostro totalmente cubierto de lágrimas, sus ojos contenían una tristeza que jamás imaginé ver alguna vez.
Rápidamente la envolví en mis brazos y dejé que ella se desahogara llorando sobre mi pecho. Ella se aferró a mí y lloró, lloró mucho y cada sollozo, cada hipido suyo me dolía de una manera desgarradora. Al ver que su llanto no se detenía, la tomé en brazos y la puse sobre mi regazo y la abracé con todo mi amor, con toda mi alma; ella se aferró más a mí, estremeciéndose. Dejé un beso sobre su cabeza y le dije: — Estoy aquí, Bella, estoy aquí, mi amor. Llora todo lo que necesites, deja salir el dolor, nena.
Y ella lloró, lloró hasta quedarse dormida en mis brazos; la cargué hasta su habitación y tras quitarle los zapatos la arropé en su cama, era bueno que hoy estuviera vistiendo una blusa premamá confortable y unos leggins. La contemplé dormir hasta que empecé a oír los quejidos de nuestra hija, fui hasta su habitación y ella se calmó al verme, la tomé en brazos para tranquilizarla.
— Shhh… pequeña preciosura, mamá necesita descansar, sé que tienes hambre, pronto te daré tu leche — ella me escuchó con atención y por algunos minutos estuvo quieta entretenida con los juguetes de su silla mecedora, donde la había dejado mientras ponía a calentar en agua tibia uno de los envases con leche materna que Bella tenía en su congelador. A pocos días atrás ella me había enseñado como hacerlo, ya que pronto ella volvería a su trabajo y yo me quedaría con nuestra hija desde el final de la tarde hasta entrada la noche.
Le di a Maddie su biberón con la leche calentada, le saqué los gases, y como Bella ya la había bañado antes de salir de casa, solamente le cambié el pañal y le puse un pijama amarillo con el dibujo de un oso durmiendo sobre una media luna. Mi hija, como siempre, protestó a la hora de cambiarse, pero su irritación no fue más allá de algunos gruñidos enfadados y lloriqueos bajitos. Cuando terminé de cambiarla, me senté en la mecedora y le recité bajito una poesía en español, la otra vez que le recité un poema ella se quedó tan relajada mientras me oía decir algunas estrofas en español, que terminé buscando en internet poemas para bebés en este idioma, e igual que la primera vez, ella se quedó prendada de mi rostro mientras yo le recitaba la tierna poesía:
El sueño ha venido a visitar a mi niña.
Y detrás de las orejas le hará cosquillas.
— ¡Ay! ¡Ay! Que no quiero dormir.
¡Ay!, que no quiero soñar con los luceros.
El sueño ha venido a buscar a mi niña.
Y le llevará en su concha de nácar.
— ¡Ay! ¡Ay! Que no quiero dormir.
¡Ay!, que no quiero soñar con más luceros.
El sueño ha traído a mi niña su collar de lágrimas.
— ¡Ay! Que si quiero, que si quiero.
Soñar y soñar tus sueños.
(N/A: El poema se llama "El sueño" y pertenece al libro "Nanas y poemas" de Lucía Solana Pérez)
Despacio le recité el poema mientras nos mecíamos, en la tercera vez de hacerlo sus párpados empezaron a cerrarse y abrirse, hasta que se mantuvieron cerrados, me quedé algún tiempo más en la mecedora hasta estar seguro que no se volvería a despertar por el momento. Cuando finalmente estuve seguro de que no volvería a despertase, me levanté, pero no la dejé en su cuna, en cambio, la llevé hasta la habitación se su madre y la acomodé en la minicuna que estaba allí, a Bella le haría bien despertarse y ver a nuestra hija a su lado. Di la vuelta a la cama y después de quitarme los zapatos, me senté con la espalda recargada contra la cabecera.
