Aviso: Este es el penúltimo capítulo, pero no empiecen desde ya a extrañar a nuestra hermosa pareja y a su encantadora bebé, pues, ¡HABRÁ SECUELA! Dentro de dos o tres meses debo de empezar a subir los capítulos. Ahora les dejo con la actualización de hoy, ¡buena lectura! Ah, adelantos, fotos de Maddie, del anillo de Bella, etc…, en mi grupo en Facebook que se llama, Fics de Crepúsculo by Jane Bells, el link está en mi perfil aquí en Fanfiction.
Capítulo revisado innúmeras veces, pero soy humana, así que, de antemano, disculpen cualquier error que se me haya escapado.
Disclaimer: La saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer, yo solamente me divierto con sus personajes, ya que me enamoré de ellos. Esta historia es una idea mía y ahora la comparto con ustedes.
Capítulo 22 — El preludio de una boda
POV Edward
— Isabella, mi preciosa Bella — empecé a decir las palabras que iban a cambiar mi vida de manera definitiva, mirándola a los ojos a todo momento, sus manos entre las mías todavía, —, nos encontramos de una manera inusitada, encontré a mi hija y te encontré, por un tiempo intentamos ocultar nuestros sentimientos, pero él era mayor que nosotros mismos. Ambos sabemos lo fuerte que es nuestro amor, una vez te pedí que además de la madre de mi hija, también fueras mi novia, hoy con nuestra hija junto a nosotros — dije gesticulando hacia nuestra niña que dormía con una sonrisa dibujada en sus labios de fresa, Bella la miró y una sonrisa amorosa y tierna embelesó su rostro —, te pido que además de su madre, seas la madre de mis futuros hijos, de nuestros futuros hijos. Mi preciosa Bella, te amo con todo lo que soy, me darías el gran honor de ser tu esposo — le pregunté sacando del bolso de mi pantalón la pequeña caja que estaba allí, abriéndola delante de ella.
Ella jadeó, llevando una de sus manos a la boca, cubriéndola, al ver el anillo que había comprado para ella, sus ojos agrandados por la sorpresa, su mirada visiblemente emocionada.
Con el corazón expectante esperé oír su respuesta.
— Sí… por supuesto que sí — respondió ella sonriéndome, sus manos deslizándose de su rostro para reposar sobre su corazón, y todavía en rodillas acorté la distancia entre los dos y tomé sus labios entre los míos, besándola dulcemente, mis brazos envolvieron su cintura atrayendo su cuerpo hacia el mío.
— Te amo, nena… — susurré dejando nuestras frentes pegadas.
— Yo también te amo — dijo tocando mi rostro con sus manos —, te amo con todo lo que soy, Edward — y entonces fue ella quien acortó la distancia y tomó mis labios entre los suyos. Fue un beso lento, profundo, cargado de la intensidad de nuestras emociones.
— Anda, quiero ver a este hermoso anillo en mi dedo — pidió cuando jadeantes nos separamos, estirando su mano derecha para mí.
— Como mucho gusto, futura señora Cullen.
Su sonrisa en este momento no podría ser comparada a nada, era simplemente radiante.
Saqué el anillo de su caja y tomando la mano que me ofrecía lo puse en su dedo anular, luego dejé un beso sobre él.
— Gracias, amor… es perfecto — me agradeció ella, contemplando la joya en su dedo.
El anillo era de oro y tenía como piedra principal una esmeralda ovalada y a su alrededor un circulo de delicados diamantes, estaba compuesto por tres delgados aros, los de las extremidades estaban cubiertos por pequeños y delicados diamantes, mientras que el de medio, era tan sólo una alianza de oro, pero donde el aro se unía a la piedra principal había en cada lado un pequeño diamante como un puntito de luz. Era un anillo clásico y delicado, era un anillo perfecto para mi Bella, así que lo vi en la tienda de joyas no necesité mirar a nada más.
— Elegí la esmeralda como piedra principal por ser el color de los ojos de nuestra hija y mío — le expliqué —, como siempre me dices que amas nuestras miradas, pensé que sería algo apropiado y que te haría acordarse siempre de los dos.
— Es perfecto, Edward… simplemente perfecto. Es el anillo perfecto para mí, gracias — dijo inclinándose para dejar un breve beso sobre mis labios.
