Nota: Capítulo extra largo. Sorry, not sorry. Gracias a los pocos de ustedes que comentan. Por ustedes sigo entusiasmada escribiendo.


8. Fuga

"¿Alguien me puede explicar por qué solo las maletas de Yurio están aquí?", preguntó Viktor ya dentro de una de las van que pasaron a buscarlos para ir a dejarlos a aeropuerto. Junto a él iban Yuuri, Mila, Micky, Sara, Emil, y tres miembros más de la sección de cuerdas.

"Porque él se viene en la moto con Becka", contestó Mila, igual que Chris llega con Marcus y JJ llega con Isabella"

"Las van son para los músicos sin amor", se quejó Micky y su hermana lo corrigió.

"O para los que viven en negación", tanto ella como Mila miraron alrededor. Micky miró al suelo enfurruñado, Emil tenía los ojos fijos en él, con una expresión dolida, la misma que Viktor le dirigía a Yuuri, quien a su vez ni se daba por aludido por nada y veía por la ventana anunciando.

"Vi la moto de Becka adelantarnos a una velocidad espantosa".

"¿Es muy feo levantar apuestas en torno a causas perdidas?", preguntó Mila con malicia, Sara a su lado, ocupó su brazo bueno para pegarle.

Al llegar al aeropuerto todos sacaron sus bolsos, Yuuri y Viktor se repartieron las dos maletas de Yuri para ponerlas en sus carros, ya que el oboísta no estaba por ningún lado. "Este niño trajo más equipaje que yo", se quejó el conductor ante lo cual el violinista contestó, "Es imposible que alguien traiga más equipaje que tú, Vitya". Phichit le mandó un último mensaje a cada uno. El de Viktor tenía los últimos recordatorios, unas fotos de Makkachin jugando en su habitación y olfateando a los hamsters del tailandés seguido de unos mensajes de ánimo y disculpas por no haber logrado embarcarse con ellos. Los de Yuuri estaban repletos de indirectas pícaras del tipo, "Disfruten su luna de miel".

Los trámites de embarque no fueron tan tediosos ya que se dedicaron a tontear en masa en la fila, luego se quedaron un rato más en la sala de espera donde los que no habían mandado los instrumentos a bodega improvisaban canciones de moda. Cuando por parlante se escuchó el llamado al vuelo a Rusia todos se pusieron del pie y los que tenían compañía se fueron despidiendo. Minako les dió las últimas indicaciones a todos, en especial a Yuuri, sabiendo que Viktor no iba a retener nada de información o iba a tener una comprensión selectiva.

Viktor le pegó un codazo a Yuuri para hacerle mirar hacia lo que estaba ocurriendo en la puerta de entrada a la zona de embarque, Yuuri atónito no pudo impedir que Viktor sacara su teléfono y le enviara mensajes histéricos a Phichit. "PHICHIT, MIRA LO QUE ESTÁ OCURRIENDO", adjuntó una fotografía y recibió de vuelta". "MENTIRA QUE YURI AGARRÓ A BESOS A BECKA!", Viktor confirmó: "pasó y ahora corrió como un criminal hacia el vuelo", "ASDFGHJKLÑ!", "OTABEK, NO ENTENDE NADA!", "OMG, lo voy a interrogar apenas llegue a casa!", "Cuéntame apenas tengas información (╯°ω°)╯"

Un mensaje replicado en las pantallas de ambos interrumpió la conversación. "¡No puedo creer que estén hablando de Becka en este momento!", venía de Yuuri, el ruso no sabía que haría Phichit, pero él apagó el movil de forma inmediata y lo entregó al violinista que lo veía con gesto severo. En un principio Viktor parecía un chiquillo impresionado con la estrechez de los asientos clase turista, pero luego se había cansado de hablar y se echó adormir sobre el hombro de Yuuri que roncaba con la cabeza apoyada en la ventanilla, momento que obviamente fue fotografiado por Mila, subido a su instagram apenas pisó suelo y obviamente obtuvo comentario y corazoncitos de Phichit a los dos segundos de ser publicado.

Al descender en Moscú eran casi las cinco de la mañana. Los músicos fueron a buscar sus maletas, muchos con sueño. Yuuri parecía estarse desmayando, Viktor descubrió entonces que los cambios de zona horaria lo afectaban profundamente. Varios minibuses los estaban esperando para llevarlos al hotel; solo Yuri Plisetsky se desvió tomando un taxi diciendo que se quedaría en la casa de su abuelo matando con eso todo intento de interrogatorio por parte de algunos de sus compañeros.

El departamento de su abuelo quedaba en un gran y viejo edificio gris al este de la ciudad, al golpear la puerta, lo recibieron diciendo "¡Yurashka, cómo has crecido!" y entonces el adolescente se avalanzó sobre el anciano casi dislocando su espalda. Luego de disculparse por su excesivo entusiasmo, el adolescente ayudó a su abuelo a sentarse y él mismo sirvió la cena que ya estaba preparada. Unos Piroshkys y una reponedora Solianka que le hicieron recordar cuando era niño y practicaba el oboe en el living, jugando con su abuelo y durmiéndose arrullado por sus cuentos.

Conversaron acerca de su vida en Nueva York, por primera vez no se sentía un mentiroso mientras le aseguraba que no estaba solo. Otabek le hacía divertirse, en su departamento tonteando con Phichit, Leo y Ji, ya no estaba completamente enfocado en la orquesta; el cerdo tampoco era desagradable, algunas veces juntos habían preparado la cena para el resto e incluso la molesta presencia de Viktor en el Music Hall hacía que la rutina fuera menos acartonada. Le tranquilizaba ver a su abuelo y darse cuenta que aparte de los problemas articulares propios de su edad, se sentía bien, al menos lo suficiente como para no querer irse a Estados Unidos con él, aunque Yuri le juró que estaría mejor allá y que él estaría más tranquilo pudiéndolo cuidar. El anciano aseguró que él se podía cuidar solo y era obstinado y malhumorado cuando le insistían mucho.

