¡Hola! Siento el retraso de algunas horas, pero me llevó más de 4 horas hacer la revisión de este capi, así que espero que les guste y no se olviden de dejarme un comentario, por pequeñito que sea me alegrará leerlo.
Capítulo revisado innúmeras veces, pero soy humana, así que, de antemano, disculpen cualquier error que se me haya escapado.
Disclaimer: La saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer, yo solamente me divierto con sus personajes, ya que me enamoré de ellos. Esta historia es una idea mía y ahora la comparto con ustedes.
Capítulo 20 — Días y meses…
POV Bella
Tras una tarde en que aprovechamos muy bien las dos horas de sueño de Maddie, tuvimos una noche tranquila, jugamos con nuestra hija, nos divertimos bañándola, nuestra pequeña era una especie de pequeño pez, cada vez que veía el agua empezaba a agitar sus bracitos y piernas, haciendo deliciosos ruiditos guturales. Edward le puso el pañal y un pijama de estilo enterito, era rosa con corazones blancos distribuidos por toda la pieza. Él le hablaba tranquilamente mientras la vestía, por suerte ella había dejado a un lado sus berrinches al ser cambiada, ahora ella sonreía mirando el rostro de su padre que le decía palabras cariñosas.
Me encantaba verlo interactuar con nuestra hija, él era tan cariñoso y cuidadoso con ella, era un padre y un novio dedicado y amoroso. Su manera de cuidarme todavía me sorprendía, tal vez fuese algo que había en los genes Cullen, porque su padre y hermanos actuaban de la misma manera con sus esposas. A veces creo que él no percibe cuán protector es, pero amo que él sea así, que nos cuide y nos mime como si fuéramos princesas, él nos trata con el mismo cuidado de quien cuida a su tesoro más precioso, creo que por eso me llama siempre preciosa, y a Maddie pequeña preciosura, éramos sus preciosidades y eso me llenaba de dicha y de orgullo. Saber que un hombre tan especial como él me ama de una manera tan incondicional, de la misma manera que yo lo amo, hacía sentirme una mujer realizada, ya lo era en el sentido profesional y maternal, pero no en el sentimental y Edward me regaló eso.
Sabía que podía contar con él en las buenas y en las malas, él ya me había visto derrumbarme y me ayudó a levantarme, me apoyó y me consoló en un momento que sin duda marcó un antes y un después en nuestra relación. Jamás pensé que me encontraría a Demetri alguna vez un Port Ángeles, él odiaba el lugar, así como odiaba a Forks, decía que eran sitios demasiados pueblerinos. Me quedé en choque cuando lo vi, los recuerdos más dolorosos de mi vida estallaron en mi mente dejándome desconcertada. Y allí estaba Edward para protegerme, exigiendo que Demetri me respetara, luego preocupándose por mi estado de ánimo y cuidando a Maddie por mí. Él escuchó pacientemente el relato de lo que sucedió entre mi ex novio y yo, me apoyó, dejó que llorara sobre su pecho, me cuidó como jamás imaginé ser cuidada por un hombre que no fuera mi padre. Si era posible, me enamoré más de Edward Cullen aquel día, son pocas las personas que están dispuestas a escuchar las amarguras que uno carga en su alma y pocas son las que se quedan tras descubrir la complejidad de estas historias y las marcas ellas dejaron ocultas en el alma de una.
Tras acostar a Maddie en su cuna, cenamos pizza, intentamos ver una película acurrucados en mi sofá, sin embargo empecé a dormirme sobre el pecho de mi novio.
— Vamos a tu cama para que duermas algo, estás cansada, tenemos algo de tiempo hasta que Maddie vuelva a despertase — dijo Edward apagando la televisión.
— Me pregunto por qué estoy tan cansada — cuestioné retóricamente, él se rió.
— No te oí quejarte, preciosa — se jactó él, envolviendo sus brazos alrededor de mi cintura —, por el contrario, todos los sonidos que escuché salir de estos deliciosos labios fueron sin duda de placer — afirmó rozando nuestros labios.
— Presumido — dije, sintiendo mi rostro calentarse ante los recuerdos de mis palabras y jadeos mientras hacíamos el amor.
— Presumido, no, tan sólo orgulloso por saber que complací a mi mujer de la misma manera que ella me complació a mí — aclaró.
— Ummm… me alegra saberlo — musité ocultando mi rostro en su pecho, mientras que mi yo interno daba brincos por oír de su boca que también lo había complacido a él, por supuesto ya lo sabía, pero era fantástico poder oír la confirmación de sus labios.
— Ja, como si ya no lo supieras — dijo divertido, haciendo eco de mi pensamiento —, me encanta verte ruborizar, aunque no comprendo el porqué, pues conozco a cada rincón de tu precioso cuerpo y tú del mío.
Algo sonrosada erguí mi rostro de su pecho y contemplé su hermoso rostro.
— Porque cuando hacemos el amor me olvido de todo, pero cuando el deseo no me nubla la razón veo las cosas desde otra perspectiva — le expliqué volviendo a ruborizarme.
— Eres increíble, siempre sorprendiéndome — comentó y dejó un beso en mi caliente mejilla. — Vamos a la cama… a dormir, Bella — añadió riéndose cuando lo miré ansiosa, toda la conversación sobre sexo había empezado a alejar mi sueño para dar lugar a un otro tipo de necesidad. — Dios, crié un monstruo…
— No te oí quejarte, Cullen — le devolví.
Él se rió y me besó.
— Ni lo oirás…
Dormimos acurrucados el uno en el otro por cerca de dos horas hasta que despertamos por los gruñidos de Maddie. Eran las nueve y media de la noche, le di el pecho y le cambié el pañal, luego nos quedamos acurrucados en mi cama, jugando con nuestra hija, mientras charlábamos sobre los cambios que pronto iban a suceder en nuestras vidas. Dentro de una semana más volvía al trabajo, y con tan sólo pensar en estar apartada de mi muñequita mi corazón se encogía, por suerte mis turnos eran de 12 horas, así que trabajaba un día y otro no y había días en el mes que tenía a dos días libres consecutivos. Era cerca de las once y media cuando amamanté a Maddie y enseguida ella se durmió en brazos de su padre, mientras él le sacaba los gases. Edward la dejó en su cuna y volvió a mi habitación trayendo el monitor de la niñera electrónica.
