Luego del cuarto concierto de Debussy, Sara comprendió que no podía seguir aguantándose y pidió una conversación con su sección de cuerdas y el maestro. Se le veía resignada y resuelta; Viktor entró a la sala de reuniones sosteniendo un mug de café con Yuuri detrás regañándolo por haberse saltado el almuerzo. La violinista se sonrió al verlos entrar y extendió una carpeta al conductor. "Primero que todo quiero veas eso".

Viktor tomó los papeles y los leyó, su gesto cambiando a uno de profunda preocupación.

"Tienes una tendinitis muy seria"

"No quise darle importancia, porque estamos recién iniciando la temporada, pero si no hago terapia ahora, podría quedar con una lesión permanente, así que con Micky decidimos que mejor doy un paso al costado ahora antes de que deba dejarlo del todo", explicó Sara con seriedad. "He hablado con Micky y el resto de mi sección para ver el asunto de mi sucesión"

Viktor asintió, como él era el conductor y director musical, lo normal sería que él buscara un reemplazo dentro de la orquesta, no obstante, el primero de la sección es un líder que conoce a sus compañeros y por tanto puede participar de esas decisiones. Viktor confiaba en el criterio de Sara; nunca esperó su sugerencia.

"Todos estuvimos de acuerdo en que Yuuri debía entrar a ocupar mi lugar"

"¿Perdón?", preguntó Viktor.

"¡Eh!", Yuuri dejó caer la carpeta con los papeles de Viktor y con las manos temblorosas intentó agarrarlos de nuevo, uno de los violinistas se agachó a su lado y lo ayudó a ordenar las partituras para volver a ponerlas en la carpeta.

"Yuuri no es parte de la orquesta, tu sucesor debería ser Micky", acotó el maestro, pero Sara negó con la cabeza.

"El primer violín debe ser alguien capaz de guiar al resto, Micky es bueno, pero él me sigue y dentro de este grupo no hay nadie que sea capaz de ponerse al frente la forma en que Yuuri lo hace"

"Sara, yo no...", comenzó Yuuri.

"Sí, yo lo vi, todos lo vimos, cuando ensayábamos el Reverie, cuando el maestro nos mandó a ensayar aparte , no solo llevaste el solo, sino que marcaste un ritmo que todos podíamos seguir, nos diste algunas indicaciones"

"¿En serio?", preguntó Viktor intrigado.

"Lo hice pensando en de qué forma sonaba mejor... nunca pensé"

"Y es obvio que sabes, eres profesor, sabes dirigir grupos de cuerdas"

"¿Ah, sí?", Viktor parecía fascinado con la situación y miraba con interés a su asistente.

"Yo no quise, no intentaba..."

"No estoy enfadado, Yuuri"

"La seccion se puso de acuerdo, nadie lo está", agregó Sara.

"Si Sara y los demás están de acuerdo en que tú eres bueno guiando a la sección entonces yo no puedo oponerme, voy a presentarle el caso a Minako para ver si podemos tramitar tu entrada como reemplazo por esta temporada"

El japonés tenía sus ojos muy abiertos de la impresión, estaba recargado sobre la pared y sentía que comenzaría a hiperventilar en cualquier momento. Viktor se acercó y tomó su mano preguntando discretamente. "¿Estás bién?", Yuuri negó furiosamente con la cabeza y Viktor apretó su agarre, excusándose antes de llevarse al violinista fuera de la sala de reuniones.

Cuando estuvieron a solas en la oficina del conductor, el ruso pudo notar que Yuuri tomaba aire rápidamente, se estaba ahogando; Viktor lo agarró y lo obligó a respirar en contra de su camisa mientras le decía tonterías para tranquilizarlo, "Todo está bien, no estás solo... no te preocupes, todo va a estar bien, estás a salvo". Estuvieron así hasta que Yuuri dejó de agitarse, sus mejillas aún estaban rojas por el esfuerzo y lucía algo avergonzado de su reacción.

"Yuuri, nadie te está obligando, Sara hizo una sugerencia y yo puedo respetarla, porque confío en su criterio, pero no es una orden; la orden final la doy yo, tú único contrato conmigo ahora es ser mi asistente, solo tienes esa obligación, si no quieres..."

