¡ÚLTIMO CAPÍTULO! Aquí os traigo el final de esta segunda y última parte de Arañando sombras para verte. Me ha dado mucha pena terminarlo pero todo lo bueno tiene su final... Espero que lo disfrutéis :)
¡Personajes del gran Akira Toriyama!
Capítulo 17. Arañando sombras para verte… otra vez.
POV Bulma
Era casi imposible describir como me sentía en aquel horrible momento. Tenía miedo y a la vez sacaba fuerzas para no decaer en el llanto que era lo fácil en aquella situación. No me dejaba llevar por escuchar llorar a Julia y tampoco pedí silencio a Tarble para que dejase de insultar a su padre. Aidan y Angela ya estaban allí para intentar calmarlos, aunque más él que ella. La pelirroja sólo trataba de calmar a la rubia con palabras cortas como "tranquila" "No llores" "Saldremos de esta". En ocasiones las juntaba en una única frase y otras solamente se repetía.
Mi cabeza pensaba en que podría ocurrirnos, en si habría alguna forma de escapar o de si Eve logró hablar con Vegeta. En ese momento era lo único que me mantenía un poco tranquila. Saber que ella fue testigo de lo ocurrido y que existía una pequeña oportunidad.
Nuevamente el vehículo en el que nos llevaban se encontró con un bache. Por culpa de estar sentada de rodillas y maniatada no pude mantener la postura y choqué contra el frío suelo. Mi mejilla ardió ante el brusco contacto.
Debía salir de allí… no podía acabar así, no ahora…
(Flash Back)
Terminé de colocar los tirantes de mi sujetador mientras secaba mi cabello con la toalla. Escuchaba desde la habitación a Vegeta todavía metido en el baño dándose una ducha, de la cual yo había salido hacía unos pocos minutos.
Miré en dirección a la cama completamente desecha. Una pequeña sonrisa se formó en mi rostro e inevitablemente me sonrojé al recordar lo que la noche anterior ocurrió. Apenas dormí algo por su culpa pero, aunque estaba cansada, no me importaba. Sólo recordar cada caricia y beso ya valía la pena haber estado en vela.
Sentí un escalofrío que me recorrió todo el cuerpo, logrando que el vello de mis brazos se erizase ante el contacto de sus manos sobre mi cintura. Delicadamente me atrajo hacía él pegándome a su pecho. Dejé caer la toalla en el suelo para acariciar sus fuertes brazos mientras giraba mi rostro para poder verle.
–¿Piensas pasearte por toda la habitación en ropa interior?–noté su voz coqueta conjuntada con su sonrisa pícara.
–Acabo de salir de la ducha… todavía no me ha dado tiempo–acaricié la mano que tenía colocada sobe mi cintura.
–Si lo tenías–susurró en mi oído seductoramente–, pero preferías perderte en tus pervertidos pensamientos.–
–¿Me dirás que es aburrido?–su varonil carcajada y su aliento chocando contra mi cuello lograron de nuevo hacer reacción en mi cuerpo.
–¿Quieres divertirte?–sus palabras me provocaron nada más salieron de sus labios.
Me di la vuelta sin dejar de sentir el tacto de su mano en mi piel. Rodeé su cuello y antes de que pudiera decir algo le besé con deseo.
Lo correcto sería haberle apartado, vestirme e irme a la charla que tenía en el instituto y que él hiciera igual y fuera a trabajar a la comisaría, pero no era lo que queríamos.
Los cuerpos hablaban más que la cordura y las miradas aprobaban lo que las mentes negaban. La pasión se adueñó nuevamente de nosotros y aunque éramos conscientes de que teníamos cada uno un deber que hacer, diez años separados eran suficientes para recordarnos que había que recuperar el tiempo perdido.
Las últimas caricias aparecieron tras el caluroso encuentro siguiéndolas, después de separarnos, el anhelo de volver a sentirlas.
Miraba a Vegeta tumbada en la cama mientras se abrochaba la camisa blanca. Sabía que era consciente de que le estaba mirando vestirse, pero no se quejó.
–He pensado que sería buena idea que buscásemos una casa–levantó la mirada hacia mí mientras me sentaba en la cama y volvía a cubrirme con la ropa interior–. Ahora que vamos a ser más de dos no podemos vivir en un piso, menos compartido.–
–Mañana tendré un rato libre–volvió su mirada hacia los botones.
–Había pensado que podríamos buscar una casa en el barrio de tu madre–agarré el conjunto que había dejado preparado antes de meterme en la ducha. Unos pantalones oscuros formales a conjunto de una camisa blanca–. Si vivimos cerca de ella podrá disfrutar más del bebé.–
–Llámala–le vi acercarse a mí. Sonreí viendo como empezó a abotonar mi camisa como antes hacía con la suya–. Dila que venga con nosotros.–
–Esta tarde la llamaré–terminó de abotonar la camisa y con suavidad deslizó sus manos hasta posarlas en mis caderas–. Espero que nosotros no acabemos como ninguno de nuestros padres.–
La intensa mirada de Vegeta se perdía fija en la mía. Me mordí el labio culpable a causa de mis palabras, pero salieron solas. Temía que algún día el se cansase de mí, que se hiciera todo rutinario y ya no quedara nada de lo que ahora no parábamos de disfrutar.
–Tú nunca sufrirás lo mismo que ha tenido que padecer mi madre, Bulma–yo asentí con arrepentimiento.
–Sé que jamás me harías algo así, es sólo… mis padres están divorciados. Yo no quiero eso–el sonrió con burla, algo que me molestó.
–Lo dices como si yo algún día me cansara de ti pero no has pensado en la posibilidad que hubiera si fueras tú la que ya no aguantase más–sus manos se movieron hasta rodear mi cintura mientras yo posaba las mías en sus hombros.
