Hola, siento por el retraso, chicas, pero el capítulo se quedó muy largo y me fue imposible terminarlo antes. De antemano, disculpen cualquier error que se me haya escapado, pronto empezaré a revisar toda la historia para corregir los errores de ortografía y/o gramática. Bueno, les dejo con el capi, ¡buena lectura!

¡LEAN LA NOTA AL FINAL, POR FAVOR!


Disclaimer: La saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer, yo solamente me divierto con sus personajes, ya que me enamoré de ellos. Esta historia es una idea mía y ahora la comparto con ustedes.


Capítulo 23 — Viviendo el presente y construyendo el futuro

POV Edward

[…] la marcha nupcial empezó a sonar, todos los invitados se levantaron, percibí por mi visión periférica, ya que no apartaba mis ojos de la puerta trasera, que acababa de abrirse.

Respiré hondo calmando mi ansiedad, pronto seriamos el señor y la señora Cullen.

Lo primero que vi salir por la puerta, fue Alice y Rosalie, mis cuñadas eran sus damas de honor, ambas estaban llevaban vestidos largos de color salmón, luego tras ella pude ver a mi madre cargando a Maddie y de su lado estaba Ethan vistiendo un pequeño traje negro, cuando Rosalie y Alice empezaron a caminar por el pasillo formado por una especie de tapiz de pétalos de rosas de color blanco y rosa, mi mamá dejó a mi hija sobre el suelo, Maddie estaba preciosa, llevaba un vestido sin mangas, la parte sobre su pequeño dorso era de satén de un tono de rosa muy suave, la falda vaporosa era blanca cubierta por un tulle blanco, en el dobladillo de la falda había una especie de encaje en rosa en forma de pequeñas flores, en la lateral de su cintura había un moño hecho con el mismo encaje que estaba en el dobladillo de la falda, una cinta rosa colgaba desde el moño sobre la falda, en sus piececitos pude ver un pequeño zapato de satén blanco con un lazo de perlas. Su pelo ligeramente rizado caía alrededor de su rostro y una diadema de flores de tonos claros adornaba su cabeza.

Mi mamá se acuclilló delante de mi hija, le dijo algo y enseguida irguió su brazo y apuntó hacia mí, mi niña acompañó su movimiento y una hermosa sonrisa se dibujó en su rostro cuando ella me vio al final del camino.

— ¡Papi! — Chilló, sonriendo, provocando una risa colectiva en el ambiente, todos los invitados la pudieron escuchar, ya que la marcha nupcial sonaba bajito en el ambiente, incluso mis cuñadas que ya estaba en la mitad del camino sonrieron.

Le sonreí a mi niña y mi madre le explicó algo más a ella y a mi sobrino, luego Ethan tomó una de las manitas de mi hija entre la suya y asintió hacia su abuela. Mi madre se apartó de ellos y vino a sentarse en la primera silla cerca del altar, al lado de mi padre.

Cuando su abuela llegó a su sitio Ethan tiró suavemente de la mano de su prima y ambos empezaron a caminar en dirección al altar. Los suspiros no tardaron en ser escuchados, la imagen de los dos caminado de las manos era demasiado tierna. Ethan a sus tres años y medio caminaba firme, pero Maddie, con un año y seis meses a veces se tambaleaba, pero el pequeño caballero a su lado la apoyaba. Cuando mi hija y mi sobrino estaban a la mitad del pasillo vi a Bella entrar en el patio del brazo de su padre, en sus manos un ramillete de tulipanes rojos, no podría ser diferente, era su flor favorita, era nuestra flor. Nuestras miradas se encontraron al instante, nos sonreímos, la vi parpadear emocionada e inspirar aire, ella estaba deslumbrante en su vestido de satén blanco, la parte superior de la prenda era un corset de tela lisa que demarcaba su cintura y el contorno de sus senos, por sobre el escote recto había un encaje blanco con patrón de hojas y del mismo encaje nacía las cortas mangas caídas del vestido, la falda era totalmente lisa por la frente, con algunos pliegues laterales que parecían formar la cola del vestido que no era demasiado larga. Su pelo lo llevaba suelto a medias con ondas cayendo hacia un lado de su hombro, su apariencia era romántica y sencilla como le gustaba a mi Bella y ella estaba totalmente encantadora a mis ojos.

Cuando Ethan y Maddie llegaron al altar mi sobrino corrió para junto de sus abuelos, pero Maddie corrió hacía mí, con su paso tambaleante, y me entregó la pequeña cesta que llevaba en las manos, la caja de los anillos venía atada dentro de ella. Acepté la caja y la dejé sobre el altar, sonriendo al reverendo Weber. Desde su sitio mi mamá llamaba a mi hija para que se fuera hasta donde ella estaba, pero mi niña tenía otra idea en mente.

— Papi — dijo ella con su adorable mirada dulce, estirando los bracitos para que la cogiera en brazos.

Como no resisto a su encanto, la cargué y ella me sonrió feliz, acariciando mi rostro con cariño, besé su mejilla regordeta, inspirando su olor a bebé, vi que mi madre hacia el ademán de venir a buscarla, pero yo negué con la cabeza, ella estaba en el sitio adecuado, fue ella que nos unió, ella debía estar con nosotros mientras recibíamos las bendiciones de Dios. Miré a Bella al inicio del pasillo y ella asintió empezando a caminar hacia mí.

— Ahí viene mamá, pequeña preciosura — le susurré al oído de mi hija, que sonrió, uniendo las palmas de sus manitos, emocionada, imitando los gestos de su tía Alice, intenté no reírme, pero Bella me sonreía alegre mientras caminaba hacia mí, así que me reí, estábamos felices, finalmente seríamos una familia en todos los sentidos.

Bella llegó a mi lado, Charlie puso su mano sobre la mía.

— Se amen y se cuiden — dijo él a lo que asentimos.

Llevé la mano de mi novia hasta mis labios y dejé un casto beso sobre ella, vi la emoción en su mirada y sin poder resistir dejé un beso sobre su frente.

— Mami… — la reclamó Maddie.

— Hola, muñequita — la saludó, inclinándose para besarla en la mejilla.

Enseguida dejé a Maddie sobre el suelo entre mis piernas y la de Bella, diciéndole para que se quedara allí y como respuesta obtuve un asentimiento de cabeza seguido por un "sí, papi" que causó la risa entre todos los presentes.

Entrelacé mis manos con la de Bella, nos sonreímos y con nuestra hija entre nosotros, miramos al reverendo que empezó la celebración.