— ¿Tienes hambre? — Me preguntó, sentándose en la lateral de mi cama.
— Un poco — reconocí —, puedo hacernos un chocolate caliente y todavía nos queda algo de tu pastel de cumpleaños.
— Perfecto, estoy que me muero de hambre — dijo sonriéndome de manera ilusionada igual un niño a espera de comer el postre tras la comida.
Me puse de rodillas sobre el colchón y acercándome a él, envolví mis brazos alrededor de su cuello y llené su rostro de besos, mientras me dejaba caer sobre su regazo.
— No es que me queje, pero, ¿a qué se debe este ataque? — Cuestionó riéndose, mientras yo le besaba la barbilla para enseguida dejar varios besitos sobre sus labios, él me sostenía por la cintura aferrándome junto a él.
— Es que a veces tengo ganas de comerte a besos.
No le iba a decir que era cuando hacía cara de niño bueno.
— Cuando quieras, preciosa, soy todo tuyo — contestó muy pagado de sí mismo.
Tomamos nuestro chocolate caliente compartiendo un gran trozo de pastel; a veces él me dejaba comer desde su tenedor, él se reía mientras me veía degustar el dulce, luego dejaba un breve beso en mis labios. Terminamos de comer y lavamos los utensilios que utilizamos.
— ¿Te quedas a dormir? — Le pregunté como si nada, mientras guardaba los utensilios en el armario.
— Es todo lo que más deseo — susurró junto a mi oído, pegando su cuerpo a mi espalda, sus manos envolviendo mi cintura, haciendo que un escalofrío recorriera mi cuerpo. — Y tú, ¿también lo deseas? — Quiso saber a lo que yo simplemente asentí con un gesto de cabeza. — Entonces voy a mi apartamento a cambiarme la ropa y vuelvo pronto — me avisó dejando un beso en mi cuello.
Él me dejó a solas, lidiando con mis alborotadas hormonas, suspiré y fui a prepararme para "dormir". Antes de dirigirme a mi habitación, eché un vistazo a Maddie, mi muñequita dormía profundamente, con una ligera sonrisa dibujada en sus labios rosados. Al entrar en mi habitación, tomé de mi armario un camisón de pijama rojo de tirantes delgados, con encaje de algodón del mismo tono alrededor del escote y del dobladillo, que me llegaba por encima de mis rodillas, enseguida me dirigí a mi cuarto de baño, hice mis necesidades humanas, tomé una ducha rápida, cepillé mis dientes, y antes de ponerme mi camisón apliqué un poco de mi crema con fragancia de mora que tanto le encantaba a Edward, luego puse el camisón sin molestarme a poner la ropa interior, sonreí sintiéndome traviesa, dos podían jugar a este juego, Cullen.
Cuando regresé a mi habitación Edward ya estaba acostado en mi cama, vistiendo tan sólo un pantalón de chándal gris, estaba con la espalda recargada contra el respaldo de la cama, los brazos cruzados detrás de la cabeza, posición que marcaba a todos los músculos de su pecho y barriga, las piernas estiradas sobre el colchón.
— Hola… — susurró él, recorriendo mi cuerpo con su mirada.
— Hola... — susurré, sintiendo mi pulso acelerarse ante la atracción casi tangible en el aire.
— Hermoso camisón, pero sin duda, prefiero lo que él me está ocultando.
— ¿Eso se resuelve fácilmente no crees? — Dije con intensión, acercándome a él.
Él tiró de mi mano haciéndome caer sobre su firme cuerpo.
— Sí, se resuelve fácilmente — susurró contra mis labios, sus manos acariciando mis caderas por sobre la suave tela del camisón.
— No tan rápido, estoy al comando por ahora — le avisé, quería que él disfrutara tanto cuanto yo cuando él me dedicaba sus atenciones, así que, me senté a horcajadas sobre él, tomé su boca, embriagándome con su sabor, mis manos recorrieron su cuello, sus brazos, podía sentir el bulto de su erección rozando el interior de mis muslos; dejé su boca y seguí besando su pecho, mientras acariciaba su estómago estilo tableta de chocolate, tomé entre mis labios su pezón derecho, lo que me hizo ganar un jadeo de su parte, seguí succionando y mordisqueando a veces, y pude oír más jadeos y gemidos salieren de su boca; dejé su pecho derecho y di las mismas atenciones al izquierdo, mientras tantos una de mis manos que estaba sobre su estómago empezaron a juguetear sobre la piel cerca de la cinturilla de su pantalón, deslicé mis uñas con suavidad por aquel sitio y sonreí contra su piel cuando un gemido más profundo se escapó de sus labios. Dejé la piel de su pecho y empecé a descender sobre su estómago, besando y succionando la línea de su ombligo. Edward se agitó bajo mi cuerpo, alzando sus caderas contra mis muslos. Me enderecé y lo miré coquetamente, dejando mi mano en la cinturilla de su pantalón.
— Creo que eso nos está estorbando — dije poniéndome de pie, mientras tiraba de la tela, Edward me ayudó y en cuestión de segundos él estuvo totalmente desnudo sobre mi cama. Mi hermoso novio intentó quitarme el camisón, pero empujando su pecho le hice tumbarse sobre la cama. — Disfruta… — le dije y empecé a acariciar sus muslos firmes, mientras veía como mis caricias le hacían reaccionar, su erección estaba más que lista para la acción. Dejé sus muslos y envolví mis manos alrededor de su eje, Edward gimió cerrando los ojos, mi nombre se escapó de sus labios mientras yo lo masajeaba, me incliné y empecé a dejar besos sobre la parte baja de su vientre. Él se sacudió contra mis manos, un sonido gutural se escapó de entre sus labios. De pronto él se sentó, haciendo que yo detuviera mis caricias.