Yuri después de todo, tenía a quien salir.

Al recostarse en su vieja habitación miró sus posters de la sinfónica de de Moscú y pasó su dedo cuidadosamente. Pensar que él había llegado tan pronto a donde quería y en ese momento se daba cuenta de que lo único que le faltaba era hacer algo por él, pero a nivel personal. El recuerdo del impulsivo beso que le dio a su amigo le volvió a acosar y entonces decidió que debía dejar de hacerse el tonto, enfrentar la realidad y encender su teléfono.

Como esperaba, habían al menos diez mensajes de Otabek. Unos eran emojis, otros puntos suspensivos, pero luego otros textos coherentes comenzaron a aparecer. "Necesitamos hablar", "Hablar como en el buen sentido, no como reprimenda", "Escríbeme apenas llegues", "No, olvídalo, llámame por skype apenas llegues", "Sé que el vuelo llegó porque Yuuri nos avisó hace una hora", "¿Estás enojado conmigo?". Yuri se detuvo. Solo a Becka se le podía ocurrir que luego de agarrarlo con un beso sorpresivamente antes de subirse al vuelo, él podría estar enojado; si alguien debía estar enfadado es el kasajo por ser forzado en público a formar parte de una situación comprometedora. Como si le hubiera adivinado el pensamiento el siguiente mensaje decía "digo, por cómo reaccioné, o no reaccioné... es difícil reaccionar ante una situación así, ¿sabes?"

Yuri se logueó en Skype y sin mayor preámbulo marcó llamada al contacto de Otabek que aparecía conectado. Le contestaron en segundos. Se miraron a través de la pantalla y ante la falta de resolución del kasako el ruso comenzó.

"Vale, lo siento, fue una estupidez"

El moreno puso un gesto ofuscado y contestó.

"No me pareció estúpido, al contrario..."

"¿Te pareció inteligente?"

"No, valiente es la palabra que buscaba"

"Valiente no es lo contrario de estúpido"

"Mi inglés no es tan bueno como el tuyo, Yura"

El oboísta se sorprendió y con un gesto apenado aclaró: "No pretendía burlarme de tu inglés"

"Sé que no... pero, ¿qué pretendías con el beso?"

"Que supieras que me gustas..."

"Esa duda tenía"

"No dejaba mucho lugar a dudas", resopló el ruso con cierta sorna. Becka no temía su ironía o rabia así que contestó.

"Es difícil saberlo, te fuiste sin decir nada"

"¿Y qué querías que te dijera?, el vuelo se iba sin mi"

"Lo hubieras hechos minutos antes"

"No tenía planeado hacerlo... en ese momento me di cuenta que estaría más de un mes sin verte y quise decírtelo"

"Me parece creíble, aunque injusto"

"¿Por?"

"Me hubiera gustado contestarte", dijo Becka con una media sonrisa que incitó los nervios de su interlocutor.

"¿Qué me hubieses contestado?"

"Que también me gustas"

Yuri esperó que el calor de sus mejillas no se tradujera en un sonrojo visible en la pantalla; le hubiera gustado un poco de interferencia. Maldijo su buen plan de internet mientras miraba la sonrisa del kazajo nítidamente en la pantalla de su móvil.

"Lo peor de todo esto es que ahora que está todo claro entre nosotros debemos esperar un mes y medio para vernos"

"Solo por curiosidad, ¿qué harías si estuvieras cerca?"

"Te besaría, pero me tomaría el tiempo para hacerlo bien", contestó Otabek con su tono estoico y directo, con su voz grave y Yuri sintió la garganta seca. Aún así ocultó su ofuscación con un comentario bromista.

"Qué poco..."

"Eres menor", contestó Otabek con un tono que fingía reproche.

"Solo eres dos años mayor"

"Legalmente soy mayor de edad y tu no"

"¿Eso te va a detener entonces?", Yuri sonaba de pronto preocupado, Becka rió ante su evidente decepción y aclaró.

"No, solo te estaba informando que probablemente iré a la cárcel por tu culpa"

Al alistarse para el primer espectáculo, Viktor pudo notar que Yuuri se arreglaba insistentemente la corbata; él podría pensar que después del debut en Nueva York ese pánico escénico retrocedería. Le costaba comprenderlo, él nunca pasó por eso, como mucho tenía una ansiedad por pisar pronto el escenario. El conductor se acercó a su violinista y antes de salir a escena, cuando el japonés le dio la espalda, lo agarró en un efusivo abrazo que desconcertó terriblemente al músico y le dijo: "Piensa que estás tratando de seducirme", Yuuri contuvo la respiración, con el corazón a punto de arrancarse atravesando su camisa y perdiéndose en el frío de la ciudad, "si tu interpretación puede seducirme, estoy seguro que encantarás a toda la audiencia".

Yuuri cambió su expresión aterrada por una determinación y asintió avanzando hacia su silla al frente de la primera sección de violines. Los aplausos se escucharon a modo de saludo y Viktor hizo una reverencia a su público que volvió a un expectante silencio al subir el conductor sobre la tarima. Sibelius emergió desde sus cuerdas, multiplicándose por el resto de la sección y extendiéndose por los instrumentos de vientos y percusión en una armonía que Viktor llevaba con aplomo. La batuta apuntando a todos, pero su mirada fija en el primer violinista; Yuuri pudo notar la intensidad de sus ojos azules concentrada sobre él y pensó que ese era el momento más íntimo que había compartido con otra persona en toda su vida. Un momento en que ambos tuvieron la misma visión de lo que debía ser una sinfonía y extendieron por todas las paredes de ese majestuoso teatro en Rusia.