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La recuperación de Bella fue más lenta de lo imaginábamos, le llevó todo un mes completo para que los síntomas de la concusión desaparecieran de todo, a veces cuando ella se levantaba rápidamente se mareaba y un intenso dolor de cabeza solía afectarla por lo menos dos veces a la semana, pero al cabo de un mes, los síntomas desaparecieron y ella hizo otra tomografía para garantizar que todo estaba bien con salud, y gracias a Dios todo estaba perfecto. Al saber que todo estaba bien con ella, pudimos dar inicio a nuestros planes de boda, ni ella ni yo tampoco, queríamos un compromiso largo, queríamos una boda sencilla y rápida. Fue imposible esconder de nuestra familia nuestro compromiso, en el mismo día que le pedí la mano a Bella, Charlie nos vino a visitar al final de la tarde, y él en pocos minutos se percató de la presencia del nuevo y reluciente anillo en el dedo de su hija.
— ¿Esto significa lo que yo creo que significa? — Cuestionó tomando la mano de mi prometida para mirar de cerca el anillo.
— Sí, Charlie. Le propuse matrimonio a tu hija y ella hizo el honor de aceptarme.
— Ella no sería loca de no aceptarte, Edward — contestó él, causando risa a mí y a Bella.
— Papá, por Dios, hasta parece que tenías ganas de librarte de mí — dijo Bella.
— No, eso jamás, cariño, tengo ganas de que seas feliz, y sé que Edward te hace feliz y tú a él, supe que él era para ti la primera vez que lo vi mirarte. Allí estabas, Edward — dijo volviendo su rostro hacia mí —, en el umbral de la casa de Esme y Carlisle, congelado en tu sitio — y volviéndose hacia Bella siguió —, mirándote como si nada más existiera a su alrededor y tú parecías igual que él. Así que debo decir que estoy muy feliz de ver como todo sucedió para ustedes, un hombre que ya amó intensamente sabe reconocer los primeros signos de este tipo de amor cuando lo ve. ¿Para cuándo es la boda? Estoy ansioso por llevarte al altar.
— Ohhh… papá, gracias — dijo Bella abrazándolo.
— Sólo sé feliz, Bella, eso me hará feliz.
— Ya los soy, papá, ya lo soy.
— Entonces, ¿ya tienen una fecha? — Volvió a preguntar mi futuro suegro cuando su hija lo dejó respirar.
— Todavía, no, pero será lo más pronto posible, vamos a esperar que Bella se recupere totalmente entonces lo decidiremos — le expliqué.
Por la noche fue la vez de mi madre enterarse, ya que ella nos vino a visitar trayendo un gran abastecimiento de comida congelada.
— Ohhh, ¡Dios! — Exclamó ella cuando su mirada recayó sobre la mano de Bella. — Se van a casar…
— Sí… — contestamos mi prometida y yo al mismo tiempo.
— Edward me pidió hoy por la mañana — le informó Bella, irguiendo su mano para que mi madre admirara su anillo.
— Es bellísimo, cariño, — dijo admirando la joya —, combina a la perfección con tu personalidad y esta esmeralda lo hace todavía más especial, ¿verdad? — Comentó, clavando su mirada en mis ojos.
Bella se rió.
— Sí, totalmente más especial, es el color de ojos de mis dos amores — le confirmó Bella, volviendo su rostro hacia mí y tocando mi rostro con una de sus manos, mirándome de una manera que me quitó el aliento.
— Ustedes son tan lindos — susurró mi madre, sacándonos de nuestra burbuja.
Con Esme sabiendo de nuestra eminente boda, fue cuestión de horas para que toda la familia nos estuviera llamando para felicitarnos.
— Empezaré a diseñar tu vestido — había dicho una muy agitada Alice por el altavoz del teléfono.
— Felicitaciones, chicos, estamos muy contentos por la noticia — dijo Jasper apartando a su esposa del aparato, la podíamos oír quejándose a lo lejos —, buenas noches, sólo queríamos felicitarlos y decir lo feliz que está toda la familia con esta noticia.
Les agradecimos y enseguida recibimos una llamada de Emmett.
— Por fin el soltero empedernido cayó en la red del amor — empezó a decir él cuando contesté la llamada.
— Él era un soltero empedernido porque todavía no me había encontrado — le espetó Bella, que también lo había oído ya que llevaba activado el altavoz del teléfono.