–¿Y qué ocurriría entonces?–él se dio el tiempo de contestar. Prefirió besarme y hacerme perderme en sus labios.
–No te dejaré ir–dijo una vez rompió el beso. Sonrió de lado y se separó de mí–. Es hora de irse.–
Había aprendido a descifrar tanto a Vegeta. Aunque poco cambió en el intervalo de tiempo que pasamos el uno sin el otro, todavía tenía esas miradas, sonrisas y gestos que le delataban. Ya era todo un libro abierto para mí, pero que aún mantenía algún que otro enigma que le hacía verse tan atractivo.
Ya sabía diferenciar cuando me miraba con burla y cuando con deseo, incluso era capaz de mostrarse con ambas miradas, y, aunque estaba preparada, siempre me sorprendía con algo nuevo.
(Fin Flash Back)
Recordaba aquella mañana con dolor. Lo notaba tan lejano a mí que me preguntaba si era real o una ilusión. Intentaba recordar sus manos en mi piel, las yemas de sus dedos recorrer cada centímetro de mi cuerpo, como si con ello pudiera calmar mi temor. Más no sirvió.
Mi cuerpo tembló ante mis malos pensamientos. Recuerdos en los que estaba él a mi lado que me parecían sueños, como si él jamás hubiera estado a mi lado. El pánico se adueñaba de mí. ¿Qué ocurriría si él no aparecía? ¿Qué iba a ser de los dos?
Mordí mi labio para impedir que el miedo y el llanto se hicieran presentes. No quería mostrar debilidad ante el enemigo, porque eso sólo lo animaría a molestarme y usarme contra Vegeta, y no podía permitírselo. ¿Cuánto había sufrido ya? No quería que su dolor se hiciera mayor de lo que ya sería en cuanto se enterase de lo ocurrido…
POV Vegeta.
El sonido de las sirenas del coche policía estaban encendidas y era incapaz de escucharlas. La velocidad a la que conducía superaba la máxima permitida y aún así sentía que iba lento. En mi cabeza repetía las coordenadas que me había dado la policía cuando localizaron el móvil de mi hermano, encontrando una dirección. Estaba en movimiento.
Durante el trayecto recibía diversas informaciones. Paragus me dijo que habían enviado a un equipo a investigar la habitación del hotel donde se hospedaban tanto Julia como Angela, al parecer estaba desordenada, pero fue peor cuando me hablaron de lo que encontraron en el garaje.
Uno de los policías había encontrado restos de sangre en el suelo. Me habían dicho que estudiarían las cintas de grabación, pero eso no me calmaba. No quería pensar que ese bastardo hubiera hecho daño a Bulma y a Tarble.
Aceleré más con sólo una imagen en la cabeza. No podía volver a repetir la misma escena donde la perdía, pero esta vez que fuera para no volver a verla. No podía consentirlo… no lo dejaría.
Seguí escuchando las coordenadas por la radio. Las seguía a gran velocidad, con la sirena puesta haciendo que los demás coches me dejasen pasar. La dirección me estaba llevando hacia las afueras de la ciudad.
Finalmente ya tenía la ubicación exacta… La Montaña Paoz. Un sudor frío me recorrió. ¿Tan lejos de la ciudad? ¿A ese lugar? Era consciente del motivo que lo llevaba allí. Debía darme prisa antes de que hiciera posible su cometido.
POV Tarble
El vehículo pasó por muchos baches haciendo que se moviera brusco y que los que estábamos dentro no pudiéramos evitar las caídas contra el suelo.
Perdí la noción del tiempo. Ya no sabía cuanto había pasado desde que estuvimos ahí metidos hasta que finalmente paró el furgoneta. Escuche las puertas delanteras abrirse y cerrarse con brusquedad mezcladas con voces masculinas.
El entorno dentro no era silencioso. Julia lloraba y los demás la calmaban. Al menos la mayoría. Bulma y yo no la consolábamos, yo ya hacía rato que dejé de insultar mientras que ella prefirió no hablar en ningún momento.
Tenía miedo. Mi hermano me dijo que estaba embarazada. Cuando me lo contó me alegré aunque no se lo expresé. Habría alguien más en la familia, un sobrino o sobrina, y ahora, en quien yo creí confiar, podría arrebatarme a esa persona que ni siquiera había nacido.
Volví a escuchar la puerta abrirse, pero esta vez era la del furgoneta. No pude ver nada, pero si oír. Julia gritó porque la dejasen en paz, al igual que Aidan. Yo aún seguía maniatado y con la venda en los ojos, como los demás.
Pronto también me llevaron. Me bajaron de la furgoneta y me hicieron andar. Escuché la voz de aquel que llamé padre una vez, estaba dando indicaciones de donde dejarnos. El viento golpeaba fuerte, el sol irradiaba con fuerza. Me arrodillé sintiendo el suelo arenoso y una oleada fría de pronto. Algo había en ese lugar que lo hacía escalofriante.
–Quitarles las vendas–supe que la primera de todas fue Bulma. Su grito se hizo ahogador. Por inercia giré la cabeza en la dirección de su voz pero luego me inquieté cuando escuché el eco de su chillido–. No os echéis mucho para delante, muchachos.–
La risa del diablo resonaba y nuevamente le seguía su eco. Tragué saliva cuando sentí unas manos en mi cabeza desatando el nudo de la tela negra. Cerré los ojos cuando me la quitaron a causa de la luz. Agaché la mirada mirando al suelo encontrándome que a pocos centímetros de donde estaba arrodillado había una caída de varios metros de altura.
Mi corazón bombeó con fuerza, la respiración me faltaba y el cuerpo me temblaba. No podía caerme hacia delante… estaba al borde de un maldito precipicio.
