Disclaimer: Los personajes de Sailor Moon pertenecen a Naoko Takeuchi. La historia nace a base de su obra, como también es inspirada por el trabajo de Toei Animation. Algunos personajes, como la temática de la historia y su desarrollo, recae en la autoría de quien les escribe, haciendo de esta historia una sin fin de lucro.


Mis queridos y amados lectores... llegó el día en que daremos fin a este fic tan apreciado por todos nosotros. Reservaré mis palabras para el final de la entrega, así que ahora los dejo con la última actualización de "Tokio de cristal, amor en el siglo XXX", por favor, disfrútenlo.

¡Buena lectura!


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El inicio de una nueva era

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Las estrellas parecían destilar su fulgor con premeditada hermosura en esta noche especial, pues éstas se conjugaban con el resplandor plateado del astro lunar de una forma mágica, como si el anochecer también celebrase de alguna manera lo que estaba ad portas de suceder una vez con él extinto. A su retirada, un nuevo día llegaría anunciando el giro del destino, un nuevo esplendor. Tokio de Cristal.

Quienes observaban con devoción el despejado cielo anochecido, se vieron envueltos en un reflexivo silencio, lleno de memorias, de anhelos y porvenir.

Darien giró su rostro para incluir, dentro de su embelesamiento, a la estrella de viva energía que anidó en su corazón con amor hace muchos años. Serena, su mujer, quien mantenía fija su mirada en el que fue su primer hogar, la luna.

En un acto instintivo, al sentir una brisa fresca revoloteando en su cabello, la guerrera que veló por el amor y la justicia cerró sus ojos, esbozó una sonrisa y la finalizó con un profundo calmo suspiro.

Hace muchísimo tiempo que no había tenido oportunidad de expeler semejante paz desde su alma. La misma paz que el príncipe de la tierra hizo suya al rodear con sus brazos a la heredera del milenio de plata.

Ante el contacto, la mujer de eternos ojos soñadores se aferró al torso de su marido una vez habiendo girado hacia él, levantó su rostro para encontrarse reflejada en el de quien siempre ha sido y será el amor de su vida, besándole después con tierna añoranza.

Ambos acordaron que en la última noche como personas como cualquier otra, disfrutarían de un cálido y retirado momento exclusivo para los dos. Necesitaban conectarse más que nunca, ahora que ya se haría oficial la manera radical que cambiaría sus vidas para siempre.

Serena Tsukino y Darien Chiba hacían su despedida para dar lugar a los futuros gobernadores de una nueva era.

Los dos pensaban en ello, más no lo decían. No era por miedo, menos pavor, sino que nostalgia… nostalgia e incertidumbre ante lo desconocido. Sin embargo estando uno al lado de otro, ambos sabían que cualquier cosa que llegase a pasar, sería combatida por ellos. No se dejarían vencer ni temer nunca más.

Al tenerla en sus brazos, el protector del planeta tierra rememoró en solo un segundo un sinfín de aventuras compartidas con su ahora esposa. ¿Cómo olvidar aquella época en que ella era una jovencita asustadiza y que lloraba por todo? ¿Cómo no recordar que, con tal de resguardar y velar por su seguridad, él tomaba y lanzaba una rosa roja anunciando su aparición? ¿Cómo no añorar aquellas sensaciones que se acumulaban en su pecho tras ver a su princesa a salvo?

Al recordarlo, la aprisionó y atrajo a su pecho con fervor.

Cautivada por el gesto, ella le correspondió.

—No nos queda mucho tiempo para poder estar así —dijo.

—¿Por qué? —preguntó con voz calma, Darien.

—No había querido decirlo, pero mis padres nos están esperando hoy en su casa. Quieren que celebremos todo, ya sabes —continuó la rubia, siguiendo presa entre los brazos de su héroe.

—En realidad no creo oportuno un desvelo esta noche —acotó él—, sin embargo no podemos hacer un desaire a tus padres y no asistir a lo que planearon.

—Y no solo ellos. Las chicas también estarán ahí pues creo que a ellas se les ocurrió —reveló.

—Con que era el único que no sabía el festejo ¿no? —cuestionó con falsa molestia, sonando ofendido.

—Te conocen, Darien… si te hubieran dicho probablemente dirías que lo dejáramos para otra ocasión —explicó entre risas, Serena.

—¿Tan malhumorado me creen?

—No. Te sabemos responsable que es otra cosa —aclaró la rubia.

—Creo que así suena mejor —bromeó él, haciendo danzar suavemente a su pareja entre sus brazos.

—¿No quieres ir? —preguntó Serena, haciendo pausa a la física cercanía.

—¿Por qué lo preguntas? —preguntó también Darien, con un tono liviano en su voz.

—Por saber —dijo ella, sencilla.

—Me pilla de sorpresa, nada más —respondió con esto, su interrogante.

—Pero ahora que ya no es sorpresa ¿quieres ir? —insistió cual niña pequeña, Serena.

—¿Cuál es tu afán por saberlo todo? ¿Ah? —ironizó Darien, revolviendo con su palma uno de los chonguitos de su esposa.

—¡No hagas eso! Sabes que paso buen rato peinándome para que vengas y lo arruines —reprendió ella, riendo.

—Está bien —dijo Darien, haciendo tregua—. Y respondiendo a tu pregunta, sí, quiero ir, pero no podemos estar mucho rato. Recuerda que debemos ir a casa y ya no queda precisamente muy cerca de la de tus padres.

—¡Ni lo digas! —exclamó Serena con un dejo de cansancio—. ¿Te imaginas que no estemos allá al amanecer? Sería el desastre del año —puntualizó, abriendo sus ojos tras imaginar el alboroto.

—Por lo mismo —añadió Darien dándole un suave golpecito a la punta de la nariz de ella—. Vámonos ya. Deben estar esperando por nosotros.

—¡No! —gritó Serena, aferrándose al torso de su marido—. Antes de irnos debes decirme algo —expresó.

—¿Qué cosa?

—Sabes bien donde estamos ¿no? —cuestionó la rubia, con romántica seriedad.

—No, no tengo idea —respondió Darien, volteando a tiempo para que su acompañante no notase la sonrisa juguetona que se delineó en sus labios.

—¡Darien! —exclamó Serena, alargando la última sílaba del nombre pronunciado.

—¡Ya, ya, ya! —dijo él entonces, reincorporándose al momento—. Sé que aquí estuvimos tras lo ocurrido con Sailor Galaxia.

—¿Y qué fue lo que me dijiste esa noche? —curioseó en su memoria, Serena.

—Uhm… no lo recuerdo muy bien que digamos —dijo el pelinegro, sacando rápidamente de sus casillas a la rubia.

—Cuidado con ser tan romántico que te puedes ahogar con tantas palabras sentimentales —puntualizó con decepción y enojo.

—Pequeña peleadora ¿por qué quieres escuchar algo que ya sabes más que bien?

—¡Porque quiero y ya! —argumentó como una verdadera infanta, Serena.

—Está bien —dijo Darien, acercándose al oído de la chica para susurrar en éste—. Mi amor por ti es más grande que… tus ganas de dormir todo el día. Vámonos.

—¡Uy! —chilló Serena sin oportunidad a mayor réplica, puesto que Darien ya llevaba segundos de ventaja y había tomado su mano, guiándola en dirección al automóvil que se encontraba estacionado a pocos metros de distancia.

Para Serena, aquel desaire ante su necesidad de romanticismo no había sido más que un insulso recuerdo de la época en que, con nula prudencia, su actual pareja era un hombre irrespetuoso y poco cordial para con ella.

Para Darien fue algo parecido, pero con la gran diferencia de que justamente aquellos días, marcaban en su corazón la adrenalina tras ver enojada a su cabeza de chorlito, porque si algo le gustaba precisamente de Serena, era su rostro enfadado al límite del desespero. Le resultaba divertido, inocente y sincero, pero sobre todo divertido.

Hay cosas que nunca cambiarán en ninguno de ellos dos.

Darien siempre buscaría, aunque fuese en cortas instancias, la oportunidad de evocar a la inquieta y fácil de enojar niña de catorce años. Le resultaba como un tónico mágico de recuerdos palpables en el presente, mientras que para Serena, la cual mantenía impertérrita su niñez en algún recoveco de su madurez, lo mismo le sabría a desazón y poca caballerosidad por parte del pelinegro.

El eterno juego del tira y afloja entre ambos, sería algo de jamás terminar y bien lo remarcó Serena, una vez en camino a casa de sus padres.

—Hay ocasiones en las que eres realmente fastidioso ¿lo sabías? —expresó, cruzando sus brazos en señal de notable disgusto.

—Sí —contestó él, logrando así que Serena girase su cabeza para ver con qué soltura, su marido había emitido respuesta.

—Si es que no todo el tiempo —ahondó entonces la rubia, profundizando su enojo.

—Probablemente así es —continuó Darien, viendo que su esposa fruncía sus labios hasta convertirlos en casi un pequeño asterisco.

—¿Qué te pasa? —preguntó con enfado, la futura reina.

—Nada. Solo respondo tus preguntas, mi amor —dijo él con simpleza, como si no supiera en qué juego ya se había inmiscuido.

—Insoportable, así eres ¡Insoportable! —soltó rápidamente Serena, ofendiéndose a un límite en que ella ya había perdido la batalla que resultaba ser la conversación.

—Y tú eres hermosa… enojona, sí, pero hermosa de igual manera —respondió el pelinegro, encontrando la posibilidad de decir esto gracias a la luz roja del semáforo.

Fue entonces cuando ella recién se percató de todo y por ello, sonrió.

—Ay, Darien… por poco y creo que hoy no andabas con ganas de amarme mucho —expresó, levemente sonrojada por su poco tino.

—Locuras tuyas… —añadió Darien, riendo.

—¿Cómo es que puedes hacerme enojar tan fácil y hacer que piense tonterías? —preguntó curiosa.

—Tú me das esa facultad —explicó él, virando hacia la derecha para seguir el camino—, y no me la quites pues la disfruto mucho.

—Tendré que limitarla al menos porque de verdad ya me estaba enojando —confesó la rubia, divertida.

—El día en que dejes de enojarte por cosas así dejarás de ser Serena Tsukino —puntualizó él—, y el día en que dejes de ser tú, el mundo se caería en pedazos.

—¿Tanto así? —cuestionó ella, entre risas.

—Bueno, al menos mi mundo —explicó Darien.

Aquella aclaración fue más poderosa que una explícita declaración de amor para Serena, pues con la metáfora en sí directa, su esposo había dicho más de lo que ella misma pensó escuchar.

Conmovida por ello, Serena tomó la mano de Darien al tener éste la suya sobre la palanca de cambio. Gesto que el dueño de los hipnotizantes ojos zafiro, recibió con una sonrisa compartida.

—¿Deberíamos pasar a comprar algo y llevarlo a tus padres? —preguntó él, ya que la duda nació tras haber pasado cerca de un supermercado.

—Tal vez, pero conociéndolos sé que deben tener todo más que preparado, además recuerda, las chicas también organizaron todo y con Lita presente, no hay duda de que habrá mucho para comer y beber… especialmente para comer —expresó Serena, sin poder ocultar los aires de gula al recordar aquellas delicias preparadas por su amiga.

—Espero que sea así porque de lo contrario, bueno, veremos si algo hace falta y me devuelvo rápidamente para comprarlo —puntualizó el pelinegro.

—Relájate, Darien… esta noche es para dejarnos celebrar, dale el gusto a mis padres y no estés preocupado por todos los detalles habidos y por haber ¿sí? —pidió Serena.

—Tienes razón —contestó él—. Pero sabes que hay manías difíciles de controlar.

—Ya sé, pero hoy deja esa al menos de lado. Démonos un relajo pues no sabemos en cuánto tiempo no podremos tener instancias como esas —explicó la rubia.

—Nuevamente tienes razón —agregó Darien tras una breve reflexión sobre el punto mencionado.

—¿Te pusiste nervioso, no? —interrogó fugaz, Serena.

—No —intento pronunciar con relajo, su marido.

—No mientas —agregó ella.

—¡De verdad! —insistió Darien.

—Cuando das golpecitos, de tres en tres al volante y con tu dedo índice, sé que es porque estás nervioso —dijo ella, con aires de satisfacción por saberse conocedora de todo detalle que respecte a su esposo.

Ante la irrefutable verdad, Darien Chiba se limitó a hacer un gesto con sus ojos, dando así validez a la observación hecha por su esposa.

—Y ansioso —agregó.

—Pues no lo estés. Todo saldrá bien, Darien —dijo Serena, refiriéndose con este concepto no solo a la ocasión presente, sino que a lo que acontecería mañana.

—Lo sé, cariño —contestó.

—Sé que sí —dijo entonces ella, brindándole una de aquellas sonrisas que apaciguaban cualquier tempestad en el corazón de él.

Ya habiendo llegado al domicilio de la familia Tsukino, Darien estacionó el vehículo a las afueras de éste. Se bajó del automóvil y, como de costumbre, lo rodeó para ir a abrir la puerta de copiloto, dejando que así Serena bajase.

Tomaron sus manos en acto de costumbre y caminaron juntos hacia la puerta del hogar para tocar el timbre del mismo.

A los pocos segundos y ya escuchándose el ambiente de jolgorio, un animado Kenji abrió la puerta del domicilio para recibir a su hija y yerno.

—Pensé que no vendrían, muchachos —pronunció el hombre, contento al ver sus pensamientos extintos al ver la presencia de quienes esperaba.

—Cómo crees, papá —contestó Serena, acercándose a él para besarlo en la mejilla.

—Pues bienvenidos sean. Los estábamos esperando con mucha ansiedad —añadió el patriarca de la familia Tsukino.

—Gracias. Hace días que quería verte pero no había tenido momento para hacerlo, discúlpame —agregó Serena al saludo, extendiéndolo a un abrazo.

—Lo imaginé, hija. Ahora tienes muchas responsabilidades por atender y es comprensible que no tengas tiempo para visitarnos como quisieras —dijo Kenji, con empática paternidad.

—Prometo a nombre de los dos, que vendremos lo más seguido mientras nos sea posible —con esto, Darien dio iniciado el saludo hacia su suegro.

—Sí —respondió el hombre, haciendo extensivo su cariño hacia el marido de su primogénita—. Y será un honor recibirlos en la humildad de mi hogar.

El comenzar a escuchar así a su padre, Serena sintió una dulce-amarga disyuntiva de emociones, pues notaba cierta solemnidad en las palabras de su progenitor, sabiendo que lo hacía de esa manera ya que ahora ella sería representante de uno de los estándares más honorables y distinguidos de la sociedad japonesa.

—Pero por favor, basta de charlas aquí. Adelante —prosiguió Kenji, haciéndose a un lado para dejar pasar a la pareja festejada.

—Muchísimas gracias —dijo Darien, tomando nuevamente la mano de su mujer para así entrar al domicilio.

No fueron muchos los segundos en que la caminata fue tranquila, puesto que una evidentemente emocionada Ikuko, se abalanzó sobre su hija en un eufórico encuentro.

—Mi Serena, que alegría verte —decía sin dejarla escapar de su abrazo.

—Para mí también, mamá —respondió entre risas, Serena.

—Ya estaba empezando a creer que no vendrían —agregó al borde del sollozo.

—No podríamos ser así de mal agradecidos —dijo entonces la hija.

—¡Y tú, Darien! ¡Qué gusto verte también a ti! —añadió Ikuko, abrazando con nostalgia a su hijo putativo.

—Igualmente —respondió el pelinegro, sorprendido por la desmesurada y tierna cercanía de su suegra.

Sin duda, en ella había un aura de gran nostalgia. Observaba a la pareja con orgullo e innegable instinto maternal, satisfecha al verlos tan realizados en la vida.

—¡Veo que todavía no te quitas eso de ser impuntual eh! Pensé que Darien te arrastraría para venir a la hora que te habíamos dicho —se dejó oír no muy lejos. Sin duda se trataba de Rei.

