¿Qué haces en mi habitación?

Era un día soleado, el cielo azul, y el pasto es de un bonito color verde. Por la posición del sol puedo decir que son las cuatro de la tarde, pero ¿Quién sabe? Tal vez sean las tres o casi las cinco. Es difícil de decir, ya que los días duran mas en verano.

Una chica con un brillante cabello rojo rizado, lo sostiene en una media coleta y tiene unos brillantes ojos color verde-dorado, está sentada bajo un árbol, apoyando la espalda en el tronco. A su lado esta un joven, tal vez de unos veinte o veintidós años, quizás veintitrés. Tampoco puedo estar segura de eso, ya que podría tener más o menos, lo que importa es que luce joven. Tiene el cabello rubio y unos bonitos ojos azules.

-Un hermoso día ¿No crees?- suspiró la chica.

-Si, es un día estupendo. - coincidió- Siempre lo es cuando estoy contigo, Evangeline-

Ella le sonrió, antes de apoyar la cabeza en el hombro de él y cerrar los ojos.

-Ojalá pudiera quedarme aquí por siempre- dijo ella-

-¿De verdad?- pregunto él, girando la cabeza para mirarla.

-Claro. Sabes que me gusta pasar tiempo contigo-

-A mi también me gusta estar contigo- confesó- Y eso me recuerda… ¿Tus padres saben en donde y con quien estas?-

-Por supuesto. Ellos están perfectamente informados que, en estos momentos, estoy en la casa de Vivienne, ayudándola a probarse un vestido. -

-¿Por qué no les dijiste que estarías conmigo?-

-Ya sabes por qué- le respondió ella- Ellos no nos dejarían en paz, y nunca podríamos estar solos, así como lo estamos ahora-

-Aun así… el hecho de mentirles a tus padres no me parece bien- dijo- ¿Y si lo descubren?-

-¿Cómo?-

-No lo sé… ¿Y si deciden pasar por la casa de tu amiga y no te encuentran allí?-

La pelirroja se encogió de hombros, restándole importancia.

-Vivienne les dirá que acabo de salir de su casa y voy en camino para la mía.-

-¿Y como sabrás cuando tienes que marcharte?-

-Fácil. No se si te has dado cuenta, pero desde esta colina se puede ver claramente su casa, por lo que podré saber si mis padres van a ella-

Él sonrió y movió la cabeza.

-Tu siempre lo tienes todo planeado ¿Verdad?-

-Por supuesto- dice ella, sonriendo también-

-Una muy buena coartada-

-Lo es - aceptó- Por cierto…¿Cuál es la tuya?- le preguntó.

-No necesito una- respondió él-

-Cierto. Había olvidado que tu padre no te exige tantas explicaciones-

-No le doy razones para desconfiar-

-¿Que quieres decir?- le pregunto ella, levantando la cabeza y frunciendo el ceño-¿Qué yo si les doy razones a mis padres para que desconfíen de mi?-

-Bueno, si te vigilan debe de ser por algo…- insinuó-

-¡Oye!- ella le dio un empujón juguetón. Él se rió.

-Además, si mis padres desconfían de mi es por tu culpa ¿Recuerdas? La primera vez que te colaste en mi habitación no fuiste precisamente cuidadoso- le recalcó.

-Si, lo recuerdo. Pensaron que intentabas escaparte y asistir a esa fiesta sin su permiso-

-¡Y a mi ni siquiera me gustan las fiestas! ¿Te das cuenta? Como mis padres debieron haberlo sabido-

-Siento mucho eso- dijo él, bajando la cabeza-

-No importa- encogió un hombro- Lo bueno fue que no te descubrieron-

-Si, eso habría sido muy malo-

-Extremadamente malo- agregó-

Se quedaron un largo tiempo en silencio, mirando las algodonosas nubes del cielo y oyendo el canto de los pájaros. La chica volvió a poner su cabeza en el hombro de él, este a su vez, la rodeo con un brazo y la atrajo hacia si. Ella también rodeo la cintura de él con los brazos. Le dio un suave beso en la cabeza y ella suspiró.

