Y e aquí el capítulo 16! ¡Disfrutadlo ;)!

Personajes de Akira Toriyama!


Capítulo 16. Roto.

POV Vegeta.

Miraba el umbral de la puerta mientras la lluvia caía y mojaba mi ropa. Me cubrí con la capucha de la sudadera pero el agua ya había conseguido calarme. El aire frío acompañaba al grisáceo tiempo. Podía ver el humo salir de mi boca cada vez que espiraba.

Impaciente, volví a timbrar a la puerta. No llevaba mucho tiempo esperando para las incontables veces que tocaba al timbre, pero mi impaciencia me impulsaba a repetir la misma acción una y otra vez. Finalmente mi cometido se cumplió. Vi que me abría la mujer de aquella casa, con el rosto somnoliento y un pijama cubierto por una bata blanca.

–¿Vegeta?–miré a Alice que parecía sorprendida de verme ahí–¿Qué haces aquí? Pasa. Estás empapado.–

Le hubiera dicho que no, mi visita era intencionadamente breve, pero el tiempo no estaba de mi parte y no pensaba quedarme de pie mojándome y pasando frío.

Ella se hizo a un lado mientras yo pasaba. El pasillo era pequeño y llevaba directamente al salón-comedor, que estaba al lado de la cocina.

–¿Quieres algo para tomar? ¿Un café?–negué enseguida. Se cruzó de brazos mientras me miraba con el ceño fruncido–. ¿Qué te trae por mi casa? ¿Te manda Aidan?–

–Podríamos decir que sí–la vi alzar una ceja para luego dar un suspiro–. No como piensas, Alice, y que creas que vengo porque él me manda sólo aumenta más mis sospechas.–

–¿De qué hablas?–

–¿No hablaste ayer con Aidan?–ella negó enseguida.

–Quise hablar con él pero su teléfono no estaba operativo–noté sus nervios enseguida–. ¿Qué pasa, Vegeta?–

Guardé silenció. Sus ojos demostraban la misma preocupación que a mí me invadía. Ya no había justificación alguna que valiese sobre la desaparición de Aidan, porque la realidad era qué él se había esfumado sin más.

–No sabemos nada de él–abrió los ojos y llevó su mano a su boca ocultando su sorpresa–. Que tú tampoco sepas nada de él da mucho que pensar.–

Esta vez fue ella quien silenció. Aún asimilaba lo que la acababa de decir. Sus ojos aún sorprendidos me miraban estudiando si había alguna mentira en lo que la había dicho. Finalmente pareció entender que era verdad, bajó la mirada mientras su labio empezó a temblar.

–Tú… tú–sus ojos se cristalizaron ante la amenaza de lágrimas–tú me estás insinuando que Aidan está desaparecido… que él… que mi hermano… -

Finalmente rompió a llorar. Ocultó su rostro y sus gemidos de dolor resonaron en la sala. Me incomodé enseguida al no saber como reaccionar. Aunque mi angustia era grande, no era comparable a la de ella. Eran mellizos y siempre se notó la conexión de ambos, era el motivo por el que fui a verla.

Si alguien en este mundo sabe donde está Aidan, o todo lo que le rodea, es su hermana. Ni siquiera yo sé cosas que ella sabría perfectamente.

–Investigaremos sobre él, Alice–fue lo único que pude decir para calmarla o consolarla. Ella se dejó caer en uno de los sillones y siguió consumiéndose por el llanto.

Me di la vuelta para ir a comisaria y denunciar la desaparición. Ya eran demasiados problemas y ahora se sumaba uno nuevo…


POV Bulma.

Terminé la charla en mi instituto. En un principio estaba nerviosa, pero la directora, que me acogió enseguida con cariño, logró calmarme. Conseguí estar tranquila y cercana ante mi público adolescente.

Ahora me encontraba recorriendo los pasillos de lo que un día fue mi instituto. Cada aula y taquilla me recordaban a Vegeta. Todo el instituto estaba impregnado de su aroma y el mío en la etapa adolescente. Mi mente recordaba escenas que hacía tiempo no rememoraba. Besos furtivos en la soledad de alguna clase, caricias pasionales sentados en las escaleras cuando los demás alumnos estaban estudiando.

Y sin pensarlo, salí hacía las canchas mientras cubría mi cabello con la capucha del abrigo. No me importaba la lluvia, era hermosa y a mí me ayudaba a recordar mejor.