Todos los presentes rieron, pues no había cabida para conflicto alguno, explicaciones y/o justificaciones.

Escoltados por Kenji, la pareja finalmente ingresó al hogar y allí saludaron respectivamente a todos los presentes, los cuales eran: Lita, Andrew, Unazuki, Amy, Mina, Haruka, Michiru, Setsuna Rei, su abuelo, Nicholas, Sammy y como no, también Luna, Artemis y la pequeña bebé, Hotaru.

Al ver a gran parte de los seres que han formado parte de la vida de ambos, Darien y Serena fueron víctima de una gran emoción que aprisionó sus pechos de inmediato.

—Hermana, estoy muy contento porque viniste —dijo Sammy tras la ronda de saludos realizado por la pareja.

—A mí también me alegra verte, pequeño demonio —bromeó ella.

—¿Qué tal, Sammy? —preguntó Darien, estrechando cordialmente la mano de su cuñado.

—¡Bien, Darien! También estoy contento al verte a ti. Te extrañaba mucho, en especial porque me acordé de ti el otro día, fue cuando tuve examen de física y pues con tu ayuda me fue bien en él —contestó el joven, sonriente.

Para nadie era secreto que los dos varones habían consolidado una gran relación de amigos, la cual en realidad tenía más tintes de hermandad puesto que para Sammy, Darien resultaba ser el hermano mayor que nunca tuvo y por consiguiente, el pelinegro veía en su cuñado un hermano pequeño al cual consentir y cuidar. A lo largo de los años esa era su relación. Los Tsukino habían adoptado a Darien dentro de sus vidas como si fuese un hijo más. Una red de cariño y apoyo que, por supuesto, para él significaba algo realmente valioso. En esa familia, Darien era uno más.

—Supe que Amy también estuvo ayudándote para que te fuera bien en los exámenes ¿no? —comentó Serena, dándole una mirada de reojo a la peliazul, la cual se encontraba a discreta distancia.

—¡Sí! Ella también me ayudó —aclaró el joven Tsukino.

—Pues me alegro que le hayas entendido algo a este parcito de genios. Si yo hubiera tenido la misma suerte, habría obtenido mejores calificaciones —bromeó la rubia.

—Eso no fue nuestra culpa, Serena —apeló Amy, con gracia—. Siempre preferías dormir o pensar en Darien cuando quería ayudarte a estudiar.

—Y cuando yo lo hacía, decías que Amy ya te había ayudado y por eso siempre dormías —añadió con velocidad, Darien.

—Bueno, bueno, no estamos aquí para someter a juicio mi rendimiento escolar —dijo Serena igualmente rápida, sacando en ella aquellos característicos gestos que no hicieron más que teñir de alegría el lugar.

—¡Es verdad! Aquí estamos para disfrutar de un buen momento porque mañana será un gran y fantástico día —dijo con entusiasmo la guardiana de Venus. Mina Aino.

—Hice un gran festín para todos y con ustedes presentes, ya es hora de empezar —dijo Lita, indicando dónde se encontraban dispuestos todos los manjares hechos por ella.

Entre tanto Darien se hacía partícipe de la celebración, Serena se distanció un poco para saludar con mayor intimidad a las guardianas del sistema solar exterior. Haruka, Michiru y Setsuna.

—Sabía que estarían todos, pero no imaginé verlas a ustedes aquí —comunicó con emotividad, Serena.

—Siendo sincera, ya estábamos dispuestas para ir a descansar, pero Mina nos llamó y recordó sobre la celebración que habían planeado… no podríamos haber quedado fuera —explicó Michiru.

—Espero que esto no les dificulte las cosas para mañana —añadió con algo de tristeza, Serena.

—No te preocupes, hemos planificado bien las cosas para que todo salga como debe ser —dijo Haruka, con tranquilidad.

Tras sonreír y no querer ahondar en el tema por resultarle un tanto conflictivo emocionalmente, Serena dirigió su atención hacia otro menester.

—¿Cómo se ha portado Hotaru? —preguntó mirando a la niña, la cual luchaba por mantenerse despierta, sentada en su silla de bebé.

—Como la princesa que es —respondió Haruka, con orgullo—. Es una niña dulce y tranquila, así que una vez dormida la llevaremos a la habitación de tus padres, quienes amablemente nos lo permitieron.

—¿No les da miedo que despierte y al encontrarse sola, empiece a llorar? —preguntó con curiosidad e interés, Serena.

—Nunca estamos sin uno de estos —mostró Michiru, señalando el woki toki que siempre llevaba consigo para monitorear a la bebé.

—En ese caso no me preocuparé, aunque de todas formas estaré pendiente —dijo Serena, con amabilidad.

—Además tiene un ciclo de sueño bastante estricto. Una vez dormida es muy raro que despierte porque sí. No hay problema —añadió la mujer cabellos aguamarina.

—Veo bastante instinto maternal floreciendo en ti, Serena —comentó Setsuna, con gracia.

—¿Acaso…? —preguntó inconclusamente, Haruka.

—¡No, no, no! —negó al instante, Serena—. Nada sobre eso… todavía —finalizó, sonrojándose.

—Pues no debiera faltar mucho ¿me equivoco? —agregó Michiru, haciendo que el rubor se tornara permanente en las mejillas de la rubia.

—Paso por paso, Michiru —dijo Haruka, en defensa de la princesa lunar.

—Así es, paso por paso. Primero lo que se debe hacer ahora y después, bueno, pensaremos sobre… ya saben —comentó Serena, sin poder borrar de su rostro la ternura causada al pensar en el tema.

—Cuando llegue el momento será gratamente celebrado, de eso no hay duda —añadió entonces Setsuna.

—Por supuesto que sí, aunque nosotras no podamos estar cerca —adjuntó Michiru, con aires de nostalgia.

—Pero no por ello dejaremos de alegrarnos cuando el día llegue —agregó Haruka, sonriente.

En ese instante y sin saber sobre el tema de conversación, Darien se acercó con una copa de champagne para su esposa. De paso, aprovechó de saludar con mayor solemnidad a quienes pronto abandonarían Japón.

—¿Cómo se encuentra la bebé? —con aquella pregunta formulada, el pelinegro se hacía parte de la charla.

—¿Lo notan? Los dos preocupados instantáneamente por Hotaru. Es una señal —bromeó Michiru, riendo suavemente.

—¿Me perdí de algo? —preguntó Darien, sonriendo confundido.

—Entenderás que Michiru anda en busca de amistades para la niña… específicamente otra niña —explicó Haruka.

—Pero… ¡ah! Ya entendí —concluyó el guardián de la tierra, que una vez haciéndolo, obtuvo el mismo sonrojo en su rostro, al igual que su esposa.

Al verlos así, Haruka, Setsuna y Michiru no dudaron en reír por las reacciones tan calcadas para la pareja, la cual no agregó palabra más, limitándose a compartir el momento de alegría y amistad.

Poco a poco la velada se fue tornando cada vez más íntima. En un principio todo resultaba ser risas, brindis y conversaciones de ligera profundidad, pero al paso de los minutos, las emociones que revoloteaban en el ambiente fueron tomando protagonismo, logrando así ser atendidos por los presentes.

—Todo lo que está pasando es increíble, maravilloso y ciertamente soñado por todos nosotros —comunicaba una emocionada Mina.

—Después de tantos años luchando por este día, no puedo sentirme más que alegre por lo que conseguimos —añadió Lita, sin poder ocultar demasiado su emoción.

—Sin duda. Esto es un mérito de todos, pero en especial de Darien y Serena —comentó Amy, observando a la pareja que con sumo respeto, escuchaban las palabras de quienes hablaban.

Al escuchar el nombre de ambos, Kenji Tsukino, el cabecilla de la familia, hizo sonar su copa de cristal para lograr con esto, la atención de todos los presentes.

—Si me lo permiten, quisiera decir algunas palabras —dio la premisa, acomodando su garganta para cumplir su cometido.

—Por supuesto, adelante, señor Tsukino —habló a nombre de todos y con mucha solemnidad, Nicholas.

—Primero que todo, quisiera agradecer la presencia y colaboración de todos ustedes, pues cada persona aquí presente ayudó para que esta celebración fuera un éxito —continuó, recibiendo un "de nada", pronunciando al unísono por quienes le escuchaban con atención—. Quiero que sepan que como un ciudadano más de este país, es un honor estar rodeado de gente tan valerosa como lo son ustedes, quienes pusieron en riesgo sus vidas con tal de protegernos.

Al continuar las palabras, una gran emoción se apoderó de la voz de Kenji Tsukino, el cual al tomar un respiro, dio paso a su señora para añadir algunas palabras.

—Estamos agradecidos y orgullosos, pues no puedo mirarlos sin sentir algo especial en mi corazón. A cada uno los conozco desde hace años y aunque sé que el tiempo ha pasado, sigo viéndolos como aquel grupo de jóvenes que se reunían en los videojuegos o aquí mismo para estudiar —sin esconder la emotividad, Ikuko dejó escapar un par de lágrimas mientras continuaba—. En especial mis queridas niñas: Amy, Rei, Lita y Mina, amigas de mi hija toda la vida, a las cuales quiero como si fueran las mías.

Haciendo una pausa, Ikuko deslizó rápidamente su mano por su mejilla para así quitar las lágrimas. Con ello listo, prosiguió:

—Me emociona tanto ver en quienes se han convertido… es como si fuera madre de todas y sus logros son como si fueran míos. Me siento realmente orgullosa por todo lo que consiguieron con tanto esfuerzo, amor y dedicación. Sin duda alguna me siento bendecida por haber sido alguien en sus vidas y espero que me sigan considerando en ellas, pues sea como sea y donde estén, ustedes siempre estarán en la mía.

Saltándose todos los protocolos, el grupo de chicas, con Serena incluida, estrecharon a Ikuko en un abrazo que se extendió por varios segundos. Los demás presentes observaban dicho gesto con mucho respeto y cariño, haciéndose parte del mismo al sonreír para ellas.

Volviendo cada cual a su lugar en la sala, Kenji prosiguió con sus palabras:

—Serena, hija mía… trajiste honor a esta familia, un honor tan grande que te estoy profundamente agradecido. Nunca dudé de ti, pero lo que has hecho sobresalió de mis propias expectativas y no puedo sentir más que una enorme satisfacción al saber que sangre de mi sangre, dará luz y guía a toda nuestra nación. Sé que día que pase darás más honor a nuestro apellido, por ello te doy mi bendición y deseo que tu nueva vida sea todo lo que esperas y más. Te amo, hija —emocionado hasta las lágrimas y con Serena siendo víctima de las mismas, el hombre extendió su copa—. Propongo un brindis por ella, por Darien, por todos quienes hicieron esto realidad. ¡Salud!

—¡Salud! —exclamaron todos al unísono, bebiendo posteriormente de sus copas.

Tras ello y una pequeña pausa, Serena sintió la necesidad de expresar aunque fueren unas pequeñas palabras, ya que seguramente la emoción no dejaría que fueran muy extensas.

—Chicos, simplemente les puedo agradecer por estar aquí junto con mi esposo. Sin el apoyo de ustedes nada de esto estaría pasando. Quiero que sepan que los amo con todo el corazón, que por todo ese amor que siento hacia ustedes intentaré hacer el mejor trabajo posible… por ustedes nunca me rendiré, se los juro. Deseo hacer un brindis, pero no solo por Darien y por mí, sino que por todos, pues todos somos protagonistas de esta hermosa historia —alzando su copa, Serena finalizó entre sentidas lágrimas repletas de alegría.

A esta altura de la velada, la emoción era palpable en todos los presentes. Grandes y audibles sollozos emanaban desde las antiguas guardianas de la princesa de la luna, como también así de quienes habían llegado posteriormente como lo fue el caso de Haruka, Michiru y Setsuna. Para los demás como Andrew, el abuelo de Rei, Nicholas y Sammy, la emotividad era tan fuerte como para cualquiera de sus pares, ya que al haber vivido parte de todas las aventuras protagonizadas en especial en torno a de la rubia de coletas, el sentimiento palpitaba fuertemente en sus corazones. Por otro lado, los felinos, quienes vivieron a fondo todo lo pasado hasta el día presente, se miraban con orgullo y satisfacción, pues ellos en especial sabían que el destino se estaba cumpliendo, que desde la trágica historia ocurrida en el milenio de plata hasta el día actual, el grupo de sailors scouts no había hecho más que engrandecer la herencia y magia del milagro que produjo el cristal de plata, estando éste en manos de la reina Serenity. Para ellos, un cálido y especial sentimiento embargaba sus corazones.

Una vez el ambiente más calmo, más personas quisieron ser partícipe de las palabras dedicadas. Tal vez no habría más momentos así dentro de un periodo cercano, resultando entonces éste el propicio para transmitir cada emoción.

La primera en tomar la palabra fue Mina, siendo ésta la líder de las sailors, tomó y aprovechó la ocasión.

—Chicos… por mucho tiempo luché a solas contra el mal siendo Sailor V. Por momentos sentí que caería y no podría seguir haciendo mi labor, sin embargo volví a este país y mi camino se unió al suyo. Nunca podré decirles con claridad qué fue lo que sentí al conocerlos, al ver a sailor mercury, mars, jupiter y como no, a sailor moon, nuestra princesa. Cuando miré sus ojos supe que jamás volvería a estar sola, pues más allá de todo, Serena no solo demostró que te puedes convertir en una valiente guerrera con el paso del tiempo, sino que también me enseñó qué era la amistad y si no fuera por ella en especial, este día no habría llegado. Te amamos, Serena —finalizó con mesura y solemnidad, Aino.

—Mina tiene toda la razón —agregó Lita—. Sé lo que es sentirte completamente sola y juzgada por los demás, pero al conocer a Serena encontré inmediatamente a una amiga, a una golosa amiga que disfrutaba mucho de los almuerzos que preparaba para ella cuando cursamos la escuela —ante la observación, todos los presentes rieron para después dar instancia y que así, Kino prosiguiera—. Eres como una hermana para todas nosotras, Serena y estamos orgullosas por todo lo que has conseguido. Siempre estaré a tu lado como tú lo has hecho conmigo, nunca lo olvides —concluyó la guardiana de Júpiter, intentando contener lo que le provocaba sus propias confesiones.

—Serena —dijo Amy, incorporándose a las palabras—. Al igual que Lita, yo también me sentía sola e incomprendida, sin poder encontrar lugar alguno aunque lo buscara con todo mi esfuerzo, pero con simpleza me diste un lugar en tu corazón y desde entonces supe que había encontrado una amiga para toda la vida. Aunque no lo creas, tú me has enseñado más cosas a mí de las que yo pude haberte enseñado a ti. Eres única y por ti pude comenzar a sonreírle más a la vida. Aprendí a disfrutar los pequeños momentos, a liberarme de mis propias ataduras y dejarme llevar a través de la amistad. Descubrí cosas en mí que de no ser por ti, jamás hubiera comprendido. Me ayudaste a valorar mi juventud, a balancear en justa medida mi mundo y tantas cosas más que si las digo no terminaría nunca de hablar. Como primera sailor que fui, combatiendo el mal al lado tuyo, puedo decir que tu crecimiento ha sido más que sobresaliente. Eres una inspiración para todos nosotros, Serena. Siempre estaremos en deuda contigo —dijo Amy para concluir sus sentidas palabras.

—Totalmente cierto —dijo Rei, adjuntando sus palabras a las de la peliazul—. Te convertiste en la más fuerte de todas nosotras y conste, más de alguna vez pensé que no sería de esa manera —tras decirlo con gracia, la emotividad dio lugar nuevamente a las sonrisas, las que menguaron para dar espacio a la pelinegra y sus palabras—. Serena… mi tonta preferida… —dejando atrás su dura expresión, Hino no hizo esfuerzo por contener sus lágrimas—. Eres como mi hermana y te adoro como no tienes idea. Estoy tan feliz por ti que agradezco a los dioses por haber permitido que te mantuvieras a salvo y nos regalaras el esplendor de la próxima era a llegar. Estoy segura que tu camino está bendecido por la buena fortuna ya que tú lo eres. Pasaste de ser una niña llorona a la soberana de esta nación ¿te das cuenta?, Serena… gracias por todo —imposibilitada para seguir hablando, la dueña de los ojos violáceos dio por finalizado su discurso entre lágrimas llenas de alegría.