Allí, observándolas, empecé a reflexionar sobre todo lo que Bella me reveló. Cuánto sufrió ella por estar al lado de un ser tan egoísta; me pregunté cómo un hombre podría estar a tanto tiempo al lado de una mujer, conocer y compartir la vida con ella por cinco largos años, para luego dañarla de una manera tan cruel, y tratar con tamaña indiferencia la noticia de su inminente paternidad, poner en riesgo la vida de ella y de su propio hijo no nacido al manejar como un loco descontrolado. Y el muy caradura todavía tuvo el atrevimiento de hablar a Bella utilizando aquel tono irónico, menospreciando el hecho de que ella había logrado ser madre. Si en aquel momento ya supiera la verdad acerca de lo que sucedió entre ambos, lo había hecho tragar sus malditas palabras malintencionadas. Era mejor que él no volviera a cruzar nuestro camino, porque le quitaría del rostro aquella sonrisa burlona.
En algún momento entre reflexionar y contemplar el sueño de mis chicas debo haber quedado dormido, pues me desperté de pronto al escuchar el sonido de un llanto, un llanto adulto. Era Bella que lloraba en sueño, y entre sollozos decía: — No... mi bebé... mi bebé se fue...
— Bella, despierta, preciosa, es solo un sueño — le dije mientras con cuidado le tocaba el rostro para despertarla. Sus ojos se abrieron de pronto, una mirada llorosa, dolida y asustada se enfocó en la mía.
— Edward… — suspiró ella y se abrazó a mí llorando. — Odio recordar… hace que me sienta como si estuviera viviendo toda aquella pesadilla nuevamente — musitó contra mi cuello.
— Lo siento, nena, siento tanto que tuvieras que pasar por algo tan doloroso — le dije, mientras mi mano bajaba y subía por su espalda en un intento de calmarla.
De pronto ella se puso rígida y se apartó de mí.
— ¿Maddie? — Cuestionó con preocupación.
— Está dormida al otro lado de la cama — dije acariciando su rostro, secando con mis dedos los rastros que las lágrimas habían dejado allí.
Ella rápidamente se giró en la cama y suspiró al ver a nuestra hija durmiendo tranquilamente.
— Mi muñequita… mi bebé… me quitaron un angelito, pero los cielos te pusieron en mi camino, me dieron otro angelito para amar y cuidar — suspiró, inclinándose sobre la minicuna, acariciando con su nariz la frente y el rostro de Maddie.
Cuanta amargura llevaba Bella en sus adentros, quien la mira jamás diría que cargaba con tamaño dolor. El alma puede estar rota de muchas maneras sin que el involucro externo lo demuestre, por detrás de un cuerpo, de una sonrisa, de una mirada dulce, o de una actitud engreída o antipática, puede existir un sufrimiento latente arraigado en el rincón más profundo de nuestro ser, es por eso que al prejuzgar a alguien por determinadas actitudes hacemos tantas evaluaciones equivocadas, porque solamente miramos a la apariencia externa de una persona, aquello que ella se permite mostrar a los demás.
— No le di el pecho — dijo volviendo su rostro hacia mí.
— No te preocupes, calenté la leche que estaba en el congelador, después le cambié el pañal y la mecí hasta que se durmió nuevamente.
— Gracias…
— No tienes que agradecerme — dije y me aproximé de ella —, estoy y estaré aquí para cuidarlas siempre, ustedes son mi prioridad.
— Te amo, Edward, tanto, tanto que no hay palabras que puedan expresar lo mucho que te quiero — declaró, alzando una mano para tocar mi rostro.
— Yo también, Bella. Te amo con todo lo que soy, en cuerpo y alma.
Ella me dio una mirada ilusionada y visiblemente emocionada, una sonrisa dulce, su sonrisa enamorada, se asomó en su rostro, como el sol se asoma en la colina, iluminando todo a su vuelta. Ella se inclinó hacia mí, nuestros labios se encontraron y en una demostración de amor bailaron al ritmo de un vals, con dulzura, entrega y sentimiento.
Después Bella se acurrucó sobre mi pecho, su mano descansado sobre mi costado, yo peinando su pelo con mis dedos, ambos mirando a nuestra bebé que dormía con una pequeña sonrisa dibujada en sus labios.
— Cuando acepté adoptar a Maddie — dijo Bella tras algunos minutos de silencio — no la vi como una substituta de mi bebé, ni siquiera me acordé de eso en el momento, estaba tan preocupada en no dejarla ir para un centro de acogida; quería que ella pudiese tener lo que yo no tuve en mi niñez, una mamá. Fue tan sólo cuando finalmente la traje a casa que pensé que de alguna manera Dios había unido nuestras vidas, yo, una madre sin bebé, ella, una bebé sin madre.
