Lene miró dudosa a Soul, que ya se disponía a tocar el primer acorde de la canción. No sabía si eso saldría bien, pero al menos no se quedaría de brazos cruzados. Además, veía la convicción relampaguear en los ojos de su hermano, y las dudas se disiparon a la velocidad de la luz.

Las cuerdas del piano vibraron por toda la estancia. Lene abrió un tanto más los ojos. Había reconocido aquella canción al instante: era una de sus composiciones, una de esas que hicieron los dos juntos en una tarde de invierno sin luz ni nada que hacer. ¿Sería aquella la canción que la salvara de la eterna oscuridad?

Dejó de pensar, respiró hondo y cerró los ojos, abandonándose a la música que resonaba en sus tímpanos, y dejó que el resentimiento y el ansia de libertad guiaran las palabras y notas de la canción.

*Emeli Sandé -Read all about it, pt. III

You've got the words to change the nation but you're biting your tong,

you've spent a lifetime stuck in silence afraid you'd say something wrong,

if no one ever hears it how we gonna learn your song?

So come on, come on, come on, come on.

Lene notó cómo, de repente, se sentía más ligera, como si empezase a volar. Soul desvió un instante la mirada del teclado para encontrarse con una hermana algo distinta, más radiante, con una motivación que le salvaría la vida. "Vamos, Lene. Tú puedes", pensaba, mientras ponía toda su alma en ese tema.

You've got a heart as loud as lions, so why let your voice be tamed?

Baby, we're a little different, there's no need to be ashamed,

you've got the light to fight the shadows so stop hiding it away.

Come on, come on.

Sus pies dejaron de tocar el suelo. Lene no abrió los ojos, pese al miedo que ahora sentía al no saber lo que pasaba a su alrededor. Intentó concentrarse en sentir la fuerza que le daba Soul, en armonizarse con él y con Maka, y hacer su onda de alma mucho más larga y amplia. Si la armonización múltiple salía bien, conseguiría adueñarse de su cuerpo de nuevo atacando con la onda de alma de los tres a la Pica.

La chica tomó aire y alzó al máximo la cabeza, como intentando llegar a un público invisible.


El combate entre Lene y Kid se ralentizó un tanto, y el shinigami se extrañó. ¿Serían impresiones suyas?

Miró un momento a Maka y Soul, que continuaban con la armonización de almas. ¿Cuál sería su plan? ¿No podría él hacer nada más?

Un extraño sonido atrajo de nuevo su atención a Lene. Había frenado en seco, con los ojos como platos, y había bajado la guardia. Parecía como si le faltara la respiración.

-¿¡Cómo es posible que haya huido!? -voceó, con el rostro contraído en un rictus de ira completamente acentuado.

"¿Ha conseguido Soul salvarla?", se preguntó Kid, mirando a su compañeros con una sonrisa esperanzada.

-¡Vamos, Kid, no hay tiempo que perder! -Escuchó decir a Liz-. ¡Ahora que está distraída!

El chico no volvió a dudar. Sujetó fuerte a sus dos pistolas y susurró:

-Armonización de almas.

Un halo de luz comenzó a rodear al trío. Kid dejó que la energía de sus tres ondas de alma se introdujese en él y modificara a Patti y a Liz.

-¡Eh, Kid! ¿No oyes algo? -intervino la más joven de las Thompson a voces.

Kid aguzó el oído, y percibió una leve música que manaba de... ¿Maka? No, ¿Soul?... ¿Acaso venía de los dos?

Pero le faltó el aire cuando escuchó una voz muy, muy conocida, que ahora entonaba los versos de esa canción.


I wanna sing, I wanna shout,

I wanna scream 'till the words dry out,

so put it in all of the papers, I'm not afraid,

they can read all about it, read all about it, oh...

Lene sintió algo que brotaba de su espalda y desgarraba el vestido. Aquel par de protuberancias se agitaron, haciéndola alzar el vuelo en la estancia. Pero la chica continuaba con los ojos cerrados, casi en trance, apenas atenta a lo que transcurría a su alrededor.

Las alas blancas la llevaron lentamente hacia la habitación de la que acababa de venir, sumiéndose de nuevo en la oscuridad.

Pero esa negritud duró bastante poco.