–Bienvenidos, chicos y chicas, a la Montaña Paoz–miré a mi lado encontrándome con la figura estática de Julia mirando al vacío.
–No mires, Julia–ella me miró asustada. Sus ojos estaban envueltos en terror.
Cuando sus ojos se abrieron de golpe mirando detrás de mí giré para ver el puñetazo que me llegó. Agaché la cabeza escupiendo sangre. Miré de reojo a Vegeta que sonreía sádico.
–No está permitido hablar, chico–volví la mirada al frente irguiéndome desde mi posición. Lo último que quería demostrarle era terror y sumisión–. Sólo escucharéis mi voz.–
Sus pasos sonaron detrás nuestra. Le pude ver caminar de un lado hacia el otro sin parar de mirarnos con esa sonrisa malévola dibujada en su rostro, que se acrecentaba cada vez que alguno de nosotros sollozaba o sin más rompía a llorar, como era el caso de Julia.
–Es increíble como cada uno de vosotros habéis sido una maldita piedra en mi camino–se paró detrás de la chica pelirroja que cerró con fuerza los ojos al notarlo. Él se arrodilló y se acercó a su oído hablando con claridad para que nadie perdiera el hilo de su narración–. Incluso pagando habéis sido un dolor de cabeza.–
En ese momento la chica no pudo aguantar sus lágrimas y se sumó al llanto de Julia. Vegeta satisfecho de su respuesta volvió a ponerse en pie con su postura tranquila.
–Por otros incluso hubiera dado la misma vida–le miré cuando terminó la frase. Me sostenía la mirada con odio y desprecio–. Que deshonra.–
–¿Entonces prefieres quitarle la vida a esa persona antes que darla por él?–miré a Bulma que le desafiaba con la mirada y las palabras. Nuevamente sentí miedo por ella y más cuando Vegeta se giró para enfrentarla.
Con tranquilidad caminó hacia ella, se encontraba arrodillada al final junto con Aidan que también la observaba preocupado.
–¿Cómo has dicho?–la voz de Vegeta sonó fría. Con tan sólo tres palabras mezcladas con su gélida voz logró atemorizar a todos… menos a ella. Bulma parecía segura de su postura.
–No puedes colgarte la medalla del padre del año cuando ni siquiera eres padre–la voz de Bulma estaba llena de veneno. No vaciló en hablar y mucho menos tembló al expresarse. Sólo se quedó en su lugar enfrentando al malo que con un empujón podía acabar con su vida.
Vegeta le aguantó la mirada. Ninguno la apartó ni la interrumpió con palabras, hasta que él se cansó y empezó a reírse como un lunático. Bulma en cambio no se sorprendió, prefirió seguir tan serena como hasta el momento. Como si no hubiera un precipicio delante suya y un asesino detrás.
–La zorra tiene agallas–le dio una bofetada haciéndola girar la cabeza. El temor que sentí no se fue en ningún momento, pero ante la acción acrecentó.
Él la agarró viendo como se iba hacia delante ante una amenaza de caerse. La levantó y la echó con él hacia atrás para no quedar cerca del borde. La tenía de espaldas a él, agarrándola del cuello con una mano y con la otra apuntándola con una pistola que sacó de detrás de su pantalón.
–A ti no te mataré aún–él rió en su oído haciendo que su cuerpo temblara–. Quiero descubrir que es lo que tanto le gusta a Vegeta de ti.–
–¿Qué harás? ¿Me violarás como a Arwen, escoria?–
Mi corazón se detuvo al escuchar a Bulma hablar. Su frase... su maldita frase se repetía en mi cabeza mientras veía aquella horrible escena donde él la tenía presa amenazándola con un arma de fuego. En los ojos de ella veía rabia mientras que en los de él veía maldad. Afirmaba la acusación. ¿Él le hizo a mi madre lo que ella acababa de decir?
–A una esposa no se la viola–apreté los dientes con fuerza y sin poderlo evitar ocurrió. Yo también fui preso del llanto ante la maldita impotencia. Quería levantarme y matarlo a golpes, pero no podía. Él podría pagar mi acción disparando contra Bulma o incluso al intentar ponerme en pie podía caer y entonces no la vengaría… no podría ayudar a mi madre.
De pronto escuché varios tiros, volví a mirar hacia atrás para ver que ocurría. Fue cuando vi las luces azules y, en ese momento, también a mi hermano con una pistola disparando a los pocos hombres que tenía mi padre allí.
–¡BASTA!–mi padre pegó más la pistola a la cabeza de Bulma. Mi hermano le miró desafiante–. La puedo matar delante de ti, hijo.–
–No me vuelvas a llamar así–Vegeta desvió la mirada hacia mí. Todavía tenía restos de mis lágrimas, y las que aún salían–. ¡SUÉLTALOS!–
–¿Para que me mates?–rió él agarrando con fuerza a Bulma–. Ni hablar.–
Vegeta miró a Bulma, le vi bajar la mirada hacia su barriga para luego volver a mirarla. Luego me miró a mí y a los demás. Vi en él algo que jamás antes él demostró... estaba desesperado.
El tiempo pareció detenerse cuando el silencio se hizo el protagonista en aquel escenario donde mi hermano buscaba una forma de salvarnos a todos. Cuando le vi mirar a nuestro padre a los ojos sabía que ya tenía algo planeado.
–Me cambio por ellos–solté un suspiro al escucharle. ¿Arriesgar su vida por nosotros? Sí... era la única salida que había hallado–. Les dejas que se vayan y yo me quedó aquí.–
–No te creo–gruñó mi padre clavando más el cañón de la pistola a Bulma–. Una vez los libere me pegarás un tiro. Lo veo en tu mirada de asesino.–
–¡Cierra la puta boca!–Vegeta poco a poco bajó la pistola–¿no querías joderme? Ahora tienes la oportunidad. ¡Suéltalos y me tendrás sentado en el puto precipicio!–
El silencio reinó durante unos segundos mortales. Nuevamente miré a Julia, seguía aterrada pero pareció ver luz en la propuesta de mi hermano.