Sin poder evitarlo y tampoco queriendo hacerlo, el quinteto de amigas se reunió en el punto central de la sala y se abrazaron unas a otras. Se besaban y abrazaban como si se tratase de una despedida y en el fondo, lo era. Ya nunca más serían aquel grupo de amigas que con cierta liviandad, recorrían la vida junto a múltiples aventuras, ahora el rumbo había cambiado y nuevos desafíos se harían presentes, por lo cual lo más lógico era que el ciclo llegase a su fin en este preciso instante. Atrás quedaban las revoltosas niñas que cometieron discretas travesuras. Atrás quedaban esas reuniones de estudio que terminaban en conversaciones sobre chicos, música y juegos. Atrás quedaban todos esos momentos que enriquecieron su juventud con diversas experiencias. Atrás quedaba ese grupo de amigas en su niñez y adolescencia. Atrás quedaban Serena, Amy, Rei, Mina y Lita. Desde ahora serían la neo reina Serena y sus guardianas, roles a tomar como nuevo desafío del camino venidero. Hoy, cinco mujeres nacían en el estrecho abrazo que se creó entre ellas. Hoy renacían las herederas del milenio de plata.

En ese momento y aprovechando la tenue discreción que habría, Kenji se aproximó a Darien, quien se encontraba en una esquina de la sala observando con especial atención a su esposa, conmovido al ver la escena creada con sus amigas más cercanas, sin embargo la voz de su suegro irrumpió en sus pensamientos, haciendo dirigir su atención hacia quien se encontraba a su diestra.

—Darien, como te lo pedí cuando te casaste con mi hija, por favor, protégela siempre y jamás vuelvas a separarte de ella. Ya no logro ver a uno o al otro si no es estando juntos.

—Así será, señor Tsukino. Todo lo malo que Serena y yo tuviésemos que vivir ya pasó, ahora solo nos espera un futuro lleno de alegría —respondió el pelinegro.

—Quiero que sepas que tú también nos has entregado muchísimo honor, hijo mío. Eres pilar de Serena desde que estás a su lado y sé cuánto es realmente lo que la amas, así que ten más que claro que me siento orgulloso de ti, muy orgulloso y sé que tus padres también lo estarían. Pusiste en alto el apellido Chiba, así que sea donde sea que ellos estén, sin duda deben estar felices por ver en quién se convirtió su hijo.

Ante las palabras de su suegro, Darien no pudo evitar dejar salir una solitaria lágrima, la cual culminó en sus labios tras trazar camino en su mejilla. Al verlo, Kenji le entregó un cercano abrazo y éste fue correspondido. Sin duda, el amor que ambos sentían por Serena había sido lazo suficiente para unirlos, pero con los años también se creó uno propio y únicamente de ellos. Ambos se querían más de lo que habían expresado hasta el día de hoy y en este momento, se hacía presente la inmensidad de sentimientos involucrados entre los dos.

Ikuko se hizo parte del momento y sin añadir palabra alguna en un inicio, abrazó a su yerno con maternal ternura. Fue ella quien también ayudó a secar aquella lágrima que pretendió secundar a la primera, pues aunque sabía que esto era producto de la emoción, Ikuko no toleraba ver a Darien llorar.

—Tranquilo, Darien. Puede que tus padres no estén físicamente presente, pero sé que espiritualmente lo están y estoy segura que se encuentran ahora entre nosotros. De todas formas, mi esposo y yo estamos para ti. Te queremos muchísimo y estamos tan orgullosos de ti como lo estamos de Serena. Estamos orgullosos de los dos y estoy feliz de que seas tú quien esté junto a mi hija como su marido, le haces bien y sé que por ella harías cualquier cosa, eso me hace amarte, pero además nos has mostrado el maravilloso muchacho que eres por cuenta propia y es un gusto tenerte en nuestra familia.

—Les estoy muy agradecido por todo, de verdad. No solo tengo una esposa de ensueño, sino que también una familia y me han hecho sentir parte de la suya con mucho cariño. Sepan siempre que valoro el lugar que me han dado y por supuesto, ustedes son más que especiales en mi vida —respondió a ambos, Darien, haciendo un gran esfuerzo para externar parte de los sentimientos que se arrebolaban en su corazón.

Por otra parte y ya haciéndose conscientes de la avanzada hora, Haruka hizo una seña a Michiru e indicó que era momento de marchar; por ello la guardiana de Neptuno fue en busca de Hotaru. Entre tanto, Haruka se aproximó a Serena para iniciar la despedida.

—¿Qué tal si me dejas llamarte cabeza de bombón una vez más? —preguntó, haciendo sonar su voz entre el escaso espacio que ocupaban el quinteto de amigas.

—Haruka, siempre podrás hacerlo —respondió la aludida, riendo al escuchar una vez más el apodo que la guerrera de Urano le había otorgado.

—Entonces bien: Cabeza de bombón ¿puedes venir un segundo? —pidió.

—Por supuesto —contestó la rubia, haciendo pausa a la conversación que sostenía con sus otras amigas.

Una vez discretamente retiradas, pero aun así dentro de la misma sala, Haruka habló:

—Es momento de que me vaya ya —anunció.

—¿De verdad? —cuestionó Serena—. Pero si ni siquiera alcanzaron a comer algo más de lo que preparó Lita —añadió con tristeza.

—Sabes que me encantaría permanecer más tiempo aquí, pero el vuelo es a primera hora de la mañana y no podemos perderlo —se excusó Haruka, con suavidad.

—Me costará mucho no verte por aquí ¿lo sabías? —dijo Serena, rompiendo en silente pero sentido llanto.

—Y a mí también, no te imaginas cuánto —correspondió quien fuera Sailor Uranus, tomando la mano de la princesa de la luna.

—Espero volver a verte algún día, Haruka. Sé que más que nadie, tú hiciste todo lo posible por hacer de Tokio de Cristal una realidad y cuando yo misma pensé que no llegaría este día, tú te mantuviste firme y seguiste luchando por ese sueño.

—Mis esfuerzos no habrían valido de nada si tú no hubieses puesto el mismo valor para lograr que todo se cumpliera. Recuerda, tú eres la guardiana de la luz de luna, tú eres el enviado del bien, eres la princesa del milenio de plata y la futura neo reina —dijo Haruka, conteniendo a duras penas su emoción.

—Además… te estoy tan agradecida por todo… cuando creí que ya nada me levantaría ahí estuviste junto a Michiru y Setsuna. Me dieron un hogar y se convirtieron en otra familia para mí. Me cuidaste y protegiste más allá que como Sailor Uranus, lo hiciste como Haruka Tenoh y no sabes cuánto significa para mí. Nunca olvidaré que me abriste las puertas de tu casa y las de tu corazón, que me diste apoyo, consuelo y contención cuando más lo necesité. Sin ti no sé qué habría sido de mí vida en ese entonces —dejándose llevar, Serena se abalanzó sobre la dueña de uno de los talismanes, a la cual abrazó sin dejar escapatoria, la cual tampoco resultaba necesaria puesto que Haruka había correspondido al abrazo.

—Los grandes obstáculos fueron creados para que grandes personas, como tú, lograran superarlos, mi querida cabeza de bombón.

Michiru y Setsuna observaban esta despedida en silente emoción. Hablaron brevemente entre ellas entre susurros y sonrieron posteriormente. No dieron pista alguna de lo que pudo ser, pero parecía algo suficientemente valioso como para que les produjera semejante calma en el rostro.

—Querida Serena, es hora de irnos —anunció la scout de Neptuno, sosteniendo a Hotaru en sus brazos.

—Michiru… ¡te extrañaré mucho! —exclamó Serena, abrazándola con cuidado para no pasar a llevar a la bebé.

—Siempre estarás presente en nuestros pensamientos y sé que nosotras en el tuyo. En el fondo no estaremos lejos pues seguiremos queriéndonos por sobre la distancia —dijo ella, comenzando a sentir como un par de traviesas lágrimas pretendían acompañar la conversación.

—Lo sé… pero el no poder verlas me causa muchísima tristeza, aunque sé que lo hacen por Hotaru y sepan que entiendo su decisión, que sé que yo misma fui quien les diera la oportunidad de empezar una nueva vida, pero… no por eso dejaré de extrañarlas, chicas —explicó Serena, sollozando.

—Nosotras también te extrañaremos, a ti y a todos, pero nuevos caminos se abren ante nosotros y no podemos hacerles el quite. Nos cuesta alejarnos, pero esta bebita que tengo en brazos merece una oportunidad, vivir una vida normal lo más que se pueda, así que mejor pensemos en que parte de esta decisión traerá mucha alegría a Hotaru. Sé cuánto la quieres, Serena, así que por ella intentemos estar felices ¿sí? —propuso Michiru, como escapatoria para no profundizar la clara emotividad ante la clara despedida.

—Tienes razón —dijo la rubia, secando sus lágrimas—. Les deseo lo mejor, quiero que sean muy felices en su nuevo hogar y tengan esa vida que han soñado tener.

Tras un nuevo abrazo junto a un beso, Michiru se despide de Serena. Con esfuerzo toma una de sus manos y sin decir nada, se limita a observarla con admiración. Por otro lado, Haruka extiende el anuncio y comienza a despedirse de todos los presentes, cosa que también hace Setsuna.

—Gracias por la velada, Serena. Nos vemos mañana, descansa lo suficiente por favor y prepárate para el gran acontecimiento. Sabes que después tendremos oportunidad para hablar con calma sobre todo lo necesario —dijo la guardiana de la puerta del tiempo.

—Lo sé. Descansa tú también y cuídate —responde Serena, dándole un abrazo a Setsuna.

—Antes de irme, ten —irrumpe Haruka, entregándole a la rubia una nota, la cual había escrito antes de llegar a la residencia Tsukino.

—¿Y esto? —preguntó ella, con curiosidad.

—Léelo después —respondió Haruka, tras hacerle un guiño.

—Las acompaño hasta la salida —ofreció Serena, sin embargo fue detenida al instante.

—No te preocupes. Sigue disfrutando esta noche. Si nos ves marchar te causará más tristeza y realmente queremos que disfrutes lo que queda por celebrar aquí —explicó con mesura, Michiru.

—Está bien. Por favor, recuerden llamarme en cuanto tengan oportunidad para saber que llegaron bien ¿sí? —pidió encarecidamente, Serena.

—Cuenta con ello —contestó Haruka. Tras esto hizo una seña a Darien, de cual anteriormente ya se había despedido y por ello, acordado algo. Sería él quien produjera la distracción necesaria para que su esposa enfocara la atención en otra cosa y no así en su retirada.

—Buena suerte, chicas. Gracias por todo. Les deseo un gran viaje y una próspera vida —dijo el guardián del planeta tierra hacia quienes hacían abandono del lugar.

—Lo mismo para ustedes. Éxito y mucha fuerza para todo lo que vendrá. Sabemos que lo harán bien, nunca podríamos dudarlo —respondió Haruka, estrechando la mano del pelinegro—. Más te vale cuidar de esta jovencita, Darien… mira que no quiero tener que volver hasta aquí solo para recordarte cuál es tu deber como su marido —dijo entonces la guerrera de Urano, haciendo de su broma una real aclaración.

—No deberás volver por ese motivo, cuenta con ello —contestó Darien, haciendo así la promesa de que velaría por Serena pase lo que pase—. Princesa ¿podrías venir un momento? Tengo algo que mostrarte. Acompáñame por favor —pidió, apartando a su esposa de allí y con eso, Haruka y las demás podrían hacer más discreta su retirada.

Al cerrar la puerta tras su espalda, Haruka se detuvo unos segundos y se dio tiempo para escuchar los murmullos que se resguardaban en el hogar de la familia de Serena. Lo hizo así para llevar aquellas voces en su corazón al emprender otro camino, pero con el eco de las alegres palabras de las scouts y los demás en su memoria, le sería más fácil sobrellevar la lejanía.

—Tus ojos se hincharán si sigues llorando de esa manera —advirtió Michiru, llevándose una cómplice mirada como respuesta.

—Es difícil —dijo la otra chica.

—Lo sé —correspondió su pareja.

—No estén tristes, de todas maneras ustedes cumplirán su sueño —comentó Setsuna, sonriente.

—No íbamos a marchar sin verlo, eso es obvio —añadió Michiru, contagiándose con aquella alegría.

—Tienen razón —y con ello, Haruka se dio el ánimo necesario para iniciar el andar de sus pasos hacia la salida.

Y fue así como finalmente, la familia Tenoh-Meioh se retiró del lugar.

Aún dentro de la residencia Tsukino había un ánimo de celebración. Darien se tomó el tiempo para hablar con su amigo de tantos años, Andrew, mientras que Serena fue junto a Rei, su abuelo y Nicholas para charlar extensamente, ya que hacía mucho que no lo habían hecho, a la vez, Mina y Lita cuchicheaban algo entre ellas, puntualmente era el imaginar cómo se desenvolvería todo en el próximo día, pues ellas también tenían que estar al pendiente del gran suceso.

El correr de las horas fue rápido entre tanta amena y sentida convivencia. Finalmente ya todos se encontraban en la sala compartiendo las delicias preparada por Lita, hablando con más relajo tras haber expuesto sus emociones más íntimas.

Serena miró el reloj que anunciaba la avanzada hora y con tristeza, le sugirió a Darien notar cuan tarde resultaba ser ya. Tuvieron que darse el ánimo para emprender la retirada pues no solo ya era tarde, sino que seguramente en el palacio en el cual ahora residían, el personal de seguridad debía preguntarse dónde se encontraban los futuros reyes.

—Debemos irnos —anunció Serena, con algo de pesar.

—Sería prudente irnos ya. No dimos aviso sobre esta salida y ya que hay especial énfasis en el resguardo del palacio, más de alguien debe estar preguntando por nosotros —secundó Darien, fortaleciendo así los dichos de su mujer.

—En ese caso ¿no sería lo mejor que llamen a alguien para que venga a buscarlos? —preguntó Rei.

—No hace falta. Todavía podemos llegar por nuestra propia cuenta, eso sí, siempre y cuando lo hagamos ya —contestó Darien.

—Chicas, les recuerdo que mañana debe haber absoluta puntualidad. No solo las máximas autoridades estarán presentes, sino que también diversos medios de comunicación junto con una multitud de personas ya confirmadas —indicó Serena a sus amigas—. Papá, Mamá, Sammy, no olviden llevar las acreditaciones correspondientes que les di para que estén dentro de las primeras filas.

—No te preocupes, Serena —habló a nombre de todos, Mina—, está todo preparado y para asegurarnos, tu mamá nos ofreció pasar la noche aquí.

—¿Sí? —preguntó la rubia, contenta al saber lo planeado.

—Así es —dijo Rei—, de esa forma estaremos seguros de salir temprano.

—Pues que bien pensado —dijo Serena, contenta al saber los planes tan bien concebidos.

—Vayan tranquilos. Estaremos ahí y todo saldrá como debe ser —comentó su madre, Ikuko, apaciguando la ansiedad que sabía, había en su hija.

—Tampoco olviden que tras la ceremonia habrá una recepción en el palacio. Mucha gente asistirá y por favor no olviden, es… —comentó Serena, siendo interrumpida abrupta pero simpáticamente.

—Con traje formal, bueno, aunque eso no aplicará mucho para nosotras cuatro pues deberemos presentarnos con nuestro uniforme militar —completó Rei.

—Así es y por cierto, que raro tener que decir "uniforme militar" a su vestimenta de scouts de ahora en adelante —bromeó la chica de coletas, con cuasi enternecedora torpeza.