"Sí quiero", corrigió Yuuri inmediatamente. "Sí quiero, he practicado toda mi vida para formar parte de esta orquesta... es solo que"

"¿Estás nervioso?"

"Sí"

"No te preocupes, ya nos conoces a todos, ellos a tí, esta es una oportunidad de tocar con amigos, míralo así"

"Bien..."

"¡Muy bien!", asintió Viktor llamándolo a sentarse junto a él en el escritorio, "Voy a terminar la reunión, espérame acá, no te agites, no pienses tonterías, espérame quieto y en lo posible con la mente en blanco, vuelvo en seguida"

Yuuri asintió mientras vio al maestro correr hacia la sala de enfrente. Intentó seguir las órdenes. Quedarse quieto, pensar en nada; su mente intentó traicionarlo así que tarareó una melodía, Viktor ama a Taneyev; recordó la primera vez que lo vio tocar con ese traje negro brillante, el cabello largo recogido en una coleta, parecía una ninfa, la criatura perfecta que encerraba dentro de sí rasgos femeninos, masculinos y que poseía a la música como si esta emanara de él. Viktor tomaba el violín como un amante mientras el preludio de Taneyev 28 se erigía forjado por el juego entre el arco y sus dedos. Yuuri pensó, impresionado, a sus doce años, que seguro esa presión que sentía en el pecho era lo que se sentía enamorarse.

"¡Ahí estás!", exclamó Viktor irrumpiendo sus pensamientos. Yuuri llegó a dar un salto, miró hacia la puerta donde unos ojos azul cielo sonreían hacia él. Fue una muy mala idea recordar a Viktor en su adolescencia; ahora le costaba mirarlo a los ojos y estaba seguro de que si hablaba tendría un delator tartamudeo. "Quiero hacer a Mozart a continuación", declaró el ruso sentándose enfrente y abriendo su computadora portatil.

"oh, bien... ya... es decir...", el japonés se cacheteó internamente, juntó voluntad y preguntó. "¿Tienes algo especial en mente?", intentando volcar su atención a la pantalla de la laptop del conductor"

"Quiero hacer conciertos de cuerdas y vientos, entonces había pensado en el concierto No 3 para violín"

Yuuri tragó saliva, ese fue el primer concierto que Viktor a sus quince años tocó como violín solista en Rusia. Viktor apretó su mano para darle valor, sin darse cuenta como ese pequeño roce empeoraba todo.

"En Vientos había pensado en un concierto de Clarinete y otro de Oboe"

"Suena duro"

"Haríamos en total un programa de tres conciertos y duraría una hora y media, tu harías el solo de violín y luego JJ y Yurio"

"¿Y el siguiente?"

"Ravel y Poulenc, luego repetiríamos los programas que tenemos hasta ahora en el extranjero y la gira nacional"

"Tenemos hasta ahora Sivelius, Wagner, Grieg, Debussy y luego haríamos Mozart, Poulenc y Ravel, ¿El cierre sería un compilado de lo mejor?"

"No, quiero contactar compositores actuales, ojalá emergentes o desconocidos y cerraríamos con eso"

"¿Presentaríamos tus viejas composiciones?"

"Emergentes, Yuuri, yo no tengo nada nuevo", aclaró Viktor, sonando un poco amargo al decirlo.

"Seguro antes del cierre de temporada piensas en algo"

"Puede ser", concedió el conductor, aunque lo dudaba. Su inspiración últimamente era huidiza. Estaba seguro de que como conductor, su visión personal aun era distinguible, pero como compositor su chispa había muerto junto con su adolescencia. "Por lo pronto manda un mensaje con las nuevas noticias al resto"

"¿Todas las nuevas?", preguntó Yuuri, nuevamente sintiéndose ansioso. Viktor lo anticipó y declaró.

"No, no todo, solo lo referente al repertorio y cítalos mañana a las 9, nosotros dos llegaremos a las ocho y media, ensayaremos hasta las trece horas, iremos a almorzar y continuaremos de 14.30 a 17.00, luego afinamos unas últimas cosas en mi oficina y quedas libre.."

El japones tomaba nota rápidamente en el computador de Viktor y luego se la envió por mail a sí mismo y comenzó a redactar un mensaje más ordenado para el resto de la orquesta.