-¿Recuerdas cuando nos conocimos?- le preguntó él-

-Si, lo recuerdo- ella sonrió, y luego frunció el ceño- Tiraste mi canasta del mandado y todo se calló al piso-

-Lo siento, estaba distraído-

Él desvió la vista y se sonrojó un poco.

-Entonces yo dije una palabra no muy propia de una dama y me agaché para recoger las cosas…

-Y yo hice lo mismo..

-Por lo que nuestras cabezas chocaron…

-Muy bien, no fue un encuentro… agradable precisamente- dijo él-

Ella asintió y luego dijo:

-Aun me debes el tomate que arruinaste-

-Yo no lo arruiné. Lo hiciste tu cuanto me lo lanzaste-

-Estaba muy enojada-

-Eso es lo que me gusta de ti-

-¿Qué te lanzara el tomate?-

-No. Lo diferente que eres-

-O sea que te gusta que sea rara-

-No eres rara, eres única y ...especial.-

Ella sonrió tímidamente y se sonrojó.

-Eso es otra de las cosas que me gustan de ti-

-¿Cuál?-

-La manera en la que te sonrojas-

-¿Ah, sí?- Preguntó. - ¿Es por eso que siempre luchas para ponerme nerviosa?-

Negó, sonriendo de lado.

-Yo no lucho, solo me sale natural-

-Eres un grosero.- Bromeó.

Él Acarició dulcemente su mejilla, aún roja, con su dedo índice.

-O tú te sonrojas muy fácilmente-

-No- Una sonrisa de suficiencia apareció en su rostro - Eres un grosero.-

-Soy un grosero, entonces- Coincidió -

Asintió antes de dejarse caer sobre él de nuevo, y acomodarse de modo que su cara quedara en el hueco de su cuello, un poco apoyada en su hombro y su mandíbula tocara lo alto de su cabeza. La mano de él volvió a su espalda, y siguió trazando figurillas en ella.

Se quedaron allí mucho tiempo, conversando y riendo de algunas cosas. Él le confesó que le tenía pavor a la sangre, y ella comenzó a reírse, a pesar de haberle prometido no hacerlo.

Demasiado pronto para ellos, el cielo empezó a oscurecer y llegó la hora de irse a casa.

-Tengo que irme- dijo ella, triste.

-Si, yo también- dijo él, levantándose.

Le tendió una mano para ayudarle a levantarse a ella.

-Odio estos vestidos- dice ella a la vez que se limpia su larga falda-

-Es lo que una señorita debe usar-

-Si por mi fuera usara pantalones- respondió.- ¿Vendrás esta noche?- le pregunto, acercándose a él.

-No, esta noche no. Estaré ocupado-

-Esta bien, no importa- intentó sonreír pero era clara su desilusión .

-Pero mañana estaré allí- le aseguró-

-¿Lo prometes?-

-Lo prometo-

Él se acercó mas a ella y depositó un suave beso en su frente.

(Narradora)

Bella se despertó, un poco confundida por el sueño que había tenido. Se sentía desubicada y sus pensamientos eran todo un desorden. La verdad es que no estaba del todo despierta, ya que una parte de ella todavía estaba dormida. Sus ojos aun permanecían cerrados, y su respiración, al igual que los latidos de su corazón, eran acompasados.

Esa fue la razón por la cual Edward no se dio cuenta de que ella estaba media consiente, y a punto de despertar. Eso y que estuviera totalmente distraído mirando en el pequeño cajón de su mesa de noche. Si, ese donde Bella guardaba las cosas de la organización. Las pociones, su uniforme, el medallón, etc. Resulta que se había dormido y se había olvidado de echarle llave.

Él, como casi todas las noches, había entrado a su habitación. Hecho que Bella ignoraba completamente. Pero, al parecer, hoy estaría a punto de descubrir.