— Ja, así se dice, amiga — dijo mi cuñada al otro lado de la línea. — Felicitaciones, chicos, bromas aparte — dijo y pudimos oír un sonido de golpe seguido de un gemido por parte de mi hermano, lo que nos hizo reír —, estamos muy felices por ustedes, ya era hora — nos felicitó Rosalie.
— ¡Sí! — Gritó Emmett. — Felicidades, Eddie. Felicidades Bellita.
Gruñí ante sus ridículos sobrenombres, les agradecimos y nos despedimos de ellos.
— Es tan bueno poder recibir el cariño de nuestra familia — suspiró Bella acurrucándose contra mi costado, envolví mi brazo en su espalda y la atraje para que descansara sobre mi pecho. — Siempre fuimos Charlie y yo apoyándonos mutuamente, recibir a tantas muestras de afecto, de alegría por nuestra felicidad, es algo a que todavía tengo que acostumbrarme y no emocionarme a cada vez que los escuché — terminó riéndose, ocultando su rostro, sin duda sonrojado, contra mi pecho.
— Tendrás muchos años para acostumbrarte — suspiré, dejando un beso sobre su coronilla.
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Cuando Bella volvió al trabajo presentó algunos síntomas de trastorno de pánico, justo al pasar por el área de emergencias ella sintió taquicardia, dificultad para respirar y debilidad, él médico de guardia le concedió algunos días más de baja y le recomendó que buscara ayuda terapéutica, para superar el estrés traumático que sufrió cuando fue atacada. Como no tenía condiciones para manejar, mi prometida terminó por llamar a mi madre para que la recogiera y a nuestra hija que estaba en la guardería. Casi se me da algo cuando vi que ella me llamaba en lo que debería ser su horario de trabajo.
— Bella, ¿está todo bien? — Fue lo primero que le pregunté.
— Sí, ahora está todo bien, estoy en casa de tus padres…
— ¿Por qué? ¿Qué pasó? — Cuestioné nervioso.
— Tuve un ataque de pánico al pasar por el área de emergencias — me explicó —, estoy bien ahora, no te preocupes — añadió rápidamente —, él médico de guardia me concedió más algunos días de baja y me pidió para buscar a un terapeuta, tal vez lo necesite para poder superar el trauma del ataque.
— Quédate con mamá, paso a verlas en mi horario de almuerzo — le avisé.
— No es necesario, Edward, de verdad estoy bien.
— Quiero verte, Bella, hablar contigo personalmente y no suportaré esperar hasta el final de la tarde, además el trabajo que tengo que hacer hoy puedo hacerlo desde casa con mi ordenador.
— Entonces te esperamos. Te amo. Espera un rato — pidió y enseguida la oí decir "dile hola a papi, muñequita" — ¡Papi! — Chilló la dulce voz de mi hija al teléfono, logrando que sonriera como el papá embobado que soy.
— Hola, pequeña preciosura — al oír mi voz, una secuencia de papis fue proferida con entusiasmo, pude oír la risa de Bella y suspiré tranquilizándome, mis chicas estaban bien.
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Eran pasadas las 12 de la tarde cuando aparqué mi coche delante del porche de la casa de mi padre. Bella me abrió la puerta con Maddie en brazos, nuestra pequeña intentaba bajarse para poder llegar hasta mí, pero como había la escalinata mi prometida la sostenía firmemente.
— ¡Papi! — Chilló mi niña, estiré mis brazos y Bella me la pasó.
— Hola, pequeña preciosura — dije dejando un beso en sus regordetas mejillas. Ella se rió y tocó mi rostro con su mano, como solía hacer su madre.
— Hola, preciosa — saludé a Bella inclinándome para besarla.
— Hola… — suspiró y acarició mi rostro con su mano y Maddie la imitó, nos reímos.
Adentramos a casa y encontramos a mi madre en la cocina.
— Hola, mamá — la saludé y dejé un beso en su mejilla.
— Hola, cariño, el almuerzo ya está listo, pero ya almorcé, sólo Bella te acompañará, Maddie y yo vamos a tener un tiempo entre abuela y nieta, ¿verdad, pequeña? — Dijo ella estirando los brazos hacia mi hija, que se echó hacia su abuela con alegría.
Ellas se fueron dejando a Bella y a mí en la cocina.
— ¿Almorzamos? — Le pregunté.