"Ah y Yuuri...", llamó Viktor mientras ordenaba sus papeles en el portafolios. Yuuri se volvió hacia él, aún ofuscado, el conductor continuó sin reparar en ello, "Tienes dos trabajos conmigo desde mañana, más lo del conservatorio, así que deberías priorizar en esos tres y dejar tus otras actividades de lado, por el momento"

"Lo sé"

"No quiero que colapses..."

"No lo haré, trabajaré duro, demostraré que puedo con esto"

"Bien, nos vemos mañana, duerme, por favor, duerme bien"

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Fue difícil decirle a Minami que no podía seguir con las clases particulares; el chico parecía al borde del llanto, pero entonces Yuuri le propuso inscribirse en el conservatorio, como una forma de dar nuevos pasos como músico y poder continuar trabajando juntos. Finalmente, Minami había chillado que haría todo lo posible por ir a sus clases, aunque fueran casi por la noche.

Al día siguiente, Yuuri llegó temprano, se encontró con Viktor a dos cuadras del Music Hall y caminaron juntos con Makkachin; llegaron a tomar desayuno mientras arreglaban los pormenores el ensayo. En el auditorio, los músicos se instalaron en sus puestos cuando Viktor anunció que Sara se tomaría una licencia para recuperarse de una lesión. Muchos cuchichearon, preocupados hasta que se anunció sobre los nuevos arreglos de la sección de violines. La mayoría se acercó a felicitar a Yuuri, muchos asentían, pero desde la sección de oboes, Yuri parecía querer estrangular su instrumento y cuando Viktor anunció que comenzarían ensayando el concierto para violín, el oboista se puso de pie intempestivamente y gritó.

"¡¿Le darás otro solo al cerdo?!"

Viktor miró hacia la sección de vientos y reconoció que no era solo una pregunta, era una afirmación indignada y desafiante, entonces tuvo una idea.

"¿Te gustaría competir por un solo?"

"¿Eh?", el oboísta se veía confundido. Yuuri por su parte, miró extrañado, él conocía el programa de este concierto. Yuri tendría un solo, aunque claro, él no lo sabía.

"Competir, ambos preparan una canción y yo decido cuál va en el programa, y no solo tú, ¿Alguien más quiere competir?"

Esa era una pregunta trampa. Yuuri llevaba poco tiempo en la orquesta, pero sabía que solo un miembro más podría enganchar con ese desafío.

"¡Yo quiero competir!", gritó JJ enérgicamente desde la sección de clarinetes y Viktor se sonrió satisfecho. Yuuri, por su parte pensó que era una locura permitir que creyeran que estaban en una competencia, porque el concierto estaba diseñado de antemano para ellos tres. Pero por supuesto, JJ tampoco lo sabía.

"Bien entonces, ¡Mozart!, les pasaré sus tareas. El resto también practicará estas piezas, evaluaré el ensamblaje completo y la interpretación del solista, comenzaremos por el concierto número 3 para violín, hasta el medio día y en la tarde practicaremos dos horas del concierto de Concierto en C para oboe, el Adagio y Rondo y luego dos horas del concierto para clarinete en A mayor"

Practicaron durante la mañana, Yuuri estuvo sentado con el resto en el auditorio, Viktor insistió en que fuese así y contestó sus propias llamadas telefónicas y anotó garabateadamente en una libreta luego de cada una. Yuuri tuvo el presentimiento de que luego le tocaría traducir esos apuntes y armarle un itinerario más ordenado. Con lo especial que podía ser Viktor, ni se extrañó de que agendara reuniones a la misma hora y que Yuuri tuviese que almorzar mientras hacía un esfuerzo por reagendarlas porque "La última vez que comprobé, no eras capaz de estar en dos lugares de la ciudad al mismo tiempo", teniendo que ver las caritas arrepentidas del conductor.

Al final de ese día, en la oficina del maestro, Yuuri preguntó.

"Por qué les haces creer que están compitiendo por el solo"

"¿Por qué dices?, ¿No viste lo motivados que están?"

