Capítulo revisado innúmeras veces, pero soy humana, así que, de antemano, disculpen cualquier error que se me haya escapado.
Disclaimer: La saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer, yo solamente me divierto con sus personajes, ya que me enamoré de ellos. Esta historia es una idea mía y ahora la comparto con ustedes.
Capítulo 19 — Yo soy tuya y tú eres mío
POV Bella
Me desperté en medio de la noche extrañando el cuerpo de Edward junto el mío, miré la minicuna a mi lado y Maddie tampoco estaba allí, suspiré con conocimiento de causa, nuestra hija debía de estar dándole guerra para volver a dormir.
Horas antes Edward y yo finalmente habíamos hecho el amor, una sonrisa tonta y feliz se dibujó en mi rostro, me giré en la cama y encontré la almohada de mi novio, enterré mi rostro contra la suave tela impregnada con su delicioso olor a menta. Aspirando su olor evoqué en mi mente las imagines de lo que se pasó horas antes y con tan sólo recordarlo mi cuerpo se encendió ante los recuerdos de la profusión de sensaciones que sobrecogió mi cuerpo y mi alma cuando nos entregamos.
Tras nuestro momento de entrega mutua nos quedamos entrelazados disfrutando de la cercanía de nuestros cuerpos hasta que oímos a Maddie empezar a lloriquear, Edward rápidamente vistió sus bóxers negros y se enfundó en sus pantalones y fue por ella, mientras yo me daba una rápida ducha y vestía una blusa y unos shorts de pijama. Edward me entregó nuestra hija y tras observarnos unos minutitos, mientras ella se alimentaba de mí, se fue hasta su apartamento a vestir algo más cómodo para dormir, cuando él regresó Maddie todavía seguía aferrada a mi pecho, él se rió y dejó un beso cariñoso sobre su pelo, para enseguida besarme a los labios.
— Las amo… — dijo sin despegar totalmente nuestros labios.
Lo besé brevemente.
— Y nosotras a ti.
Él se rió.
— Lo sé…
— Presumido — bromeé.
— Sólo por mis chicas — dijo viéndose totalmente orgulloso.
Cuando Maddie por fin estuvo satisfecha Edward la tomó en brazos y se encargó de cuidarla. Cuando ella volvió a dormirse él la dejó en la minicuna al lado de mi cama y se acostó a mi lado, envolviéndome entre sus brazos en posición cucharita, lo sentí dejar un largo beso en mi cuello y suspiré feliz. Me sentía agotada y algo adolorida, él me había dado tres orgasmos durante el tiempo que nuestra hija estuvo dormida, además hacía dos años que no tenía este tipo de intimidad con un hombre y todo el ejercicio terminó por cobrar factura a mi cuerpo.
— Descansa, amor — musitó él contra mi oído, dejando un beso sobre vez mi cabeza. Arropada entre sus brazos, con nuestra bebé durmiendo feliz y tranquila junto a nosotros, dejé que el sueño se adueñase de mí.
Volví al momento presente y me levanté de la cama para descubrir dónde estaban mis dos amores, primeramente me dirigí a la habitación de Maddie, pero no estaban allí, así que caminé por el pasillo hasta llegar a la sala. La imagen que encontré al entrar en el ambiente fue enternecedora, Edward estaba acostado boca arriba en mi sofá, con una muy dormida Maddie acostada boca abajo sobre su pecho desnudo, él tenía una mano protectora sobre su espalda, la cabeza de nuestra hija estaba encajada bajo su barbilla. Gravé la imagen en mi mente, pero decidí eternizarla en una fotografía, de puntillas para no despertar a mi novio, volví a mi habitación y cogí la camera fotográfica que tenía en el cajón de mi mesita de noche, volví a la sala e hice varias tomas desde distintas posiciones, ningún de los dos se inmutó, devolví la cámara a mi cajón y decidí llevar a Maddie a su habitación para luego despertar a su papá. Intenté apartar la mano de Edward que estaba sobre nuestra hija, pero ésta se tensó sobre la espalda de ella, impidiendo que la apartara, me reí bajito y eso hizo que Edward se despertara.
— Bella… — musitó soñoliento.
— Hola, amor, déjame llevar a Maddie para su cuna — le dije.
Él pareció reflexionar por algunos segundos hasta que se dio cuenta de lo que yo le estaba hablando.