–Tira la pistola al vacío y los suelto–Vegeta negó ante la negociación.
–No me fió de ti–mi padre rió. Se acercó hacia nosotros con Bulma entre sus brazos.
–Haces bien, hijo–Vegeta gruñó al escucharle.
Vi a mi padre liberar a todos menos a mí y a Bulma. Busqué a Julia con la mirada para encontrármela de frente asustada y preocupada. Tragué saliva perdiéndome en sus ojos.
–Vete–la ordené una vez que podía huir.
Ella se quedó estática sin hacer nada pero por suerte Aidan la agarró del brazo llevándosela. Giré la cabeza para ver como se metían dentro del coche de policía después de cruzarse con mi hermano e intercambiar unas pocas palabras.
–Tira la pistola y les suelto–sonrió mi padre. Vegeta estaba a una distancia prudente del precipicio, delante de nosotros.
–Lo hacemos a la vez–ambos asintieron. Vegeta miró a Bulma, cuando estiró el brazo para tirar la pistola mi padre aflojó el agarré, así que una vez el arma cayó al vacío ella ya estaba en los brazos de mi hermano.
–¡Vegeta!–Bulma lloró en el hombro de mi hermano. Asustada y desconsolada al final se demostró después de su rebeldía y coraje.
–Le he dicho a Aidan que conduzca el coche–Bulma le miró y tragó saliva–. Todo irá bien. Luego nos veremos.–
No hubo tiempo para que se dieran un beso. Mi padre empujó a Bulma, que cayó golpeándose contra el suelo, para agarrar a mi hermano y llevarlo a mi lado, obligando a que se arrodillara y así atarle las manos. Vegeta, que se dejaba atar, me miraba todo el rato confuso hasta que poco a poco se dejó ver en sus ojos destellos de rabia.
–¡Te olvidas de Tarble!–Vegeta se removió evitando ser atado, pero fue inevitable, él y yo estábamos igual.
–Él tiene que pagar tanto como tú–la pistola que utilizó para apuntar a Bulma ahora lo hacía para apuntarme a mí–. Es una reunión familiar.–
POV Vegeta.
Todo había salido mal. Mi hermano mirando a la muerte, Bulma parecía estar inconsciente por el golpe, Aidan fue avisado por mí de que no hiciera nada porque una patrulla estaba de camino y yo atado y arrodillado ante un precipicio.
Miré a Tarble que agachaba la mirada. Yo volví la vista a donde él la perdía. Un vacío oscuro que si caías en él ya no había vuelta atrás.
(Flash Back)
Tenía diez años cuando jugaba al baloncesto en el jardín de casa. Tarble, que tenía cuatro, intentaba seguirnos a mí y a mi padre. Los tres jugábamos a encestar la pelota.
Con la mirada vi a mi madre sentada en una silla tomando una limonada con una sonrisa en los labios mientras nos animaba a Tarble y a mí.
–¡Vegeta! ¡Vegeta!–mi hermano saltaba con los brazos en alto pidiéndome la pelota. Le di un pase suave para que pudiera pillarla en el aire sin que se cayera, pero a medio camino nuestro padre la agarró y apunto un tanto.
–¡Encesté! ¿Quién es el mejor?–empezó a reír mientras botaba el balón contra el suelo.
–¡Eso es trampa, papá!–Tarble saltó a por mi padre que se tiró al suelo a propósito–¡Vamos, Vegeta!–
Entre mi hermano y yo atacamos a mi padre que no paraba de fingir dolor para seguir el juego. Giré la cabeza cuando escuché los pasos de mi madre unida a su risa.
–¡Chicos! Vais a hacer daño a vuestro padre–tanto mi hermano como yo nos apartamos de él. Tarble estaba con la cabeza agachada mientras que yo me crucé de brazos.
–Déjales, Arwen–mi padre despeinó mi cabello con una sonrisa–. Sólo estamos jugando.–
–Como los malcrías–se quejó irónicamente mi madre mientras volvía a entrar a casa.
Mi padre volvió a jugar con nosotros, Tarble se lo estaba pasando tan bien que ni siquiera le importó haberse herido la rodilla en una caída. Lo único que nos importaba era encestar una canasta y que nuestro padre nos felicitase como si fuéramos unos campeones.
(Fin Flash Back)
El cañón de la pistola estaba en su nuca, su cabeza estaba ligeramente echada hacia delante mientras su cuerpo se mantenía recto. Era la clara imagen de una ejecución fría.
–¿Vas a matar a tu hijo por qué no te has sentido orgulloso de él?–Vegeta me miró al igual que mi hermano–. ¿Sabes que Tarble fue uno de los mejores jugadores de baloncesto en el colegio? ¿O que antes de que volvieras era el que mejor calificaciones sacaba en su curso? Me apuesto a que tampoco sabías que ganó una competición de ajedrez con trece años. Madre aún guarda el título.–
–Eso no me vale–se quejó Vegeta apretando sus puños.
Vegeta reía como un auténtico lunático. El eco de su risa resonaba en mis oídos junto con el llanto de Tarble.
–Vegeta ha conseguido que un club de baloncesto le quisiera en su equipo cuando dejó el instituto–miré a Tarble, completamente sorprendido ante sus palabras. Vi el camino de sus lágrimas que llegaban hasta su barbilla y goteaban en el suelo–. Se fue a Inglaterra gracias a sus notas. Cuando hizo las pruebas para policía le dijeron que era el mejor que había opositado. ¿Sabes que nos ayudó a mamá con el dinero cuando no teníamos nada? ¿Eso no te hace tampoco sentir orgullo?–
–Se acabó–vi a Vegeta preparar la pistola para dispararlo–. Nada de eso me importa.–
Iba a levantarme antes de que apretase el gatillo, pero antes de siquiera moverme yo o de que él diera el golpe definitivo una mano le arrebató la pistola. Era blanca, suave y demasiado delicada. Bulma le tiró el arma por el precipicio, encontrándole completamente desprevenido.