"Eres un niño", comentó Yuuri antes de guardar la cafetera y salir por la puerta. Viktor le miró con interés. El japonés había cambiado mucho desde esa primera vez que se vieron; Yuuri entonces era un atado de nervios constante a su alrededor y jamás se atrevía a contradecirlo en nada. Por supuesto seguía siendo ansioso ante los nuevos desafíos, Viktor había aprendido a leer las señales de alerta y a acompañarlo adecuadamente frente a una crisis; esa misma confianza había vuelto a Yuuri más cercano y Viktor se daba cuenta de que ya no era observador por él con idolatría como antes. Yuuri ahora le contestaba cuando algo no le parecía, le quitaba el café, lo regañaba si hacía algo caprichoso y era capaz de lanzarle algunos comentarios mordaces para frenar su egocentrismo. Viktor no podía estar más encantado.

No obstante, su asistente no era el único que había comenzado a tratarlo de forma poco dignataria. Yuri, el oboista, rápidamente se estaba tomando atribuciones. En los días posteriores al anuncio de la "compatencia", habían tenido algunas prácticas uno a uno con cada uno de los solistas de la sección vientos y rápidamente había comenzado a arañar un camino que le llevara a conocer mejor al músico adolescente bajo su dirección. Así se enteró que Yuuri era huérfano de madre, que no había conocido a su padre, que se crió con su abuelo en Moskú y que comenzó a vivir solo a los trece años cuando se mudó a San Petersburgo a tocar con la orquesta y luego se mudó a los quince a Estados Unidos a tocar bajo la dirección de Yakov. Sonaba como una historia semejante a la suya e incluso se identificó enormemente con la obstinación y los altos humos del oboísta. Así que le exigió, haciéndolo repetir, casi hasta la locura el mismo puente de la melodía y cuando reclamó que seguro al cerdo no le hacía pasar por todo esto, Viktor sacudió su mano y respondió con una sonrisa abierta y fingiendo inocencia. "¿No has visto sus dedos?"

Luego fue el turno de JJ, tanto Yuuri como Yuri miraron casi con lástima al clarinetista mientras iba con una sonrisa llena de sí mismo al despacho del conductor mientras el resto de la orquesta practicaba los conciertos de violín y oboe siguiendo todas las instrucciones que Viktor había apuntado en un pizarrón de tiza que hizo instalar en el auditorio.

JJ fue más difícil de descifrar. La fachada externa de su personalidad era tan abrumadora que cualquiera hubiera pensado que eso era todo. Que Jean Jaques era solo un joven músico, talentoso, creído y que solo tocaba por amor a verse a sí mismo en el escenario, pero Viktor se negaba a creer eso. Nadie que pudiese tocar de esa manera podía ser un chico malcriado. Debía haber algo más detrás de todo, porque JJ tocaba con una furia y pasión que sobresalía del resto de su sección. Entonces Viktor debió dejar los intentos de abordaje directo y comenzó sus averiguaciones. Preguntó a Minako sobre los antecedentes del clarinetista y averiguó que era hijo de dos virtuosos concertistas canadieneses. Alain Leroy, un pianista que se había hecho famoso por recorrer el mundo con su mujer , Nathalie Leroy la violinista, dando conciertos de duo. Viktor buscó presentaciones y encontró unos videos y audios que le impresionaron. Entonces pudo entender, había una presión sobre los hombros del clarinetista. Entonces supuso que tal vez habrían videos o información de JJ tocando precozmente con sus padres, pero nada de eso. Siguió rastrando hasta dar con que el matrimonio había tenído dos hijas y un hijo, al buscar sobre él no encontró nada, pero indagando en una revista de Quebeq, se encontró con un artículo en francés de hacía unos 12 años atrás que hablaba de cómo habían estimulado la educación musical de sus hijos, en especial de la chica mayor: Joan Jaqueline.

Ahí estaba. La determinación, la pasión de JJ. Viktor lo entendió todo. Ese ego aparente, por qué se mudó tan lejos del alero de sus padres para sobresalir sin su ayuda. La aparente vanidad y obsesión con el gimnasio. Todos eran ladrillos que habían construido quien era ahora Jean Jaques Leroy.

