-¡Mabaa
-sama! ¡Mabaa-sama! -Una chiquilla entró en la sala del trono, de melena rizada roja, con la respiración acelerada-. ¡Al fin hemos encontrado la ubicación de la bruja exiliada!
La Reina de las Brujas hizo una mueca. Eran noticias del todo inesperadas. Llevaban buscando a aquella bruja más de una década, sin resultado. La anciana se levantó despacio y se acercó a la pequeña. Ella no movió un pelo, aún recuperándose de la carrera.
-Que manden a nuestra élite. No habrá piedad para las traidoras -le comunicó, con los ojos entornados de la rabia.
La niña volvió a desaparecer entre los pasillos del palacio. En poco tiempo, cuatro brujas se presentaron en la sala; todas ella parecían estar forjadas con el más duro hierro, con una expresión fría como su sangre.
-¿Cuál será la estrategia? -Se decidió a preguntar la segunda por la izquierda; su traje delataba su condición de bruja cóndor, con un grueso manto de plumas cubriendo su vestimenta oscura y sus cabellos castaños cortos. Sobre su cabeza descansaba un pico ligeramente curvado que tapaba su mirada calculadora. Sin duda, era la más inteligente y veterana de todas.
-No habrá ninguna estrategia -declaró Mabaa, cortante-. Acabad con ella y con todo aquel que pueda estar relacionada con ella.
-¡Confíe en nosotras, Señora! -Exclamó la más joven, a la izquierda del todo, que agitaba una larga cola de leopardo y enseñaba los colmillos, ansiosa de sangre. Unas ceñidas mallas pintaban todo su cuerpo con pequeñas manchas marrones, y una mirada felina se escondía bajo el flequillo salvaje que discurría por su frente.
-¿Y si no opone resistencia, la traemos viva? -Propuso la tercera por la izquierda, que se envolvió un poco más en sus alas de murciélago; sus ojos rojos relampaguearon al ver la negativa de la anciana.
-He dicho que acabéis con ella; no quiero ni que la traigáis.
-¡De acuerdo! -Volvió a intervenir la bruja-guepardo, apretando sus garras en un par de temibles puños.
La última de las cuatro brujas se limitaba a escuchar, al margen de lo que pudiera opinar de todo eso. Como siempre hacía.
Sigilosa, discreta y letal al primer golpe. Como la víbora que era.
Mabaa lanzó una penetrante mirada a cada una de las brujas allí presentes.
-Os confío esta misión a vosotras. Shina, Ptera-Hawk, Illbana, Medusa. Sois mis mejores devotas.
"Devotas", repitió Medusa para sus adentros, con una sonrisa irónica. Ella era de todo menos eso.
Pero lo que le convenía, le convenía.
-Lo dejo en vuestras manos -añadió Mabaa para dar por terminada la reunión.
Salieron de allí, dispuestas a no perder un solo segundo. Acababa de hacerse la noche, y tardarían unas horas hasta que llegaran a la residencia de Nicole Vulpus, el objetivo que se había fugado hacía ya tanto tiempo de la mano de las brujas, autoexiliándose y renegando de las suyas por la razón más estúpida, la que le costaría la más atroz muerte: el amor.
Cada una se dirigió allí mediante sus medios: Shina, para no arriesgarse a mostrar su alma de bruja, decidió acudir a la carrera; no era un problema, ya que podía alcanzar perfectamente los doscientos kilómetros por hora, y llegaría mucho antes que las otras. Por su parte, Ptera-Hawk e Illbana irían volando en sus respectivas formas animales de cóndor y murciélago. Medusa se montaría en su peculiar escoba y las seguiría algo atrasada; aún necesitaba calibrar las opciones que podría encontrarse. Quizá pudiera sacar alguna buena jugada para el futuro... Quién sabe.
Todas se reunieron a las puertas de Death City. Tras cruzar miradas y esperar a la hora punta, se adentraron con sigilo en la ciudad.
Una joven de cabellera rubia sedosa acababa de asomar a la terraza en busca de algo de aire fresco. Se apoyó en la balaustrada con la mirada perdida en la preciosa y brillante luna sonriente.