–A esto me refería con que ni siquiera eras padre–Bulma sonaba con rabia. Le vi que se iba a acercar a ella pero antes de siquiera tocarla deslicé mi cuerpo por el suelo y utilicé mis piernas para golpear las de él y hacer que perdiera el equilibrio.
Caería cerca de donde estaba Tarble, que rápido empujó con su cuerpo el de Vegeta en dirección al vacío. Mi hermano se echó hacia atrás apartándose lo más que podía de la caída mientras se escuchaba como el asesino gritaba mientras caía hasta que poco a poco se fue desvaneciendo.
Note unas manos que me giraban dejándome boca arriba. Miré a Bulma que sonreía con los ojos llorosos mientras desataba mis manos. Me tenía recostado en sus rodillas a la vez que acariciaba mi rostro y mi cabello.
–Sabía que vendrías–escuché dolor y a la vez tranquilidad en su voz–. Yo lo sabía, Vegeta.–
Miré en dirección a mi hermano que estaba siendo atendido por Aidan y Julia. Me incorporé hasta quedar sentado al nivel de Bulma. La miré a sus ojos azules, grandes, brillantes y expresivos.
–Esta vez iré sentado en la parte de atrás del coche cuando te vayas a casa–acaricié sus mejillas–. No vas a alejarte de mi otra vez. Así que te quede claro, Bulma Briefs, sólo la muerte nos va a separar.–
–En ese caso…–la vi acercarse mientras acariciaba la mano que tenía en su mejilla–me atendré a las consecuencias, Vegeta Ouji.–
El beso estaba rodeado del sonido de las sirenas de la policía y de las ambulancias que venían. Sentía el dolor y miedo que había pasado tan sólo con rozar sus labios. Yo le intenté transmitir la calma que poco a poco la ganaba.
POV Bulma.
Después de que llegasen las ambulancias y nos revisasen a todos pudimos salir de aquel lugar. Tarble, Julia y yo fuimos montados en el coche de Vegeta que conducía hasta la comisaría donde Arwen esperaba.
El camino fue todo el rato acompañado por la música de la radio. Miraba por la ventanilla la noche caer, el viento movía los árboles, empezaba a hacer frío. Me abrazaba a mi misma mientras cerraba los ojos. Notaba mi cuerpo aún temblar, pero lejos del miedo me sentía invadida por la calma. Ya no había más por lo que sufrir, ya no había más tormento que soportar.
El malo perdió... desapareció. El rastro de su tiranía se redujo a nada. Todo lo que fue y todo lo que hizo se extinguió en el momento de su muerte, y con ella nos brindó la paz que tanto necesitábamos. No había ya motivo por el que preocuparse.
Ya no merecía la pena en ese momento retener el miedo y sucumbir al pánico. Ya no había villano al que enfrentar, ahora sólo debía lidiar con el mal recuerdo. Las fuerzas que me quedan las debía utilizar para ello. Para ayudar a los demás afectados y para auxiliarme a mi misma.
Abrí los ojos y miré a Vegeta que conducía concentrado, aunque dentro de mí sabía que verdaderamente él estaba distraído en ese momento. Él podía apoyarse en mí y yo le necesitaba a él para aliviar mi angustia.
Suspiré bajo para no romper el silencio que habíamos recreado. Miré de nuevo por la ventanilla del coche perdiéndome en la inmensidad de la noche. Imaginaba que ocurriría después de todo este acontecimiento. Todo debería ir a mejor.
Cuando llegamos a la comisaría la primera imagen que teníamos era la de Arwen al lado de Paragus y Broly. Cuando Tarble salió del coche su madre se abalanzó a él llorando. Él la abrazó con todas sus fuerzas.
–¡Tarble! ¡Cariño!–la mujer lloraba desconsolada mientras su hijo la abrazaba con fuerza–¿estás bien? ¡Tienes heridas en la cara!–
–Estoy bien, mamá. No te preocupes–salí del coche junto con Vegeta y Julia. Miré la escena de Tarble sonriendo a su madre–. Ya estoy. He vuelto.–
Arwen lloró desconsolada. Había entendido a la perfección lo que decía. Sabía que no se refería a lo ocurrido sino a que Tarble, su Tarble, volvía a ser el mismo que ella había criado. Aquel que yo también conocí.
–Vegeta–ambos miramos a Paragus que nos recibía con una sonrisa–, buen trabajo.–
–Aidan y la abogada que Vegeta había contratado también eran sus rehenes–Paragus asintió–. ¿Habéis descubierto algo?–
–Tarble debe testificar–la mirada fue guiada hacia madre e hijo–. Él sabe más que nadie de donde estaban los locales de Vegeta.–
–Hoy no–pidió Vegeta mirando la misma escena–. Él todavía tiene que asimilar lo sucedido.–
–Lo comprendo–Paragus volvió la mirada hacia mí–. ¿Todo bien, Bulma?–
Agaché la mirada mirando mi barriga mientras la acariciaba para luego elevarla hacia Vegeta. Desde que salimos del coche me tenía agarrada de la cintura.
–Perfectamente–sonreí mirando a Paragus.
El asintió y se retiró. De pronto noté la mano de Vegeta soltarme. Me giré para ver a Arwen abrazada a él.