En las siguientes prácticas supo como enfocar su dirección hacia el clarinetista y sin que este lo supiera, Viktor amoldó los ritmos a su carácter para poder sacar lo mejor de él, bajó sutilmente la intensidad de la orquesta para resaltar más el clarinete en los puentes y pudo notar como la actitud inicialmente irrespetuosa del canadiense cambiaba, hacia él al menos; habían llegado a un entendimiento sin palabras, solo mediante el lenguaje que ambos mejor conocían.

Dos días antes de la presentación, el telón de la farsa cayó. Minako advirtió a Viktor que Yuuri estaba sobrepasado con todo el trabajo que tenía. El ruso, quiso hablar con él después del ensayo general llamándolo a su oficina y el violinista había comenzado a explicar que no era nada, que estaba todo bien, pero sus manos temblaban y Viktor se sentó a su lado mirándolo a los ojos por unos segundos antes de que Yuuri colapsara en un llanto nervioso. Sin embargo, aún así, totalmente expuesto, le rogó que no le quitara la oportunidad, que no le quitara el solo. El valor verdadero era enfrentar los temores; Yuuri era el hombre más valiente que Viktor había conocido.

"Yuuri, este concierto fue pensado para mostrarte nuevamente como solista, nadie va a quitarte eso", le prometió el ruso abrazándolo y pudieron haber tenido otro momento de aquellos, Yuuri pudo haberle contado algo acerca de su pasado, haberle dicho más de su familia en Hasetsu, de las aguas termales, de sus amigos del conservatorio. Viktor añoraba esos momentos, quería saberlo todo sobre él. Sin embargo, Yuri Plisetsky lo impidió, con sus gruñidos y gritos furibundos que se internaron en su pequeño refugio.

"¡Así que pensabas darle el solo al cerdo de todos modos!"

"Vaya, tenías razón...", murmuró Jean, con un tono cargado de decepción. Yuri por su parte se avalanzó dentro del despacho y parecía decidido a golpear a ambos, director y violinista, cuando Yuuri se interpuso y gritó.

"¡Todos tenemos un solo!"

"Eh", Yuri bajó los puños, sin saber que pensar.

"Creo haber escuchado mal, dijiste que todos teníamos un solo", comentó JJ dejándose caer en la silla del escritorio del conductor, como quien demanda explicaciones.

"Es que es así", comenzó a explicar Viktor esbozando una enorme sonrisa que no logró mejorar el ánimo de los dos músicos de vientos.

"¿Y la competencia?", preguntó JJ confundido.

"¿No entendiste?, ¡Nunca hubo competencia!", ladró Yuri mirando desafiante al conductor, pero luego cambiando su vista hacia Yuuri, "¡Tú sabías!"

"No podía decirles, él quería verlos esforzarse, vernos de rivales", explicó el japonés avergonzado.

"Eso explica tu desempeño de mierda, sabías que no era una real", comentó Yuri con rudeza.

"¿Eh?"

"No le hagas caso, lo hacías espléndido", murmuró Viktor y se volvió hacia los dos músicos y explicó. "Hagamos lo siguiente, luego del concierto decidiré quien me ha conmovido más con su presentación y le doy varios solos en el próximo concierto.

"Me parece justo", contestó JJ, Yuuri asintió determinado y el oboísta emitió un pequeño gruñido y aceptó. "Me parece, como para que el puto esfuerzo no haya sido en vano"

"Nunca será en vano, toda práctica te hace mejor músico"

"¡Lo tuyo es una puta tortura!", gritó Yuri y JJ asintió. Viktor miró a Yuuri buscando apoyo y el violinista también se fue en su contra. "Lo es, pero sirve".

