Notas: El capítulo más largo hasta ahora. Sorry.
10. Ai no suite: Eros
La luz apenas entraba por las gruesas cortinas color acero de la habitación, Makkachín se estiró, aún dormido, empujando con sus patas las piernas de Yuuri, que se acomodó aún más hacia el lado izquierdo de la cama, sorprendiéndose al no encontrar a su otro ocupante. Su conciencia comenzó a comprender dónde estaba, con quien y a preguntarse dónde estaba el dueño de casa. Desde la cocina se escuchó un ruido de tazas siendo acomodadas y el japonés se relajó dejándose caer sobre el colchón de la cama tamaño king. Makkachin también había despertado y le dio unos lametones en la cara, sacándole unas risas.
Viktor usaba su buzo de ejercicio color celeste, llevaba una bandeja con dos tazas humeantes de café, unos paninis calientes, frutas y una flor solitaria. Yuuri tuvo que aguantar la risa nerviosa cuando Viktor puso la bandeja en la cama y le pidió a Makkachín que se bajara al piso, donde estaba su plato recién servido de comida húmeda y croquetas.
"Todos comen gourmet hoy, por lo visto", comentó Yuuri tomando una taza de lo que parecía un Mokkaccino, con la cantidad precisa de leche, cacao, canela y espuma. Viktor asintió, pero la mirada interrogante del japonés sobre él le hicieron confesar.
"Está bien, corrí al Starbucks que está a dos cuadras y compré unos de esos galones de café y todo lo que está en la bandeja para poder servírtelo, pero te juro que está todo fresco. Yuuri sonrió de igual manera, acercándose a entregarle un casto beso antes de seguir comiendo. Ambos lo hicieron en silencio, intercambiando miradas. Uno podría pensar que con tanta domesticidad, Yuuri se sentiría completamente cómodo junto al ruso. Después de todo habían dormido juntos y al parecer - si es que en verdad habían dormido juntos en el cumpleaños de Phichit - no era la primera vez que lo hacían. Pero el nerviosismo aún estaba allí.
Cada vez que Viktor demostraba interés en él, debía decirse a sí mismo que era real; que no lo estaba imaginando. Los besos, incluso los que él iniciaba, lo dejaban con un mareo placentero y estaba seguro de que su expresión era un chiste. También estaba la contradicción entre que cada beso y abrazo le producían un escozor, una sed por más. Yuuri siempre quería más, pero no tenía el valor para tomar la iniciativa o permitir que Viktor lo llevase más lejos. Principalmente porque tenía miedo de que su inexperiencia le hiciera arruinar todo, Viktor ahí notaría que Yuuri no era lo que él esperaba. Porque Yuuri se veía delgado, pero tenía una pequeña capa grasa sobrante a los costados, los muslos anchos, estrías alrededor de su cadera y su falta de sol se veía en la palidez de su piel cetrina y todo eso le llevaban a tener una actitud pudorosa que estaba seguro que era lo más matapasiones del asunto.
No había manera de que una persona atractiva y segura de sí misma como Viktor deseara a Yuuri cuando supiera lo que incluía el paquete completo.
Viktor por su parte se sentía transformado, normalmente estaría desesperado con la tensión sexual, pero esta nueva versión de sí mismo no quería nada que Yuuri no quisiera. Así que se contentaba con besos; largas sesiones de besos y caricias sobre la ropa y luego se dormía conforme con saber que Yuuri estaba con él. Se había convertido en esta persona que se conformaba con vivir la experiencia que era Yuuri Katsuki; el japonés no tenía idea del poder que tenía sobre él, si Yuuri quisiera podría atarlo, desarmarlo, deshacerlo y Viktor no sentiría que estaban abusando de él. Por lo pronto le sirvió más café y lo observó comerse los últimos bocados de su panini.
Luego del matrimonio de JJ, se quedaron el resto del fin de semana donde del ruso. El lunes por la mañana, caminaron dos cuadras desde el departamento de Viktor hacia el Central Park, Makkachin estaba encantado trotando al lado de ambos y aún más cuando Viktor rentó un carruaje para que los llevara al otro extremo del parque, hacia la salida que daba al Music Hall. En el trayecto Yuuri se entretuvo mirando a los transeúntes y a la expresión fascinada del poodle que olfateaba en dirección a los caballos.
Caminaron de la mano por las cuadras faltantes y luego Yuuri lo soltó disimuladamente antes de llegar al edificio. Viktor no quiso hacer un escándalo de ello, pero se resintió. Saludaron al conserje y el músico le hizo una seña antes de irse al auditorio con el resto de sus compañeros; Viktor siguió caminando hacia su oficina con una expresión de pesadez. Dentro Phichit lo esperaba con su café listo y apenas el maestro entró, saludó a Makkachin y le pasó el tazón, notando el bajo entusiasmo del ruso.
"Uno hubiera pensado que luego de dos noches con Yuuri llegarías más contento", lo molestó el tailandés y Viktor suspiró pesadamente, cayendo sobre su silla.
"¿Pelearon ya?, pero si están recién casados", volvió a provocar Phichit.
"No sé, es difícil saberlo con él", suspiró Viktor y su asistente se acomodó en la banca de enfrente a escucharlo, "Sé que tenemos algo, no sé exactamente qué, ni qué derechos me da eso, aparentemente no el derecho de ser afectuoso frente a personas que conocemos"
"Bueno, es japonés, es bastante pudoroso"
"Tal vez se avergüenza de mi", se quejó el conductor y Phichit resopló como si eso fuese imposible.
"Oye, haznos un favor a todos y deja de lado el drama un rato, debemos ensayar los repertorios en la jornada de hoy, les tenemos que pasar horarios de ensayos, considerando que no estarás en algunos de ellos porque irás a terreno a buscar compositores, realmente creo que deberías dejar a alguien a cargo de los ensayos en esos ratos"
"Podrías ser tú"
"Alguien con experiencia, o que conozca tu visión o que tenga ciertas nociones de conducción... ¿Crees que el maestro Feltsman quiera?"
"Yakov no quiere que nadie interrumpa su tiempo de composición, van a tener que ensayar solos por unas horas, ¿Tienes contactos?"
"Un tipo polaco me mandó una partitura, Otabek quiere saber si puede presentarte su composición de su examen final, creo que en el conservatorio podrías encontrar más gente nueva..."
"Es cierto, le preguntaré a Minako"
"Y creo que podrías preguntarle a Yuuri"
"Cierto, él también trabaja allí"
"Sí, y tiene una composición propia que intentó presentar como examen, pero Celestino dijo que carecía de fuerza y le dijo que mejor interpretara a Bach"
Viktor abrió los ojos y jadeó sorprendido, ¿Yuuri había intentado componer? ¡Nunca le había dicho!, él necesitaba escuchar eso. "Gracias", dijo antes de correr hacia el auditorio. Los músicos le esperaban, mirándole expectantes.