Nuestra ceremonia de boda fue sencilla, el reverendo nos dijo palabras sobre la importancia de reconocer el amor y aferrarnos a él, porque era lo más importante de la vida, porque podríamos tener fe, esperanza, pero el mayor de todos los sentimientos era el amor, porque sin él es imposible tener fe, tampoco esperanza. Decidimos por no escribir nuestros votos, no lo necesitábamos, los votos originales que nos hizo decir el reverendo eran perfectos para la ocasión. En muchas ocasiones Bella y yo ya habíamos dicho todo lo que se podía decir sobre cuán importantes éramos el uno para el otro, y, para nosotros este tipo de declaración era un momento nuestro, podía parecer una actitud egoísta, pero no queríamos compartir nuestras almas con nadie más, nuestra familia y amigos ya sabían el tamaño de nuestro amor, no necesitábamos hacer declaraciones públicas de ello, nuestras declaraciones eran nuestras, era algo íntimo y profundo como nuestro amor.

Cuando el reverendo Weber hizo la típica pregunta a Bella y la oí decir el "sí", con su mirada emocionada clavada en la mía, mi corazón palpitó feliz en mi pecho, luego fue mi vez decir el "sí", y ver una lágrima de emoción bajar de los ojos de Bella, erguí mi mano y con el dorso de mis dedos sequé el vestigio de la lágrima, ella apoyó su rostro contra mi piel, nos sonreímos. Enseguida intercambiamos nuestros anillos de matrimonio también diciendo las clásicas palabras, y finalmente el reverendo no declaró marido y mujer, ni siquiera le di tiempo para decir el "ya puede besar a la novia", mis labios ya estaban sobre el de mis esposa para cuando él terminó la frase. La besé con ternura, ella se relajó contra mí y yo la sujeté por su cintura, sólo despegué mis labios del suyo cuando sentí un pequeño, pero firme, tirón en mi pantalón. Dejando mi frente pegada con la de mi esposa, juntos miramos hacia abajo y nos encontramos con el rostro travieso de nuestra hija, que nos sonrió y estiró sus bracitos para que la cargáramos, nos reímos, dejé un breve beso en los labios de Bella, susurrando un "la amo, señora Cullen" a lo que recibí como repuesta, "igual que yo a usted, señor Cullen", me incliné y tomé a Maddie en brazos, que se abrazó a mí, recostando su cabeza contra mi hombro, Bella se inclinó y dejó un beso en su mejilla, haciéndola reír. Dejé otro breve beso en los labios de mi esposa y tomando su mano en la mía nos giramos para recibir las felicitaciones de los nuestros.

Tras recibir las felicitaciones de nuestra familia y amigos, firmamos el acta de matrimonio, posamos para las fotos, y nos reunimos con nuestros invitados para disfrutar de una cena ligera. La decoración del patio era sencilla, pero eso no disminuía su belleza, todo era una mezcla de tejido y encaje blancos, y ramilletes de tulipanes en tonos de rosa, blanco y amarillo, decoraban las mesas blancas esparcidas alrededor del patio.

— Mami… — dijo una soñolienta Maddie, desde los brazos de su abuela, estirándose hacia Bella, cuando nos dirigíamos a sentar para disfrutar de la cena, mi esposa la tomó en brazos con cariño, la vi dejar un beso sobre la sien de nuestra hija e inspirar su adictivo olor a bebé. Ayudé a Bella a sentarse y luego me senté a su lado.

— Era tanta gente alrededor de ella esta tarde que ella estuvo todo el tiempo muy agitada sin querer dormir su siesta, ahora finalmente se está cayendo rendida — me explicó Bella, mientras acariciaba el pelo de nuestra soñolienta hija.

Comemos, y como toda madre de una bebé, Bella se las arregló para comer con nuestra hija en brazos.

— Se durmió… — susurró mi esposa a la mitad de la cena.

— Vamos dejarla en la habitación de los niños.

Bella asintió y yo la ayudé a levantarse, avisamos a mi madre que estaba sentada al lado de Bella y a Charlie que estaba de mi lado. Entramos en la casa y subimos las escaleras hasta el piso de arriba, mi esposa dejó a Maddie sobre la camita de Ethan y le cambió la ropa de fiesta por un pijama, nuestra hija estaba tan cansada que siquiera si inmutó por el jaleo, luego Bella la acuno en sus brazos con cariño y la dejó en la cuna.

Me puse a sus espaldas y envolví su cintura con mis brazos.

— Parece que fue ayer que la tuve en brazos por primera vez — suspiró mi esposa —, está creciendo tan rápido, ya extraño a mi bebé.

— Yo también, preciosa — el tiempo pasó tan deprisa, que todavía era capaz de sentir el calor del cuerpo de mi niña junto al mío cuando Bella me la puso en brazos por primera vez. — Cuando nos encontremos viviendo en nuestra casa y nuestra vida laboral esté más calmada podemos pensar en darle un hermanito o hermanita — le dije, ella se giró en mis brazos para mirarme con una emoción diferente bailando en su mirada chocolate — ¿En qué estás pensando? — Pregunté tocando su rostro con el dorso de mi mano derecha, ella cerró los ojos y suspiró al sentir mi caricia.

— Que tenemos que encontrar el sitio adecuado para que puedas empezar a construir nuestra casa lo más pronto posible — me explicó abriendo los ojos, mirándome con una mezcla de dulzura y picardía.

Sonreí ampliamente.

— Te amo, señora Cullen — Dios, que no me cansaba de llamarla así, mi señora Cullen…

— También te amo, señor Cullen — dijo echando sus brazos sobre mi cuello, acercando más nuestros cuerpos y poniéndose de puntillas para tomar mis labios entre los suyos. Nos besamos primero tiernamente, pero luego la ternura dio paso a la intensidad de nuestras emociones y sentimientos; nos separamos jadeantes cuando oímos nuestra hija proferir un suspiro profundo, nos reímos bajitos y dejamos la habitación, llevando con nosotros el monitor de la niñera electrónica.

— No he tenido la ocasión de decírtelo antes, pero estás deslumbrante, amor — le dije cuando estuvimos a solas en el pasillo.

— Tú también — dijo viéndose ruborizada, la atraje hacia mí, sin poder resistirme a esta mezcla de mujer y niña uní nuestros labios, devorándola con pasión.

— Deberíamos estar abajo con nuestros invitados — jadeó mi esposa, cuando apartamos nuestros labios en búsqueda de aire. — Se estarán preguntando por qué tardamos tanto.

— Y lo más probable es que todos están pensando que estamos haciendo lo que acabamos de hacer — dije irguiendo una cierra sugestiva — o entonces que decidimos adelantar la noche de bodas.

— ¡Edward! — Exclamó, ocultando el rostro en mi pecho.

Me reí y besé el tope de su cabeza.

— Vamos a bajar, entonces, nena, cuanto antes se termine la fiesta podremos empezar nuestra pequeña luna de miel.

