Un zorro ártico se escabullía entre la espesura del bosque bañado por la clara luz de la luna. Serían la una de la madrugada. Allí, no se oía ni el ulular del viento. El animal miró hacia los lados, nervioso, y cerró los ojos. Un haz de luz púrpura lo rodeó, y la figura se agrandó hasta quedar convertido en una jovencita de cabellos blancos como la leche, surcados por una mecha azabache, y unos ojos brillantes de color violeta que contemplaban las primeras casas de Death City.
La chica avanzó un poco más, esquivando ramas y raíces, y salió del bosque. Echó un vistazo a la luna, que le sonreía de forma macabra. Suspiró. Se miró la palma de la mano, que continuaba blanca, sin rastro alguno de la pequeña pica que, normalmente una noche cada tres días, solía aparecer.
Caminó despacio, sin ganas de ir a ningún sitio. De repente, oyó a alguien que la llamaba unos metros más allá:
-¡Lene! ¡Espera!
Se giró con violencia, y vio cómo Soul y Kid se acercaban corriendo desenfrenadamente. ¿Qué hacían allí esos dos un viernes por la noche, tan entrada la noche?
Los dos chicos alcanzaron a Lene, y ésta los miró con un atisbo de tristeza en los ojos, que no había sido capaz de borrar desde las palabras de su arma: "¿Era tu estrategia enamorarte de él?"
-Estás aquí -suspiró Soul, que ahora lucía desaliñado y jadeaba-. Llevamos toda la noche buscándote. ¿Dónde narices te habías metido?
Lene no pudo evitar acercarse a Soul y darle un profundo abrazo. Él, al principio, no supo cómo reaccionar, pero le devolvió el abrazo un poco cortado.
Los dos se separaron, y en las pupilas de Lene se podía observar la gran inquietud que la corroía por dentro, además de un brillo vidrioso, como de desesperanza.
Menos mal que Kid sabía captar los pequeños detalles.
Se acercó a ella despacio, y Lene lo miró, un tanto extrañada. Cuando el shinigami levantó la mirada, una sonora bofetada cruzó la cara de la joven con un eco que hizo echar a volar a los cuervos que por allí moraban.
La chica se echó la mano a la mejilla enrojecida, mirando al Kid con cara de profundo desprecio e injusticia. Él mantenía la mirada firme. ¿Por qué había hecho eso?
Al instante, el chico la envolvió en sus brazos de golpe, sin previo aviso. Lene notaba cómo su pecho se convulsionaba en jadeos de llanto.
-No vuelvas a hacer esto -consiguió decir, con la cara hundida en su hombro-. Nunca más, ¿me oyes? Tonta, tonta, tonta...
Soul los contemplaba con una torva sonrisa. La escena era conmovedora. Carraspeó un poco, para llamar la atención de la pareja. Ambos se giraron a la vez.
-Creo que sería mejor volver. Es tarde. Pero -añadió, dirigiéndose a Lene- mejor te acompañamos a casa.
-No, da igual -intervino ella, rápidamente-, vuelvo yo sola; ya os habéis ocupado bastante.
Soul cayó en la cuenta de lo que había dicho de su abuela en su casa. En ese caso, ¿dónde viviría? No quiso preguntar, así que fue a lo fácil:
-Esta noche puedes venir a mi casa si lo prefieres. Hay una cama de sobra -Lene miró a Soul, que lo había comentado sin ganas y dándole la espalda-. Vamos.
Lene no pudo replicar, ya que Soul había comenzado a alejarse. Avanzó atropelladamente hacia él para alcanzarle, aún aturdida por todo lo que acababa de suceder en el bosque.
Miró un momento atrás, donde Kid se había quedado plantado. Otra vez sentía esa extraña sensación, que no había podido identificar en aquel ensayo, cuando vio tan unidos a Soul y Lene. Era muy molesto.
Pero cuando quiso darse cuenta, vio cómo Lene corría hacia él y le daba un cálido abrazo alrededor del cuello.
-Gracias -le susurró al oído, poniéndole todos y cada uno de sus pelos de punta.
Se quedó helado por el profundo sentimiento que habitaba en aquella simple palabra. Cuando consiguió reaccionar, le acarició con ternura la cabeza, estrechándola contra sí. tras un instante que pareció eterno, los dos se despegaron.