— Sí.
Mientras Bella se servía, yo lavé mis manos en el fregadero y me senté frente a ella en el banco de la encimera, me serví y empezamos a comer, le hablé de la cena que tendríamos dentro de una semana por la inauguración del hotel en Port Ángeles, fue nuestro primero proyecto tras la asociación de la empresa y ahora la construcción estaba finalmente concluida, fueron casi diez meses de trabajo para construir el complejo turístico. Iba a ser hecha una cena para invitados y ésta también marcaría la inauguración del gran restaurante construido dentro de las instalaciones del hotel. Todo el equipo de Construyendo sueños & Cullen y Meyer proyectos Company estaba invitado.
Terminamos de comer y yo llevé a Bella hasta el cobertizo para que pudiéramos charlar, me senté en una de las sillas y la senté sobre mi regazo.
— Ahora podemos hablar, ¿cómo te sientes?
— Bien, de verdad, sólo me asusté cuando los síntomas del ataque de pánico empezaron, vino de la nada, tenía un minutito libre e iba a ver a Maddie, pero cuando llegué al área de emergencias, no sé no pude caminar más, aunque deseaba poder salir de aquel lugar.
— Creo que deberías hablarlo con Jasper, creo que él te puede ayudar.
— Esme me sugirió lo mismo — suspiró.
— ¿Es que prefieres hablar con alguien que no sea de la familia? — Pregunté al percibir su hesitación.
— No, si tengo que hablarlo con alguien prefiero que sea con Jasper. Hablaré con él, no creo que sea necesario que vaya a su consultorio, podemos charlar en otro sitio, no sé si estoy lista para volver a entrar en el hospital, no después de lo de hoy.
— No te preocupes, sin duda él podrá ir a nuestro apartamento — la conforté dejando un beso sobre su sien. — Sabes, ya que hablarás con él, en su plan terapeuta, podrías también hablar sobre lo de tu pérdida… — no precisé añadir nada más, ella supo a lo que me refería y se tensó entre mis brazos. — Eh, tranquila, Bella — dije abrazándola más fuerte —, todavía llevas la amargura de este dolor dentro de ti y eso te hace sufrir, es por eso que te tensas con sólo oír una alusión a la situación que viviste.
Ella se abrazó a mí y enterró su rostro en mi cuello.
— Tal vez estés en lo cierto — la oír decir, su voz sonando amortiguada, no sé si por la emoción o si por estar con el rostro contra mi piel.
— Te amo — le acordé.
— Lo sé… — me reí suavemente —, yo también te amo — dijo apartando su rostro de mi cuello, y por su mirada nublada supe que su voz había salido amortiguada por la emoción que siempre la envolvía cuando hablaba sobre la pérdida de su hijo.
— Lo sé… — dije y rocé nuestros labios suavemente.
— Tonto…
— Cambiando tema, no tienes por qué acompañarme a la inauguración del hotel la próxima semana, el lugar estará lleno de gente y tal vez no te sientas cómoda con el entorno.
— Para la próxima semana veré como me siento al respecto y decido si iré acompañarte o no, pero gracias por pensar en eso — agradeció y fue su vez de rozarme los labios, pero a diferencia de antes, no apartamos nuestros rostros y de pronto un simple roce se volvió un intenso beso.
El día de la inauguración llegó y Bella decidió acompañarme, mi hermano le recomendó algunos truncos por si se sentía mal, yo estaba receloso, no quería verla pasar un mal rato por algo desnecesario, pero tuve que acceder, ella dijo que no podría esconderse en casa, tenía que convivir con la gente y enfrentar su miedo, así que en aquella noche entré en el gran hotel con una deslumbrante Bella colgada de mi brazo, ella llevaba un vestido manga larga, todo de encaje beige, que le llegaba un poco debajo de sus rodillas, un cinto de tejido también en tono beige demarcaba su delgada cintura, lo que no era absolutamente necesario, ya que la pieza era justa a su cuerpo, diseñando su hermosa figura; llevaba unas sandalias de tacones casi del mismo tono de beige que su vestido y un bolso de fiesta de satén dorado con aplicaciones de cristales sobre la solapa. Su cabello lo llevaba suelto, brillante y lleno de nuevas ondas que le concedió más volumen, haciéndola verse demasiado deseable.
