Vicino
La casa del maestro Feltsman era como un oasis de distinción en medio del barrio sur de la ciudad; Yuuri había ya memorizado el trayecto en autobus de todas las veces que había estado allí en las últimas semanas. Con sus llaves, abrió el portón que daba a la calle y tomó el antiguo ascensor. Por educación a veces golpeaba la puerta, pero en ocasiones, cuando el piano sonaba, para no interrumpir, entraba y se sentaba a escuchar.
Ya habían pasado tres meses fuera de la orquesta, el recuerdo de Viktor y su traición dolía como el primer día, pero al menos en ese momento tenía un plan. El día que renunció a la orquesta se había ido a sentar por horas al Riverbank Park, mirando el río y sintiendo pena por sí mismo, hasta que el sol comenzó a ocultarse y se dio cuenta que al día siguiente, aparte de las clases en el conservatorio, no tendría nada que hacer y debía volver a buscarse un trabajo remunerado que le ayudara a seguir pagando la renta. Siempre podía pedir trabajo como profesor en otras escuelas o buscar en otra orquesta un plaza como violinista aprovechando su nueva experiencia, pero esa era la opción que menos le apetecía de momento.
Miró sus contactos pensando a quien podía pedir ayuda para conseguir trabajo en otra escuela, entonces cayó con el número del maestro Feltsman. Lo miró sopesando sus posibilidades, ¿sería un atrevimiento? Después de lo sucedido con Viktor, probablemente quien había sido su maestro no querría tener nada que ver con él.
Pero eso debía averiguarlo por sí mismo.
Si Yuuri hubiese conocido al maestro Feltsman en ese entonces, habría sabido que al viejo conductor le tenían harto las tonterías de su pupilo y que por tanto no apoyaría incondicionalmente a Viktor solo por el cariño que los unía. Yuuri de a poco se fue acostumbrando al carácter huraño, a los gritos y gestos hoscos del maestro y a darse cuenta de cuando una reprimenda moderada era un cumplido.
Esa tarde Yuuri llegó y se paró a unos metros del piano.
"Esa es nueva", comentó sonriendo y Yakov le indicó con la mano que se acercara.
"Llevo dos semanas trabajando en ella y me falta darle un climax"
"Oh... suena bien hasta ahora"
"Toma la batuta e intenta dirigirla"
"Eh... no... es que..."
"¡Yura!"
El japonés no se hizo esperar y agarró la batuta color caoba que el maestro le dado desde que iniciaron sus tutorías al enterarse que no tenía ninguna. Yuuri le dijo que podía comprarse una, pero el ruso había insistido en que esta debía provenir de regalo de su maestro.
Yuuri intentó ignorar la existencia batuta con mango azul que estaba tirada en el fondo de un cajón de su closet.
La batuta que le había regalado el maestro Feltsman era levemente más pesada y eso incitaba un movimiento distinto de muñeca que personalmente le parecía más elegante. La batuta de mango azul era tan liviana que no le daba un contrapeso a su mano y esta se movía demasiado desordenada...
El joven músico hojeó la partitura rápidamente y miró al maestro con nerviosismo.
"Piensas darme una pista para iniciar o tengo que dártela yo"
"Eh..."
"¿Quién es el conductor?"
"Técnicamente usted es..."
"¡Ahora!"
La batuta se levantó y el primer acordé de piano entró seguido por una oleada de notas. Yuuri siguió con la vista las líneas de acordes y con su mano iba imprimiendo el ritmo e intensidad dando algunos vistazos a Yakov que concentrado seguía sus movimientos. Al finalizar el primer movimiento el maestro acotó.
"No se me había ocurrido hacer que comenzara de piano a fortísimo en la parte en que las notas subían de tono"
"Oh, lo siento, pensé que como había una subida un re mayor, hasta uno dos escalas más arriba, estaría bien si iba in crecendo..."
"No te disculpes, es tu visión, es distinta a la mía, ¡Debes ser más seguro de tí, Katsuki!"