"Finalmente estamos en casa, esto se siente como una reconciliación familiar", se escucharon algunas risas y Viktor levantó la batuta para ponerlos alerta, "Aún no chicos, debemos discutir unos asuntos, tenemos todo el repertorio de la temporada, excepto el de navidad y el de cierre; entonces vamos a ensayar lo que tenemos y mañana comenzaremos con el de navidad que está listo en mi despacho, pero necesito construir el repertorio de cierre, que como saben, estará construido con obras inéditas, entonces... ¿alguien tiene algún trabajo que mostrarme?". El silencio se extendió por las sillas del escenario y Viktor barrió con su mirada a los músicos, interpelándolos, "¿Nadie?... bien, entonces, les presentaré el horario, por la mañana ensayarán solos, desde el jueves estaré reuniéndome con posibles compositores y en la tarde volveré a ver los avances y corregir, por lo pronto, quiero que alguno de ustedes quede a cargo de los ensayos, porque ustedes que ya conocen mi enfoque, aunque aparte tiene que ser alguien que pueda manejar un grupo..."
"¡Yuuri!", gritó Emil desde su asiento, Georgi asintió, Micky también y JJ, repitió. "Sí, Yuuri es profesor ¿no?"
"Entre que traigas a un extraño más incompetente, mejor que sea él", mascuyó Yuri desde la sección viento madera.
Las miradas se dirigieron hacia el japonés, todos en conocimiento de cómo se ponía ante los nuevos desafíos.
"¡Vamos, cerdo, imaginaba que después de todo este tiempo ya nos habías perdido el asco", provocó el oboísta y Yuuri entró en sí y asintió tímidamente.
"Haré mi mejor esfuerzo"
"Muy bien, solo imagina que son tus alumnos y haz que todo suene como ha sonado durante toda la temporada, es solo por la mañana y por mientras armo el repertorio, creo que en dos semanas deberíamos ya tener las partituras para ensayar", le tranquilizó Viktor, "te pasaré una batuta bonita", agregó en voz baja y retomó su discurso al resto. "Bien, empezamos con lo primero, Sibelius".
El ensayo se extendió en horario normal por el resto del día, a las seis de la tarde todos comenzaron su camino hacia la salida. Yuuri, grabó los ensayos y al final de la jornada, cuando fue hacia el despacho del director para despedirse, encontró a Viktor y Phichit discutiendo los itinerarios de reuniones que tendría por las mañanas. El japonés golpeó la puerta abierta solo para hacer notar su presencia y Viktor salió a recibirlo y lo sentó en su silla y se arrodilló frente a él.
"Por favor, déjame oír lo que compusiste para tu examen final"
Yuuri dirigió una mirada rencorosa a su amigo, quien lo evitó y se concentró en la computadora del director.
"No es la gran cosa... Celestino dijo que era débil, entonces la deseché y la dejé inconclusa, finalmente toqué un concierto de violín de Bach"
"¿Por qué no me dejas oírla y juzgarlo yo mismo?", insistió el ruso acariciando la mano del violinista con su pulgar.
"Bien, te la muestro después de cenar", acordó Yuuri y se puso de pie, "me voy a hacer una clase, nos vemos a la noche, Phichit"
"Eso dijiste el viernes", le molestó el tailandés, ganándose otra mirada malhumorada.
Viktor suspiró mirando a la puerta y fue devuelvo a la realidad de un codazo. "Te tienen mal, Nikiforov".
"¿Puedo amarrarlo para que se quede conmigo todo el tiempo?"
"Eso es ilegal, y es lo mismo que tener un pájaro enjaulado ¿no?, uno que no vuela ni canta?"
"Como sea, deja a Otabek para mañana antes de la hora almuerzo, ahora voy a ver a Yakov"
"Bien..."
"Te voy a dejar una partitura que estuve trabajando en Europa"
"Oh dios... un Nikiforov original", chilló Phichit entusiasmada estirando sus manos para que le entregaran rápido el papel.
"Quiero que la multicopies, esa será una de las que presentaremos en el nuevo repertorio y otra cosa... necesito contactar a un guitarrista clásico..."
"¡LEO!", gritó el tailadés.
"Y un acordeón... puedes llevarle la partitura a Leo, dale al menos dos días, coordina una reunión luego de eso para evaluar su interpretación, si me convence puede ser el que lleve la melodía junto con Yuuri"
"¿Yuuri?"
"Sí, el solo es de violín, la canción fue hecha a medida para su modo de interpretación así que..."
Phichit no dijo nada, aunque si se quedó pensando en el título de la canción y en el hecho de que fue hecha para que su amigo la tocara. Necesitaba cotillear; llamaría a Mila.
Como todo desastre natural que no se puede prevenir, Viktor cayó en el departamento de Yakov una vez más y como niño pequeño lo molestó: "Déjame dirigir tu composición en mi concierto final, déjame hacerlo, Yakov, por favor, déjame, déjame, déjame dirigir tu sinfonía, Yakov, por favor, por favor..." en una letanía interminable de cinco minutos hasta que el viejo músico explotó y le dijo que sí, mientras se largara de su casa. Viktor le concedió silencio, mas no soledad, quedándose una hora más a leer y estudiar las partituras de la sinfonía de su maestro, el primer movimiento: "Allegro appassionato en B menor" (1). Una melodía cuya voz principal era el piano, pero que tenía un equilibrio perfecto entre vientos, cuerdas y percusión; se notaba que en su confección había un músico maduro y experimentado.
Yakov miró de reojo a quien fue su mejor estudiante, mientras hacía anotaciones en su libreta, poniendo un gesto de extrema concentración y acabó diciendo.
"Hace un tiempo que lo venía pensando y si debo dejar que otro conduzca mi primera obra, creo que tú siempre fuiste la mejor opción"
El abrazo del joven conductor bien pudo haberle roto la espalda.
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La sopa de miso como cena le devolvió el alma al japonés que había tenido un día agotador; agradeció a Viktor la preocupación, porque conociéndolo estuvo investigando detenidamente donde comprar comida japonesa para sorprenderlo. Luego de comer Yuuri tuvo la licencia de acurrucarse en el sofá con él; Makkachin dormitaba a los pies de ambos, Viktor leía distraídamente las partituras de Yakov mientras Glenn Miller los relajaba de fondo.
"Quisiera ver tu partitura", dijo el ruso de pronto, Yuuri se resintió mostrándolo en un pequeño temblor, Viktor dejó la sinfonía de Yakov a un lado y le tomó las manos al músico.
"Prometo darte una retroalimentación constructiva, realmente me gustaría incluir algo tuyo en el repertorio", Yuuri aún dudaba así que agregó, "tómalo como una retribución, ya que serás el próximo solo de mi canción original"
"¡En serio!", ahora Yuuri se veía entusiasmado y Viktor asintió, unos brazos se colgaron de su cuello y lo atrajeron de vuelta al sillón.
"Pero no me distraigas ¿eh?, muéstrame tu canción, no seas malo..."