—Es uno de los tantos cambios —mencionó Amy, añadiéndose al comentario de su amiga.

—Bueno, tras eso…

—Hija, no te atormentes más con los quehaceres —irrumpió Kenji—. Ahora preocúpate de descansar lo suficiente pues tú y Darien tendrán una agitada mañana.

—Sí, amor… tranquila, ya mañana veremos todo lo necesario, por ahora necesitamos marchar pronto —prosiguió su marido.

Tras esto, Serena intentó buscar alivio y solución a la amplia lista de pendientes que se dibujaban en su mente, pero siguiendo los consejos que le fueron dados, intentó aplacar su ansiedad y se enfocó estrictamente en lo puntual. Volver a casa.

La despedida se realizó con un implícito "hasta más tarde" y no un ánimo que añadiera tristeza, pues lo que más había habido en la noche fue justamente eso, por lo cual era momento para tomar un respiro dentro de tanta agitación.

Serena no dudó en abrazar una última vez por esta noche a cada uno de los presentes. Individualmente les agradeció su asistencia y prometió ver dentro de tan solo unas horas. Darien fue un poco más distante pero no por eso menos comprometido a la hora de decir adiós, pero al ver que la hora seguía pasando y Serena no daba indicios de querer apurarse, se volvió un tanto impaciente.

Minutos después, el joven matrimonio se había marchado.

Una vez en el automóvil, Darien no dudó en conducir a la máxima rapidez permitida con tal de llegar pronto a su nueva residencia y con tal de lograrlo, se mantuvo estrictamente preocupado por manejar con suma atención, atención que aprovechó Serena para mirar a su diestra a través de la ventana, observando todos aquellos parajes que la habían acompañado a lo largo de su vida hasta este minuto. Los extrañaría pues sabía que no volvería a pasar por ahí tan seguido como quisiera y por ello, una lágrima rodó a través de su tersa y blanca piel.

—¿Todo bien? —preguntó Darien al tener la oportunidad.

—Claro que sí —contestó su mujer, esbozando una suave sonrisa.

—Ha sido una noche de varias emociones, Serena… entiendo que quieras llorar —complementó a la respuesta, el pelinegro.

—Pero estoy contenta, no triste —agregó ella, para su tranquilidad.

—Y así me gusta —puntualizó su esposo, haciendo recíproca la sonrisa que Serena le había otorgado.

Darien continuó conduciendo y Serena, mirando a través de la ventanilla.

Los sentimientos se arremolinaban en el pequeño ambiente que daba el vehículo en el cual se encontraba la pareja. En realidad, donde ellos estuviesen las sensaciones brotaban y resplandecían con tintes de melancólica alegría. Lo que estaba ocurriendo no era fácil de asimilar, pues aunque muchas veces imaginemos y sepamos que algo está destinado a ocurrir, vivir el momento como un día presente resulta ser una diferencia abismal comparado al solo haberlo sabido de antemano.

Había mucho por lo que llorar, pero mucho por lo cual también sonreír.

Hubo mucho esfuerzo y sacrificio a través de todos estos años para que el mundo fuera conducido hacia una nueva etapa. Hubo mucho dolor, lágrimas e incertidumbres aterrorizantes, junto al miedo latente de un fin prematuro y macabro, más de alguna vez la esperanza pareció haber marchado lejos, sin embargo, su máxima representante fue quien se encargó de que jamás desapareciera por completo, siendo ella así la gran artífice central de que la consolidación de la promesa del futuro se convirtiese en una innegable realidad. Si no hubiera sido por Serena, la esperanza yacería extinta tras morir sofocada bajo el terror de quienes temieron por sus vidas y por la de los demás.

Ella y todos lo sabían.

Serena ya no era la del ayer, aquella que desconfiara de sus propias virtudes y logros. Hoy era una mujer satisfecha ante la vida, valorada por sí misma y por su entorno, teniendo como principal sostén a quien inspiró en ella gran parte de su férrea convicción de lucha. Darien, quien en sus inicios como sailor scout, protegió de ella sin duda alguna.

En realidad jamás había dejado de hacerlo, pero los recuerdos de aquellos años, eran algo que enternecían a la princesa de la luna y hacía que de nueva cuenta, se enamorara más de su príncipe de la tierra.

¿Cuánto tuvieron que esperar para ser felices? Muchos, muchísimos años. Serena y Endymion pudieron vengar su tragedia y consolidar finalmente su amor.

¿Cuánto tiempo tendrán para ser felices como Darien y Serena? Toda una vida, ésta y las que vendrán.

El destino, seguramente, los uniría incluso más allá de la propia muerte.

Misma muerte y mismo destino que les concedió la oportunidad de reencontrarse y enamorarse nuevamente.

Su amor estaba dibujado en los relatos del manto estelar y permanecería de esa forma por siempre.

Darien detuvo el vehículo al encontrarse a las afueras del palacio. Un atento hombre que estaba dentro del escuadrón de seguridad impuesto por las autoridades, dio un vistazo rápido hacia el interior del automóvil y al ver de quién se trataba, ofreció una reverencia y dio orden para que las gigantescas puertas del enrejado exterior se abrieran para así darle paso.

—Bienvenidos, señor Chiba, señora Tsukino —saludó.

—Muy buenas noches —contestó Darien.

—¿Vienen ustedes acompañados por algún otro vehículo? —se les preguntó.

—No. Solo somos nosotros —aclaró el pelinegro.

—Muy bien, en ese caso daré instrucciones de que a nadie más se le puede otorgar permiso para ingresar a su residencia por esta noche —informó el hombre.

—Correcto. Muchas gracias —dijo Darien antes de continuar avanzando.

Una vez dentro de las dependencias, Darien estacionó el automóvil en el área precisada y dispuesta para ese fin. Nuevamente lo rodeó para ayudar a su esposa a bajar, pero alguien más le había ganado por tiempo y atención, por lo cual Serena ya había descendido.

—Gracias —dijo ella, agradeciendo al personal dispuesto por y para su completa comodidad.

—No tiene que agradecer, señora mía —contestó otro hombre en cuestión, el cual tras ofrecer una reverencia, se alejó del lugar.

Estando a solas con su marido, Serena comenzó la marcha hacia el palacio, sostenida del brazo de Darien.

—Todavía no me acostumbro a tanto servicio. Me siento rara —susurró apenas audible.

—Tendremos que hacernos la idea de que de ahora en adelante será así —murmuró Darien.

—Sí, pero es difícil —agregó ella.

—Es el trato que se le da en especial a la reina, no esperes menos —explicó su marido.

Encontrándose ya en la entrada del inmenso palacio real, las puertas se abrieron ante los futuros reyes. Dos nuevos hombres les saludaron con respeto y solemnidad ante su paso. Darien y Serena tendrían que modificar sus modales y no corresponder igualitariamente al gesto, pues la distinguida veneración entregada hacia ellos era producto de su nuevo estatus, por lo cual y como indica el protocolo, ellos solo deben asentir como acto máximo de reciprocidad y simpatía. Era un acto un tanto soberbio para ambos, pero sabían que si bien muchas cosas habían cambiado, otras permanecerían funcionando de igual forma.

Ya en el interior de la residencia, Serena se vio sobrecogida por la inmensidad de la misma. El lugar le parecía mágicamente ajeno. Aún podía recordar la satisfacción que sentía al volver cansada al departamento que compartió junto con su esposo y siendo sincera, reconocía que extrañaba ya la sencillez de aquellos días. Sin embargo, reconocía también que si alguien pudo materializar sus sueños, lo había hecho precisamente quien estuvo a cargo del diseño de su nuevo hogar. Era hermoso por donde se le mirase, todo parecía estar perfectamente construido y decorado, no había detalle sin que se anexase uno con el otro en destacable sincronía. Sin duda alguna era un lugar tan lindo que no envidiaba nada a otras obras arquitectónicas, pero aun siéndolo, Serena no lograba conectarse del todo con su nuevo entorno cotidiano.

Para Darien la historia no resultaba ser muy distintas.

Absortos y embelesados por la grandeza del lugar, la pareja comenzó a dar los primeros pasos y éstos los dirigió hacia una de las salas de recepción más cercana, la cual estaba a la derecha desde su actual posición.

Antes de poder dar un paso más, fueron interrumpidos.

—Buenas noches, señores. Los estábamos esperando.

—Buenas noches, Blanca —saludó Serena.

—Si ustedes lo desean, la cena les será servida en breve —dijo la mujer que no sobrepasaba los treinta años de edad.

—Esta noche no cenaremos, pero agradecería que nos llevaran algo liviano a nuestra habitación. Jugo de fresas estaría bien —pidió la futura reina.

—¿Desean algo más? —preguntó Blanca.

—Yo quisiera un té blanco, si no fuera mucha moles…

—No lo es, señor. Estoy a sus órdenes —irrumpió la mujer, avergonzándose posteriormente por haberlo hecho—. Disculpe mi inoportuna intromisión, no quise ofenderlo.

—Y no lo ha hecho, esté tranquila —respondió Darien.

—Con vuestro permiso, iré a cumplir con lo que han de querer —dijo Blanca, haciendo una reverencia antes de continuar su camino y labores.

Ante tales muestras de respeto, nuevamente Darien y Serena quedaron sorprendidos, pero fue la última quien ahora apaciguara la suerte de incomodidad que, a claras luces, sentía su esposo.

—El emperador mencionó que su servidumbre era de ofrecer ese trato y que así sería para nosotros también de ahora en adelante. En especial viniendo de Blanca.

—¿Acaso no van a dejar que movamos un dedo por cuenta propia? —preguntó Darien, confundido.

—Ahí tendremos que acomodarnos y buscar algo de independencia, aunque los entiendo, el trabajo de ellos es estar a nuestra disposición —explicaba ahora, Serena.

—Espero al menos poder acostarme sin tener a alguien que corra las cobijas de la cama por mí —mencionó Darien, con un dejo de ironía dentro del mismo tono para bromear ante el tema.

Su esposa rió y tras esto, condujo a Darien a la sala de recepción más cercana, como era el plan inicial.

—¿Por qué me llevas para allá? —cuestionó el pelinegro.

—Ya verás —dijo su mujer.

Y así, cruzando el amplio espacio de la entrada del palacio, la pareja continuó su camino.

Al entrar a la sala, Serena se sentó y mostró a Darien algo que ella misma había revisado esta mañana.

—¿Y eso? —preguntó él.

—Es el esquema de todo lo que pasará mañana. Blanca se encargó de hacerlo y lo puso en el pizarrón que le pedí. ¿Ves por qué estoy tan preocupada? —preguntó, indicando con su dedo índice todas las tareas anotadas en el blanco lienzo acrílico.

—A ver… —habló su marido, acercándose a dicho objeto, el cual leyó en voz alta—. Desayuno para los reyes en el comedor principal, atención y cuidado de sus quehaceres matutinos (baño, vestimenta, alimentación y demás), exhaustiva protección ante filtración de información… ¿qué es eso? —preguntó.

—Estarán alerta de que nadie se acerque al palacio y nos vea haciendo cualquier cosa —resolvió Serena.

—Ah, con que se trataba de eso —dijo Darien, continuando—. Charla previa con el representante de gobierno, entrevista con el emperador, seguridad y resguardo de guardaespaldas, rápida sesión fotográfica, limusina dispuesta a las 9:00 AM en la entrada… ¿y todo eso en un par de horas?

—Así es —contestó su esposa.

—Ahora entiendo por qué estabas estresada desde ya —concluyó Darien, sintiéndose apoderado por el mismo sentimiento—. ¿Sesión fotográfica, en serio? —cuestionó.

—Me insistieron sobre ese tema hace un par de días y no me quedó más remedio que aceptar. Dijeron que sería prudente, incluso para nuestra misma comodidad, que existiera una foto oficial de nosotros como reyes antes de ir a la ceremonia.

—Bueno, supongo que tiene sentido —contestó Darien, un tanto abrumado.

—No sé qué tanto, pero ya acepté así que no hay remedio —añadió Serena.

—Cuando quieras volver a arreglar nuestros álbumes de fotografía, se lo encontrarás.

Y entonces el rostro de la rubia brilló con encanto.

—¡No lo había visto de esa forma! —exclamó con alegría.

—Bueno, al menos ya tenemos ese punto controlado —comentó Darien, echando otro vistazo a la lista de pendientes y detalles en el pizarrón—. Arreglos florales… equipo de banquetería, orquesta… supongo que eso es para la recepción.

—Así es —confirmó la rubia—. Y falta, sorpréndete con lo que está escrito más abajo —incitó.

—Prueba de vestuario… —pronunció él, pausando la oración.

—Setsuna fue quien se preocupó de eso. Junto a Blanca, ubicaron a los mejores diseñadores del país y serán ellos quienes creen nuestras prendas más importantes —expresó Serena, con calma.

—No me habías contado esto, Serena —dijo él.

—¿Para qué? Osamu te mantuvo tan ocupado estos días que ni siquiera tuve suficiente tiempo para contarte estos detalles, que sé, para ti son menores —contestó su esposa.

—¿Y cuándo será aquella prueba? —preguntó perplejo, Darien.

—Ahora.

Puntual y sincrónico, dos mujeres anunciaron su llegada a la sala y pidieron permiso para ingresar, al cual tras ser concedido, hablaron:

—Señores, sus trajes llegaron esta mañana —dijo una de ellas.

—Si hay algún detalle por reparar, les aconsejo probárselos ahora —secundó la otra.

Darien observó al par como si hubiesen estado hablando en un idioma que él no entendiera, por ello y tras notarlo, Serena lideró la situación.

—Iré a la habitación para probarme el mío. Darien, si quieres podrías hacer lo mismo con el tuyo pero en uno de los baños de la primera planta. Sinceramente quiero que no me veas vestida así aún, siento como si estuviéramos casándonos otra vez y como se dice, ver la vestimenta que usará la pareja con anterioridad, puede traer mala suerte —explicó, poniéndose de pie para ir rumbo hacia donde señaló.

—Sí… lo que digas —murmuró apenas, Darien. Anonadado por la particular situación que no vio venir.

Cada cual tomó caminos distintos por el momento. Serena se dirigió a la habitación, seguida por una de las mujeres dentro del personal de servicio, la cual llevaba su traje ceremonial enfundado en un saco que le brindase protección. Por otra parte, Darien seguía con escéptica reacción, algo que divirtió bastante a quien esperaba, también con traje en mano, alguna de sus órdenes.

—¿Quiere que deje su tenida aquí, señor? —preguntó la mujer.

—Llévela donde indicó mi esposa, por favor —atinó a responder tras algunos segundos.

—Como ordene —le fue contestado.

Descolocado por pequeños detalles que le resultaban difíciles de asimilar, Darien no tuvo más opción que salir de su ensimismamiento y por ello se dirigió hacia el lugar donde se probaría el traje a lucir por la mañana.

Serena, entre tanto, era acompañada por Blanca y la otra persona dispuesta a ayudarla en ese segundo.

—Hitomi, deja el vestido de la señora ahí —ordenó Blanca—. Trae por favor lo que ordenaron, el jugo de fresas y el té blanco para el señor.

—Sí —respondió concisamente la joven, yéndose del lugar.

La mujer que permaneció en la habitación era Blanca Itagaki. La nombrada ama de llaves que estaría a completa disposición de los reyes de Tokio de cristal.

No contaba con más de cuarenta años. Se trataba de una persona amena pero sin duda estricta en su trato, sonando implacable a la hora de ordenar los quehaceres para el resto del personal de servicio.

De aspecto solemne, la mujer vestía un conjunto de dos piezas en color gris opaco y aplicaciones doradas. Traía el pelo sujeto con moño enroscado a sí mismo, haciendo parecer que su peinado no daría escape a ningún cabello rebelde que desease salir de él. Su maquillaje si bien no era recargado sí estaba definido, en especial los labios pues estos eran de un fuerte color rojo.