— Ohhh, dormimos en la sala — musitó, y se veía tan lindo, el pelo todo alborotado para todos los lados, la mirada soñolienta. Con cuidado él sostuvo a Maddie contra su pecho y se sentó. — Eran las tres de la mañana cuando ella empezó a gruñir, no quise despertarte, dormías tan profundamente que sus suaves quejidos no fueron suficientes para despertarte. — Percibí que cuando Edward está junto a mí me siento más relajada con respecto a los cuidados de nuestra hija, si estuviera sola me había despertado al oír su primer quejido. — Así que calenté la leche que había en la heladera, le di el biberón, le cambié el pañal y después intenté hacerla dormir, pero fue en vano. Estuve por una hora con ella en brazos, meciéndola, recitando poemas y oyendo algo de música clásica, ella muy tranquila todo el tiempo, pero en ningún momento dio signos de tener sueño — explicó él.
— Por las noches ella tiene sus momentos de carencia de cariño, le gusta estar en brazos por un largo tiempo, si la ponemos en la cuna empieza a gruñir, quejándose — me compadecí de él, muchas fueron las noches en que pasé por la misma situación.
Él asintió, levantándose del sofá.
— Voy acostarla… — él dudó un instante y después pregunto: — ¿En su habitación o en la tuya?
— En la de ella, podemos dejar la puerta entreabierta y además tenemos el monitor de la niñera electrónica.
Él me sonrió asintiendo. Desde el umbral de la habitación de Maddie lo vi dejarla con extremo cuidado dentro la cuna y antes de apartarse se inclinó y dejó un tierno beso en su frente.
Él se unió a mí, envolviendo un brazo alrededor de mi cintura mientras caminábamos hasta mi habitación, al entrar vi las sábanas de mi cama todas deshechas y arrugadas por nuestras actividades de horas antes, y nuevamente con tan sólo recordar sentí un calor en mi cuerpo que me hizo estremecer de expectativa y deseo.
— ¿Tienes frío? — Cuestionó Edward, acariciando mi espalda y cintura con su brazo y mano.
— No… — él arrugó el ceño, pero en cuestión de segundos vi la comprensión llegar hasta su mente.
Una sonrisa torcida y engreída se dibujó en sus labios y tuve ganas de comérmelo a besos.
— ¿Estás cansada? — Me preguntó e implícitamente sabía que me preguntaba si estaba bien. Bueno, estaba un poco adolorida, no obstante, un poco más de ejercicio no iba a matarme.
— Estoy bien — le contesté, él me atrajo hacia su pecho y tomó mi boca con la suya, sus manos viajaron hasta mis glúteos, atrayéndome hacía él mientras sus manos masajeaban mi piel, jadeé contra su boca al sentir su erección entre nosotros. Sus manos encontraron el dobladillo de mi blusa de pijama y empezaron a subirla por mi cuerpo, me aparté algunos centímetros de él y en segundos la blusa estuvo fuera de mi cuerpo, él me envolvió sus manos en mi cintura, acercándome a él nuevamente, mis senos chocaron con su pecho desnudo. La sensación era de una sensualidad abrumadora, nuestros labios se unieron nuevamente y sentí sus manos dejaren mi cintura y entraren en mi shorts y acariciar la piel de mis nalgas que mis bragas dejaban desnuda, al mismo tiempo que rozábamos nuestros cuerpos en busca de fricción. Nuestras bocas se separaron en busca de aire, sentí las manos de Edward en la cinturilla de mis shorts, entonces empezó a bajarlos; llevé mis manos hasta su pantalón de pijama y dejé que una de ellas encontrara su erección caliente, lo acaricié y lo sentí estremecer contra mi mano, sonreí satisfecha ante su reacción, mi propio cuerpo reaccionando a su excitación, estaba húmeda y palpitante a la espera de la atención de él. Edward gruñó y me besó con tamaño ímpetu que me dejó mareada, sus manos ya había logrado bajar mis shorts, ahora bajaban a toda prisa mis bragas de encaje, con suavidad, utilizando las puntas de los dedos, él tocó mis senos, mi estómago, hasta que alcanzó mi sexo, y dejó que su mano hiciera fricción contra mi carne palpitante, después sentí sus dedos separando mis húmedos labios, haciéndome arquear contra su cuerpo, aferrándome a él. Él separó nuestras bocas, sin apartar su boca de mi piel, recurrió con besos mi cuello, mi escote, se puso de rodillas y con su mano libre rodeó mi cintura enterrando su rostro en mis senos; él beso y chupó, intercambiando atenciones entre ambos senos, luego siguió bajado por mi vientre hasta que llegó a mi entrepierna; dejó su frente pegada a mi bajo vientre mientras plantaba un suave beso sobre mi pubis, enseguida apoyándose en apenas una rodilla, tomó mi pierna izquierda y la dejó sobre su pierna que estaba flexionada, al estilo pedida de mano, dejándome expuesta para él.