Yuuri rascó su cabeza avergonzado, no obstante, él mismo propuso. "¿Podemos ir una vez más?, tuve otra idea..."
Las diferencias entre Yuuri y Viktor eran evidentes para el maestro Feltsman. Donde Viktor era creído y demasiado seguro incluso cuando se estaba equivocando; Yuuri era temeroso y siempre estaba autocriticándose. Viktor siempre tuvo clara su meta: ser director de las sinfónicas más importantes del mundo y componer una obra basta que pasara a la historia. Yuuri apenas podía creerse que era un músico profesional, por tanto aunque tuviese el talento y los deseos de dirigir y componer, no escalaría mucho sino empezaba a decirse a sí mismo dónde exactamente quería llegar.
Había una contradicción en esa cabeza tan soñadora y con tanto miedo a soñar.
No sabía con detalles lo que había llevado al quiebre de Viktor con Yuuri, pero suponía que tenía que ver con sus formas contrarias de sentir, lo cual era triste. No quería para ambos la vida solitaria que él llevaba a sus más de setenta años; simplemente llegaba un momento en que la música ya no era suficiente.
"Creo que si por ahora no estás seguro de seguir el postgrado en conducción, sería bueno que siguieras practicando con tu ensamblaje de cuerdas", sugirió Yakov cuando Yuuri se iba, después de tres horas de práctica guiada.
"Nos dieron un trabajo, grabar un soundtrack en el estudio Orfeous"
"Muy bien, ¿ves?, de a poco se van dando las cosas..."
Yuuri iba a practicar con Yakov dos o tres veces a la semana; hacía clases todos los días tres horas en el conservatorio y otro instituto de música moderna, luego ensayaba con su ensamblaje de siete a nueve de la noche. Minami a veces tenía problemas con ese horario, entonces Yuuri lo iba a dejar a su casa para que no anduviera solo en la noche. El resto del equipo era Otabek y otros tres estudiantes que tocaban violoncello.
A veces salía con Phichit, Yuri y Otabek; en ocasiones veía a sus compañeros de la orquesta. La mayoría era prudente y no hablaba de Viktor cuando estaban con él; casualmente se había enterado de que el conductor era muy cercano ahora con Sara. Esperable, tratándose del primer violín y jefa de la sección de cuerdas. Tal vez por lo mismo lo mejor era mantener solo un mínimo contacto cordial con ella.
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Luego de levantarse, ducharse, aplicarse sus tratamientos faciales, pasear a Makkachin y tomar desayuno en una cafetería; Viktor Nikiforov se encaminó al Musik Hall donde lo esperaba Minako para tener una reunión con los representantes de Paco Rabanne. En esa instancia se tramitó el contrato de otro comercial y un catálogo de trajes vestir. Luego de eso corrió a su despacho donde la primer violinista, Sara Crispino, esperaba haciendo anotaciones en partituras que el maestro había escrito en días previos.
"Esto hubiese sido tan fácil si hubieras escrito esto en Ruso o en Francés... ¿por qué en italiano?" se quejó ella.
"Por la magia de Puccini", volvió a contestar Viktor, como lo había hecho la vez que le pidió a Sara ser la editora de las letras de sus composiciones.
"Sé que hay contenido implícito en eso del cual no participo, así que si no me darás explicaciones al menos podrías apresurarte y terminar el resto de la obra, cuando tengas las melodías terminadas, podremos pasarle a la orquesta las partituras... y aún no terminas el casting de cantantes"
"Ya sé... ya sé", Viktor puso el mismo tono que cuando contestaba a su madre o a Yakov. Estuvo dos horas escribiendo, sintiendo que estaba en un punto muerto. Tal vez debería construir otro repertorio de apertura como le recomendaron Minako y Phichit. Abrió un archivo en su laptop y tomó apuntes sobre qué compositores no había considerado anteriormente. Eligió algunas canciones de Stravinsky, Shostakóvich, Purcell y Clara Schumann para presentar ideas de al menos dos meses de conciertos.