El segundo concierto en la ciudad fue más fácil, Yuuri se dedicó a recordar lo bueno, repetir; a sentir la mirada del conductor sobre sí cuando la inseguridad llegaba; rápidamente hicieron maletas para ir a San Petersburgo y el abuelo de Yuri aceptó que su nieto le pagase el pasaje en avión para acompañarlo a la siguiente ciudad y pasar más tiempo juntos. Compartieron habitación, así que el oboísta debió ir al café del hotel a hablar con Otabek por videollamada; debido a lo expuesto del lugar, no pudieron lanzarse indirectas como les hubiese gustado, pero el ruso tuvo el atrevimiento suficiente como para ofrecer cocinarle Piroshkys de la receta de su abuelo. Becka dijo que no podía esperar.

Ese entusiasmo calmado, sincero era lo que más le gustaba a Yuri. Becka no hacía grandes aspavientos para demostrar sus emociones - como lo hacía Viktor - pero por eso mismo cada gesto tenue - y a gusto de muchos, desabrido- contenía una sinceridad única con la que Yuri siempre se sentía conmovido y entonces él podía dejar su orgullo de lado y dejarse llevar. Fue así que pudo abrirse tan rápido, dejarse abrazar, aconsejar y contener por el kazajo. Una parte cursi de él estaba seguro de que el carácter estoico de Otabek estaba adecuado en cada matiz a su personalidad intensa, para proveer calma y mesura allí donde Yuri era histérico e iracundo. Las palabras directas de Otabek sabían encontrarse con los rodeos violentos de Yuri y comprenderse más allá de la disparidad de sus formas de expresión.

Una vez en San Petersburgo, el violinista japonés apenas se dio el gusto de sacar un pie de la van y fue jalado dentro por el conductor que le indicó al chofer una dirección en ruso.

"¡Tenemos que registranos en el hotel y luego paseamos!"

Viktor chasqueó la lengua en un berrinche y replicó, "No, vamos a pasear ahora y luego vamos a nuestras habitaciones". El chofer los dejó en un rent a car y luego de que Viktor rentara un city car, donde guardaron las maletas, comenzó una loca carrera por la ciudad. La catedral de San Isaac, la iglesia del Salvador, el palacio Peterhof donde se sacaron selfies que fueron recibidas con histeria por Phichit. Cuando ya se hacía tarde, Viktor contestó una llamada telefónica de la que Yuuri no pudo captar ninguna palabra y entonces de la nada, el ruso lo miró y dijo tranquilamente, "Mañana seguimos paseando antes del concierto, nos esperan a cenar".

Con eso, Yuuri esperó que irían de vuelta al hotel, se dedicó a mirar por la ventanilla para apreciar los colores de ese atardecer invernal, se sorprendió al notar que se estacionaban frente a un viejo apartamento gris. "¿Dónde estamos?", preguntó instintivamente y Viktor anunció sonriente. "En la casa de mi madre, mi antigua casa... ¿qué?, ¿esperabas que me quedara en un hotel en mi propia ciudad?"

"Pero yo no puedo..."

"Sí puedes, le dije que andaba con mi mejor amigo y mamá exigió que te quedaras con nosotros", Viktor jaló su mano hacia afuera sin darle tiempo de hiperventilar ante la revelación de que su ídolo de infancia lo considerara su mejor amigo. Sacó su maleta y la llevó hacia el oscuro pasillo del edificio; Viktor le explicó que se había construido en los setenta en medio de la unión soviética y que fue casa de muchos artistas y científicos, que su padre, que había sido un trabajador del programa espacial había tenido facilidades para comprarlo y que luego de que murió, su madre nunca quiso salir de allí.

"¿Vive con alguien más ella?"

"Su segundo marido, los canarios...", contestó Viktor subiendo la escalera hasta el tercer piso. "Lyosha es un buen tipo, cuida de mamá y eso está bien porque yo me fui de casa siendo muy joven...". Yuuri había escuchado eso antes, de cómo Viktor se había ido a los doce años, de cómo su madre le había ofrecido irse con él, pero él prefirió viajar dentro de un programa de jóvenes músicos para que ella pudiera seguir con Aleksei con quien en ese momento tenía una relación seria. "Si terminaban en ese momento, ella se habría quedado sola, yo hubiese logrado mis sueños de todos modos y ella no tendría nada". Viktor siempre había sido acusado de egoísta, pero Yuuri pensaba que quienes lo hacían, realmente no lo conocían, no de la forma en que él creía conocerlo.

En ese momento, pensándolo bien, él tampoco se abría con nadie; siendo solo Phichit, Yuuko y Minako los pocos con quien él compartía algunas confidencias. También estaba Viktor, tal vez había estado tomado, pero sin querer le había contado más de sí mismo de lo que estaba dispuesto a compartir con muchos, ¿Eso significaba que Viktor también era su amigo más cercano en ese momento?, la sola idea lo desconcertó de modo que cuando les abrieron la puerta del departamento y una mujer salió a darle un abrazo apretado, lo tomó por sorpresa.