Infelizmente como en los últimos meses Bella había estado de baja por muchos días, incluso meses, ella sólo consiguió librar tres días de trabajo, así que me las arreglé para conseguir algo especial para nosotros en este corto periodo, además estaba el hecho que mi esposa no quería estar apartada de nuestra hija por mucho tiempo, por eso resolví disfrutar del regalo que todo el personal de nuestra sucursal en Port Ángeles recibió por el proyecto para la construcción del hotel, fue un detalle del presidente de la cadena ya que se quedó muy satisfecho con el proyecto y luego con la estructura cuando ésta se quedó finalizada. Un mes antes de nuestra boda, llamé al hotel e hice nuestras reservas, estaba todo listo y nosotros no íbamos a pagar ni siquiera lo que consumiéramos, Bella todavía no lo sabía, sólo le había dicho que íbamos a un sitio especial cerca de Forks, esperaba que a ella le gustase, en la noche de la inauguración del hotel ella alabó el trabajo de mi equipo y nos felicitó, mientras que con el semblante maravillado miraba todos los detalles de la gran estructura física a su alrededor.

Volvimos al patio trasero, cortamos la tarta de boda, posamos para más fotos, y Bella echó el ramillete a las mujeres solteras presentes, que no eran tantas, y para divertimiento de todos fue Amelia, la señora Cope, que lo cogió y feliz agitó en el aire su conquista, y a nadie le pasó desapercibida la mirada que ella le echó a mi suegro, que con un semblante avergonzado parecía fingir que la cosa no era con él, como si todos ya no supiéramos que desde el cumpleaños de Maddie, él y la señora Cope habían salido por lo menos una vez a la semana.

Era casi las ocho de la noche cuando finalmente logramos terminar de nos despedir de nuestros pocos, pero importantes invitados, y emprender camino hacia Port Ángeles. Nuestra hija se quedaría con mis padres y despedirse de ella fue la parte difícil de la noche, ella ya estaba despierta para entonces.

Vi a mi esposa abrazarla y llenarla de besos por todos los lados, mientras nuestra pequeña se reía feliz.

— Te amo, muñequita — le dijo Bella, rozando sus narices.

— Amo mami — dijo Maddie acariciando el rostro de su madre, que sonrió totalmente enamorada de nuestra hija.

— Dale un abrazo a papi — le pidió Bella, pasándomela.

— ¡Papi!

— Hola, pequeña preciosura, sé buena con la abuela y el abuela, ¿sí?

— ¡Sip! — Exclamó, sonriéndome.

— Te amo, preciosura — suspiré inhalando el olor de su pelo.

— Amo papi — dijo ella con ternura, abrazándose a mí.

— ¿Crees que ella sentirá nuestra falta? — Me preguntó Bella mientras manejaba.

— Por supuesto, pero está con sus abuelos, que la irán consentir a más no poder, no te preocupes, cuando lleguemos a nuestro destino llamamos a mamá y cualquier cosa regresamos.

— Gracias — dijo ella, inclinándose sobre la palanca de cambios para dejar un beso en mi mejilla.

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— Edward, estamos yendo a dónde yo creo que estamos yendo — me preguntó Bella al reconocer las calles por donde mi coche estaba pasando.

Sonreí por la manera como ella profirió su pregunta.

— ¿Te gustaría que estuviéramos yendo para donde tú crees que estamos yendo? — Le devolví.

— ¡Edward!

Me reí de su impaciencia.

— Eres tan linda así toda nerviosa y enojadita — le dije, tomando la mano que estaba sobre su muslo, para llevar hasta mis labios y besar sus nudillos. — Sí, amor, estamos yendo a donde crees que estamos yendo — le revelé.

Estábamos esperando que el semáforo se pusiera verde para poder seguir nuestro camino, entonces aproveché para mirarla, ella tenía una expresión de asombro en el rostro.

— ¿Bella?

— Owww… no puedo creer — empezó a decir con entusiasmo —, sabes, cuando fuimos a la inauguración me quedé imaginando como sería poder disfrutar de toda la comodidad del aquel lugar y ummm… lo que nosotros podíamos hacer en una de sus lujosas habitaciones — confesó, tímidamente, y yo sabía, aunque por la oscuridad dentro del coche no podía ver claramente su rostro, que sus mejillas se habían tintado de rojo.

— Pues, vamos hacer muchas cosas en esta habitación, nena, será una noche inolvidable — le prometí.

Ella me sonrió.

— Lo sé, todos los momentos contigo son inolvidables — dijo así de simple, dejándome totalmente anonadado.

— Te amo — fue lo único que logré atinar para decirle.

Ella se rió, su risa feliz repercutiendo por todo el auto.

— Lo sé… y tu amor me hace tan feliz, Edward, no tienes idea de cuán feliz me haces, amor.

— Creo que sí, me hago la idea, es igual de feliz que tú me haces.

Ella volvió a reírse feliz, me encantaba verla así.

El semáforo finalmente se puso verde y yo pude seguir para el hotel, en pocos minutos llegamos al lugar, salí del auto y entregué las laves al aparcacoches, para luego ayudar a Bella a salir. Ella se veía avergonzada e increíblemente hermosa, la había convencido para que no quitase el vestido de novia, pues yo quería poder hacerlo.

— Estoy vestida de novia delante de un hotel y todos nos están mirando — musitó ella entre dientes.

— Olvida a la gente y empieza a pensar en la manera que te voy a quitar a ese hermoso vestido — le susurré al oído, tomándola por la cintura y acercándola a mi costado, ella giró su rostro hacia el mío y en sus ojos pude ver el brillo de la anticipación y del deseo, acorté la poca distancia entre nosotros rostros y rocé nuestros labios — pronto, preciosa, ya falta poco.

Nos dirigimos a la recepción, nos registramos rápidamente y recibimos la tarjeta de la puerta, un joven botones nos esperaba cargando a nuestro ligero equipaje al lado del ascensor.

— Gracias, pero yo mismo llevo a nuestro equipaje — le agradecí y le di una propina a lo que el chico me sonrió entusiasmado.

— Qué tenga una buena estadía, señores — nos deseó el contento botones.

Tomamos el ascensor y rápidamente llegamos al último piso, nos habían regalado la suite como cortesía por nuestra boda, a Bella le encantaría el lugar. Abrí la puerta con la tarjeta y puse nuestro equipaje adentro de la habitación, enseguida me volví hacia mi esposa y la tomé en brazos.

— ¡Edward! — Exclamó sorprendida.

— Es nuestra noche de bodas, nena, tengo que hacerlo según la tradición — le expliqué, mientras que con mi pie cerraba la puerta.

— Tonto — dijo, pero plantó un beso en mi mejilla.

La cargué hasta el centro de la habitación, donde la dejé sobre sus propios pies.

— ¿Te gusta? — Pregunté, mientras la veía escrutar a todo a su alrededor, estábamos todavía en el primer ambiente, que se trataba de una sala de estar.

— Es muy hermosa. ¿La diseñaste tú?

Sonreí.

— Sí.

— Me encanta, amor, fue un trabajo maravilloso.

— Gracias, ¿quieres conocer las demás habitaciones? — Le pregunté — Hay dos baños, uno con una bañera y otro con ducha, además de una terraza privada, con jacuzzi, ducha, tumbonas y hamacas

— Luego, ¿podemos llamar a Esme antes? — Pidió mi esposa.