–¡Vegeta!–él sonrió abrazando a su madre–¡Gracias! ¡Gracias!–
–Tranquila, madre–él se separó un poco para limpiar sus lágrimas–. Ya pasó. Ahora todo va a ir a mejor. Ya lo verás.–
Ella asintió a un llorando. Mientras Arwen y Vegeta tenían su momento familiar busqué con la mirada a Tarble, para mi sorpresa estaba con Julia. Ambos abrazados. Era curioso ver como la cuidaba y protegía.
Ahora todo irá a bien…
POV Tarble.
Al día siguiente de lo sucedido había quedado con Julia en el parque que estaba frente al hotel donde ella y Angela estaban. Habíamos paseado para olvidar y así intentar conocernos mejor, y a medias funcionó.
Surgieron diferentes temas de conversación, pero muchas veces se hacía presente un silencio incómodo que nos llevaba al recuerdo de lo que el día anterior había ocurrido. Ya la había quitado dos veces lágrimas de su rostro.
–Tarble–Julia y yo nos habíamos sentado en un banco a descansar. El atardecer traía un viento un poco frío que recordaba a aquel horrible lugar. Me giré a mirarla para encontrarla con la cabeza agachada–, sé que deberíamos evitar hablar de ello pero...–me dedicó una leve sonrisa–ayer estuviste genial.–
–¿Qué dices? No hice absolutamente nada–aparté la mirada molesto recordando todo lo sucedido. Aún tengo en mi memoria aquella pelea que surgió entre Bulma y ese bastardo en el que hablaron de mi madre–. Nada de nada.–
–¿Cómo que no?–la miré a los ojos cuando noté su mano acariciar la mía–cuando tu hermano le dijo a ese hombre todo lo que hiciste para que se sintiera orgulloso de ti... tú respondiste de igual forma.–
–Eso no significa nada, Julia–resoplé cansado.
–Fuiste valiente–posó su mano en mi rostro, con sus dedos acarició mi mejilla derecha–. Sabía que tú eras una gran persona.–
–¿No crees que soy un idiota?–ella sonrió mientras la escuchaba tragar saliva. Sus ojos bajaron a mis labios y yo no pude evitar imitarla.
–No lo creí antes, mucho menos lo creeré ahora–agarré la mano que tenía en mi mejilla para devolverle la caricia–. Me gustas, Tarble.–
–¿Después de todo?–una lágrima volvió a salir de ella que no tardó en quitarse.
–Me gustabas después de todo–sonrió mientras quitaba la mano de mi rostro, pero agarrando la mía–. ¿Yo te gusto?–
–La pregunta es absurda–agachó la mirada sonrojada–. Empecemos de cero, Julia.–
Volvió a mirarme dejando que me perdiera en sus ojos. Sonrió inocente mientras apretaba mi mano con delicadeza.
–¿Si empezamos de cero no podremos besarnos ahora?–me reí al escucharla.
–De eso no te vas a librar, pequeña–me acerqué a ella dispuesto a besar sus labios y ella, facilitando el encuentro, se inclinó y apoyó en mi para hacerlo más intenso.
Ella me dijo que pronto tendría que volver a Inglaterra y a mi no me importaba. Lo tenía todo pensado. O me iba con ella o ella venía conmigo. Después de que conociese al monstruo que fui por culpa de aquel que pensé que era mi padre, ella confió en mí. No podía permitir que alguien así desaparezca... no puedo.
POV Aidan.
Habían pasado dos días desde lo ocurrido. Había ido a ver a mi familia, Alice estaba muy preocupada pero conseguí calmarla. Ahora había algo importante que debía hacer.
Miré el número de la puerta que anteriormente me habían dicho, cuando comprobé que era la que buscaba no dudé en golpearla suavemente. Al dar el último golpe la abrieron sorprendiéndome. Me encontré entonces con Julia con una sonrisa.
–¡Aidan!–la chica me dio un abrazo que yo acepté y devolví sin problema–¿vienes a ver a Angela?–
–Esa era mi intención–dije mientras veía el interior de la habitación desde fuera–. ¿No está?–
–En el baño. Pasa–se hizo a un lado para que entrase–. Justo iba a ver a Tarble.–
–¿Te vas ya?–pregunté una vez dentro. Ella asintió.
–¡Nos vemos!–la chica salió de la habitación del hotel cerrando la puerta detrás de ella.
Suspiré mientras miraba cada rincón de la habitación. Estaba completamente ordenada y con un olor a perfume.
–Aidan–me di la vuelta al escuchar mi nombre. No pude apartar la mirada de Angela cuando la tuve delante de mí.
Vestida únicamente con una toalla, con el agua aún deslizándose por su piel descubierta y su cabello húmedo que secaba y desenredaba con sus manos.
–Esta escena me resulta familiar–sonreí recordando la vez que entré en su habitación cuando estábamos en Nottingham.
–Aquella vez éramos unos críos–dijo desviando la mirada–. Es sólo un recuerdo lejano.–
Sonreí sin ánimo. Miré por la ventana viendo la ciudad en una mañana soleada pero aún así fresca.
–Quería saber cómo te encontrabas–dije mientras miraba a otro lado, dándola privacidad para vestirse.
–Aún siento el vértigo en mi cuerpo–su voz sonó apagada–. Por las noches las pesadillas se repiten de formas distintas pero en el mismo sitio. Muchas veces me salvo, otras… otras caigo.–
–Y te despiertas de golpe con el sudor en la frente–recordé las pesadillas que yo también estaba teniendo–. Es como nacer otra vez. Ahora ves la vida con otro color y de otra manera.–
–¿Has venido para tener la conciencia tranquila?–no pude evitar girarme, ella seguía con la toalla–. ¿Quieres aprovechar lo ocurrido para mostrarte arrepentido y hacer que te perdone?–
–Siento que nunca podré hacer que cambies de opinión sobre mí–volví la mirada hacia la ventana–, pero en realidad sólo he venido para verte. Porque en mis pesadillas no sólo caía yo… muchas veces te arrojaban a ti y entonces no podía volver a conciliar el sueño. Era demasiado real.–
No conté los segundos que pasaron de silencio, ni siquiera sé si fueron minutos, de lo único que me daba cuenta era que se hacía eterno y se volvía cada vez más tenso. ¿Debía darme la vuelta? ¿O directamente debía irme?
