Medusa se estaba empezando a divertir con aquel espectáculo, a la vez que veía avanzar su experimento. La excusa de asesinar al hijo de Shinigami había sido perfecta para poner a prueba el poder de su serpiente más poderosa, aquella con la sed de sangre más fuerte, que no dudaría en matar al primero que se le pusiera por delante por estar un paso más cerca de la libertad completa.
Aunque, en cierto modo, ya era libre; sólo tenía que deshacerse de la pequeña y débil alma que estorbaba en el subconsciente del cuerpo que ahora poseía.
Un cuerpo que, por cierto, era bastante ágil, pero no duraría mucho frente al fuerte contraataque de Kid.
Volvieron a tierra firme. La larga y salvaje melena suelta de Lene estorbaba a la vista de la Pica. No lo dudó un instante. Agarró de mala manera la mata de pelo negro y, de tres afilados zarpazos, rebajó su longitud hasta que quedó apenas a la altura de los hombros. Luego dejó caer los largos mechones al suelo.
-Así mejor -dijo, con una leve sonrisa.
Kid se puso en guardia. Había intentado dispararle en el pecho, pero era demasiado rápida, escurridiza como un zorro. Además, en el fondo, no quería hacerle daño. Aunque aquella persona que hablaba ya no era su amada, era su boca la que decía las palabras. No quería ver sufrir a esa persona que había compartido sus sentimientos con él. Era algo complicado, que ni él era capaz de comprender del todo. Intentaba esforzarse, acertar, pero su yo interno no le permitía hacerle un solo rasguño.
Claro que, no por eso se iba a dejar vencer.
Otra bala salió disparada, en dirección a su cabeza. Lene la esquivó con un leve movimiento de cuello, y una siniestra sonrisa en el rostro.
-¿No te rindes? -Intervino. Kid frunció el ceño.
-No, hasta que la sueltes -le respondió Kid, con una mirada de desafío.
El chico se dispuso a cargar el Death Cannon, cuando una voz del todo conocida llegó a sus oídos:
-Para, Kid, tengo un plan mejor.
Kid giró el rostro rápidamente, para encontrarse con un Soul apoyado sobre su técnico.
-Si lo que pretendes es atacarle tú, no serás capaz -le reprochó el shinigami, volviendo a las andadas-. Tus ataques físicos no le hacen nada. Mis pistolas disparan mi onda de alma; sólo eso podría alcanzar a la Pica sin dañar el cuerpo de Lene, ¿comprendes?
-Eso ya lo sé, ¿te crees que no me lo dejó claro cuando vinimos a salvarte? -le contestó Soul, un tanto molesto-. El caso es que debes dejarme esto a mí ahora, sé lo que me hago. Tú concéntrate en entretenerla e impedir que ataque a nadie más. Y ten preparado el Death Cannon por si acaso.
Kid se protegió de otro ataque de Lene, la cual no daba tregua, y miró a Soul, indeciso, intentando saber lo que se traía entre manos. Tras no sacar nada en claro, concluyó:
-Confío en ti.
-Sabia decisión -le contestó, con su típica sonrisa de tiburón.
Soul se giró hacia Maka, dejando a Kid manejar su batalla y, rápidamente, se transformó en guadaña.
-Maka -le dijo-, armonicémonos.
-Sí -dijo ella, sin dudar un instante de su arma.
Una enorme ola de poder empezó a embargarlos a los dos. Las almas de Maka y Soul se prolongaban, se hacían más y más fuertes la una a base de la otra. Ambas empezaron a manifestarse, y Soul fue viendo poco a poco cómo su plan empezaba a funcionar.
-¡Vamos, Maka, un poco más! -exclamó.
Ambos empezaron a gritar. El halo eléctrico que los rodeaba aumentó su fulgor, pero no logró detener los ataque de Lene un sólo instante.
-¿¡Qué pretendéis!? -le preguntó ésta a Kid a la vez que le propinaba una patada, la cual frenó en seco el chico con sus brazos.
-No lo sé -se sinceró-, pero conseguirá lo que quiere; es un Evans.
.
Los gritos desesperados de Lene por llamar a Kid resonaban por toda la habitación, pero no daban ningún resultado. La joven ya no sabía lo que hacer, recluida en aquel sitio oscuro, que sólo transmitía desolación. Estaba desesperada, pero tampoco le quedaban lágrimas para transmitirlo. Ya sólo le restaba tirar la toalla, sentarse en el suelo, encogerse de piernas y esperar a que todo se acabase.
