Bienvenida a la Familia
"Bebes" esa palabra retumbaba en su cabeza una y otra vez haciéndolo sonreír como un bobo sin que lo pudiera evitar. Hermione, su Hermione no esperaba uno si no tres hijos. Era la primera vez en todas las dinastías Malfoy que ocurría algo como eso, haciéndolo sentir realmente especial por primera vez en su vida.
Sentía una dicha invadiéndolo por dentro, era increíble como los muggles con sus cachivaches raros habían ideado la manera de mostrar a los futuros padres a sus vástagos a un antes de nacer, el sonido de sus corazones latiendo fuerte y vigorosos como todos unos Malfoy aun retumbaba en su oído. Verlos moverse dentro de ella totalmente formados le había dado un sentido de propiedad que jamás había experimentado, ni siquiera con el embarazo de Draco.
La doctora le había explicado que el tratamiento de superovulación al que había estado sujeta la chica con dosis elevadas de hormonas, era para que ésta generara más de un folículo en sus ovarios para aumentar la posibilidad de tener más embriones y de este modo incrementar la probabilidad de un embarazo debido a la oligospermia de Draco, aunque esto aumentaba también significativamente la probabilidad de una gestación múltiple.
Por lo mismo, el embarazo de Hermione tenía cierto grado de riesgo, por lo que se le sugirió a la futura madre bajar un poco su ritmo de vida ya que el estrés podría ser perjudicial los primeros meses, elevando el riesgo de una perdida. Así que sin derecho a réplica Lucius ordeno que la chica suspender sus labores en el corporativo para dedicarse al cuidado de la nueva prole que venía en camino. Draco estuvo feliz con la noticia de la venida de trillizos y por supuesto estuvo totalmente de acuerdo con la decisión de su padre y sin importar los argumentos que la castaña le soltara no se dejó convencer por lo que a Hermione no le quedó más remedio que acatar las "ordenes" de los dos rubios.
Para sentirse más tranquilo y a sugerencia de sus padres, Draco decidió trasladarse a vivir durante el embarazo a la Mansión familiar para que Hermione no permaneciera sola mientras él se encontraba trabajando, sin embargo a diferencia de la vez anterior, el ambiente de la mansión fue mucho menos tenso.
El Sanador Sanderson le había dado a Narcissa mayor libertad de movimiento aunque con restricciones ya que aún le costaba realizar ciertas actividades y se cansaba con facilidad, pero aun con esto la había llevado a una de las bodegas donde se guardaban las cosas "valiosas" de la familia. Hermione quedo prendada de la hermosa e impresionante cuna labrada en roble que había sido el receptáculo del heredero de la familia durante generaciones, aunque ahora siendo tres, tendrían que añadirse dos más, y quien sabe, tal vez a partir de ellos una nueva tradición empezaría. Una serie de baúles perfectamente acomodados contenían las ropas y enseres que algunos Malfoy utilizaron durante su infancia. Con un movimiento de varita Narcissa selecciono uno en especial acomodándolo en una pequeña mesa invitando a su nuera a abrirlo y tomar lo que considerara de utilidad para sus pequeños.
La castaña fue sacando conmovida una a una las pequeñas ropas que alguna vez cubrieran el delicado cuerpecito de su esposo. La rubia incitaba a la chica a utilizar los finos ropones bordados con hilo de oro y plata, pero a Hermione esas prendas se le hacía demasiado ostentosas para un bebe. Un pequeño cofre llamo su atención, estaba lleno de fotografías de Draco, la chica sonrió enternecida al contemplar una donde el rubio con apenas seis meses, vestido de blanco y plata y su cabeza apenas cubierta con una pelusa platinada, sonreía a lo que parecía ser los gestos de alguien y luego perdía el equilibrio cayendo hacia atrás soltando el llanto. Hermione se enterneció sobremanera, podía imaginar a tres pequeños Draco con esa hermosa sonrisa alegrando su vida.
Nunca en su vida Hermione se había sentido tan mimada, pues no había antojo que su esposo o su suegro no le concedieran por más raro, caro o imposible de conseguir que fuera. Aun con lo apretado de su agenda y los múltiples compromisos que el consorcio tenia, Draco se daba el tiempo para acompañarla a hacer las compras y escoger con ella lo que sus futuros hijos necesitarían, por más cansado que llegara siempre la consentía masajeando su espalda o la hinchazón de sus pies, para luego ambos darse un relajante baño de tina y untarle su crema anti estrías en todo su abdomen antes de dormir. Muchas veces estuvo despierto junto a ella tratando de mitigar el dolor que le causaba algún calambre y la hacía sentir la mujer más hermosa y sexi del mundo cuando ella se entristecía por sentirse gorda.
