Lene se dio la vuelta bruscamente, percibiendo su presencia de nuevo. La pica negra de la palma de su mano volvía a relucir con fuerza. Y sabía perfectamente lo que eso significaba.
-Parece que te lo estás pasando bien con ese Shinigami -habló una voz en la oscuridad de la noche.
La chica comenzó a sudar. Esa voz, insinuosa y profunda, que lograba poner de punta cada uno de sus pelos, esa horrible voz sonaba justo detrás de su nuca.
Se sobresaltó y se encogió un poco, tensando cada músculo de su cuerpo. La voz rió.
-Tranquila, sé que sabes lo que te haces. Además, así podrás manipularle mejor -intervino aquella mujer, con una carcajada seca. Lene no hizo ningún comentario. Apretaba los puños con fuerza, conteniendo un puñetazo entre ceja y ceja que llevaba el nombre de esa chica.
-Cállate -le contestó-. Me irritas.
-Te recuerdo que eres tú la que recibe las órdenes aquí -fue la réplica de aquella mujer.
Lene se mordió el labio inferior cada vez más rabiosa.
-Oh, vamos, parad las dos -gruñó la voz ronca y cascada del trono de piedra.
Ambas guardaron silencio inmediatamente. Nadie cuestionaba la autoridad de Mabaa.
-Lorelei...
-Me llamo Lene -interrumpió ella, molesta.
Pero la bruja hizo caso omiso a la réplica:
-...debes continuar con la misión que te fue asignada. Hasta que no la cumplas, no podrás pasar a rango Bruja Media. Tú, Medusa, controla sus movimientos, y que no dé un solo paso en falso. Es de vital importancia que al menos esto salga bien. Lo de la sangre negra fue...
-Ni lo mencione -cortó ella.
La anciana del trono de piedra continuó hablando:
-Respecto a la Pica... no podremos quitártela hasta que termines la misión. Solo para prevenirnos.
Maldita sea. Esa pica la iba a perseguir siempre. Maldita pica. La odiaba. Siempre que aparecía en su mano, era porque Medusa la llamaba. Maldita mente retorcida. Ella había introducido en su cuerpo una serpiente muy poderosa, la más poderosa de todas. Y cuando no acudía a su llamada, la serpiente introducía en sus venas el veneno de sus colmillos, junto con un dolor lacerante en el pecho. Pero lo peor era cuando ese veneno se propagaba. Entonces, Medusa pasaba a manejar su cuerpo en contra de su voluntad. Pasaba a ser su títere. ¿Y eso por qué? ¿Por una pequeñísima traición que sucedió cuando ella aún no sabía ni lo que eso significaba? ¿Estaba condenada a obedecer a una bruja superior toda la vida sólo porque su madre tomó la decisión equivocada, sólo porque fue ella misma la única que estuvo dispuesta a frenar la catástrofe segura, la única que intentó evitar la lucha entre Shinigami-sama y aquella precipitada bruja inconsciente?
¿Porque ella la mató antes de que cometiera semejante locura por el bien del resto del mundo, incluso por el bien de las suyas?
Era un precio injusto y demasiado alto.
Lene agachó la cabeza. Sabía que eso a las brujas no les importaba. Una vida más, una menos... No era tanta diferencia.
Suspiró. No tenía nada que decir. Aunque su corazón no paraba de gritar, cegado por la ira y la impotencia. Era frustrante el no poder hacer nada. Y, mientras tanto, aquella serpiente podía controlar su cuerpo cuando quisiera...
-Podéis retiraros -interrumpió Mabaa sus pensamientos.
Lene reaccionó y realizó un amago de reverencia. Ambas chicas juntaron sus manos y susurraron al unísono:
-Joma, Joma, Dabarassa.
Los días siguientes, las clases pasaron rápidas en el Shibusen. Kid se había percatado de la mirada esquiva de Lene, y estaba un poco preocupado. ¿Sería acaso por aquel incidente? Quiso disculparse, pero cada vez que lo intentaba, ella huía, y no sabía por qué.
Pero la ocasión perfecta se presentó el día del primer ensayo oficial del grupo, al acabar las lecciones. Mientras ella afinaba el bajo, distraída, él se acercó, poco a poco y a una prudente distancia, la justa como para no quedar atrapado de nuevo en el mar de sus ojos.
-Oye, ¿te pasa algo?
Ella lo miró, confundida. La había pillado completamente desprevenida. Giró la cabeza, intentando parecer molesta.