Algunas palabras en ruso muy rápido fueron dirigidas hacia él y Viktor con un tono de regaño le dijo algo a su madre. "Le dije que eras mi amigo Yuuri, el violinista principal y que no hablabas ruso... le dije que no te hiciera sentir incómodo con sus abrazos de osa"

"Oh, no... no hay problema", Yuuri dijo a la mujer gesticulando lo suficiente como para que ella comprendiera y lo volviese a abrazar llevándolo hacia dentro. Usando a Viktor como intérprete, pudieron hablar un poco. Ella se llamaba Sonya y era secretaria en una oficina estatal, fue ella quien tuvo la idea de las clases de música para Viktor cuando era pequeño; luego de comer se sentaron en un sillón mientras Viktor y Aleksei lavaban los platos y Sonya le mostró un albúm de fotografías donde pudo ver a Viktor de bebé, luego las escolares, otras jugando en el parque, trepando con su cabello largo y su cara angelical como una niña. Yuuri no entendía las explicaciones de Sonya, verbalmente, pero con sus gestos y las imágenes se podía hacer una idea de lo que le decían y reía de igual manera con algunas fotos de Viktor con las rodillas pelabas, u otras con la cara manchada de salsa.

El conductor, avergonzado, reprendió a su madre y le quitó el album; ella sonriente dijo algo y se lo pasó a Yuuri para que lo siguiera viendo por su cuenta. Viktor suspiró sabiendo que era una batalla perdida y condujo al violinista a una de las habitaciones.

"Tú duermes en mi cuarto, Lyosha en el sofá, porque yo quiero dormir con mamá hoy"

"Yo debería dormir en el sofá".

"Tonterías, eres mi invitado especial, mamá no lo habría permitido... pasa", la habitación de infancia de Viktor se reveló ante sus ojos, una cama de una plaza - de las que norlmalmente el ruso se burlaba por su estrechez - unos posters de las sinfónicas de San Petersburgo y Moscú, con una imagen del maestro Feltsman y otra foto enmarcada de Viktor a sus diez años tocando el chelo.

"Mañana si quieres me interrogas sobre lo que tengas curiosidad", dijo Viktor notando la forma en que Yuuri barría su habitación con los ojos, "Pasaremos tres noches aquí..."

"Puedo volver al hotel, no quiero ser problema..."

"Nos quedaremos ambos en mi casa, no eres problema, al contrario... me alegro que estés aquí", el tono sonaba sincero, su expresión misteriosa y Yuuri no quiso insistir. Realmente estaba viviendo en un mundo donde Viktor Nikiforov lo consideraba su amigo cercano - ¡Su mejor amigo!-, lo invitaba a su casa y lo dejaba dormir en su habitación de infancia.

"Ok", contestó Yuuri y con eso, Viktor se levantó conforme y le dijo desde la puerta:

"Buenas noches"

Se levantaron muy temprano a tomar desayuno en familia, Aleksei salió a las ocho y media camino al trabajo y Viktor preguntó a su madre si quería salir a pasear con ellos; Sonya aceptó encantada ya que de todos modos había pedido dos días administrativos en el trabajo para pasarlos con su hijo, así que mientras ellos se alistaban, ella preparó algunos sandwiches. Juntos recorrieron algunos palacios y parques, Sonya caminaba en medio de ambos, tomándolos del brazo y de repente dirigiendo palabras a Yuuri con una tierna mirada celeste. Viktor seguía haciendo de traductor, aunque Yuuri estaba seguro de que no le decía todo, en especial aquellas palabras en tono de broma dirigidas a su hijo ante las cuales Viktor parecía especialmente nervioso. Comieron en un pequeño restaurante de comida casera donde comieron Stroganoff, unas sopas de papas y col y terminaron bajando con un té unos kartoshka. Sonya les prometió prepararles unos Kartoshka caseros para su viaje a Finlandia y Yuuri se lo agradeció, aunque con el estómago tan lleno era difícil entusiasmarse con futuras comidas. Caminaron un poco más y a las cinco de la tarde volvieron a casa donde se vistieron con sus galas para ir al concierto. Sonya luce un vestido azul que hace juego con sus ojos y les dice que se adelanten y que ella llegará luego con Lyosha.

Camino al teatro, Viktor va con su mirada fija al camino, pero de reojo puede notar como Yuuri sonríe y pregunta.

"¿Estas nervioso hoy?"

"No tanto como en Moscú"

"Creo que mamá ha matado tu sistema nervioso"

"No seas así"

"No puedes negarme que es un poco intensa"

"Creo que después de trabajar contigo cinco meses, mi nivel de tolerancia a personas intensas se ha incrementado"

"Wow, me has lastimado nuevamente..."

No obstante, esta vez, Yuuri en vez de deshacerse en disculpas, soltó una liviana risa cuyo sonido se multiplicó musicalmente por las paredes del auto cerrado. Una larga presentación antecedió la entrada de la orquesta, Viktor debió dar unas palabras a la audiencia que probablemente trataban acerca de sus raíces en la ciudad, basándose en cómo Sonya desde la primera fila lagrimeaba un poco; ella notó la mirada del japonés y le hizo señas con su mano enguantada, Yuuri le respondió con una inclinación de cabeza y luego de eso el show comenzó. Grieg surgió desde los instrumentos sin incidentes y fueron despedidos con un aplauso del público

Al final de la noche, Yuri y su abuelo tomaron un taxi de vuelta al hotel; muchos se fueron a seguir disfrutando de la vida nocturna. Invitaron insistentemente a Yuuri, pero este se excusó de que iba a ir a cenar con la familia de Viktor. Mila se sonrió diabólicamente y solo dijo, "Espera que le diga esto a Phichit", Yuuri le gritó que no lo hiciera mientras Victor le pedía al resto que no se alocaran tanto, que al otro día tenían otra presentación.

En el auto de Viktor se dirigieron a un restaurante mucho más elegante del que habían estado al medio día. Yuuri, esta vez en vez de pedir que le tradujeran el menú, prefirió que Viktor ordenara por él. "Te pediré algo lo más japonés posible", declaró y así Yuuri terminó comiendo unos filetes de salmón; trató educadamente de decir que no al vodka, pero ante la insistencia de Sonya igualmente terminó con un pequeño shot que le quemó la garganta y luego le dejó en un ánimo de lo más risueño. Mientras iban de vuelta, Yuuri ni siquiera se alarmó por el hecho de que Viktor estuviese conduciendo con unas copas de más, se relajó en el asiento trasero con Sonya que le conversaba animadamente. En un semáforo, de pronto ella se dirigió al japonés y dijo algo con un tono muy afectuoso, luego se volvió hacia Viktor que estaba en un sepulcral silencio y que replicó algo en ruso, que sonaba molesto.

