¡Hola, chicas! Aquí estoy para dejarles el capítulo 18, y aprovecho para contestar a la pregunta de una lectora que quiso saber cuántos capis tendrá la historia, pues, yo creo que entre 25 o 28 capítulos. ¡Buena lectura!
Capítulo revisado innúmeras veces, pero soy humana, así que, de antemano, disculpen cualquier error que se me haya escapado.
Disclaimer: La saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer, yo solamente me divierto con sus personajes, ya que me enamoré de ellos. Esta historia es una idea mía y ahora la comparto con ustedes.
Capítulo 18 — En cuerpo y alma
POV Edward
Mi noche con Bella fue agitada, ella durmió de manera tranquila durante un par de horas y yo también, la sensación de tenerla durmiendo entre mis brazos, compartiendo la misma cama, con nuestra hija a nuestro lado, me hizo sentirme completo y así que ella se durmió yo la seguí en sueño con esa deliciosa sensación de contentamiento en el pecho, pero también con algo de preocupación por el estado emocional de Bella tras contarme todo lo sucedido. Desperté horas después al oírla lloriquear entre sueños.
— Mi bebé… mi bebé… se fue… — y segundos después añadió: — Maddie… Edward… no… ustedes no… — lloriqueó más fuerte, pero sin despertarse.
La envolví en mis brazos y le susurré palabras tranquilizantes al oído.
— Es sólo un sueño, mi amor, nuestra hija y yo estamos aquí a tu lado — de alguna manera mis palabras parecieron penetrar en su subconsciente y ella se calmó, acurrucándose contra mí. Cambié de posición, quedándome boca arriba y la atraje a mi pecho, ella ni siquiera se inmutó por el cambio de posiciones, rodeó uno de sus brazos alrededor de mi cintura y tal cual una gatita perezosa que se acomoda sobre su almohadón preferido, ella se acomodó sobre mi pecho suspirando feliz y relajada nuevamente. Con ella durmiendo tranquila sobre mi pecho volví a dormir para despertarme cerca de una hora y media después, Maddie lloriqueaba desde su minicuna, Bella ya estaba por tomarla en brazos, restregué mis manos sobre mi rostro en un intento de combatir el sueño, mientras mi novia exponía su seno y le ofrecía a nuestra hambrienta niña. Gateé por la cama hasta poder sentarme con la espalda apoyada en la cabecera en el lado opuesto de la cama.
— Ven, aquí, nena — le susurré al oído, atrayéndola hacía mí, para que pudiera descansar contra mi pecho —, estás agotada — dije acariciando su rostro con signos evidentes de cansancio.
— Lo estoy — suspiró inclinando su rostro hacia mi mano.
A Maddie le tomó algo de tiempo alimentarse, tanto que mi novia estaba casi dormida con ella todavía pegada a su pecho.
— Ahora vuelve a dormir, amor, yo cuidaré a nuestra hija — le dije cuando ella hubo terminado de amamantarla.
— No se dormirá ahora, Edward, son las tres y media, si se duerme a las cinco será algo rápido — me avisó, en tono soñoliento.
— No te preocupes, anda ve a dormir, si te necesitamos te llamo — dejé un beso en su frente y tomé a nuestra hija de sus brazos.
Llevé a Maddie hasta su habitación y le cambié el pañal, oyendo sus lloriqueos y gruñidos; estaba cierto de que si ya pudiera hablar escucharía de sus labios algo como un "te odio, papi", que es la frase cliché de todos los niños cuando están enfadados con sus padres. Ella lloró tanto que su rostro regordete su puso totalmente rojo, pero Bella agotada en todos los sentidos y con un subconsciente tranquilo, pues sabía que yo la estaba cuidando, pareció no oír sus lloriqueos, sino hubiera venido a toda prisa por ella.
— Ya, pequeña preciosura — la acuné contra mi hombro tras vestirle nuevamente el pijama —, ya pasó, no comprendo por qué tienes que ser tan gruñona con eso — susurré acariciando su espalda de manera tranquilizante, ella escondió el rostro contra mi cuello, su cabello haciendo cosquillas en mi barbilla, mientras todavía profería algunos quejidos. Empecé a recitarle las mismas poesías que le había recitado antes, mientras caminaba de un lado a otro de la habitación, sintiendo su perfecto olor a bebé; cerca de media hora después ella estaba calmada, pero seguía muy despierta, la acuné entre mis brazos y me senté en la mecedora de su habitación, sus grandes ojos verdes de pestañas largas me miraban con ilusión y una sonrisa desdentada fue mi perdición.
— No te vas a volver a dormir, verdad, Maddie — ella me sonrió nuevamente y sin poder resistir a su encanto, la atraje hacia mi rostro y dejé besos sobre su pancita y gané algunos chillidos felices como recompensa. — ¿Qué hacemos tú y yo a esta hora de la madrugada, eh, pequeña? — Suspiré, volviendo a mirar su rostro sonriente y su mirada despierta.
Sin saber qué hacer, hice la única cosa que sabía la mantendría quieta, meciéndonos en la mecedora le recité todos los poemas que me acordé, tanto en español, como en inglés, media hora después ella seguía despierta mirándome con atención, muy contenta de que le estuviera dando atención.
— Papá necesita ir al baño — le dije mientras la dejaba un rato en su cuna —, sé buena, pequeña preciosura —, ella me miraba fijamente con el rostro serio el ceño fruncido, vi como sus labios empezaron a arrugarse para formar un puchero, la distraje unos segundos mostrándole los ositos voladores del móvil sobre su cabeza, cuando ella pareció estar entretenida me apresuré y fui al baño. Estaba lavando las manos cuando empecé oír sus gruñidos y quejidos de disgusto.
— Ya, ya… — la calmé tomándola en brazos —, papá ya está aquí — la arrullé por algunos minutos hasta que ella estuvo calmada nuevamente. — Creo que a tu mamá se le olvidó decirme lo cuán exigente eres por la noche — suspiré, volviendo a sentarme en la mecedora, bostezando mientras veía su risueño rostro de niña buena. — Eres peligrosa, mi pequeña manipuladora — a ella le hacía gracia cada vez que le hablaba con el tono de voz serio y como consecuencia me regalaba otra sonrisa desdentada.
Por más de cuarenta minutos estuve meciéndola y cuando pensé que finalmente ella había vuelto a dormirse, me equivoqué, pues así que la dejé en la cuna sus ojos se abrieron y ella empezó a lloriquear, la tomé en brazos nuevamente. Tenía mucho sueño, ya era cerca de las cuatro de la mañana y mi hija me miraba con sus despiertos ojos verdes, me acordé que la música clásica la calmaba, prendí el reproductor en un volumen muy bajo, la puse sobre mi hombro y empecé a bailar por toda la habitación con ella, mientras disfrutábamos de la melodía tranquilizante, si me quedaba sentado probablemente dormiría con ella en mis brazos.
— Se durmió, Edward — oí decir en tono suave y soñoliento Bella, me volví y me encontré con ella recargada contra el umbral de la puerta.
— ¿Estás ahí a mucho tiempo? — Le pregunté en tono bajo.
— Cerca de diez minutos, déjala en la cuna, no creo que vuelva a despertarse ahora.