El día del concierto Yuuri estaba tras bambalinas con el resto escuchando las tonterías que Viktor le decía a los músicos antes de entrar; con la indicación de Minako, todos entraron y Viktor unos segundos después saludó al público. Yuuri tocó con la misma dedicación de siempre, pero no la misma con la que tocó el Reverie. Ya fuera porque Mozart no era lo suyo o porque los nervios lo traicionaron, o tal vez porque no quería llamar la atención para seguir enemistándose con las divas de la orquesta. Lo que haya sido, Viktor consideró que no fue su mejor presentación. Yurio en cambio, reflejó su determinación en cada nota y tuvo una ejecución perfecta, siguiendo cada instrucción dada por el maestro, pero Viktor hubiera apreciado un estilo personal; Yurio tenía una personalidad arrolladora que no salía a la superficie siempre que tocaba. Tal vez debería intentar ponerlo con un compositor más moderno, algo nihilista. JJ en cambio, se puso de pie mirando al público y lanzando un beso discreto a alguien de la primera fila antes de tomar su clarinete; no siguió tan al pie de la letra las instrucciones pero dio una interpretación sentida que logró conmoverlo a él como conductor y a la audiencia. Lo imaginó tocando en el próximo concierto la Vocalise-étude en forme de Habanera, la Pavane pour une infante difunte, y luego todos juntos cerrando con Daphnis et Cloe; ya habría tiempo para armar el resto del repertorio.

Al finalizar los tres en la contienda abordaron al conductor que solo dijo:

"El próximo concierto comienza con la Vocalise-étude y desde allí unos tres solos de clarinete"

"Mierda", escupió Yurio frustrado, Jean Jaques levantó sus puños, extasiado y Yuurio asentía mientras pasaba el paño para limpiar el sudor de su violín.

"La próxima vez tal vez", expresó el clarinetista al oboista que se alejó dejándolo con la mano estirada. Yuuri, sin rencores, lo felicitó y luego comenzó a circular un mensaje de invitación a una fiesta Jam session en la que JJ y Mila participarían; Yuuri mencionó que él había ido algunas veces con sus amigos del conservatorio a ese bar y les recomendó llevar sus instrumentos para subirse a improvisar al escenario. Yuri Plisetsky contestó que odiaba el jazz, pero entonces Viktor canturreó que no podía opinar sino le daba una oportunidad. Llevado por ese desafío y por la sofocante insistencia de Mila, Yuri finalmente había agarrado el estuche de su oboe más barato, se había montado en la línea A, hacia Harlem y descendió hacia el bar. En principio se había sentido tonto, eso de meterse a un tugurio de mala muerte y llevar su instrumento, pero bar estaba lleno de músicos. Mila estaba sobre el escenario improvisando una canción (1) con un grupo de desconocidos. Más allá, algunos conocidos de la orquesta estaban compartiendo mesa con cuatro extraños que eran muy amistosos con Yuuri, un tailandés , un chino, un latino y un tipo moreno y alto que no hablaba mucho, pero que de pronto clavó su mirada en él. El oboísta, molesto con la atención ladró. "¿Qué miras, imbécil?".

El aludido dio vuelta la cabeza, como si Yuri no fuese la gran cosa, como si no lo hubiera mirado fijamente solo hasta hace unos segundos. "¡Becka!, toca con nosotros", gritó Mila desde el escenario , donde Chris se acomodaba en la batería y varios músicos se bajaron hacia sus mesas. "Otro idiota más de la sección de cuerdas", pensó Yuri al notar el estuche de su instrumento, pero se sorprendió al ver una viola, una elección no tan común. Juntos comenzaron a duo a tocar una balada que al parecer era conocida, basándose en como muchos le seguía el ritmo desde sus mesas, el tipo era bastante bueno, se notaba que estaba agregando florituras, alargando notas. Escuchó que el tailandés comentó "Otabek desde que descubrió el jazz, lo ha preferido por sobre la música clásica"; el oboista no estaba de acuerdo con esa predilección, pero podía reconocer algo hermoso cuando lo escuchaba. Cerró los ojos y se olvidó la risa de JJ que sonaba más allá abrazando a su novia, su mojito sin alcohol entibiándose sobre la mesa, incluso al cerdo que estaba borracho sacando a Viktor a bailar un lento, unidos en un abrazo en que sus mejillas casi se tocaban. Esos dos eran un desastre natural esperando por ocurrir. Cuando la música acabó, se dio cuenta de que él también había viendo más de la cuenta al tipo de la Viola, lo suficiente como para ganarse una mirada de vuelta. Entonces el oboísta volvió su atención al trago olvidado, avergonzado.

Su nerviosismo aumentó cuando el violista tomó el asiento junto a él trayéndole otro mojito sin alcohol mientras él bebía una cerveza también sin alcohol. "Noté que no estás embriagándote", dijo como única explicación.