"Creo que lo aplazaremos para Mayo al menos...", declaró en su despacho Viktor ante la mirada comprensiva de Sara.
"Era imposible estrenar en febrero, Jefazo"
Viktor no quiso pensar entonces en todo lo que podría significar terminar una obra de esa envergadura en tres meses, solo sabía que debía terminarla o sino todos sus errores y su dolor sería en vano.
Debía terminar y darle un sentido a la ausencia de Yuuri.
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El cumpleaños número dieciocho de Yuuri Plisetsky coincidió con el segundo concierto de la temporada, lo que llevó a que casi todos los músicos de la orquesta llegaran a la casa de Beka y Phichit a celebrar. Yuuri hubiese querido decir que no estaba de humor para fiestas; había estado trabajando mucho con su grupo de ensamblaje y luego bajo el yugo de Yakov que le estaba exigiendo originalidad incluso para mover la batuta. No obstante, hubiese sido un desaire para Yuri con quien últimamente había estado llevándose bien.
Haciéndose el ánimo, entró a su departamento, de momento atestado de gente, saludando de camino a quienes conocía. Golpeó su habitación para asegurarse que nadie estaba allí y pudo dejar sus cosas allí y sentarse para darse el ánimo de volver a salir. Una vez fuera buscó al festejado dándole un abrazo muy breve y prometiéndole pasarle su regalo cuando hubiera menos gente. Se sentó a mirar a los más jóvenes que jugaban a la ruleta, se tomó una cerveza y salió a tomar aire y buscar tranquilidad a la escalera de incendios. No esperó encontrar a Viktor y Sara discutiendo.
"... no tiene fuerza, le falta un aria, vas a tener que hacerte el ánimo de meter una..."
La italiana pudo notar como Viktor miraba al frente, a través de ella, ni siquiera debía voltearse para saber donde tenía puestos los ojos. Fueron apenas segundos, al dar vuelta su cabeza, fue testigo del cruce de miradas entre el japonés y el ruso. No se dijeron nada, pero hubo un mudo reproche. El rostro de reprobación de Yuuri estremeció a Viktor hasta los tuétanos dejándolo indefenso y cautivo de esos ojos marrones. Pronunció el nombre de su captor como una plegaria. Yuuri se volteó fríamente y entró al departamento. Sara sostuvo a Viktor para impedir un escándalo mayor y fue testigo de las lágrimas silenciosas que se asomaron sin pudor.
"Te dije que no debiste venir"
"Lo necesitaba..." murmuró Viktor con la garganta contraída por la emoción.
El aria comenzó a sonar en su cabeza vertiginosamente, mucho más rápido de lo que sus manos eran capaz de escribirla.
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Era una desgracia que el perfume de Viktor fuera tan popular; su rostro estaba estampado en muchos edificios y a veces al reproducir videos en youtube, el video publicitario era el aviso de Paco Rabanne y eso era molesto. Era muy difícil olvidar a una persona que parecía estar estampada en cada confín del universo.
Tal vez un poco exagerado decir universo. No obstante, Yuuri así lo sentía, pues a veces cerraba los ojos y los recuerdos lo asaltaban terriblemente sin importar que estuviera tratando de concentrarse en sus nuevos objetivos. Ensayar con Yakov tampoco ayudaba mucho; estando ahí bajo la benevolente presión del maestro ruso, le permitía a Yuuri entender que gran parte de la genialidad de Viktor se debían a la genialidad y tezón de quien en ese momento era su mentor.
Más por torturarse que por curiosidad intelectual, a veces leía las columnas con las críticas de los especialistas de los conciertos de Viktor. Aún se resentía su ausencia- lo que le hacía sentir orgulloso- pero se destacaba la nueva dinámica que iba naciendo entre el maestro Nikiforov y Crispino. Se anunciaba que había una sorpresa programada para Junio y que lo único que se sabía de momento es que era música lírica y que eran piezas originales.