Su menudo cuerpo hacía gala a la bien conocida complexión japonesa, más no así su vestimenta y algunos rasgos de su rostro. Esto se debía a que Blanca era mitad nipona e inglesa y fue justamente en Inglaterra donde se desempeñó por muchos años como ama de llaves para cierta familia de la realeza británica. Tras la petición del actual emperador de Japón, Blanca fue solicitada para prestar sus servicios a la nueva familia real, dado a su vasta experiencia sobre el trato que éstos merecen, como así también para supervisar y hacer prevalecer el aseguramiento de una correcta funcionalidad dentro del palacio, pues en Blanca recaía la tarea de que todos hicieran su oportuno y mejor trabajo.

En pocos meses ya conviviendo en un mismo lugar, Serena y su ama de llaves habían logrado establecer una estrecha relación de respeto y cordialidad. Sin duda alguna, Blanca cumplía genialmente con su labor y era algo que la emperatriz lunar agradecía y valoraba, además también había sido una suerte de guía y le platicó sobre cómo debía ser su trato para con el servicio.

Correctamente implacable. Ni más ni menos —le dijo en aquella oportunidad.

Para Serena, el tener que volverse, de cierta forma, algo más dura para referirse a alguien, resultaba ser extraño y hasta incómodo, pero su ama de llaves, hasta el día de hoy, apela a que la seriedad no es sinónimo de pedantería y por ello, no debía preocuparse más allá de la cuenta y menos, atormentarse.

Ahora por lo que pedía lo mismo, era por el vestido.

—Es tan… aparatoso —dijo Serena, con dificultad.

—Ceñido a su cuerpo, señora. Deberá usted acostumbrarse —dijo Blanca, ajustando la parte trasera del vestido.

—Al menos solo tengo que usarlo en ocasiones especiales y/o cuando salga del palacio para alguna ocasión puntual —añadió la rubia, haciendo un supremo esfuerzo por acostumbrarse a sus nuevas galas.

—Por favor, no se mueva tanto… déjeme ver si todo le calza en justa medida —pidió Itagaki, alejándose unos pasos para observar a la futura reina.

—Creo que sí. Me las tomaron como diez veces así que finalmente me debe quedar bien —agregó ella, un tanto frustrada ya para esta altura.

—Su diminuta cintura fue toda una labor para los diseñadores ¿lo sabía? Querían que su escote quedara precisamente sujeto sin necesidad de añadir nuevas piezas, pero debido a su figura no resultó fácil —comentó Blanca, capturando la atención de Serena.

—¿Por qué? —cuestionó con un dejo de vanidad.

—Porque su complexión es envidiable, señora. Su busto es superior al estándar si se tiene tan pequeña cintura —respondió con simpatía, Blanca.

Serena se ruborizó ante el comentario y buscó en el espejo algo que abalara los dichos de la mujer, los cuales por cierto, encontró.

Su figura había cambiado muchísimo a lo largo de los años. Su cintura se mantuvo como siempre, más su busto ahora era notablemente prominente y en conjunto con sus caderas, creaban en su torso una curva parecida a la de una guitarra. No cabía duda, Serena no solo había madurado mental y sentimentalmente, sino que también de manera física, pues incluso encontró en su rostro, algunos rasgos que marcaba el paso del tiempo, en especial su mirada, la que si bien no perdía ternura, en ella había ahora decisión.

Decisión que tantas veces le faltó por su propio bien.

Mientras Blanca acomodaba el vestido, Serena se concentró tanto en su aspecto reflejado en el espejo que pareció perder la conciencia. Analizó su mirada y su rostro se endureció al ver por una milésima de segundo en su reflejo, el cruel aspecto de…

—Ella… —susurró.

—¿Dijo algo, señora? —preguntó de inmediato, Blanca.

—No, nada. Descuida —pidió Serena, batiendo su cabeza de lado a lado para volver a sí misma.

"La luz atrae a las sombras y en mi mirada hay algo de oscuridad" dijo para sus adentros, Serena, sabiendo que de existir oscuridad, no le pertenecía precisamente a ella, pero…

—¡Le ha quedado perfecto! —exclamó Blanca, capturando la atención de la rubia.

—¿Tú crees? —dijo Serena, mirándose ahora a totalidad.

—No podría mentirle —aclaró la ama de llaves, esbozando una sonrisa.

—Bien. Entonces una vez que me lo quite por favor mándelo a limpiar, quiero que este vestido esté absolutamente impecable para mañana. Ahora necesito recostarme, estoy realmente cansada —habló Serena, corriéndose rápidamente del lugar donde estaba, como si quisiera escapar del espejo que se encontraba frente a ella.

—¿Aún desea su jugo? —preguntó Blanca.

—No, con agua me bastará —rectificó Serena. Sin embargo escuchó la puerta sonar y lo más probable es que alguien ya había traído lo que pidió anteriormente.

—Adelante —dijo Blanca.

—Acá está lo que los señores pidieron —explicó Hitomi, sosteniendo una bandeja de plata en sus manos junto con un pequeño frasco de jugo, vaso y una taza de té.

—Déjalo en aquella mesa de la esquina —ordenó Blanca—. Y quédate aquí un momento mientras la señora se quita el vestido. Envíalo al lavado de inmediato y por favor, recuerden que esta prenda se debe limpiar en seco —aclaró con firmeza.

—Claro —contestó Hitomi.

—¿Dónde está mi esposo? —preguntó Serena antes de ir hacia el baño que se encontraba anexo a su habitación.

—Abajo. No tarda en subir —le respondieron.

Sin más, Serena volteó y raudamente se dirigió hacia donde pudiera sacarse el vestido con comodidad. Una vez allí, tomó una gran cantidad de aire y lo contuvo en sus pulmones lo máximo posible, dejando escapar después un largo y profundo suspiro.

—Es el estrés, nada más que eso —pronunció a voz moderada, intentando tranquilizarse.

Por unos segundos sintió como todo su alrededor bailaba haciéndola marear, por lo cual abrió la llave del lavamanos, sostuvo entre sus palmas lo más posible de agua y lanzó ésta sobre su rostro.

¿Qué le estaba ocurriendo en verdad?

Tal vez sí, han sido demasiadas emociones para un solo día y más si consideraba que muchas más llegarían en cuanto amaneciera, pero como un susurro, en su subconsciente la ataba una duda que mantuvo omitida hasta hoy y pretendía que siguiera igual por algún tiempo. Génesis.

¿Había sido absorbida por el aura del planeta tierra? ¿Murió en su intento por escapar? ¿Se ocultaba en algún rincón del universo?

Nadie, por desgracia, podía resolver y dar respuesta a su agonía.

Se aferraba una vez más a lo dicho por Amy, que no había podido localizar energía alguna que emanase aura maligna. Rei tampoco dio con su paradero o destino a través de la adivinación y visiones del fuego sagrado, ni siquiera el talismán de Michiru entregaba pista alguna.

Todo era un completo misterio.

Serena odió entonces el tener que recordar a tan desagradable ser, a quien por poco destrozara su vida por completo. Herencia ella de su sangre, letalmente poderosa.

No había duda. Serena encomendaría de alguna u otra forma un rastreo de ser necesario, pues no podía seguir con aquella duda que asfixiaba su sonrisa.

"¿Y si creo pánico en la población?" Resonó en su cabeza la disyuntiva automática que se formulaba en su mente en cuanto planeaba alguna estrategia para dar con el paradero que aquella entidad maligna.

Tal vez y con algo de discreción, podría hacer algo…

Quizás ella misma encomendaría su vida para cumplir con la misión autoimpuesta.

—Creo… que tendré que hablar con Darien sobre esto —se dijo en murmullos, dándose tregua ante la presión que ya causaba efecto en sus sienes.

Confiaba en él, claro que sí, pero no pensaba ponerlo en riesgo con tanta facilidad otra vez y menos, ante aquella mujer de despreciable corazón. Si Serena había callado fue precisamente por eso, no quería que nadie más corriera peligro.

Pero tal vez el mismo silencio lo estaba haciendo sin que ella supiera.

Cuando escuchó hablar a su esposo en la habitación contigua, un sentimiento de tranquilidad y a la vez temor de apoderó de ella. El miedo que tenía a perderlo le resultaba doloroso y pensar que si, por alguna indiscreción, fuera ella la culpable de que aquella profunda voz no volviese a crear ecos en sus oídos, sería algo que jamás se perdonaría, pero los mismos ecos le impregnaban paz y en ella se dejó llevar.

—No sacaré nada con seguir mortificándome —hizo la resolución y tras ello, empezó a despojarse de su vestimenta.

Darien se encontraba hablando con Blanca. Le comentaba lo bien que le había calzado su traje y la ama de llaves no pudo sino sentirse satisfecha y tranquila. Su principal pendiente en este minuto se había transformado en que las vestimentas de la pareja fueran completa y absolutamente perfectas.

Serena salió a los pocos minutos, enfundada en una larga y vaporosa bata de seda color plata y en sus manos, llevaba el vestido, el cual posteriormente entregó a Blanca.

—Si no necesitan algo más, señores, me retiro para dejarlos descansar —dijo ella.

—Gracias. Hasta mañana —contestó Serena, notablemente exhausta.

—Muy buenas noches —añadió Blanca, como despedida, retirándose de los aposentos reales, junto con Hitomi.

Serena permaneció inmóvil en un punto de la gigantesca habitación, después caminó hacia la cama pero finalizó dirigiéndose a la mesa donde estaba lo que ella había pedido.

Tomó el vaso con algo de intranquilidad y vertió en él un poco de jugo.

Darien le observaba en silencio.

—Te noto… extraña —dijo él, rompiendo el ambiente de mutismo.

—Cansada, nada más —contestó su mujer, haciendo una pausa mientras seguía bebiendo el jugo de fresas.

—Te conozco, algo te pasa ¿qué es? —inquirió el pelinegro.

—Solo quiero dormir, Darien —respondió a su marido—. ¿No estás cansado tú también?

—Sí, pero al parecer tengo mejor humor que tú —quiso bromear, pero a su esposa no le causó gracia alguna.

—Estoy… un tanto mareada con todo, puede que por eso no esté de muy buen ánimo —dijo Serena, haciendo que su pecho doliera tras saber que en el fondo, estaba mintiendo.

—Entonces necesitas venir a dormir junto a mí, princesa —pronunció meloso, Darien.

Hipnotizada por su ronca voz, Serena tomó rumbo hacia la cama que compartía con su esposo. Se recostó en ella sin correr las mantas y buscó a Darien con desespero, pero su trastocado estado de humor no hizo más que hacerla, prácticamente, escupir un desagradable comentario.

—¡Odio esta cama, es inmensa! Siento que me pierdo en ella y poco menos tengo que nadar para poder encontrarte —reclamó.

—Cuando la viste por primera vez parecías más que feliz —recalcó Darien, habiendo tomado el comentario con humor.

—… además es tan fría y plana, no sé —siguió quejándose.

—Es porque es nueva y no tiene en el colchón aquel huequito que habías hecho en el que teníamos antes —explicó su esposo, con paciencia.

—Con lo poco que he podido dormir… —bufó.

—Señora, déjeme decirle que una joven como usted no debería llevar ese humor y menos ese tono para hablar. Sea cortés y procure siempre llevar una sonrisa en su rostro —reprendió Darien, logrando que al fin Serena riera.

—Sonaste igual a Blanca —comentó.

—Pues andas tan de malas que se me antojó regañarte con acento británico-japonés —agregó Darien, levantando su rostro y engrandeciendo su pecho, simulando así una firme postura inquebrantable.

—Eres un tonto —dijo ella, aferrándose al torso de su marido, queriendo anexarse a su cuerpo y jamás salir de él—. Discúlpame, no es nada contigo y en realidad con nadie, lo que pasa es que…

Cuando creyó tener la fuerza para confesar su temor, fue interrumpida.

—Necesitas dormir, ese será el santo remedio —sentenció.

—Sí… eso solucionará todo —dijo ella, apegándose aún más a Darien.

Y creyéndole a ciegas, junto con acallar los malos augurios de su mente, Serena cerró sus ojos y cayó dormida con rapidez.

*´¨)

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Con una sutileza inexistente, Serena sintió el sonido de las campanillas que su reloj hacía sonar como alarma. Era irónico que tan suaves campanitas hicieran semejante desastre en su cabeza, provocándole el primer dolor de ésta en el día.

No fue el mejor despertar.

—¿Seis de la mañana? —preguntó con sarcasmo, pensando en lo inimaginable que resultaba que precisamente ella se levantara a esa hora.

—¿Qué? —murmuró Darien, estando aún en estado de somnolencia.

—Despierta, mi amor —dijo ella, moviéndole el brazo—. Ya es hora de levantarnos —finalizó entre medio de un bostezo.

—Diez minutos más… —balbuceó el pelinegro, lo cual le fue tan sorpresivo a su esposa que con ello, perdió el sueño.

—No podemos —dijo la rubia, con tristeza—. Hay mucho que hacer.

—Debe haberlo si es que Serena Tsukino se niega a dormir un rato más —comentó Darien entre risas, dándose el ánimo para escapar de la prisión de las sábanas.

—Para que veas —correspondió ella, cambiando su humor tras desactivar la alarma.

Siendo Serena quien tomara la iniciativa, se levantó con energía que brotó en el instante en que vio los rayos de sol escurriéndose a través de las cortinas.

—Es un día hermoso —anunció con renovados bríos.

Tras recobrar la sonrisa, Serena abrió las cortinas a sus anchas y dejó que el sol se hiciera dueño de la habitación. Observó a través de la ventana la privilegiada vista que tenía desde ahí. Un hermoso jardín como manto antes de plasmar en el horizonte parte de la gran ciudad, sin duda le había marchitado el dolor de cabeza que pretendió ser protagonista de la jornada.

Mientras disfrutaba de la preciosura visual ante sus ojos, las puertas se dejaron sonar.

—Adelante —dijo Serena.

—Muy buenos días —saludó Blanca—. El desayuno está servido.

—Iremos en breve, gracias —respondió Darien, ya una vez en pie.

Tras la primera reverencia de la mañana, Blanca se despidió con una sonrisa y tras su espalda, cerró las puertas.

—¡Rápido, Darien! —ordenó la rubia antes de pasar al baño para refrescar su rostro con algo de agua.

—Me alegra verte así de radiante —dijo él, sonriéndole a la flor que se dejaba mecer entre la luz del día. Su esposa.

Al estar cerca, la pareja entrelazaron sus manos y se dieron el primer beso del día.

El dorado resplandor del sol vigorizaba los ojos azules de Serena. Calmo mar donde Darien deseó perderse para jamás regresar.

—Buenos días, neo reina Serena —dijo él, esbozando una sonrisa al ver el rostro de su amada.

—Buenos días, rey Endymion —respondió, volviéndole a besar.

Se fundieron en un abrazo cautivante, diciéndose así mil cosas que no se expresan con las palabras, sino que con el corazón.

*´¨)

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El lugar era un caos, claro, que dentro del mejor contexto posible. El palacio real tenía una cantidad de movimiento impensado. Hombres y mujeres corrían de lado a lado con tal de tener todas sus labores cumplidas, pero en especial, Blanca era quien parecía más activa.

—Flores a lo largo y ancho de la entrada, no debe quedar hueco desocupado y por favor, no olviden decorar con especial cuidado el comedor principal —ordenaba a quienes tenían la misión de cumplir con esto.

—Señora Blanca —saludaba la chef exclusiva de los reyes—. ¿Han dado los señores la aprobación para el menú?

—Así es, querida —respondió, entregándole una lista escrita por ella misma—. Espero de ti las mejores delicias que representen la amplitud gastronómica de nuestra nación.

—Cuente con ello —dijo la chef, poniendo atención a un punto en especial—. Esto…

—Una lista con los postres preferidos de la señora. No digo que debas hacerlos todos para el banquete de la recepción, elige tres de éstos y los demás mantenlos en tu memoria. Nuestra reina es una mujer que disfruta mucho las delicias dulces —aclaró con simpatía.