Hice lo que ella me dijo, ambos esperamos algunos minutos, observando a nuestra hija dormir, y cuando estuvimos seguros que se había rendido al sueño dejamos la habitación, llevando la niñera electrónica con nosotros. Bella tiró de mi mano hasta que llegamos a su habitación, nos tumbamos y yo la rodeé con mis brazos, ella se giró dándome la espalda, dejando su brazo caer sobre el mío que rodeaba su cintura.
— Ummm… jamás dormí en esta posición… — suspiró refiriéndose a la posición de cuchara en la que nos había acomodado —, hacía tiempo que deseaba que pudiéramos hacerlo — confesó.
Hundí mi rostro en su cuello, aspirando su olor y dejando un beso en el lugar.
— Siempre que lo desees, nena, con tal de que estés entre en mis brazos, la posición es perfecta para mí.
— Para mí también — musitó acomodando su espalda contra mi tronco. Dejé un último beso en su coronilla y enseguida dejé que el sueño se adueñara de mí.
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Pasamos un fin de semana en familia, cuidando a nuestra hija, jugando, saliendo a pasear y a visitar a mis padres. El domingo también dormir con Bella en su apartamento, y pude nuevamente estar con su cuerpo pegado al mío durante gran parte de la noche, pues Maddie nos despertó algunas veces, separándome del cuerpo suave y caliente de mi novia. Estar tan cerca de ella despertó en mí el hombre sediento de sexo y loco de deseo por mi preciosa novia, sin embargo, logré controlarme, no quería que nuestra primera vez fuese una consecuencia de lo que le provocó el encuentro con su ex novio, no quería que ella hiciera el amor tan sólo para borrar el dolor que lo sucedido había traído a la luz.
El lunes volvimos a nuestra rutina y yo no volví a dormí con Bella, era mejor no tentar a mi frágil autocontrol. El miércoles por la tarde me sorprendí con la visita de Charlie en mi trabajo.
— Hola, Edward — me saludó él, cuando tras ser anunciado por Bree le concedí permiso inmediato para entrar en mi despacho.
— Charlie, ¿sucedió algo? — Cuestioné preocupado.
— No, hijo, tranquilo, solo deseaba hablar contigo en un lugar en que Bella no se diera cuenta de nuestra conversa.
— Vamos a sentarnos en el sofá, por favor — le indiqué el sofá de tres plazas que había en la lateral izquierda de mi despacho.
— Entonces, de qué quieres hablarme — le pregunté cuando estuvimos acomodados.
— Esta mañana visité a Bella y a mi nieta, mi hija me contó lo que sucedió el viernes pasado y también me dijo que te contó todo lo que le sucedió a casi dos años atrás.
— Sí, ella me reveló todo lo que le pasó tras encontrarnos con malnacido de su ex novio — le confirmé.
— Mi hija no quiso entrar en detalles sobre el encuentro en el aparcamiento del centro comercial, sin embargo, me pareció que ella me estaba ocultado algo, tan sólo me dijo que se encontraron y que ella reaccionó mal pues todos los recuerdos le vinieron encima al verlo.
— Probablemente estaba intentando no preocuparte, por eso te ocultó un par de detalles — le contesté.
— ¿Y qué detalles fueron esos? — Me instó él.
— Ella no lo vio, él la vio y la llamó, le habló con un tono despectivo, menospreciando el hecho de que ella lograra estar con una pareja y un bebé.
— Infeliz, malnacido… — escupió Charlie visiblemente alterado, cerrando sus puños con fuerza. — Le avisé para que jamás se acercara a ella nuevamente.
— Él se alejó cuando me interpuse y le pedí que respetara a Bella y a mi hija, me dirigió una mirada burlona, se despidió de Bella sin añadir ninguna palabra malintencionada más y se fue.
— Bella sufrió mucho por lo sucedido en aquella época, no por él, creo que su relación se trataba de algo demasiado cómodo, hubo pasión, pero no amor, sin embargo ambos estaban viviendo momentos demasiado intensos con respecto a la vida académica y laboral, terminaron por eso por regalarle a un según plan la vida sentimental, prefiriendo seguir en una relación cómoda que enfrentar a la situación de romper — me aclaró Charlie su punto de vista, y después de haber oído a Bella hablarme sobre su antigua relación, estaba seguro que su padre estaba en lo cierto.
— Bella de manera más sucinta me ha dicho lo mismo — le comenté. — ¿Qué sucedió tras el accidente? — Le pregunté, deseando conocer su percepción de los sucesos, ya que el miraba las cosas desde otra perspectiva.
— Manejé como un loco cuando me llamaron del hospital para avisarme que ella estaba internada. Cuando llegué el médico me dijo que ella estaba en estado de choque, pues había sufrido un aborto a causa del impacto entre los coches, yo ni siquiera sabía que ella estaba embarazada, así que al mismo tiempo que me enteraba de que iba a ser abuelo también supe que la posibilidad ya no existía — suspiró antes de seguir. — Ella también tenía una ligera conmoción cerebral porque en el momento del impacto dio con la cabeza contra la ventana del coche, estuvo tres días en el hospital en observación, estuvo soñolienta, quejándose de dolor de cabeza y con nauseas por dos días. Su ex novio también sufrió una conmoción cerebral leve; en la noche de su segundo día en el hospital fuimos avisados que él deseaba visitarla, Bella me imploró para que no lo dejara pasar, se puso muy nerviosa, yo simplemente pedí a la enfermera que le dijera que mi hija no estaba bien para recibir visitas todavía, la envolví en mis brazos para confortarla y fue cuando ella se desahogó, me contó entre sollozos todo lo le venía sucediendo desde que le contó sobre el embarazo, lo peor fue oírle narrar los terribles momentos en que estuvo dentro del coche perdiendo el bebé sin poder hacer nada y todo por culpa del hombre que la debía de haber cuidado, pero en cambio, la expuso al peligro con su actitud temeraria.
Así que mi hija se calmó y se durmió, descubrí en cual habitación estaba Demetri y fui a hablar con él. Le dije que ya sabía todo lo que sucedió desde que Bella le contó que esperaba un hijo y también que él con su imprudencia había arriesgado la vida de tres personas y la más frágil de estas vidas ya no estaría más con nosotros. Él ni siquiera se inmutó al oír sobre la pérdida de su hijo, siguió mirándome con el mismo semblante serio y atento. Le dije que se olvidara de Bella, que no se acercara más a ella, pues si lo hacía, si la volvía a dañar, el dañado sería él, pues yo me encargaría de eso. Aquella misma noche dejé una enfermera con Bella y utilizando sus llaves entré en el apartamento que ambos compartían y saqué a toda sus pertenencias que estaban allí. Cuando Bella tuvo el alta la traje a Forks hasta que ella se recuperó y decidió volver a Seattle para terminar su maestría. Descubrí un mes después que Demetri no sufrió ningún encargo a causa del accidente, pues para suerte de él, el motorista del otro coche no sufrió ningún rasguño e hicieron un acuerdo financiero que solucionó todo y así la cosa se olvidó.
— ¿Crees que Bella se ha recuperado de lo sucedido? — Le cuestioné — No digo por Demetri, sé que lo que tenemos nosotros es totalmente verdadero, pero no creo que ella haya superado la pérdida del bebé.
Charlie suspiró.