La inauguración fue un suceso, todo mi equipo disfrutó de la fiesta y del reconocimiento que nos fue dado por la realización del proyecto. Mientras Bella se mantuvo en el entorno con el personal de mi empresa nada pasó, pero cuando volvíamos de bailar un vals un grupo de empresarios de Port Ángeles nos abordó y no logramos evadirnos a las invitaciones para quedarnos con ellos por algún tiempo. El grupo era formado casi totalmente por hombres, eran siete y más tres mujeres, vi que Bella se puso pálida y visiblemente incómoda por estar cerca de tantos hombres que no conocía.
— Les pido disculpa, señores, señoras, pero mi prometida se sintió mal mientras bailábamos — expliqué envolviendo un brazo firmemente alrededor de su cintura, no se me pasó desapercibido las miradas de algunos de los hombres para el cuerpo de mi mujer. — Hay demasiada gente en este sitio y ella apenas se recupera de una fuerte gripe. Vamos, amor, te llevaré a conocer el área de la piscina, así tomas un poco de aire.
Bella asintió y deseó las buenas noches al grupo.
— Gracias… — musita ella, cuando ya nos estábamos apartando del salón.
— Cuido a lo que amo, preciosa — dije dejando un beso sobre su sien.
— Lo sé… — suspiró, concediéndome una tierna sonrisa.
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Por el trastorno de pánico, Bella consiguió una dispensa de un mes más de su trabajo, en su tiempo libre ella aprovechó para dar inicio a los planes para nuestra boda y dos veces a la semana Jasper iba a su apartamento a conversar con ella. Mamá, Alice y Rosalie se le unieron en los planes para la boda, a veces llegaba en casa al final de la tarde y las encontraba rodeadas de revistas y muestras de tejidos. Al final del mes teníamos la fecha de nuestra boda, sería dentro de tres meses, en setiembre, era el plazo necesario, según las mujeres, para que el vestido, las invitaciones, aunque iban a ser pocos y las cosas de la decoración estuvieran listas.
Siempre cuando estábamos a solas Bella me mostraba los colores de la decoración y el estilo de las invitaciones, al final decidíamos juntos, con las chicas ella tan sólo separaba las mejores opciones, sin embargo, su vestido era algo de lo que yo estaba prohibido de inmiscuirme, no sabía ni si ella ya había elegido el modelo que Alice diseñaría.
La terapia con mi hermano ayudó mucho a Bella, al final de su mes de baja ella logró volver al trabajo, aunque mi hermano le explicó que le tomaría más tiempo de terapia para que pudiera darle el alta definitiva, por suerte ella no necesitó hacer uso de medicinas para controlar los ataques de pánico; después de su primera crisis, y tras su pequeño malestar en la fiesta de inauguración, ella volvió a sentirse mal dos veces más, una vez en el pasillo del supermercado, otra vez en el parque cuando habíamos llevado Maddie a pasear, un corredor que se ejercitaba allí chocó con ella y eso fue el detonante de una nueva crisis, en ambas ocasiones yo estaba con ella y logré tranquilizarla en pocos minutos. Lo del su agresor era un tema zanjado, y esto también ayudó a Bella a recuperar su control emocional, según mi futuro suegro, el hombre que la atacó estaba en la cárcel de Nueva York y sería llevado a un nuevo juzgamiento, dónde su pena ganaría una revisión por la agresión a Bella, las cámaras del pasillo del hospital habían grabado todo el suceso, eso más el historial médico de mi prometida que sería añadido al proceso era lo suficiente para mantenerlo por unos cuantos años más en la cárcel ya que el hombre era un reincidente.
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Entre el trabajo, nuestra vida en familia y los preparativos para la boda vimos el tiempo pasar en un parpadeo y de pronto estábamos a pocas horas de poder decir el sí más significativo de nuestras vidas. Mis hermanos, Garrett, Benjamín, que vino para nuestro día especial, Jacob, el amigo de Bella desde su infancia, mi padre y Charlie, salimos a ver un partido de fútbol en Port Ángeles, sería mi despedida de soltero, no quería hacer nada demasiado grandioso, quería estar descansado y para nada borracho, como por lo general solía terminar el novio en este tipo de celebración. Vimos el partido, luego salimos a comer una pizza y a tomar cervezas, los chicos se rieron cuando yo pedí una Coca-Cola para acompañar mi comida, no quería correr el riesgo de sentirme mal por la mañana. Dormiría en nuestro apartamento solo, ya que las mujeres estaban disfrutando de una noche de chicas en casa de mis padres y Bella, junto a mi hija se quedaría a pasar la noche allí, por la mañana mi prometida empezaría su día de novia y yo tenía que estar lejos de ella, sólo podía llegar a casa de mis padres media hora antes del inicio de la ceremonia, mi madre o Alice sin duda no dudarían en alejarme si yo apareciera antes de la hora marcada.