—Así puedo darme cuenta —dijo la otra mujer.

—Pues bien, optimiza tu tiempo y el de tu equipo, por favor. No debe haber demora alguna. Inicia los preparativos desde ya —ordenó Blanca, con lo cual la chef ya acatando la petición, volvió a la cocina.

—Señora Blanca —llegó poco después, otra persona a su lado.

—Dígame, ¿en qué lo puedo ayudar?

—Las esculturas ya llegaron.

—¡Me parece maravilloso! Si mal no recuerdo pedí dos ¿no es así? —preguntó.

—Así es —se le confirmó.

—Ellas deben estar a cada costado de la gran escalera central —dijo Blanca, apuntando a la única que había y que si bien era una sola, era tan grande como si fueran más.

—¿Una a cada lado? —preguntó el encargado.

—¿Lucirían bien estando juntas acaso? ¿No me supe explicar? —ironizó Blanca.

—Discúlpeme.

—No hay cuidado —respondió.

"Dos esculturas de cristal de grandes columnas con una figura superior forma de luna ¿cómo podrían verse bien una al lado de la otra?… que poco gusto tiene a veces la gente" Pensó para sí misma.

La ama de llaves se dio un tiempo para observar cómo la gente se movía de un lado a otro. Poco a poco todo tomaba forma y eso le hacía sonreír.

En el corto tiempo de conocer a Darien y Serena, la mujer les había tomado gran aprecio, más al poder ser merecedora de sus respectivas confianzas, las cuales valoraba y por supuesto, no las iba a defraudar con un mal trabajo proveniente de ella.

—Hitomi —dijo ella, llamando su atención—. ¿Sabes si ya llegó el trío de cuerdas?

—¿El qué? —preguntó la chica.

—Cariño, me refiero al trío de músicos. Dos violinistas y otra persona en el chelo —explicó.

—No he visto a nadie con algún instrumento musical —contestó Hitomi.

—Pues bien, te pido encarecidamente que si llegasen a arribar en mi ausencia, por favor les señales que es en ese sitio de la sala donde deben tomar lugar —apuntó Blanca, un punto central de la entrada—, aunque prometí que primero se les haría un recorrido por el palacio. Lo pidieron con tanta emoción que los reyes no pudieron negarles el privilegio.

—Entendido —dijo Hitomi.

—Posteriormente llegará un pianista y hará compañía al trío de cuerdas. Estate atenta a ello también. Te encargo esa labor —especificó Blanca—. Muy bien. Ahora iré a verificar si todo está en orden en la habitación de los reyes. La limusina no tardará en llegar y ellos deben salir pronto para llegar a tiempo a la ceremonia en su honor.

Subiendo rápida y animadamente la escalera, Blanca llegó hasta los aposentos de los reyes.

—¿Puedo ingresar? —preguntó tras tocar una de las puertas.

—Por supuesto —dijo Darien.

Ya adentro, Blanca volvió a saludarlos e inició la lista de pendientes.

—Señor Chiba, por petición de su esposa debe usted arreglarse en otro sitio. Dispuse que la habitación contigua le fuera cedida para su acomodo.

—Sí, no tardo en ir, solo veía qué me faltaba sacar de acá —respondió el pelinegro.

—No debe darme explicaciones, señor. No se tome tal molestia —contestó ante esto y con cordialidad, Blanca.

—No es ninguna molestia tener un trato así contigo —explicó Darien, igualmente cortés—. Por cierto, ¿recuerdas lo que te pedí?

—Por supuesto, señor —dijo ella.

—Una sola, nada más —aclaró Darien.

—Y así será. Una sola —confirmó Blanca.

—¿La habitación de al lado entonces? —preguntó el pelinegro.

—Sí. Su traje y otras cosas necesarias ya están allí. Lo hice yo misma —dijo con orgullo, la mujer.

—Debes tener cuidado y no trabajar en exceso, Blanca. Te exiges demasiado —acotó el guardián de la tierra.

—Subestima mis capacidades, señor; puedo trabajar a este ritmo y más si así se ha de necesitar —argumentó Blanca, satisfecha al saber que sus palabras eran verdaderas.

—Pero no porque te puedas lanzar desde un séptimo piso lo harías ¿no es verdad? —explicó Darien.

—Si llegase a tener semejante idea, sé que al menos contamos con un buen doctor en el palacio —bromeó la mujer—. Me retiro por el momento. Su esposa llegará pronto y debo confirmar si las estilistas se presentaron ya. Con su permiso.

—Claro —dijo Darien, permitiéndole así a Blanca, marchar.

—¡Perdón, se me olvidó informarle algo muy importante!

—¿Qué cosa?

—Sé que no lo pidió, pero para la ocasión solicité que fuera un caballero quien se preocupara de lo que le sea menester. Por hoy cuente con un mayordomo a su disposición —informó, la ama de llaves.

—Solo queda vestirme y ya y eso, Blanca, lo puedo hacer solo —argumentó Darien.

—Pues no —refutó Blanca—. Alguien debe estar pendiente de que lleve todo lo necesario y no olvide detalle, cosa que yo no podré hacer pues mi especial atención está destinada hacia su señora.

—¿Qué tantos detalles? —quiso indagar, Darien.

—Pues he de imaginar que tienen algún discurso previamente preparado —comentó Blanca, añorando que así fuera.

—La verdad, no. Mi esposa y yo decidimos que si algo vamos a decir, será lo que nazca en el momento —expresó Darien.

—¡Santísima madre de Dios! ¿Cómo se les ha podido ocurrir eso? ¿Qué pasa si la señora cruza por un periodo de nerviosismo y por ende, enmudecimiento escénico? Pero no, no se preocupe, ninguno se preocupe, Blanca está aquí. Iré yo misma a preparar algo para que puedan decirlo frente a todo el mundo ¡literalmente todo el mundo! No hay nadie en este planeta que no sepa qué día es hoy y la importancia de éste —exclamaba con nerviosismo, la ama de llaves. Lo hizo con una singularidad que para Darien fue imposible no soltar una risotada.

—Recuerda lo que te dije: "no por poder lanzarte de un séptimo piso, lo harás" —citó.

—Muy bien, estaré rezando entonces porque todo salga perfecto, aunque permítame estar nerviosa pues… ¿cómo no preparar un discurso de ascenso al trono? —preguntó y en la interrogante, usó un tono más confuso que acusativo.

—Acostúmbrate a nosotros, Blanca. Somos algo distintos en comparación a quienes has tenido que tratar en el pasado —dijo Darien, sonriendo con simpatía.

—Me tomará un tiempo pero lo haré, no hay cuidado y si ahora me lo permite, con su permiso —dijo antes de su retirada, Blanca, quedando un tanto contrariada por la actitud, que ella consideró, un tanto informal para la magnitud del acontecimiento.

Pasaron los minutos y como se había dicho, Darien fue a terminar de prepararse a la habitación que se encontraba al lado de la que compartía con su mujer, mismo lugar en el cual se encontraba ella, estando apunto de estar totalmente preparada para continuar con la ajetreada mañana.

—No queremos que nuestra reina luzca como un maniquí de mal gusto. Señoritas, por favor, resalten su belleza natural y no la entorpezcan con tantas capas de maquillaje —pedía nerviosa, Blanca, observando cómo dos mujeres deslizaban brochas, rubor, labial y una serie de productos más, en el rostro de la neo reina.

—Recuerde, Señora, que habrá cientos de cámaras apuntando directo a ella y a su marido. Debe lucir bien —decía una de las chicas.

—¡Pero no por eso debe hacer de su rostro una máscara veneciana! —reclamó Blanca.

—En ese punto estoy de acuerdo con ella. No use tanto maquillaje, no hace falta… creo —añadió Serena.

Las maquilladoras guardaron silencio y se limitaron a cumplir la petición de la dama.

—Y por favor no demoren, solo restan diez minutos para que acaben con ella y puedan dejarla salir de la habitación —apuntó la ama de llaves, notablemente apegada al horario.

—Como diga —dijo "la más rebelde" de las maquilladoras, la cual no se había ganado precisamente la simpatía de Blanca, por cierto.

—La esperaré abajo —dijo la ama de llaves, dirigiéndose a Serena.

—Está bien —respondió con dificultad la rubia, ya que entre tanto era maquillada, también se encontraban dando toques finales a su peinado.

Descendiendo velozmente por la escalera, Blanca se encontró frente a frente con Darien, ya vestido como correspondía, luciéndose como el ya próximo rey de la nación.

—Luce asombroso, señor y por favor no tome como una imprudencia de mi parte el haberlo mencionado —dijo la mujer.

—Muchas gracias —sonrió nervioso, Darien.

—Tiene el aspecto que un digno rey debe llevar —puntualizó Blanca, con orgullo.

—Pues gracias por tantos cumplidos —correspondió.

—¡Ah, lo que me pidió! —dijo Blanca, alejándose unos pocos metros hasta llegar a una pequeña mesa que se encontraba en una de las esquinas y en ella, un florero tenía lo que le fue solicitado—. Aquí está. Una sola rosa roja de tallo largo, con las espinas de hecho, que usted solicitó específicamente —añadió, pasándole la flor con cuidado a Darien.

—Mi esposa sabrá descifrar la metáfora del regalo —expresó sonrientemente enamorado, el heredero del reino dorado.

—Y hablando de ella… —dijo Blanca, llevando su mirada hacia lo más alto de la escalera.

No era Serena quien dejaba escalón tras escalón a su paso. Era un ángel.

Lucía sencillamente preciosa y elegante, pero por sobre todo irradiaba amor y felicidad. Su rostro lo podía afirmar.

Darien fue a su encuentro como si se tratase de la siempre soñada escena, donde el príncipe escolta a la princesa que robó sus suspiros. Y así era.

Serena, la princesa del ayer, esposa hoy y reina en adelante.

Al hacer contacto con la nívea piel de su mano, Darien la besó y ayudó sosteniéndola, a recorrer los últimos escalones que quedaban.

Blanca observaba a lo lejos, sin poder domar las lágrimas.

—Serena… mi neo reina… —susurró Darien, embelesado por su hermosura.

—Endymion… mi rey Endymion… —añadió ella, igualmente absorta.

—Al salir de aquí, opacarás al mismo sol con tu resplandor —le dijo en susurros.

—El nuestro. Yo soy tú y tú eres yo —corrigió con romanticismo, Serena.

—Ten, mi amor. No podía faltar una de estas para ti —dijo él, entregándole la rosa.

—Rosa roja, con espinas… belleza que duele, hiere pero no deja de ser. Camino a recorrer para disfrutar de su lindura y aroma, como merecida recompensa —recitó ella.

—Así ha sido nuestro camino. Dolió, sufrimos, pero nunca nos dejamos marchitar, nunca dejamos de ser… míranos ahora aquí, Serena, cumpliendo nuestro destino.

—Destino que forjamos con tanto sacrificio, mi querido Darien… pero lo logramos. Estamos juntos a solo minutos de hacer renacer nuestra mágica herencia, la cual casi… —contestó, intentando contener las lágrimas.

—Nunca más ocurrirá una tragedia como esa. Nunca más vamos a separarnos, por nada ni por nadie, cree en mí —juró férreamente, Darien.

—Creo en ti.

Un beso selló entonces la promesa.

Creían en ambos.

—Discúlpenme y les prometo que me odio profundamente por interrumpirlos en este minuto —dijo Blanca, acercándose un poco hacia ellos—. La limusina ya está esperando por ustedes.

—Gracias por todo, hermosa —respondió Serena, dándole un abrazo tan cálido a Blanca que todo protocolo se esfumó rápidamente.

—Lo que sea por usted, reina mía —dijo la mujer, conmovida—. Muy bien, Rey Endymion, tome a su esposa y vayan, vayan a decirle a todo el mundo que gracias a ustedes, viviremos doradas épocas de grandeza.

Serena tomó el brazo de Darien y ambos cruzaron la entrada hasta llegar a las afueras del palacio. Toda persona que se encontraba haciendo sus labores pertinentes, se dieron un segundo para observar a quienes habían librado tantas batallas para asegurar el porvenir del planeta que, en un acto espontáneo, ofrecieron una larga y silente reverencia en señal de respeto y admiración.

—No hay paso atrás —murmuró Serena, sonriente.

—No los hay, ahora solo existen hacia adelante —concluyó Darien.

Y así será.

*´¨)

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El gentío presente en las dependencias de gobierno hacía un ruido casi ensordecedor. Al estar solo a minutos del inicio de la ceremonia, nadie podía dejar de comentar a sus cercanos lo que estaba ocurriendo.

Tampoco ellos.

Con sus mejores prendas y con el corazón inundado por el honor, la familia Tsukino se encontraba ansiosa a la espera de la aparición, en especial de su hija.

Ikuko no evitó llorar desde que tomó asiento y aunque su esposo intentase contenerla, no surtió efecto.

—Tus lágrimas son contagiosas —reclamó el patriarca de la familia, haciendo a un lado sus anteojos y así, poder retirar una lágrima traviesa que quedó estancada en su ojo.

—Las de los dos —añadía un conmovido Sammy, intentando con todas sus fuerzas no dejarse doblegar ante la emoción.

Y no solo ellos se encontraban de tal forma.

—El mar se mece ante las olas de mágica energía que emana este momento.

—El viento acarrea la suave fragancia del porvenir.

Haruka y Michiru se encontraban presentes entre la multitud. No podía haber sido de otra manera.

Junto a ellas, Hotaru parecía entender de alguna forma todo lo que ocurría y como nunca antes, sonreía dichosa.

Como la familia que eran ahora, se dieron permiso para estrecharse entre ellas, en un sentido y fuerte abrazo.

—Ya va a empezar —anunció Haruka, guardando silencio.

Todos los presentes hicieron igual.

Ubicados en lo que sería conocido ahora como el nuevo complejo gubernamental, el mundo apagó su voz para escuchar la de quien daba por iniciada la ceremonia.

Las grandes pantallas dispuestas y ubicadas estratégicamente para que nadie se quedase sin ver el momento, enfocaron su atención a quien sin mayor preámbulo, aparecía.

El emperador.

Acomodándose ante la fila de micrófonos frente a él, sacó un largo pergamino, el cual dio inicio de lectura tras tomarse un par de segundos:

"Habitantes de Japón, gente de mi pueblo y el mundo, a todos y cada uno de ustedes me dirijo por última vez como el emperador de esta nación.

La realeza de nuestra patria se creó tras designar una vía de comunicación entre la magia sabiduría ancestral y la vida mortal, siendo por años, labor de mi familia, ser quienes guiasen vuestros pasos y protegieran de todo peligro. Hoy rompemos esta tradición y un nuevo Japón nace ante ello.

Todos somos testigos y conocedores de que la magia no es una ilusión, sino que una realidad y hoy, hago valer la misión que por tantos siglos mi sangre intentó cumplir. Hoy dejo que sean realmente los poseedores de aquél poder, quienes lleven su camino hacia el esplendor.

Desde pequeño, una voz suspiraba en mis sueños y los acunaba. No pude ver, en un inicio, la figura de quien emitía aquellos sonidos, pero después su belleza se abrió ante mis ojos, mientras me contaba una historia.

Su hija había muerto, había muerto ante las manos de la injusticia, de la envidia y la maldad. De la boca de la princesa, un fino hilo de sangre se escurría a través de sus labios.

Él quiso protegerla más no pudo, muriendo así también a su lado, dejando un amor inconcluso.

Quien me relataba esto, lloró.

Era ella, la reina Serenity, emperatriz de la luna, quien me susurraba.

Sacrificó su vida en pos de una oportunidad para aquellos enamorados, en pos de su felicidad, de la de ellos y sus guardianas, de todos quien en ese entonces habían sido tocados por la magia lunar.

"¿Quiénes son ellos?" Pregunté, y se me confesó.

