Y se hizo la noche.

Ya más descansada y repuesta, Lene le dio las gracias a Maka y a Soul por su ayuda y salió a dar una vuelta, para tomar un poco el aire y hacerse a la idea de lo que venía a continuación. En escasas horas debería matar a su primer amor... A aquella persona que fue capaz de ver en ella lo que nadie había visto nunca.

Alguien a quien amar.

Y eso era muy duro.

Sacudió la cabeza y continuó andando. Era inevitable. "Además", se dijo, "si lo mato yo no sufrirá tanto como en las manos de las brujas, ¿no?"

Se rió por no llorar. Estaba comenzando a delirar.

Su brazo continuaba vendado, pero ya no le dolía tanto. Maka había hecho un buen trabajo. Se rozó con miedo el hombro, y recordó todo lo que había pasado esa mañana. Ahora que lo pensaba, ¿cómo mataría a Kid sin un arma?

Entonces cayó en la cuenta de que, lo más probable sería que Eileen estuviera esperando junto con el resto de las brujas en el claro del bosque que le habían adjudicado para la operación.

Le pegó una patada a una piedra. Era un poco irónico; la historia de Kid y de ella era una especie de remix actual de Romeo y Julieta: él era un Shinigami, ella trabajaba para las brujas. Ambos enamorados y destinados a matarse el uno al otro. Eso, claro, en cuanto Kid se enterase de su condición... ni lo dudaría.

¿O si?

Se desesperó. A medida que le daba más vueltas, iba cayendo en un pozo más hondo.

Y dieron las once menos diez. Inconscientemente, se vio delante de la gran puerta de la mansión de Kid. Hizo de tripas corazón y llamó al timbre. Patty asomó por el umbral de la puerta, pero inmediatamente se vio sustituida por Liz de un fuerte empujón de cadera.

-Hola, Lene -saludó, con un brillo malicioso en la mirada. Ella le devolvió una mueca extrañada-. ¿Vienes a recoger a Kid?

-Sí -respondió ella, despacio, prudentemente-. ¿Está listo ya?

-¡Ja, ja, ja! ¡Lleva estando listo desde la siete de la tar...!

Liz se vio interrumpida por la mano de Kid, que le hundía la cabeza sin compasión ante el imprudente comentario. Patty se reía, como siempre. El chico parecía bastante avergonzado; tenía la cara completamente roja.

-¿Nos vamos? -intervino.

-Vale -se limitó a responder Lene.

Ambos salieron de la mansión y echaron a caminar por la calle, en dirección a ninguna parte. Lene caminaba sin pensar en la dirección de sus pasos, y Kid se limitaba a seguirla; la chica miraba hacia abajo, con expresión mustia, pero el pelo tapaba su rostro, lienzo de toda la tristeza que ahora albergaba su corazón.

Los dos iban en silencio. Kid aún recordaba la escena de aquella mañana, y seguía cuestionándose el por qué de su repentina "huida". La verdad, no comprendía que por una canción pudiera ponerse así. "Y yo que pensaba que tenía el corazón podrido", se dijo el shinigami, pero inmediatamente negó en su cabeza aquella afirmación. Hace algún tiempo, podría haber pensado eso en realidad, podría habérselo dicho a la cara, y se lo habrían tomado ambos a broma, entre pullas y contraataques. Pero ahora... simplemente, notaba cómo su amiga había cambiado drásticamente su carácter desgarbado y rebelde por simple y amargo silencio.

Un silencio bastante incómodo.

Kid quiso entablar conversación.

-¿Adónde querías llevarme?

Lene lo recordó de pronto. Le indicó el bosque, y el shinigami se extrañó.

-¿Al bosque?

-Hazme caso -le dijo, intentando parecer alegre.

Kid no objetó, y continuó andando. Sin embargo, había notado una nota agria en sus palabras. Estaba empezando a preocuparse de verdad. Que quizá había sido un mal día, y que de hecho era lo más probable, pero, ¿y si no era así? ¿Y si le pasaba algo grave? Y, lo que peor le hacía sentir, ¿por qué no se lo contaba? ¿Acaso no confiaba en él?

¿Después de todo lo que habían vivido, el grupo, las risas, los piques...?

Decidió no precipitarse en sus conclusiones. Siguieron avanzando entre la maleza, bañados por los pocos rayos de luna que se filtraban por las copas de los árboles. Lene iba en cabeza, dándole la espalda a Kid, y éste no hacía más que intrigarse. No había sonreído ni una sola vez en toda la noche.

Llegaron de repente a aquel claro que se abría en pleno corazón del bosque. Lene se sentó sobre la fresca hierba, apoyando la espalda en un tronco, y Kid se sentó junto a ella, sin dejar de mirarla. Había vuelto a bajar la mirada, pesarosa. el chico se estaba comenzando a temer algo gordo. Esa no era su Lene, aquella que vivía para hacer su vida un poco más... entretenida, por decirlo de alguna manera.

Kid se sobresaltó cuando la escuchó decir algo, aparentemente alegre:

-Mira qué bien se ve la luna llena desde aquí.

Kid se giró hacia la hermosa luna. Era verdad. Brillante y preciosa, volcaba todo su brillo en las pupilas violáceas de Lene, ahora marchitas y comidas por el desaliento.

Kid sintió que algo se había roto dentro de su pecho. Por no quedarse callado, añadió:

-Sí, es muy bonita pero, si el cielo estuviese más oscuro, podríamos ver mejor las estrellas. sin embargo -continuó, esbozando una sonrisa-, aunque no las veamos bien, aunque hay algo que las esconde, sabemos que están ahí, brillando con toda su fuerza, esperando a que algo o alguien sepa admirarlas. ¿No crees?