Lo que más le sorprendió al matrimonio fue la reacción de Lucius ante el embarazo de la castaña, aunque era bien sabido que durante mucho tiempo los estuvo presionando para darle un heredero a los Malfoy, aun cuando esto mancillara la pureza de la sangre de su estirpe, jamás esperaron que se comportara de esa manera. Había llegado un día cargado de regalos para los bebes sorprendiendo a todos. Tal vez eso Hermione podría haberlo pasado por alto, dado que al fin de cuentas se trataban de sus nietos, pero lo que la dejo perpleja fue el cambio radical del trato hacia ella.
Diario se preocupaba por su salud preguntándole todos los días por su estado, amonestaba regularmente a Draco por su falta de interés en cerciorarse personalmente de que tomara todos sus suplementos y verificara su presión arterial, al grado que decidió hacerlo él mismo, así como las pociones que le ayudaban con las náuseas, los vómitos y la constante acidez. Había estado quejándose durante días por la falta de aire acondicionado, por lo que su suegro hizo que les fuera acondicionada una de las habitaciones recién remodelada con mayor ventilación por los constantes bochornos que la agobiaban.
Narcissa estaba gratamente desconcertada ya que ni en el embarazo de Draco su marido se había involucrado de aquella manera. Ella en su momento no lo considero mal, estaban educados de una forma donde los hombres no se incluían en "cosas de mujeres". Sin embargo, los tiempos cambiaban y era extraordinario ver el interés que mostraba en los niños, interés que había levantado las barreras de rencores entre padre e hijo por muchos años mantenidas Agradecida enormemente a la vida por el embarazo de Hermione ya que debido a este Draco y Lucius se habían vuelto a unir creándose entre ambos una peculiar complicidad, por lo que si debido a los negocio a Draco se le dificultaba estar pendiente de su esposa, se apoyaba en su padre para hacerlo. Sobre todo en lo referente a las consultas médicas, ya que Lucius era el encargado de acompañar a la castaña cuando Draco no podía.
Al principio para Hermione esa situación era extraña e incómoda pero con el pasar de los días se dio cuenta que Lucius más que por obligación o deber lo hacía por que verdaderamente lo disfrutaba. Cuando su fecha de revisión se acercaba su suegro parecía el más ansioso, por no decir emocionado. Esto podría pasar desapercibido por su esposo o su suegra debido a su careta de impasibilidad, después de todo era un digno Slytherin, pero Hermione siendo tan observadora, había descubierto un atisbo de orgullo cada que se tocaba cualquier tema relacionado con los nonatos, así como el brillo que iluminaba sus ojos cuando el aparato de ultrasonido le mostraba a sus bebes, lo maravillado de su expresión y la capa acuosa que se negaba a liberar en forma de lagrima por la emoción. Su voz parecía vacilar cada que el examen terminaba y luego de aclararse la garganta un par de veces, procedía a acribillar con preguntas a su doctora, primero de forma desinteresada pero conforme la galena le explicaba el desarrollo de su gestación bajaba la guardia olvidándose de aparentar convirtiéndose en un ser sorprendentemente sensible.
Conforme lo iba conociendo Hermione descubrió que su suegro no solo era el mortifago desalmado obsesionado con la pureza de la sangre, sino un hombre que había sido educado rigurosamente con principios casi medievales donde estaba obligado a sobresalir del resto y a mantener un estatus, sin importar lo que tuviera que hacer o dañar para lograrlo, pero sobretodo, le habían tatuado casi con sangre la supremacía de los magos sobre los muggles, por lo que difícilmente podría dejar de lado eso. Pero al ver aquel orgulloso y frio mago sangre pura derretirse ante el sonido de los latidos de tres pequeños corazones, o la sonrisa que olvido disimular cuando los vio chupando su pulgar o rascándose una nalguita, definitivamente era algo invaluable ya que podía presumir que ella era de las pocas personas que lo habían visto sonreír de aquella manera.
-Todo parece estar en orden- dijo la doctora una vez concluida las mediciones de cada uno de los bebe- y díganme, ¿desean conocer el sexo de los bebes?
-¿Eso se puede saber antes de que nazcan?- dijo un sorprendido Lucius con un atisbo de emoción impregnado en sus palabras
-Me encantaría- respondió una castaña viendo embelesada a sus trillizos
-Bien, veamos- dijo la galena moviendo el cabezal tratando de ubicarlo para poder confirmarles el sexo de los nonatos- aquí tenemos a un hermoso niño- dijo señalando al que parecía el más grande.- este otro… también es un hermoso niño y este…-señalo la doctora al último tratando de identificarlo ya que sus movimientos no se lo estaban permitiendo- Es una niña- dijo sonriéndole a la pareja. Lucius abrió los ojos impresionado, jamás en todas las dinastías se había dado una mujer.