La decisión que había tomado aquella medianoche de hacía quince años había sido la mejor. Gracias a ella, ahora estaba casada con el hombre de su vida y había tenido tres preciosos hijos, que ahora jugaban en la habitación de juegos, mientras ella lograba tener unos minutos de descanso. Era agradable sentir la brisa nocturna retirar los finos mechones de pelo del rostro, en un susurro adormecedor.
Pero su calma se terminó cuando vio tres figuras recortarse contra la luz amarillenta de la luna. Miró a todas partes, temiendo confirmar sus sospechas. Su percepción de almas nunca fallaba.
Estaban allí.
Una figura pasó a toda velocidad por su derecha. En guardia, Nicole giró rápidamente, a tiempo de frenar el zarpazo de Shina, que había subido hasta el balcón del enorme caserón. La bruja-guepardo atacó de nuevo, pero ella volvió a frenar su gancho.
-Hemos vuelto~ -canturreó Shina, mientras caminaba en círculos alrededor de su oponente. Ella aprovechó para desactivar su Soul Protect, y todo su poder se desató.
Nueve colas blancas brotaron a sus espaldas, y sus ropas se tornaron gruesas y blancas, asemejándose a la piel de un animal polar.
-Oh, vaya. No creía que arriesgarías tanto -se regodeó la otra bruja, enseñando sus colmillos.
-Por mi familia lo arriesgo todo -cortó, decidida.
-Familia, ¿eh?
Nicole se mordió la lengua. Mierda. Había dado más información de la que hubiera debido.
Ahora, todos estaban en peligro.
Nicole convocó un ataque de hielo, pero cada carámbano fue frenado en seco por una fuerza invisible. Giró la cabeza, convencida de lo que se encontraría. Una de las figuras que había visto antes a lo lejos la había alcanzado y, posada sobre la balaustrada, sonreía de forma bastante macabra.
-Volemos a vernos, Nicky -saludó.
-¡Ptera! -Susurró con desprecio.
No pudo hacer nada más.
Se vio envuelta de un momento a otro por una nube de plumas negras que le tapaban la vista al completo, girando a su alrededor.
-¡Shina, Medusa, Illbana! -Se dirigió el cóndor a sus compañeras-. ¡Id a por los familiares! ¡Aniquiladlos a todos!
Sin mediar palabra, pero a regañadientes, Medusa y las demás se adentraron en la casa. Nicole había oído a duras penas las palabras, y decidió salir de la trampa, pese a que las plumas se clavaran en su piel como afilados puñales.
Se lanzó al cuello de Ptera-Hawk envolviendo sus manos en una gruesa capa de hielo capaz de romper cabezas. La bruja consiguió evitar el ataque interponiendo sus alas entre su cuerpo y su oponente, habiendo transformado las plumas que las rodeaban en acero.
Nicole salió disparada de la colisión, y sintió por un momento que las fuerzas le flojeaban. Ptera-Hawk se acercó despacio a ella y presionó su pecho contra el suelo con su pie. Ella se retorció de dolor; había hundido más las plumas que se había clavado antes.
-Este es tu fin, Vulpus.
-...Evans -la corrigió, haciendo un gran esfuerzo.
El cóndor se agachó sobre ella, dispuesta a rebanarle el cuello, pero un grito proveniente del interior llamó su atención.
-¡Tenemos a los niños! -Se oyó la voz de Shina.
Medusa e Illbana salieron al exterior. Instaron a Ptera a acudir junto a ellas, dejando a Nicole semiinconsciente en el suelo, desangrándose por las heridas. Shina continuaba dentro: había tenido que entablar combate contra Henry, el marido de la exiliada, Guadaña demoníaca.
El tipo consiguió distraer un tiempo a la bruja, acarreando con ello un par de heridas de garra en el torso, pero urgió a los niños a huir de allí.
-No lo conseguirán -le susurró al oído Shina-. Somos cuatro. Os tenemos rodeados.
Otra cuchillada voló, y el combate volvió a retomarse.
.
Illbana contempló la mansión desde las alturas junto con Medusa. La bruja víbora esbozó una sonrisa: tenía el plan perfecto para acabar con todos de un plumazo.
-Illbana, activa tus agujas expansoras a todo alrededor de la casa. Haremos lo siguiente.
Medusa le contó el plan a su compañera, mientras Ptera-Hawk mantenía la mirada fija en la que había sido su mejor amiga de la infancia, y ahora trataba de ponerse en pie sobre el mármol, perdiendo su forma de bruja y volviendo a la normalidad, echándose las manos a las heridas, y arrancándose las plumas que quedaban incrustadas, tratando de buscar a sus hijos.