— Te necesito, necesito tu calor… — susurró atrayéndome hacia su pecho y tomando mi boca con la suya. Sus manos empezaron a bajar por mi cadera hasta que encontraron el dobladillo de mi camisón, pensé que él me lo quitaría, sin embargo, sus manos adentraron baja la falda de la pieza y empezaron a acariciar mis muslos, desde la cara externa a la interna y subiendo hacia mi entrepierna. Jadeamos por distintos motivos cuando él sin miramientos puso la palma de su mano por sobre mi sexo.
— ¡No llevas ropa interior! — Exclamó sorprendido, acariciando mi carne sensible.
Gemí, y apenas fue capaz de asentir ante la sensación placentera que sus caricias me estaban provocando. Me mecí sobre su mano, todo el juego previo que había hecho con él me había encendido, estaba húmeda y ansiosa por tenerlo dentro de mí.
— Edward… — gemí.
— Ves, nena, dos pueden jugar a este juego — dijo contra mis labios, retiró su mano de entre mis piernas y tomó el dobladillo de mi camisón, erguí mis brazos para que él me lo quitara.
— Hermosa — dijo contemplando mi cuerpo desnudo a horcajadas sobre el suyo, rápidamente él nos giró, tumbándome de espalda a la cama, mientras él se acomodaba entre mis piernas, sentí su erección rozar mi carne palpitante, jadeé. Edward decidió torturarme un poco más, deteniéndose a acariciar mi cuerpo, mis senos, mi estómago, mi pubis, como él bien dijo, dos podían jugar a este juego, así que llevé mis manos a su espalda baja y utilizando mis uñas, rasguñé suavemente aquella área que sabía era su zona sensible. Él gimió fuertemente contra mis labios y supe que mi estrategia dio resultados, porque rápidamente él se posicionó y me llenó de una sola embestida, cerré mis ojos y me entregué al placer, sus caderas envestían con rapidez contra las mías y yo intentaba seguir el mismo ritmo, pero mi clímax llegó y me estremecí una y otra vez alrededor de él, que siguió embistiéndome, llevándome a ver literalmente estrellas, un delicioso cosquilleo recorría toda la parte inferior de mi cuerpo, entonces lo sentí detenerse y estremecerse dentro de mí, dándome su esencia.
— ¡Feliz cumpleaños! — Susurré, rozando nuestros labios, cuando logré volver a pensar con coherencia.
— El mejor de todos, Bella, gracias — dijo dejando un breve beso en mis labios, antes de girarnos y dejarme acostada sobre él. Me abracé a su cuerpo y casi ya me estaba quedando dormida cuando lo sentí dejar un beso sobre mi pelo y susurrarme: — Te amo.
— Yo también te amo — fue lo último que dije antes de adormecerme en la seguridad de sus brazos.
~oºo~
POV Edward
Después de mi cumpleaños el tiempo empezó a volar y tuvimos que adaptarnos a una nueva rutina. Una semana después de mi trigésimo cumpleaños Bella volvió a su trabajo, y como la madre cuidadosa que es ella, decidió llevar a Maddie a la guardería para que ella se adaptara con el ambiente y con la gente, así que durante toda la semana que antecedió su regreso al trabajo las dos pasaron una hora allí para que Maddie se acostumbrara con el lugar. Nuestra idea de rutina con los días se mostró muy efectiva, Maddie se iba con Bella por las mañanas para el hospital, ella la veía durante sus intervalos y yo me pasaba por ella a las cuatro de la tarde, teníamos algún tiempo padre-hija antes de la hora de su siesta y cuando Bella llegaba a casa nuestra hija todavía estaba durmiendo, lo que le daba tiempo para ducharse, cenar y descansar, los dos acurrucados en su sofá o en su cama, charlando sobre nuestro día a día. Cuando nuestra hija se despertaba Bella la amamantaba y la cuidaba, porque según ella había extrañado hacerlo durante el día, después nos quedábamos los tres en la cama disfrutando de nuestro momento en familia hasta la hora de la próxima siesta de Maddie, que era cerca de las 11 de la noche; mi novia le volvía a darle el pecho y tras un cambio de pañal la mecía hasta que ella se dormía. Bella la dejaba en su cuna en la habitación al lado y esa era la hora de nuestros momentos de intimidad. Hacíamos el amor despacio, disfrutando de nuestros cuerpos, descubriendo los puntos sensibles del otro, entregándonos al otro en la búsqueda del placer mutuo.
Con Bella habíamos decidido que me quedaría con Maddie en mi apartamento hasta la hora que ella llegase de su trabajo, ya que mi casa también estaba muy preparada para recibir a mi bebé y además si yo tenía que revisar algo del trabajo eso me facilitaría la vida, ya que tenía a todo lo necesario para ello allí. Mi primera tarde a solas con mi hija fue por demás insólita, jugué un poco con ella y después le di su baño, Bella me había recomendado que intentara mantener los mismos horarios en su rutina y así lo hice, le di un baño al final de la tarde, poniendo algo de música para relajarla, cuando la saqué de la bañerita la envolví con una toalla suave, ni siquiera tuve tiempo de dejar al baño, estaba casi llegando a la puerta cuando sentí un líquido caliente empapar mi vientre y bajar por mis piernas, mojando mi pantalón chándal. Miré a Maddie, su rostro todavía húmedo por el reciente baño.
— Hiciste pipí sobre papi — la acusé, y la muy traviesa me regaló una sonrisa desdentada. — Ahora tendré que bañarte otra vez y luego ducharme también, además de limpiar el suelo — ella se rió de mi tono serio, agitando sus bracitos sobre mi pecho. — Eres irresistible, aunque hagas pipí sobre papi — dije atacando su cuello con soplidos que la hacían moverse agitada, mientras de sus labios se escapaban uno que otro chillido feliz, ahora que ella ya estaba un poco mayor el sonido era más alto y claro.
La puse nuevamente a la bañera y la bañé rápidamente, la sequé con una toalla limpia y la vestí, por suerte su fase de hacer berrinches al ser cambiada se había quedado atrás.
Ahora juega un poco con tu móvil — dije dejándola en su cuna, haciendo cosquillas en su pancita —, papi va a ducharse — ella sonrió y puso su atención en el móvil que colgaba sobre ella.