La luz de su alma se intensificó por el enorme poder que se manifestaba en su interior debido a la armonización múltiple. La habitación fue completamente iluminada, cada recoveco del cuarto fue bañado con la luz pura de un alma noble que había sido manchada por las brujas, y ahora volvía a renacer.

Dentro de aquella jaula, todo había sufrido un súbito cambio. Quizá hubiera sido por el hecho de haber estado allí encerrada en penumbra y sola, pese a que siempre habían estado allí, pero sólo ahora se podía notar que el habitáculo estaba completamente abarrotada de cadenas que se cruzaban y se entrelazaban por todas partes, subiendo por las paredes e invadiendo las esquinas y el suelo.

La Pica se manifestó en el cuarto. Su suspiro de sorpresa no pudo ser más audible.

-¿¡Pero qué!? ¡Cómo has conseguido tanto poder!

Lene no dijo nada, pero miraba a la Pica seria, aún concentrada en su canción, pero con un mensaje en los ojos: "Asústate, que voy a por ti".

El reptil se revolvió, sin saber qué hacer. Semejante poder acabaría con ella en menos de lo que pensaba.

Oh, no. No le daría esa oportunidad.

Miró a todas partes, buscando alguna clase de escapatoria. Pero es que, en el fondo, no quería irse. Ése iba a ser su cuerpo, su nueva libertad... No quería dejarla pasar otra década más.

Descubriendo una posible estrategia, y con el miedo palpitando en sus sienes, avanzó volando hacia el final de la salita, y enredó su cuerpo en las gruesas cadenas que ascendían por la pared. A medida que se fue amarrando al metal, finos hilillos de sangre fueron discurriendo por su cuerpo. Intentaba reprimir los chillidos de dolor, pero era imposible. El frío de los eslabones se hincaba bajo sus escamas, congelándole la carne.

¿Y por qué estaría poniéndo su seguridad en peligro de esa forma?

Al ver posibilidades de desaparecer de allí y abandonar ese cuerpo, se había aferrado a él con su propia trampa, como la abeja que se hunde en su propia miel. Era un espectáculo grotesco y chirriante a los oídos.

Era triste ver cómo aquella alma moribunda se intentaba encaramar a algo que nunca le había pertenecido a base de encadenarse a ello y quedarse a su merced. Pero siempre había estado a merced de otros, no sólo entonces. Ella tampoco era libre, pues Medusa seguía mandando sobre sus actos y su voluntad, sobre cuándo despertaba o cuándo dormía. Lo único que las diferenciaba era el bando al que pertenecían. Ambas eran almas en busca de la libertad, esa ansiada sensación de liberación...

Era muy triste, y hasta en ese momento, un atisbo de empatía podía acudir al corazón de Lene.

Pero la joven alada que atendía a la escena desde la puerta desechó ese sentimiento al instante. La Pica podría haber elegido otro camino, haber luchado por lo que quería con la persona que directamente le privaba de ella, Medusa, y no acatar sus órdenes como un perrito faldero. Ahora debía afrontar las consecuencians, y su destino con ellas.

-¡No me sacarás de aquí! ¡Eres mía, y no podrás impedir eso! ¡YO SOY TU ALMA AHORA!

Lene no respondió. Sólo avanzaba, y a medida que se iba acercando al fondo de su subconscente, las cadenas se iban resquebrajando, y los eslabones se iban rompiendo uno a uno, mientras la música resonaba por todas partes.

Era el momento de acabar con aquella escaramuza.


Era ella.

Y estaba allí, tan cerca, y a la vez tan lejos.

-¡Lene! ¡Espérame, voy a por ti!

La armonización fue llevada al límite. Las hojas de los árboles se vieron agitadas por la fuerza con la que las tres almas resonaban en el claro del bosque. Liz y Patti se transformaron en dos enormes cañones que se adueñaron de gran parte del brazo de Kid, el cual apuntaba al frente, a la Lene Oscura.

Pero la cosa no acababa ahí. Kid pudo ver perfectamente cómo la Pica luchaba por permanecer en su cuerpo, retorciéndose y volviéndose a estirar, gritando de agonía, pero la maravillosa música esperanzadora superaba al ruido que manaba de la ruin serpiente y reclamaba lo que era suyo. El muchacho podía distinguir los cambios en la expresión del rostro de su contrincante, los gritos desgarrados de terror y dolor casi como si pudiese ver las dos almas debatiéndose.