— Edward… — susurré, imaginándome sus intenciones, él ya me había hecho sexo oral antes, pero ahora me sentía más expuesta, con mis parejas anteriores jamás había experimentado tal práctica, con mi primer novio éramos ambos muy jóvenes y teníamos vergüenza de intentar cosas nuevas, con Demetri, lo intenté cierta vez, pero a él no le gustaba ni hacer ni recibir este tipo de caricia, nuestra relación sexual siempre fue buena, pero para nada inventiva, así que era toda una novedad para mí las sensaciones que me despertaba Edward con su boca sobre mi sexo.
Al oír su nombre de salí de mi boca, él irguió su hermoso rostro, dándome otra de sus sonrisas torcidas y entonces rodeó mis caderas con un brazo atrayéndome hacia él, para enseguida zambullir su rostro en mi entrepierna.
¡Ohhh! Su boca despertaba en mí toda clase de placeres que jamás imaginé sentir. Mientras sus labios lamían, chupaban mi piel sensible, sus dedos presionaban una y otra vez en mi interior, levé mis manos hasta su cabeza, y por instinto lo acerqué más a mi sexo cada vez más necesitado de atención, él no se hizo de rogado e intensificó sus caricias, parecía un hombre hambriento, que comía a toda prisa con recelo que la comida fuese apartada de su él. Mi carne estaba extremamente sensible, sentía mi humedad caer por la cara interna de mis muslos y palpitaba de tal manera que suaves ondas de placer recorrían mi cuerpo, cuando mi sexo empezó a cerrarse alrededor de sus dedos Edward abandonó su labor, ganando de mi parte un gruñido de protesta.
Él se irguió y rápidamente quitó sus pantalones y sus bóxers de un solo movimiento. Una vez más pude admirar su cuerpo totalmente expuesto para mí, él era tan hermoso, brazos fuertes, pecho firme con poquísimos pelos, barriga tableta de chocolate, muslos gruesos y firmes cubiertos de pelos lisos, y por fin una gran excitación, que hizo que apretara mis muslos en un intento de mitigar las pulsaciones de mi femineidad, que anhelaba sentirlo dentro de mí.
Edward tiró de mi mano, nos aproximando de la cama, se tumbó en ella con la espalda recargada contra la cabecera.
— Te quiero arriba, ¿te importa?
Negué y me senté a horcajadas sobre sus muslos, su erección rozando mis pliegues sensibles. Él me atrajo hacía él, mi pecho chocando contra el suyo, mis pezones se endurecieron al simple roce de nuestras pieles. Una de sus manos sujetó mi rostro y él tomó mi boca con la suya, nos besamos con desenfreno, nuestras lenguas se mezclaron, se reconocieron, mientras tanto su otra mano vagaba por todo mi cuerpo, él se demoró en mis nalgas y con las puntas de los dedos recorrió la raja sin profundizar su toque, lo que me causó un escalofrió de placer, lo sentí reírse contra mis labios, mis manos estaban alrededor de su cuello, mis dedos tocando su nuca, mientras nuestras bocas seguían bebiendo la una de la otra y mi cuerpo restregándose contra el de él. Jadeantes tuvimos que separar nuestras bocas, sentí su mano entre nuestros cuerpos y enseguida sus dedos estaban sobre mi sexo resbaloso, abriendo mis labios.
— Recíbeme, amor — jadeó.
Sonreí y sosteniéndome de sus hombros me encajé sobre su eje, desciendo poco a poco hasta que lo sentí llenarme completamente, en esta posición lo podía sentir bien más profundo, era una sensación tan placentera, podía sentir cada pulgada de él, mi cuerpo estaba feliz por acogerlo. Empecé a moverme, subiendo y desciendo por su erección, ambos gemíamos a cada nuevo encuentro, Edward tomó mis caderas para ayudarme a moverme, sus labios rozaban la piel de mis senos a cada nuevo movimiento, estaba ya muy excitada y no tardé en sentir las primeras señales de mi orgasmo, me cerré alrededor de él y convulsioné palpitando una y otra vez, Edward rápidamente nos giró y siguió embistiéndome prolongando mi placer, hasta que lo sentí estremecer y derramarse dentro de mí. Sin salir de mi cuerpo él descansó su frente sobre la mía, podía sentir el aire de sus jadeos sobre la piel de mi rostro y él probablemente sentía el mío, podía sentir el latido acelerado de nuestros corazones sobre la piel de nuestros pechos que se tocaban.