— Yo tampoco lo creo… ella estuvo en estado de choque en los primeros días, como ya te dije, pero después parecía que intentaba ocultar su dolor, se volcó en su maestría y en el trabajo en el hospital de Seattle, pero sé que a veces tiene crisis como la que tuvo tras ver a Demetri.
— Tal vez necesite de ayuda psicológica para superar la pérdida — observé.
— Sí, es muy probable, cierta vez lo mencioné, pero ella lo restó importancia. Tal vez si tú intentes proponerle, ella por lo menos piense sobre el tema.
— Encontraré el momento adecuado y hablaré con ella.
— Gracias, Edward.
— No me agradezcas, la amo, es mi deber cuidarla.
Él me sonrió.
— Eres tan protector cuanto yo era a tu misma edad cuando me casé con la madre de Bella. Pero ten en cuenta que ni siempre vamos a lograr proteger a aquellos que amamos, la vida a veces nos pone delante de situaciones que nos dejan sin la opción de poder hacer nada. No pude proteger a mi esposa del accidente que le arrebató la vida, no pude proteger a mi hija de sufrir el dolor de la pérdida de un hijo. Estar vivo y amar a alguien nos hace vivir en un riesgo constante de sufrir por aquellos que amamos o de hacerles sufrir.
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"[…] mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo de aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua."
(N/A: Fragmento extraído del libro "Rayuela" del escritor argentino Julio Cortázar)
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Era sábado, se había pasado una semana desde el encuentro con el ex novio de Bella, tras tres días de lo sucedido vi a mi novia empezar a volver a ser la misma que era antes del encuentro, en los anteriores tres días ella estuvo absorta en sus pensamientos, con el semblante triste y cansado, pero al final del tercer día cuando llegué del trabajo la encontré más relajada, suspiré aliviado pues su desanimo me tenía preocupado. Para el día de hoy había preparado una selección de actividades para estar todo el día junto a mis chicas.
— ¿Edward, adónde vamos? — Cuestionó mi novia, mientras subía en mi coche, Maddie ya estaba atada en su silla de seguridad en el asiento trasero.
— Les tengo una sorpresa, por ahora te puedo decir que vamos a casa de mis padres.
— Edward, Esme y Carlisle no están en casa, ¿se te olvidó este detalle? — expuso ella, como si yo estuviese padeciendo de algún tipo de amnesia momentánea, mi padre tenía que asistir a un congreso de obstetricia en Chicago y mi madre lo acompañó.
— No, Bella, tengo la copia de la llave, no vamos a ver a mis padres, vamos a su casa — le expliqué.
— ¿Y qué haremos allí?
— Sé paciente, nena, es una sorpresa, ya te dije.
Ella soltó un bufido impaciente y yo me reí. En el asiento trasero Maddie intentaba llevar a la boca un mordedor en formato de mano a la boca, Bella creía que sus dientes no tardarían mucho a empezar a nacer, a algunos bebés les salían temprano la primera dentición.
Cuando llegamos a casa de mis padres, ayudé a Bella a bajar del coche y después saqué a mi pequeña de su silla y la pasé a su madre, mientras yo me ocupaba de cargar con su gran bolso. Entramos a la casa y yo dejé el bolso sobre el sofá, enseguida puse mi mano sobre la espalda baja de Bella y la guié hasta el salón al otro lado de la habitación. Abrí la puerta y oí a Bella jadear a mi lado, sonreí, sin duda se había llevado una buena impresión. El espacioso salón, donde estaba mi piano de cola negro, estaba lleno de tulipanes rojos, en jarrones y floreros de cristal de distintos tamaños y modelos. Yo tuve la idea y mi madre consiguió arreglar todo antes de su viaje con mi padre. Los tulipanes eran las flores favoritas de Bella y el que fueran rojos tenía un significado muy especial.
— Sabes lo significado de los tulipanes rojos — le pregunté junto a su oído, la sentí estremecer contra mi cuerpo, ella dio la vuelta para mirarme a los ojos, su mirada era una verdadera profusión de sentimientos, alegría, emoción, anhelo.
— Amor verdadero… amor eterno — musitó.
— Sabes que te amo — ella asintió —, esta es mi manera de decirte que lo nuestro es para siempre, Bella.
Ella se puso de puntillas y acercó su boca a la mía, sin apartar nuestras miradas.
— Para siempre, Edward… — prometió contra mis labios, tan sólo envolví su nuca con mi mano, sin aproximar nuestros cuerpos demasiado ya que ella tenía a nuestra hija entre sus brazos, y la besé sellando nuestra promesa.
— Gracias, jamás olvidaré este día — me dijo cuando dejé nuestras frentes pegadas.
— Todavía no he terminado, preciosa, apenas he empezado con las sorpresas — le dije y la insté a acercarse al piano, me senté en el banco que era lo suficiente largo para dos personas y palmeé el asiento para que ella se sentara a mi lado. Sobre el piano también había un jarrón de cristal lleno de tulipanes rojos y un sobre blanco envuelto en una cinta roja. Bella lo miró y le hice señas para que lo cogiera. La vi deshacer el lazo y abrir el sobre, la cinta roja llamó la atención de Maddie que inmediatamente quiso atraparla y llevarla a la boca, nos reímos y Bella fijó su atención en la hoja de papel en su mano, sabía muy bien que palabras ella estaba leyendo en aquel momento: "Un concierto particular para mis preciosas mujeres. Las amo por siempre, Edward."
Bella me miró con ojos ilusionados y una sonrisa hermosa en sus labios.
— Una vez me dijiste que te gustaría oírme tocar, así que aquí va un concierto de piano para mis chicas preciosas — anuncié y empecé a tocar Clair de Lune de Debussy.
Miré el rostro de Bella mientras tocaba y ella parecía estar maravillada, Maddie estaba sentada sobre el regazo de ella, con la espalda recargada contra su estómago, mi hija estaba quieta acompañando los movimientos de mi mano sobre las teclas blancas del piano. Toqué cinco músicas más y me detuve al final de la quinta cuando sentí el rostro de Bella descansar contra mi hombro.
— Gracias… atesoraré este momento por toda mi vida — musitó ella, con un tono de voz emotivo.
— Te amo — dije simplemente, atrayendo su rostro al mío para besarla con suavidad —, jamás me cansaré de decírtelo — suspiré contra sus labios.
— Y yo jamás me cansaré de escucharlo — suspiró a su vez. — También te amo.
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Después del momento especial con el piano, llevé a Bella hasta la cocina donde ya había una canasta esperando a ser llenada.
— ¿Qué haremos ahora? — Cuestionó mi novia al verme sacar cosas del armario y de la heladera y dejar dentro de la canasta; después tendría que hacer un regalo especial a mi madre, en los últimos tiempos ella había hecho muchas cosas por mí.
— Un picnic en el patio trasero.
— ¿Cuándo pensaste en todo eso? — Quiso saber ella.
— Tuve la idea el miércoles, cuando mi madre me comentó que ella y mi padre viajarían el fin de semana. Esme me ayudó con los preparativos, ayer cuando te llamé para decirte que iba a llegar más tarde fue porque estaba aquí ayudándola con algunos detalles.
— En general no me gustan las sorpresas, pero ésta me encantó.