–Aún tengo miedo, Aidan–sentí su mano agarrar la mía. Me dio la vuelta y la vi, con las mejillas rojizas, los ojos llorosos y el cabello mojado–. Toda mi vida he tenido miedo de algo. Siempre he sabido que vivía en una mentira y cuando me vi al borde de un precipicio que podía ver la muerte haya donde mirase me di cuenta de que estabas a mi lado, en mi misma situación. Ahí te perdoné, Aidan. Ahí fue cuando me di cuenta de aquellos diez años que viví guardándote rencor no habían servido de nada, porque quería tocarte, abrazarte… incluso besarte.–
Acaricié su cabello mojado. Ella lloraba de la misma forma que cuando la vi hacía diez años.
–Tengo miedo de irme y perderte de nuevo y volver a malgastar mi vida en despreciarte–una de sus manos tocó mi rostro. Noté uno de sus dedos acariciar mi labio inferior–. ¿Qué puedo hacer para retenerte?–
–Si lo que quieres es que me vaya contigo a…–ella negó enseguida.
–¿Qué tengo allí? Nada–se separó de mí–. Mi familia le gusta aparentar. Siempre he tenido que hacerme pasar por una chica que no soy. Contigo soy yo y eso me gusta.–
–Entonces no necesitas hacer nada–sonreí acercándome más a ella pero se apresuró en impedírmelo.
–Tal vez… tal vez debería ser como aquella vez tan parecida a esta ¿no?–tragué saliva viendo como se quitaba con lentitud la toalla–. Hace diez años era una niña… ahora soy una mujer.–
La toalla cedió a suelo encontrándome con la imagen de una hermosa pelirroja completamente desnuda ante mí.
–Esto me suena–sonreí mientras la veía acercarse a mí–. Ahora debía decir algo así como: Ay… mi… madre… –
Ella pasó sus brazos por mi cuello mientras acercaba sus labios a los míos haciendo que nos uniéramos en un beso. Había extrañado demasiado aquella boca, tanto era el deseo y el anhelo que no pude ni quise soltarla.
5 años después…
POV Bulma.
Suspiré cansada entrando por la puerta de la cocina de la casa de Arwen. Me acerqué a la mesa y dejé las bolsas que cargaba. Vi a mi suegra detrás de mí dejando lo que ella cargaba. Se acercó a la nevera y sacó dos refrescos, dándome uno a mí.
–¿Será suficiente?–pregunté mientras miraba el contenido de las bolsas–. Tal vez debería haber comprado más golosinas o…–
–Está bien, Bulma–sonrió ella mientras me apartaba de las bolsas–. Tu madre debe estar a punto de llegar con la tarta. Vete con los chicos.–
Yo asentí poco convencida mientras me iba al jardín trasero de su casa. Cuando salí me encontré con Vegeta y Tarble jugando a baloncesto y, junto a ellos, a Trunks.
Nuestro hijo era precioso, un encanto aunque también algo travieso. Tenía el cabello parecido al mío, de color violeta, los ojos eran azules aunque la mirada, la nariz y la mandíbula eran un calco a su padre.
–¡Entró! ¡Dos puntos!–sonreí viendo a mi hijo celebrar su canasta. Tarble le llevó a hombros como si fuera un campeón.
–No deberías entretenerte, Trunks–Vegeta, que disfrutaba como un niño, tiró la pelota a la canasta anotando también–. Tres puntos.–
–¡Eso no vale, papá!–se quejó Trunks mientras Tarble le bajaba al suelo.
Entre él y su tío recrearon como una batalla con su padre, en la cuál él se dejaba perder. Miré al otro lado del jardín donde vi sentada a Julia. Me acerqué a ella ignorando al trío.
–Llevan así todo el rato–dijo con una suave risa la rubia mirando al grupo–, y no se cansan.–
–Les encantan este deporte–me senté a su lado–. Vegeta y Tarble quieren ser una figura importante para Trunks.–
–No podrás quejarte mucho–miré confusa a la rubia–. Vegeta es un buen padre.–
Miré de nuevo la escena y sonreí. Desde que Trunks nació él se ha encargado de criarle a su modo y no se le había dado nada mal. Él estaba completamente volcado en su hijo.
–Él dijo que todo iría bien y hasta ahora ha tenido razón–suspiré aliviada–. Él ha sido lo mejor que me pasó en la vida, y a raíz de ello se han sumado más personas.–
En silencio fuimos testigos del juego entre Trunks, su padre y su tío. Hoy era un día especial para él, cumplía cinco años. Su padre le regaló una pelota nueva, que era con la que jugaban y su tío un equipo para jugar, que era el que llevaba puesto.
Después de unos diez minutos ya se cansaron. Arwen, tan previsora como siempre, salió con unos refrescos y unos aperitivos.
–¿Viste, mamá?–miré a Trunks que estaba sentado entre Vegeta y yo–¡Gané a papá y al tío!–
–Aún queda la revancha, Trunks–avisó Tarble con una sonrisa en la cara–. Porque sea tu cumpleaños no vamos a darte el gusto de ganar.–
–Luego vendrá el tío Aidan y os daremos una paliza–se burló el niño mientras comía patatas–. ¡Somos el mejor equipo!–
Me reí al escucharle. Era tan competitivo como su padre. Alcé la mirada para ver a Vegeta que me hacía un gesto con la cabeza para que le siguiera. Ambos nos levantamos de la mesa y nos metimos dentro de la casa.