Puse mi ropa en el cesto de ropa sucia y enseguida limpié el suelo para luego darme una ducha rápida, había llevado el monitor de la niñera electrónica al baño así que podría oír cualquier ruido extraño que hiciera mi hija.
Tras ducharme y vestirme calenté la leche de Maddie y le di su biberón, ella se durmió casi de inmediato.
Aproveché su siesta para estudiar la propuesta de un nuevo proyecto que la empresa había recibido, las horas se pasaron rápidamente y cuando Bella llegó la recibí con una sonrisa y con los brazos abiertos, ella no dudó y se echó a mis brazos; nos abrazamos y no besamos hasta que el aire se nos hizo escaso.
— ¿Cómo fue tu día? — Le pregunté, atrayéndola hacia el sofá, dejándola sobre mi regazo.
— Ajetreado, pero hoy percibí que de alguna manera extrañé a mi trabajo, sin embargo extrañé más a Maddie — suspiró —, la vi tres veces, unos pocos minutos por la mañana y otros minutos por la tarde, pero en el almuerzo pude estar con ella todo mi horario libre, la pude amamantar con calma — me contó sonriendo — ¿Está durmiendo su siesta ahora?
— Sí, la bañé y le di el biberón, se durmió enseguida. Pero antes no te imaginas lo que me sucedió cuando la estaba sacando del baño — ella alzó una ceja de manera interrogativa —, me hizo pis encima, me mojó la camisa y los pantalones, además del suelo y por encima tuve que volver a bañarla.
Vi que Bella estaba intentando contener la risa.
— Te estás riendo, Swan — la acusé y ella explotó en risas.
— Por lo menos... fue pis... — dijo de manera entrecortada por las risas — podría ser cosa peor.
— No había pensado en esta posibilidad...
Y ella volvió a reírse con ganas y yo me uní a ella.
x-x-x-x-x
El tiempo siguió volando, a cada mes Maddie se veía más grande y hacía cosas nuevas, a los cuatro meses ya lograba sostener totalmente la cabeza y el tronco ya estaba más firme. A los cinco meses empezó a salir su primer diente, su encía inferior se puso roja e hinchada, la pobre estuvo muy gruñona durante algunas semanas, estaba siempre llevando su mano a la boca o algún mordedor, incluso tuvo algo de fiebre, pero Bella me garantizó que les sucedía a algunos bebés cuando les salía los primeros dientes. Los calmantes que mi novia le aplicaba sobre su adolorida encía no parecían surtir efecto, lo único que la ayudaba a sentirse mejor era cuando Bella apretujada su chupete contra un bol con agua y éste se llenaba con el líquido, ella lo ponía en el congelador y cuando el agua empezaba a tornarse sólida dentro de la goma, lo retiraba y se lo daba a Maddie que chupaba y mordía con ganas a su helado chupete.
Tras algunas semanas de dormí mal, pues por las noches nuestra hija se ponía muy gruñona, finalmente su diente nació, adornando su sonrisa con aquella única perla blanca sobre su encía. Entonces llegó septiembre y con él los seis meses de vida de Maddie y el cumpleaños de número 28 de Bella, la primera en el día 12, la segunda en el 13, por suerte Bella estaba en su día libre en el día 13, así que planeé un día muy especial para nosotros. Hablé con mi familia y decidí hacer un almuerzo de cumpleaños, pues como Emmett tenía guardia por la noche no podíamos hacer una cena. El almuerzo sería una sorpresa para Bella, que esperaba una comida tranquila de cumpleaños y no una mini fiesta. Por la mañana la desperté llevando el desayuno en la cama.
— Feliz cumpleaños, preciosa — le susurré al oído, ella se giró sobre el colchón, gruñendo suavemente, me reí —, anda perezosa, despiértate, te hice el desayuno — le dije acariciando su mejilla contra la mía. Ella despacio abrió los ojos, mirándome soñolienta. — Buenos días…
— Ummm… buenos… — me reí y planté un beso en sus labios.
— Feliz cumple, amor — dije fijando su mirada en la mía.
Pese el estado soñoliento en que ella se encontraba, ella me sonrió y se abrazó a mí enterrando su rostro en mi cuello.
— Gracias — musitó contra mi piel, dejando un beso bajo mi barbilla.
— De nada, es todo un placer consentirte.
Ella se rió.
— Amo que me consientas — admitió.
— Lo sé — besé su cabello, aspirando su olor a fresa, suspirando feliz de tenerla junto a mí.
Me aparté de ella y nos sentamos sobre el colchón.
— Owww… — se admiró al ver la bandeja de desayuno llena con sus comidas favoritas a los pies de la cama, ella gateó hasta la bandeja y acarició los pétalos del tulipán rojo que yo había puesto allí en un florero de cristal. — Gracias, Edward.
Le sonreí.
— Te amo… — dije aproximándome a ella.
— Como yo a ti — suspiró y rozó nuestros labios — rápidamente ella se apartó y salió de la cama dejándome con la misma sensación del niño que deja el helado caer al suelo. Ella se rió al ver la expresión de mi rostro.
— Necesito ir al baño — me explicó, desperezándose. — Ummm… — gimió —, siento como si hubiera hecho un largo entrenamiento en el gimnasio — comentó clavando sus ojos en mí.
— No te oí quejarte, Swan…
Ella me sacó la lengua, igual una niña descontenta y se fue al baño de la habitación, mientras yo me reía.
Yo sabía bien el porqué de ella sentirse como si tuviera hecho un largo entrenamiento, bueno, de cierta manera lo hicimos. Entre el quinto y el sexto mes Maddie empezó a dormir más horas y nosotros aprovechamos estos momentos para hacer el amor y en la noche pasada hicimos una conmemoración anticipada de su cumpleaños, una larga conmemoración.
Cuando Bella volvió del baño yo la esperaba con su regalo en mi mano.
— ¿Creías que me había olvidado de tu regalo? — Le pregunté ante su cara de espanto, ella hizo un gesto negativo con la cabeza y se aproximó a mí.