Edward no iba a ir esta noche, por lo que pasó en el baile. Incluso se arrepintió a ultimo momento y pensó en marcharse, pero finalmente decidió entrar. Como siempre, por la ventana abierta de su habitación. Se dijo a si mismo que esta sería la ultima vez que entrara. Tenía que alejarse de ella y dejarla, aunque el no desee hacer eso.

Bella le había demostrado que no sentía lo mismo por él. Tal vez le agradaba, si, pero no lo quería con él. Eso había demostrado esta noche, cuando le rechazó la ultima vez.

"Eso es lo que estuviste esperando ¿Cierto? Que ella se alejara de ti" se dijo a si mismo.

Si, eso era justo lo que estuvo esperando desde el primer momento, que ella se alejara de él. Entonces, si era así ¿Por qué ahora, cuando justamente eso estaba sucediendo, se sentía triste, desilusionado y dolido?¿Acaso él deseaba secretamente que pasase todo lo contrario?

Pero eso no importaba ya, porque ella al parecer no sentía lo mismo por él. Y por eso, esta sería la ultima vez que infringiría en su habitación. La ultima vez que la vería dormir.

O ese era su propósito.

Entonces, vio ese cajón abierto, y las cosas un poco extrañas que había en el.

Sabía que era incorrecto rebuscar en sus cosas. Ya bastante malo era entrar a escondidas en su cuarto todas las noches, para ahora hacer esto. Pero la curiosidad ganó altamente a sus principios y decidió echarle una ojeada.

Lo primero que vio fue un medallón, era de oro y con un gran diamante en el centro. En la parte de atrás tenía unas iniciales gravadas.

"H.C.V" y mas abajo "I.S"

Dedujo que "I.S" era Isabella Swan. Pero "H.C.V" ¿Qué significaba?

Dejó el collar en su sitio. Vio también que había un vestido o al así, de color violeta, pero no le prestó atención al no encontrarlo sospechoso.

Así que se saltó a la caja pequeña sin pensárselo. La abrió rápidamente y se quedó mirando su interior.

Ahí habían unos pequeños frascos con líquidos de colores muy llamativos. Tres de color verde. Dos de color turquesa. Tres de color naranja. Y por ultimo, uno de color violeta.

Cogió uno de color verde y lo abrió, para olerlo. No tenían un olor extraño, al contario, era agradable, olía como a canela y especias.

El turquesa tampoco olía mal. Pero esta, a diferencia de la otra, tenía algo entraño en el olor. No supo descifrarlo ni comprarlo con algún otro aroma, solo se podía describir como suave y… relajante.

El tercero, el de color naranja, no tenía nada raro. Solo olía a flores y a bosque.

Finalmente, cogió la de color violeta. La abrió y se la acercó a la nariz.

El olor no era extraño. Rápidamente, pudo identificar el olor. Olía a violetas. Solo que había algo mas, algo que no pudo descifrar. Volvió a olerlo.

Entonces, Bella abrió los ojos.

(Bella)

¿Dónde estoy? Fue lo primero que me pregunté. Me sentía terriblemente desubicada. La verdad es que ni siquiera recordaba quien era yo. Era como si hubiese dormido durante muchas horas, y mi cabeza estaba demasiado nublada para funcionar.

Lentamente, mis recuerdos y pensamientos se fueron ordenando. Mi nombre era Bella Swan y tenía dieciocho años.

Y así fue como la información me fue llegando.

Ya estando mas consciente y con los pensamientos coherentes, abrí los ojos.

Al principio, como no estaba del todo lúcida, no comprendí muy bien lo que vi. Pero, poco a poco, la imagen fue cobrando sentido, para mi.

Edward estaba acuclillado a mi lado, el cajón de mi mesa de noche estaba abierto, y sostenía un pequeño frasco.

Un pequeño frasco con liquido color morado.

La poción que usamos para matarlos. Desaparecen con el simple contacto con su piel.

Y él lo tenia sujeto. El frasco estaba abierto.

-¡Noo!- grité, incorporándome de un salto. Eso hiso que Edward tirara el frasco y este se rompiera.