— ¿Estás bien? — Jadeó.
— Mejor imposible — logré suspirar.
El sexo con Edward era diferente, con él encontraba una satisfacción que iba más allá de la física, me sentía totalmente segura y completa entre sus brazos.
Él nos giró manteniendo nuestra conexión, descansé sobre su cuerpo, mi rostro encajado en la curva entre su cuello y el hombro.
— Te amo… — dije rozando con los labios la piel de su cuello.
— Yo también, Bella — suspiró, estrechándome contra su cuerpo.
x-x-x-x-x
Eran cerca de las siete de la mañana cuando volví a despertarme, todo estaba silencioso, podía sentir la respiración de Edward en mi nuca, su cuerpo caliente pegado al mío, ambos todavía desnudos por la última vez que habíamos hecho el amor; yo me había quedado dormida sobre su pecho, totalmente saciada y relajada, pero de alguna manera ahora me encontraba de costado, Edward acurrucado junto a mi espalda desnuda, la piel de su pecho contra la piel de mi espalda, un brazo suyo estaba alrededor de mi cintura, su mano abierta posesivamente sobre mi vientre, podía sentir su erección mañanera descansando contra mi espalda baja. Con cuidado de no despertarlo, erguí su mano y me giré sobre el colchón, mi rostro quedando frente a frente con el de él. Edward seguía durmiendo profundamente, su pelo totalmente alborotado, los labios entre abiertos y el rostro arrugado por el sueño, se veía tan relajado, tan hermoso, todavía no podría creer en lo mucho que nuestras vidas habían cambiado en el poco tiempo que nos conocíamos, tan sólo en un mes y medio y nuestras vidas cambiaron de manera intempestiva e irrevocable, ¿pero cómo podría yo dar la espalda a esto que nació entre nosotros? Si era demasiado fuerte, demasiado sincero y constante. Si dudé en algún momento fue por Maddie, tenía miedo que las cosas entre nosotros no funcionasen y eso acabara por perjudicar nuestra relación de padres, sin embargo Edward con sus actitudes, con sus detalles logró mostrarme cuán comprometido estaba con lo nuestro. Cuando él se puso de rodillas delante de mí en el patio trasero de Esme y se declaró, fue el momento más feliz que tuve desde que pude traer Maddie a casa, y que él respetara mi pedido para empezar despacio también fue una prueba de su grado de comprometimiento, aunque no logramos llevar las cosas despacio por mucho tiempo, nuestros sentimientos hablaron más alto que cualquier racionalidad, pero no me arrepentía de ello, todo sucedió de una manera tan sencilla, tan natural.
Nuestro primer beso fue tan especial, sucedió en un momento tan mágico para mí, en el momento en que amamantaba a nuestra hija; ella estaba allí junto a nosotros, mientras nuestros labios se conectaban por primera vez, de una manera tan dulce, tan entregada. Al mismo tiempo que aquel beso selló nuestra relación de pareja, también selló nuestra unión como familia, el que nuestra hija estuviera compartiendo aquel momento con nosotros era una señal de eso. Me sorprendí cuando Edward me pidió ser su novia en aquella noche todavía, pero sin duda fue una grata sorpresa. Él me había llevado a la sala tras dejarnos a una Maddie profundamente dormida en su cuna, allí dejamos salir toda la necesidad que sentíamos por el otro, nos besamos como si no hubiera mañana y por muy poco no me entregué a él allí mismo sobre mi sofá, pero él logró controlarse mejor que yo misma y hablándome con mucha sinceridad, lo vi en su mirada verde, me dijo las más lindas palabras que una vez soné escuchar: "— Mi Bella, mi corazón ya es tuyo, te lo regalé y no acepto devolución, y es porque estoy cien por ciento seguro de mis sentimientos por ti que te pregunto, ¿además de la madre de mi hija quieres ser la novia de su padre, Bella?" — Sonreí enamorada ante el recuerdo.
