El grito de guerra de Black*Star resonó por todo el bosque, mientras se acercaba a toda velocidad a su contrincante. Tsubaki se había transformó en la espada mística, y el resultado de aquella batalla parecía muy claro. Pero Eileen no se dejaría vencer tan rápidamente.

De un Water Cyclone, despejó el terreno de aquellas flechas que antes habían supuesto su perdición, y trató de retener un instante a Black*Star, intentando pensar en una estrategia. No podía perder ni un sólo segundo en valde; él había sido el que había despojado a Mifune de su alma, no podía ser un chico cualquiera.

Transformó su brazo en arco justo a tiempo para parar el ataque de Black*Star. Éste dio un paso atrás, guardando el equilibrio y barajando las opciones. ¿Qué clase de ataque podría utilizar contra ella? Su defensa acuosa podría retener todos ellos.

Bueno, no había que tirar la toalla.

Esbozó una media sonrisa, pero sus rápidas y atropelladas cavilaciones se vieron interrumpidas por Eileen.

-Vaya, vaya, vaya... ¿Black*Star? Nunca había pensado que pudiésemos llegar a esta situación...

Él volvió a cargar contra ella, ignorando sus palabras. El arco se volvió a interponer entre los dos.

-Déjate de palabrería, Eileen -terció Black sin piedad-. Estamos en batalla.

-Oh, sí -rio-, ya lo creo; y el resultado está cantado.

La bruja se alejó del asesino de un empujón y dio unos pasos atrás. Ahora, los dos se miraban, analizando sus posiciones y su próximo ataque. Ambos sabían que de aquella lucha sólo quedaría uno.

-¿De verdad crees que tienes alguna posibilidad? -continuó Eileen.- Vamos, mírate y mírame: soy una bruja, y además soy capaz de transformarme en arco; tú eres un simple técnico. Seamos serios, hombre. No puedes hacer nada.

Black*Star soltó una carcajada seca.

-Tú no tienes ni idea de quién soy yo.

Y atacó de nuevo. Eileen cargó su arco y comenzó a disparar, pero el chico se dedicaba a correr en zig-zag, esquivándolas. Ante esa nueva estrategia, formó entre sus manos una bola de agua, dispuesta a lanzársela a los pies y entorpecer sus pasos. Pero, para su sorpresa, comprobó que apenas podía seguir su movimiento. ¿Dónde estaba? En un instante, había dejado de sentir su presencia.

Una sombra surgió a las espaldas de la chica, pero no le dio tiempo a reaccionar. Un fuerte golpe con la empuñadura de la espada fue a caer entre sus omóplatos, derrumbándola. Rápidamente, Black se arrojó sobre ella, dispuesto a acabar con su vida, cuando un ligero susurro proveniente de Eileen lo hizo frenar en seco.

-Water shield: frozen river.

Alrededor del cuerpo encogido de la bruja se formó una cúpula acuosa en la que se clavó de lleno la espada. Black*Star trató de desasirse del escudo, pero la espada parecía haber quedado apresada por el agua. No lo comprendía: ¿sería agua nomal? Continuó tirando, pero nada.

Entonces llegó lo peor. El agua se fue convirtiendo poco a poco en hielo. Cuando éste alcanzó la espada, un chillido proveniente de ella alcanzó los oídos del chico.

-¡Tsubaki! -se alarmó.

Pero no pudo hacer nada.


Lene tenía sangre entre las uñas. La cara de Kid presentaba cantidad de arañazos y moratones, y sus ropas habían sido desgarradas y estaban manchadas de sangre. Continuaba apresado por Medusa, erguido ligeramente sobre el suelo, y la bruja continuaba impacientándose.

-¿¡Pero por qué no le matas!?

Lene sonrió, y descargó un rodillazo sobre el estómago de Kid. El chico se revolvió, incapaz de doblarse sobre sí mismo, y escupió un poco de sangre. Mientras tanto, la verdadera Lene, hincada de rodillas en la habitación oscura de su subconsciente, reprimía su angustia echándose las manos a la boca.

-¿Qué, qué te parece? -le dijo la Lene poseída por la Pica a Kid, al que ahora le costaba algo respirar.- Tu amiguita tiene que estar pasándoselo bomba con tu lenta muerte, ¡ja, ja, ja!