Era el único frasco que tenía para matar a un vampiro. El único que me quedaba. Pero en ese momento no me importó.

-¿Estas bien?¿Como te sientes?¿Sientes algo raro?¿Te…?- exploté en preguntas, muerta de la preocupación, y miedo. Estoy a punto de lazarme encima suyo y ponerme a toquetearlo para asegurarme de que no tiene ningún daño.

-¿Bella?¡Bella! Estoy bien ¿Por qué no iba a estarlo? Tranquilízate-

Lo evalúo con los ojos. El parece tener razón, esta bien, aparentemente. No tiene nada extraño y luce tan guapo como lo recuerdo. Incluso mas.

-Gracias a Dios, estas bien- susurré, mas para mi que para él.

Apoyo la espalda en el cabecero de la cama y cierro los ojos, suspirando con alivio.

Claro que está bien, me dije a misma. Ya habría explotado en una enorme nube de humo en el mismo instante que la poción lo habría tocado, si lo hubiera hecho.

Estoy contenta porque él esta bien. Nada le ha pasado. Está sano y salvo. Él esta…

Un momento.

Abro los ojos abruptamente.

-¿Qué. Haces. En. Mi. Habitación?-le pregunto separando las palabras.

Me cubro con el cubrecama, no quiero que me vea en pijama.

Bien , no es que tenga un pijama raro o demasiado sexy , nada de eso . Consistía en un short corto de color rosa de algodón , con una camiseta blanca de manga corta y también de algodón con un estampado de conejito rosa en el centro . Ok , si , tal vez era un poco infantil , pero cada quien se viste como quiere ¿No? Quizás ya era hora de hacer un cambio con respecto a mis pijamas , deshacerme de aquellas que tenían dibujos de animalitos y diseños floreados , o sea , desechar todas , porque todas las pijamas que tenían eran de ese tipo. Esto era muy vergonzoso para mi , no estaba acostumbrada a que me vean en estas fachas .

¿Un vampiro se ha metido en tu habitación y tu te preocupas por que te vea en pijama? Me pregunto mentalmente.

Mi cerebro y mi instinto de cazadora empieza a gritarme "¡Peligro!" con todas las luces de colores imaginables.

Estaba aquí.

Donde yo vivo.

En mi habitación.

Acosándome.

¡Y yo preocupándome como una idiota, cuando él seguro ha venido a matarme! A lo mejor ya descubrió lo que soy. Y si no, ahora lo ha hecho. Ha visto mis cosas.

¿Finalmente, era él el que me iba a matar? Al menos la ultima cosa que vería seria a él… ¡No! ¡él era el enemigo! ¡No puedes pensar así! Si él trata de matarte, tú tendrás que pelear, y matarlo. Mentalmente me encogí por la imagen en mi mente. No podía matarlo. A él no.

-Tranquila, Bella. No voy a hacerte daño- dijo él. Adivinando mis pensamientos.

O mis movimientos.

En ese momento me doy cuenta de que ya no estoy sentada. Ahora estoy acuclillada en la cama, en una posición que solo podría describirse como felina, lista para saltar.

¿En que momento yo hice eso?

-¿Entonces, que haces aquí?- le pregunté. Relajo mi posición, arrodillándome en la cama, pero sigo mirándole con mala cara y sin perderle de vista cuando se incorpora del suelo.

Él parpadea. Parte de la tensión estaba grabada en su rostro. Pero es sustituida con algo más.

¿Me parece o… Estaba avergonzado?

-Yo…- empieza.

-Tu… ¿Qué?- le digo, frunciendo el ceño.

A este paso, se me va a hacer fácil deshacerme de él, porque me estoy enojando mas y mas con cada segundo que pasa.

Bueno, si de algo estoy segura, es que no ha venido a matarme. Ya lo habría hecho si ese hubiera sido su propósito. Y mas cuando le he descubierto.

A menos, que esté esperando a que me distraiga y atacarme cuando menos me lo espere. Eso es lo que hacen los de su clase.

Y yo. Agrego internamente.