Caminando hacia mi destino me encontré con aquel árbol en el que vi a Vegeta sentado mientras leía un libro, aquella vez que le pedí un mechero para encender aquel que sería mi último cigarro. Allí en silencio estuvimos, él concentrado en sus cosas y yo observando al que me pareció ser el chico más perfecto, creado para ser adorado por la Bulma adolescente que rogaba ser ayudada por él.

Finalmente llegué hasta la cancha de baloncesto. Subí las gradas y me senté. Poco me importaba en ese momento lo mojada que estaba y las consecuencias que sufriría mi pantalón, luego se camuflaría con el agua de la lluvia, pues ya me había mojado al completo.

Miré al frente viendo las canastas y las líneas blancas en el suelo, lo único que faltaban eran los jugadores, pero mi mente ya se encargó de ello. Podía ver a Vegeta correr con el balón entre sus manos, botando la pelota y luego tirando hasta meter una canasta.

Ese Vegeta adolescente que cada vez que encestaba se giraba y me regalaba una mirada, siempre pensaba que cada canasta tenía mi nombre dedicado.

Aquel día me dio su sudadera para cuidarla, y yo sin querer le vertí mi perfume apestando con él la prenda. Me odié por ello, pues su aroma se suplanto por el mío.

–Vas a enfermar–miré hacia mi derecha y vi a Eve tomar asiento a mi lado. Sonreí con ironía. Ese día también apareció ella con sus amigas y empezamos a discutir, ahora era para hablar–. Recuerda que ahora debes cuidarte bien.–

–Recordaba viejos tiempos–volví la mirada a la cancha. La imagen de Vegeta jugando se había esfumado–. Hermosos tiempos.–

–El instituto te ha dado nostalgia ¿eh?–yo asentí mientras me levantaba. Ella me imitó y juntas salimos de allí.

–Volvería a venir si quitamos las clases–ella empezó a reír–. Mi mejor recuerdo no era "¿Recuerdas aquella clase de Educación Física qué jugamos al fútbol? ¡Qué gran clase!". –

–¡Oh! ¿Te refieres a esa clase indescriptible dónde teníamos que meter aquella pelota en una portería? ¡Fue única!–tanto ella como yo empezamos a reírnos.

Nuestro camino hacia una cafetería estuvo repleta de diversas conversaciones. Ella me hablaba de sus dos hijos, los cuales mencionaba con un orgullo que esperaba poder tener yo también cuando hablase del mío.

Antes de entrar en el local escuché mi móvil. Acepté la llamada mientras reía por un comentario de Eve.

–¡Bulma!–antes de poder ser yo quien hablara la voz de una chica, que pronto reconocí por la de Julia, me alarmó–¡Angela no está! ¡Ayer no vino al hotel! ¡Tengo miedo! ¿Y si la pasó algo?–

–Julia, cálmate–escuché su voz agitada–. Tranquila Julia. Escúchame. Respira despacio, intenta calmar tus nervios y me cuentas que ha ocurrido. ¿Está bien?–

–S-Sí–la escuché hablar nerviosa. Estuvo durante un minuto calmando su respiración, y aunque yo la pedía calma, había logrado ponerme igual de intranquila que estaba ella. ¿Cómo que Angela no estaba?

–¿Mejor?–ella contestó casi en un susurro–Vale, bien… ahora cuéntame poco a poco que ha pasado. ¿Y Angela?–

–No la vi ayer… en ningún momento–sus palabras ya me hicieron imaginar. Angela no estuvo ayer en el hotel… Aidan tampoco. ¿Estaban juntos?

–¿Has contactado con ella?–miré a Eve que parecía preocupada.

–He perdido la cuenta de las llamadas que la hice–mi corazón latió fuerte–. Su móvil no está encendido… -

Todo se volvió confuso. Angela estaba igual de desparecida que Aidan. Si hubiera posibilidad de que estuvieran juntos sentía que era grande. ¿Pero porque esconder su encuentro?