-Es maravilloso- musito la castaña bañada en lágrimas por la emoción mientras su suegro sonreía abiertamente completamente orgulloso y conmovido.
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-Quiero agradecerle suegro por apoyarnos a Draco y a mí en todo este proceso- dijo la chica sentada en aquella cafetería mientras saboreaba su delicioso helado de vainilla, nuez, uva y tamarindo que tanto se le antojaba.
-No hay nada que agradecer muchacha, es mi deber.
-Draco y yo hemos estado hablando sobre los nombres que les pondremos a los bebes. Según la tradición Black debe llevar nombres de constelaciones y según la tradición Malfoy debe llevar el nombre del padre- El rubio carraspeo incomodo al oír aquello-¡Aug!- se quejó la castaña como toda respuesta llevándose las manos a su abultado vientre.
-¡¿Qué ocurre?! -dijo el rubio poniéndose de pie inmediatamente, listo para salir corriendo hacia la clínica que tenían enfrente, temeroso de que algo les pudiera pasar
-Nada suegro, no se altere- dijo feliz la castaña sin poder contener la enorme sonrisa que iluminaba su cara- se mueven- contesto emocionada
-¿Se mueven? ¿Quiénes?- dijo el rubio confundido
-Los bebes, se están moviendo. Mire- la chica tomo la mano del rubio posándola sobre su abdomen. Lucius pudo percibir como ligeros golpes provenientes del interior de la chica rebotaban sobre la palma de su mano. El poder sentir como la vida dentro de ella se manifestaba lleno su corazón de una calidez jamás experimentada, una sensación tan maravillosa que había llegado a transformar su vida por completo, algo que solo podía compararse con la magia. ¿Acaso eso era amor? no lo podría afirmar ya que por muchos años aquel sentimiento había escapado por completo de su corazón, a tal grado que llego a pensar que tal cosa era inexistente y una completa estupidez. Sobre todo porque siempre se le dijo que las cursilerías sentimentalistas solo eran para los débiles, sin embargo ahora con el calor de la piel de esa chica que le había cambiado la vida y el movimiento de aquellos pequeños seres que le auguraban un prometedor futuro a su apellido, sintió su pecho desbordante de aquel extraño sentimiento.
No la merecía, estaba consciente de eso. En el transcurso de su vida había hecho mucho daño a un sinfín de personas saliendo muchas veces impune. Cuando su hijo llego con la novedad de que estaba enamorado de aquella hija de muggles y que estaba decidido a casarse con ella, pensó que era parte del karma que le estaba pasando factura por todos los males que causara. Ahora sabía que la vida tenía un castigo peor para él, porque le había hecho conocer el amor a manos de la única mujer que jamás podría tener. Tendría que soportar eternamente que fuera de otro, sobretodo porque ese otro era su hijo, tendría que soportar verla reír y ser feliz sabiendo que él nunca sería el creador de su alegría y tendría que conformarse con ver crecer a esos niños productos de su más grande amor y su más grande pasión a distancia, mientras llamaban padre a otro.
Pero no se arrepentía, porque gracias a Hermione Granger, él había descubierto y entendido muchas cosas, que podía amar, que podía preocuparse por alguien que no fuera él mismo, que había sido un pésimo padre para Draco y que ahora tenía otra oportunidad para hacer las cosas bien. Por todo eso y más, se llevaría ese secreto a la tumba, se mordería la lengua y soportaría el dolor de renunciar al amor de su vida por el bien de su primogénito.
-Lucius, uno de los bebes se llamara Lucius y otro Draco ¿Suegro?- le pregunto la castaña ante su prolongado silencio creyendo que no la había escuchado. Una lagrima traicionera escapo de sus platinados ojo resbalando por su mejilla hasta desprenderse de su afilada barbilla y aterrizando en el redondo vientre -¿Está llorando? – Inquirió sin poderlo creer.
-Eso parece- sonrió descompuesto, dándose cuenta ahora de que también podía llorar
-Tal vez sea por la emoción- sugirió la chica traduciendo lo que él probablemente se negaría a admitir.
-Sí, debe ser- concedió para el asombro de Hermione- Tal vez es un poco a destiempo para decirte esto pero Bienvenida a la Familia Malfoy, - sentencio el rubio sin apartar la mano, sintiéndose unido más que nunca con esa mujer que le estaba dando el mejor regalo que podría desear.