Ehh… bueno, verán… Ah, que importa ya. Si, a veces hago trampa cuando peleo ¿Y que?

Así que, posiblemente, él quiera hacer eso.

Sin embargo, algo dentro de mí lo niega. Ya sea porque no puedo sentir eso en él, o simplemente porque no quiero que eso sea verdad.

Pero… ¿En serio? ¿Tenía que colarse en mi habitación?¡Por favor!¿Que le pasaba a la gente? Primero James. Ahora él. ¿Quién mas sigue?¿Mike Newton?

Volviendo al tema, si no iba a matarme ¿Entonces que hacía aquí?

-Muy bien- dije, sentándome en la cama con las piernas entrecruzadas- Son las…- miro él reloj que está en mi mesa de noche- doce de la noche ¿Qué se supone que haces aquí? Porque no recuerdo haberte invitado a pasar la noche en mi casa, y menos en mi habitación- cruzo los brazos.

-Yo vine a… - suspira- verte dormir- dice finalmente-

Enarco una ceja.

-Ya, claro. Como yo soy interesantísima cuando duermo…-

-Lo eres- dijo- Hablas en sueños y… - El baja la vista unos momento, para luego mirarme con eso ojos que me mareaban- Lo siento. Se que está mal, más que mal, en realidad, pero…-

-Espera- le detengo, alzando una mano.- ¿Dices que hablo en sueños?-

Él asiente.

Y yo siento que me va a dar un ataque en cualquier momento.

Mamá, mi abuela, y las personas que me habían visto dormir, decían que yo hablaba en sueños. Yo nos les había creído, por supuesto. Además, aunque fuera cierto, en ese tiempo no tenía ningún secreto importante que ocultar, así que no le daba importancia.

Ahora era diferente.

Muy, muy diferente.

¿Qué habría escuchado?¿Pude haber revelado mi secreto, el secreto que he mantenido por toda mi vida, a mi enemigo mortal? ¡Oh Dios!

-¿Vas a sentarte? - le pregunto, señalando el pie de la cama, lo mas calmada posible.

-¿Puedo?- me pregunta.

Le miro.

¿El muy… fresco se ha metido a mi habitación, sin mi permiso, y ahora me pregunta si se puede sentar?

Él parece entender la mirada que le doy, porque se sienta sin decir una palabra.

Suspiro y cierro los ojos, tomando valor.

-Dime que he dicho.- dije-

-¿Todo?- me pregunta.

Tengo miedo saber lo que pude haber dicho, pero sé que es mejor ser consiente de ello.

-Todo- digo con firmeza.

No dijo nada por un buen rato, hasta que finalmente habló.

-Echas de menos a tu madre - susurró - A veces… te culpas por su muerte. Deseas que regrese. Una vez... dijiste que querías ir con ella. -

Ya he abierto los ojos, pero no le miro. Él si lo hace. En vez de eso, solo miro los dibujos floreados de mi cubrecama.

Se me hace un nudo en la garganta.

Como no digo nada, él continua.

-Cuando llueve, el sonido hace que te revuelvas inquieta. En una ocasión dijiste: "Todo es demasiado verde". No hablas mucho de Phoenix, pero cuando lo haces, se puede percibir lo mucho que extrañas ese lugar. -

Entonces, caigo en la cuenta de algo.

No pude haber soñado todo eso ahora, no han pasado ni tres horas desde que me quedé dormida. Lo que significa una cosa.

-¿Cuántas veces te has metido en mi habitación?- le pregunto, mi voz suena algo estrangulada. No se si es por cólera, miedo, o vergüenza.

-Casi todas la noches, desde que saliste del hospital-

Cierro los ojos y maldigo mentalmente.

Si, definitivamente, estoy frita.

No, frita no, carbonizada.

Desde que he salido del hospital hasta ahora, ha pasado un tiempo muy laaargo. ¿Cuántas cosas he dicho? ¿Qué cosa he dicho?

-¿Cómo sabes de los Vulturis?- susurró muy bajo y me miro intensamente, buscando una respuesta.