"Uno pensaría que en Harlem se pasarían las normas por el traste"

"Tendrías que ir a Queens para eso", explicó secamente y se presentó, "Otabek Altin"

"Yuri Pliseksky", contestó el ruso.

"Lo sé, primer oboe de la orquesta de la ciudad.

"Vaya, y yo pensé que solo te gustaba ej jazz"

"Estudio en un conservatorio y vivo con músicos de cámara y un tenor"

"¿Vives con el cerd.. con Yuuri Katsuki?"

Otabek aguantó la risa ante el insulto reprimido y asintió.

"Con Yuuri, y Phichit que es ese que está sacándose selfies con tus compañeros, Leo, el tipo latino que está con la guitarra y el chino del lado es Ji, el tenor"

"O sea, eres la niñera de cuatro imbéciles"

Otabek rió ante su pesadez y preguntó. "Y Yuri Plisetsky tiene un pasatiempo degradante como ese?"

"¿Aparte de tocar el oboe dices? Cuido un gato"

"Seguro más agradable que cuidar a esos", contestó el violista apuntando a Yuuri y Viktor que daban vueltas y vueltas.

Yuri se olvidó por ese momento de que había declarado odiar el jazz, de que estaban los imbéciles de sus compañeros, incluso ignoró a JJ en el escenario tocando un vertiginoso swing (3) mientras el cerdo y Viktor bailaban por la pista como unos dementes. (4) Por primera vez en casi diez años, Yuri perdió la noción del tiempo haciendo algo que no fuera practicar el oboe; ni siquiera hablaron de música clásica, hablaron de lo que fue tener que dejar el hogar siendo pequeños, de sus familias, de sus comidas favoritas, de las diferencia entre crecer en Rusia y Kasajistán, de tener que estar solos en una ciudad extraña. Yuri confesó estar sorprendido de que nunca lo hubiesen intentado asaltar en sus dos años en Nueva York. "Eso es porque luces intimidante"

"Mido menos de uno setenta, no creo ser intimidante"

"Tienes la mirada de un soldado", comentó el kasajo, tomando el último sorbo de su botellín.

"De un soldado...", murmuró Yuri sorprendido. Le han dicho muchas cosas, crío, malcríado, demonio, hada, maricón. Nunca un descriptor tan honorable. Cuando acabaron de hablar, casi todos se habían ido. Otabek se ofreció llevarlo a su casa en su motocicleta y así Yuuri acabó en un viaje de media hora agarrado fuertemente a la cintura de un recién conocido. Aún así, este extraño en un poco más de tres horas de conversación parecía conocerlo más que muchos con los que había trabajado por años. Yuri nunca se había dado la licencia de abrirse con nadie, para ser honesto.

Cerca de las tres de la mañana, en la puerta del apartamento de Yuri, Otabek, sin muchos rodeos, le pidió el número de teléfono para poder juntarse a tomar un café "o simplemente salir". Yuri estaba confundido. ¿Lo estaban invitando a salir como una cita? ¿Solo para ser amigos? Su subconsciente le gritaba que saliera corriendo, por su salud mental, por su carrera, por su seguridad. Pero no quería.

Por una vez en diecisiete años, desplazó la voz de la razón hacia atrás y le dictó su número a este tipo que acababa de conocer. Lo observó alejarse, con la chaqueta de cuero cubriendo sus espaldas, con el sonido de la moto retumbando en sus oídos, la calidez del agarre aún en sus manos y la sensación de que debería darle al jazz una oportunidad.


Nota: A ver si todos entendieron lo que insinúo sobre JJ. Es algo que quise abordar en esta historia solamente. Se viene el Otayuri 3 y las primeras llamas del Vikturi están ardiendo. Aunque lento.

Hice una lista en spotify llamada "Yuri on chords" con las canciones de este fic, por si a alguien le interesa. Hay canciones ya mencionadas y unas que serán incluidas en los próximos capítulos.
(1) la canción es Take the A train- Jazz violín version
(2)la canción es Day dream- Jazz violin version
(3) Clarinet Swing de la Lars Samuelson Orchestra
(4) pueden usar esto como referencia AMAZING DUET - Max Pitruzzella and Thomas Blacharz - Swingin' Genova, esta en youtube