Endymion, el príncipe heredero del reino dorado, había puesto sus ojos y corazón en la princesa de la luna. Serena. Criatura nacida en el milenio de plata.

"¿Dónde están? ¿Qué debo hacer?" Pregunté por años, sin saber la respuesta.

Ascendí al trono y con júbilo, ustedes me recibieron.

Viví toda mi vida buscando a aquella pareja sumida ante la trágica y prematura separación. No tenía pista alguna sobre ellos, sólo sabía que se trataba de "Endymion y Serena"

Cosas horrorosas comenzaron a ocurrir. Monstruos brotaban desde las sombras y violentaban la paz de mi pueblo, pero cayeron muertos ante una jovencita, que tras el nombre de Sailor Moon, luchaba por todos nosotros.

Un guardián se dejó ver en el horizonte, se trataba de Tuxedo Mask, férreo héroe que procuró proteger a quien parecía ser su amada.

Guerreras se unían a la batalla, todas con místico y gran poder, ofrendaban anticipadamente su vida para nosotros de ser así necesario.

Fueron años, muchos años en que mis ojos se vieron cautivados ante las grandes proezas que se dejaban conocer a través de las historias que iban de boca en boca. Fueron años donde me dediqué por completo a observar a aquellos héroes.

Les observé a cada instante, cada paso, cada acción, cada aventura.

Día tras días los murmullos parecían tomar más fuerza. La historia ancestral no solo hizo eco en mi mente, sino que también en la vida de todos nosotros.

Si mis sueños habían dictado bien, yo debía esperar y así lo hice.

Continuaron las hazañas, continuó siendo salvada cada persona de esta hermosa tierra. El amor tocaba sus corazones, curaba y protegía.

El amor que solo de ellos, podía emanar.

Mi alma quedó tranquila al saber reunido al bando heroico de mis ilusiones, apaciguó entonces la ansiedad que brotaba en mi pecho. Deseaba darles su lugar, me sentí cual embustero ladrón estando yo donde ellos debían, pero nuevamente recordé que la batalla venidera, marcaría el destino de todos como así debía ser.

El universo fue sometido a la detención de nuestra conciencia, vimos por aquel entonces de qué manera el tiempo parecía detenerse, como así lo hacían nuestras vidas.

Cerré mis ojos, encomendándome a ellos y confiando que fuere como fuere, volvería a despertar pues ellos así lo harían posible.

Y no me equivoqué.

Gente de todo el mundo, nosotros cambiamos como así nuestro hogar inmerso en el cosmos. No pudimos advertirlo y por supuesto, menos combatirlo, pero sepan bien que si estamos nuevamente abiertos ante la vida, no fue por una causa circunstancial, no fue por un suceso al cual no se le pueda dar debida explicación, no fue sueño ni pesadilla. Fue realidad.

Sé y entiendo, que mis palabras no son fáciles de comprender, que no lo fueron incluso cuando la verdad se mecía ante nuestros ojos, fue por eso que con exhaustivo cuidado, en respeto a ustedes, esperé que la profecía se cumpliera, que no quedase pero alguno, para así poder estar el día de hoy frente a ustedes y decirles con orgullo, toda la verdad.

Estamos vivos gracias a Sailor Moon, gracias a Tuxedo mask y todas las sailors scouts que habitan en este mundo.

Y de la misma manera en que ellos cedieron su vida, yo cederé ante ellos el trono.

Sé que rompo con una milenaria tradición, que definitivamente esto marcará precedente ante lo que vendrá, pero no tengo ninguna duda de que serán años de goce, goce que yo no podría ofrecerles de otra forma sino es dando mi lugar hacia quienes sí lo han hecho desde hace tanto tiempo.

Fue esa siempre la misión de mi vida y con humildad, espero que la acepten.

Ahora cumplida, me despido de ustedes siendo quien represento, pero sepan que mi alma se encuentra dichosa, que no vacilé ante ningún temor y en un intento por hacer recíproco todo el honor que ustedes me regalaron a través de tantas décadas, les doy la ofrenda de la libertad que representa la verdad, la grandeza y el futuro."

Ofreciendo una sentida reverencia, el emperador dio por roto su periodo al llevar a cabo tal acto, pues bien sabido es que quienes debían ofrecer respeto hacia él de aquella forma era justamente en pueblo, sin embargo, en este pequeño y conciso acto de humildad, él se hacía parte ahora de todos ellos, siendo "uno más", cediendo la que por años, fue su tradición.

La gente reaccionó emocionada ante el gesto y otorgó un ensordecedor aplauso a quien fuera hasta segundos atrás "su alteza imperial", al cual se le podía ver despidiéndose entre disimulados sollozos.

Poco después y ya con la solemnidad retomando el ambiente, el primer ministro se dirigió hacia quienes con atención, lo escuchaban:

"Compatriotas y hermanos del mundo:

Parto por agradecer el honor por poder contar con vuestra presencia, pobladores de Tokio, habitantes de toda la gran nación de Japón y del planeta. A los diversos representantes de los países hermanos de nuestra patria, presidentes, ministros, embajadores, medios de comunicación y todos quienes estén en sincronía por diversas redes ante el gran acontecimiento que vivimos hoy.

Sin lugar a dudas, hoy nos encontramos ante un hito cultural e histórico que cambiará la forma en que veíamos el presente. No solo cambiamos nuestra milenaria tradición monárquica, dando a ésta el cierre de un ciclo que tal vez, ninguno de nosotros creímos poder presenciar, pues su simbolismo se encuentra profundamente arraigado en lo que somos como nación, por lo que comprendo que muchos de ustedes aún alberguen un grado de incertidumbre sobre qué será lo que pasará.

La figura imperial toma, desde hoy, otro significado. Si bien mantendremos intactos algunos cánones inamovibles, otros cambiarán drásticamente.

Tras mucho tiempo de consulta y concientización popular, hemos ajustado un plan de gobierno parlamentario y monárquico que se acople en perfecta sincronía con tal de alcanzar las grandes expectativas depositadas por y para nosotros mismos.

La soberanía sigue en manos de nuestro pueblo y eso no cambiará; Japón le pertenece a cada uno de quienes nacieron en esta tierra. Nosotros, como dirigentes, seguimos estando enfocados en crear y sostener las mejores estrategias para seguir dentro de la cúspide mundial, ejerciendo de esta forma la intensa labor de cada miembro de la dieta nacional, que solo busca el enriquecimiento de nuestro país en diversas aristas.

Desde ahora la familia imperial, dentro de los cambios a mencionar, forma parte activa dentro de lo que corresponde para conseguir nuestros propósitos, dejando atrás el dejarlos como meros espectadores. Hoy y siendo aceptado por la amplia mayoría de todos nosotros y habiéndose consultado en ejercicio de democracia, su participación ahora resultará esencial en diversos temas que competen dentro de los aspectos legales y gubernamentales, en equitativo equilibrio, por supuesto, para la tranquilidad y satisfacción de todos.

En busca de seguir dando pasos firmes hacia el futuro, quienes ascenderán al trono gozan ahora el privilegio de poder ser partícipes de distintas decisiones de nuestra nación, contando con sus votos y resoluciones, tan legales y valorables como cualquier otro miembro del estado en mismas circunstancias y con derecho a ejercer opinión.

También ellos en diversos escenarios, serán sumos representantes culturales de nuestra nación a lo largo y ancho del mundo. Enviando así nuestro mensaje a todos nuestros hermanos.

Cada detalle de esta nueva etapa ha sido compartido a través de diversos medios para que así sean de conocimiento general, los cuales estando aceptados, pasan a ser parte de nuestra renovada constitución nacional, la cual mantiene puntos históricos clave, protegiendo el eje central de toda nuestra tradición, como así también nuevos dictámenes que sin duda, nos llevarán a un emblemático cambio en pos de nuestra grandeza.

Desde ahora, los reyes no solo serán una figura protagónica dentro de los márgenes legales, sino que también sucede con lo que respecta a un cambio de perspectiva sobre nuestro entorno. Bien sabemos, el ascenso de los nuevos emperadores no es una situación fortuita y menos un acto veleidoso, sino que todos y por supuesto yo, como representante actual de gobierno, entendemos como un profundo y sentido cambio de consciencia y visión, pues la verdad inmensurable de lo certeramente correcto, nos ha conducido como nación a la aceptación de hitos que, en otro tiempo, no podríamos haber concebido como verdad.

Dentro de la historia mundial, el hombre siempre ha querido ser resguardado por una entidad mágica y poderosa. Mucho de esto caló en nuestra cultura como grandes leyendas de proezas consumadas hace miles de años, las cuales ciertamente nos formaron como japoneses, enorgulleciéndonos por nuestra milenaria herencia, pero el día de hoy no solo podemos seguir con aquel sentimiento en nuestros corazones, sino que también se nos ha brindado la oportunidad de estar frente a frente con parte de aquellos seres bendecidos, los cuales desde hoy representan el innegable acontecimiento que todos los nacidos en este lugar, deseábamos ver.

Hoy, todos nosotros, estamos haciendo historia.

Gracias."

Nuevamente los aplausos hicieron eco a través de todo el lugar. No había persona que pudiera permanecer exenta de la emoción que removía el ambiente.

El primer ministro hizo abandono de la palestra que le permitió dirigirse al mundo a través de su discurso. Tomo lugar a un costado del amplio escenario dispuesto para llevar a cabo la ceremonia de ascenso al trono, quedando al lado de quien ya dejaba de ser el representante monárquico del país.

La emoción se mezcló con la tensión y la ansiedad. Los segundos parecían convertirse en horas mientras el silencio se hacía parte nuevamente.

Faltaba poco.

Ya casi se podía sentir la respiración contenida de cada persona presente, quienes esperaban el momento culmine y protagónico de toda la ceremonia. Las cámaras de televisión que emitían en vivo el momento, permanecían fijas a la plataforma donde decenas de micrófonos se encontraban alineados. Todo era silencio.

Una gran bandera nacional flameaba y hacía eco en las almas patrióticas especialmente conmovidas. El cielo se había abierto más que nunca, dejando al astro rey como principal fuente de luz, enmarcando lo acontecido.

En ese preciso segundo, Haruka Tenoh sintió un intenso nudo en el centro de su garganta. Le llenaba de honor haber compartido gran parte de su vida y experiencias con quienes estaban a solo segundos de presentarse como nuevos líderes de la nación. No pudo evitar repasar rápidamente en su memoria ciento de emotivos momentos, esbozando una sonrisa al pensarlos.

Por otra parte, la emoción era igualmente compartida. Kenji e Ikuko tomaban sus manos sin emitir otro gesto que no fuera éste. No hacía falta más.

Ahora más que nunca, se sentían plenamente honrados por haber concebido a quien se diera a conocer como la nueva emperatriz.

Una voz por altoparlante hizo mella en el silencio. Para quienes no sabían, se trataba de Osamu Urogataya. Él fue quien tuvo el honor de dar continuidad a la ceremonia. Acto que fue expresamente pedido por los futuros gobernantes, como un gesto de nostálgico agradecimiento por tan protagónico rol que jugó el hombre en sus vidas, ayudándolos y guiándolos a través de lo que sería uno de los grandes cambios dentro de su existir.

"Su atención por favor. A continuación, se presentan ante ustedes los nuevos emperadores de nuestro país. La neo reina Serena y el rey Endymion"

Inmediatamente después de terminado el conciso y exacto anuncio, todos los presentes volvieron a aplaudir, pero esta vez lo hacían con todas sus fuerzas.

Poco a poco y a través de sinfónicas melodías, Darien Chiba y Serena Tsukino hacían su aparición.

Tomados de la mano, la pareja se dirigió a paso firme hacia la palestra, lugar privilegiado para que así todos pudiesen ver a quienes desde hoy, serían los patriarcas de la nueva familia imperial.

No hubo nuevamente silencio hasta que el emocionado rostro de Darien Chiba lo pidiera implícitamente, el que fue concedido tras algunos segundos de palpable orgullo nacional.

El nuevo gobernante de la monarquía nipona tomó primeramente la palabra tras así acordarlo con su mujer, quedando ella a su izquierda a poca distancia, otorgando así un pleno momento protagónico para él.

Con solemnidad, Darien tomó firme postura frente ante todos quienes le observaban. No llevaba consigo un estructurado discurso anteriormente programado, pues quería hablar desde lo que el corazón le dictase y así lo hizo.

"Pueblo de Japón, gente de todo el mundo. Me presento ante ustedes como Rey Endymion, nuevo emperador de la nación.

El honor que siento en este momento solo sería comparable con la grandeza misma de todos nosotros, por lo mismo quisiera iniciar agradeciéndoles desde lo más profundo, la posibilidad de llegar ante ustedes como una nueva figura dentro de la historia cultural y nacional que nos pertenece a cada uno de nosotros.

Agradezco de igual manera a todos quienes dieron su previa aprobación para que esto fuera posible, a la cámara de representantes y de consejeros, como también al señor Hiroto Masuyo, el cual dio paso a una nueva era monárquica, tras haber completado lo que adjudicó como la misión de su vida.

Me presento ante ustedes sin un discurso escrito, pero esto no es con el fin de esquivar protocolo alguno, sino que me resultó enfáticamente importante poder mirarlos cara a cara, en un intento por conectarme con todos ustedes y para que eso sea posible, me gustaría enfocar mi atención a quienes me han otorgado el privilegio de tenerlos frente a mí y a mi esposa. Siendo de esta forma, muestra y cimiento de lo que deseamos crear como lazo hacia la gente de nuestro país.

Puedo contarles que en mis primeros años y hasta una avanzada edad, no tuve mayor pista sobre quién era yo ni cual sería mi paradero. Al igual como le sucedió al que fuera nuestro emperador, una musa nacida del milenio de plata se presentó en mis sueños, poniéndome a prueba tras un acertijo hecho petición.

Se me encomendó una misión y luché por conseguirla, creyendo que así todo se vería solucionado en mi vida, pero las sorpresas que ésta te da, en ocasiones, están fuera de nuestra expectativa e imaginación, pero puntualmente en mi caso fue el mejor giro del destino que pude esperar.

Gracias a mi señora esposa, recobré la conciencia de mi completo existir y como pasó con mucho de ustedes, también fui salvado por ella, pues su infinito amor así lo hizo posible.

Retornó a mí ser la existencia de Endymion, usando tal nombre en el presente, como tributo a quien fui cuando en la tierra existía un reino al cual llamábamos "el reino dorado"

Fui príncipe de éste y en ese lapso de mi vida, pude enamorarme de la diosa de la luna. Sin embargo la maldad interrumpió nuestro amor y nos dieron prematura muerte, pero la gran reina Serenity nos concedió el milagro del renacimiento, regalándonos la oportunidad de volver a encontrarnos en esta era y mundo para retomar nuestro sagrado romance.

Dedicamos desde entonces nuestras vidas para combatir al mal, como así también lo hicieron aquellas valerosas mujeres que nos acompañaron en el camino. Vivimos momentos difíciles, más de alguna vez temimos por el que quería imponerse como destino final del camino, destruyendo nuestro planeta y demás astros que nos circundan, pero nunca dudamos de que la viva existencia de la luna, seguiría brindándonos su poder con tal de salvarnos.

Gracias a ella, puedo decirles que en una era pasada, en este planeta hubo un reino que no quería más que el esplendor de la tierra y aunque la maldad hiciera mella en un momento, no fue ni será lo suficientemente poderosa como para lograr derribarnos. Puedo revelar al mundo entero que en mi vida pasada fui parte del gran reino dorado, el cual hoy se engarza con el hogar ancestral de mi amada, dando vida así a uno nuevo. La era de Tokio de cristal.

Juro con mi vida y herencia, que haré todo lo que esté en mi alcance por proteger a este hogar que todos estamos creando. Nosotros, como reyes, seremos los representantes de sus sueños y esperanzas, quienes velen día y noche por vuestra seguridad, para que sus vidas sean completa dicha, ayudando a dirigir esta patria para que todos alcancemos el porvenir y seamos tocados por la magia que nos rodea al ser parte de este gran universo de amor.