Yuuri buscó su móvil y abrió su correo, allí rastreó mails de años anteriores y encontró el archivo, reenviándolo al conductor. Viktor lo abrió desde su computador y leyó concentradamente. Era una melodía suave para violín, no tenía puentes ni variación en sus cadencias, sonaba monótona.
"¿Cuál era la idea que querías expresar con esto?"
"Mi historia como músico, lo que la música me provoca... creo"
"Mmm"
"¿Qué ocurre?!
"Creo que es muy simple"
"Lo mismo dijo Celestino", murmuró Yuuri, pero Viktor lo hizo sentarse a su lado.
"No la estoy rechazando, no es que no la quiera dirigir, esto que tienes es un principio, así estabas hace unos años, piénsalo de nuevo ahora, ¿has cumplido tus sueños? ¿qué ha cambiado ahora?"
Yuuri sabía que su vida como músico era más que lo que esa canción expresaba, antes su vida era una constante lucha por sobrevivir. Todo era hacer clases en el conservatorio, a niños, presentaciones insignificantes, ir a audiciones, practicar, practicar, practicar hasta que sentía que no podía más y entonces practicar más sin saber si alguien algún día vería ese esfuerzo. El ansiado momento entonces había llegado, su ídolo había visto los callos y heridas en sus dedos y había tomado sus manos para empujarlo alto. Más alto de lo que laguna vez había soñado.
"Ok, lo cambiaré", aceptó mientras Viktor que había impreso las partituras sacaba un lapiz y rayaba indicándole.
"Toda esta parte es el comienzo, déjala tal cual, deberías cerrar con esa secuencia, al medio incluir un puente, algunos bemoles y piénsala como una canción orquestal, no solo para un violín..."
"Podría el piano ser la voz principal"
"¡Perfecto!, ahora piensa donde incluir cuerdas, vientos, percusiones..."
Yuuri tomó el lapiz e hizo unas marcas, unos apuntes improvisando unos pentagramas al costado de la hoja y cambiando la duración de algunas notas, cambiando corcheas, negras y blancas.
"Ya tiene mejor pinta", comentó Viktor apoyando el mentón sobre el hombro del moreno, besando su quijada fugazmente.
"Me estás distrayendo"
"Siempre me distraigo viéndote en los ensayos", replicó con un beso sobre la mejilla, Yuuri soltó unas risas y se volvió hacia él para rodearlo con sus brazos.
"No te preocupes por eso ahora, relájate, déjalo a un lado y mañana con la cabeza fría vuelves a mirarlo... ¿de verdad te vas a dormir a tu casa hoy?"
Yuuri asintió.
"Pero aún tengo algunas camisas limpias que compartir contigo... vamos"
"¿Y mi ropa interior?, llevo lavando el mismo boxer todas las noches desde el viernes"
"Compré un pack de tres cuando compré la cena"
"¿Me compraste ropa interior?", preguntó Yuuri escandalizado.
"Una noche más, mañana cenamos en tu casa y duermes ahí", Yuuri seguía negando con la cabeza así que nuevamente Viktor usó una carta rastrera, "Y así mañana paseamos juntos a Makkachin, ya sabes cómo está acostumbrado a tí"
Finalmente Yuuri se quedó una noche más. Viktor despertó abrazado a su pecho preguntándose cómo se dormía solo después de eso.
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Otabek llegó veinte minutos antes al Music Hall en esperanza de ver a Yuri, pero al preguntar, el auxiliar le indicó que estaban en un ensayo con el Maestro y que esperara en unas sillas fuera del auditorio. Por las duras paredes, se colaron las últimas notas del Waltz de las flores del Cascanueces, una de las piezas que seguro irían en el concierto navideño. Luego de unos minutos en que solo se escuchó la voz del director; este salió de la sala y al encontrarse con el kasajo lo saludó con un efusivo abrazo. Fue notorio como el primer oboe se estiró desde su silla a mirar afuera; Otabek lanzó una mirada y Viktor le indicó.
"Vamos a mi oficina, ya se ven en la hora de almuerzo, el músico asintió y una vez dentro del despacho, Viktor se dejó caer en su silla, Otabek sacó de su mochila una carpeta con unos papeles cuidadosamente guardados y se los entregó al director. "Veamos", dijo este tomando un lápiz grafito y siguiendo sin tocar el papel, el recorrido de la canción, abrió los ojos enormemente mirando al kazajo con interés y se acomodó más derecho.
"Me encanta, la melodía al menos... es muy vertiginosa, muy apasionada, me recuerda los trabajos de Beethoven, Tchaikovski..."
"Esos son los favoritos de Yura", reconoció el violista con algo de vergüenza y Viktor volvió a dirigirle una mirada conocedora.
"Ya veo... la pasión es real, como te dije la melodía me encanta, pero es muy unidimensional en sus arreglos, veo solo un instrumento acá, podría ser un violín o piano, pero con esta intensa melodía y considerando que tenemos una sinfónica, recomiendo incluir vientos, cuerdas, percusión, todo... "
"Entiendo", Otabek, pensó estar rechazado y Viktor al notar su decepción le instó.
"Que quede claro, quiero incluir esto en el programa, pero vamos a hacerle arreglos, reunámonos el viernes en la noche, en mi casa, en la tuya..."
"Prefiero que sea en la tuya quiero que sea una sorpresa y con Leo y Phichit ahí..."
"Ok, entonces, a las seis ven a buscarme y nos vamos a mi departamento y le damos formato orquestal a esto"
Al día siguiente es el primer día con Yuuri a cargo de los ensayos en la jornada de mañana. El nerviosismo volvió al verse en la tarima con la batuta de mando azul que Viktor le había dejado envuelta en un elegante papel plateado. La enorme sábana de partituras estaba estirada frente suyo, con todas las partes de todos los integrantes de la orquesta, y aunque ya las había estudiado, saber que debía prestarle atención a todos, mientras vigilaba que se cumplieran los tempos e indicaba las entradas, salidas, pianos, fortes... Pensó que comenzaría a hiperventilar de nuevo.
"Bueno, vamos a repetir todo el concierto navideño desde el principio, ya que es lo que menos hemos ensayado y...", miró las partituras, el orden del listado y dijo, "Greensleaves"
Los flautines fueron elevándose, los oboes se integraron, el arpa por detrás, demasiado alto, no logrando el efecto de cortina imperceptible que Viktor había encargado. Yuuri se detuvo y le pidió al arpista que fuera más piano, que comenzara con pianísimo y subiera a piano quedándose allí hasta que ingresaran los violines y allí subiera un poco el volumen para no ser aplacado. Comenzaron desde el principio y su atención se veía sobre pasada, estuvo pendiente del arpa un rato, pero no pudo seguir fijándose en él, porque Micky estaba apresurando los violines. Tal como Viktor dijo, el italiano era un seguidor y sin un primer violín que lo mantuviera a un ritmo, comenzaba a acelerar la melodía. Yuuri le indicó con la batuta un ritmo más lento y obtuvo el contacto visual deseado que ralentizó la melodía, pero en eso, olvidó la entrada de JJ, que de todos modos comenzó su solo, antes de lo indicado, Yuri lo miró con un gesto de indignación, Yuuri mantuvo la batuta y el brazo abajo hasta que correspondía integrar cuerdas y arpa de nuevo, de pianísimo a piano y escalando al movimiento de su bastón mientras con la otra mano indicaba a los vientos que se mantuvieran expectantes, haciéndolos volver una vez más para las notas finales.