"¿Qué dijo tu madre?", preguntó curioso Yuuri y el ruso respondió.

"No voy a traducir eso..."

"pozhaluysta, Vitya!"

"Vamos, Viktor, no seas maleducado con tu madre y conmigo", bromeó Yuuri.

Aleksei, sentado en el copiloto se rió y Viktor gruñó admitiendo su derrota.

"Dijo que daba su bendición para que nos casáramos y que teníamos que adoptar muchos niños"

Aleksei miró hacia atrás la expresión aterrada del japonés y soltó una risotada aún más larga y ahogada, Sonya apretó el brazo de quien había decidido que sería su yerno y Viktor intentó hacerse escuchar por sobre la bullaranga.

"Le dije muchas veces que esa no era nuestra relación... pero no quiere escuchar"

Yuuri, luchando contra su terrible nerviosismo dijo: "No te preocupes, está contenta creyéndolo ¿no?"

El ruso le observó desde el espejo retrovisor y le dedicó una cálida sonrisa que le pegó más fuerte que el vodka y que las palabras de Sonya.

Una vez en el departamento, Yuuri se sentó en la cama, nuevamente mirando a su alrededor. Viktor le miró desde la puerta y el japonés le hizo una señal para que entrase. "¿Ahora me darás el tour histórico por tu habitación?"

"Es pequeña, seguro ya lo viste todo"

"Explícamela"

Viktor suspiró y comenzó. "esa caja tiene los antiguos arcos y mi primera batuta", para demostrarlo la llevó hacia donde estaban ellos y la abrió, descubriendo viejos y raídos arcos de violín y una batuta que también se veía vieja y barata. "Por supuesto, con esta batuta solo jugaba a ser director, la primera con la que dirigí la ando trayendo conmigo como un amuleto de la suerte"

"No pensé que fueras supersticioso"

"¡Soy ruso!, ¿nunca escuchaste que creímos en los ritos de un falso monje loco que se acostaba con la zarina?"

"Ra-ra-rasputin...", contestó Yuuri en un tono cantado y bromista, pero luego algo llamó su atención y apuntó a una pizarra de corto con muchos pines y cartoncillos adheridos"

"Ese pizarrón tiene los tickets de los conciertos de sinfónica a los que mamá me llevó cuando niño"

"Son muchos"

"Yo era muy insistente"

"¿Eras?", preguntó Yuuri intentando molestarle, Viktor emitió un suspiro ofendido y continuó. "Ese afiche de Yakov lo consiguió Lyosha, me lo dio cuando me conoció y quería impresionarme, recién estaban saliendo con mamá"

"¿Por eso piensas que es un buen tipo?"

"¡Lo es!, pero no solo por eso, él estaba dispuesto a mudarse donde fuera mamá si es que ella debía mudarse conmigo"

"¿Y por qué no lo aceptaste?"

"Porque ellos se irían a Moscú sin trabajo, solo por mi y este sueño que no sabía si funcionaría ¿y luego qué? ¿Y si comenzaban a pelear por mi culpa? Yo sabía que probablemente si tenía éxito debería seguir mudándome, de hecho, tuve que hacerlo dos años después a Varsovia... era mejor cortar el cordón umbilical de una vez y sin dolor"

Yuuri estaba seguro de que ese corte estaba lejos de ser indoloro. Las primeras composiciones de Viktor eran hermosas, pero tristes y nostálgicas, como "On love, Agape", su primera suite orquestal. Ahora entendía que ese relato de amor incondicional y desinteresado que el joven compositor quiso contar, tenía que ver con su decisión de perseguir su sueño en soledad para que su madre pudiera ser feliz.

"Me hubiera gustado tener el valor de hacer lo que hiciste..."

"Me alegro de que no lo hayas hecho", dijo Viktor apartando del ojo de Yuuri un mechón que había perdido el efecto del gel y había vuelvo a cubrir su frente.

"¿Te asusta que hubiera sido más grande que tú?"

"No puedo ponerme celoso de los éxitos del padre de mis hijos adoptivos, ya escuchaste a mi madre", el desparpajo de Viktor fue tal que Yuuri volvió a partirse de risa, doblándose hacia delante; al enderezarse, el conductor estaba aún más cerca de él, Yuuri no quiso pestañear, ni respirar, temiendo que el momento al romperse explotara en algo incómodo. Viktor tomó el resto de la distancia tomándolo de la nunca en un beso que comenzó suave, como una caricia de labios, pero que a los segundos tenía al japonés abriendo la boca para capturar los labios al ruso y dejar que sus lenguas se encontraran a medio camino. Viktor había comenzado a empujar a Yuuri contra el colchón y entonces la voz de Sonya se escuchó gritando desde la otra habitación y Viktor se levantó de un salto, con una risa adolescente y besó innumerable y brevemente los labios del violinista mientras decía de forma entrecortada.

"Madre... dice que... no podemos dormir... juntos hasta que... estemos casados"

Yuuri rió nuevamente y jaló a Viktor una última vez para atrapar sus labios con violencia, sacándole un inesperado sonrojo.

"Dios... me vas a matar", declaró antes de salir y correr a la habitación de su madre. Yuuri quedó mirando la puerta, inyectado en adrenalina por todo lo ocurrido en la noche, ansioso de su segundo concierto en la ciudad.