Por las prisas que teníamos por casarnos, decidimos seguir viviendo en el apartamento de Bella, el espacio era suficiente para nuestra pequeña familia, y yo seguía alquilando el piso de enfrente al suyo, era mi espacio de trabajo cuando necesitaba revisar algún proyecto lejos de la empresa, pese a lo cómoda que estaba nuestra situación allí, deseábamos vivir en una casa, y con calma tras la boda íbamos a empezar a buscar una o a lo mejor encontrábamos un espacio para la construcción de una, quería poder diseñar el proyecto y hacer realidad a la casa de los sueños de Bella.
Por la mañana mi papá me trajo a Maddie y fue su compañía lo que me ayudó olvidarme de las horas, la boda seria al final de la tarde, justo a la hora del crepúsculo, pero me las arreglé para no pensar mucho en eso, decidí disfrutar de nuestro tiempo padre e hija, mi pequeña de un año y seis meses ya caminaba por toda la casa, siempre teníamos que estar atenta a ella para que no se pusiera en riesgo. Nos quedamos tan feliz cuando a los nueve meses ella empezó a andar a gatas, fue nuestro presente de Navidad, y lo que sucedió después fue algo increíble de poder observar, poder ver sus progresos hasta que finalmente logró dar sus primeros pasos.
Algún tiempo después de ella empezar a andar a gatas, ella empezó a levantarse del suelo, siempre apoyándose sobre algo, en una silla, en el sofá, en las piernas de Bella o en las mías; ver que a cada día ella lograba hacer una cosita nueva, disfrutar de su sonrisa traviesa cuando lo lograba era una sensación que calentaba nuestros corazones. Cuando finalmente Maddie logró sostenerse de pie ella parecía algo recelosa con relación a intentar caminar, se sostenía de pie pero no salía de su lugar, ni si nosotros la sostuviéramos por los brazitos ella se animaba a dar un pasito hacia adelante, pero un día, cuando ella ya estaba con un año y cuatro meses, estábamos Bella y yo jugando en el suelo de nuestra sala con ella, montando unos bloques, Maddie estaba sentada a mi lado y Bella estaba al otro lado de la sala, de pronto ella miró un bloque que su madre tenía en la mano y estiró su manita pidiéndole.
— Mami… — insistió viendo que Bella no le pasaba el objeto.
— Ven a cogerlo, muñequita perezosa — la instó Bella, sonriéndole.
Yo creía que ella caminaría a gatas hasta ella, perro apoyándose sobre mis piernas dobladas ella se levantó y se paró observando el camino hasta su madre.
— Ven, princesa, ven con mamá — la instó Bella, abriendo los brazos para recibirla.
Nuestra hija dudo un poco, pero luego dio un pequeño pacito, se tambaleó pero no cayó, cambié de posición quedándome de rodillas sobre el suelo y dejé mis manos a su alrededor, sin tocarla, tan sólo haciéndola saber que estaba allí para sostenerla y fue todo lo que ella precisó para seguir dando sus pacitos, algo torpe ella logró llegar hasta Bella, que la abrazó y la besó, felicitándola por su logro, me uní a ellas abrazándolas.
— Anda, papá, siéntate al otro lado — me pidió Bella —, ahora vamos hasta tu papi, Maddie.
Me senté al otro lado de sala como me pidió Bella y le abrí los brazos a mi hija, ella me sonrió y con su madre a sus talones caminó hasta mí. Estaba una monada, llevaba un vestido xadrez en tonos claros de rosa, blanco y gris, le llegaba hasta las rodillas, unos pantys grises y calzaba unas bailarinas también grises, sobre su vestido Bella había puesto un casaqueto rosa claro, ya que estábamos en invierno. Su pelo suavemente rizado en las puntas caía alrededor de su rostro mientras ella se tambaleaba hasta mí, sonriéndome pero con una mirada decidida mientras daba un pasito más, concentrándose para no caerse.