Al acabar, Yuuri indicó a Micky que solo mirara su mano izquierda para seguir su ritmo por ahora y que luego cuando Viktor llegara él podría volver al primer asiento para marcar la velocidad; reprendió a JJ por no esperar su indicación, el canadiense reclamó que Yuuri se había quedado pegado con los vientos y el oboísta unas sillas más allá le dijo al canadiense que entonces fuese a dirigir él si se creía tan capaz.
"Ok, no peleen, vamos a la otra, "Noche de paz"", y continuaron irónicamente con ello, aunque había distado mucho de ser pacífico. Yuuri entonces sintió una inmensa admiración por el conductor y su capacidad de monitorear y guiar tantos roles al mismo tiempo. Entonces llegó a preguntarse en qué clase de broma cruel se habían coludido todos cuando creyeron que él sería capaz de llenar esos zapatos aunque fuese a modo de reemplazo de media jornada por dos semanas.
El viernes por la tarde, Otabek y Viktor estuvieron casi tres horas arreglando la partitura de la melodía que titularon "Samarkand Overture"; en medio de sus minutos más estresantes Yuuri llegó del conservatorio con paquetes del local del Markus y los dos músicos devoraron los shawarmas llenos de vegetales y carne como si hubiesen comido en días. Yuuri se sentó en la sala con audífonos y unas partituras en la mano y les dijo que no se preocuparan por él. Makkachín se echó con la cabeza en su regazo y una hora más pasó, siendo casi las once de la noche. Viktor insistió en pagar un taxi para que Becka no atravesara la ciudad en bus a esa hora y cansado, Yuuri ensimismado apenas se despidió de su compañero de piso y tampoco notó la cabeza del ruso sobre su hombro, asomándose a ver sus lecturas y anotaciones.
"Eres un conductor suplente muy aplicado"
"No me queda otra, tengo un jefe que me sobre estimó y me dio una tarea tremendamente difícil"
"No te he sobre estimado, tus compañeros te eligieron y son músicos de cámara, de elite, como mucho creo que tú te subestimas"
"Estaban locos si creían que dirigir una clase con diez estudiantes tocando el mismo rol de cuerdas, era igual que dirigir una orquesta con múltiples roles y casi todos ellos desconocidos para mi"
"Ellos pensaron eso, yo sabía a lo que ibas y sé que eres capaz, te he visto estudiar más duro de lo que yo nunca lo hice", lo abrazó el ruso tocando insistentemente su nariz con el cuello del violinista para sentir su aroma a hogar. "Ahora creo que debes dejar eso porque sino vas a explotar, mañana solo haremos más del concierto navideño y recordaremos a Grieg que salió un poco flojo en Rusia... y ya has estudiado hasta Mozart"
"Tenía, por si..."
"Nada, vamos a dormir"
"Debería llamar un taxi..."
"¡Yuuri!, vamos", insistió el ruso tirando de la manga de su sudadera hasta que logró hacerlo levantarse y lo llevó a tirones a su habitación donde ambos cayeron sobre la enorme cama, Yuuri sobre él, con sus ojos cansados; aún así tuvieron un fugaz destello al notar los dedos del conductor sobre su nuca. El beso que siguió fue lánguido, por el agotamiento del día, pero también por un sentimentalismo naciente en el japonés por el apoyo constante de Viktor. Se pusieron sus pijamas en silencio, Yuuri se acomodó, Makkachín a su lado izquierdo y Viktor abrazándolo desde el otro costado. Parecía que sus noches solitarias anteriores en que la ansiedad lo devoraba vivo eran un recuerdo tan lejano, como una pesadilla que jamás existió.
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El lunes siguiente Viktor llegó con un fajo de partituras que junto con Phichit repartió entre los músicos.
"El repertorio está casi listo, solo falta un arreglo que está haciendo un compositor, pero creo que el viernes ya deberíamos tenerla", anunció. Yuuri se encogió en su silla, sabía que era él, Viktor le criticaba constantemente que faltaba enfatizar percusión, o vientos, pero no le decía donde porque "El proceso creativo es tuyo, Yuuri", pero no era tan suyo si lo frenaban a cada rato, cuando creía que estaba haciendo un avance.
"Las partituras están en orden y el número nueve que falta es la que aún no me entregan, que es un nocturno, el momento más intimo del concierto..."
"¡Hay una canción tuya!", anunció Emil entusiasmado y Viktor asintió y agregró.
"Sí y para ello traje a mi amigo acá, Leo, Francine, pasen... ellos tocan la guitarra clásica y el acordeón, estarán solo durante la canción número ocho, mi composición, como bien notó Emil"
Todos siguieron revisando. Todos menos el oboísta principal que leyó que la primera canción del reportorio decía "Samarkand Overture, by Otabek Altin" y casi se desplomó desde su silla.
"Entonces, número trece, tuve el honor de estar con el compositor haciendo los arreglos orquestales así que tengo una idea más menos clara de lo que él quería expresar con esta suite, uno, dos tres"
La melodía surgió un poco rudimentaria, al ser la primera vez y no estar familiarizados con ella; pero luego de cinco repeticiones tomaba la forma que tanto habían buscado con el kazajo. Entre tanto repetir las canciones a medida que avanzaban por el repertorio, dieron las cinco de la tarde cuando recién ensayaron Eros, y aunque esperaron todo el día, los dos músicos invitados estaban felices de haber podido presenciar un ensayo completo de la orquesta más grande del estado.
"Bien, esto es un dueto entre Leo y Yuuri, los demás solo son una cortina que envuelve ese baile entre ellos, piensen que es una danza entre dos amantes que se quieren seducir, ustedes son los testigos y los que resguardan ese momento..."
JJ asintió como si entendiera y Yuri sacó su lengua asqueado, pero miró la partitura con atención y cuando Leo empezó, nadie esperaba ese sonido flamenco tan intenso ni los nuevos instrumentos de Chris, castañuelas, cascabeles. Yuuri se unió veritiginosamente con Francine siguiéndole los pasos con el acordeón. El resto de las cuerdas tímidamente vibraban en pianísimo y cerca del final, los vientos apenas hacían unas participaciones para envolver el juego entre el violinista principal y el guitarrista. En medio de la interpretación Yuuri notó que él conocía esa melodía. Que esencialmente era "Agape", pero que los tiempos, escalas y arreglos hacían que fuera algo totalmente distinto, ¿Era acaso una nueva faceta del amor de Viktor?, ¿Era casualidad que él la estuviera tocando? Sus mejillas enrojecieron ante el pensamiento e intentó concentrarse en su turno
Al acabar todos aplaudieron a los músicos invitados y JJ, siempre más exagerado, hasta les hizo una reverencia. Viktor miró fijamente a Yuuri y le guiñó el ojo. El estómago del japonés hizo volteretas por el resto de la tarde.