— ¿Qué es? — Cuestionó curiosa mirando a la pequeña caja plateada en mi mano.
— Ábrela y lo sabrás — la insté.
Ella tomó la caja y la abrió rápidamente.
— Owww… es linda — suspiró, sacando de la caja la pulsera plateada.
— ¿Te la pongo?
— Sí, por favor… — asintió emocionada.
— El tulipán representa nuestro amor — le expliqué, acariciando el dije redondo con un pequeño dibujo de un tulipán rojo en el medio de un fondo blanco, nuestras iniciales estaban grabadas en letra cursiva sobre el fondo blanco, la E en el lado derecho y la B en el lado izquierdo de la flor. — Y aquí — dije tocando el segundo dije, que tenía el mismo formato que el primero, pero a diferencia del otro, éste se abría, era un relicario, sobre la tapa estaba grabado la silueta de un tulipán y dentro del espacio interior había una foto de Maddie en blanco y negro de un lado y del otro una foto nuestra también en blanco y negro —, aquí está nuestra preciosidad, la razón porque nos encontramos y ahora somos una familia… — dije acariciando la imagen de nuestra hija, para luego acariciar nuestra propia imagen.
No pude hablar más, los labios de mi novia calaron mis palabras.
— Gracias, gracias… es precioso, gracias, Edward — dijo cuando jadeantes separamos nuestros labios. Sus ojos estaban empañados de lágrimas, lágrimas de emoción y felicidad.
— Por nada, preciosa — dije abrazándola.
Desayunamos, entre besos y risas, cuando Maddie se despertó fui por ella y Bella la amamantó. Me senté con la espalda contra la cabecera de la cama y la atraje hacia el espacio entre mis piernas, me encantaba tenerlas así de conectadas a mí mientras veía a mi novia, a mi mujer, mi amor alimentar a nuestra hija. Pasamos una mañana tranquila, descansando en la cama, divirtiéndonos y cuidando a Maddie, después nos preparamos para ir a nuestro almuerzo en casa de mis padres.
Cuando llegamos a casa de mis padres, ya cerca del horario del almuerzo, todo estaba aparentemente tranquilo, mamá nos recibió y nos invitó a pasar al patio trasero.
— El almuerzo hoy es al aire libre — anunció ya con su nieta en brazos, mientras empezaba a caminar a nuestro lado.
Al salirnos al patio trasero un gran grito de "sorpresa" al unísono sorprendió a Bella, haciéndola estancar en el umbral de la puerta. El patio trasero estaba todo decorado con globos transparentes y sobre la gran mesa que había sido puesta allí, había pequeños floreros con tulipanes de distintos colores.
— Feliz cumpleaños, amor — le susurré rodeándola por la espalda con mis brazos alrededor de su cintura.
Ella se giró dentro de mis brazos y acercando sus labios a los míos me susurró un "gracias" antes de plantar un ligero beso en mis labios, enseguida mi madre la tomó de mis brazos y la abrazó, lo que se siguió fue una secuencia de abrazos y felicitaciones. Almorzamos entre risas y conversas en familia, Bella estaba muy feliz, sentada a mi lado con su padre del otro. Era hermoso ver el amor que Charlie le tenía, ella era su todo y mirando a mi hija, que estaba todavía en brazos de su abuela, lo comprendía de tal manera como jamás pensé un día hacerlo.
Tras el almuerzo disfrutamos de un delicioso pastel de chocolate que mi madre hizo para Bella, la familia toda le cantó cumpleaños feliz, mientras mi sonrojada novia soplaba la vela sobre el pastel, enseguida para total abochorno de Bella fue el momento de los regalos, mi madre le regaló un jarrón de cristal.
— Para que tu casa siempre pueda estar llena de tulipanes — le había dicho ella a lo que mi novia sonrió y la agradeció.
Carlisle le dio un libro sobre pediatría, por la mirada cómplice que Bella y mi padre intercambiaron parecía ser algo que ella deseaba leer ya a bastante tiempo.
Rose y Emmett le regalaron un conjunto de diez DVD's de miniseries basadas en las novelas de Jane Austen. Mi novia les sonrió emocionada, a ella le encantaba Austen.
Alice le entregó una caja en nombre de su esposo y de ella, la alertó para que levantara un poco la tapa y echara un vistazo dentro.
— Ni yo sé de lo que se trata — comentó Jasper a mi lado.
Bella hizo caso a las palabras de Alice y miró el contenido de la caja por una pequeña abertura, la vi sonrojarse y poner los ojos en blanco al tiempo que le musitaba un gracias a mi cuñada. Yo también le debía un gracias a mi cuñada, pues noches después disfruté bastante de su regalo, que era un hermoso conjunto de lencería de encaje, la pieza de tono de azul oscuro resaltó la blancura y la suavidad de la hermosa piel de mi novia.
Charlie también le tenía un regalo, con timidez le vi entregar a su hija una gran caja cuadrada. Bella la dejó sobre la mesa, la abrió y tras apartar una hoja de papel manteca, la oí jadear.
— Oh, papá… — sus ojos se llenaron de lágrimas y ella se abrazó a él —, gracias…
— Por nada, hija.
— Ay, Bellita, que nos dejas con la curiosidad — dijo Emmett, mi novia se rió y apartándose de su padre sacó de la caja lo que parecía ser un cuadro, pero cuando ella lo giró y nos señaló vimos que era un gran marco blanco con espacio para distintos tamaños de fotos, y estos espacios ya estaban todos ocupados por fotos de una hermosa mujer rubia con una bebé de espeso cabello marrón en brazos en la parte superior y justo abajo estaba una foto de Bella y Maddie, todos los seis huecos seguían la misma idea, en las fotos de la parte superior del marco estaba Bella y su madre, y en las de la inferior ella con nuestra hija, era un regalo hermosísimo, y yo sabía lo significativo que era él para mi novia.
