Los personajes de Gakuen Alice no me pertenecen, ni tampoco la historia.
Mikan, una chica de 17 años, vive con sus padres y su hermanita en Tokio. Un día sus padres le informan que deberán viajar por algunos meses, ella se emociona, ya que le encantan los viajes, pero sus padres le dirán que ella no ira, sino que se quedara en casa, pero con lo que no contaba, era con que sus padres la dejarían a cargo de un… ¿niñero?
El niñero.
Capitulo 30
POV Mikan
En unos minutos estábamos en frente de la casa. Natsume bajo y rápidamente abrió mi puerta.
—Natsume… ¿y qué debo usar?— le dije mientras subíamos las escaleras.
—Lo que tú quieras…— me dijo riendo —De todos modos te ves hermosa— dejo de caminar para abrazarme.
—Natsume… ¿seguro que no quieres que te espere aquí?— le dije haciendo mi cara de suplica lo mas convencible posible.
—Me gustaría que fueras conmigo, pero si no quieres ir está bien— me dijo acariciando mi mejilla. Después de esto que me había dicho me era imposible decirle que no.
—Me iré a cambiar…— bese sus labios y entre a mi habitación.
Entre al baño para abrir la regadera y que el agua comenzara a templarse, mientras esto sucedía, fui a mi closet para buscar que usar. No lograba decidirme hasta que encontré un lindo vestido que dejaba al descubierto uno de mis hombros, en color rosa coral, y unas zapatillas tacón de aguja en el mismo tono. Lo deje sobre mi cama y regrese a la regadera. Saque toda mi ropa y entre, dejando que las tibias gotas de agua se llevaran lo que sobraba en mi cuerpo.
Ya vestida comencé a maquillarme, como siempre. No muy cargado. Delineador, rubor y brillo labial. Mi cabello lo deje suelto para que en él se formaran las naturales ondas. Acomode mi fleco hacia un lado y mi cabello sobre mis hombros. Tome mi bolso y salí al pasillo. Me encontré con Natsume, volteo a verme sorprendido.
—Se te van a salir los ojos…— le dije riendo mientras caminaba hacia él.
—Tú eres la culpable…— me dijo abrazándome por la cintura —Te ves hermosa— me dijo con una sensual voz, que todo en mi interior se estremeció. Seguro que se dio cuenta ya que una victoriosa sonrisa se formo en sus labios y me apego aun más a su cuerpo, para unir nuestros labios. Con una lentitud rosaba mis labios, disfrutando mi brillo labial.
— ¿Vainilla?— me pregunto dudoso separándose de mis labios.
— Si no estás seguro prueba de nuevo— le dije pasando mis brazos por su cuello, sonrió y sin pensarlo dos veces volvió a besarme, nuevamente devoraba mis labios de esa forma tan especial que me hace delirar. Ahora yo me separe de él y lo mire pero seguía con los ojos cerrados.
—No lo sé… aun no estoy seguro…— dijo haciendo una mueca graciosa.
—Eres un mentiroso…— le dije riendo desde el principio sabía que era vainilla, solo lo decía para seguirme besando.
—Sabes…— me dijo sensualmente —Puedo hablar y avisarles que llegaremos tarde— levantaba rápidamente sus cejas.
—Natsume…— alargue riendo.
—Está bien… vamos— dijo poniendo en blanco los ojos mientras tomaba mi mano para caminar hacia las escaleras.
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Llegamos a una hermosa y gran casa, color blanco y con un enorme jardín, iluminado por unos rústicos faroles de luz blanca.
—Es hermosa— le dije a Natsume mientras miraba con detenimiento la residencia, me dedico una sonrisa mientras se estacionaba.
—Yo te abro…— me dijo antes de bajar del auto, aún no me acostumbraba a que siempre me abriera la puerta. Pero esos detalles como abrirme la puerta, tomarme de la mano y dar pequeños besos en mi mejilla, me fascinan.
— ¿Entonces?— le pregunte claramente sobre nuestra 'relación'.
—Pues a mí no me molesta decir que estamos saliendo…— me dijo jugando con mi cabello – ¡No amigos! ¡No novios!… ¡Saliendo!- al fin aclaro mi más grande duda —Pero si te causa problemas con tus padres, lo mantenemos en secreto— me dijo sonriendo.
—Creo que es mejor la segunda opción…— le dije ya que no quería que mis padres se enteraran ya que inmediatamente lo cambiarían. Tomo mi mano pero de inmediato me soltó.
—Lo siento…— dijo riendo —No sé si pueda resistir eh…— me advirtió entre risas.
—Claro que podrás…— le dije abrazándolo, ahora sin dificultad ya que por la altura de mis zapatos quedábamos de la misma estatura.
— ¿Me das un besito?— me pregunto con una voz de niño pequeño mientras me abrazaba.
—Solo uno…— le dije riendo y asintió con la cabeza.
Me acercaba lentamente a sus labios, en automático cerro sus ojos, dejando sus labios entreabiertos para poder acoplarlos perfectamente a los míos. Pero cambie el camino de mis labios hacia su mejilla. Lo miraba divertida, en su rostro se había formado un gesto de inconformidad aún con los ojos cerrados.
—Estás jugando conmigo…— dijo levantando una de sus cejas.
—No lo sé… puede ser— le dije riendo ¡Claro que estaba jugando!
Camino haciéndome retroceder, hasta que su auto nos impidió seguir retrocediendo, su anatomía y la mía se conjugaban perfectamente, tomo mis manos y me hizo pasarlas a su espalda formando un abrazo, para el tomar mi rostro entre sus manos y atraerme hasta sus labios. Me besaba con desesperación, con necesidad. No pude evitar seguirle el beso, simplemente sus labios me volvían loca, en pocas palabras me había vuelto completamente adicta a sus besos. Completamente adicta a él.
La ausencia de oxigeno en mis pulmones, comenzaba a hacerse presente, pero por nada detendría ese magnífico beso. Al menos yo no. Pero Natsume bruscamente se separo de mí. Abrí mis ojos como platos y solo porque mi mandíbula está unida a mi cráneo, no cayó hasta el piso, me miraba divertido. Se estaba vengando.
— ¡Te estás vengando!— le dije riendo.
—No lo sé… puede ser— me contesto tal y como yo lo había hecho.
—Eres un tonto— riendo di un golpe en su estomago.
—Hey, tú empezaste…— me abrazo por la espalda y beso mi mejilla.
—Vamos ya…— le dije sacando sus brazos de mi ya que si alguien nos veía, todo se arruinaba.
Llegamos a la puerta de la casa y Natsume toco el timbre, en unos minutos una mujer con cabello lacio abrió.
— ¡Natsume!— lo saludo claramente emocionada, acción que me decía que era su madre. Además de el gran parecido que tenían. Lo abrazo cariñosamente para luego dirigir su mirada hacia mi — ¡Tú debes ser la hija de Izumi y Yuka!— me dijo con una dulce sonrisa mientras me saludaba.
—Así es…— le conteste igual regalándole una sonrisa.
—Pero pasa cariño…— me dijo amablemente.
Continuará.
Notas de la adaptadora:
Espero que les guste esta historia. Hasta aquí la dejamos.
Dedicada a Laura-Sempai que me pidió la adaptación.
Nos leemos.