–Cuando salí del hotel para hablar con Tarble ella no estaba. Pensé que estaría trabajando–los nervios volvieron a apoderarse de ella, pero esta vez no estaba en situación de tranquilizarla estando en su mismo estado–. Al volver seguía sin dar señales de vida. La llamé y estaba apagado. Esperé para volver a llamar y seguía sin responder. En la noche no he sabido nada y ahora sigue igual…–

–Voy a buscarte ahora y… -antes de terminar de hablar Julia me interrumpió con un fuerte grito que me obligó a aparta el móvil de mi oído. Mi corazón latió con fuerza al escucharla volver a soltar gritos–. ¿Julia? ¡Julia, qué ocurre!–

Mi cuerpo empezó a temblar. Eve lo tuvo que notar porque intentó mantenerme. Escuchaba los gritos de Julia, juraría que en algún momento se refirió a alguien, alguien que gruñó. El móvil dejó de funcionar ante un fuerte sonido que me obligó de nuevo a quitar el teléfono de mi oído.

Me quedé estática. ¿Qué acababa de pasar?

–¡Bulma! ¿Qué ha pasado?–miré a Eve preocupada. Ella me miraba con el mismo sentimiento.

Mi cabeza seguía golpeándome con el suceso reciente. No podía dejar de recordar la voz de Julia pidiendo que la dejaran en paz y pidiendo ayuda.

–¿Bulma?–Eve me despertó por un momento de mi perturbador recuerdo.

Tenía que hacer algo. No podía quedarme de brazos cruzados. Alguien estaba con Julia y yo no podía quedarme sin reaccionar.

–¡Acompáñame!–le ordené a Eve para luego salir corriendo hacia el hotel donde ella y Angela se estaban alojando.

Eve no preguntó o pidió explicación alguna. Se limitó a seguir mi carrera bajo la lluvia que no dejaba de atormentarme con los gritos de Julia. Alguien había con ella… alguien la estaba atacando. ¿Alguien qué también tendría que ver con Angela? No podía ser. Ellas no tienen a alguien en este país que quisiera hacerlas daño, o al menos rezo por ello.


POV Tarble.

Contemplaba desde la ventana del despacho de mi padre como caían las gotas de lluvia. Creaban cortinas que apenas dejaban ver lejos de ellas.

–Anoche no viniste al bar, hijo–aparté la mirada de la ventana para clavarla en la de mi padre. Bebía de su copa de vino mientras me observaba con atención. Me sentía analizado–. ¿Qué motivo te hizo quedarte recluido en casa?–

–Estaba… estaba cansado–me acerqué para tomar asiento enfrente de él.

–Supongo que agotaste tus energías con esa amiga inglesa tuya que te pedí que dejases de ver–su mirada acusadora se clavaba intensamente en todo mi ser–. Por una cosa que te pido tú me desobedeces. ¿Tanto te gustaba la mocosa?–

–Todos tenemos caprichos ¿no?–intenté sonar desinteresado, pero estaba seguro que soné más molesto que indiferente. Desde que ella se fue de mi casa no pude dejar de pensar. Parecía muy preocupada por mí… me recordaba a las veces que mi madre me hablaba–. Cambiemos de tema.–

Mi padre me miró con mirada acusadora. No tenía ganas de hablar de Julia, porque sólo me hacía recordar que la conté la historia que me hizo acercarme a mi padre y sólo pensar que él se enterase de ello, me hacía temer. ¿Temer? Él lo único que podría hacerme es negarme la palabra, y yo no quiero eso.

–He contratado a nuevas bailarinas en el bar–mi padre finalmente cambio el tema junto con su tono de voz. Sonaba divertido y lujurioso y su mirada era arrogante–. Habrá alguna que te guste.–

–Ya… –sus cejas se fruncieron, seguramente no esperaba tal respuesta–Por cierto… vi que algunos de tus hombres estaban cargando cajas dentro de uno de los edificios del centro. ¿Abrirás un nuevo local?–

–Claro que no–hablo con seriedad–. ¿Cómo abriría un nuevo local sin consultarte?–

–Eran tus hombres–insistí inseguro.

–Supongo que estarían en sus horas libres–se levantó bruscamente sin quitar la mirada sobre la mía–. Tu interrogatorio me hace sentir que tengo delante al idiota de tu hermano.–

–Sólo me pareció extraño–finalmente rompió las miradas para acercarse a la ventana donde antes yo estaba.

–Sí… desde que te juntaste con tu amiguita rubia estás muy extraño conmigo–suspiré cansado. Odiaba que se repitiera con el mismo tema. ¿Tanto le molestaba Julia?–, pero ya se acabó el problema. Ella ya no estará en medio para molestarnos.–

–¿Qué?–miré a mi padre que volvió a observarme. Su sonrisa se convirtió en una cínica, una que nunca antes conocí.