-¿Quién… quienes son?- balbucee. Yo en realidad puedo actuar muy bien, pero ¡Maldición! en el momento en que realmente lo necesitaba, no podía.

Él entrecerró los ojos, pero no amenazante, si no calculador.

-Se que eres diferente Bella, todos lo sabemos- sabía que se refería a su familia- Tu sabes sobre los Vulturis, y sabes sobre nosotros. Bella, necesito respuestas-

Otra vez me miró con sus intensos ojos color miel, y juro que estuve a punto de caer y contarle absolutamente todo. Pero, por suerte, había una parte de mi que aun seguían consiente, y esa parte me hizo reaccionar.

-Mira- Me levanté de un salto, arrodillándome en la cama - Tu no tienes que exigirme ni preguntarme nada. No soy yo la que se ha colado en una habitación ajena, ni tampoco la que ha confesado espiar furtivamente a alguien dormir ¡Así que no tienes ningún maldito derecho a pedirme respuestas! - le dije mientras le hincaba su pecho con mi dedo índice- ¿Me has entendido? ¡La única que debería hacer preguntas soy yo! -

En ese momento me doy cuenta de que tenía su rostro a escasos centímetros del mío.

Él no me mira con rabia, ni con sorpresa, y menos con miedo. No. El me esta observando del mismo modo que en el baile, cuando estábamos igual de cerca e iba a besarme.

Y lo peor es que me encuentro a mi misma queriendo poner mis brazos a rededor de su cuello y acortar esa pequeña distancia que nos separa.

Probablemente Edward vio eso, porque hizo ademan de levantar un poco las manos.

Me alejo de él, sentándome nuevamente en la cama.

-Muy bien, continua ¿Qué mas … tonterías he dicho?- digo fríamente. Dejando a Edward congelado, en shock ante mi repentino cambio de humor.

-Hablas de una tal Jenny- dijo, después de un largo rato- ¿Quién es Max?- me preguntó con voz seria y frunciendo un poco el ceño.

¿En serio?¿Sería posible que estuviera … celoso?¿De Max?

-Él… - hice una pausa dramática- es mi novio-

Levanté la vista y… me empecé a reír. Su cara no tenía precio.

-¿Qué es lo gracioso?- me preguntó-

-La cara que has puesto…- exploté en risas de nuevo.- Max no es mi novio, es solo un amigo de…- casi digo de la organización- del internado, igual Jenny. No puedo creer que te lo hayas creído-

-¿Entonces porque…?-

-Solo quería ver que cara ponías- reí.

-Bella, eso no ha tenido gracias.- murmuró entre dientes.

Aquello solo me hacía reír más.

-¿Me parece o te habías puesto celoso?- le pregunto en forma de broma.

El baja la vista.

-Bueno- digo mas seria- ¿Qué mas he dicho?-

-Dijiste mi nombre- dice.

La sonrisa que tenía en la cara y la antigua diversión se desvaneció completamente. Ahora soy yo ya la que baja la vista avergonzada, y sonrojada. ¿Qué habré dicho? ¿Solo he dicho su nombre, nada más? ¿Y si dije que…?¡Demonios!¿Por qué tenía que hablar dormida? ¡Hasta durmiendo tengo que ser bocazas!

-Estas lastimada- anuncia él de pronto.

Sigo su mirada hacia abajo, hacia mi tobillo. Que ya no parece mi tobillo porque, aparte que está algo hinchado, se está poniendo un poco verde y morado. Y eso no es todo. Mas arriba, en mi muslo para ser exactos, han aparecido unos grandes moretones.

Me sorprendo al ver todo eso. Es decir ¿Cuándo apareció todo eso?¿Como es que…?

Entonces lo recuerdo. Recuerdo haber entrado corriendo a mi habitación y haberme caído. Me torcí el tobillo y me golpee el muslo izquierdo con el borde de la cama.

¿Como es que no me di cuenta? Me molestaba un poco el tobillo y me costaba moverlo y caminar pero no pensé que estaba tan mal.