Él fue tan paciente al escuchar mis miedos y con sus palabras logró borrar a todos mis recelos, y cuando le expliqué que había algo en mi pasado que jamás olvidaría, pero que en aquel entonces no estaba lista para hablar de lo que me había sucedido, él fue tan comprensivo… ¿Cómo no amarlo? ¿Cómo podría no dar una oportunidad a lo nuestro?
Dejé mis reflexiones a un lado cuando escuché por el monitor de la niñera electrónica a Maddie empezar a gruñir bajito, pronto se despertaría, suspiré y levantándome tomé la camisa de Edward que todavía estaba sobre el suelo y la vestí. Sentí algo de molestia al moverme, pero ella me acordaba de la hermosa noche que tuve entre los brazos del hombre a quien amo, como jamás creí amar a nadie. Dejé mi habitación, llevándome el monitor para no despertar a mi novio, sonreí para mí misma ante el uso de la palabra novio.
Me percaté que desde que me desperté estaba sonriendo por todo, era una tonta enamorada, no, era una feliz mujer enamorada.
Maddie empezó a gruñir con más indignación cuando entré en su habitación y sabía que pronto pondría el grito en el cielo si no viese a Edward o a mí junto a ella.
— Hola, muñequita — dije inclinándome sobre su cuna, ella al oír mi voz dejó de gruñir, mirándome fijamente con sus hermosos ojos verdes y un tierno puchero se formó en sus labios, me reí bajito y la tomé en brazos, inmediatamente el puchero dio paso a una encantadora sonrisa destentada y babosa. — Mamá te dará el pecho, pequeña — dejé un beso sobre su cabeza y aspiré el olor de su pelo castaño miel que a cada día parecía estar llenándose más. Arrullándola me senté en la mecedora y abriendo la camisa de Edward le ofrecí mi seno, con avidez ella lo tomó. Era la mejor sensación del mundo, sentirla entre mis brazos, piel con piel, su mirada clavada en la mía, su manita regordeta sobre la piel de mi seno. En silencio nos seguí meciendo mientras mi hija seguía succionando su leche de mí.
— Quiero despertar todos los días así — oír decir Edward bajito, erguí mi cabeza y lo encontré recostado en el umbral de la puerta, vistiendo tan sólo su pantalón de pijama, él entró y se puso de cuclillas delante de nosotras. — Buenos días, preciosa — dijo inclinándose para dejar un beso en mis labios, una mano acariciando mi rostro, mientras la otra acariciaba el pelo de Maddie.
— Buenos días, amor — suspiré con una sonrisa. Y él se rió divertido.
— Buenos días, pequeña preciosura — habló dejando un beso sobre la cabeza de nuestra hija, ella sonrió contra mi seno, lo que nos hizo sonreír también.
— Feliz cumpleaños, papá — le musité, tocando su rostro con mi mano libre.
— ¿Cómo?
— Esme… — dije simplemente.
Él asintió y se sentó en el suelo, acariciando mi pierna con una mano, mientras la otra jugueteaba con los piececitos de nuestra hija. Cuando terminé de amamantarla él la cuidó haciéndola liberar los gases y luego cambió su pañal.
— Vamos, te haré el desayuno — le dije cuando él hubo terminado con Maddie.
— Te ayudaré — empezó a decir.
— No, ayer me consentiste, hoy es mi día de consentiste, además es tu cumpleaños. Puedes observarme si quieres y decirme lo que deseas comer.
— Todo lo que cocinas es estupendo, nena, así que sorpréndeme.
Fuimos para la cocina, él se sentó en el banco de la encimera con Maddie de pie, apoyada sobre sus piernas, últimamente ella intentaba dar pequeños brincos cuando tenía a sus piececitos apoyados sobre nuestros muslos. Nos preparé el desayuno mientras escuchaba a Edward soplar besos, en el cuello de nuestra hija, que profería sus ruiditos guturales de felicidad e intentaba atrapar el rostro de su padre con sus manitas.
— Todo listo, pero en vez de desayunar aquí mismo, podríamos hacerlo en la mesa de la sala.
— Dejaré a Maddie en su silla mecedora y vuelvo a ayudarte a llevar a todo. — Dijo levantándose. — Ah, todo huele de maravilla, Bella, se me hace la boca agua — añadió antes de salir.
— Anda, adulador, ve a dejarla, no estar en brazos algunos minutos no le hará ningún mal.