–Ya la dejaste–concluyó para luego mirar por la ventana–. Menudo día de perros.–

Me sentí un poco extraño por sus palabras y su gesto. Ella realmente le irritaba pero no iba a dejar de verla. Ahora más que nunca necesitaba volver a tenerla cerca y ahora mismo iría a su hotel para verla.

–Esta noche iré al bar a ver a tus nuevas bailarinas–me levanté captando la atención de mi padre. Intenté sonar interesado en lo que antes me dijo, aunque no fuera así como realmente me sintiera–. Más vale que valgan la pena, viejo.–

–Mis bailarinas siempre valen la pena, mocoso–me despedí de él y salí de su despacho. Tenía que ver a Julia, la necesitaba para que me dejase explicar lo de ayer.


POV Bulma

Mi corazón latía acelerado, la respiración era agitada y las piernas me dolían. Había llegado al hotel corriendo tanto como pude junto a Eve. Entramos empujando a algunas personas que obstruían el camino que había entre nosotras y el ascensor, pero antes de subirnos ya se había ido, cerrando sus puertas ante nuestras narices. No lo pensé dos veces cuando me dirigí hacía las escaleras. Las subí corriendo hasta la cuarta planta. Estaba cansada y fatigada, pero el recuerdo de los gritos de Julia eran tan fuertes que dejaban de lado toda flaqueza.

Una vez en la planta recordé el pasillo de su habitación y de nuevo comencé mi carrera con Eve a los talones. La habitación no estaba lejos de las escaleras por lo que el camino fue corto.

Cuando llegamos mi corazón se encogió. La puerta de la habitación estaba abierta. Entré sin dudarlo y miré que había un pequeño desorden. Una zapatilla estaba cerca de la entrada, las sábanas de una de las camas tirada en el suelo como si alguien se hubiera agarrado de ellas. Luego vi el móvil de Julia, estaba tirado en el suelo… roto.

–Se la han llevado–dije con voz rota mientras que un fuerte escalofrío recorrió todo mi cuerpo.

–¿Un secuestro?–escuché la voz de Eve y sus pasos por la habitación.

Me acerqué al móvil y lo observé con detenimiento. Se notaba que había sido aplastado. Alguien iba a por ella y debía tener un motivo. ¿Podría ser por dinero? No lo sabía. Mi cabeza daba vueltas y ya imaginaba que Angela había tenido la misma mala suerte, e inevitablemente pensé en Aidan. ¿Él?¿Él podría estar igual? No hay motivo.

–Mierda–busqué rápido a Eve. Estaba agachada en el suelo con algo en sus manos. Fui a su lado para ver que portaba un permiso de conducir.

–Es un hombre–le arrebaté enseguida el carnet. El hombre era calvo y con una cicatriz en la boca. No podía pasar desapercibido–. ¡El se ha llevado a Julia! Tenemos que encontrarlo.–

–No, Bulma–Eve tenía una mirada muy seria–. Puede que él se la haya llevado pero no es el secuestrador. –

Tragué saliva y volví a mirar el permiso estudiando su nombre y su rostro.

–Le conozco bien–fruncí el ceño–. Trabaja para el padre de Vegeta.–

Y eso golpeó con fuerza. Miré los ojos verdes de Eve. ¿Él secuestró a Julia? No sabía bien los motivos. ¿Era por Tarble? Tampoco entiendo que tenía que ver Angela si era su abogada, pero entonces encajaba perfectamente la desaparición de Aidan. Todo era un enigma, que aunque medio resuelto seguía con preguntas importantes.

No tenía más remedio. Debía ir a buscar a Vegeta y decírselo. La policía tomaría medidas inmediatamente y tanto el mandado como el raptor serían detenidos.

Ambas nos levantamos en silencio. Nos dirigimos hacia la salida encontrándonos para mi sorpresa con Tarble. Estaba de pie, estático. Supuse que nos había escuchado.

–Tarble–él no dijo nada. Se dio la vuelta y salió corriendo. Miré a Eve y ella me correspondió–. Eve, vete a la comisaría y dile a Vegeta lo que ha pasado. Voy a ir a buscar a su hermano.–

Nuevamente ella reaccionó sin preguntar. Yo volví a mi carrera para seguir a Tarble. Bajaba las escaleras y yo detrás con más cuidado. Temía caerme y sufrir las consecuencias sabiendo de mi estado.

