Hola, lectores de esta humilde serie :)

Me gustaría decir que haré un montón de citas a distintos músicos a lo largo de la trama, los cuales me gustan mucho, así que por favor, dales una oportunidad y escucha la pieza, que te aseguro que cubrirá tus espectativas, además de que así podrás ver cómo me imagino a cada personaje respecto a su voz.

(La de este capítulo es de Selah Sue, llamada This World, y High and Dry, de Radiohead; la del anterior se llama Blue Skies, de Tom Waits.)

También agradecerle a Robinevans por sus reviews y por animarme a seguir. Gracias!


Los días pasaron lentos en aquel verano, pero Kid consiguió dejar a un lado el desamor y seguir adelante, siempre con la ayuda de Liz y Patty. Dentro de lo que cabía, las vacaciones habían sido entretenidas. Las habían pasado enteras fuera de Death City, en la costa. Pero ya volvía el nuevo curso, y con él, la vuelta a la rutina. Aunque a Kid eso no le importaba, en realidad. La espontaneidad de los días de descanso era a ratos irritante. La rutina diaria era bastante... simétrica.

Contempló el Shibusen con una enorme sonrisa. Seguía tan perfecto como siempre. Pero al subir las interminables escaleras, la sonrisa le desapareció del rostro como si estuviese hecha de polvo que se lleva el viento.

La chica del pelo tan rubio que parecía blanco, que estaba hablando con otras alumnas de allí, se giró hacia Kid y le dedicó una sonrisa socarrona.

Oh, no. No podía ser. Kid sintió cómo le daba un tic nervioso en el ojo izquierdo. Tenía que ser un error, un grave error. Ella no podía estar allí. Había pasado todo el verano libre de su presencia, para que ahora se presentara allí. Y lo peor, Kid creía saber perfectamente las razones.

-¿Qué narices haces aquí?

-¿Qué pasa? ¿Ahora no puedo ir al instituto que me plazca?-contestó ella con una risita desquiciante.

Las chicas con las que estaba hablando antes cuchichearon por lo bajo entre susurros y risas silenciadas. Kid las miró, inquisitivo.

-No me digáis que va a quedarse el año entero.

-¡Eh! ¡Que estoy delante tuya, pregúntamelo a mí! -le espetó ella señalándose la cara con el dedo índice.

Kid notaba cómo la rabia acudía a su ser corriendo por sus venas. Apretó los puños y siguió andando, intentando ignorar a las incordiantes muchachas que acompañaban a Lene.

La mañana se hizo eterna. Lene conoció a todos los amigos de Kid -a los cuales cayó extrañamente bien-, y él se limitó a refuñar por lo bajo, preocupando a Liz.

-Oh, vamos -le decía ésta-, no puede ser tan terrible.

-No lo sabes tú bien -le aseguró.

Al salir del instituto, las chicas habían quedado para salir de compras esa tarde. A Kid le tocaba volver solo.

Y, cómo no, apareció ella.

-Eh, Rayitas -lo llamó.

Kid aumentó el ritmo, sin ganas de tener que encontrarse con Lene. Pero ella lo volvió a alcanzar en nada, tal como pasó la última vez que se vieron. Lo frenó agarrándole del cuello de la chaqueta.

-¡Eh, no hagas eso! -le gritó, desembarazándose de su amarradura-. Está perfectamente planchada y...

-Oh, cállate -le interrumpió-. Sólo quería preguntarte si hay aula de música en el instituto.

-Pues claro, ¿Qué clase de instituto no ten...

-¿Y está equipado con amplis? -volvió a interrumpir Lene.

-¡Que sí, pero déjame terminar las fra...

-¡Perfecto! Mañana traeré mi bajo. ¡Hasta luego!

Y salió corriendo con una sonrisa de ilusión en sus labios, tan poco común en ella. Kid la miró alejarse. La verdad, esa sonrisa le sentaba muy, muy bien.

Al día siguiente, la clase no se hizo tan pesada. Lene se adaptaba rápido, pese a lo mal que le caía a Kid. Aunque, pensándolo bien, no era que le cayese mal, sino que a veces le resultaba muy, muy irritante.

"Oh, claro que te cae mal", pensó él, intentando convencerse.

Pero la sonrisa de la tarde de ayer le hacía dudar demasiado.

Kid se quedó el último en el aula. Incluso sus armas se habían olvidado de esperarle. Suspiró y se cargó la mochila al hombro. Pero entonces escuchó un sonido profundo, que hacía retumbar ligeramente el suelo. Kid se extrañó. Siguió el sonido, casi embelesado por la manera en la que resonaba en su pecho. Se encontró con que había llegado al aula de música. Supuso lo que se iba a encontrar allí.

"¿Esta chica no sabe que existen los horarios?", pensó.

Se dio la vuelta, dispuesto a irse. Pero entonces se dio cuenta de que conocía la canción. Se quedó a escuchar un poco más allí, en la puerta de la clase.

Una voz ligeramente ronca se asomó a oídos del chico.