Por supuesto, la mañana siguiente la adrenalina ya no estaba allí y lamentablemente no había bebido lo suficiente como para tener la bendición de olvidar todo lo ocurrido. El recuerdo de la broma de Sonya, las que él mismo había contestado al valor del vodka y el beso... Inmediatamente sintió un hormigueo en sus labios. No solo Viktor lo había besado una vez, sino que había plantado muchos otros ataques breves y luego Yuuri...

Al recordar como jaló a Viktor de las lenguas de su corbatín deshecho para darle ese agitado beso, enterró su cabeza en un grito ahogado contra la almohada. Pero no pudo posponer eternamente su salida al mundo, al escuchar los ruidos de la familia desayunando, decidió ducharse y presentarse a la mesa donde Sonya le indicó sentarse a su lado y le sirvió un chocolate caliente con unos bollos de mazapán que según Viktor, ella misma había hecho.

El conductor no parecía diferente en su trato, seguía sonriéndole a su madre, hablándole a él como si nada. Entonces Yuuri pasó rápidamente del pánico a la resignación. Aún estaba terriblemente avergonzado, pero al menos tendría la bendición de que Viktor ignorase lo que había ocurrido y le diese la oportunidad de seguir con su amistad y relación de conductor-músico como si nada.

Viktor pudo notar, en el sonrojo y los ojos de animalillo nervioso de Yuuri, que esta vez sí recordaba lo que había ocurrido. Se sintió lleno de esperanza; tal vez los insistentes comentarios de su madre no habían sido tan perjudiciales, al menos ahora tenían un pequeño avance, cuando estuvieran solos, podrían hablar y tal vez su relación podría crecer a un plano en que ambos estuviesen seguros de lo que pasaba entre ellos. El ruso entonces decidió actuar con normalidad hasta que pudieran hablar y explicó que su madre había hecho temprano unos bollos con mazapán. Entonces la inicial expresión ofuscada del japonés, dio lugar a una sonrisa triste y asintió dando gracias por la comida antes de servirse bastante poco para sus estándares y declarar que saldría caminar por la ciudad a buscarle souvenirs a sus compañeros de piso y enviarle una postal a sus padre. Viktor lo quiso acompañar, pero Yuuri se negó diciéndole que debía pasar más tiempo con su madre.

El ruso lo vio salir y entonces el pánico se apoderó de él. Las otras veces en que habían tenido acercamientos más personales y que Yuuri los había olvidado, al día siguiente había actuado con normalidad, en ese momento no lo estaba haciendo, lo que era un indicador de que sí recordaba todo. Su actitud lejana solo podía significar una cosa: Yuuri no quería reconocer lo que había sucedido; ese beso no había sido bienvenido, Yuuri no gustaba de él de una forma especial. La idea comenzó a germinar en su cabeza haciéndole perder el apetito y cuando su madre le preguntó qué sucedía, Viktor aseguró que nada y decidió ayudarle con los quehaceres de la casa y fueron juntos al mercado.

"¿Yuuri vendrá a comer con nosotros?", preguntó Sonya mientras elegía una col morada y unos rábanos para ponerlos en la bolsa que Viktor sostenía.

"No lo sé"

"Oh, querido, ¿discutieron anoche?"

"No, al contrario, pensé que estábamos bien... que estábamos avanzando... pero hoy amaneció distante y honestamente ya no sé cómo tratarlo para que no se aleje más..."

Sonya puso una mano en la mejilla de su hijo, aliviando en parte su mirada triste y aconsejó.

"Tal vez solo necesita algo de tiempo y espacio para pensar..."

"¿Y si se aleja más?"

"Vitenka, vi la forma en que ese muchacho te miraba, la forma en que tú lo mirabas, no creo que se aleje... por ahora pregúntale si viene a comer con nosotros, dile que le haré un caviar ruso con patatas y que me sentiré terriblemente ofendida si no viene"

"¡No puedo chantajearlo así!"

"La extorsión emocional es clave con los hombres escurridizos, Vitya, aprende algo de tu madre", dijo Sonya con un tono juguetón antes de que Viktor escribiera un mensaje.

"Mamá quiere que vengas a almorzar el caviar que preparará para nosotros", no quiso sonar más lastimero. A los pocos minutos recibió, "Dile que sin falta a las una y media estoy en casa de nuevo"

Viktor quiso aventurarse con un "Te puedo ir a buscar donde me digas", pero recibió un "Tomaré un taxi".

Sonya obligó a Viktor a dejar de comerse la cabeza y lo hizo ayudarle en la cocina. Se escandalizó con que su hijo aún no aprendía a preparar nada ni comer saludable, basándose en cómo no podía pelar una papa sin cortarse el dedo, así que luego de curarle con una venda lo encargó de poner la mesa y llevar los platillos. Tal como había prometido, Yuuri llegó a las una y veinte, con bolsas y unos girasoles para decorar la mesa; Sonya le dio dos besos, uno en cada mejilla, puso las flores en agua y les pidió que se sentaran uno a cada lado de su lugar en la cabecera. Comieron compartiendo anécdotas de la infancia de Yuuri en Japón, ya que Sonya insistía en conocerlo. El concierto de la noche transcurrió sin eventos, al llegar a casa cenaron lo que había quedado del almuerzo y cuando Yuuri pensó en que se había zafado, Viktor lo buscó en su cuarto y lo invitó a una pequeña caminata nocturna. No aceptó de inmediato, el ruso debió utilizar una carta rastrera diciendo. "Mañana me voy y quien sabe cuándo caminaré de nuevo por las calles de mi barrio". Yuuri suspiró sabiendo que había sido vencido y agarró su abrigo para internarse en la noche invernal.

Caminaron algunas cuadras hacia un parque donde habían aún niños corriendo y algunas personas paseando a sus perros.