La que sí podía ver las dos almas era Maka, y no daba crédito a lo que veía.

La enorme alma negra como boca de lobo de la serpiente estaba siendo invadida por esa pequeña pica que brillaba momentos antes en su parte trasera, y su brillo inmaculado se extendía por ella por momentos, como una marea reluciente. Poco a poco, la supeficie blanca y la negra se fueron quedando a la mitad. Casi como el Ying y el Yang, a falta de los dos pequeños puntos del color contrario. Ambas partes completamente distintas, pero iguales, simétricas, en el fondo.

¿Acaso no sería eso en realidad?


-¡Que no me moverás de aquí, te digo! -gritaba la Pica, a medida que Lene se iba acercando. Quería aferrarse más a su trampa, sin darse cuenta de que era inútil.

El reptil no era tonto, sin embargo. Sabía que esas cadenas no resistirían demasiado, así que pasó al plan B. Una sustancia negra surgió de la lengua bífida de la Pica y se extendió por las cadenas que la rodeaban, tintando los eslabones de un negro brillante.

Ahora, el único problema era que no podía huir; Medusa no lograría devolverla a su cuerpo, porque había sellado esas cadenas en el interior de Lene como parte de su carne y escamas. De allí no la movería nadie, se decía, por más poder que tuviera esa niña.

Claro que, si el resto de grilletes se rompían, ¿por qué no lo iban a hacer aquellos?

Lene volvió a posar los pies sobre el frío mármol, y parpadeó despacio, como si hubiera estado durmiendo con los ojos abiertos, aún sin haber concluido la canción. Pero ¿tenía el poder suficiente?

Fuera como fuese, tenía que actuar.

Claro que aún le quedaba aclarar un par de cosas con la Pica.

Se acercó a ella y, sin rozar sus alas contrahechas, le susurró:

-Qué miedo da la muerte cuando se tiene tan cerca, ¿eh? -La Pica quedó petrificada por aquella frase que helaría la sangre a cualquiera. Pero la muchacha continuó-. ¿Sabes? Podríamos habernos compaginado, haber desafiado a aquellos que nos separaban de la libertad... Pero veo que mi modus operandi no lo comparten todos... Es una pena. Adiós, compañera. Hoy abandonarás mi cuerpo, después de diez largos años a tu merced.

Sobre las alas blancas de Lene cayó un repentino rayo de luz negra, que las hizo aumentar considerablemente de tamaño. Indudablemente, aquello era el efecto de una nueva onda de alma al gran conjunto, pero ¿de quién sería?

La chica dejó que su corazón se bañara en aquel poder inmenso, e inmediatamente tuvo la respuesta a su pregunta: Kid. Sólo podía albergar semejante poder el alma de un dios.

Las alas se desplegaron en toda su longitud, esparciendo la enorme onda de alma por el aire, y se escuchó un alarido roto. Algo estalló, rompiéndose en mil pedazos. Cuando volvió a abrir los ojos, se encontró con miles de fragmentos de hierro de los eslabones.

-Pero, ¿qué diablos?... -logró decir Lene, sin acabar de asimilar lo que tenía delante.

La serpiente azabache se había roto en mil pedazos como si de cerámica se tratara. Lene alzó el pedazo que comprendía su cabeza, la cual mostraba un rictus de angustia que le puso los pelos de punta. La Pica estaba allí, muerta, pero su contorno había quedado tatuado en el mármol blanco del suelo, como una pintura chinesca, formando varios bucles con su alargado cuerpo.

De repente, una sensación de ligereza la invadió por completo, como si un enorme lastre se hubiera desprendido de su cansada espalda. Era maravilloso.

Unas voces la sacaron de sus pensamientos, haciéndola volver a la situación.

Había vencido. La Pica había abandonado su cuerpo, pese a haber dejado esa marca. Era libre.

Libre.

-¡Lene, despierta! -resonaba en la salita oscura.

"Adelante", se dijo, "es hora de regresar".

-CONTINUARÁ-