I fear real danger.
This world ain't simple.
But I'm strong, I know how to get out.
And I'll find my way 'cause
'Cause it's love, real simple.
And that's how it works.

So won't you just give it up 'cause you don't understand.
Big it up but you don't understand.
And it's really nice, but you don't understand.
So big it up, 'cause you don't understand.
'Cause you don't understand baby.

La música frenó en seco. La puerta se abrió de golpe, haciendo pegar un bote a Kid, y allí apareció Lene, bajo en ristre, observando a Kid inquisitiva.

-¿Cuánto tiempo llevas ahí?

-Guau -susurró Kid, con admiración.

Lene alzó una ceja, sin comprender. Kid recobró el habla y se explicó:

-Tocas bastante bien.

-Lo sé -cortó ella.

-¿ Te gusta Sellah?

Lene abrió mucho los ojos, sorprendida porque el chico conociera a la artista.

-Sí, mucho.

-Suenas idéntica a ella.

Lene no sabía si tomárselo como un cumplido. Se quedó callada e invitó a pasar a Kid con un gesto. Sintió cómo el rubor se apoderaba de sus pálidas mejillas. Nunca antes nadie le había hecho ningún cumplido. Claro que, hasta ese momento, nunca había tocado "con público".

-Hey, ¿estás en algún grupo? -interrumpió Kid los pensamientos de la chica.

-Esto... no, nunca -contestó ella, rascándose la nuca.

-Eh, ¿qué ha sido de esa actitud tan guasona tuya? -dijo él, tras un momento de silencio en el que se dedico a afinar una guitarra que allí había.

-¿Acaso te gusta? -le provocó, volviendo a enseñar su faceta oscura.

Kid resopló. Rasgó un poco la guitarra, sin ritmo ni canción pensada. Al rato, se le encendió la bombilla.

-Oye, parece que tienes buen gusto musical. ¿Te sabes la de High and Dry?

-¿De Radiohead? -a Lene se le iluminó el rostro.- ¡Por supuesto!

Entonces ya decidido, Kid acarició las cuerdas de la guitarra, con fuerza pero sin romper la perfección de ese acorde.

Y, a partir de ese momento, las horas pasaron muertas para los dos chicos.


La noche se les había echado en cuanto se despistaron un poco. Kid y Lene caminaban bajo la luz amarillenta de las farolas, hablando sobre sus grupos preferidos, las mejores canciones de cada uno, etc. La verdad es que coincidían en bastantes.

Aquella tarde, Kid le había ofrecido a Lene formar un grupo de rock instrumental con él. Ella, tras meditarlo unos minutos, aceptó, no sin cierta duda. No sabía si eso afectaría a los planes...

Pero bueno, no podía ser muy malo. Era sólo un grupo de adolescentes. ¿Qué podía pasar?

Llegaron a la calle en la que se encontraba la mansión de Kid. Entre risas y tarareos, el trayecto se les había hecho muy corto.

-Entonces intentaré encontrar a alguien para la batería. Me has dicho que tú conocías a un buen teclista, ¿no? -preguntó Kid.

-Sí, yo ya se lo digo. Seguro que acepta.

-Oh, genial. Vamos a sonar de miedo.

Lene sonrió a Kid, que parecía muy emocionado por los planes que estaba organizando en su cabeza. Él echó un vistazo al reloj, y se echó una mano a la cabeza.

-Madre mía. Liz me mata.

Lene se rió, esta vez con esa risa de hiena que solía ponerle de los nervios. Pero lo pasó por alto con tal de volver rápido a casa.

-En fin, hasta mañana -se despidió.

Sin quererlo, Kid se sumergió en los ojos violáceos de Lene y, aunque sabía que podía salir cuando quisiera, que ella no le ataba a su mirada, no se dio prisa en hacerlo. Ya no era esa sensación forzada y agobiante de la otra noche, sino un leve cosquilleo que le producía escalofríos; aun así no sabía si le terminaban de gustar. Era tan... extrañamente abrumador.

¿Qué clase de mirada era esa?

Cuando se quiso dar cuenta de lo que estaba pasando, cayó en la cuenta de que se había acercado a Lene y la había arrinconado contra el muro de la mansión poco a poco, embelesado por aquella extraña sensación que lo había embargado por completo. Ambos sentían los latidos de sus corazones algo alterados, quizá revolucionados. Y sus rostros... muy, demasiado cerca.

Él se apartó rápido, bajando la mirada. Ella se pasó una mano por la frente, agitando su flequillo rubio platino.

-A-Adiós -contestó Lene al 'hasta luego' que antes había dicho Kid. Pero él ya no se acordaba. Sólo sentía el terrible calor que desprendían sus mejillas.

Y, cuando volvió a mirar, había desaparecido, como siempre, como una sombra, como un destello efímero.

"Oh, vamos, no puede ser tan terrible", recordó las palabras de Liz.

Se llevó la mano al pecho y tomó aire, algo confundido.

-No lo sabes tú bien -se dijo en voz alta, antes de cruzar el umbral de la gran puerta de la mansión.

-Continuará-