Él la consentía demasiado, siempre que estaba despierta estaba en sus brazos, y yo no quería que ella se acostumbrara a eso, pues a veces hace que los niños se queden dependientes en exceso de nosotros, aunque debo confesar que si pudiera la tendría todo el día en brazos, pero todos tenemos quehaceres y no podemos estar con un niño pegado a nuestro cuerpo a todo momento, por eso los bebés deben acostumbrase a estar en su cuna, en el cochecito o en su silla mecedora sin llorar si no es porque les pasa algo, en mi experiencia como pediatra ya traté niños que empezaban a llorar en el momento que la madre los dejaba en la cuna y no se detenían hasta que lo volvían a sacar, y esas mujeres se tornaban rehenes de la voluntad de sus pequeños.
Edward dejó a Maddie en su silla, y ella se distrajo con los juguetes del móvil que acompañaba a la pequeña mecedora. Enseguida él me ayudó a llevar todo para la mesa y desayunamos, café, jugo de naranja, chocolate caliente, panqueques y huevos con jamón. Mi nuevo cumpleañero comió un poco de todo, mientras yo tomé una gran taza de chocolate caliente acompañada de algunas torradas.
— Tu desayuno es igual de bueno que el de mi madre — suspiró él mientras se comía un último trozo de panqueque.
— Me alegra saber, todo lo que Esme cocina es muy sabroso. Umm… espérame un rato — dije levantándome de mi silla, él me miró con una cierra alzada y sonriendo me fui a mi habitación para sacar de mi armario su regalo de cumpleaños. Esme me había llamado el miércoles por la mañana para decirme lo de su cumpleaños, ya imaginando que él no me iba a decir nada al respecto, además ella y Carlisle iban a estar fuera de la ciudad, pero ella planeaba hacer un almuerzo o una cena para conmemorar la fecha cuando estuviera de regreso a Forks, así que aquel mismo día tomé a Maddie y fuimos hasta Port Ángeles, salí temprano para poder regresar a casa antes que Edward regresara de su trabajo, caminé por todo el centro comercial y cuando ya estaba desistiendo de encontrar el regalo adecuado, lo encontré.
— ¡Feliz cumpleaños, Edward! — Le dije tendiéndole la caja que estaba en mis manos, ella era blanca con rayas doradas, y una cinta también dorada la cerraba con un lazo en la lateral. Él se veía sorprendido pero me regresó una sonrisa feliz. Retiré a Maddie de su silla y con ella sobre mi regazo me senté delante de él nuevamente. — ¿No vas abrir? — Cuestioné al verlo mirar la caja con aturdimiento.
— Sí, claro, es que me sorprendiste…
Él deshizo el lazo y abrió la tapa, un papel de seda cubría su regalo, él lo apartó y lo oí suspirar cuando sus ojos encontraron lo que había en la caja. Era un álbum con todas las fotos de Maddie desde la que le tomé con mi celular en la maternidad hasta la foto que Esme tomó de él cuando cargó a nuestra hija por primera vez. El álbum era todo blanco y en la tapa había cuatro mini ventanas, la primera, estaba escrito en letra cursiva el nombre de Maddie, la segunda tenía una foto en blanco y negro de nuestra hija durmiendo cuando todavía era una recién nacida, la tercera tenía una foto de ella despierta, con una ligera sonrisa en sus labios, la había tomado justo cuando ella completó los dos meses y empezó a sonreír de manera sutil, y en la última ventana estaba una foto de nosotros tres, también en blanco en negro, que Alice nos había sacado en la cena que conmemoramos el buen resultado de la audiencia con el juez. Edward estaba sentado a mí lado, Maddie en sus brazos, su manita sostenía uno de mis dedos y Edward y yo sonreíamos mirándola.
Vi a mi novio abrir el álbum y despacio pasar a todas las hojas que yo había llenado con las fotos de nuestra hija, lo vi mirar con detenimiento las fotos de su primer mes, momentos que él había perdido.
— Bella… — suspiró irguiendo su rostro para mirarme, se veía tan emocionado.
— Todavía tiene muchas hojas libres para que puedas seguir agregándole nuevas fotos — le dije.
— Gracias, es precioso…
— Por nada… te amo, feliz cumpleaños — me incliné y besé sus labios.
— El mejor de los cumpleaños.
— Y eso porque nuestro día sólo está empezando — le avisé.