La abracé más fuerte y dejé un beso sobre su coronilla.
— Ustedes se necesitaban, Bella. La gente suele decir que Dios escribe derecho sobre líneas torcidas, yo creo que Dios escribe derecho, pero el libre albedrío de los seres humanos es que tuerce a los caminos de Dios, pero al fin y al cabo Dios nos conduce hacia nuestros destinos. Fue el libre albedrío de tu ex novio que te dañó y no Dios, fue el hecho de que decidiera manejar como un loco poniendo en riesgo la vida de ambos y del bebé que cargabas en tu vientre que terminó por causar el accidente y la pérdida de tu hijo — expuse.
— Confieso que hubo un tiempo, cuando el dolor me nubló la razón, en que sentí rabia de Dios por permitir que aquello se me pasara. Mientras todavía estaba en el coche, aturdida por el dolor, le rogué, le hice mil plegarias para que salvara a mí bebé, pero al fin lo perdí y con él mi confianza en el Creador. Sólo pude restablecer mi confianza en Él cuando mi padre, tras tres meses de lo sucedido, fue a visitarme, unas de sus muchas visitas desde que el hospital lo llamó para decirle que fui ingresada allí, él era uno de mis contactos del seguro, el otro era Demetri — rió sin humor —, mi papá tuvo una charla muy parecida a esta que estamos teniendo ahora, me dijo casi lo mismo que tú, sin embargo, utilizó lo que se pasó a mi madre como ejemplo, un conductor borracho nos la quitó de nuestras vidas, Dios no tiene poder sobre las elecciones de la gente, Él nos concedió el derecho de hacer nuestras propias elecciones, sean éstas buenas o malas y tenemos que pensar que estas elecciones pueden repercutir tanto en nuestras propias vidas como en la vida de la gente a nuestro alrededor. La elección del conductor de ponerse al volante estando ebrio causó la muerte a mi madre, y Demetri tomó la misma decisión, aunque creo que él estaba más enojado que ebrio, pero al fin y al cabo su actitud impulsiva e irresponsable me quitó a mi bebé y podría haber quitado mi vida, nuestras vidas. Fue sólo cuando pude comprender eso que empecé a superar mi pérdida, no sé si todavía la he superado, pero ya no pienso en ella con tanta frecuencia y mi fe, aunque no soy una persona que frecuenta a la iglesia, se hizo más fuerte.
— ¿Qué pasó con Demetri — escupí el nombre — mientras tú estabas desesperada dentro del coche?
— Estuvo inconsciente todo el tiempo mientras yo rogaba por auxilio, los conductores de otros coches se detuvieron a ayudar, pero por el golpe directo en mi puerta ésta se retorció y se quedó totalmente trabada, los del rescate tuvieron que utilizar un cortador hidráulico para abrirla.
— Él ni siquiera tuvo las agallas de intentar disculparse — musité entre dientes.
— Después del accidente mi padre me trajo a Forks, me quedé un mes en su casa recuperándome, pero yo tenía que volver, debía terminar mi maestría, y fue lo que hice, volví a Seattle. No sé lo que mi padre hizo, pero Demetri no se acercó a mí ni mientras estaba en el hospital ni después. Mi papá, cuando yo todavía estaba ingresada en el hospital, fue quien cuidó de empacar mis cosas que estaban en su apartamento. Tras mi tiempo de recuperación en Forks, cuando llegó el momento de volver a Seattle, Charlie me ayudó a encontrar un pequeño apartamento cerca del centro académico y yo me dediqué de lleno a mi trabajo en el hospital y a mis estudios, eso me ayudó a manejar mis recuerdos dolorosos para poder seguir adelante, en seis meses logré terminar mi maestría y fue cuando apareció la oportunidad de trabajar en Forks, no dudé, envié mi currículo y fui acepta. Entregué mi renuncia a mi cargo en el hospital de Seattle y dentro de un mes logré trasladarme definitivamente a Forks — me contó y tras un respiro añadió: — Hoy fue la primera vez que vi a Demetri, tal vez por eso haya reaccionado tan mal, verlo me hizo acordarme de todo lo que sufrí mientras estaba atrapada dentro del coche, si estuviera más preparada emocionalmente le habría dicho un par de cosas, pero la sorpresa de verlo, y que en aquel momento todos los recuerdos emergieran en mi mente fue demasiado para mí.