— Por supuesto, amor. Le tendí su bolso y ella encontró su celular. Mientras ella llamaba a mi madre, me encargué de dejar nuestro equipaje en la habitación principal y pude verificar que todo estaba decorado como yo había pedido, fue un gasto extra que sin duda valía la pena por poder regalar un hermoso recuerdo de nuestra noche de bodas a Bella. Volví a la sala de estar y pocos minutos después Bella encerró la llamada. — ¿Entonces?

— Maddie cenó, jugó con Ethan y ambos están profundamente dormidos.

— Creo que fue una buena idea que Rosalie y Emmett dejaran a Ethan con mamá y papá también.

— Sí, es lo que parece.

— Ahora y sí podemos disfrutar de nuestra noche de bodas, señora Cullen — dije acercándome a ella.

— Sí, señor Cullen, usted tiene una promesa que cumplir — me acordó ella con picardía.

— La cumpliré — le garantí, envolviendo mis brazos alrededor de su cintura para besarla, nuestros labios se encontraron y con verdadera hambre nos besamos, la tomé en brazos nuevamente y ella puso sus brazos alrededor de mi cuello, nos dirigí hasta la habitación principal, mientras mi esposa dejaba besos por mi barbilla y cuello.

— Edward… — suspiró Bella al ver la decoración del lugar, con cuidado la dejé de sobre sus propios pies nuevamente.

Velas de distintos tamaños estaban esparcidas por los muebles y algunas sobre el suelo; floreros y jarrones de cristal con tulipanes rojos también hacían parte de la decoración; sobre la cama de cabecera tapizada, había un cubrecama blanco y almohadas púrpuras, en el medio de ella descansaba un único tulipán rojo.

— Gracias — dijo ella poniéndose de puntillas envolviendo sus brazos alrededor de mi cuello para besarme.

— Por nada, todo lo que te hace feliz a ti, me hace feliz a mí.

Ella me sonrió, su sonrisa enamorada.

— Hazme el amor, Edward — pidió, suspirando contra mis labios.

Con urgencia tomé sus labios entre los míos, nos devoramos hasta que el aire nos faltó, jadeante dejé su boca para besar la suave piel de su cuello, podía sentir bajo mis labios el latir acelerado de sus pulsaciones. Di la vuelta a su cuerpo y mientras le besaba la nuca empecé a abrir el camino de botones del corset de su vestido. Bella llevó su mano a su espalda y empezó a acariciar mi cuello, disfrutando de mis caricias y al mismo tiempo incitándome, ya que sus caderas se restregaban contra mi cuerpo.

Tras lo que me pareció una eternidad logré desabotonar el vestido, dejando su espalda libre para recibir mis atenciones, descendí por su nuca y emprendí viaje hacia su espalda, besando el camino de su columna vertebral, ella llevaba puesto un bonito sujetador de encaje blanco sin tirantes, pero decidí dejarlo, quería verla de frente para después sí quitarlo.

— Edward… — ella gimió y la sentí estremecer, cuando me puse de rodillas y atraje sus caderas hacia mi rostro, besando el final de su espalda baja, me reí contra su piel y me erguí, girándola para verla de frente, me aparté un poco de ella y le pedí:

— Quítate el vestido, nena.

Sin despegar nuestras miradas, vi sus manos viajaren hasta las cortas mangas de encaje y despacio ella empezó a retirar los brazos de dentro de ellas, cuando ambos brazos estuvieron libres ella dejó que el corset cayera revelándome su dorso, la piel suave de escote, sus senos llenos, cubiertos por el delicado tejido de encaje del sujetador, su vientre plano y suave, el lugar que algún día, esperaba que fuera pronto, iría acoger a nuestro hijo.

— Voy a necesitar de ayuda para quitar la falda — dijo mi esposa, sacándome de mi burbuja apreciativa.

Me aproximé de ella y la ayudé a bajar el corset que se quedó atorado alrededor de sus caderas, en pocos segundos el vestido era un amontonado de tela sobre los pies de mi esposa. Le di mi mano y ella salió de entre el vestido.

— Deslumbrante — musité al verla en todo su esplendor delante de mí. Además del sujetador de encaje blanco ella llevaba unas braguitas a juego y unas medias blancas translúcidas con liguero y un zapato blanco de tacón muy alto y delgado con una aplicación de joyería, semejante a un broche, en la parte del talón del calzado.

— Llevas demasiada ropa, señor Cullen — dijo ella, seductoramente, acortando la distancia entre los dos, para deslizar sus manos por sobre mi pecho, empujando el saco de mi traje por sobre mis hombros. Con un suave sacudida de mis hombros y brazos la pieza cayó al suelo, Bella llevó sus manos a mi corbata y rápidamente deshizo el nudo, con una sonrisa pícara en sus labios la echó por detrás de su espalda, enseguida ella se inclinó para besarme a lo que correspondí encantado, pero cuando sus manos lograron desabotonar casi todos los botones de mi camisa, ella dejó mis labios para empezar a besar mi cuello, mi pecho, mi estómago, ella regresó a mis labios cuando gemí al sentir su lengua alrededor de mi ombligo.

La tomé por la cintura y la atraje hacia mí, para que ella sintiera lo que sus caricias habían provocado a mi cuerpo, enterré mi rostro en su cuello y una de sus manos viajaron a mi cabeza, sus dedos hurgando en mi pelo, mientras ella profería suaves jadeos junto a mi oído. Así de pegados al otro nos fuimos acercando a la cama y nos caímos sobre el colchón, yo por encima de Bella, cuando sus rodillas dieron contra el borde del mismo, ella se rió y yo me uní a ella.

— Te amo… — dijo ella de pronto poniéndose seria y tocando mi rostro con cariño.

— También te amo, preciosa — le contesté y rocé nuestros labios, antes de apartarme de ella para quitarme los zapatos, mis pantalones y bóxers, ella se sentó en el borde del colchón y yo totalmente desnudo me arrodillé entre sus piernas, acuné su rostro entre mis manos y rocé nuestros labios una vez más antes de hablarle. — Además de nuestra hija, fuiste y eres lo mejor que me sucedió en la vida. Te llevo bajo mi piel, tatuada en lo más profundo de mis huesos, en lo más profundo de mi ser, te llevo en mi alma, Bella, mi Bella… — declaré y besé sus mejillas para enjugar unas cuantas lágrimas que se le escapó de los ojos al oír mis palabras, ella se abrazó a mí y la sentí respirar mi olor, antes de dejar un largo y cariñoso beso en mi cuello.

— Siempre creí en el amor — dijo apartándose de mi cuello, me miró un instante y luego dejó su frente posar sobre la mía —, pero jamás pensé que se podría llegar amar de una manera tan incondicional, tan abrumadora como es la manera que te amo — explicó —, nuestra hija y tú son los mejores regalos que la vida podría haberme dado, mis regalos de Dios.