— ¿Qué planeas, Swan?
Sonreí.
— Es una sorpresa… — él me miró irguiéndome su ceja nuevamente. — ¿Te gustaría hacer una caminata? — El día está soleado nuevamente, un milagro… debemos aprovecharlo.
— Cualquier cosa si estoy contigo y nuestra hija — me contestó y fue su vez de inclinarse y besarme a los labios.
— Entonces ve a prepararte, en una hora salimos.
x-x-x-x-x
Caminamos por cerca de una hora hasta llegar en mi sitio mágico, era un prado que había encontrado cuando era adolescente, estaba en el medio del bosque de Forks, estaba cercado por árboles y había un claro que permitía la entrada de la luz de sol, bueno cuando había sol, por suerte el día estaba soleado. Yo cargaba una pequeña mochila con las cosas de Maddie, mientras Edward cargaba a nuestra hija en su portabebés gris y también a una mochila a su espalda con algo de comida y bebida para nosotros, además de dos mantas que yo había puesto allí. Mi novio me seguía sin hacer preguntas, hacía uno que otro comentario sobre la naturaleza, pero no me preguntó adónde nos dirigíamos, él estaba simplemente feliz por estar con nosotras y eso me hacía feliz también. Maddie estaba muy atenta al nuevo escenario a su alrededor, sus ojos seguían a todo con atención, a veces hacía algunos ruiditos de risas cuando Edward jugueteaba con ella, era tan hermoso verlos.
— Estamos llegando — le avise, él me sonrió y asintió.
— Es aquí — dije pocos minutos después cuando nos detuve justo a la entrada del claro.
— Owww… qué lugar fantástico, parece uno de estos sitios de los cuentos de hadas, puedo imaginarme a algunas hadas y duendes por aquí — dijo contemplando el pintoresco paisaje.
— Sí, este lugar es mágico — estuve de acuerdo.
Entramos en el claro y yo le tomé la mochila de su espalda, puse una de las mantas que esta allí sobre el suelo cubierto por un césped espeso y muy verde, con la otra manta hice una especie de nido para Maddie, Edward la sacó del portabebés y me la pasó, la tumbé boca arriba sobre la manta y le di su mordedor en formato de mano, su preferido hasta el momento. Edward tras quitarse el portabebés se sentó a mi lado.
— ¿Otro picnic entonces? — Preguntó.
Me reí, en el día anterior él también me había sorprendido con un día en familia y un picnic.
— Sí… lo siento, ya lo tenía planeado… y no quise cambiar los planes… además tenemos que aprovechar los raros días de sol.
— No lo sientas, es perfecto — dijo apartando de mi rostro un mechón de mi pelo que se había escapado de la coleta que hice para la caminata. — Entonces, ¿cuál es la historia de ese lugar?
— Tenía 17 años cuando lo descubrí, a decir verdad, quería estar sola para pensar, tenía que decidir a cuáles universidades me postularía y a qué curso, la naturaleza siempre me ayudó a relajarme — le expliqué —, pero empecé a caminar por el bosque y no me di cuenta de lo tanto que había avanzado hasta que llegué aquí, por suerte tenía una brújula y logré volver sin dificultad. Seguí volviendo después, es mi lugar para disfrutar de un tiempo tranquilo y placentero junto a la naturaleza. Jamás traje a nadie aquí — añadí.
— Entonces gracias por el doble regalo, por traerme y por ser el primero con quien compartes esta parte de ti.
— Es todo un placer, compartir mi refugio contigo.
Él tomó mi rostro entre sus manos y me atrajo para un beso que me quitó el aliento y encendió cada terminación nerviosa de mi tembloroso y excitado cuerpo.
— Ummm… cuando Maddie se duerma su siesta de la tarde aprovecharemos el tiempo para nuestros momentos de pareja — prometió, susurrando contra mis labios, dejando nuestras frentes pegadas, mientras jadeábamos por aire.
Comemos, conversamos, disfrutamos de poder estar juntos abrazados sobre la manta, intercambiando besos y caricias, amamanté a Maddie y después ella se durmió su siesta de la mañana, la acosté sobre la manta y la observamos dormir, una hora y media después cuando ella se despertó empezamos nuestro camino de vuelta a casa; estaba ansiosa por la tarde, con sólo pensar en el tono de promesa que me habló Edward antes, sentía las olas de deseo recorrer mi cuerpo.