Pasamos una tarde agradable en familia, disfrutando de charlas tranquilas, viendo los momentos tiernos de Ethan con Maddie, que siempre que podía dejaba un beso sobre la cabeza de su prima, le acariciaba el pelo con cuidado o besaba su manita, y no se cansaba de llamar a la atención de quien estaba a su lado para señalar a Maddie, diciendo siempre, "bebé", y cuando no nos percatábamos de sus intentos de mostrárnosla él nos tocaba o nos llamaba para que la mirásemos.
Cuando volvimos a casa al final de la tarde, cuidamos a Maddie y cuando ella se quedó dormida cenamos, después tomamos un baño juntos e hicimos el amor despacio.
— Gracias, este fue el mejor cumpleaños que puedo recordar haber tenido — me agradeció ella, cuando ambos yacíamos desnudos, agotados y satisfechos en su cama, ella recostada sobre mi pecho, con una pierna sobre mi muslo, mi brazo alrededor de su cintura.
— Fue todo un placer, preciosa — le respondí, dejando un beso sobre su coronilla.
x-x-x-x-x
El tiempo continuó volando y pronto llegó navidad, la primera navidad de Maddie, que para entonces ya tenía nueve meses, y la segunda de Ethan, así que la ocasión fue todo un evento para los miembros de nuestra familia, y Maddie nos dio una sorpresa a todos, desde su octavo mes ella ya intentaba gatear, la dejábamos sobre el suelo y ella hacía el ademán de moverse pero volvía a sentarse sobre su culito, pero en Nochebuena, estábamos reunidos en la sala de mis padres, Maddie estaba sentada a nuestros pies, jugando con Ethan a los bloques, bueno mi sobrino construía algo y mi hija lo deshacía, riéndose al contemplar las piezas cayeren al suelo. Ethan se divertía construyendo y viéndola derrumbar lo que sea que él hacía, las piezas a veces rodaban por el suelo y mi sobrino se levantaba para ir a buscarlas, y fue en una de estas ocasiones que vimos a Maddie apoyarse sobre sus manos y sus rodillas y gatear hasta donde su primo estaba. Fue Bella quien lo percibió, puso su mano sobre mi rodilla dándome un suave apretón, la miré y ella hizo un gesto para que mirara hacia el suelo, allí vi a nuestra hija, intentando ponerse a gatas, tras algunos intentos ella lo consiguió y salió gateado por la sala.
— ¡Lo grabé! ¡Lo grabé! — Chilló Alice emocionada, quien toda la noche llevaba una cámara encima, haciendo pequeños videos y fotos de nuestra noche familiar. La respuesta a su entusiasmo fue una explosión de risas colectivas, incluso Maddie y Ethan se pusieron a reír al ver que todos allí presentes se estaban riendo. La risa es algo contagioso, la felicidad lo es.
Mi relación con Bella era cada vez más íntima, si es que eso era posible, éramos compañeros en todos los sentidos, conversábamos como amigos íntimos, nos divertíamos juntos, nos admirábamos mutuamente. Nuestro amor tan sólo se hizo más fuerte con la convivencia más cercana y más íntima que compartíamos desde cuando hicimos el amor por primera vez. Mi madre cierta vez me comentó que entre nosotros dos había un grado de complicidad tan grande que parecíamos una pareja que llevaba varios años de unión y no tan sólo algunos pocos meses, como era el caso.
La fiesta de navidad fue en casa de mis padres, ya que era la única casa capaz de recibir a todos, Charlie se tornó una presencia constante en nuestras reuniones, era un hombre tímido a la simple vista, pero cuando se encontraba a voluntad nos mostraba su lado más abierto y juguetón. A Bella le encantaba verlo interactuar con mi familia, sonreía complacida cada vez que lo veía relajado charlando con mi padre o mis hermanos, él incluso jugaba con Ethan a la pelota.
— Es tan bueno verlo así de relajado, disfrutando de verdad, jamás lo había visto así, siempre estuvo preocupado y pendiente de mi crianza y mis necesidades, ahora parece finalmente estar tranquilo — me comentó aquella noche.
— Es porque él sabe que finalmente estás rodeada de personas que te aman y que te cuidaran siempre — le expliqué, atrayéndola hacia mi cuerpo para abrazarla.
La Navidad dio paso al año nuevo, que fue celebrado con mucha alegría y expectativas. En enero Maddie cumplió los diez meses y nos sorprendió con su primera palabra que fue seguida de muchas más, desde los ochos meses ella balbuceaba algunos sonidos, a veces pensábamos comprender un "má" o un "pá", pero nada en concreto. Pero en la mitad de enero estábamos en mi apartamento, esperando a Bella llegar de su guardia, Maddie ya no dormía su siesta de las seis horas de la tarde, así que estaba despierta para cuando su madre llegaba en casa. Estábamos jugando con sus bloques en el suelo de la sala cuando mi novia llegó.
— Hola, mis dos amores — nos saludó ella desde la puerta. Maddie al oír su voz, irguió el rostro hacia su madre y le regaló una hermosa sonrisa de pura felicidad por verla y estirando sus bracitos hacia ella le dijo con su voz angelical: — Má… mamá… — Y lo repitió cuando Bella ante la sorpresa de oírla no reaccionó al instante — ¡mamá! — Dijo en un tono más fuerte.
Con una gran sonrisa estampada en el rostro vi a Bella aproximarse y agacharse para tomarla en brazos y llenar su rostro regordete de besos, haciéndola carcajearse feliz.
— Mi muñequita preciosa — dijo ella abrazándola.
Contemplé a las dos mujeres de mi vida, disfrutando de la hermosa escena de la cual tuve la suerte de ser testigo, antes de unirme a ellas, abrazándolas. Así que la primera palabra de Maddie fue "mamá" y eso me hizo muy feliz, Bella merecía este regalo, era una gran madre y si no fuera por ella, por su elección de adoptar a Maddie, hoy en día no seríamos una familia, aunque todavía no estábamos casados, ya nos consideraba una familia, pues teníamos las cualidades esenciales de toda familia, amor, compañerismo y respeto. No tardó muchos días para que yo pudiera oír la dulce voz de mi niña llamarme "papá". Era un fin de semana y Bella estaba en su día libre, así que aprovechábamos para dormir hasta tarde cuando nuestra hija nos permitía, cuando ella despertaba yo o Bella íbamos por ella y la traíamos a nuestra cama, aquel día yo me quedé dormido y fue Bella quien la buscó. Desperté al sentir un par de manitas tocando mi rostro, fingí seguir durmiendo, oí a Bella reírse, mientras nuestra hija cada vez más enojada porque no despertaba tocaba con más fuerza mi rostro.