— La idea era esa, nena — dije robando un breve beso de sus labios.
— Engreído.
Me reí, feliz.
En el patio trasero, estiré el mantel sobre el césped bajo el mismo árbol donde nos habíamos sentado en los columpios para hablar por primera vez de nuestra relación como un hombre y una mujer. Bella se sentó sobre el mantel y acostó a Maddie boca arriba, mientras yo sacaba las cosas de la canasta, ella jugaba con nuestra niña que chillaba feliz, agitado sus piernitas, por los sonoros besos que su madre dejaba sobre su pancita. Comemos tranquilamente disfrutando de la naturaleza a nuestro alrededor. Cuando ya habíamos saciado nuestra hambre me tumbé al lado de Bella sobre el mantel, cargando a Maddie sobre mi pecho, allí nos quedamos admirando el cielo que aparecía entre el follaje del gran árbol que nos protegía, aprovechando así los suaves rayos solares de un día de verano en Forks. Hablamos sobre todo y sobre nada, nos reímos de las historias de nuestra niñez y nuestra adolescencia. Algún tiempo después Maddie empezó a refregar su rostro contra mi pecho, haciéndonos reír, me senté y la pasé a Bella que ya estaba con su blusa desabotonada, ella la acomodó en sus brazos y destapó la tela del sostén que cubría su seno, mi hija encontró su fuente de alimento y con ansias se aferró al pecho de Bella. Me levanté y me senté atrás de mi novia, contra el tronco del árbol, encajándola entre mis piernas y atrayéndola hacía mi pecho para que pudiera amamantar de manera más confortable. Aproveché la posición para hacerle caricias con mi nariz contra su cuello, aspirar el olor a fresa de su pelo suave y besarle la piel de atrás de su oreja, de su cuello y de su hombro. Ella se relajó totalmente contra mí, suspirando. Cuando Maddie le soltó el pecho yo tenía a mis dos chicas con semblante soñoliento, me reí, me levanté y tomé a Maddie para hacerla eructar.
— Vamos, amor, esta nena necesita un cambio de pañal y dormir su siesta de la tarde — le dije tendiendo mi mano libre para ayudarla a levantar.
Entramos a la casa y yo tomé el bolso de Maddie de sobre el sofá para llevarla hasta a la habitación de los niños, allí le cambié el pañal, y mi hija estaba tan soñolienta que ni siquiera profirió quejidos por estar siendo molestada por el cambio, la mecí unos pocos minutos en mis brazos y ella adormeció totalmente, la dejé en la cuna que antes había sido de mi sobrino y tomé el monitor de la niñera electrónica, tiré de Bella hasta mi antigua habitación.
— Necesitas dormir — le dije mientras la sentaba en mi cama y me ponía en cuclillas para sacar las bailarinas de sus pies. — Maddie te dio guerra por la noche, ¿verdad?
— Algo — reconoció, conteniendo un bostezo.
Terminé de quitar sus bailarinas y me saqué mis propios zapatos, me tumbé en la cama y la atraje a mis brazos.
— Duerme, nena, vamos a descansar por lo que nos queda de la tarde.
Ella asintió y se acomodó sobre mi pecho, escuchando y sintiendo su tranquila respiración terminé por dormir en algún momento mientras disfrutaba del placer que era sostener a Bella entre mis brazos.
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Cuando Maddie se despertó era cerca de las tres de la tarde, yo ya llevaba despierto algún tiempo, pero estaba muy confortable con Bella entre mis brazos para pensar en moverme, pero me aparté de ella tras oír los primeros gruñidos de nuestra hija. Con cuidado de no despertarla salí de la cama y llevé la niñera electrónica conmigo. Maddie seguía gruñendo bajito cuando me acerqué a su cuna para tomarla en brazos, al verme un tierno puchero se formó en sus labios rosados, tan pequeña y ya me tenía alrededor de su pequeño dedo meñique.
— Ya, pequeña preciosura, papá ya te tiene — le dije acariciando su espalda, ella todavía soñolienta y algo malhumorada escondió el rostro contra mi cuello, ni siempre se despertaba de buen humor, principalmente si no veía a Bella o a mí a su lado desde el momento en que abría los ojos. Bajé las escaleras y me acomodé en el sofá, como ella estaba algo inquieta, antes de bajar, tomé de su bolso el chupete que Bella siempre llevaba por si lo necesitaba, ella lo aceptó y pareció tranquilizarse.
— Mamá todavía sigue dormida, le diste guerra por la noche, ¿verdad? Ya habíamos hablado sobre eso antes, señorita — le dije seriamente y ella se rió, haciendo que el chupete cayera sobre mi regazo. — No me tomas en serio, ¿eh? — Ella volvió a reírse exponiendo sus encías sonrosadas y desdentadas, su mirada verde atenta a mi rostro. — Bueno, estamos sólo tú y yo, pequeña, ¿qué haremos? — Le dije acercándola a mi rostro para soplar sobre la piel de cuello, donde su aroma a bebé se concentraba, haciéndola emitir sus ruiditos felices, moviendo sus bracitos y piernitas regordetas. — Te amo, pequeña preciosura — suspiré acariciando su nariz con la mía, ella se quedó quieta con sus manitas en ambos lados de mi mejilla, el dibujo de una ligera sonrisa se asomó en sus labios —, eres la nena más hermosa, la más preciosa — dije acomodándola contra mi pecho y dejando que ella tomara una de mis manos para intentar llevar hasta su boca.
En un mes que llevaba con ella ya podía ver algunos cambios, su cabeza a cada día parecía tener más pelo castaño miel, aunque Bella me dijo que por lo general el pelo de los recién nacidos suelen caer, a Maddie no le pasó. Bella casi siempre le ponía un sencillo lazo, lo que la hacía verse adorable; ella también ya intenta sostener sola su cabeza y su cuerpo era cada vez más firme; había ganado algo de peso, viéndose más rellenita, lo que destacaba a sus adorables pliegues. Hoy ella vestía un lindo mameluco estilo marinero, con un ancla de tejido rojo pegada en el lado derecho de la pieza, unos zapatitos azul oscuro con un encaje blanco alrededor de toda la abertura de él y la cereza que coronaba su encanto era un lazo pequeño de cinta azul oscuro con una perla blanca en el medio, que sostenía hacia un lado un mechón de su pelo.
— Aquí están ustedes — dijo Bella desde el último escalón de la escalera.
— Hola, preciosa, estábamos esperando a que te despertara, mientras tanto estábamos teniendo algo de tiempo padre e hija. ¿Lograste descansar algo? — Pregunté mientras cambiaba a Maddie de posición, dejándola de pie sobre mi regazo.
— Sí, gracias, de verdad lo necesitaba — agradeció, sentándose a mi lado e inclinándose para dejar un beso en mis labios.
Asentí y aproveché nuestra proximidad para recoger la lateral de su rostro y su cuello con mi nariz.
— Ummm… — suspiró ella.
— Te amo — Murmuré contra su piel.
— Yo también — jadeó en respuesta y yo sonreí contra su piel. Adoraba provocarla, sus reacciones a mi cercanía me encantaban.
En este momento, nuestra hija, que estaba apoyada con sus pies sobre mi regazo y tenía su pequeño cuerpo apoyado contra mi pecho, profirió un gruñido lastimero, echándose hacia delante, dejando su cabeza entre Bella y yo. Nos apartamos y sonreímos al ver el tierno puchero en los labios de Maddie.