"¿Amiguita?", se preguntó el chico. Entonces, varias cosas comenzaron a encajar en su cabeza.

-Lo sabía -musitó. Llevaba sabiéndolo desde el principio, pese a que sólo fuera una sospecha.

-¿Eh? ¿Ya lo sabías? Pues ahora te está viendo. Dale un buen espectáculo -se rio.

Pero Kid tenía otros planes.

-¡Lene! ¡Escúchame! ¡Sé que estás ahí! ¡Reacciona, por favor! ¡Lene!

Otra patada le hizo callar. Entre jadeos, lo volvió a intentar, pero era en vano.

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-¿Qué dice? ¡¿Qué está diciendo?! -rogaba saber Lene.

Tan sólo podía ver una ligera silueta de lo que estaba pasando. El silencio era lo único que acompañaba esas imágenes borrosas.

La serpiente se seguía regodeando delante de ella, dsifrutando del dolor de sus dos presas.

-Cada uno en su jaula, intentando alcanzarse el uno al otro... Qué tierno.

Lene apretó los puños con rabia. Así que estaba tratando de dar con ella, ¿eh? Pues no sería el único que lo intentara.

-¡Kid! ¡Estoy aquí, óyeme! ¡Kid! -chillo, con la voz desgarrada por las lágrimas y dando golpes en el suelo.

Pero el silencio siguió siendo la única respuesta que obtuvo.

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-¡Que no sirve, atontao! -le volvió a repetir la Lene "oscura" al shinigami.- Vuestras insignificantes almas están ahora mismo a mucha distancia. No podría ni sentirla ligeramente.

Kid no conseguía volver a alzar el rostro. Estaba desalentado. Era verdad, su alma era débil. Aún no era un Shinigami completo. Y ella tampoco era una bruja completa, además. ¿Cómo conseguiría prolongar su onda de alma sin sus armas?

Algo lo hizo alzar el rostro. Un tiro había sonado extremadamente cerca de ellos. De repente, observó cómo Lene se llevaba la mano al pecho lentamente, tocando algo húmedo y caliente que le había impregnado la ropa.

Sangre.

Kid giró la cabeza, y la esperanza se vio reflejada en su rostro. Patti sostenía a su hermana entre sus manos, y habían sido las responables de ese ataque sorpresa.

-¡Chicas! -pudo decir Kid.

-¡Cógela! -exclamó Patti, lanzándole la pistola y convirtiéndose ella en otra.

Kid consiguió agarrar a Liz con un par de dedos de la mano derecha, y a Patti con la boca, a duras penas. Aunque, rápidamente, se colocó a cada una en cada mano, y comenzó a disparar como pudo a los Vector arrows que lo apresaban.

Consiguió liberarse, y cayó al suelo. Sintió las piernas fallarle, pero se mantuvo en pie. Las heridas le escocían, pero lo ignoró. Ahora, debía enfrentarse a Lene y Medusa.

Hizo emerger su monopatín, y se subió a él con convicción.

"Te sacaré de ahí, Lene. Lo prometo."


La espada mística se había roto en dos.

Automáticamente, Tsubaki volvió a retomar su forma humana, y calló al suelo inconsciente, con una grave herida en el abdomen. Sin dudarlo un segundo, su maestro de armas acudió en su ayuda. Con ingrata sorpresa, descubrió que la herida estaba rodeada por una gruesa capa de escarcha, y Tsubaki estaba perdiendo temperatura por momentos.

-No, Tsubaki, resiste... -susurró, mientras se desataba las vendas de los brazos y las enrollaba alrededor de la herida de su compañera.

-Déjalo -intervino Eileen, que contemplaba la escena a un lado-, es inútil. El hielo penetrará en su cuerpo y morirá por la congelación de su sangre.

Black*Star apretó los dientes y sumió su rosro en sombras.

-Mira, no sé lo que está pasando -dijo, conteniendo su rabia-, no sé lo que tiene que ver Lene con esto, no sé por qué ahora estás contra el Shibusen... -se levantó, con Tsubaki inconsciente en brazos- ¡Pero no te voy a permitir que le hagas esto a mis amigos!