— Quédate con nuestra hija, mientras termino de preparar nuestro almuerzo — le dije a Edward cuando adentramos en mi apartamento.
Como mi novio adoraba lasaña el viernes por la tarde preparé mi salsa de tomate especial y la guardé en el congelador, ya que la preparación de esta llevaba demasiado tiempo, mientras él estaba con Maddie preparé la carne molida y la puse a cocinar, luego preparé la salsa blanca, y calenté la de tomates; la pasta era precocida, así ya facilitaba mi trabajo. Con todo listo sobre la encimera y mientras la carne terminaba su tiempo de cocimiento me fui a ducharme, estaba sudada por nuestra caminata por el bosque. Edward estaba sentado en el suelo de mi sala, su espalda recargada contra el sofá, sus piernas estaban levemente atraídas hacia su cuerpo y Maddie estaba recargada en ellas, sonriendo mientras su papá aproximaba el rostro al suyo y luego lo apartaba antes que ella pudiera atraparlo con sus pequeñas manos, sonreí ante la escena y me detuve a besarlos antes de seguir mi camino a mi habitación para ducharme.
Me duché, apliqué mi crema hidratante que a Edward tanto le gustaba el olor; sequé mi pelo; vestí un conjunto de ropa interior de encaje lila y por último aprovechando el clima más soleado del verano en Forks, me puse un vestido gris de tirantes, con estampa de bolitas blancas, era más ajustado sobre mis senos, pero caía suelto alrededor de mis caderas, hasta la mitad de mis muslos. Descalza volví a la sala, mi pelo sujeto en una coleta baja, ya que todavía iba a montar a la lasaña.
— Sencillamente hermosa — dijo Edward a verme.
— Gracias… — contesté sonrojándome levemente, ya su mirada se había detenido en mis piernas expuestas y me acordé de como él las había besado y acariciado la noche anterior — ehh… voy montar a la lasaña — balbuceé.
Él todavía tuvo el descaro de reírse, una risa llena de segundas intenciones.
— Cuando Maddie se duerma la siesta de la tarde, Bella — me recordó ensanchando su sonrisa.
Me dirigí a la cocina sintiendo un misto de ansiedad y excitación. Con mi mente pensando en las posibilidades que la tarde nos aportaría logré montar la lasaña y cuando terminé fui a quedarme con Maddie para que él pudiera irse a ducharse. Cuando él volvió, almorzamos y para alegría de mi novio, el postre fue pastel de chocolate, que había preparado ayer por la mañana antes de salirnos hacia la casa de Esme y Carlisle.
— Gracias, nena, como siempre tu comida estuvo para chuparse los dedos.
Me reí de su frase de niño hambriento.
— Por nada.
Sacamos a Maddie de su silla mecedora y nos acurrucamos en el sofá con ella, pero cerca de media hora después ella empezó a ponerse gruñona, le di el pecho y Edward la cambió el pañal, quince minutos después estuvo totalmente dormida.
— Ahora eres toda mía, Bella — susurró Edward acercándose hacia mí y tomándome rápidamente entre sus brazos para besarme hasta hacerme perder la razón, él me tomó en brazos y nos llevó hasta mi habitación.
— Soy tuya — logré decir cuando él me tumbó sobre el colchón y enseguida se tumbó sobre mí.
— Y yo soy tuyo — sonrió, tomando mis labios nuevamente.
Tuvimos una tarde movida y excitante, compartiendo amor y placer.
¡Hola, chicas! Hoy tuvimos un capi desde el punto de vista de Bella, pues creí que era necesario conocer sus sentimientos sobre su relación con Edward, espero que les haya gustado de este día en familia y de los momentos en pareja. En el próximo capi empezará el giro de la historia ;)
Gracias por los alertas, favoritos y por los reviews :D Es lindo recibir alertas y favoritos, sin embargo, las palabras serán siempre palabras, son ellas que nos dan a todas nosotras, escritoras y traductoras, las ganas para seguir en este mundo ficcional, por eso aquí agradezco a aquellas que me dejan sus comentarios aquí en Fanfiction, en mi grupo en Facebook, en el grupo de FFDA o en mi propio Facebook, ¡gracias por el apoyo, chicas!
Y no se olviden, ¡los reviews son mi sueldo! ;)
Noticias, adelantos, etc., en mi grupo en Facebook, el link está en mi perfil.
Saludos llenos de cariño, ¡nos leemos el próximo jueves!