"¿Makkachin conoce este parque?", preguntó Yuuri y Viktor asintió.

"Sí, pero como visita, fue criado mayormente en Moscú, Varsovia, Viena, París... ahora en Nueva York... este parque nunca ha sido su hogar"

Yuuri asintió y para poder devolverle un poco la alegría al semblante sombrío del conductor le propuso tomarse un chocolate caliente. Se alejaron unas cuadras hasta encontrar un café abierto y con sus vasos cálidos comenzaron su camino de vuelta a casa.

"Sé que lo que pasó anoche puede hacerte sentir incómodo... pero nunca he querido hacer eso, quiero que confíes en mí, así que si prefieres olvidarlo y seguir siendo mi amigo, yo puedo hacerlo también", soltó Viktor de pronto y Yuuri se quedó paralizado. "... no quiero perder tu amistad, Yuuri", su tono sonó suplicante y el japonés pensó que si eso era todo lo que podía tener, entonces era mejor que nada.

Empezando por que nunca pensó que podría hablar de tú a tú con Viktor Nikiforov. Ser amigo era mejor que verlo solo impreso en un poster.

"Yo tampoco quiero perder tu amistad", declaró y Viktor le sonrió, apenas, y siguieron caminando mientras el ruso le relataba algunas cosas que habían ocurrido en su infancia en esas calles.

Sonya al día siguiente los despidió en medio de lágrimas en el aeropuerto y les hizo prometer que irían a visitarla pronto. Viktor le dijo que podía enviarle unos pasajes a ella y Aleksei para que fueran a verlos a Nueva York cuando estuviesen de vacaciones y ella asintió llenándolos de besos a ambos.

Helsinski era incluso más fría que San Petersburgo; Yuuri apenas descendió del avión pudo sentirlo y compró un chocolate caliente para acompañar unos de los dulces que le había horneado Sonya el día anterior. Viktor fue a encerrarse a su cuarto alegando que tenía sueño acumulado y Yuuri, pese al cansancio, prefirió distrarse en lo que quedaba de la tarde paseando con el resto de sus compañeros. Él nunca había estado en Europa después de todo. Con Mila, Micky y Emil se pasearon por los lugares de interés, sacándose selfies y comiendo lo que les interesara de distintos locales y largándose a correr como locos por las calles cuando les entraba mucho frío. Mila lo traía firmemente del brazo para así dejarles espacio a Emil que intentaba acercarse a Micky, quien seguía en negación de lo que había ocurrido en la fiesta de cumpleaños de Phichit.

Allí hicieron tres conciertos, de Grieg, Debussy y Ravel; al segundo día Viktor le escribió un mensaje preguntando si lo estaba evitando y Yuuri contestó que no, que solo estaba con Mila ayudándola a conspirar para que Micky dejara de hacerse el duro con Emil. En ese entonces, Yuuri realmente creía que no era nada personal, que estaba ayudando a sus amigos. No estaba evitando a Viktor, no habían razones para hacerlo...

Para probar su punto, Yuuri invitó a Viktor al último paseo por la ciudad en el que se incluyó además Chris y JJ; Micky y Emil cada vez tenían menos distancia, Mila caminaba con Chris y JJ, uno en cada brazo y Viktor y Yuuri andaban atrás de todos, en un silencio que a veces interrumpían con comentarios acerca del paisaje y la ciudad. Terminaron cenando en un buffet donde pudieron probar muchas cosas y mandándole Selfies a Phichit que a cambio mandó una foto de Makachin usando un gorrito con forma de hamster.

En Estocolmo todo fue casi igual a en Finlandia, salieron en grupo, Emil cada vez más cerca del Micky, Mila, Chris y JJ cuchicheaban tonterías; con más énfasis cuando Viktor le dio la mano a Yuuri para no perderlo en una multitud de una gran avenida. En Oslo salieron a caminar los tres con Mila en la última noche, pero la muy astuta los dejó solos en medio del paseo bajo la excusa de que había hecho match con alguien en Tinder. En eso Yuuri anunció que quería volver al hotel a dormir, Viktor le pidió andar un poco más, Yuuri le dijo que podría buscarse en Tinder alguien para seguir divirtiéndose y Viktor le contestó que no quería porque ya estaba con la persona más fascinante que había conocido.

Luego de eso, Yuuri se hizo un atado de nervios y caminó unos metros delante de él. Acabaron volviendo temprano al hotel después de todo.

En Varsovia Yuuri notó que su arco estaba defectuoso y que sus cuerdas necesitaban una revisión. Viktor le aseguró que conocía un taller para instrumentos de cuerda en la ciudad y lo llevó; en el local lo conocían de su época de estudiante y le aseguraron que por ser él lo tendrían dentro del mismo día, en la tarde. Viktor propuso salir juntos a recorrer la ciudad y el japonés no pudo negarse, la presentación sería la noche siguiente, así que nuevamente Viktor rentó un vehículo y lo llevó por los lugares que él conocía como residente.

Cerca del atardecer fueron a buscar el violín y cerraron el día comiendo unos sandwiches de carrito mientras caminaban por el parque Lazienki cuando vieron a una soprano haciendo un show callejero, Viktor le propuso sentarse en una banca a disfrutar del show, escucharon dos canciones de Carmen y entonces el ruso se acercó a ella y le pidió algo, ella accedió y Viktor tomó el violín de Yuuri y con él tejió las primeras notas de una conocida melodía que hizo que la gente se arremolinara frente a ellos. La joven soprano entonó "O mio babbino caro, mi piace è bello, bello..."(1), fueron unos breves minutos en los que Yuuri sin alcohol y sin proximidad física, pudo sentir cómo Viktor le hablaba y lo tocaba en un lenguaje que los dos conocían. Su corazón se desbocaba nuevamente y ni el estruendo del aplauso de los transeuntes logró distraerlo. Viktor entregó un billete a la joven, quien además dobló su ganancia luego de esa canción.