Yuuri intentaba no pensar en eso; había estado viviendo felizmente sin vida amorosa, solo concentrado en su música por más de veintitrés años y por tanto podía seguir viviendo así
(Los besos de Viktor, sin embargo, estaban resonando aún en su piel de forma constante, ensordeciendo sus sentidos como una melodía sin fin).
Estaba bien.
Lo estaría.
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Viktor leyó las últimas letras que Sara había editado y se sonrió ampliamente.
"Suena mejor ¿no?", preguntó ella.
"Es estremecedor", opinó Viktor asombrado.
"Siempre lo fue, pero la palabra que escogiste no estaba bien y ahora suena más esperanzador"
"Ora sonno pronto...", repitió Viktor.
"Ahora pásales esto a los cantantes antes de que les de una embolia por no tener la canción final ya ensayada", recomendó la violinista parándose.
"Falta muy poco", comentó el ruso mirando el calendario sobre su escritorio. Había estado marcando los días en una cuenta regresiva. "¿Crees que venga?"
"No lo sé...", porque dada la ley del hielo por parte del japonés hacia Viktor y, por extensión, hacia ella, le era difícil adivinar si eso significaría que ni siquiera le daría la oportunidad a la primera ópera del maestro como compositor. Tenía la certeza al menos que, como todo mundo sabía, Yuuri admiraba terriblementa a Viktor como músico y tal vez eso fuese aliciente para que se tragara el rencor y fuese a verlos. "Espero que sí", le sonrió ella para darle confianza antes de salir.
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Yuuri miró perplejo las entradas que habían llegado en el sobre por parte de Minako.
Una para Otabek y otra para él. Era entendible que Beka fuera, Yuri estaba allí tocando después de todo. Lo que no comprendía era por qué le enviaban una entrada a un concierto compuesto y dirigido por Viktor Nikiforov cuando a esas alturas todos en la escena musical debían saber que no se hablaban.
Sres. Otabek Altin y Yuuri Katsuki:
La Orquesta sinfónica de Nueva York tiene el agrado de invitarles al estreno del concierto de canto lírico de la ópera inédita "Stammi Vicino", compuesta por el maestro Viktor Nikiforov y protagonizada por Yang mi Seoung y Dmitri Nazarov.
La decisión lo tuvo dividido por más de una semana, en que conducía distraído y enseñaba en modo automático. Sabía que no contestar era incluso más grosero que decir que no, porque al menos podría darle su entrada a otra persona y llamar informando de aquello. Sabía que internamente tenía problemas para decir que no. Más allá de su resentimiento en su interior aún estaba ese fanboy que admiraba profundamente a Viktor Nikiforov y que deseaba con toda su alma asistir a la primera ópera compuesta por el ruso.
Esa lucha lo acompañó por una semana más en que no pudo tomar la resolución de llamar para confirmar declinar la invitación e incluso hasta unas horas antes seguía debatiéndose, hasta que casi por instinto se puso su traje y corbatín para subirse a tren subterráneo que lo acercaría al teatro donde cortaron su ticket y lo acomodaron en uno de los balcones preferenciales.
Viktor subió al escenario con una chaqueta color magenta, camisa desabotonada cerca del cuello, saludó al público, principesco, apolíneo y Yuuri lo sintió demasiado celestial y lejano hasta que los ojos gélidos se fijaron en él exponiendo una emoción cruda que el japonés no supo enfrentar, bajando la cabeza hacia su programa. Los aplausos se fueron mitigando hasta que hubo un silencio solemne que indicaba que el telón se levantaba, junto con los primeros acordes.
Una apertura de vientos y cuerdas iba creciendo hasta que explotó un violín, luego un puente incluía un puente de una melodía muy semejante a Eros y Agape hasta que se disolvió en una triste y lenta melodía. La overtura duró alrededor de siete minutos; en ella se expuso una ciudad oriental, probablemente china, con personas del pueblo y otras de ambiente palaciego que caminaban grácil y alegremente. En eso un armazón que imitaba la proa de un barco se iba metiendo al escenario y dentro de él, un hombre europeo que exudaba confianza se paraba en lo alto mirando hacia la tierra. La música cesó de pronto en fortísimo, dejando a la audiencia agitada y esperando por más.