Nuestras miradas se quedaron prendidas por algunos instantes, la verdad de nuestras palabras estaban allí dibujadas en nuestras pupilas.

— Ámame — Bella suspiró.

— Te voy amar, hoy y en cada día que Dios nos conceda vivir — respondí, no sólo refiriéndome al sentido físico de nuestra relación.

Mordisqué sus labios, para enseguida tomarlos con sutileza, Bella me concedió permiso a su boca, la besé con suavidad, toqué su lengua con la mía, como quien baila el lento inicio de un vals, pero luego el baile llegó a su auge y empezó los giros, nuestras lenguas se mezclaron y bailaron al mismo ritmo. Mis manos viajaron de su cintura hasta su espalda, con presteza abrí el cierre de su sostén, la pieza por no tener tirantes fue fácilmente removida, dejé varios breves besos sobre sus labios antes de dejar un sendero de besos desde su cuello, pasando por sus suaves senos, hasta llegar a su vientre, por último dejé un beso justo sobre la cinturilla de sus braguitas, me incliné sobre ella y con suavidad la recosté sobre el colchón. Contemplé la imagen delante de mí, mi mujer estaba allí, tendida con el pelo esparcido sobre el colchón, mirándome con deseo, los senos sonrosados y sensibles por mis caricias, la respiración rápida, sonreí y volví a besarla, mis manos jugaron un con sus senos, con su vientre, hasta que mis dedos traspasaron la suave tela de la cinturilla de sus bragas, acaricié su sexo con cariño, casi con devoción, la sentí húmeda e hinchada, lista para mí, pero yo tenía otros planes, quería aplazar lo máximo que pudiera nuestra unión, para que cuando finalmente ocurriera literalmente viéramos fuegos artificiales. Bella gemía bajito, sus manos arrugando las sábanas, mientras mis dedos habrían sus labios íntimos y mi pulgar jugueteaba con la perla de placer escondida allí, cuando la sentí empezar contraerse contra mi mano, los saqué de su interior, oyendo un quejido de protesta por parte de mi esposa.

— Paciencia, nena, las cosas buenas les llegan a aquellos que saben esperar — le dije y la oí proferir un pequeño gruñido, me reí bajito y me dispuse a quitarle la última prenda que ocultaba de vi vista el caliente hogar que me acogería.

Besando sus piernas le quité las braguitas, pasándolas por sobre sus hermosos zapatos de tacón, luego besé el empeine de cada pie suyo antes de quitarle los zapatos, y sí creía no poder estar más excitado de lo que ya estaba, me equivoqué, pues al ver los labios de su femineidad brillantes por su excitación, por su anhelo por mí, sentí un tirón en mi pene, mi erección poniéndose tan rígida que me llegaba a doler. Respiré hondo para calmar mis ganas de hundirme en ella de una sola estocada, desvié mi mirada de su sexo y cogí el tulipán que yacía cerca de la cabeza de Bella. La miré mientras dejaba un beso sobre el capullo de la flor para luego enseguida, sosteniéndola por el tallo, empezar a acariciar la piel de su rostro, su cuello, los senos, certificándome de dibujar el contorno de su aureola, de tocar sus pezones, y ante la suave caricia de los pétalos, mi esposa gimió, irguiendo su troco al encuentro de la flor, era una imagen extremamente erótica, verla así tan entregada, los ojos cerrados, la boca entreabierta, los senos en alto mientras yo seguía acariciando los contornos de su cuerpo con el tulipán.

— Edward… — suspiró Bella, abriendo los ojos cuando yo muy suavemente pasaba la flor por su vientre bajo, en una clara invitación ella apartó sus piernas, la vi estremecerse cuando el capullo de flor tocó sus labios sensibles y eso fue demasiado para mí, el rojo capullo ahora estaba brillante por los jugos de ella, lo llevé hasta mis labios nuevamente y ella gimió alto al verme besarlo, su suave sabor quedó impregnado en mis labios, pero yo quería más. Me arrodillé sobre el suelo y tirando de sus caderas la atraje hacia mi rostro, dejando sus piernas colgando sobre mis hombros, hundí mi rostro en su excitado sexo, Bella gimió y se contorció sobre el colchón, sus piernas me prendían y me aproximaban más a su sensible carne, todo eso mientras yo me deleitaba con mi manjar, la lamí, la chupé, hasta que ella contrayéndose contra mis labios llegó al clímax repitiendo mi nombre, y yo la seguía estimulando con mi lengua y mis dedos bebiendo todo lo que ella me daba.

Me enderecé y contemplé a la mujer a que amaba más de lo que yo creía posible amar a alguien, tan hermosa y tan mía, me incliné sobre ella, dejando un beso sobre su frente y luego tomé en brazos su cuerpo trémulo por el placer para acostarla en el medio de la cama, me acosté a su lado y besé su cuello, su rostro sus labios, diciendo una y otra vez que la amaba, ella suspiraba entre jadeos, mirándome con una mirada nublada y yo me sentí extremamente orgulloso por haberla complacido de una manera tan arrebatadora. Cuando su cuerpo se relajó yo me puse sobre ella, apartando sus piernas con una de mis rodillas.

— Edward, no puedo… — quiso protestar ella.

— Sí, que puedes, preciosa, y te voy demostrar, te voy amar…

Toqué su sexo con mis dedos y ella volvió a estremecerse.

— ¿Lo ves?

— Presumido.

Acaricié su entrada con mi erección y ella jadeó alzando sus caderas para encontrarse con mi miembro, con mis dedos separé sus labios y empecé a entrar despacio en mi dulce hogar, podía sentir lo pequeños temblores de sus paredes contra mi eje mientras me adentraba cada vez más profundo en ella. Cuando finalmente estuve totalmente enterrado en su calor, tomé sus labios con los míos y ella me devolvió el beso con total entrega mientras sus caderas se alzaban intentando crear fricción, sus manos viajaron a mi espalda y pude sentir sus dedos apretando mi piel, mientras sus manos recorrían a toda la extensión de mi piel, llegando a mi espalda baja, pasando sus uñas sobre mi punto sensible, para luego seguir acariciando mis muslos. Jadeando empecé a moverme y ella se unió a mí. Entraba y salía de su cuerpo con empujes firmes; sentirme ser tragado por ella era algo extremamente placentero para mí, casi tanto como llegar al clímax dentro de ella. Bailamos algunos minutos hasta que sentí sus paredes sensibles succionando mi sexo, aumenté el ritmo de mis empujes y en poco tiempo la sentí contraerse una y otra vez, estremeciéndose de los pies a la cabeza, sus uñas clavándose en la piel de mi espalda, mientras su sexo me exprimía, algunas investidas más y fue mi vez de alcanzar la cumbre, derramándome dentro de ella de manera copiosa. Nuestros jadeos era el único sonido en el cuarto, podía sentir el latir de nuestros corazones por la conexión entre nuestros pechos, hice un esfuerzo y nos giré para dejarla sobre mí, logrando mantener la conexión entre nuestros cuerpos, me encantaba estar dentro de ella después que hacíamos el amor, y poder sentir las suaves contracciones que seguían repercutiendo en sus paredes internas minutos después del clímax.