Le seguí hasta el garaje. Le vi dirigirse hacia la moto pero por suerte logré alcanzarle y agarrarle del brazo.

–Escúchame, Tarble–él se soltó con brusquedad.

–¡Una mierda!–di un paso hacia atrás al ver su brusquedad–¿me tomas por idiota? Seguro que esa maldita zorra te contó toda la historia de mi padre y habéis montado un maldito espectáculo de que él la ha secuestrado para hacerme abrir los ojos. ¡Pues no! ¡Estoy harto de estas tonterías!–

–No es mentira, Tarble–intenté convencerle, o al menos calmarle–. Escucha… no sé que habéis hablado ella y tú. No sé absolutamente nada de eso. Ella me llamó preocupada porque su amiga Angela no apareció en todo el día de ayer y hoy tampoco da señales de vida. Tarble… había un permiso de conducir de uno de los trabajadores de tu padre. No es broma.–

Los ojos de Tarble ardían coléricos. Apretó fuerte los puños y empezó a soltar gritos e insultos. Le vi irritarse, perdía los papeles por completo. Sabía lo que le pasaba. Él me creía cuando no quería. Sabía que decía la verdad pero la mentira le gustaba mucho más.

–Aidan ha desaparecido, Tarble–él me miró nuevamente. Su respiración era descontrolada–, él es el abogado de tu hermano en este caso. ¿No es bastante raro que los tres hayan desaparecido?–

Finalmente mis ojos vieron lo que pensé no ver jamás. Tarble se tiró al suelo de rodillas y empezó a llorar como un niño pequeño, como aquel que yo conocí. Me acerqué a él y le abracé, para mi sorpresa él se aferró a mí correspondiendo el abrazo y dejando que su llanto terminara de romper, humedeciendo mi hombro con sus lágrimas.

–Me pidió que me alejara de ella–su voz sonó dolida y ronca–. El cabrón me dijo que ya no molestaría… ¡por eso me lo dijo!–

–Cálmate, Tarble–acaricié su cabello como si se tratase de mi propio hermano, e incluso un hijo.

–Si me hubiera alejado de ella no la hubiera dañado–intenté seguir animándole. Yo sabía que Vegeta lo conseguiría. La salvaría.

–No te culpes, Tarble–me separé un poco de él y contemplé sus ojos enrojecidos y su rostro manchado por las lágrimas–. Tú sólo confía en Vegeta ¿vale?–

Él asintió aun sin evitar dejar salir sus lágrimas. Mi corazón se enterneció ante la imagen. ¿Tarble había vuelto? Eso era lo que me estaba demostrando.

–Bella imagen–Tarble se dio la vuelta y yo miré a su espalda para ver al hombre delante nuestra. Era su padre e iba con varios hombres más, uno de ellos lo identifiqué enseguida. Era el del permiso de conducir–. Debo admitir que me siento decepcionado, hijo mío. Cuando te vi salir tan de repente de mi despacho sospeche tu destino y confirmaste mi temor. Has venido en busca de tu amiga.–

–¿Dónde está?–Tarble se levantó del suelo y yo le imité. Miré a los hombres aterrada. Todos portaban bates en sus manos, por no mencionar las pistolas en los bolsillos.

–Le ibas a hablar a tu hermano de mí. Me ibas a acusar–Tarble no se asustó ante los pasos hacia él de su padre–. Finalmente… eres un traidor.–

Sin más le dio un fuerte golpe en el abdomen haciéndole que cayera al suelo. Grité del susto e iba a ir ayudarle, pero Vegeta me agarró del brazo.

–¿Tú no eres el juguete de Vegeta?–intenté zafarme de su agarre–adoraría ver su estúpida cara cuando vea que tengo a su mujercita.–

–¡Suéltame!–él sonrió y sin pensarlo aumentó la fuerza de su agarre en mi brazo haciendo que soltara un gran gemido de dolor.

Mientras me apretaba el brazo también le daba patadas al cuerpo de su hijo que acabó tirado por completo en el suelo. No tardó en ordenar que le dieran una paliza sus hombres mientras a mí me guiaba rudamente hasta un vehículo.

Me metió en una furgoneta a la fuerza. Allí vi a Julia sentada, con las manos y los pies atados, amordaza y los ojos vendados. Iba a llamarla para que supiera que estaba con ella, pero me vi silenciada por un pañuelo en la boca.