Después, se alejó de nuevo, en pos de Soul, agitando su claro pelo bajo la noche. Ese extraño sentimiento de hace un rato se había esfumado del todo. Ahora sólo sentía el leve enrojecimiento de sus mejillas.
La chica se giró por última vez para observar la espesura bañada por la oscuridad de la noche. A sus ojos volvió ese leve brillo de tristeza.
-Cuídamela bien -le gritó Kid a Soul, con una sonrisa cómplice en los labios.
-Descuida -se limitó a contestar, devolviéndole la seña.
Y allí se quedó Kid, en las afueras de la ciudad, a apenas unas horas del amanecer. Decidió que a él también le estarían echando de menos.
Dos figuras ocultas entre los árboles había contemplado los acontecimientos sin una palabra. Una de ellas rompió el silencio:
-¿Ves? Te lo dije. Te digo que va a ser incapaz de matarle -habló una Eileen casi irreconocible.
-Ya veo -dijo esta vez una Medusa socarrona-. Bueno, dejaremos que se desarrolle el espectáculo; ya veremos si hace falta despertar a la Pica a la hora de la verdad.
Soul y Lene llegaron a casa. Allí, les esperaba una Maka que no podía conciliar el sueño. En cuanto los vio entrar por la puerta, se arrojó a los brazos de su guadaña, que la recibió con una amplia sonrisa.
-Menos mal que estás bien -dijo-; estabais tardando demasiado, ¿no crees? -le replicó a Soul.
-Ya lo sé -se explicó-, es que esta de aquí se había tirado toda la tarde perdida en el bosque.
-Eh, que yo no me he perdido -intervino, picada.
-Bueno, ya lo hablaremos mañana; ahora, a descansar -concluyó Maka, con una sonrisa cansada pero aliviada a la vez.
Soul sacó el colchón y las sábanas para su amiga.
-Si necesitas cualquier cosa, Maka y yo estaremos en el otro cuarto.
El chico salió de la habitación, y Lene se vio sola. Dio un rodeo por la habitación antes de irse a dormir, para conciliar el sueño que la bofetada de Kid le había arrebatado. Aún estaba un poco perpleja por eso, pero no quiso darle importancia.
Buscó un cajón para meter sus ropas y ponerse el pijama que Maka le había proporcionado, y se sencontró con una pequeña cajita que se escondía entre cojines y demás. La sacó, y su espíritu cotilla se desveló por completo.
-Veamos qué tenemos aquí... -susurró, mientras abría la caja.
Lo que encontró la dejó sin aliento.
Eran fotos. Fotos antiguas. En ellas aparecían, en su mayoría, personas de cabello muy rubio, podría decirse que blanco. Pero una de ellas fue la que más le llamó la atención: en ella salían posando dos niños pequeños, un niño y una niña, que parecían ser hermanos. Él, con el pelo y la ropa desordenados; ella, con lo cabellos recogidos en dos coletas y luciendo un precioso vestido negro que realzaba el color de sus pupilas violáceas.
Lene abrió los ojos un poco más. ¿Acaso sería la familia de Soul? Y ese renacuajo... ¿sería él?
La primera idea que le vino a la cabeza fue la de reírse a carcajadas de él, de las pintas que tenía, pero luego se acordó: toda su familia había muerto en un accidente, si no recordaba mal. Entonces, ¿de cuándo serían estas fotos?
Ojeó el resto de fotos. En todas salía esa pequeña niña de mirada pícara y ese aspecto de muñeca de porcelana.
Entonces lo vio.
Lo recordó.
Esa...era ella.
Esa niña se llamaba Lorelei, Lorelei Evans. Era la hermana gemela de Soul Evans, y la hermana pequeña de Wes Evans. Era la hija de Nicole y Henry Evans...
¿Era?
Es, mejor dicho.
Un momento. Ella no era la hija de Nicole y Henry; su madre había sido la mujer que quiso enfrentarse al Señor de la Muerte, no esa señora prácticamente desconocida. ¿Pero, entonces...?
...Entonces, ¿qué significaban esos nombres que acababan de cruzarse por su mente?
-CONTINUARÁ-