Fuimos hasta la cocina donde a solas podíamos besarnos sin sentirnos observados. Nos intercambiábamos caricias, su tacto hacía estremecerme. Sus manos rebeldes se metían por debajo de mi blusa acariciando mi espalda.
–Te quiero–susurré entre besos. Él respondió intensificando el encuentro.
Nos vimos interrumpidos por el timbre de la casa, pero no le prestamos atención. Otro iría a abrir en nuestro lugar. Nosotros estábamos ocupados con cosas más importantes.
A pesar de que quedé embarazada, de que engordé y de que caí en una depresión después del parto, Vegeta se mantuvo a mi lado. Nada le hizo apartarse de mí. Sentía que cada día junto a mí le gustaba, que cada día le enamoraba sin hacer nada, aunque era exactamente lo que me ocurría a mí con él.
Vegeta nunca ha sido ni será hombre de traer rosas o bombones. Jamás escribiría una poesía romántica o dedicaría una balada de amor. Él no era así y no me importaba. Me gustaba la forma en la que él era. Vegeta era Vegeta. Único e irremplazable.
Era el padre de mi hijo, mi esposo y sobre todo el amor de mi vida. Aún tenía pesadillas con lo ocurrido con su padre, pero todo miedo se iba cuando sentía sus brazos como consuelo. Ya no imaginaba una vida sin él. No concebía la idea de estar en una cama en la que él no me hiciera compañía. Era imposible que algo así ocurriera.
Moví mis labios intensificando su abrasador beso. ¿Cómo podía ser un hombre tan perfecto? ¿Cómo podía mantenerme en esa nube? No lo entendía y tampoco quería entenderlo.
–Ya os vale–nos separamos al oír una voz familiar y una risa al lado–. Vuestro hijo está ahí fuera celebrando su cumpleaños y vosotros pensando en darle un hermano en la cocina de la abuela.–
–Aidan–gruñó Vegeta al ver a su amigo junto a su mujer, Angela. Miré la barriga de la chica, estaba embarazada de siete meses–. Piérdete.–
–No–agarró a Vegeta apartándolo de mí–. Ahora vamos con tu hijo a celebrar su cumpleaños como debe ser. Ya en la noche le haces lo que quieras a tu mujer.–
Empecé a reírme escuchando las quejas de Vegeta que estaba siendo arrastrado por su amigo hacia el jardín. Miré a Angela que estaba igual que yo.
–¿Vamos?–le pregunté a mi amiga que asintió.
La tarde se pasó rápida y entretenida. Mis padres vinieron a la celebración. Mi madre trajo un pastel para Trunks y mi padre le regaló un juguete que hacía tiempo que pedía.
La noche se hizo dueña del cielo. Vegeta colocaba a Trunks en el coche, se había quedado dormido después de tanto jugar. Mientras me senté en el asiento del copiloto viendo por el retrovisor como el padre colocaba con cuidado al hijo.
Vegeta cerró la puerta de atrás para colocarse luego en el asiento del piloto. Arrancó el motor y empezó a conducir dirección a casa.
–Ha sido un día agotador–dije mientras me acomodaba en el asiento–. Quiero tumbarme y dormir durante horas.–
–Mañana es domingo–miré a Vegeta confusa–. Tendrás tiempo de dormir. ¿No crees que deberías terminar lo comenzado antes?–
–¿Llevas pensando eso durante toda la celebración?–pregunté con una ceja alzada y una sonrisa burlona.
–Toda menos en el minuto en el que Trunks soplaba las velas–evité reírme para no despertar al niño, pero no pude controlar una carcajada.
–¿Tendrías otro hijo como dijo Aidan?–después de preguntarle noté el tacto de su mano en mi muslo.
–¿Tú lo tendrías? Te recuerdo que tú eres quien llevarás al bebé y quien sufrirás el parto–le vi pensar un momento–. Aunque en el parto quien será insultado soy yo, como con Trunks.–
–No te insulte cuando daba a luz a Trunks–me crucé de brazos.
–Tus palabras exactas fueron: cuando salga el maldito crío te la cortaré antes de que me hagas otro–me sonrojé recordándolo–. Eso empapada en sudor, gritando como una histérica y con los pelos de la niña del exorcista.–
–Quitando esa horrible parte… yo tendría un hijo otra vez–sonreí sonrojada–¿seguro que tu no?–
–Mientras no me amenaces diciendo que me dejarás sin mi virilidad–volví a dejar salir una carcajada.
–Más adelante tal vez sea una buena idea dar un hermano a Trunks–ahora fui yo quien acarició el muslo de Vegeta–ahora lo importante es que volvamos donde lo dejamos antes.–
–Esa es una muy buena idea–le vi sonreír mientras me miraba de reojo para luego volver la mirada a la carretera.
Me relajé en el asiento. Puse la radio en un volumen bajito. Sonaba la misma melodía que aquella vez. Cuando soñaba con un futuro que se había realizado también estaba esa canción en la radio.
Ahora que todo iba bien ¿cómo sería el futuro? No lo sabía pero estaba claro que perfecto. Miré a Vegeta y suspiré.
Después de todo valió la pena estar Arañando sombras para verte… otra vez.
FIN
¡Y FIN! Sí... aquí concluye la historia de Arañando sombras para verte. Después de tanto tiempo finalmente se acaba y espero que os haya gustado y la hayáis disfrutado.
Como siempre siento haber tardado en subir el capítulo pero estos meses han sido muy duros para mí a causa de una reciente pérdida, pero finalmente he podido cumplir con mi historia y con vosotros :)
MUCHAS MUCHAS GRACIAS!