-No es de tu incumbencia.
Pero Kid era experto en captar los pequeños detalles.
-Ya veo que no estás bien. Mira -continuó, chasqueando la lengua-, si fue por lo de hace unos días, lo siento, de veras. No sé lo que me pasó. Fue muy irresponsable de mi parte, lo sé, y...
-He dicho que no es de tu incumbencia.
Kid calló. ¿Por qué estaba tan borde con él, si no era por el incidente de ayer?
-Oh, vale. Púdrete en tu amargura, entonces.
Se alejó, en pos de su guitarra. "Parece mentira que aún no sepa cómo es esa engreída", se dijo. Pero el no veía el daño que esas palabras le habían causado a la chica. "Si tú supieras lo que es ser una condenada bruja inferior", se dijo ella. Los dos pensamientos transcurrieron casi a la vez.
Entonces, Soul entró en la clase de música con unas baquetas de batería. Enseñó su sonrisa de tiburón a los chicos.
-Hey -saludó, alzando una mano.
Lene se acercó a él y se la chocó, dejando atrás su tristeza con una sonrisa bastante parecida a la del chico del pelo blanco. Ambos habían hecho muy buena amistad. Kid los miró. Se parecían en un montón de aspectos. "Harían una buena pareja", se dijo.
Una extraña sensación pasó un instante por su espina dorsal. Alzó una ceja. No sabía ni lo que había sido eso. Pero no le dio más importancia.
Comenzaron a tocar. Esta vez fue una de Scorpions, no demasiado movidita, llamada Send Me an Angel. La verdad, quedaba un poco sosa sin teclados. Kid paró de tocar. El resto del grupo se extrañó.
-¿Qué pasa ahora? -se quejó Soul.
-A esta canción le falta gracia. Lene, ¿podrías hacerme la segunda voz en el estribillo? Ah, y respecto a lo del teclista, ¿conseguiste contactar con alguien?
-Sí -contestó ella, reacia-, hablé con mi arma. Debería estar aquí dentro de poco.
Kid no había caído en la cuenta. Nunca había visto a su arma consigo. Ni siquiera sabía si era técnico o no. Siempre la veía sola. Ahora, sentía curiosidad por saber quién sería su compañera.
O compañero.
Un ligero chirrido procedente de la puerta atrajo todas las miradas. Una carita pálida por la que caían largos mechones rizados de color rojo tan vivo como el fuego apareció por el umbral. Lene puso una mala cara.
-Ya era hora, ¿no crees? -la regañó.
-Pe-Perdonad -contestó ella, con una voz muy aguda y la cabeza hundida en sus hombros.
Avanzó despacio hacia el teclado que allí habían montado, sin mirar a nadie a la cara. Se sentó cuidadosamente y posó sus finos dedos en las teclas.
-Bu-Bueno, ¿qué vamos a tocar? -preguntó tímidamente.
-¿Te sabes la de Send me an Angel de Scorpions?
-C-Creo que no -susurró ella, muy nerviosa-... Pero podría hacer un pequeño arreglo.
Lene suspiró. Odiaba esa actitud tan de "poquita cosa" que siempre mostraba. Era irritante. Pero bueno, era lo que Medusa le había podido proporcionar. Ahora, ella era una Técnico de Arco, y su arco era una chiquilla miedosa. "Parece que es lo único que Medusa es capaz de encontrar: niñas inútiles y débiles", se dijo, riéndose para sus adentros. La imagen de Crona le vino a la cabeza al instante.
-Por cierto, ¿cómo te llamas? -sonó la voz de Kid.
-Eso -corroboró Soul.
-Esto... yo, yo soy...
-Eileen -terminó Lene, exasperada-. Medre mía, ¿no eres capaz de decir tu nombre?
-Yo... lo siento -musitó, juntando los dedos índice de sus manos, entristecida.
-Haz lo que puedas, Eileen -le dijo Kid amablemente-. Es normal no saberse nada el primer día.
Ella se ruborizó ante la actitud bondadosa del Shinigami. Lene los miró a lo dos con mala cara. Vaya par.
La música volvió a sonar, ahora con mucho más espíritu. Lene se dejó llevar por esa sensación de euforia, a la vez que daba lo mejor de sí con el bajo y la voz.
Y, así, consiguió olvidar, al menos por unos minutos, todo lo que la noche anterior le había hecho recordar.
-CONTINUARÁ-