El programa no es solo un listado de canciones sino que tiene las letras de las mismas, por lo que Yuuri puede leer rápidamente y captar, dando golpes visuales entre la hoja y el escenario, que el recién llegado es un extranjero en el reino que busca coleccionar bellezas exóticas, las doncellas del pueblo caen rendidas ante sus encantos y carácter, pero el se queda fijo mirando a una joven de aspecto recatado y elegante. La soprano de origen koreano logra fascinar a la audiencia con una voz suave y angelical en la que predica no sentir interés por nadie, no comprender el amor y estar aburrida de hacer siempre lo mismo en el pueblo.
En la canción siguiente hay un intento de acercamiento entre el galán extranjero identificado como el señor Andrei Reznikov y ella, Akame. La actitud de ella se vuelve desdeñosa cuando descubre que Reznikov coquetea con todas las chicas de la corte por lo que ella canta que no será una copa más en su festín.
El primer acto acaba allí y luego comienza la persecución de Andrei a Akame que lo ignora o desprecia. Actitud que cambia en la fiesta del palacio en que ella, con un vestido negro y rojo, baila en el centro una danza casi erótica, aunque al mismo tiempo muy pudorosa. Andrei la busca y ella lo empuja intentando resistirse hasta que él la doblega y se funden en un abrazo. Se nota que la canción de Eros está de base, creando un interesante juego de en el duo del tenor y la soprano.
Luego viene una canción por gente del palacio que especulan que Andrei y Akame pasan mucho tiempo juntos en unas semanas; ella parece contenta y cada vez más abierta a los avances de él que en un principio halaga lo inalcanzable que ella es, pero una vez que se acostumbra a la dulzura de ella sus ojos comienzan a mirar a otras. Al final de la canción ella lo sorprende besando la mano de otra y huye. Vuelve a entrar cantando una canción lúgubre en que proclama que al hacerse alcanzable la han arrojado al subsuelo, pero que se levantará y cuando lo haga lo mirará hacia abajo.
El tercer acto comienza con Akame ignorando la presencia de Andrei en las fiestas de la corte y paseándose luego del brazo con otro muchacho. El coro que compone la corte canta los rumores de que se viene un negocio y un trato, que el amor es una ilusión y la vida se negocia con anillos y papeles firmados. Andrei la mira de lejos y entiende que la extraña e intenta acercarse a ella, pero nunca puede aproximarse, hay demasiada gente o nadie le dice donde está. Cuando por fin logra saber donde encontrarla resulta ser la fiesta de compromiso de ella y un comerciante indio.
En un momento se quedan solos y él intenta hablarle, ella lo calla y le reprocha el buscarla solo cuando ella es inaccesible, que ya no le importan sus palabras falsas, elogia a Yasin, su prometido como su futuro esplendor de riqueza y seguridad, trata a Andrei de vagabundo y entonces él comienza su aria. Se titula Stammi vicino y en ella, Reznikov reconoce sus sentimientos por ella y le ruega que se quede con él, que no se vaya, que tiene miedo de perderla.
Yuuri desde el palco puede reconcoer en esa cancion las palabras de Viktor. ¿No le da vergüenza acaso? ¿Solo para él es obvio que Akame es él y Andrei es Viktor? Si antes habían rumores, después de esto las hienas de la crítica se harán un festín. Aún así, no puede enfadarse como sabe que debería, porque la música es hermosa y la historia hasta el momento lo tiene atrapado, como a toda la audiencia que en los pocos minutos de receso no puede más que especular sobre que pasará con los amantes.
(Yuuri se regodea cuando escucha a algunos decir que Reznikov merece que Akame se quede con Yasin y Andrei termine con su corazón roto).