— Ah, mi muñequita, quiere atención — le dijo Bella tomándola de mis brazos, para llenar sus regordetas mejillas de besos y lo que antes era un gruñido lastimero se trasformó en una profusión de chillidos felices que llenaron a toda la habitación con su dulce sonido. Sonriendo las abracé.
— ¿Vamos para casa? — Le pregunté a Bella, cuando ella hubo terminado de amamantar a Maddie, era casi las cuatro de la tarde.
— El día está tan bonito, porque no damos un paseo por el parque y después volvemos a casa — sugirió a lo que yo acepté gustoso.
Tanto Bella como yo nos referíamos a nuestros apartamentos como la casa de ambos, desde que empecé a vivir en su mismo piso nos movíamos de un apartamento al otro con familiaridad, y cuando por fin decidimos empezar nuestra relación la cosa se hizo todavía más natural, y de la nada pasamos a llamar "casa" a los sitios en que ambos vivíamos por separado, pero que de alguna manera compartíamos. No sé decir en qué momento sucedió este acuerdo tácito, pero ambos estábamos cómodos con la situación.
Fuimos al parque, estuvimos allí por cerca de cuarenta minutos, caminando entre el tranquilo paisaje del lugar, aprovechando lo que quedaba del aquel raro día soleado de verano. Cuando llegamos al edificio, ya era hora del baño de Maddie, le sugerí a Bella que me dejara bañarla, mientras ella empezaba a preparar nuestra cena, ya que ella había insistido en cocinar algo para los dos para agradecerme por el día familiar que les había proporcionado. Bañé a Maddie y la arreglé, desde algunos pocos días atrás tanto su madre como yo, habíamos percibido que ella ya no se quejaba tanto al ser cambiada, la etapa difícil parecía estar pasando, después estuve algún tiempo con mi niña mientras Bella seguía en la cocina, pero cuando Maddie empezó a ponerse gruñona la llevé con Bella para que le diera el pecho, mi novia me la entregó de vuelta después de amamantarla y sonriendo me dijo: "— Es toda tuya, papá." Le sonreí y planté un beso en sus labios mientras tomaba a una satisfecha y soñolienta Maddie en brazos, la hice soltar los gases y la mecí por algunos minutos hasta que mi niña estuvo totalmente dormida.
— ¿Puedo ayudarte? — Le pregunté a Bella entrando en la cocina.
— Gracias, pero ya tengo todo casi listo. Maddie se durmió rápidamente — observó.
— Nuestro día en familia parece haberla cansado — le contesté.
— Sí, es lo que parece. ¿Vas a ducharte antes o después de la cena? — cuestionó. — Dentro de media hora más podemos cenar.
— Entonces me voy a casa, prefiero ducharme antes — me aproximé de ella y dejé un largo beso en sus labios —, vuelvo pronto.
— Estaré aquí — me guiñó el ojo y me devolvió el beso.
Me fui a mi apartamento y me duché, vestí unos bóxers azul, un pantalón gris, una camisa verde y una zapatilla negra, intenté arreglar mi pelo sin suceso, las puntas apuntaban por todos los lados, si quisiera una apariencia más arreglada tenía que pasar algo de gel, pero a Bella le gustaba mi pelo así, rebelde, como me dijo ella cierta vez, por eso lo dejé tal como estaba. Entré a su apartamento sin llamar, la encontré saliendo del pasillo, llevaba un vestido floreado en tonos de marrón, blanco, azul y naranja, la pieza era de tirantes y abotonado desde el medio de su escote hasta el final de la tela que le llegaba justo a su medio muslo. El tejido era ligero y caía en ondas alrededor de su cintura; su pelo suelto caía alrededor de su rostro, liso desde la raíz hasta el medio, donde empezaba unos rizos ligeros y naturales que terminaban en el medio de su espalda. Era tan sencillamente hermosa.
— Estás preciosa — dije acortando la distancia entre los dos, rodeando mis brazos alrededor de su delgada cintura. — Me encanta el vestido — susurré contra sus labios, ella se rió.
— Gracias, a mí también me gusta.
Me reí.
— ¿Vamos a cenar ahora? — Me preguntó ella.
— Suena perfecto para mí — le contesté y rocé nuestros labios.
— Ummmm….
Ayudé a Bella a llevar las cosas para la mesa junto a la barandilla y entre conversas sobre nuestro día disfrutamos de nuestra comida, espaguetis a la carbonara con champiñones y después mi novia me sorprendió con una natilla de azúcar moreno, era un dulce sencillo que siempre me encantó, mi abuela materna siempre nos hacía a mis hermanos y a mí cuando éramos chicos e íbamos a pasar el fin de semana con ella.
— La última vez que me comí una natilla fue meses antes de mi abuela enfermarse, poco tiempo después ella murió, mi madre lo hace todavía pero jamás supo igual.
— Entonces espero que te guste la mía, tal vez no sea igual, pero será un sabor nuevo para ti.
Asentí y llevé una cuchara llena con el dulce a mí boca. Al sentir el sabor del postre viajé a momentos mágicos de mi niñez, vi mi abuela llenando los vasitos de postre, el olor a vainilla en el aire, mientras, Emmett, Jasper y yo esperábamos ansiosos detrás de la encimera de la cocina de su casa, la natilla todavía tenía que ser llevada al refrigerador antes que pudiéramos probarla, sin embargo, a nosotros nos divertía tomar una cuchara cada uno y con ella limpiar la sobra que quedaba en la olla, le conté a Bella mi recuerdo mientras ambos comíamos el postre.
— Es un bonito recuerdo, Edward. Yo era muy chiquita cuando mi abuela murió y casi no me acuerdo de ella.
— Pero nuestra hija tendrá una abuela y bonitos recuerdos — dije tomando su mano que estaba sobre la mesa.
— Sí, Maddie tendrá todo eso y más — me sonrió.
Terminamos de comer y yo ayudé a Bella a poner los tratos en el lavavajillas, después nos sentamos en su sofá y ella se acurrucó contra mi costado, recargando su cabeza en mi pecho.
— Gracias por la cena — le agradecí, mientras acariciaba su pelo — fue perfecta.
— Por nada — susurró y la sentí dejar un beso sobre mi barbilla. Tomé su rostro y aprovechando la oportunidad y acerqué mi boca a la suya. El beso empezó suave, en un ritmo lento y placentero, pero poquito a poco las cosas se fueron calentando, los besos se volvieron hambrientos y de estar acurrucada a mí lado Bella pasó a estar a horcajadas sobre mi regazo, mis manos se fueron a su cintura, atrayéndola hacía mi cuerpo. El hecho de sentir su cuerpo caliente y suave sobre el mío rápidamente despertó mi deseo por ella, dejé su boca y viajé hasta su cuello, mientras una de mis manos dejaban su cintura para acariciar la piel desnuda bajo la falda de su vestido, toqué su muslo y dejé que mi mano viajase desde la cara externa a la interna de éste, casi llegando a tocar la unión de su pierna con la entrepierna. La oí jadear en mi oído y apretar sus manos sobre mis hombros. Tomé nuevamente su boca con la mía y ella me besó ávidamente, llena de impaciencia.