— Muy bien, pequeña preciosura — la felicité abrazándola, ella riéndose feliz por toda la atención que Bella y yo le estábamos dando.
Parecía que aquello había sucedido ayer, pero ya se había pasado un largo mes y yo ahora corría por el apartamento intentado atrapar a mi pequeña que después de haber dado sus primeros pasos adoraba correr de nosotros para que luego la atrapáramos y la llenara de abrazos y besos, mientras ella se reía y se contorcía entre los brazos de su madre o en los míos.
A las dos de la tarde Rosalie vino a llevar a Maddie, mi padre y mis hermanos llegaron a hacerme compañía.
— El último Cullen se casa — empezó a decir Emmett, sentándose a mi lado en el sofá. — ¿Cómo te sientes, hermanito?
— Muy bien, ¿por qué me sentiría diferente? Voy a casarme con la mujer que amo, tengo una hija que es la alegría de nuestros días, una familia y buenos amigos, y no me puedo quejar del sentido financiero.
— Jaja, recibiste tu respuesta, Emm — dijo Jasper riéndose de él.
— ¿Por qué no puedo tener un hermano menor normal, con nervios por su boda? — Indagó dramáticamente Emmett, mirando al techo, como si consultara a los cielos.
— No tengo niervos, estoy ansioso por ver a Bella, ya que no la veo desde ayer por la tarde y tampoco logré hablarle por teléfono, y por supuesto estoy más que ansioso por verla caminar hasta mí por el pasillo, enfundada en un hermoso vestido blanco, sabiendo que pronto ella será mi esposa.
— Ay, eres todo un Cullen enamorado — suspiró Emmett en un tono tierno como lo de una chica, desordenado mi pelo con sus manos.
Podía oír las risas de mi padre y Jasper, mientras yo intentaba apartarme del ataque de mi hermano mayor.
— Alice debe haber secuestrado el celular de Bella — comentó Jasper, cuando finalmente logré apartar mi pelo de las manos de Emmett. Mi hermano del medio tenía el semblante de disculpa, él sabía a ciencia cierta cuán autoritaria su esposa podría llegar a ser si se le metía algo en la cabeza, y para ella los novios no debían tener ningún tipo de contacto antes de la boda, era la tradición.
Algún tiempo después, mis hermanos se fueron a mi apartamento, a arreglarse para la boda, todos habían llegado trayendo un bolso de viaje y el traje de boda en una funda protectora, Alice había mandado que un mensajero entregara el mío por la mañana. Carlisle se quedó conmigo en mi apartamento, él utilizó el baño del pasillo, mientras yo el de la habitación de Bella y mía. Tomé mi tiempo en el baño, primero afeité mi barba con cuidado para no dañar mi piel, enseguida tomé un baño demorado intentando relajar ante la ansiedad que tenía por ver a mi prometida. Salí del baño, sequé mi pelo y mi cuerpo, puse desodorante, loción para después del afeitado; peiné mi pelo y tras leer las explicaciones de la nota que Alice me había enviado junto el traje por la mañana, le puse algo de la pomada para modelar que ella también me había enviado. Hice lo mejor que pude con mi pelo, la pomada pareció ayudar a mantener las puntas en su debido lugar, esperaba que el efecto durase como prometía las instrucciones del fabricante. Volví a la habitación y me vestí con extremo cuidado para no arrugar el traje, calcé las medias y los zapatos, dejando el nudo de la corbata gris por último.
— Problemas con la corbata — cuestionó mi padre desde el umbral de la puerta, ya totalmente arreglado en su traje.
— El nerviosismo que Emmett habló parece que finalmente resolvió hacer acto de presencia — le expliqué, apartando mis manos de mi cuello, el nudo que había logrado hacer estaba totalmente torcido hacia un lado.
— Déjame ayudarte — dijo entrando a la habitación —, lo mismo se pasó a tus hermanos y a mí cuando me casé con tu madre.
— Me alegra saberlo…
Él se rió.
— Es normal sentirse nervioso, hijo, aunque cuando uno se va a casar por lo general tiene la certeza del amor que le une a su pareja, no obstante eso no nos impide de sentirnos nerviosos y ansiosos, queremos que el momento de verla llegue pronto, tener la certeza que realmente ella va a estar allí, verla en todo su esplendor femenino y oír el sí de los labios de la mujer que amamos.