Y tal vez ese había sido el empujón que necesitaba, porque finalmente pudo construir el último puente que iba al final de las notas finales, el que expresaba la intensidad con la que estaba viviendo en ese momento de su vida, aunque no supiera lo que Viktor quería de él.
El borrador fue escaneado y se lo mandó al maestro para que le diera una mirada. Eran casi las dos de la mañana, no obstante, el conductor lo llamó gritando que había amado la melodía, que esa canción si expresaba lo que era Yuuri Katsuki.
Era apenas jueves y Viktor entró hecho una máquina demoledora, entregando las partituras de lo que sería la canción número ocho. Los músicos leyeron, muchos concentrándose en los aspectos técnicos; Georgi indicó a Mila que el solo era suyo, de nuevo, pero ella reparó en otra cosa.
"¿Tú hiciste esto Yuuri?"
Los otros repararon en el título "Nocturne no. 1- "Yuuri on chords" by Katsuki Yuuri".
"Es un nocturno precioso", comentó la pianista.
"No sabía que además de todo le pegabas a la composición", molestó JJ y el japonés se sonrojaba.
"Bien, comenzaremos a ensayarla ahora mismo", propuso Viktor y se subió a la tarima, todos esperaron la orden. Mila fue la primera en ingresar y se mantuvo en solitario los primeros cincuenta segundos, hasta que Chris y la sección de cuerdas le siguieron, los vientos hicieron su aporte cerca del minuto veinte y todos fueron comprendiendo que la melodía iba en creccendo. Viktor notó los cambios de ritmo, al principio la voz principal estaba sola, luego las cuerdas y percusiones fueron la entrada de una fuerza que le dio más vitalidad a esa voz. Era Yuuri en sus inicios, solo y desesperanzado y también él antes de conocerlo, pero sus caminos se encontraron y se convirtieron en algo más fuerte que ambos. Juntos pasaron muchas cosas en poco tiempo hasta que se dieron cuenta en Europa que la relación director discípulo era poco para encasillarlos. Nuevas emociones nacían. Entonces el piano en solitario se hacía lento generando un puente suave, como los momentos que vivieron en la fiesta de Phichit, en San Petersburgo, Viena y Praga. En el piano escalando junto con las percusiones Viktor notó la forma en que en ese momento se perseguían el uno al otro, con la música guiándolos, como Yuuri en el presente era más y su ansiedad se iba disipando para dar lugar a algo bello.
Él amaba a ese Yuuri lleno de luces y con confianza suficiente para luchar por sus sueños.
La idea le pegó de pronto. Lo amaba.
Pero esa era la historia de Yuuri, no la suya y tal vez él no la leía adecuadamente. Viktor al acabar se dirigió al compositor de la pieza.
"¿Crees que llevé bien el ritmo?"
"Estuvo bien, aunque... yo habría comenzado más lento y luego al final, el puente es más rápido y forte..."
"¿Por qué no dejas que dirija los ensayos de su canción para que nos diga cómo hacerlo?", preguntó Mila.
"Creo que aprovechando que no apesta tanto dirigiendo deberían dejar que condujera su propia canción", acotó Yuri. El japonés se volvió al oboista ruso, admirado y este bajó la mirada, avergonzado con su gesto de apoyo.
"Creo que tienen un punto allí", reconoció Viktor mirando al japonés expectante, "¿Quieres dirigir tu propia canción en el concierto?"
"¿Eh?", el tono del japonés fue una advertencia para que Viktor pusiera las manos sobre sus hombros para anclarlo a la realidad e impedir que su mente viajara hacia los miles de escenarios catastróficos posibles.
"No te pongas loco, faltan meses aún, así que sin presiones... ensayen el nocturno, unas muchas veces yo voy a una reunión con el directorio ahora que tengo el repertorio completo, así que los dejo en eso, te dejo a cargo Yuuri, tu canción, tu visión..."
¿Su visión?, Yuuri estaba histérico internamente. ¿Él tenía una visión siquiera?
Intentó no atormentarse con la idea de que carecía de visión personal y fue ensayando la canción por partes, pausando cada un tanto para indicar a los músicos sobre los ritmos, intensidad y poco a poco su idea fue tomando forma. Cuando tuvieron la primera versión completa, un aplauso solitario se dejó oír y todos se pusieron de pie de inmediato. Yakov Feltsman estaba con una carpeta en la mano. Yuuri corrió a saludarlo.
"Viktor está en una reunión con el directorio, el repertorio completo está listo"
"¿Te dejó a cargo del ensayo?"
"Sí y bueno, también quiere que le de una visión personal, porque esta es mi pieza y..." su frase murió ahogada por la vergüenza. El director dedicó una mirada interesada a las partituras y con un "Me permites", tomó la batuta y marcó la entrada a Mila. Una versión más lenta a y equilibrada del nocturno emergió; no fue necesario que dijera nada con sus palabras; los músicos tenían una larga relación con el maestro Feltsman y sabían lo que el quería con cada movimiento de sus manos. En medio de la interpretación se detuvo y dijo:
"Esa sería mi versión, la que estabas haciendo tú era más rápida, con músicos en primer plano y otros muy de fondo, ¿Eso querías?, porque esa parece una versión planeada por Viktor"
Yuuri asintió y pensó un momento las palabras del maestro. Estaba acostumbrado a tocar al ritmo de Viktor y en el reemplazo que había hecho en los últimos días, se había habituado a seguir las instrucciones de dirección que le dejaron, así que cuando le pedían que hiciera una versión suya no tenía muy claro qué quería. Aunque tal vez debería pensar en qué quería expresar. En cómo comunicar que su voz solitaria había encontrado apoyo y empuje en todos aquellos que ahora le rodeaban.
"Creo que entiendo un poco"
Se subió al podio ocupando el lugar del director nuevamente e indicó.
"Lo veo como una fuga, primero la voz inicial está sola, pero se van uniendo las otras. Empezamos piano, pero luego del puente nos apresuramos, tenemos que luego de eso seguir de forte, fortísimo, y luego piano, pianísimo hasta que Mila quede sola, ¿Se entiende?"
Muchos asintieron.
"Bien, ahora díselos con la batuta", indicó Yakov.
Yuuri asintió y levantó sus manos, unos segundos en suspenso hasta que dio el pie inicial de Mila, de piano a un poco más forte, haciendo énfasis en ciertas notas que Yuuri indicaba, las percusiones entraron, con fuerza, como Yuuri indicó a Chris, pero las cuerdas muy suavemente; los vientos en pianísimo y subiendo paulatinamente hasta construir la polifonía de voces a los dos minutos cuarenta, estando ahí concentrada la mayor intencidad, Yuuri aceleró sutilmente el ritmo hasta ir bajando en las últimas notas. Yakov le golpeteó la espalda en un gesto de aprobación y le comentó por lo bajo que si quería algunos tips de dirección, él encantado lo podía ayudar.