— ¡Papá! — Exclamó enojada y de golpe yo abrí los ojos. — ¡Papá! — Volvió a exclamar, ahora en un tono feliz porque finalmente la estaba mirando.
— Repítelo, pequeña preciosura — dije tomándola en brazos para sentarla sobre mi pecho y soplar besos sobre pancita y su cuello. A mí lado podía oír la risa feliz de Bella; Maddie se rió y repitió papá, hasta que cansada de reírse empezó a llamar "mamá", estirándose hacia su madre.
Los primeros meses del año se pasaron con relativa tranquilidad, a esta altura yo ya estaba viviendo prácticamente en el apartamento de Bella, utilizaba el mío cuando tenía que trabajar desde casa, ya que el de mi novia no tenía espacio suficiente para las cosas de mi despacho personal. Literalmente vivíamos como marido y mujer, lográbamos manejar bien nuestros horarios y la estrategia que habíamos utilizado desde que Bella había vuelto al trabajo todavía nos funcionaba, si por alguna razón yo no podría coger a Maddie a las cuatro en la guardería, mi madre lo hacía y luego la recogíamos Bella o yo o los dos juntos y aprovechábamos para cenar con mis padres.
Marzo llegó en un parpadeo y con él, el primer cumpleaños de Maddie. Hicimos una hermosa e íntima fiesta, para la familia y algunos amigos tanto del trabajo de Bella como del mío, en el patio trasero de la casa de mis padres.
Allí estuvieron Leah y Jacob, amigos de Bella desde la niñez y que también trabajaban en el hospital con ella. Meses antes había descubierto que Jacob era el chico que estaba abrazando a Bella en unas de las fotos que estaban sobre la estantería de su habitación, ellos tenían un niño seis meses mayor que nuestra hija. Matt era un bebé regordete, de grandes ojos negros, del mismo tono que su espeso pelo liso, la piel era del mismo tono aceitunado que la de sus padres, era un bebé muy simpático que sonreía a todos. Garrett llegó acompañado de Kate y su hija de cuatro años, Melisa, la niña era pelirroja, como su madre, y dueña de unos increíbles ojos azules. Kate cuidaba sola de la pequeña, ya que el padre de ella la había dejado así que ella le dio la noticia sobre el embarazo, en aquel entonces Kate estaba en su tercer año de universidad, pero con ayuda de sus padres logró salir adelante y terminar la carrera. Ella y mi socio habían empezado a salir desde diciembre, la atracción de los dos era demasiado evidente para todos nosotros que trabajábamos con ellos, sabíamos que sería una cuestión de tiempo. Una enfermera llamada Ángela, amiga del trabajo de mi novia, su esposo Ben y su hijo Noah de casi cinco años también estuvieron presentes. Incluso la señora Coppe, o mejor, Amelia, había acudido a la fiesta con un gran regalo envuelto en papel rosa.
— Como no tengo nietos todavía, voy a consentir a tu hermosa hija, muchacho — me dijo ella al ver mi mirada de espanto ante el tamaño del presente, echando una mirada de soslayo a su hijo, quien la había llevado y era quien cargaba con el enorme regalo. Bella fue la única que se rió de la situación.
En el transcurso de la fiesta percibí que Amelia se había aproximado de Charlie y ambos conversaban muy entretenidos en el otro.
— Hacen una buena pareja, ¿no crees? — Dijo Bella mirando en la misma dirección que yo.
— Sí — concordé —, ¿no sería algo raro para ti? — cuestioné.
— No… mi padre merece vivir su propia vida, por muchos años dejó a un lado su vida personal. Sé que mamá piensa lo mismo en donde esté.
La fiesta fue todo un éxito, Maddie pasaba de brazos en brazo muy contenta hasta que se cansó de toda la atención y sólo quiso estar conmigo o con su madre, así que decidimos que había llegado el momento del pastel de cumpleaños.
Con Bella sosteniendo a Maddie entre nosotros dos, mi mano en la espalda baja de ella, nos inclinamos sobre el pastel para soplar la velita, y Maddie nos imitó frunciendo sus labios de manera graciosa para intentar soplar, por supuesto, Bella y yo apagamos la vela, pero la hermosa imagen fue capturada por las cámaras de mi madre y Alice. Nuestra hija parecía una muñequita con su vestido blanco en la parte superior con una falda de tul rosa claro, con un gran lazo rosa a la altura de su pequeña cintura regordeta; sobre la tela de la falda había un hermoso encaje blanco con diseño de flores y ella calzaba unos zapatitos blancos con un lazo rosa y llenos de perlitas blancas sobre el empeine; su pelo algo rizado en la puntas le llegaba hasta su pequeña barbilla y estaba adornado por una tiara de encaje blanco con un pequeño lazo rosa.
Maddie ganó muchos regalos, pero el más creativo sin duda fue el de la señora Coppe. Amelia le regaló un sillón infantil de dos plazas, la cosa era azul mezclado con tonos de lila y sobre la tela de los reposabrazos había diseños de flores de distintos colores, formatos y tamaños, en la tela que cubría el respaldo había un diseño del dibujo animado "Doctora juguetes", era un dibujo muy tierno y a Maddie le encantaba ver las aventuras de la pequeña doctora y sus juguetes. Bella no la dejaba mucho tiempo delante de la tele, pero cuando la dejaba ver dibujos siempre tomaba el cuidado de averiguar qué tipo de valores y enseñanzas ella podía aprender de él, pues los niños en la edad de Maddie absorben igual que una esponja todo lo que ven, sea bueno o malo. El asiento del sillón podría ser levantado y para nuestra sorpresa y alegría de mi hija, cuando lo levantamos encontramos una tierna muñeca de trapo de vestido rosa con bolitas blancas. Maddie se rió al descubrir el secreto del sillón, le dimos la muñeca y ella la abrazó con ímpetu, desde este día la muñeca pasó a ser su juguete inseparable y el sillón su lugar favorito para descansar de sus travesuras, le encantaba estar acostada sobre el mullido asiento, que era algo mayor que ella y la cabía a la perfección, también le encantaba esconder cosas debajo del asiento, cierta vez la encontramos intentando entrar en el espacio hecho para guardar a los juguetes.