Al levantar la mirada, se encontró con la intensa mirada azul de Viktor y solo pudo reconocer, "Eso fue hermoso"

"Estaba muy inspirado"

"¿Por la música?"

"Y por la letra", acotó Viktor, Yuuri cerró los ojos, su agarre del instrumento que le había sido devuelvo se debilitó. Viktor le ayudó a sostenerlo y besó su frente, allí en plena calle. El japonés levantó la mirada y se encontró con la intensidad características de los ojos azules del conductor, su respiración mentolada y la aceleración que eso le causaba más otras emociones nuevas que se multiplicaron al notar los dedos de Viktor en su mejilla, rozando sus orejas y sus labios acercándose tentativamente. Allí, en medio del parque, Yuuri lo agarró de la cintura y terminó de cerrar la distancia faltante, mientras creía estar sufriendo un infarto, porque no había ni vino, ni tequila, ni vodka; solo Viktor y la embriaguez que le producían su perfume, su voz y el cosquilleo de su flequillo sobre su nariz.

¿Cómo es posible sentir tanto en tan poco tiempo y no morirse?

¿Cómo iba a poder evadir esa situación? ¿Por qué seguían saboteando su amistad de esa forma?

Al apartarse, Viktor le miró a los ojos de una forma demasiado fuerte y al parecer él también se sintió golpeado, por lo que intentó evadir la situación con otro beso como quien pretende apagar un incendio con bencina. Y siguieron tontamente en eso, entre besos incidentales, hasta llegar al hotel, donde sus labios se juntaron una vez más antes de separarse para irse a sus respectivas habitaciones. Yuuri se quedó dormido con la patente sensación de los labios inflamados.

El viaje en avión los descubrió intercambiando tontas risitas y rozando sus dedos cuando creían que nadie los veía. Las caminatas por Berlín fueron despreocupadas carreras de la mano con besos que los asaltaban tras alguna columna de un museo o algún rincón de un parque. En Amsterdan Viktor aprovechó la oscuridad del local donde fueron a bailar para meter la mano bajo la camisa de Yuuri elicitando un suspiro melodioso que el ruso bebió detenidamente hasta dejarle la boca roja e hinchada. Ninguno quería hablar de lo que estaba sucediendo, Yuuri no quiso pensar mucho de ello.

Él, que normalmente rumiaba la misma idea por horas hasta atormentarse, no quiso darle más vueltas y si iban a ser amigos que se asaltaban a besos por todos los rincones de Europa, entonces eso serían.

Por video llamada, Yuri Plisetsky se enteró que Otabek estaba preparando su examen de egreso con una composición propia inspirada en los compositores rusos que Yuri le había presentado. Había pasado un mes y a veces cenaban juntos conversando en video llamadas o simplemente desde la cama del hotel hablaban hasta que les ganaba el sueño. El oboísta se quejó de que Viktor y el cerdo estaban siendo insoportablemente obvios en lo que sea que tuvieran y Becka había sido amable de recordarle de que ellos también dieron muchos rodeos antes de poder decirse lo que sentían.

Yuri estuvo de acuerdo, pero al menos ellos eran adolescentes, ¿cuál era la excusa de dos adultos para ser tan patéticos?

En Viena todos en conjunto tomaron un city tour en un bus de turistas y recorrieron toda la ciudad durante los dos días de estadía; Viktor y Yuuri intentaron mantener las apariencias evitando en lo posible el contacto físico.

Al menos lo intentaron.

En Praga decidieron escaparse a y pasear juntos a gusto, de la mano, a veces abrazados y a veces compartiendo besos en cualquier rincón, con cualquier excusa. Ese era su último destino. Las cumbres filosas de los edificios se extendían al cielo rasgando el atardecer y en un arrebato, Yuuri compró dos anillos de plata a un artesano que estaba en un puente. Apenas salió del asombro, Viktor reaccionó pidiéndole al hombre que grabara una llave de sol en cada uno; Yuuri le dijo que eran un recuerdo o un nuevo amuleto de la suerte para que al volver a Nueva York todo siguiera bien y la orquesta pudiera llegar a un acuerdo con la junta.

Viktor era un poco supersticioso, pero más que aun amuleto, el anillo le parecía un signo de propiedad. O tal vez solo era su mente, siguiendo el carril de sus deseos. Esa noche Viktor se durmió mirando el resplandor de su anillo y sintiendo que los metros de pasillo, que lo separaban de la habitación de Yuuri le dolían como una enfermedad terminal. En el avión se contentó con ver a violinista dormir y se preguntó, con temor, si Yuuri podía sentir que algo en ellos ha cambiado. Porque en él sí. El Viktor que salió de Nueva York no era el mismo que estaba regresando.

El Viktor que salió rumbo a Moscú sentía afecto y una terrible atracción hacia el japonés; el que regresaba desde Praga sufría de una adicción y dependencia terrible a la cercanía de Yuuri. El Viktor que salió de Europa a Nueva York a conocer a su orquesta solo pensaba en la música y nunca quiso una vida personal fuera de ella. El que viajaba de vuelta de su gira internacional tenía las palabras vida y amor en la cabeza escritas a fuego, como si las escuchara por primera vez, obnubilándolo y empapando todo, incluso a la música.

Tal vez ese era un buen momento para comenzar a componer.

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Nota: las canción de Viktor con la soprano es "Oh mio babbino caro", de Puccini y también hice una pequeña referencia a una canción de Mon Laferte. Ustedes sabrán donde. :3

(1), traducción: "Oh mi querido padre, él me gusta, es bello, es bello..."