"Pídele mi teléfono a Minako, ahora tengo mucho tiempo libre", dijo el viejo antes de seguir caminando rumbo a la oficina de su pupilo.
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Viktor tenía una mezcla de entusiasmo e incertidumbre. Por una parte estaba contento con la idea de viajar en la gira local con sus músicos. Con Yuuri. Por otro lado, sabía que la salida de Greg del directorio generaba un hoyo financiero que debían rellenar y, si bien la gira local les podía dar cierta entrada de dinero, debían buscar una solución a largo plazo. Aparte de eso, Yakov le había estado zumbando en el oído algunas tonterías sobre el potencial de Yuuri, sobre que debería impulsarlo, pero Viktor escuchó la mitad y se puso a informarle sobre su vida sentimental con el japonés. Cosa que Yakov por supuesto habría preferido no saber.
El mensaje de Chris en su teléfono le hizo olvidar sus preocupaciones y tomar un taxi al club Sounds, al parecer Yuuri iba a tener una presentación con algunos de sus estudiantes y amigos. Debió ofrecerle una propina al conserje de su edificio para que le paseara a Makkachin; de nuevo. El tráfico lo tuvo amasando ansiedad, dos cuadras antes de llegar, no lo soportó más y pagó el viaje, lanzándose a correr hasta la puerta del lugar, donde se arregló la chaqueta y el cabello. Entró y encontró rápidamente la mesa atestada de conocidos: JJ, Isabella, Chris, Marcus, Ji, Phichit, Otabek, Yuri, Sara, Michel, Emil, Mila...
En el escenario Leo y otros desconocidos, la mayoría violinistas y celistas, se alistaban con sus instrumentos, Yuuri al lado de uno de los más jóvenes, les daba las últimas recomendaciones y luego tomaba lugar adelante con un atril de partituras.
"Buenas noches, gracias por venir, esta es la primera presentación fuera de las aulas de muchos de mis estudiantes, vamos a tocar principalmente concertinas de cuerdas y guitarra, gracias a Leo de la Iglesia porque amablemente accedió a tocar con nosotros... espero que lo disfruten"
La primera pieza era de Joseph Haydn, el concierto para guitarra y orquesta en C Major. Yuuri con la batuta de mango azul que Viktor le había regalado, movía sus manos en un vaivén lento, indicando a sus estudiantes el ritmo para acoplarse a la voz solista de la guitarra de Leo. Los chicos tenían algunas dificultades para leer las partituras y seguir las instrucciones de su conductor al mismo tiempo, pero Viktor podía notar a donde quería llegar el japonés e imaginaba cómo sería la misma pieza con otros músicos más expertos. Yuuri sería excepcional ¿A eso se refería Yakov?, Viktor podía ver lo que notó su mentor, pero una parte de él se sintió amenazada; no de que Yuuri lo desplazara, sino de que si decidía convertirse en un conductor entonces ¿cómo trabajaría a su lado? Viktor sabía que era cuestión de tiempo, Yuuri seguiría creciendo como músico y, eventualmente, podría tomar un camino que lo alejase de él. Una pesadez se instaló en el ruso impidiéndole disfrutar la música como se debía.
Tal vez por eso, al día siguiente decidió tomar la dirección de los ensayos de forma definitiva, a excepción de la canción de Yuuri en los momentos que ensayaban el concierto de cierre. JJ, hizo una broma acerca de que ya estaba acostumbrado a la mano de Yuuri; Viktor no pudo reírse y seguro su seriedad fue mal interpretada. Yuuri parecía más serio y silencioso, "Cree que estás enojado con él", le explicó Chris y entonces Viktor fue a conversar con él en el único idioma que ambos conocían.
"Dado que yo te reemplazaré como primer violín el día del concierto, ¿te parece si ensayamos un poco tu canción conmigo en ese rol?", propuso agarrando el instrumento del japonés que se vio atontado por la sorpresa unos segundos antes de asentir a la propuesta del ruso. Yuuri tomó la batuta, inseguro, mirando la partitura y entregando a Viktor la parte de las cuerdas.
"Saltémonos los tiempos de Mila y hagamos solo las partes que te corresponden, yo te indico cuando inicia y acaba tu turno"
"Esa es la idea", contestó Viktor guiñándole el ojo.
Yuuri le indicó la baja intensidad inicial y fue subiendo de a poco, acelerando en el estacato y luego silenciando. Marcó un nuevo inicio en que comenzó más fuerte que al inicio de la canción, pero acabó con notas en fortísimo hasta ir apagándose con sutiliza. No se sabía si era la destreza de Viktor como músico, la habilidad natural de Yuuri como conductor, lo mucho que se conocían y se comunicaban en ese ámbito o simplemente que sus estilos calzaban, pero el primer intento fluyó con tal naturalidad que se quedaron un rato en silencio, mirándose a los ojos, digiriendo lo que acababa de suceder.
"No sé si sea necesario hacerte practicar", comentó Yuuri, obviamente dándole todo el crédito al ruso, subestimándose.
"Lo mismo digo de tí", contestó Viktor, pero Yuuri miró al suelo, como siempre, incomodándose ante los cumplidos.
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Afortunadamente, Phichit pudo tramitar su entrada a Canadá y México de forma que el problema de la gira anterior no volvería a repetirse. Pero por supuesto, eso implicaba tener que soportar todo su entusiasmo y su insistente pedido de sacar selfies con cada integrante de la orquesta, subiendo fotos a instagram, como si le pagaran por ello.
La primera parada fue en el Distrito Federal, todos siguiendo a Leo, quien fue invitado a esa parte de la gira por ser el único hablante de español que conocían. Como nunca anduvieron en manada, llenando buses, atestando restaurantes y tiendas. Viktor fotografiaba todo lo que veía con su I-phone y Leo le gritó en inglés que guardara eso porque se lo iban a robar. El concierto llenó teatros las dos noches y luego tomaron el vuelo a Vancouver. La mayor apertura de las muestras de afecto homosexuales hicieron que todos salieran a bailar y beber, tomándose de la mano con naturalidad, hasta con un fotografiado beso de Emil y Micky. Esa noche, todos pretendieron que no vieron a Yuuri meterse a la habitación del conductor, donde luego de una pesada sesión de besos y caricias se durmieron con sus pijamas desarreglados. Viktor no quería usar nada, pero Yuuri insisitió en que mantuviera los pantalones del algodón puestos.
Comenzaron por Michigan, en Detroit, luego Seatle, Chicago, Indianapolis, Colombus, Louisville... En Orlando y Miami salió la idea de ir a la playa, y Phichit pudo regodearse sacando fotos de Viktor, Yuuri y Yuri tomando el sol en unas sillas. En New Orleans se escaparon a bares de Jazz; En Houston, no pudieron pasear porque solo era un día de concierto y luego de vuelta al aeropuerto. La gira local se sentía apresurada, sin los momentos de intimidad que habían tenido en Europa. Viktor se contentaba con poder darle la mano de repente, con dormir juntos y con todo el mundo asumiendo que lo de ellos era oficial y estaba en llamas. Aunque aún no pasara nada, realmente.