— Es comprensible, Bella, no tienes por qué explicarte.
— Gracias por apoyarme — murmuró y la sentí dejar un beso sobre mi pecho.
— Siempre te apoyaré, Bella.
— Te amo… — dijo despegando su cabeza de mi pecho para mirarme a la cara.
— También te amo, Bella, con todo lo que soy — suspiré contra sus labios. La besé, un beso profundo, lento y dulce; saboreé sus labios, nuestras bocas se reconocieron, nuestras lenguas se entrelazaron, se amaron.
— Ummm… — suspiramos al mismo tiempo cuando por fin interrumpimos el beso.
Ella se acurrucó sobre mi pecho nuevamente y yo la envolví con mis brazos, hundí mi rostro en su pelo y ella al sentir mi cariño suspiró.
— Ya es tarde, por qué no te duchas, para quitarte definitivamente toda la tensión, mientras tanto hago algo para nosotros comer — le sugerí.
— Pensé que lo único que sabías hacer era descolgar el teléfono y pedir la comida, señor Cullen — dijo en tono juguetón y percibí que ella estaba intentando volver a nuestra habitual normalidad.
— También puedo hacer unos bocadillos muy buenos, señorita Swan — le contesté y sin que ella esperara nos giré, quedándome encima de ella, ataqué su cuello dejando un camino de besos desde su mandíbula hasta el inicio de su escote, ella se reía por las cosquillas de los incipientes pelos de mi barba todavía por afeitar. — Soy muy bueno en otras cosas también, señorita Swan — le dije de manera sugestiva.
— Palabras, palabras… — me retó ella.
— Serán hechos muy pronto — le garanticé y dejé un beso breve sobre sus labios —, ahora ve a ducharte que voy a ver lo que puedo hacer para nosotros — le avisé, apartándome de ella.
En su cocina encontré lo suficiente para hacer unos bocadillos, había pan, queso blanco, jamón de pechuga de pavo y una conserva de tomates secos en aceite de oliva. Hice tres grandes bocadillos, dos para mí y uno para ella, los dejé un minutito en el microondas; en la heladera encontré una jarra de jugo de naranja, serví dos vasos y los dejé sobre la encimera, cuando estaba retirando los bocadillos del microondas Bella entró en la cocina con el pelo suelto, vistiendo un pijama gris, la blusa era de tirantes delgados y un encaje blanco recorría el camino alrededor del escote, llevaba también unos shorts que le llegaban por encima del medio de sus muslos, y así como en la blusa, el encaje blanco recorría el camino del barrado de la pieza. Ella se veía sencillamente hermosa, una mezcla entre romántica y sensual; la tela del pijama se adhería en los sitios ciertos de su figura, realzando sus senos altos y llenos, la cintura delgada y los muslos blancos y firmes.
— ¿Estás tentándome, Swan? — Le pregunté mientras disfrutaba de la vista.
— No, ¿pero lo conseguiría si lo intentara? — Me devolvió acercándose a mí.
Amaba la manera como a veces ella se volvía descarada e insinuante.
— Ah, nena — dije atrayéndola hacia mis brazos —, ni siquiera tienes que intentarlo.
— Me alegra saberlo — dijo poniéndose de puntilla para dejar un beso en mis labios. — Podemos comer ahora, esto huele de maravilla, Edward — cambió de asunto como si nada, poniendo cara de niña buena, haciéndome reír.
— Por supuesto, amor — dejé un beso en su sien.
Bella se comió todo el sándwich y me dijo que yo era oficialmente su preparador de bocadillos.
— Cuando quieras, preciosa — le contesté guiñándole el ojo, mientras retiraba de la encimera nuestros platos y vasos.
— Ya hiciste la comida, Edward, yo lavo los utensilios — empezó a decir mientras se levantaba de su banco.