Al levantarse el telón, se ve a Reznikov caminando mientras mira al palacio y llama a Akame; Yasín y dos de sus hombres lo ven y lo amenazan, comienza una discusión en que finalmente agarran a Andrei y lo obligan a irse bajo amenaza. En la escena siguiente entra el padre de Akame y junto con Yasín, celebran el cierre del trato entre ambas familias. En su cuarto, después, Akame lamenta que el destino de las mujeres de su clase sea ser monedas de intercambio contractual, cuando finalmente se resigna a su destino, escucha de parte de algunos empleados que el barco del señor Reznikov vuelve a Rusia y entonces ella se derrumba sobre su cama.
En medio de campanas de iglesia las personas celebran, hay una canción de los invitados de la boda que celebran la vida y el amor; Akame es vestida por sus doncellas mientras canta canta tristemente por la ida de Reznikov preguntándose si será capaz de seguir cargando las piedras que ella misma puso sobre su espalda. Mientras, en la otra parte del escenario se ven dos hombres cargando cajas al casquete del barco. Andrei sube al barco en el momento que se escuchan más campanadas y luego hay silencio. Las luces se apagan. El único foco se posa sobre él con una luz tenue, baja la cabeza asumiendo que Akame está casada y entonces una versión más lenta del aria suena
Siento una voz llorando a la distancia,
acaso tu también has sido abandonada
Ven, termina rápido este caliz de vino
comienzo a prepararme, ahora haz silencio...
Una nueva luz se enciende y enfoca a Akame que se viene acercando con un traje de novia tradicional chino caminando lentamente hacia él y juntos siguen con el resto de la canción.
Quédate a mi lado, no te vayas
que tengo miedo de perderte...
Se fueron acercando, se abrazaron en medio del escenario en el puente instrumental y luego tomados de las manos ella canta.
Partimos juntos
Y él la conduce hacia el barco.
Ahora estamos listos.
Las luces se apagan y entonces se vuelven a encender y los cantantes desde el medio del escenario hacen una reverencia. El público estalla en aplausos y el tenor, Dmitri baja a buscar a Viktor que está en el sector de los músicos. El conductor toma la mano de Sara y la lleva con él al escenario donde son recibidos con una ovación. Yuuri no se ha dado cuenta, al estar de pie aplaudiendo con fuerza, pero ha roto en llanto mientras su mirada se pierde en la figura principezca de Viktor que abre sus brazos desde el escenario. Beka a su lado pone una mano en su hombro y dice llanamente: "Creo que si quieres decirle algo, deberías hacerlo antes que sea tarde".
Sin pensarlo dos veces, Yuuri corrió desde el tercer piso donde estaban los balcones hacia el primero donde por los pasillos del Musik Hall buscó los camarines; Los músicos estaban felicitándose y junto a Dmitri y Yang mi, siendo fotografiados, estaba Viktor sonriendo a todos con ese gesto ensayado y artificial. Su mascará resbaló sin pudor al notar que metros en frente de él estaba Yuuri que lo veía con su rostro humedecido. Caminó lentamente como quien se acerca al cadalzo, pero de forma símil a la obra, el japonés acortó la distancia con un emotivo abrazo.
Viktor se dejó envolver y aspiró su presencia como un pobre hambriento. Sus brazos temblaban al sentir la figura de quien pensaba nunca volvería a sostener.
"Perdóname", dijo finalmente al oído de Yuuri. Si el resto de la orquesta veía la escena, pretendieron que no era así y siguieron en lo suyo.
"Eres un tonto", murmuró Yuuri , "y tan dramático, ¿cómo se te ocurre componer una ópera?", Viktor soltó un ruido que era entre risa y sollozo, así que el japonés lo abrazó más fuerte, arrugando la espalda de su chaqueta.
En el amanecer, las cenizas de ambos aún lloraban abrazadas.