Viktor podía sentir las trabas deteniendo al japonés, pero no sabía de la tormenta en su cabeza. Muchas veces Yuuri se había alejado de él en el momento de mayor intensidad, enfriando la situación con una broma tonta o corriendo al baño. Cuando lo hacía, se miraba al espejo, se mojaba el rostro y se decía que un día Viktor se aburriría de él; pero ni aún así podía sucumbir ante sus deseos, porque Yuuri deseaba a Viktor, como nunca a nadie, pero no solo era eso, sino que mucho más, ¿Cómo podía ceder si Viktor solo le podía ofrecer algo tan simple y superficial?
Una tarde en que paseaban con Phichit por un parque en San Antonio Phichit le interrogó acerca de si le ha gustado conducir.
"Es algo nuevo... al principio me producía mucho miedo, pero luego me di cuenta de que todos confiaban en mi y que el resultado era como yo quería y... no sé"
"Deberías intentarlo"
"El maestro Feltsman dijo lo mismo, me ofreció su ayuda incluso"
"¡Wow!", exclamó el tailandés impresionado, "El maestro de tu ídolo, yo que tú lo tomaría"
"No lo sé...", musitó Yuuri, con un gesto que evidenciaba su combate interior; Phichit pudo notarlo y comentó.
"Tal vez preferirías que Viktor que enseñase..."
Yuuri negó vehementemente con la cabeza. "No da, no tenemos ese tipo de relación..."
"¿Ah no? ¿Cómo que no?, prácticamente están casados"
"Por milésima vez, son anillos de suerte, como mucho de amistad"
"Ya", el clarinetista no se veía convencido, así que Yuuri debió desarrollar su idea.
"Digo... es que es complicado, somos más que amigos, menos que amantes y pese a que lo pasamos bien..."
Phichit con la mano le indicó que siguiera, Yuuri suspiró. "No sé si quiera compartir mis sueños con él"
"¿Por qué no?"
"Dudo que le interesen"
El tailandés resopló como si la idea fuera ridícula. "Creo que deberías hablar con él"
"No es necesario"
"Sí lo es, deberías escuchar de su boca lo que él quiere de esto que tiene contigo"
"Es que no hay nada"
Phichit le dedica una mirada acusadora.
"Bueno, si vas a pensar eso y es lo que te hace feliz, pues bien, pero la idea es que sigas con tu vida"
"Eso hago..."
"¿De verdad?"
"No estoy a la espera de Viktor... no espero nada de él", aseguró Yuuri ocupando el punto de observación de aves como distracción.
En la noche inventó que los tacos del foodtruck le habían sentado mal y se negó a ir a cenar con el conductor, aguantándose el hambre y la frustración en soledad. El resto del viaje se concentró en ensayar sus partes, por horas en su habitación; eventualmente Viktor y Phichit se asustaron con su ensimismamiento y le pidieron salir, comer e intentar "disfrutar de la experiencia de estar de gira", lo que fuera que eso significase.
De regreso a Nueva York, Viktor sentía que la gira en vez de acercarlos, como en Europa, los había distanciado. Eso le llevaba a plantearse una serie de preguntas ¿Yuuri se había aburrido ya de él? ¿Siquiera sentía algo por él aparte de solo atracción? Los ensayos para el concierto de cierre se acercaban y luego de eso solo faltaba el concierto de navidad y deberían comenzar los preparativos para los conciertos de la temporada siguiente; para poder recuperar la confianza del directorio, en febrero debía tener todo el repertorio del año claro y ya estaban a mediados de Noviembre.
En los días que siguieron, con Phichit revisaron los contratos de los músicos, los que tenían contrato permanente y los que tenían a plazo para saber qué tipo de convocatoria necesitaban hacer para nuevos músicos. Sara volvería antes de los conciertos de cierre y de navidad, pero acordó solo tocar en ese último para tener tiempo de ensayar el repertorio, asegurando que quería que Yuuri siguiera dentro en ese concierto.
La rutina de ensayos logró calmar los ánimos tanto de Viktor, como de Yuuri, quien olvidó sus inseguridades y se permitió almorzar con él y su amigo de nuevo. El ruso recuperó su optimismo y se entusiasmó más aún al saber que el cumpleaños de Yuuri se acercaba; ideó que compraran un pastel para cantarle - y tocarle con sus instrumentos- el feliz cumpleaños y hacerlo apagar las velas justo antes de salir al escenario, para luego celebrar en la gala posterior.
Por supuesto, el tailandés y todos aplaudieron la idea y Yuuri se vio sorprendido con una cantata coral, violines, clarinetes y oboes; con el nerviosismo patente, pero también el agradecimiento. Se dejó abrazar por sus compañeros y salió con la actitud que él mismo consideró ideal para poder dirigir la canción que el consideraba el himno de su vida hacia el momento.
Entonces comenzaron con un discurso del conductor que presentó la idea de su concierto e introdujo la primera la composición del maestro Feltsman que, como era esperado, provocó un estruendoso aplauso. Desde allí siguió avanzando hasta el momento en que Viktor presentó la canción de Yuuri y lo presentó como conductor, suscitando el interés inmediato de la audiencia. Pese a que lo habían ensayado muchas veces, esa se sentía como la definitiva, Yuuri se sobrepuso a los nervios y logró mover la batuta y su mano izquierda aunando a esto sus gestos faciales de forma que les indicaba a todos los momentos de entrada, las pausas, el ritmo y comunicándose con los primeros de sección de una forma tan personal que Viktor sintió que estaba siendo suavemente sometido por el japonés.
Los roles nuevamente se restauraron, Viktor fue aplaudido incluso cuando aún devolvía el violín a su dueño.
"Ahora, una composición mía, es hermana de una vieja pieza que también trataba del amor, pero en una faceta más inocente; esta trata sobre otra cara del mismo sentimiento, se llama "On love, Eros"
El público guardó silencio, Yuuri tomó lugar de pie, al frente de la sección de violines y a la orden del conductor, Leo hizo la introducción con su guitarra y el violín a manos del japonés entró con fuerza arrolladora en una cadencia ondulante, los vientos se unieron pronto y el resto de las cuerdas se mantuvieron atrás. El intercambio de miradas entre el violinista principal y el conductor fue intenso durante la interpretación, Viktor creía que sus manos reflejarían el temblor en su interior. Poner su canción inmediatamente después de la de Yuuri se sentía como una declaración mutua tácita hecha en el idioma que ambos preferían. El concierto prosiguió, calmando en parte sus ánimos, al final de este, la canción de Otabek resonó en las paredes del Music Hall y luego de ello el estruendoso aplauso.