Desde hoy, la misión de todos nosotros inicia su curso. Juntos llevaremos a esta nación hacia donde deseamos y cada persona presente aquí, tiene el poder para hacerlo.

Seremos uno y seremos todos.

Las leyendas del pasado bendecirán nuestro presente y futuro.

Muchas gracias."

Los estruendosos aplausos volvieron a ser parte del entorno en el cual se seguía desarrollando la ceremonia, pero todo retornó a un profundo silencio en cuanto Serena Tsukino tomó lugar frente al mundo, para así dar su mensaje de amor.

Darien tomó lugar a un costado y observó desde ese segundo, con total devoción a su esposa. Su mente permanecía fija en el momento vivido, pero nuevamente no pudo evitar ver por un segundo a la pequeña Serena de catorce años, la cual a la misma rapidez que lleva un segundo, se imponía frente a sus ojos como la nueva soberana.

Entre los presentes, varias personas se mostraron visiblemente emocionadas, pues en los ojos de la rubia veían los recuerdos propiamente vividos, pues más de alguno fue expresamente salvado por la, ahora legendaria, sailor moon, la misma que ahora hacía presencia frente a ellos, tomando el lugar sagrado dentro de su pueblo.

"Amada nación, gente de ésta y el mundo. Los saludo por vez primera como la nueva emperatriz de este lugar. La neo reina Serena.

Al igual como lo ha hecho mi esposo, el rey Endymion, quiero dirigirme a ustedes en plena libertad de lo que al ver sus rostros, nace de mi alma.

Observo el rostro calmo de ustedes y sé que todo el esfuerzo concretado a través de los años, más allá de valer la pena, simplemente corresponde a lo que ustedes representan como parte de esta gran morada que es el universo. No solo las estrellas brillan, también lo hacen ustedes y es por eso que prometí proteger aquellos resplandores, aquellos corazones puros y semillas de alma viva que hay en cada uno de nosotros.

El camino que tuve que recorrer para llegar a este punto de mi vida no fue fácil. Muchas veces pregunté por qué debía ser de esa forma, pero hoy comprendo que lo difícil es justamente lo que deja grandes experiencias y enseñanzas en nuestros corazones, que sin esos momentos adversos no podríamos disfrutar plenamente aquellos momentos felices que se van creando.

Como bien saben, represento milenaria herencia de un reino ya extinto. El milenio de plata, mi primer hogar. Desde ahí observaba este mundo como una azuleada joya en el horizonte, enamorándome por su inigualable belleza. Me enamoré también del príncipe de la tierra, Endymion, y nuestro amor ha traspasado mundos y viajado en el tiempo, el cual nos laurea al poder estar juntos ahora, dispuestos a que siga siendo de igual manera en pos de una completa comunión con el universo.

Una vez en esta vida y siendo Serena Tsukino, una chica común que disfrutaba de la sencillez de las cosas, fui uniéndome a quienes estaban marcados en mi destino. No solo con mi legendario amor, sino que también a las mujeres que son mi familia, mis queridas amigas y sailors scouts.

Me refiero a Amy Mizuno, Sailor Mercury. Rei Hino, Sailor Mars. Lita Kino, Sailor Jupiter. Mina Aino, Sailor Venus. Sin ellas nada hubiera sido posible, fueron sostén y consuelo en los momentos más difíciles como así también quienes me acompañaron en las batallas que concluyeron en victoria…"

En ese segundo, cada sailor nombrada por la neo reina hizo su aparición frente al estrado, quedando junto a quien proseguía sus palabras, dejándose ver por todos los presentes.

"Desde hoy, las valerosas sailors scouts del sistema solar interior serán conocidas como las guardianas de nuestra nación. Cada una representando a sus astros guardianes: Mercurio, Marte, Júpiter y Venus.

Concedemos a ellas el poder para continuar con su noble misión…"

Serena se dirigió a otro punto de la plataforma, quedando más cercana a quienes le veían. Fue acompañada por su marido y amigas, también por el primer ministro y ex emperador. En ese momento, la voz de Osamu Urogataya volvió a escucharse a través del altoparlante.

"Se inicia ahora la entrega de las reliquias ancestrales, el cristal dorado y el cristal de plata. Se presenta ante ustedes Setsuna Meioh, Sailor Plut, miembro del honorable escuadrón lunar, quien hará el honor de llevar a cabo el inicio del rito ceremonial"

Setsuna, luciendo su estampa de Sailor, llegó hacia los nuevos emperadores con una caja de oro y plata entre sus manos, abriéndola frente a ellos para dejar que cada uno tomase su correspondiente gema legendaria.

Serena tomó el cristal de plata, Darien el cristal dorado y frente a todos, sostuvieron las reliquias suspendidas en el aire, mientras que la neo reina proseguía con sus palabras.

"Uniendo los poderes del milenio de plata y el reino dorado, conferimos a cada guardiana las que serán sus gemas de poder, convirtiéndolas así también en eternal sailors scouts…"

Dichas las palabras y tras la voluntad de ambos soberanos, las reliquias hicieron gala de su poder al emanar un vigoroso unido resplandor, del cual se desprendieron cuatro gemas, cada una del color que representase a la dueña correspondiente, las cuales siendo tomadas por cada sailor, inundaron de ostentosa energía sus espíritus.

En perfecta sincronía, Amy, Rei, Lita y Mina cerraron sus ojos ante tal fuerza absorbida por sus cuerpos, la cual también hizo que sus antiguos trajes de sailors scouts desaparecieran para convertirse en un renovado vestir, tomando un aspecto muy similar al que fue conocido como el uniforme de la propia sailor moon, al convertirse en eternal scout. El cambio más significativo es que cada gema se transformó en un broche individual, conteniendo así el poder de ellas en un accesorio que se centraría desde ahora, en el pecho de cada guardiana. Con ello y a clara vista de todos, se demostró que no solo los nuevos emperadores eran parte de tan magnífica leyenda.

Concluido, el rey Endymion continuó la ceremonia:

"—Con nuestro poder unido y convirtiéndose éste en uno solo, entrego ofrenda de amor y poder a la neo reina, desprendiendo en nombre de mi antiguo reino, la energía que materialice su coronación."

Serena prosiguió, adjuntando palabras a la voluntad de su esposo:

"—Con nuestro poder unido y convirtiéndose éste en uno solo, entrego ofrenda de amor y poder al Rey, desprendiendo en nombre de mi antiguo reino, la energía que materialice su coronación."

Los destellos emitidos por ambas reliquias ancestrales sorprendieron a los presentes, más cuando dentro de este fulgor quedó a plena vista la aparición de la corona de la reina, como también la aparición del báculo del rey.

La neo reina tomó éste y el rey, la corona, mientras que las gemas seguían inundando de amor todo el lugar.

"—Te es entregado a ti, neo reina Serena, el resplandor del reino dorado a través de esta corona."

"—Te es entregado a ti, rey Endymion, el resplandor del milenio de plata a través de este báculo"

El rey depositó sobre la cabeza de ella la materialización del poder creado por ambos, dejándola lucir con honores como la nueva soberana. Ella hizo igual y entregó a su esposo el báculo que representase su poder.

Tras dicho acto, la neo reina volvió a hablar:

"Todos ustedes están en presencia del origen de nuestro poder. Han sido bendecidos por su amor y esperanza, alojándose en sus almas desde ahora, como también en las de los demás habitantes de este hermoso mundo."

Después de eso, cada cual atrajo a sus manos las reliquias que le correspondían a cada uno, permitiendo así que ya se acercara el momento culmine de la ceremonia.

La neo reina Serena fue la encargada de ello.

"Queridos hermanos, pues lo son de todos quienes conformamos la nueva monarquía. Agradezco desde lo más profundo de mi alma el permitirme ser parte de quienes lucharemos más que nunca por ustedes. Sepan suyo mi corazón y también, que son quienes inspiran a que éste continúe con la misión de dirigirnos hacia la mejor era de nuestras vidas.

Bienvenidos seamos al eterno resplandor de la vida.

Todos somos luz, todos somos fe y esperanza, todos somos Tokio de cristal, amor en el siglo treinta."

No hubo quien no se pusiera de pie para aplaudir a los nuevos monarcas y a sus aliados. No hubo quien no aplaudiera con el espíritu en pleno regocijo y emoción. Ofrecieron entonces, algunos entre lágrimas, la primera reverencia a los nuevos reyes de Tokio de cristal, quienes observaban la apertura del nuevo mundo que brillaba reflejada en sus miradas.

En algún lugar de las conciencias y universo, toda energía celebraba de igual manera el hito que se marcaba en este segundo. La luna, incluso aunque no se dejara ver, bendecía con su historia y ternura a los nuevos soberanos, los cuales renacieron desde las cenizas para continuar con la leyenda de amor.

El astro rey otorgó

todo su esplendor para enmarcar la escena, haciendo relucir a los nuevos emperadores de la nación, los cuales no hacían más que confirmar que el juramento hecho ante el pueblo, sería protegido con el fervor que concebían sus corazones.

Se empieza así una nueva etapa en las vidas de nuestros queridos héroes, donde sin lugar a dudas existirán nuevas aventuras y enriquecedoras experiencias. Así emprende inicio una nueva leyenda mundial y universal. Tokio de cristal, como un eterno resplandor de luna.


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En este minuto, siendo las 8:39 AM cuando inicio estas palabras, me encuentro profundamente emocionada y agradecida por haber concluido con este fic que tanto me ha dado. He cambiado mucho desde el inicio de éste, tanto como lectora y escritora de este hermoso lugar que es fanfiction, pero también lo he hecho como persona, pues al igual como ha crecido esta historia, yo también lo he hecho.

Todo se remonta desde "Una vida a tu lado", historia que no tuvo mayor anhelo que liberar mi imaginación en busca de ver aquellas cosas que quise, en especial, del anime. Nunca imaginé ni hubiera podido creer, que algo tan simple como eso me llevaría a conocer y vivir tantas experiencias. He ganado amigos, algunos autodenominados fans, los cuales también pasan a ser mis amigos y cómo no, también he enriquecido mi vida al indagar dentro de mi imaginación, intentando siempre llevarme a mí misma a su propio límite.

Ha sido un verdadero placer recorrer ya casi tres años desde que emprendí esta aventura, escribiendo para ustedes y para mí, sobre uno de los anime más queridos a nivel mundial.

Quiero, como agradecimiento, mencionar a todas las personas que hicieron el honor de convertir de este fic, uno de sus favoritos:

2510mari - Abril Moon Shields - Akatsuki Hashimoto - Ame90 - AngieShields - Anny Mizuno - Aries AL - Ayumi03 - BellaRichart - Bere prin - BunnyUsagi21 - Carmilla-devildoll - Celeste Kairi - ChibiChibi-sd - Clau Palacios - CrimsonMizzle - Demelphy - Etsuko-Ai - Evangeline K - G-Adap - Haunted Winston - Hermione-Malfoy35 - JanellaBround - Karen Van'Der Woodsen - Kay Tsukino De Chiba - LITA JAPON - LuKuran - Macarena Lofish - Marie Mademoiselle Chiba - Maripo Cullen - MartithaJimenez - Mary Yuet - Mellis Saiilors - Misc2010 - SANDYBELLHRNDZ - Sensmoi - Shiru Chiba - Usagi13chiba - Usakoandmamoru - Usako de Chiba Tsukino - Usako kawas - VICO-darien - Vere Canedo - adoore - anagabriela12 - angel seiriu - - .9843 - brenduska0311 - chibi-rukiacherry92 - dartsu-cullen - gigichiba - ivychavezc - jhuanny - kararely - kare1991 - lis g - luselene - marichika - mary-vampire - mayifer19 - mayilu - mepi - minisvenus - miri-otaku - mirtiangis - moon05 - natalianime - ogba95 - pame22 - pao0212 - paolac78 - paomoonligh - prascymoon - princessqueen - rulosmile - smfanatic - srn-kiki - stephdenchibamoon - usako de chiba - yesqui2000 - yuri rey

Infinitas gracias a todos ustedes.

Agradezco además, expresamente a quienes me dieron la alegría de sus reviews en el capítulo pasado:

(Probablemente acá mención doble, jeje n.n)

princessqueen - ChibiChibi-sd - LuKuran - angela borges1 - yesqui2000 - Carmilla-devildoll - rulosmile - paomoonligh - srnkiki - kararely - jhuanny - 2510mari - Princess Mko - Macarena Lofish - Clarissa - marichika - Karen Van'Der Woodsen - Mary Yuet - Anny Mizuno - Kay Tsukino De Chiba - karen.

¡Muchísimas gracias por cada una de sus palabras y constante apoyo!

Además agradezco a las personas que quisieron estar pendientes de este fic al añadirlo a sus alertas, como también a quienes pasan de forma anónima, sea o no dejando un review. Es decir, agradezco a las 60.270 visitas en este espacio.

Créanme, la emoción que siento al citar el nombre de sus cuentas y/o apodos en este espacio, es mucho más grande de lo que las palabras podrían expresar.

He entregado el corazón en cada uno de mis fics, pero éste en especial es uno de mis favoritos, pues con él aprendí muchísimas cosas, como también me dio la alegría de encontrar grandes personas, como ustedes.

Hace mucho tiempo hice una promesa. Cuando no tenía más contacto con ustedes más allá de el presente sitio y el ya extinto messenger, una niña, la primera, me agregó para hablar conmigo y conocerme. Ella es Lita Japón, Poly Poly, una magnífica mujer que fue en gran parte, guía y señal de lo que me esperaría más adelante al participar en este portal. Cuando los tiempos eran otros, solíamos hablar todos los días hasta avanzadas horas de la madrugada. Ella siempre me apoyó, día a día, dándome sus consejos y ánimos para seguir con esta historia, comentándome de paso, que ella siempre quiso leer algo donde se hablara cómo fue que Darien y Serena llegaban al trono de Tokio de cristal. Ese día le prometí que si algún día terminaba con esta historia, su último capítulo le sería dedicado, así que cumplo con ello. Poly Poly, aquí está ya. Muchas gracias por todo. Te quiero mucho y sigue adelante, yo sé que eres una mujer fuerte y que sabrá seguir viviendo con una sonrisa en sus labios. Mis mejores deseos para ti hoy y siempre.

Muy bien, ahora ya nos abrimos paso hacia la siguiente etapa, así que no es esto un "adiós" sino que un "hasta pronto"

Ofrezco mis disculpas si llegué a cometer errores a lo largo del fic. Sé que tiene "dedazos" bastante notables, los cuales ahora y ya bien adquiridos la mayoría de los conocimientos, no volvería a repetir, pero ustedes aceptaron la historia tal cual, desde los errores de "Una vida a tu lado" haciendo caso omiso a "los detalles", valorando la trama planteada en esa y la presente historia y eso es algo que aprecio muchísimo.

Espero que hayan disfrutado de lo que fue la última actualización de Tokio de cristal. Capítulo extenso, recordando las dimensiones que tuvieron algunos capítulos del fic. Espero haber cumplido con las altas expectativas, si no lo logré, bueno, sepan que hice lo mejor que pude.

Un beso y un gran abrazo a cada uno. Recuerden, la tercera parte de la trilogía será publicada dentro de muy poco, pues ya hay material avanzado y sigo en ello. ¿La fecha? está implícitamente señalada en mi perfil. Será como "un regalo" al celebrar algún acontecimiento que es muy importante para quien les habla. ¿Y el nombre? Está acá, en la parte final de la entrega.

Recuerden que todo quien quiera conversar conmigo de manera más directa, puede hacerlo agregándome a facebook, donde estoy con el mismo nombre que acá. Es un gusto compartir con gran parte de mis lectores.

Por favor, no olviden:

¡Nunca dejemos de soñar!

Agradecida por todo el amor que hay en este sitio, me despido de ustedes.

¡Nos leemos, sayo!

Usagi Brouillard.-

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