Suspiré feliz y la envolví con mis brazos, sentí un suave beso sobre mi pecho y sonreí. Sentí las manos de mi esposa apoyándose sobre mi pecho y abrí los ojos para encontrarla mirándome con la barbilla apoyada sobre sus manos entrelazadas.

— Esto fue mil veces singular — dijo, utilizando la misma palabra que utilizó para describir nuestra primera vez. — Ummm… sí, mil veces singular, eso suena perfecto para mí. Incliné mi cabeza y la besé dulcemente en los labios, ella sonrió soñolienta y se acurrucó sobre mi pecho y en algún momento nos quedamos dormidos.

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En la madrugada volvimos a hacer el amor, esta vez de manera más perezosa, disfrutando del contacto de nuestras pieles, regalándonos suaves y excitantes caricias hasta que despacito nuestro clímax empezó a formarse y juntos llegamos a la cumbre; por la mañana nos duchamos juntos y fue imposible no hacerlo allí también, de una manera más salvaje, pero siempre placentera y amorosa. Luego desayunamos, llamamos a mis padres para certificarnos que nuestra hija estaba bien sin nuestra presencia en su rutina, y ella estaba bien, pese a haber despertado llamándonos por la mañana, pero según mi madre ella luego nos olvidó cuando vio a Ethan.

Cansados por todo el ajetreo de la boda y por nuestras actividades placenteras, dormimos acurrucados en el otro casi toda la mañana, por la tarde almorzamos, y podíamos haber disfrutado de algunos de los servicios del hotel como el de masajes, pero no queríamos a extraños invadiendo a nuestra burbuja, así que decidimos relajarnos en el jacuzzi de la terraza privada, y por supuesto que terminamos haciendo el amor sobre una de las tumbonas de aquel habiente.

— Parecemos dos adolescentes hormonales — dijo Bella descansando sobre mi pecho tras nuestro clímax, nuestras piernas entrelazadas, ya que no teníamos mucho espacio en la tumbona.

— Es la primera vez que tenemos tanto tiempo para nosotros sin tener que preocuparnos por los horarios de Maddie — comenté —, sólo estamos disfrutando.

— Disfrutando a lo grande — añadió ella, riéndose y escondiendo el rostro en mi cuello.

Cuando el frio aire otoñal de septiembre hizo mi esposa estremecerse entre mis brazos, la cargué hasta la habitación y nos arropé desnudos bajo las sábanas, y así nos quedamos abrazados, solamente disfrutando del contacto de nuestras pieles, mientras hacíamos caricias en el otro, a veces en silencio, a veces charlando de nuestros futuros planes, como la búsqueda del lugar para construir nuestra casa.

Por la noche, decidimos dejar nuestra habitación e ir a cenar en el restaurante del hotel, yo vestí un pantalón formal gris oscuro, una camisa de traje azul, cinturón y zapatos negros, dejé a Bella arreglándose en la habitación y fue a esperarla en la sala de estar, minutos después ella adentra en la sala llevando un vestido de terciopelo azul oscuro, ceñido a su esbelta figura, dejando a muestra una porción generosa de sus cremosas piernas, su largo pelo chocolate lo llevaba suelto y con sus ondas naturales cayendo por sus hombros, ella calzaba unas sandalias negras de tiras delgadas y tacón alto. Sus únicos adornos eran la pulsera que le había regalado de cumpleaños en el año anterior, el par de pendientes de esmeraldas que le había regalado por su cumpleaños pocos días antes de nuestra boda, que hacia juego con su anillo de compromiso y nuestro anillo de matrimonio que era una delicada alianza de oro.

— Mi preciosa esposa — dije acercándome a ella para besar sus labios. — Se te vistes así, ¿cómo quieres que dejemos esta habitación? — Le pregunté admirando las suaves curvas que el atuendo le resaltaba; la corta falda de su vestido me tentaba a llevar mi mano bajo la tela y acariciar la piel escondida, aparté este pensamiento de mi mente, pues ya podía sentir el efecto que estaba teniendo sobre mi cuerpo.

— Vámonos, Edward, no fuiste tú que me dijiste ayer que las cosas buenas les llegan a aquellos que saben esperar, pues paciencia, amor — dijo ella tirando de mi mano hacia la puerta.

— Nada como probar de mi propia medicina — suspiré, admirando el balance de sus caderas.

Ella se rió con descaro y yo la tomé por la cintura.

— Eres una incitadora — le musité al oído, y la sentí estremecerse, sonreí satisfecho.

— No soy para nada incitadora, no te estoy incitando, tan sólo estoy retrasando lo inevitable para que así disfrutemos de todo el juego previo — explicó ella.

— ¿Entonces ya estamos en el juego previo? — Le pregunté bajito al oído mientras esperábamos el ascensor.

— Por fin te diste cuenta — respondió riéndose.

— Eres peligrosa, señora Cullen. Anda, vamos a cenar — la insté cuando la puerta del ascensor se abrió —, cuanto antes lo hagamos antes podemos volver a nuestra habitación.

Bella se rió.

— Este es el plan, señor Cullen — dijo, volviéndose hacia mí, una de sus manos encajando en mi nuca para acercar mi boca a la suya, ella me besó con tanta pasión y ansiedad que tuve que acordarme de que estábamos en un ascensor, un ascensor libre, pero sin duda con cámaras de seguridad y alguien podría subir a cualquier momento.

Bella se separó de mí, mirándome con sus mejillas sonrojadas y una mirada traviesa, esta mujer era mi perdición, se puso a mi lado y entrelazó nuestras manos. Le apreté la mano y con mi pulgar hice caricias sobre el dorso de ésta, mientras esperábamos llegar al primer piso.

Nuestra cena fue muy entretenida, por así decirlo, los platos estuvieron riquísimos, pero nuestro juego previo estuvo presente a todo momento, en la manera de Bella llevar el tenedor a la boca, deslizándolo despacio por entre sus labios, y disfrutando despacio de la comida, mientras me miraba traviesamente, pero a este juego, dos lo podrían jugar. Aprovechando el largo mantel de la mesa, saqué uno de mis pies del zapato y empecé a acariciar sus piernas con mi dedos, al sentir mi primera caricia ella pegó un pequeño brinco en su silla y me miró agradando los ojos. Le sonreí con suficiencia, mientras mis dedos le acariciaba el tobillo y subían hasta su pantorrilla, ella se estremeció ligeramente, aparté mi pie de su pierna, encontré mi zapato bajo la mesa y logré calzarlo.

— ¿Quieres el postre? — Pregunté tomando su mano sobre la mesa.