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Otabek estacionó su motocicleta frente al departamento de Yuri Plisetsky, agarrando una bolsa con la comida que había comprado para el desayuno. Al abrir con su llave, el fato lo saludó ronroneando, por lo que se agachó a acariciar su cabeza. Luego caminó hacia la habitación donde Yuri se estaba vistiendo y con la camisa aún abierta se lanzó a los brazos del kasajo para saludarlo.
"¿Parezco profesor?", preguntó cuando terminó de abotonar su camisa y Otabek recordó la inseguridad de su pareja cuando le preguntaron si podía hacerse cargo de la orquesta juvenil. Este era su primer día y realmente lucía ansioso, aunque preparado.
"Un maestro", le confirmó.
Nuestro amor es un sueño, pero en mi ensueño
puedo ver que este amor fue hecho para mi
Yuuri no era una persona madrugadora; sus mañanas siempre eran difíciles, en especial cuando sabía que una vez dejando el calor de sus cobijas comenzaría su nueva vida de correr de un lado a otro entre sus clases y su trabajo. El rasgar de la aguja sobre un vinilo y la voz de Louis Prima lo hicieron despabilar un poco, a su lado Makachín se estiró y luego se arrastró desde los pies de la cama hacia donde estaba el japonés y lamió su rostro. Minutos después, Viktor entró con una bandeja con café humeante, unas tostadas y tarta, las acercó a quien aún estaba acostado y con un beso en la frente le saludó.
"Buenos días, bello durmiente"
Mis sueños valen menos que hojalata para mi
si no estas tú mi vida no puede empezar
Yuuri se estiró escandalosamente y luego se enderezó pata recibir un beso en los labios. Comieron, luego Yuuri preparó su ropa y su bolso y se metió a la ducha. Minutos después alguien entraba a hacerle compañía alegando que siempre había tiempo para tomar una ducha juntos.
Makkachin los estaba esperando cuando por fin terminaron de alistarse para salir. La mañana de ese primer lunes de septiembre aún era fría, pero indicaba el nuevo comienzo de un año académico y de la vida de muchas personas. Atravesaron el parque, Yuuri con el bolso en sus hombros, la batuta de mango azul en su interior como amuleto de suerte y la ansiedad zapateando en la parte trasera de su mente; Viktor lo sabía y tal vez por eso, justo en la esquina donde se separaron, lo tomó de los hombros, entonces Yuuri y murmuró.
"Bueno... espero tengas un buen día..."
El ruso se acercó en un abrazo y le dijo con seguridad.
"Yo sé que tendrás un buen día"
Yuuri se sonrió, porque esa era la certeza que necesitaba. Eso era lo que siempre había querido. Que Viktor creyera en él más que él mismo, e incluso cuando Yuuri tenía problemas para creer en sí mismo.
Así que amame como te amo en mi ensueño
haz mi sueño realidad, dejemos de lado las formalidades
ven a mi, mi ensueño
El resto del viaje en tren fue más calmado. Luego de bajar de la estación, caminó dos cuadras más, con confianza y entró al edificio que fue su Alma mater. En los pasillos saludó caras conocidas y buscó el pequeño salón donde sus pocos compañeros veían al profesor Caldini arreglar sus cosas. Finalmente, cuando el docente estivo listo, saludó a la clase y comenzó:
"...bienvenidos al curso de Introducción a la conducción, en estos cuatro meses veremos los fundamentos teóricos de la conducción musical y dirección orquestal que serán la base de estos dos años de estudio que les esperan..."
Yuuri se sonrió, abrió su libreta de notas donde en la primera hoja estaba el mensaje de Viktor. "Buen viaje", decía y con fuerzas renovadas pensó que no podía esperar por comenzar esta nueva etapa.
+FIN+
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La metáfora de las cenizas que lloraban abrazadas, pertenece a Oscar Hann.
La canción del final es My Reverie de Keely Smith, es una versión jazz del Reverie de Debussy, la idea era que la escena estuviese ambientada como con eso de fondo.
Gracias por leer y soportar mi hiato. Espero leernos en otra historia.