— No, señorita, quédate ahí. Te estoy mimando, así que déjame hacerlo, porque lo disfruto haciéndolo — me incliné sobre la encimera y besé sus labios. — Tengo que ducharme y cambiar esta ropa — le avisé mientras me apartaba de ella para empezar a lavar los platos y copos que utilizamos.
— Hummm… ¿Vuelves?
— Sí.
— Hummm… ¿Edward? — Ella se veía adorable debatiéndose entre decirme algo o no.
— ¿Qué, nena? — Dije tomando su mano que jugueteaba con una servilleta de papel que estaba sobre la encimera.
— Podrías… ¿podrías dormir conmigo esta noche? — Preguntó tímidamente, su mirada insegura.
— Por supuesto, preciosa, aunque no me lo pidieras no te iba dejar a dormir sola después de lo de hoy.
— Gracias.
— Por nada, amor. Siempre que me necesites estaré contigo, y si no percibo que me estás necesitando tan sólo dime, Bella, pues ni siempre podemos adivinar las necesidades del otro.
Ella asintió y entonces fue su vez de inclinarse sobre la encimera y tomarme de la nuca para poder acercar su rostro al mío.
— Te amo — suspiró antes de regalarme un beso dulce.
— Yo también, nena.
Lavé los trastos y fue a mi apartamento a ducharme. Tras una ducha que relajó mis nervios tensionados por todas las revelaciones hechas por mi novia, vestí unos bóxes negros y un conjunto chándal azul oscuro y tras cepillar mis dientes volví para el apartamento de Bella. Por suerte el día siguiente era sábado y yo no tenía que ir a trabajar, así que aprovecharía para estar todo el día con mis chicas, y para estar principalmente pendiente de Bella, sabía que el hecho de que ella compartiera conmigo el día más oscuro de su vida la había afectado, más allá, tal vez, de lo que ella me dejaba ver.
Cuando entré en su apartamento, lo hice sin llamar, ya que ella había dejado la puerta sin el seguro a mi espera, la encontré acurrucada en el sofá con la mirada perdida en la nada. Inspiré hondo y cerré mis puños con ganas de darle una paliza al imbécil de su ex novio, qué tipo frío y egoísta, hizo todo lo que le hizo a Bella, desde la presión psicológica de culparla por el embarazo, la implícita sugestión de que hiciera un aborto y luego para coronar sus estupideces, lo del accidente, y en el día de hoy no demostró ni una pizca de arrepentimiento.
— Volví, nena — dije aproximándome de ella cuando ya estaba más controlado, ella ni siquiera se había percatado de que yo ya estaba en su sala. — ¿Vamos a ver a nuestra hija? — Le pregunté tendiendo mi mano para que ella se levantará, sabía que Maddie sería la mejor distracción en estos momentos.
Ella me sonrió tímidamente, y tomó mi mano. De la mano entramos en su habitación, nuestra bebita dormía tranquilamente, el rostro vuelto hacía el lado de la cama, los bracitos hacía arriba, la mano derecha estaba cerca de su coronilla y la izquierda cerca de su rostro, su pancita redonda subía y bajaba al ritmo de su respiración, a veces se revolvía un poco, pero volvía a la misma posición.
— Se despertará dentro de poco — musitó Bella —, lleva durmiendo casi tres horas por lo que me dijiste — asentí. — Tengo que darle el pecho, los tengo demasiado llenos.
— ¿No es preferible que te saques la leche si ya te está incomodando? — Pregunté.
— Prefiero esperar a que se despierte, necesito sentirla junto a mí — suspiró, en su mirada podía ver la ansiedad y necesidad que tenía por conectarse con nuestra hija.
— Como quieras, nena. Ven, vamos acurrucarnos en tu cama mientras esperamos a nuestra niña despertar de su sueño.
Me senté en su cama en la posición semisentado, con mi espalda contra la cabecera de la cama, ella se acurrucó a mi costado, dejando su rostro sobre mi pecho, una de mis manos le acariciaba la espalda, mientras la otra la tenía enlazada con la de ella sobre mi estómago. Seguimos así, en silencio, disfrutando de la cercanía de nuestros cuerpos, del contacto de nuestras manos, hasta que cerca de veinte minutos después Maddie empezó a emitir pequeños quejidos, haciendo que Bella se apartara de mí a la velocidad de la luz.