— No…

Pedí la cuenta al mesero y en pocos minutos ya estábamos caminando hacia el ascensor con destino a nuestra habitación y mi esposa estaba en lo cierto, la expectativa lo hizo todo mucho mejor, nos entregamos con prisas, apasionados, intensos en nuestras muestras de afecto, de deseo, de amor. Dormimos con nuestros miembros entrelazadas, totalmente agotados y satisfechos físicamente, con el corazón y el alma rebosantes de amor.

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Nuestro segundo día en el hotel, fue prácticamente una repetición del primero, nos alimentábamos, nos bañábamos, llamábamos a mi madre para saber cómo estaba nuestra hija, luego nos relajábamos al saber que ella estaba tranquila con nuestra ausencia y nos dedicábamos a disfrutar de nuestro raro momento de intimidad a dos, hacíamos el amor, descansábamos, nos alimentábamos nuevamente, hacíamos el amor…

En nuestro tercer y último día de luna de miel, llamamos a mamá por la mañana y descubrimos que en pocas horas ella y mi padre venían a Port Ángeles, Maddie se quedaría con Rosalie, pero Bella y yo echábamos de menos a nuestra pequeña, así que le pedimos el favor de traerla hasta el hotel. Dos horas después, en la recepción del hotel, nos encontramos con nuestra hija, que a lo lejos empezó a llamarnos, mi esposa camino rápidamente hasta donde estaban mis padres, Maddie literalmente brinco hacia sus brazos.

— Ah, mi muñequita preciosa — dijo Bella abrazándola, enterrando el rostro en su cuello. Maddie se abrazó a ella con una linda sonrisa en los labios, los ojos brillando de felicidad por vernos. Envolví a Bella en mis brazos, abrazando a las dos al mismo tiempo, dejé un beso sobre el tope de la cabeza de mi hija, que giró el rostro para mirarme.

— Papi — dijo sonriéndome.

— Hola, pequeña preciosura — ella volvió a sonreír y después con mimo descansó la cabeza sobre el hombro de su madre.

Desayunamos en el restaurante con mis padres, les agradecimos el favor de habernos traído a nuestra hija, luego ellos se fueron y nosotros subimos a nuestra habitación para arreglarnos, por primera vez íbamos a disfrutar de la piscina del hotel. Bella vistió a Maddie con un traje de baño rojo con corazones blancos, alrededor de sus pequeñas caderas había una faldita del mismo tejido.

— Ah, qué me la como a besos — dije caminando despacio para atrapar a mi hija, Bella la dejó sobre el suelo y mi niña salió corriendo por la habitación, riéndose mientras yo la perseguía, la coleta que le había hecho su madre balanceándose de un lado a otro, sus regordetas piernas intentado caminar más deprisa, Bella sonreía, mirándonos mientras arreglaba las ropas dentro del bolso que mi madre nos había traído para Maddie.

— ¡La atrapé! — Anuncié, tumbando a mi hija en mis brazos para atacar con soplos su barriga, su risa infantil, llena de dulzura, invadió a toda la habitación. Luego la enderecé y ella se agarró de mi cuello, todavía riéndose, besé sus mejillas sonrojadas por el ataque de risas.

Nos bajamos a la piscina y disfrutamos de buenos momentos en familia, nuestra hija era un pequeño pez rojo de corazones blancos, le encantaba el agua. En una de las tiendas del hotel, le compramos un flote rosa para bebés, de estos que los niños se quedan sentados sostenidos por una especie de silla, con las piernitas en el agua mientras el dorso queda libre de contacto con el agua, con ella así de protegida yo o Bella nadábamos empujando su flote y nuestra hija se reía feliz, juntando las manitas y agitando sus piernas bajo el agua. Mi esposa estaba hermosísima en un bikini verde, más bien discreto, pero yo todavía pude percibir algunas miradas apreciativas de los pocos huéspedes allí presentes, pero ella solo tenía ojos para nuestra hija y para mí, ni siquiera se dio cuenta de cuántos hombres la miraron con interés, y ante a todo eso yo sonreía orgulloso de mi hermosa familia.

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Al inicio de la noche dejamos el hotel y por primera vez entramos en nuestro apartamento sabiendo que oficialmente éramos una familia en todos los sentidos; el lunes nuestra vida volvió a su rutina normal, la única diferencia era los anillos en nuestros dedos.

Dos semanas después de nuestra boda yo recibí una llamada del agente inmobiliario que se estaba encargado de buscarnos el lugar adecuado para la construcción de nuestra casa.

— Señor Cullen, sé que usted y su esposa están buscando un espacio en que puedan construir su propio hogar, pero hoy se puso a la venta una casa, su terreno posee todas las características que ustedes me expusieron anteriormente, el precio está muy bueno, pues la casa está algo deteriorada, pero su estructura está muy conservada y puede suportar una remodelación — me comentó el agente por teléfono. Decidí echar un vistazo a la casa, salí una hora antes del trabajo y me encontré con el agente en la dirección que él me pasó por mensaje, la casa estaba a cerca de 15 minutos de caminata de la casa de mis padres, la fachada era de estilo victoriano y la estructura databa de los años 50, desde su construcción había sido el hogar de una pareja y sus tres hijos, pero llevaba deshabitada dos años, ya que los hijos que vivían en Chicago decidieron llevar a sus padres ya muy mayores para vivieren solos, ahora la pareja había fallecido con muy poco tiempo de diferencia y los hijos decidieron vender la casa. El agente me mostró toda la casa y de verdad me gustó lo que vi, con algunas remodelaciones sería un perfecto hogar para mis chicas y yo.

Le dije al agente que al día siguiente, ya que era el día libre de Bella en el hospital, iríamos a visitar la casa y después le informaríamos nuestra decisión. Aquella noche cuando llegué en casa hablé con Bella y ella me dijo que conocía la casa, por supuesto, vivió casi toda su vida en Forks, pero no imaginaba que estuviera a la venta, ella también conocía al matrimonio que vivió allí y se entristeció al saber que ambos habían fallecido, era, me contó ella, una pareja muy enamorada, que pese a los muchos años de matrimonio siempre caminaban de la mano, siempre cuidando el uno del otro.

— ¿Conoces la casa por dentro? — Le pregunté.

— No, pero siempre soñé con verla, de niña me moría de curiosidad, la fachada es muy bonita, hace que la casa parezca un castillo.

— Es verdad, entonces mañana vamos a verla y después veremos lo que hacemos — le dije, atrayéndola a mis brazos.

— Vale — musitó acurrucándose contra mi pecho.

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Al día siguiente desayunamos, preparamos a nuestra hija y pasamos por la inmobiliaria para coger las llaves de la casa con el agente.

— Es tan hermosa, y el terreno es perfecto, ¿verdad? — Comentó Bella cuando bajamos del coche. Maddie desde los brazos de su madre contemplaba muy atenta la gran casa delante de sus ojos.

— Sí, tiene un gran jardín, y el patio trasero es tan grande cuanto el de mis padres. — Vamos a verla por dentro — me instó ella —, estoy curiosa, por fin podré realizar mi sueño de niña.