— Te deseo — jadeó cuando separamos nuestros labios en busca de aire, dejando nuestras frentes unidas mientras inspirábamos.
— Yo también, nena, mucho.
Ella salió de mi regazo y me tendió su mano.
— Maddie todavía dormirá por cerca de una hora a una hora y media, tenemos tiempo para nosotros — dijo mirándome a los ojos, a lo que asentí poniéndome de pie. — Te necesito — susurró tocando mi rostro.
— Yo también te necesito, Bella — la alcé en brazos y ella riéndose se acurrucó contra mi pecho, dejando besos en mi cuello, mientras yo empezaba a caminar hasta su habitación, ésta estaba en penumbra por la luz del pasillo que allí adentraba, caminé hasta la cama y la dejé con cuidado sobre ella. Me acosté a su lado y acaricié su rostro con mi mano. — ¿Estás segura? — Cuestioné, necesitaba saber que ella no se iría a arrepentir después.
— Totalmente — afirmó y volteó su rostro hacía mi mano para dejar un beso sobre mi palma.
— Entonces te voy amar, Bella, nos vamos amar — susurré acercando mi rostro al suyo para tomar sus labios entre los míos.
La besé hasta que el aire se nos hizo escaso y tuve que dejar sus labios para enseguida dejar un camino de besos desde su rostro, pasando por su cuello, hasta el inicio de su escote. Ella soltaba dulces suspiros a cada nueva caricia mía, sus manos viajaban por mi espalda, acariciando el final de ésta, justo donde empezaba la cinturilla de mi pantalón; su mano adentró bajo la tela de mi camisa y un estremecimiento me recorrió al sentir una lenta caricia hecha con sus uñas desde el final de mi espalda subiendo por el diseño de mi columna vertebral, mi mano que estaba alrededor de uno de sus muslos lo apretó con fuerza y ella gimió en mi oído.
— Llevamos demasiada ropa — suspiró ella.
— Lo sé, y pienso resolverlo — dejé un rápido beso sobre sus labios y me aparté, quedándome de pie frente a ella tendida en la cama.
Quité mi camisa por la cabeza, mientras también me quitaba los zapatos sin apartar nuestras miradas; vi como Bella recorrió con la mirada mi pecho desnudo y su apreciación hizo que una sonrisa engreída se dibujara en mis labios.
— Ven aquí, nena — le tendí mi mano y ella la tomó levantándose.
— ¿Esos botones son un detalle del vestido o realmente sirven para abrirlo y cerrarlo? — Pregunté mientras mi dedo índice recorría la hilera de botones de su vestido.
— No son un detalle — dijo sencillamente ella.
Sonreí y llevé mi mano hasta su escote y empecé abrir la hilera de botones. Me sentía tan ansioso como un niño en navidad, estaba desenvolviendo mi regalo, ansioso por ver lo que el papel, o mejor, la ropa, ocultaba de mis ojos. Cuando llegué a la altura de su estómago ya podía ver por la tela entreabierta algo de encaje azul de su sostén, me puse de rodillas para terminar de abrir los botones que seguían hasta la altura de sus muslos. Cuando finalmente todos los botones estuvieron abiertos, erguí mi rostro y miré a Bella a los ojos, todavía no había apartado la tela, y sólo había visto vislumbres de su piel. La vi alzar una mano y empujar el tirante del vestido por su hombro, hizo lo mismo al otro lado y la pieza ligera cayó a sus pies. Mis ojos viajaron por su cuerpo, eran tan hermosa, su piel blanca y cremosa, realzada por el tono oscuro de su ropa interior, un hermoso conjunto de encaje azul con algunos detalles blancos. Su cintura era estrecha, sus caderas un poco más largas, parecía la silueta de una delicada guitarra. Todavía de rodillas, dejé que mis manos acariciasen sus piernas desde sus tobillos hasta sus caderas, acerqué mi rostro a su estómago y lo besé, ella puso sus manos sobre mi cabeza y me acarició el pelo, empecé a erguirme, pero sin apartar mis labios de su piel, de besar a su estómago pasé a su escote, a su cuello y por último a su boca. Sentí sus manos suaves en mi espalda desnuda, ella ya sabía mi punto débil y volvió a recorrer mi espalda baja con sus uñas, gruñí contra su boca y la sentí sonreír sobre mis labios.
Sus manos después dejaron mi espalda para meterse entre nuestros cuerpos y acariciar mi estómago, la línea de pelos justo bajo mi ombligo, ella se detuvo cuando llegó a la cinturilla de mis pantalones.
— Llevas demasiada ropa, Edward — susurró contra mi oído, mientras sus manos trabajaban en el botón y luego en el cierre del pantalón. Ella lo abrió y yo me aparté para dejar que la pieza cayera a mis pies, la aparté de una patada, luego envolví mis brazos alrededor de su cintura y la atraje hacía mí. Qué sensación maravillosa era sentir su cuerpo casi totalmente desnudo, de curvas suaves y piel caliente contra mi piel desnuda. Nos llevé hacía la cama y la tumbé para ponerme encima de ella.
— Eres tan hermosa, mi Bella — declaré apartando un mechón de su pelo que estaba sobre su mejilla, ella se puso roja por la intensidad de mi mirada, pero me sonrió sin apartar la conexión entre nuestros ojos.
— Tú también, Edward — dijo tocando mi rostro y después mi pecho, descansando su mano sobre mi corazón —, eres hermoso en todos los sentidos.
— Gracias — me encanta el hecho que ella me apreciara no solamente por mi apariencia física como antes otras mujeres hicieron —, entonces somos hechos el uno para el otro, porque tú también eres hermosa en todos los sentidos — Dije y llevé mi mano hasta su pecho izquierdo, y la dejé allí sobre el sostén, sintiendo el calor de su piel y como su pezón se endureció bajo la tela al sentir mi contacto.
— Pues sí, estamos hechos el uno para el otro — afirmó sonriendo —, de alguna manera siento que estábamos predestinados.
— Así lo creo también, tú eres mía y yo soy tuyo — musité acercando mi boca a la suya.
— Tú eres mío y yo soy tuya — musitó de vuelta.