— ¡Madeleine! — Exclamó Bella al verla, nuestra hija que ya tenía una regordeta pierna dentro de la caja, irguió su rostro hacía el de su madre. Sus ojos verdes abiertos como dos platos, ante la sorpresa de haber sido atrapada en su travesura, las mejillas sonrojadas y la poquita entreabierta en una perfecta "o".
Pero nuestra niña era una gran manipuladora, le sonrió dulcemente a su madre y le estiró los bracitos para que ella la cogiera.
— Mami… — dijo ella con mimo.
Bella se agachó y la tomó en sus brazos.
— No puedes meterte ahí, Maddie, sólo la muñeca.
— Ñeca… — repitió nuestra hija.
— Sí, solamente la muñeca — enfatizó Bella, apartando de su frente un mechón de pelo que le caía sobre los ojos.
Pero, por una cuestión de seguridad, después de este día mandamos hacer una cerradura a prueba de niños para el asiento del sillón.
De eso ya se había pasado un mes, Maddie a cada día hacía una cosa nueva, decía una nueva palabra, para nuestro total encantamiento. Le encantaba estar en la guardería del hospital, se divertía con las cuidadoras y con los demás niños. El hijo de Leah y Jacob también frecuentaba el lugar, los dos se habían convertido en grandes amigos de travesuras, eso nos relataba sus cuidadoras, que nos decían que tenían que estar muy atentas a los dos. Miré a la nueva foto que tenía sobre mi escritorio y sonreí, era la de nosotros tres soplando la vela del pastel de cumpleaños de Maddie, la escena era de una hermosa familia, casi nos parecíamos a las parejas de los finales felices de las películas, una mujer joven, un hombre joven, bien sucedidos en sus trabajos, enamorados y con una linda hija, pero todavía no éramos igual que la familia de la película, en la película, la madre y el padre llevan anillos de matrimonio.
Esperaba pronto poder llamar a Bella mi esposa, ya le había comprado el anillo, pero todavía no había encontrado el momento adecuado de proponerle matrimonio, quería proporcionarle un momento especial. Ya estábamos a diez meses juntos, nos llevamos de maravilla, casi nunca discutíamos y cuando lo hacíamos lográbamos aclarar todo rápidamente, nos sentábamos y charlábamos hasta que la cuestión estuviera resuelta.
Mi celular empezó a sonar interrumpiendo mis cavilaciones, miré la pantalla y vi que se trataba de mi padre, una sensación de angustia recorrió mi cuerpo, dejándome con el corazón encogido, él estaba de guardia hoy, lo sabía porque sus horarios eran iguales a los de Bella, y él jamás nos llamaba cuando estaba en guardia.
— Papá…. — contesté.
— Edward… hijo… — su voz era insegura.
— ¿Qué pasó? ¿Es Maddie? — Pregunté angustiado.
— ¡No! Mi nieta está bien… es… es Bella…
Sentí los latidos de mi corazón, hasta entonces acelerados por la tensión, detenerse antes de empezar a volver a latir con más rapidez que antes, mi cuerpo empezó a temblar ante el miedo de oír el contenido de sus próximas palabras.
— Edward, ¡Edward! Tranquilízate, hijo, Bella te necesita aquí. Pide a alguien que te traiga hasta aquí, ella te necesita entero, no te pongas a manejar en este estado de nervios. Ella está realizando exámenes ahora, pero te necesitará a su lado — puso de manifiesto mi padre.
— ¿Ella… ella… está bien, ella se quedará bien? — Pregunté, receloso de oír su respuesta.
— Sí, aparentemente ella está bien, pero los exámenes nos ayudaran a saber a ciencia cierta si ella está del todo bien. Cuando llegues pide en la recepción que me llamen, iré a buscarte para explicarte todo lo que le sucedió.
— Vale.
Colgué la llamada y salí de mi despacho como un loco, probablemente llamando a atención de todos e irrumpí en el despacho de Garrett.
— ¡Edward! ¿Qué pasó?
— Es Bella, sufrió algún tipo de accidente, no lo sé al cierto, mi padre no me dijo mucho, sólo que aparentemente ella está bien…
— Vamos te llevo a Forks, no tienes condiciones de manejar, estás temblando.
— Eso venía pedirte.
Salimos de nuestra empresa a toda prisa, el camino hacia Forks nunca me pareció tan largo, las palabras de mi padre no salían de mi cabeza, "aparentemente ella está bien", yo no quería oír un aparentemente quería oír un "ella está bien". Como hijo de médico sabía que a veces una persona puede estar muy bien, pero puede existir lesiones internas que pueden llevarla a la muerte. No sabía lo que le había pasado, tan sólo sabía que no podía imaginarme en un mundo sin ella, no ahora que finalmente la había encontrado, y no era sólo yo, estaba Maddie, nuestra pequeña… Oh Dios, no nos la quite, por favor, Señor, ten piedad, no nos la quite.
Durante todo el viaje a Forks hice mil plegarias a Dios pidiendo por su salud. Cuando finalmente nos detuvimos delante del hospital, salí disparado del coche, tan sólo alcancé a oír a mi amigo decirme que iba a aparcar el coche y que pronto estaría conmigo. Entré en el hospital sabiendo que allí estaba todo lo que representaba mi felicidad y también mi infelicidad.
Y aquí empieza el giro de la historia, o sea, el tiempo empezó a transcurrir y estamos caminando hacia los últimos capis. Espero que les haya gustado la manera como narré el pasaje del tiempo y las escenas entre nuestra amada familia. A ver lo que pasó con Bella, y no se preocupen que no soy de mucho drama, ya lo saben.
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