-Ah, eso. No es nada- dije, restándole importancia.

-¿Cómo te hiciste esto?- me pregunta, levanta la vista de mi tobillo para mirarme con ojos preocupados.

-Me caí cuando llegué- explico-

Su pulgar roza mi tobillo lastimado. Me quedo sin aliento, su caricia me quema.

-E-en serio, no es nada- tartamudeo.

Sus ojos suben de mi tobillo a mi muslo, donde están los moretones.

-¿Tienes vendas?- me pregunta-

-Si, en la repisa del baño-

Él se levanta de un salto y desaparece por la puerta.

Segundos después está de regreso con ella y con una compresa de hielo.

-De verdad, eso no era necesario.- digo cuando él se pone a examinar mi tobillo lesionado otra vez.

-Solo es un esguince- dice él.- Vas a estar bien-

Felizmente, pienso. Sobre todo porque conociéndole a él, es muy posible que me hubiera llevado al hospital de ser algo mas grave.

-¿Cómo te caíste?- me pregunta mientras me ponía la compresa de hielo. El frio se sintió agradable contra mi piel inflamada.

-Resbalé, me doblé el tobillo y me choqué con la cama.-

-Eso explica los moratones en tu muslo- dijo-

Asiento en silencio. Veo como después de ponerme la compresa fría empieza a vendarme el tobillo y parte del pie.

Y me siento rara.

Me siento rara porque no estoy acostumbrada a este tipo de cuidados. Normalmente soy yo la que me curo o cuido de mi misma. Estoy acostumbrada a eso desde que era muy pequeña o, mas específicamente, desde que mamá y yo nos mudamos de la casa de mi abuela a una aparte. Ella se iba a trabajar y yo me quedaba sola todo el día, o toda la tarde ya que en la mañana estaba en la escuela. De ahí que yo fuera tan independiente.

Por eso cuando alguien hace algo o cuida de mi, siento como si hiciese mi trabajo, y me siento rara.

Edward me pilla mirándole y sonríe. Yo desvío la vista y siento como me sonrojo, otra vez.

-Ya está- dice-

-Gracias- digo, aun sonrojada-Aunque sigo pensando que era totalmente innecesario. Veras que mañana ya estoy bien-

-No lo creo. Esto durará un par de días, como mínimo-

-¿Días? No. Mañana estaré bien. Ya me ha pasado antes, incluso peor, y estuve bien en dos días-

-¿Dos días?- me preguntó- ¿Qué tan mal estaba?-

-La verdad, muy mal. Daba miedo con solo verlo. Estaba mucho mas hinchado que ahora, y se me pasó en dos día. Créeme, mañana no tendré nada-

Esa caída fue a los once años. Me caí en la escuela. De las escaleras. Desde entonces mi pie derecho es mas delicado que el izquierdo, y siempre me paraba lastimando ese.

Como siempre, fui yo la que se encargó de curarme. Al día siguiente, no pude caminar. Casi entro en un ataque de histeria cuando me desperté por la mañana, completamente sola, y si poder levantarme. Si, mi madre se fue a trabajar y me dejó a mi suerte. Tuve que ingeniármelas para ir al baño, preparar mi desayuno y demás cosas. Pero estuve bien al día siguiente a ese. Estuve un poco resentida con mamá por un tiempo debido a eso, y… tres días después, le pasó algo muy parecido. Trato de pensar que aquello no tuvo nada que ver conmigo y con la mirada asesina que le di cuando regresó.

Me miró como si hubiese hablado en otro idioma.

-¿En serio?-

-Si- asentí-

Siguió mirándome por otro rato y luego movió la cabeza.

-Pues... has sanado demasiado rápido-

Bajé la vista sin saber que decir. No es la primera vez que me lo dicen. Incluso yo misma me he dado cuenta, mis heridas sanan rápido. A veces, hasta tardan mucho menos de la mitad de tiempo en sanar. Recuerdo que una vez me corté el dedo con un cuchillo y no exagero, el corte era grande. La herida se me cerró en segundos.