Vegeta empezó a amarrar mis manos para luego imitar la acción en mis pies. Me vendó y me dio un empujón para que estuviera al fondo de la furgoneta.

–Antes de que llegaras con tus mierdas de terapias todo iba bien pero se te ocurrió la genial idea de decirle a Tarble que te hablase mediante la pequeña inglesita–escuchaba la voz del hombre, instintivamente miré en su dirección pero ante la tela negra en mis ojos no pude ver nada–. Esto os lo habéis buscado vosotros. –

Empezó a reírse provocando un escalofrío por todo mi cuerpo. Sabía que aun tenía esperanzas, pues al menos esperaba que no supieran de que Eve estuvo en la habitación y que sabía de todo. Si ella llegaba junto a Vegeta y le decía lo ocurrido no tardará en ir la policía a buscar pistas y llevándole hacia nosotros.

Mi confianza en Vegeta era plena. Sabía que aparecería y nos salvaría. No estaba dispuesta a estar sin él, no estaba dispuesta a que él estuviera sin mí. No otra vez… no de nuevo.


POV Aidan

Hacía rato que nos habían dejado solos. Angela parecía estar muerta. Sus ojos azules no transmitían vida, tenía unas horribles ojeras, su rostro estaba muy pálido y sus labios cortados y blanquecinos.

–Angela–ella me miró sin ningún tipo de emoción. Estaba completamente rota–, vamos a salir ¿vale?–

–Te volvieron a golpear–dijo mirándome el rostro–. Tu ojo esta medio cerrado, tu labio roto y tu pómulo morado. ¿Me seguirás mintiendo?–

–Yo nunca miento–ella frunció el ceño.

–Es verdad… cuando le dices a alguien que vive lejos de ti que seguiréis en contacto lo cumples ¿eh?–no pude evitar una sonrisa irónica. No era el mejor momento para hablar de ello, pero supongo que era mejor a preguntarnos cuando íbamos a morir.

–Te merecías algo mejor, Angela–tragué saliva–. Eres preciosa y estar recluida en tu casa, hablando con un hombre por ordenador al que no puedes tocar… Eso no te lo merecías. Mereces tener a alguien que esté a tu lado, no a uno que vive a miles de kilómetros.–

–Yo decidí estar contigo y me lo negaste–su mirada empezó a desprender mucho odio–. Te he llorado durante este tiempo, y sigo haciéndolo. ¿Por qué? Yo como una tonta esperando hablar contigo y tú seguramente con otras mujeres. Te he odiado y te sigo odiando.–

–Me gusta saber que no has dicho que me odiarás en el futuro–finalmente ella sonrió apagada–. ¿Por qué está la abogada de Vegeta aquí?–

Angela me miró en silencio, pero duró poco. La apartó para ver al suelo y así poder argumentar ese motivo que tanto me inquietaba.

–Bulma me vino a ver al hotel y tuvimos una fuerte discusión. Ella me dijo que Vegeta era un monstruo pero preferí no escucharla–silenció durante varios segundos. Su mirada se perdía en las baldosas destrozadas–. Pensé en investigar a mi propio cliente. Fui a su casa justificándome de que quería hablar sobre el caso y en un momento que pude salir del salón me fui a su despachó y miré entre sus cajones… Él era mucho más que un monstruo.–

–¿Qué viste?–pregunté interesado. Por fin podría desenmascarar a Vegeta.

–Había comprado un edificio en el que se ejercía la prostitución–explicó enseguida sin levantar la mirada–, pero muy en el fondo de todo esto se dedica al tráfico de mujeres. Se encarga de vender a las chicas como esclavas sexuales… las más jóvenes tienen doce años.–

Sentí mi interior revolverse. ¿Cómo podía hacer algo así? ¿Cómo podía haber gente que hiciera algo tan horrible? Eran niñas y ellos… ellos eran unos jodidos depravados.

–Me encontró hurgando entre los cajones–volví mi atención a ella–. Me agarró del cuello y me empujó varias veces contra la pared hasta perder la consciencia.–

El silenció ganó en la sala durante unos minutos. Minutos interrumpidos cuando la puerta se abrió. Apareció Vegeta con su sonrisa típica, pero esta vez vino con más hombres. Éstos soltaron a tres cuerpos en el suelo. A dos los reconocí enseguida. El chico era Tarble, que estaba herido e inconsciente en el suelo, y una de las chicas, por su cabello, supe que era Bulma.