-¡Wes, Lorelei, Soul! -chillaba hacia el patio desde su posición, tratando de sacar fuerzas de flaqueza y reprimiendo el dolor.
Pero los niños no salían.
El plan se puso en funcionamiento. Medusa alzó un brazo, y un centenar de vektor-arrows rodearon al completo la casa. Tres de ellas se habían colocado delante del balcón, donde estaba ella. Nicole contempló aquello impotente, sin ser capaz de ponerse en pie por su propia cuenta, teniendo que sujetarse en el barandal. ¿Qué estarían tramando?
Escuchó unas voces alteradas algo más abajo. Su hija había asomado por la puerta principal.
Quiso gritarle, quiso advertirle, quiso abrazarla por última vez.
Pero todo pasó demasiado rápido.
.
Shina miró de reojo por la ventana, y localizó los vektor-arrows. Iban a atacar.
Como no saliera de allí, se la llevarían por delante. Sabía que serían perfectamente capaces. Eran brujas.
Se dejó de juegos. Arrojó el brazo-cuchilla de Henry a un lado y se puso a cuatro patas.
-Bye-bye, pringao -gritó, antes de salir de allí a la carrera como una bala.
Lo último que Henry escuchó fue un terrible alarido momentos después.
.
Illbana extendió sus alas de murciélago, y un arpón se situó encima de cada una de las flechas. Nicole, con los ojos desorbitados, dirigió sus últimos pensamientos a los tres ángeles que había criado y enseñado a amar tal como ella lo había hecho.
-¡MAMÁ! -La voz de Wes la sobresaltó, pero ya era tarde.
Observó cómo los tres arpones salían disparados hacia su pecho.
El alarido más ensordecedor jamás escuchado se abrió paso para desbordarse en su garganta con un sonido roto.
La habían traspasado como un avión atraviesa una nube, para ir a explotar a la fachada.
Todas sus esperanzas, sus planes de vida, su futuro, su familia, su vida entera...
...Acababa de ser volada por los aires con aquellos proyectiles que aumentaban cien veces su masa en contacto con algo, haciéndolo reventar de la presión.
Escuchó cómo la estructura se venía abajo. Escuchó cómo sus huesos se rompían bajo los escombros, escuchó el grito de muerte de su esposo.
Pero los ojos los había cerrado justo después de sentir la punta del primer arpón traspasar su piel.
El trabajo había terminado. Habían cumplido, destruyendo la casa con todos dentro.
O eso era lo que creían.
Shina e Illbana se adelantaron, y pusieron rumbo al palacio de Mabaa para informarla de inmediato.
Medusa se quedó un momento, compadeciéndose de las pobres criaturas que se había llevado por delante por culpa de una zorra asquerosa traidora.
Pero bueno, ella no era quién para hablar de traidoras.
Siguió a las demás, no sin echar un último vistazo a Ptera-Hawk, que contemplaba el cadáver de Nicole a lo lejos.
De repente, reparó en la niñita que había emergido de los escombros a duras penas, y ahora contemplaba a su madre atrapada entre el desastre, con un charco de sangre a su alrededor.
"Pobrecilla", se dijo, y le tocó el hombro. Vio los ojos rojos por el llanto de la pequeña, y se le encogió el corazón.
"Qué he hecho", pensó por un momento. Desechó aquel absurdo pensamiento y comenzó a hablar con la pequeña.
-Ven conmigo. Yo te ayudaré -las mentiras surgían de sus labios como si tuvieran vida propia.
Ptera-Hawk no sabía qué clase de impulso la había llevado a hacer eso. Quizá hasta una vil bruja como ella tenía peso de conciencia.
Comprendió en ese momento que había cometido un grave error, un error que le costaría la vida.
Había aceptado a alguien más en su vida de buitre solitario.
Pero la pequeña no lo notó, porque los niños son todos inocentes. Porque la inocencia es una mentira que nos salva de la realidad, de todas las crueldades que nos rodean.
Pero algún día todas esas mentiras se desvelan. Aunque sólo se pueda hacer a base de dolor y pérdida.
Una pérdida que más tarde sería borrada de su mente para los restos.
O, al menos, eso creían todos.