-¿Siempre es así?- me pregunta-

-¿Qué cosa?-

-¿Siempre sanas rápido?-

-Si, creo que si- dije- Desde que yo recuerdo, es así-

Suspiré ¿Y dicen que no soy rara?

-No es usual, pero no debes sentirte mal por ello- me animó.

Sonreí. No había logrado convérseme pero agradecí su intento por hacerme sentir mejor.

Bostecé sin poder evitarlo. Tenía los parpados pesados y me sentía cansada.

-Estas cansada, es mejor que me vaya para que puedas dormir- dijo, levantándose y dirigiéndose a la ventana.

-Ajá- dije.

Me tapé con en el cubrecama.

-¿Edward?- le llamé-

-¿Si, Bella?- se giró

-¿Vas a… venir mañana? Ya sabes, íbamos a salir…- insinúo-

-¿Aun quieres venir conmigo?- me preguntó-

-Si- dije, con mucho entusiasmo para mi gusto.

-Entonces, mañana estaré aquí como quedamos- aceptó- ¿Y tu tobillo?-

-Ya te dije que mañana estaré bien- me encogí de hombros-

-Bueno. Hasta mañana- se despidió.

Lo vi salir por mi ventana.

-Hasta mañana- susurré, aunque él ya se hubiera ido y probablemente no me ha escuchado.

Me levanto y cojeo hasta la ventana. No creo que regrese mas tarde pero igual la cierro, por si las moscas.

Me quedo un rato allí parada, mirado el vació a través del vidrio.

Finalmente, me giro y me regreso a la cama otra vez.

Acostándome en la cama, trato de permanecer tranquila, trato de no echar un vistazo a la ventana por la que él desapareció. Trato de no pensar en nuestras últimas palabras, la mirada en su cara…el dolor que siento en mi corazón al pensar que mañana lo entregaré a la organización.

-¿Otra vez con la depresión? Mejor duérmete, tienes que levantarte temprano mañana- dijo D.

Su aparición hiso que me diera cuenta de algo.

-Tu sabías que Edward se colaba en mi habitación todas las noches ¿No?- le pregunté-

-Si- dijo riendo-

-¿Y porque no me lo dijiste?-

-Porque no me lo preguntaste, si tu me hubieras preguntado "Oye, D, ¿Edward viene a mi habitación todas las noches?" Entonces yo te habría dicho "Si, lo hace" Pero como no me dijiste nada…-

-Oh, cállate- dije

-Vamos, no te enojes conmigo. Yo no tengo la culpa de que seas tan despistada-

No le respondo, estoy demasiado molesta para hacerlo.

-¿Vas a seguir molesta conmigo?-

-Si-

-¿Por qué?-

-Ya sabes por que-

Ella suspira exasperadamente.

-¿Siempre eres así de enojona? Me voy a ir si sigues así-

-Vete al infierno- le digo.

Ella se ríe, de la misma manera que hace un rato. El sonido vuelve a asustarme.

Ella no dice nada mas, por lo que supongo que se ha ido. Me acomodo mas en la cama y cierro los ojos, tratando de dormir y olvidar todo tranquilamente, por esta noche, al menos.

Quiero olvidar que, mañana, Edward morirá. Y que, probablemente, una parte de mi también lo hará. Que seguro tardaré mucho tiempo en recuperarme y volver a ser yo misma.

Estaré sola. Destrozada.

Tal vez para siempre.


¿Que les pareció el capitulo? Espero les haya gustado ^^

Se que me he demorado en actualizar, la razón es que mis vacaciones se han acabado y he vuelto al colegio ¬¬ Si, aun estoy en la escuela.

Así que, eso significa que voy a tener menos tiempo para escribir y actualizar. Pero no se preocupen, no voy a abandonar el fic, eso ni loca xD

Me gustan sus teorías todas muy buenas, y estan muy cerca a la verdad ^^ Pero aun no puedo decirles, confirmar, o revelar nada. Todo en su momento.

La próxima actualización será el sábado.

Gracias por leerme!

~Xime