–¡Julia!–gritó Angela al reconocer a la otra chica. Aquella niña que vivió en la casa de Bulma cuando estábamos en Nottingham.

–Ahora vamos a salir a dar una pequeña vuelta, chicos–Vegeta se puso delante de mí. La rabia me estaba ganando. Había secuestrado a Bulma y Tarble, el cual estaba herido de gravedad.


POV Vegeta

Había llegado a la comisaría y le había expuesto a mi tío Paragus lo ocurrido con Aidan. Le mencioné que no había dado señales de vida, y que ni su propia hermana sabía nada de él, cuando hablaban a diario.

–Llamaremos a su hermana para interrogarla sobre la última vez que le vio o habló con él–dijo él mientras acariciaba su perilla.

–Estaba bastante afectada–él suspiró–. He estado en los sitios que suele frecuentar y ninguno de ellos sabe nada de él.–

Seguí diciéndole todo lo que hice, todo lo que he intentado para conseguir un maldito testimonio que me dijera que sabía algo de Aidan, pero nada.

Mientras hablábamos sobre el caso la puerta del despacho de Paragus se abrió dejando ver a un policía, que pronto fue empujado dejando ver a Eve. Sinceramente seguía irritándome su presencia.

–Vegeta ha secuestrado a una amiga de Bulma–mis ojos se abrieron al escucharla. Se acercó a mí y me extendió un carnet–. Fuimos al hotel donde estaba y su habitación estaba un poco desordenada. Encontramos esto.–

Me fijé en el permiso de conducir. El hombre me sonaba de haberlo detenido en alguna ocasión.

–Trabaja para Vegeta–miré a Eve a los ojos.

–¿Dónde está Bulma?–me levanté de la silla mirándola fijamente.

–Tu hermano apareció y salió tras él. Ella me pidió que viniera a decírtelo–miré a mi tío que estaba contemplando con asombro a Eve. Le di el permiso para que lo estudiara y salí del despacho.

No dudé en llamar a Bulma. El teléfono sonaba pero nadie contestaba. Empecé a llamarla continuadas veces y siempre la misma respuesta. Ella no contestaba.

Empecé a desesperarme y pensé en Tarble. Le llamé e igual. Nadie respondía. La impotencia y la rabia se adueñaron de mí. Esto no era normal… Ya nada era normal.

–Vegeta–miré a mi tío que salió de su despacho.

–También Bulma y Tarble… también ellos–un nudo en la garganta se formó ahogándome de dolor. No esperaría más tiempo. Me las iba a pagar, había ido demasiado lejos.

–No sabemos donde están ni…–

–Tarble tiene un localizador en su móvil–contesté enseguida mientras sacaba la pistola de mi funda. Miré el cargador. Estaba completamente cargada.

–Vegeta, escúchame.–

–¡No!–contesté enseguida–. Ni en la cárcel ese hombre será un alivio para la sociedad. Tú sólo dame una unidad policial y déjame trabajar.–

Sus ojos mostraban preocupación pero finalmente, firme como siempre, asintió dándome el permiso.

–Que alguien rastree el móvil de Tarble y me mande las coordenadas–él volvió a asentir y sin dudarlo salí corriendo en busca del coche.

Por el camino vi a varios policía seguirme, seguramente Paragus ya dio orden de que me acompañasen. Ahora más que nunca necesitaba calmarme. Una calma necesaria para que al apuntar con mi arma a su cabeza el tiro fuera certero.

Nadie hería a mi hermano y nadie me separaría de nuevo de Bulma. Nadie.


Si alguien quiere matarme por lo ocurrido quiero recordar que soy la escritora, y por ende la única que puede concluir la historia xD

Este momento lo tenía pensado desde hace tiempo, pero siendo sincera pensaba hacerlo aún mucho peor. ¿Peor? Sí. Pensaba incluir en la lista de secuestros a Arwen y Paragus pero prefería que mejor no. Arwen ya ha tenido suficiente la pobre y Paragus es necesario porque es el comisario.

El próximo capitulo estará repleto de muchísimas cosas, y espero que os llegué a gustar :)

¡Gracias por haber leído y haber dejado reviews! Seguid haciéndolo y no os desconectéis ;)