Pero eso no iba a pasar.
Aunque lo único que fuera a escuchar a partir de entonces fuera su propia voz desgarrándose en el silencio de su subconsciente, no cesaría en su empeño de salvarse. Debía luchar por lo que ella quería, por todas las cosas que habia ganado en ese tiempo. Debía pelear, como Kid peleaba por ella, por su libertad.
Debía disfutar de su amor correspondido, de una vez por todas, dejar a las brujas atrás y aprender de nuevo a respirar, empezar de cero, como una persona nueva.
Eso sería lo ideal, pero primero tenía que salir de ahí.
Sus cavilaciones internas se vieron interrumpidas por algo que ella ya veía imposible.
La voz de su hermano se manifestó al otro lado de la habitación en un susurro casi imperceptible. Lene miró a todas partes, pero no vio nada. Seguro que la Pica había vuelto para verla sufrir de nuevo con sus torturas psicológicas.
-Oh, no, no puede ser... Me estoy volviendo loca... -se dijo, pasándose una mano por la frente.
-¡Lene! -pudo escuchar la chica en la lejanía. No cabía duda, era Soul; podría reconocer su voz grave y levemente rasgada en cualquier situación.
-¡Soul! -Exclamó-. ¡Hermano, estoy aquí!
Un enorme agujero se abrió paso entre las paredes de la habitación, y la luz que se filtraba por él cegó a la chica. ¿Sería aquella la puerta del Paraíso? ¿Habría muerto ya del todo?
No, no podía ser. La voz de su hermano resonaba en sus oídos para recordarle todo lo contrario: que todavía estaba viva, y que debía salvarse.
Atraída por Soul y la sensación de estar un paso más cerca de la libertad, se introdujo por la enorme puerta de luz que se había formado en su subconsciente.
Un brillo hiriente a los ojos la envolvió por completo, y la sala negra quedó completamente solitaria.
.
Dio un paso más al frente, y la luz se fue atenuando, dejando a Lene ver dónde se encontraba ahora. Había aparecido en un lugar absolutamente distinto al que se hubiera podido imaginar. Se trataba de una habitación alumbrada por candelabros, que le daban un color rojizo al papel pintado que lo envolvía todo, dándole un toque un tanto siniestro. Un enorme piano de cola coronaba la estancia.
Pero lo que más sorprendió a Lene, después de verse envuelta en un precioso vestido negro y rojo de encaje, fue encontrarse a su hermano al lado del piano.
-Pero ¿qué...?
-¿De veras hace falta que me presente? -Dijo, abriendo de par en par sus brazos hacia Lene.
La joven no lo dudó un instante. Antes de que las lágrimas afloraran en sus ojos, se precipitó a la carrera hacia él, con cuidado de no tropezarse con los pliegues de la larga falda, y lo envolvió en un abrazo desesperado. Soul le respondió con unas leves caricias en el pelo, que llevaba recogido con un par de lazos negros.
-S-Soul... -pudo articular con la voz congestionada por el llanto. Éste se dedicó a consolarla como si fuera una niña pequeña.
Pero es que, en el fondo, era su niña pequeña. La pequeña de sonrisa juguetona y ojos amatista que aparecía en sus fotos más preciadas.
-Escúchame, Lene -intervino él, obligándola a mirarle a los ojos-. No tenemos mucho tiempo. Kid está luchando por ti ahí fuera, y la Pica nos está poniendo a prueba. Te necesitamos de vuelta ya, hay que frenar todo esto.
-Sí, pero, ¿cómo? -preguntó. Soul le pasó el dedo por la mejilla para secarle una lágrima.
-Me he sincronizado con Maka para llegar hasta tu alma. Ella es capaz de transmitir el sonido del piano a todos nosotros, y no podemos desaprovechar la oportunidad -el albino se sentó delante del piano y colocó las manos sobre el teclado con decisión-. ¿No se ha dicho siempre que la música es la magia que llega directamente al alma? Pues ayúdame a arrebatarle tu cuerpo a La Pica. Kid, todos, te esperan ahí fuera. Canta, hermana. Que todos escuchen a la verdadera Lene.
-CONTINUARÁ-