La respuesta no fue la que Kid se esperaba. Tras unos momentos, vio cómo el cuerpo de Lene se arqueaba en los gemidos de un llanto silencioso que él no había advertido antes. La contempló, sin terminar de creérselo. ¿Lene estaba... llorando? ¿En serio?

Definitivamente, era algo grave.

-¡Lene! -se acercó rápido a ella.- ¿Qué ocurre?

No era capaz de articular palabra. su corazón le pedía desde hacía mucho tiempo aquello. Kid la contempló un instante, sin saber qué hacer.

-¿Qué te ocurre, Lene? Puedes contármelo, yo...

-Cállate -vociferó-, tú no entiendes nada.

-Claro, si me lo explicases.

Kid se dio cuenta entonces de la falta de tacto de sus palabras. Intentó enmendar su error con algo más de delicadeza.

-Sólo quiero ayudarte. ¿Acaso no confías en mí?

-¡Es que no puedes hacer nada!

Lene no paraba de llorar, ahora desconsoladamente. Kid no supo lo que hacer, pero, tras un instante y sin pensárselo, alojó a Lene entre sus brazos fuertemente, manteniendo la cabeza de la chica contra su pecho. Ella, tomada por sorpresa, no supo cómo reaccionar al principio, pero luego decidió abandonarse a su necesidad de dejar sangrar su corazón agonizante.

Mientras ella consumía su llanto en brazos de Kid, él le acariciaba el pelo en silencio, esperando a que se relajara un poco.

Cuando Lene suspiró, algo más calmada, hizo además de levantarse, pero entonces se dio cuenta de que lo único que deseaba en ese momento era permanecer así para siempre y dejar de lado todo lo demás, sin importar las consecuencias.

Disfrutar de la libertad... ¿Sería eso? ¿Sería estar con quien quieres en el momento que quieres y en las circunstancias que quieres?

Quizá, pero, en ese caso, la libertad distaba mucho de ser lo que ella estaba experimentando.

Y aun así, lo disfrutaba.

Pero entonces, se acordó de todo, absolutamente todo. Y la angustia regresó a su ser. Kid lo notó, y la abrazó con algo más de fuerza.

-Kid... -susurró-, ¿qué soy para ti?

-No lo podrías imaginar -contestó él tras un rato.

Lene se sintió desfallecer. Aquella respuesta era su salvación y su perdición a la vez. ¿No habría sido mejor guardarse las sospechas, y los remordimientos con ellas?

Pero no se quedó callada. En fin, mejor soltarlo todo ya.

-¿Y por qué? ¿Por qué tenía que ser yo de quien te enamoraras? ¡No tienes ni idea, Kid, de lo que me estás haciendo! -gritó, sintiéndose estúpida. Después bajó la cabeza y susurró amargamente- No tienes ni idea de nada.

Kid se había quedado sin palabras. Dejó que la chica se deshiciera de su abrazo, y se girara para mirarle a los ojos. Los tenía llorosos, y el brillo que solía acompañarlos se había esfumado.

-Eres mi perdición, niñato.

-Y, sin embargo, no te alejas de mí -inquirió Kid, muy serio-. ¿Por qué?

-¡Porque te quiero demasiado! -chilló al viento Lene, con lágrimas de rabia en el rostro.

Kid guardó silencio, pensando en las palabras de la chica. Ella se sentó a su lado, hundiendo su rostro en las rodillas.

-Este no era el plan... el plan no era sufrir esto... -concluyó la chica, con la voz rota.

Se volvió a hacer el silencio. Tras aquella extraña declaración, ninguno de los dos quiso hacer ningún comentario.

Pero Kid se decidió a romper el silencio acercándose a Lene y alzándole el rostro por la barbilla.

-Tus lágrimas son preciosas, ¿lo sabías?

Ella bajó la mirada. Aquello era una deliciosa tortura para Lene. Sabía que iba a acabar todo mal, que se iba a dejar llevar, pero ya no le importó.

Kid estaba con ella.

-¿Por qué le temes al amor? Si no lo entiendes, te lo explico. Si te hace daño, yo te protejo. Si es algo desconocido, yo te lo muestro. Pero, por favor, déjame amarte... Es lo que más deseo.

-No -susurró Lene, hipnotizada por la voz del shinigami-. No... puedo hacer eso... Si lo hago, yo... Ellas... podrían...

-Oh, olvídate del resto de las personas -le susurró al oído, haciéndola estremecer-. El amor sólo depende de dos. "Ellas" no pueden decidir de quién te enamoras. Sólo hazle caso al corazón. Siente. Y disfruta con lo que sientas, Lene. Hazme caso.

-¡No es eso!... Nosotros... Tú... -la voz se le quebró. Kid la miró de nuevo a los ojos. Brillaban como auténticas amatistas.

-No entiendo nada, ya. ¿Y qué? Yo sé lo que siento. No me importa nada más.

Se acercó lentamente a los labios de Lene, mirándolos, hipnotizado por los sentimientos que lo desbordaban. Por su parte, Lene cerró los ojos, víctima de las dulces palabras de Kid.

Pero, cuando el chico estuvo a punto de rozar los cálidos labios de ella, algo lo sobresaltó. Miró a Lene. se había echado una mano al pecho, con los ojos abiertos de par en par. Había comenzado a temblar. ¿Qué estaba pasando? De repente, un fuerte dolor le había atacado el pecho.

Lene se agachó sobre ella misma, con una mano en la boca, reprimiendo un grito. Era ella.

La Pica.

Miró la hora en su reloj. Medianoche. Justo.

Lo tenían todo planeado.

-Huye -le susurró Lene a Kid, justo antes de que la Pica sumiera su alma en la más profunda oscuridad.

-CONTINUARÁ-