— Vamos, entonces.

Subimos la escalinata, y Bella se dirigió a apreciar el porche octagonal; abrí la puerta, dejé mi esposa adentrar y la seguí después. Un pequeño e intimista vestíbulo era lo primero que veíamos al entrar, tras él surgía un gran salón muy acogedor con una bonita chimenea, en una de sus paredes había un ventanal con vistas al jardín y bajo él estaba situado un rincón para el descanso o la lectura. Seguimos caminando y encontramos un despacho, muy bien iluminado por grandes ventanas, a su lado un pequeño baño, todavía en la planta baja encontramos una habitación para cenar y otra desayunar. Después llegamos a una espaciosa cocina, encima del fregadero había una gran ventana que daba vista hacia el patio trasero, junto a la cocina estaba también un cuarto para las cosas de la limpieza de la casa y para la lavadora y la plancha; un garaje para dos coches conectaba con la cocina por una puerta lateral. Volvimos al salón y subimos la bonita escalera que daba a la planta superior. Allí encontramos los dormitorios, eran cuatro y todos con grandes vestidores, había una habitación principal con cuarto de baño y uno baño más en el pasillo para el uso común de las demás habitaciones. Había otra escalera al final del pasillo que nos llevaba a la tercera planta, donde había más dos habitaciones y un cuarto de baño y rincones para lecturas instalados en las pequeñas torres instaladas en ambas extremidades de la casa, que para quien la mirara desde afuera recordaba la estructura de un castillo.

Intercambié una mirada con mi esposa y sonreímos, el espacio era sin duda perfecto para nosotros, era una casa grande, pero queríamos tener más hijos, poder recibir los amigos, ya podía imaginarme los almuerzos en familia que podíamos hacer allí, a Bella leyendo a Maddie junto a la ventana de la planta de abajo, recibiendo el calor de la chimenea en el invierno. — Vamos a ver el patio trasero — la invité.

Bajamos a la primera planta y salimos por la cocina adentrando así en el patio, con su césped verde y varios árboles, un columpio viejo del estilo banco de plaza estaba instalado en uno de los árboles, caminos hasta allí y antes de sentarnos verifiqué la seguridad del mismo.

— ¿Qué te parece, amor? — Le pregunté a Bella, envolviendo un brazo sobre sus hombros, Maddie estaba sobre su regazo y descansaba su cabeza contra el pecho de su madre, mientras su rostro estaba vuelto hacía el mío, le acaricié su mejilla sonrosada y ella me sonrió dulcemente.

— Me gusta, me gusta mucho — me contestó Bella —, sé que al principio pensábamos en un lugar donde pudiéramos construir nuestro hogar, pero… se ve tan acogedora, está cerca de tus padres, el alrededor es muy bonito y tranquilo, y la casa es un sueño, aunque está algo deteriorada… ¿Qué te parece? — Cuestionó mirándome.

— Pienso igual que tú, es una casa de ensueño y remodelarla o hacer las reparaciones necesarias llevará menos tiempo que construir una. El precio que piden por ella es justo por el actual estado de la estructura, bueno, nos veo en ella, veo a Maddie corriendo por este patio con Ethan, y cuando sean mayores les puedo hacer una casa del árbol, justo allí — dije apuntando para un frondoso y fuerte árbol a nuestra derecha. Te veo embarazada, leyendo a Maddie y a nuestro futuro bebé bajo una de las ventanas del salón o de la tercera planta — le revelé mis pensamientos, mientras acariciaba su rostro, ella me sonrió, cerrando los ojos como si ella también pudiera ver todo lo que yo le acaba de describir.

— Quiero a todo esto, quiero a esta casa — me dijo abriendo los ojos.

Asentí, sonriéndole, tomé mi celular del bolsillo de mi pantalón y llamé al agente inmobiliario.

— Nos quedamos con la casa, señor Johnson, usted ya puede empezar a preparar toda la documentación — le avisé, enseguida le agradecí y corté la llamada. — Listo, nena, muy pronto este será el nuevo hogar Cullen-Swan — Bella me sonrió aproximando su rostro al mío, nos besamos tiernamente y sonreímos contra nuestros labios cuando oímos la dulce voz de Maddie reclamar nuestra atención. Abrazamos a nuestra hija, cada cual dejando varios besos en los diferentes lados de sus regordetas y sonrosadas mejillas, nuestra niña se rió feliz, llenando nuestros corazones de ternura y felicidad.

Tiempo después Maddie se cansó de reír y dar brincos sobre nuestros regazos, ella se acurrucó sobre el pecho de Bella, que le plantó un tierno beso sobre su pelo, mientras la envolvía con cariño entre sus brazos. Pasando mi brazo sobre el hombro de mi esposa la atraje hacia mí, ella se recargó contra mí costado, sonriéndome con dulzura, con amor.

— Nuestro hogar, Edward, el hogar de nuestros hijos — la oí musitar, mientras recargaba su cabeza sobre mi hombro, sonreí, dejando un beso sobre su pelo y acariciando el rostro de nuestra hija con mi mano libre.

Allí, columpiándonos despacito, admirando la bella estructura de la casa que pronto sería nuestro hogar, con mis chicas seguras entre mis brazos, soñando con nuestro hermoso futuro, miré al cielo y agradecí a Dios por todo lo que él me regaló, las preciosidades que él me encargó de amar y cuidar. Ya teníamos un presente lleno de amor y felicidad, ahora nos tocaba construir nuestro futuro y yo estaba seguro que mientras supiéramos valorar lo que teníamos, nuestro amor, nuestra familia, podíamos superar cualquier cosa juntos, porque el amor era nuestra base, el cimiento de nuestra relación, y él nos regalaba fe y esperanza para vivir el presente y construir el futuro.

Continúa…


Y llegamos al final de esta historia, chicas, espero que ustedes hayan disfrutado de este final, tuvimos de todo un poco, un matrimonio, escenas tiernas con nuestra Maddie, una luna de miel y planes para el futuro.
Y no se olviden nos leemos dentro de poco, creo que con este capi ustedes ya tienen una idea sobre de lo irá la secuela ;) Y si llegaste hasta aquí y disfrutaste de esta historia no te cuesta nada dejarme una palabrita, harás a esta autora muy feliz.

Noticias sobre la secuela, adelantos, etc., en mi grupo en Facebook, el link está en mi perfil.

Me despido agradeciendo a todas que me acompañaron desde el inicio de este viaje, a las que se unieron en el medio y al final y las que me van a leer ahora que la historia ya está finalizada, y les dejo un gracias muy especial a aquellas que se tomaron un momentito a dedicarme palabras de ánimo, de felicitación por la trama. Gracias, chicas, ustedes me ayudaron a llegar hasta aquí.

Un abrazo a la distancia, lleno de cariño, para cada una de ustedes, mis lectoras.

Desde Brasil,

Jane