— Shhh… muñequita, mamá está aquí — le musitó ella con cariño, mientras la tomaba en brazos. Mi hija se calló al mirarla, su mirada prendida a la de su madre, una sonrisa se dibujó en sus labios mostrándonos sus encías rosadas desprovistas de dientes todavía, lo que logró sacar de Bella la primera sonrisa sincera y hermosa de esta noche.
Sabiendo que Bella necesitaba estar con los dos y yo con ellas, me deslicé hacia el medio de la cama, listo para poner en práctica un deseo que a mucho me sondeaba la cabeza.
— Ven aquí, Bella — la llamé.
Ella me miró y sonrió, comprendiendo mi idea. Ella con cuidado se deslizó entre mis piernas y recargó su espalda contra mi pecho, su cabeza quedando apoyada sobre mi hombro izquierdo, dejándome libre el lado derecho para poder ver a ella y mi hija. Envolví un brazo alrededor de su cintura, justo bajo el lugar donde sus brazos enlazados sostenían a Maddie. Con mi mano libre acaricié la mejilla de mi niña y una sonrisa ligera y placentera se asomó en su rostro, enseguida ella empezó a buscar el seno de su madre, restregando su rostro contra el tejido de la blusa del pijama de Bella. Mi novia bajó el tirante de su blusa, dejando su seno al descubierto, y utilizando los dedos pulgar e índice ella le ofreció el seno y mi hija lo tomó con avidez, envolviendo casi por completo la areola del seno de Bella. Maddie succionaba con fuerza y como era su costumbre, dejó su pequeña mano regordeta sobre la piel del seno de su madre, abriéndola y cerrándola con suavidad, los ojos clavados en el rostro de Bella.
Dejé un beso en la sien de mi novia, que al sentirme acurrucó su cabeza en el hueco entre mi cuello y hombro, en silencio disfrutamos de aquel momento mágico y relajante para todos nosotros. Como Bella tenía ambos senos muy llenos, dejó que nuestra hija succionara algunos minutos de su pecho derecho y después la cambió al izquierdo, para enojo de nuestra hija que, disgustada de ser apartada de su fuente de alimento, puso el grito en el cielo mientras Bella destapaba el otro pecho. Así que ella lo ofreció mi hija lo tomó, aferrándose con ganas a él. Bella y yo nos reímos, ella era una pequeña glotona.
Cuando Maddie estuvo satisfecha Bella me la pasó para que siguiera con nuestra rutina, así que le saqué los gases, le cambié el pañal y la mecí por cerca de cuarenta minutos hasta que volvió a dormirse, la dejé en la minicuna al lado de la cama de Bella, apagué la luz y encendí la lámpara de la mesilla de noche y me acosté junto a ella en la cama.
— A dormir, señorita — le dije dejando un breve beso en sus labios —, las cuidaré.
Ella asintió.
— Buenas noches, amor — suspiró acurrucándose contra mí, ambos estábamos de costado, con el rostro hacia el otro.
— Buenas noches, preciosa… — susurré pasando un brazo sobre su cintura acercando su cuerpo hacia el mío.
Y esa fue la primera noche que dormí con Isabela Swan, la madre de mi hija, mi novia, mi amor.
¿Tengo alguna lectora deseando matar a Demetri? Bueno, ya sabemos lo que le sucedió a Bella, y algunas de ustedes supieron analizar las pistas que dejé desde el primer capítulo y sus teorías dieron en el clavo. Espero haber mezclado bien las emociones de este capítulo, el dolor de Bella, el amor y el cuidado de Edward para con ella, la complicidad que existe entre los dos y la ternura de Maddie. ¿Qué les pareció?
Aprovecho para decirles que me tomaré un descanso de una semana y que las actualizaciones volverán a la normalidad el jueves, 12 de enero.
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¡Feliz Año Nuevo, chicas! Qué 2017 sea un año que nos traiga muchas bendiciones a nuestras vidas. Saludos llenos de cariño, ¡gracias por leerme!