— Lo resumiste bien.
Él volvió a reírse, mientras deshacía mi desastroso nudo y empezaba a hacer un nuevo.
— Listo — dijo segundos después, me miré al espejo y el nudo estaba perfecto. Eché un vistazo a mi reflejo en el espejo, me veía bien con el traje hecho a medida para mi cuerpo, parecía uno de esos hombres de anuncios de revista, mi pelo seguía en su sitio con una apariencia de pulcritud, pero sin parecer engominado. Quería verme bien para mi prometida, ella se estaba arreglando para mí, mi deber y placer era hacer lo mismo por ella.
Mis hermanos volvieron al apartamento y tras una llamada de Jasper para Alice, fuimos liberados para ir a la casa de mis padres. Fui en coche con mi padre, mientras Jasper y Emmett siguieron el en coche del último. Mi corazón retumbó en el pecho conforme el coche se acercaba a la casa, en la entrada ya estaban aparcados los coches de nuestros invitados.
— Vamos, hijo, tienes que ponerte junto al altar — me instó mi padre.
Salí del coche y junto con mi padre y hermanos entramos en la casa, mamá nos recibió a la puerta.
— Qué hermoso estás, hijo — dijo ella tocando mi rostro con cariño.
— Gracias, mamá. Te ves increíble — la alabé, ella llevaba un vestido verde esmeralda, el pelo recogido con algunas hembras adornando el contorno de su rostro, no parecía ser una mujer de 56 años, cualquier que la viera le daría diez años menos que su edad real.
— Estás preciosa, amor — la elogió mi padre, poniéndose a su lado y envolviendo su cintura con un brazo, ella le sonrió feliz y enamorada, mientras sus ojos contemplaban el rostro de su marido con amor y admiración.
— Vamos tortolitos — instó Emmett —, una boda estar para comenzar y cuanto antes empiece, antes podemos disfrutar de la fiesta y de las comidas.
Nos reímos de las ocurrencias de mi hermano y seguimos en dirección al patio trasero, antes no pude evitar mirar las escaleras que llevaban al piso de arriba y mi gesto no pasó desapercibido a mi madre.
— Ella ya está lista y muy ansiosa. Te quedarás embobado al verla, está tan hermosa — comentó mi madre y por su tono emocionado era como si estuviera hablando de su propia hija, en realidad Bella lo era, era la hija de su corazón.
Llegamos al patio trasero y apenas tuve tiempo de mirar mi entorno cuando una imperativa Alice apareció de la nada y tirando de mi mano me llevó hasta el altar, donde el reverendo Weber, padre de la enfermera Ángela, amiga de mi prometida, me esperaba, lo saludé y con mi mirada recorrí los pocos asientos que tenía allí, saludando a nuestros invitados con un gesto de cabeza.
— Estás muy guapo, cuñadito — me dijo ella mientras, quitaba algún polvo invisible de la solapa de mi traje.
— Fuiste tú que diseñaste la ropa, cuñada, cómo podría no estar guapo — le dije.
Ella me sonrió, la sonrisa del gato con botas.
— Eres tan manipulador, Edward, pero sabes lo que te conviene… Bueno, voy por la novia.
Ella se fue y yo no pude apartar mis ojos de la puerta que permitía el acceso al patio trasero.
Algunos minutos después, que para mí pareció una eternidad, la marcha nupcial empezó a sonar, todos los invitados se levantaron, percibí por mi visión periférica, ya que no apartaba mis ojos de la puerta trasera, que acababa de abrirse.
Respiré hondo calmando mi ansiedad, pronto seriamos el señor y la señora Cullen.
¡Hola! Espero que les haya gustado este penúltimo capítulo, y por supuesto que Bella le dijo que sí a Edward. Hoy vimos como lo de su agresión hizo mella en ella, pero con el apoyo de Edward y la familia ella logró recuperarse pronto, y como siempre tuvimos los tiernos momentos con nuestra muñequita consentida. Ah, no quise ahondar sobre el tema del agresor de Bella, la solución que encontré probablemente no debe estar de acuerdo con las leyes, pero bueno, esto es una ficción, así que júzguemelo como una ficción. La ceremonia de la boda y algunas cositas más se quedan para el próximo y último capítulo ;)
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