— Ahora déjame amarte — le pedí y ella asintió, me aparté de su cuerpo y tomé su pie, empecé besando su empeine, seguí por su pierna y por su muslo, me detuve cerca de su centro de placer, todo eso muy despacio, en dados momento besando y en otros lamiendo su piel; ella se retorcía sobre el colchón, sus manos se aferraron a las sábanas y dulces suspiros escaparon de su boca, cogí su otra pierna e hice el mismo proceso, enseguida las abrí, poniéndome entre ellas y me incliné para besar desde la cinturilla de sus bragas de encaje, hasta su barbilla. Dejé besos, lamidas y mordiscos por todo su estómago, sobre la cima de sus senos todavía acomodados dentro del sujetador, en su cuello. Bella gemía bajito y se contorcía por las atenciones que estaba dando a su cuerpo; sus piernas envolvieron mis caderas acercando nuestros cuerpos, ambos jadeamos cuando nuestros sexos se tocaron por sobre la tela de nuestra ropa interior, yo estaba más que listo para ella, y ella estaba totalmente sensible para mí. Llevé mis manos hasta su espalda y encontré el cierre de su sostén, lo abrí y tiré de él con ayuda de ella hasta que lo único que estuvo delante de mis ojos fue la vista de sus hermosos senos blancos, llenos, coronados con una aureola de un rosado oscuro y un pezón del mismo tono, se me hizo la boca agua y sin poder contenerme enterré mi rostro en su pecho y tomé uno de sus senos en mi boca, ella jadeó y se aferró a mí al sentir la caricia de mi lengua sobre la piel sensible; utilizando una de mis manos di atención al otro seno, lo sentí endurecerse bajo mi toque y sonreí contra la piel del seno que estaba en mi boca, succionando suavemente, tenía recelo de que saliera algo de leche y ella se pusiera incomoda, por eso decidí proporcionarle caricias suaves. Dejé su seno y descendí por su estómago dejando besos sobre su piel, me detuve en la cinturilla de sus bragas, erguí mi rostro y le sonreí, dejé un mordisco en la tela de éstas antes de situar mis manos a ambos lados de sus caderas y empezar a bajar la pieza que ocultaba su centro de placer de mi vista, nuestro centro de placer, ella irguió sus caderas ayudándome a quitarla. Cuando finalmente pasé la prenda por sus pies, me incliné sobre ella y dejé un beso sobre su monte de venus, ganándome un jadeo de Bella, lo que me hizo sonreír con satisfacción mientras todavía mi boca estaba sobre su piel. Me erguí y poniendo mis brazos a los lados de su cabeza, me sostuve para flotar sobre ella.
— Te acuerdas de que te dije que iba a conocer a cada rincón de tu cuerpo, que adoraría tu piel y después te haría mía — ella asintió, sus labios entreabiertos, la mirada lujuriosa. Acerqué mi cuerpo al suyo, dejando que nuestras pieles se conectaran, con cuidado de no aplastarla, ella jadeó al sentir la evidencia de mi deseo rozando sus caderas. — Voy a cumplir mi promesa, Isabella… — susurré un rato antes de tomar sus labios con los míos, besé su boca con avidez y ella retribuyó de la misma manera, una de sus manos acariciaba mi nuca, atrayendo más mi boca a la suya, mientras la otra palpaba y acariciaba mi espalda. Dejé su boca y dejé un camino de besos desde su barbilla hasta su cuello, mientras tanto le acariciaba uno de sus sensibles senos con mis manos, dejé que mi mano bajara por su estómago hasta llegar al triangulo entre sus piernas, dejé suaves caricias sobre su pubis, antes de dejar que mis dedos se perdieran entre sus piernas, ella jadeó al sentir el toque de mis dedos contra los labios de su sexo. Santo cielo, ella estaba caliente y muy mojada — un gruñido de satisfacción se escapó de mis labios al saber que ella estaba así por mí, por mis caricias. Acaricié su carne sensible y ella se restregó contra mi mano, tuve que hacer acopio de todo mi autocontrol para no apartarle las piernas y hundirme en ella de una sola estocada. Respiré hondo y me acordé que hoy era por ella y para ella. Deslicé dos dedos en su interior, ella jadeó elevando sus caderas, ella estaba apretada, aunque la sentía muy húmeda. Mi boca dejó su cuello para besar su hombro, sus brazos, viajé al otro lado y presté la misma clase de atención, todo eso sin dejar de hacer caricias en su interior, intercalaba suaves caricias con movimientos rápidos, bobeando mis dedos dentro de ella. Bella estaba totalmente entregue a mis caricias, la cabeza echada hacía atrás, los ojos cerrados y la boca en dados momentos entreabierta, cuando las caricias eran suaves, y en otros con su labio inferior atrapado entre sus dientes, mientras la oía gemir bajito, cuando aumentaba la intensidad de mis empujes. Era una imagen hermosa que volvería loco a cualquier hombre, pero ella era mía, se estaba entregando a mí, y eso me llenó de orgullo. Saqué mis dedos de ella y oí un quejido salir de sus labios, sonreí y empecé a besar sus costados mientras mis manos daban atención a sus senos, enseguida los tomé con mi boca nuevamente, ella elevó su tronco hacía mí, mientras la oí jadear mi nombre. Besando el intervalo entre sus senos, descendí hasta su sexo, dejé otro beso sobre su monte de venus y poniéndome de rodillas sobre el suelo, tomé sus piernas todavía ligeramente cerradas y la atraje hacia mí, sus caderas quedando apoyada justo al final del colchón, sus piernas colgando delante de mí, dejé un beso sobre sus rodillas, y despacio mientras intercambiaba besos sobre sus muslos la abrí para mí.
— Edward… — me llamó irguiendo su tronco para verme el rostro.
— Te voy amar, Bella — le dije simplemente y ella tras un suspiró asintió.
Miré la intersección entre sus piernas, y sonreí al ver lo rosada y empapada que estaba ella, me incliné dejando otro beso sobre su montículo, mirándola por sobre mis ojos, pero esta vez mi boca viajó hacía bajo, succionándola, probándola, ella jadeó fuertemente su cuerpo cayendo sobre la cama. Sus caderas se irguieron dándome mejor acceso a su intimidad, lo que aproveché gustoso, succioné, lamí hasta que empecé a sentir las contracciones de su piel sensible sobre mis labios y ella gimiendo se vino en mi boca, no obstante, no dejé su sexo, seguí atormentándola, bebiendo todo lo que ella me había regalado, hasta que ella estuvo excitada nuevamente, inserí dos dedos dentro ella, y la sentí contraerse a su alrededor, sus caderas ya se agitaban nuevamente contra mi mano, y sin retirarla de su interior me posicioné sobre ella, nuestros sexos se rozaron causando un estremecimiento placentero en ambos, gemidos se escaparon de nuestras bocas.
— Sin duda el mejor postre que ya probé — logré decirle, ella se puso roja y yo uní nuestras bocas, ella gimió contra mis labios al sentir su propio sabor en ellos, nos besamos ávidamente, sentí sus manos en mi espalda, sus uñas recorriendo toda la extensión, provocando un escalofrío de placer. La sentí reírse y sus manos viajaron hasta mis caderas y de pronto estaban bajando mis mis bóxes.
— Te necesito, te anhelo dentro de mí… — jadeó envolviendo sus piernas alrededor de mis caderas, acercando más nuestros sexos, ambos gemimos nuevamente al sentir el contado de nuestras carnes contra la del otro. Yo estaba más que listo para ella, instintivamente nuestras caderas empezaron a rozarse dejándome en un nivel de excitación que yo hasta entonces no creía posible y Bella parecía estar viviendo la misma experiencia, los labios entreabiertos, la mirada nublada de deseo, mientras jadeos y gemidos se escapaban de su boca. Sentí su mano envolver mi sexo y eso casi me lleva a la cima.
— Quiero estar dentro de ti cuando llegue — le expliqué mientras detenía el movimiento de su mano sobre la extensión de mi longitud, retirando mis dedos de su interior.
— También quiero que estés dentro de mí… — de pronto la sentí tensarse y una mirada recelosa se asomó en sus ojos. — Estoy limpia, hice un chequeo cuando volví a Forks y no estuve con nadie desde lo del accidente — explicó dudosa. Salí de encima de ella y me tumbé a su lado, no podía tener este tipo de conversa con nuestros sexos rozándose.