Se cargó a Tsubaki a la espalda y rápidamente la llevó donde Soul se reponía de la batalla junto con Maka, y le pidió que vigilara sus heridas. Sin una palabra, comenzó a correr en la dirección de Eileen. Fuera estrategias. Fuera todo. Simplemente, se la iba a cargar.

Eileen formó otro Water Shield a su alrededor, pero Black*Star no utilizó ninguno de sus ataques físicos.

-¡Ataque de la Ola de la Estrella Negra! -voceó, agarrándose el brazo derecho con la mano izquierda, y dando un fuerte golpe con la mano derecha a la cúpula de agua congelada.

Su onda de alma hizo temblar toda la estructura. La confiada Eileen mostraba ahora una mueca de desazón.

-¡Kyaa! -Black*Star volvió a arremeter contra la defensa de la bruja varias veces, sin perder fuerza, descargando la ira que guiaba sus movimientos y vengando el dolor que le había causado a sus amigos.

Hasta que el escudo cedió.

Todos los cristales de hielo se derramaron por el suelo. Black*Star no perdió un segundo. Volvió a cargar su brazo con sus ondas de alma, pero Eileen fue más rápida. Le disparó una flecha rodeada de hielo directamente al corazón, pero nunca llegó a su destino. Black*Star la cogió en el aire, y su onda de alma se encargó de hacerla añicos. Ahora, ya nada podía pararle.

Eileen no tenía nada que hacer. Por mucho que le lanzara todo tipo de ataques acuosos, su onda de alma lo rodeaba, reduciéndolos a vapor. El asesino la estaba alcanzando poco a poco, con pasos lentos, y su mirada de odio lo decía todo.

Estiró su brazo, agarró a Eileen por la cabeza y la levantó del suelo. Ella, a diferencia de lo que se podría esperar, lo miraba divertida, sin sospechar siquiera lo que le iba a pasar.

-Ha sido entretenido mientras duró -fueron las últimas palabras que le dirigió.

La onda de alma que rodeaba a Black invadió el cuerpo de Eileen.

Fue como una descarga eléctrica. El cuerpo de la bruja se convulsionó, doblándose de manera inhumana, los chillidos agonizantes de dolor hacían temblar las hojas de los árboles cercanos. Pero Black*Star permanecía allí, sosteniendo a la bruja como a una muñeca vieja y viendo cómo poco a poco su onda de alma consumía su vida.

Pero Black*Star le quiso dar el toque de gracia. Agarró la cabeza de Eileen con las dos manos y la puso a la altura de la suya, observando cómo sus ojos se iban poniéndo en blanco, y le arreó un cabezazo en la frente. Varias gotas de sangre salieron despegadas del tremendo choque, y Eileen soltó un último alarido.

El cuerpo de la bruja se convirtió en polvo, dejando al descubierto su alma. Un alma anaranjada, con dos aletas y una cola que resalían de la superficie lisa. Black*Star miró de reojo a Tsubaki, que yacía al lado de Soul, aún inconsciente. Se acercó, con el alma flotando sobre su mano, y se arodilló al lado de Tsubaki. Notó su respiración entrecortada, y se apresuró a depositar el alma sobre su pecho.

A Tsubaki la rodeó un halo brillante de un tono azulado. Black*Star se apartó un poco, y Maka observó los hechos sin una palabra.

El filo demoníaco abrió los ojos lentamente, con la falta de fuerza brillando en ellos.

Pero estaba viva.

El hielo se fue deshaciendo poco a poco bajo las vendas, empapándolas, y más tarde fue la sangre la que comenzó a manchar los paños.

Eso significaba que el hechizo se había desvanecido. El alma de la misma bruja había deshecho los efectos de sus propios ataques.

-Tsubaki... -susurró Black*Star, y la envolvió entre sus brazos. Ella, con las pocas energías de las que disponía, lo estrechó también.

Quizá ninguno de los dos había llegado a la siguiente conclusión, pero el alma de Eileen, en conjunto con el "alma fuerte" de Mifune, había reunido las condiciones necesarias para alcanzar el objetivo de toda arma del Shibusen.

Una nueva Death Scythe acababa de nacer.

O de esquivar la muerte, mejor dicho.

-CONTINUARÁ-