Los hechos posteriores se sintieron interminables, la salida del escenario, la entrada al salón del hotel, saludar a los inversionistas, las fotografías para las páginas sociales; Yuuri se vio estrechando muchas manos desconocidas, pero lejos de ser aturdido por la ansiedad, estaba distraído, buscando constantemente una cabeza de cabello plateado que ocultaba sus propias ansias de hui forzando sonrisas y entablando conversaciones vacías. Lejos, lo peor de la noche fue tener que mantener la compostura y sonrisas diplomáticas exigidas al conductor mientras Yuuri lo observaba desde un extremo del salón, con su copa de champagne intacta. Viktor recordó la intensa mirada que le dedicó el japonés luego de interpretar la suite "Eros", cuando Yuuri le hizo el amor a su violín en público masajeando las notas que Viktor construyó pensando en él. Desde entonces, casi al inicio del concierto, es que su alma estuvo en un frenesí desesperado. Ya habían pasado cinco horas de eso.
Disculpándose salió del salón y corrió escalera abajo, complacido al sentir los pasos del violinista siguiéndole. Una vez en la calle, el ruso hizo parar un taxi y Yuuri se sentó a su lado. El calor del muslo del japonés tocando el suyo traspasaba las dos capas de tela de los dos pantalones de etiqueta. Viktor se echó hacia atrás en el respaldo del asiento y Yuuri entregó su dirección al conductor. Viktor se extrañó, pensó que lo harían en su casa, él al menos vivía solo. Aunque no estaba en posición de reclamar por eso. El viaje a través de Manhattan se sintió más eterno que los casi diez meses de tensión entre ellos. Yuuri llevaba esperando un momento como este desde hacía incluso más tiempo, desde su adolescencia, aunque por supuesto jamás le inflaría el ego a Viktor confesándoselo.
Al bajarse del taxi, corrieron hacia el edificio, subieron la escalera sin pensar en que podrían resbalarse con sus zapatos de charol y tapillas de suela, Viktor iba agarrado por detrás de la cintura de Yuuri, en un afán de no permitirle que desapareciera. Luego de abrir la puerta del departamento con dificultad debido a los insistentes labios de Viktor; Yuuri le hizo callarse, el único ruido en el pasillo era el de la música que escuchaba Leo desde su cuarto. Seguro para encubrir lo que sea que estuviera haciendo con su novio.
El corbatín del conductor, fue deshecho con brusquedad y de las puntas que pendían desde su cuello fue jalado hacia dentro de la habitación con una carcajada. La puerta se mantuvo cerrada toda la noche.
La mañana siguiente Phichit atendió a sus hamsters, revisó sus redes sociales y luego arrastró sus pies enfundados en unas pantuflas de peluche para ocupar la ducha antes que nadie. Jamás esperó encontrarse con que del cuarto de su mejor amigo emergiera su jefe en unos apretados boxers negros y le dijera buenos días como si nada y le ganara el turno para meterse al baño. Intrigado, entró como un bólido a la habitación de Yuuri exigiendo una explicación. El japonés estaba apenas cubierto por una sábana y aún no terminaba de desperezarse.
"¡Qué está pasando!", gritó el tailandés. Yuuri, inesperadamente, en vez de sonrojarse con pudor, soltó una risa, como un niño pequeño pillado en una maldad, y dijo.
"Viktor durmió aquí"
"¿Durmió?"
"Sí dormimos... un poco..."
"Oh dios mío... ok, está bien, lo lograste, pudiste hacerlo, ¿ya no tienes miedos? ¿dudas? ¿entiendes que ese hombre sí quería contigo?"
"Comencé a hacerme la idea en Europa"
"¡Sabía que había comenzado en Europa!"
"Pero nunca habíamos...", Yuuri hizo un gesto indicando la obviedad de la situación.
"Oh, vaya... primer polvo, y a unos metros de mi habitación, qué honor... supongo", Yuuri soltó otra risotada y Phichit comenzaba a pensar que se había fumado algo. "¿Entonces están saliendo?, ¿Es oficial?"
"No tengo idea..."
"Ok, ¿estuvo bueno? Del uno al diez, dime qué tan bueno estuvo"
"No sé ¿un... 9.8?", Yuuri escondió su cabeza en la almohada y Phichit abrió su boca dramáticamente.
"Eso es bueno..., eso suena bien, ¿Cómo es que no escuché nada?"
"Eso es un diez, Yuuri", canturreó Viktor entrando a la habitación duchado, con su pantalón puesto, una camisa blanca que seguro era de Otabek, un cardigan de Phichit y sacando una pañoleta de un cajón del armario del japonés.
"¿Cómo es que escuchas todo?", preguntó Phichit.
"Vamos... soy un conductor, compositor, músico... tengo buen oído, oh, mi bello durmiente"
Sin importar la audiencia, Viktor se inclinó sobre la cama y le dio un último y agitado beso a Yuuri.
"Mierda...", comentó Phichit enfáticamente, Viktor le decía cosas al oído a Yuuri que le hicieron ponerse colorado y luego anunció.
"Como sea, me voy a una reunión... Phichit, paseame a Makkachin, acá están mis llaves", las lanzó a las manos de su asistente y agregó, "El resto de mi ropa está tirado por ahí, recógela y mándala a la lavandería, luego la pasas a dejar cuando esté lista, no importa cuando, nos vemos en tres horas en el music Hall...", luego cerrando el ojo sugestivamente al japonés que seguía acostado agregó entre besos. "Te veo a la noche, te paso a buscar... empieza a ensayar para la audición"
Yuuri soltó un suspiro al verlo salir y Phichit gritó escandalizado.
"¡OH DIOS MIO, DE VERDAD ESTÁ PASANDO!"
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Nota: No es que Yuuri sea un compositor y conductor innato; trabajo mucho tiempo en una canción y lo otro es que como hace clases, allí dirige grupos de violinistas tocando un instrumento que él conoce; pero no maneja bien la forma en que deben sonar y sincronizarse los otros instrumentos, por eso estudió escuchando ensayos anteriores y leyendo con mucho cuidado todos los roles de la orquesta, porque si bien no puede notar muchos detalles de errores, debe cuidar que la representación se mantenga dentro de los márgenes que Viktor ha establecido. La dificultad la tuvo con su propia canción es que le pidieron que entregara su visión de ella - obvio, si es su propia composición- pero él nunca ha pensando en eso, porque normalmente eso es tarea del conductor. Aún así, Viktor y Yakov, probablemente también otros músicos, han notado que Yuuri sí tiene una visión al tocar, que no es un simple ejecutor y eso le da posibilidades de hacer otras cosas y no solo ser parte de una sinfónica. Eso no más les digo.
(1) la composición de Otabek es la de su programa libre y la de Yakov es la del programa libre de Yurio :3
No les puedo prometer una semana justa antes de actualizar. Trataré de hacerlo máximo en quince días. Los hechos de los dos capítulos que faltan estan todos enlistados, así no es que me falten ideas, me falta tiempo!