— También estoy limpio, hice mis chequeos después que Tanya huyó y tampoco estuve con nadie desde entonces, la preocupación por saber el paradero de mi hija no me permitía concentrarme lo suficiente como para tener ganas de sexo — ella asintió.
— Tomo la píldora para evitar los cólicos — susurró —, pero tal vez deberíamos utilizar el condón para disminuir la chance de un embarazo, aunque tomando la píldora regularmente siempre existe un porcentaje de fallos…
— Hey, prefiero no utilizar un condón, ambos estamos sanos y tú ya estás tomando la píldora, pero si lo deseas lo haré — le expliqué acunando una mano en la lateral de su rostro.
— No, quiero sentirte, piel con piel — sonreí al oír sus palabras —, pero siempre hay la posibilidad de un embarazo… — ella se veía recelosa, y comprendí de dónde venía este receloso, tenía miedo que un embarazo no planeado volviera a suceder y que eso cambiara nuestra relación, maldito Demetri…
Me concentré en la hermosa mujer que estaba a punto de regalarme a sí misma y logré controlar mis ganas de romper algo, preferiblemente la cara engreída de su ex novio. Enseguida le hablé con sinceridad.
— Sí, Bella, la posibilidad de que te quedes embarazada siempre existirá, aunque nosotros tomemos precauciones siempre existirá un porcentaje mínimo de falla. Sin embargo, eso no me asusta, ya tenemos una hija a que amamos, sin duda podemos amar a otro u otros hijos. Un hijo nuestro siempre será bienvenido sin importar el momento que él llegue — puse de manifiesto, acercando nuestros rostros, sin apartar la unión de nuestras miradas, y en mis adentros sonreí ante el pensamiento de un hijo nuestro.
Ella me regaló una sonrisa dulce y con suavidad tocó mi rostro, acariciando mi piel con sus nudillos.
— Te amo, Edward…
— También te amo, preciosa, más allá de lo que creía posible — suspiré rozando nuestros labios. Empezamos a besarnos y en cuestión de segundos todo estaba olvidado y el deseo ya recorría nuestras venas nuevamente. Me puse nuevamente encima de ella, y mis manos viajaron por todo su cuerpo hasta hundirse nuevamente en el calor de su femineidad, mis dedos encontraron su abertura, hurgando dentro de ella, haciéndola retorcerse, con mi pulgar estimulé su clítoris, y la sentí estremecerse de placer.
— Edward… — jadeó —, por favor — sus manos estaban acariciando mis muslos, recorriendo la piel de la parte de atrás de éstos, lo que me provocaba cosquilleos desde mis piernas hasta mi muy erecto miembro, me estaba volviendo loco. Cuando masajeé la perla entre los labios de su sexo, sus dedos se clavaron en la piel de mis muslos, mientras sus caderas se alzaron buscando el encuentro con mi excitación.
Saqué mis dedos de su calor y posicioné mi miembro en su entrada, tomé sus manos y entrelacé nuestros dedos, dejando sus brazos en ambos lados de su cabeza, poquito a poco empecé a deslizarme en ella, no quería dañarla, estaba a mucho tiempo sin tener sexo y yo también quería sentir como su calor me envolvía, como ella me tomaba poco a poco, así que apreté mi mandíbula en un intento de mantener mi autocontrol. Mientras me deslizaba dentro de su cuerpo la sentía muy estrecha, pero su clímax anterior más la estimulación que le hice después la había dejado para más allá de húmeda, así que aunque la sentía estrecha logré deslizarme sin dificultad hacía su interior. Suaves contracciones envolvieron mi miembro cuando estuve totalmente envuelto por su calor, ella jadeó, su cabeza cayendo hacía atrás enterré mi rostro en su cuello, besando la piel expuesta allí, mientras empezaba a moverme, primero despacio, después con rapidez cuando Bella empezó a mover sus caderas en el mismo ritmo que yo, nuestros sexos se hundían uno dentro del otro, provocando una deliciosa fricción que enviaba cosquilleos por todo mi cuerpo, y por la reacción de ella lo mismo le estaba pasando. Nuestros jadeos llenaron la habitación, juntamente con el sonido que venía de la unión entre nuestros sexos que se apartaban sin desconectarse totalmente para luego unirse nuevamente. Como Bella ya estaba muy excitada desde antes, no tardó hasta que la sentí cerrarse a mi alrededor como si quisiera tomar todo de mí, sabía que ella no tardaría en llegar, así que la embestí más rápido, ella se retorcía y gemía bajo mi cuerpo, su calor me tragaba, envolviéndome, bañándome en la mar de su excitación, de pronto ella se tensó y la sentí cerrarse fuertemente alrededor de mi miembro, dificultando mis envestidas, la seguí envistiendo y su sexo se contraía y se relajaba con la velocidad de las batidas de las alas de una mariposa. La oí jadear mi nombre, mientras ella se estremecía de los pies a la cabeza, pero no me detuve, la seguí invistiendo y la sentí volver a cerrarse sobre mí una y otra vez y segundos después se estremecía nuevamente bajo mi cuerpo, me dejé ir hundiéndome profundamente en su calor, espasmos de placer viajaron por todo mi cuerpo mientras mi sexo se estremecía dentro de ella, dejando salir mi abundante liberación en su interior.
Jadeante descansé mi frente contra la de ella, que también jadeaba.
— Te amo… — jadeé.
— También… te amo… en cuerpo y alma — jadeó y rozó nuestros labios.
Con cuidado nos giré, dejándola sobre mi pecho, pero no salí de su cuerpo, podía sentir su humedad mezclada con mi liberación envolviendo nuestros sexos, era una sensación muy sensual y placentera.
— ¿Estás bien? — Quise saber, mientras apartaba su pelo, ahora alborotado, de alrededor de su rostro, que descansaba contra mi pecho.
— Sí… — suspiró —, eso fue… fue… singular… — tartamudeó hasta encontrar la palabra correcta.
Me reí bajito por su manera de hablar, parecía que estaba en otro mundo.
— Singular es una buena palabra, nena. Lo resumen a la perfección — estuve de acuerdo, mientras la estrechaba entre mis brazos y dejaba un beso sobre su cabeza.
Allí con la mujer que amaba entre mis brazos, sintiendo nuestros cuerpos todavía conectados íntimamente, supe sin lugar a dudas, que hasta aquel día no había hecho el amor, mis demás experiencias no pasaron de encuentros para satisfacer mis hormonas, pero allí con Bella me sentí completo, con el cuerpo y el alma satisfechos de una manera que jamás imaginé ser posible.
¡Hola, lectoras! Espero que la espera por esta actualización haya valido la pena… Capítulo larguísimo 25 hojas. Hoy tuvimos de todo un poco, la charla esclarecedora entre Charlie y Edward, momentos en familia, una declaración de amor y finalmente nuestra querida pareja se entregó en cuerpo y alma. ¿Qué les pareció el capítulo? Esperaré con ansias a leer sus comentarios.
Gracias por los alertas, favoritos y por los reviews :D Sus palabras me animan a intentar escribir siempre mejor, además de motivarme en la escritura de los nuevos capítulos.
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Saludos llenos de cariño, ¡nos leemos el próximo jueves!
